jueves, octubre 29, 2009

Escritura, caca y resistencia-Álvaro Enrigue (El Universal/Opinión 29/10/09)

En su “Prólogo” a la edición de Los imprescindibles (Cal y arena, 1998) de la obra de Gutiérrez Nájera, Rafael Pérez Gay hizo notar las sustanciales diferencias que existen entre la ciudad de México de los años 80 del siglo pasado y la imagen que inventó Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895) para que los capitalinos del Porfiriato reflejaran sus ilusiones de cosmopolitismo en ella.
-
Existían un par de cafés y muy de vez en cuando se hacían bailes, había algunas calles distinguidas —San Francisco, Plateros, Cordobanes—; y un bazar de auténtico buen gusto. De ahí en fuera, la ciudad de México era pequeña y desordenada. Estaba llena de callejones pestilentes, mal iluminada, perpetuamente sucia, inundada por días durante los veranos y, en los veranos muy malos, por semanas. Estaban los billares de Iturbide y el Jockey Club, pero cuando algún capitalino de las mayorías se detenía a beber un trago, lo hacía, más bien, en las pulquerías que no dejaron memoria.
-
La buena sociedad que para 1910 ya podía ser vista caminando por una ciudad con cierta clase, a fines del siglo XIX apenas salía a la calle en días regulares.
-
En los artículos firmados con su nombre o publicados bajo alguno de sus seudónimos reconocidos, Gutiérrez Nájera escribía como un ciudadano liberal, responsable y decente. Cuando estaba montado en la máscara de una firma no reconocida o, sobre todo, utilizando las libertades que le concedían sus crónicas para “señoras” —que seguramente leían los señores—, podía ser un crítico fino y feroz.
-
Nadie elaboró como Manuel Gutiérrez Nájera sobre las imágenes coprológicas tan a la mano en una ciudad que, por su topografía de cazuela, vivió azotada por la imposibilidad del drenaje. Sus víctimas podían ser cualquier persona, cosa o circunstancia.
-
Escribió sobre Manuel Payno, por los días de su nombramiento como miembro de la Real Academia de la Lengua Española, bajo el seudónimo de Recamier: “Ese Fistol del Diablo se publicó por entregas dando provecho a los editores y el autor. Y es curioso saber cómo escribió esa novela. No tenía plan ninguno, se le olvidaban hasta los nombres de los personajes que ponía en juego y cuando iban de la imprenta a pedirle original, lo hallaban siempre sentado en un hueco cuyo nombre calló y que, por más señas, huele mal. Allí, entregado a dos ocupaciones simultáneas, escribía sobre una tabla puesta en las rodillas, la entrega del día siguiente.” Sobre el problema del aseo de la ciudad, también como Recamier: “Pero en las dudas, yo aconsejo a mis lectores que cuando miren la inmundicia, hállense donde se hallen, le den parte al gendarme. Y si no quieren dar parte, que lo den todo.”
-
Gutiérrez Nájera fue un impertinente de clóset. Su prosa y sus poemas más leves —que luego se supo que eran modernistas—, eran desafiantes y archicríticos a pesar de las apreturas que le imponía un medio social provinciano en el que todos sabían quién era quién y en el que la autoridad del Estado, encarnado en Porfirio Díaz, no era ninguna abstracción.
-
Si nunca se lo vio escandalizando en público, los desplantes estilísticos de su prosa de periodista le deben de haber concedido a su “dandysmo” tímido, católico y etílico las dimensiones de escándalo que tuvieron en París los romances interraciales de Baudelaire o la sabrosura gay de Oscar Wilde.
-
Su impertinencia floreció en la crónica de sociales para señoras como en ningún otro de los géneros a los que dedicó su vida. Es ahí donde su cuerpo de dandy, sumado al veneno sutil de su prosa hábil en encontrar resquicios para la majadería y la franca injuria, lo revelaba como un enemigo sigiloso y paciente de la rigidez porfirista.
-
En la soledad de su gabinete, rodeado de sus revistas francesas, protegido por el humo azul de sus cigarros y transido por la gracia del cognac, debió de pensarse como un personaje condenado al enfrentamiento con el Leviatán del Estado mexicano sin más armas que la provocación discreta y noble de una gardenia en el ojal del jaquet y un estilo literario esforzado y revolucionario.

Atrocidades en Nayarit / simplemente

Diario Milenio-Puebla (29/19/09)
---
El viernes de la semana pasada, Ciro Gómez Leyva dio a conocer en Milenio TV lo que él llamó las imágenes exclusivas que dieron lugar a una investigación por parte de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Nayarit, donde se puede ver cómo cinco adolescentes que fueron sorprendidos presuntamente robando en una casa, son obligados a realizar, bajo golpes y amenazas, actos contra su voluntad que podríamos calificar como de una enorme atrocidad.
-
Los jóvenes fueron luego encontrados desnudos en una colonia popular de Tepic, Nayarit. Sin embargo, de acuerdo a Nota Roja, un diario de circulación local, el hecho conmocionó a la ciudadanía y se conoció, a través del YouTube, a todos los niveles. El mismo viernes el video fue bajado de la Internet, por considerar la minoría de edad de los implicados y por instrucción de la Comisión de los Derechos Humanos de Nayarit, sólo que luego se volvieron a subir a la página electrónica.
-
Abrevio la historia: de acuerdo a la primera información que dio Ciro Gómez Leyva, se supo que los preparatorianos, exhibidos al parecer en un lote baldío, fueron sorprendidos en la casa de un influyente personaje. En ese momento, Ciro Gómez Leyva dijo que dos de ellos estaban lesionados y que de los otros tres no se sabía de su paradero. Al poco tiempo se comunicó que los jóvenes habían sido sorprendidos por los propios dueños de la casa, quienes habrían grabado y subido a la Internet los videos. El lunes 26, el procurador Héctor Béjar presentó a los presuntos responsables de las vejaciones ante un ultimátum del gobernador Ney González. Dijo que gracias a una llamada anónima, los delincuentes fueron capturados en un bar mientras se jactaban haciendo alusión a los videos del YouTube. Ellos han rendido ya sus primeras declaraciones y no reconocen su participación en los hechos. Aunque se localizó a los familiares de uno de los afectados, éstos no quisieron hablar para no empeorar las cosas.
-
Esta atrocidad no se ha resuelto y sigue abierta.
-
¿Quién subió los videos al YouTube con el fin de que recibieran una lección ejemplar quienes “por ratas se volvieron jotos”? Los videos muestran a los adolescentes siendo torturados, indefensos, física y psicológicamente por sus captores.
-
Ellos, los jóvenes, son obligados a golpes a presentarse ante la cámara, dicen su nombre y dónde estudian y luego son obligados a besarse en la boca en medio de una gruesa voz: “acá, dale un beso, ponte en la luz; de lengüita, cabrones jotos, no los veo…” Y los muchachos obedecen y dicen todo el tiempo: “sí, señor”. Aún hay cabos sueltos y la investigación no concluye. Según el procurador, hace falta la denuncia.

miércoles, octubre 28, 2009

"Anacreonte rescatado"-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 28/10/09)

Hace no mucho conocí a la casi novísima editorial Textofilia. El primer libro que pude ver de esta editorial fue “Poemas de la mano izquierda” de Luis M. Verdejo, dicho poemario contó con la complicidad editorial de otra reciente editorial: La pirámide –proyecto del que pronto les hablaré-. Ahora en mis manos tengo “Poemas y fragmentos” de Anacreonte (Textofilia 2009) que aparece bajo la colección Ión, bella edición que corrió a cargo, en su traducción, introducción y notas, de Mauricio López Noriega que además de ser Doctor en Letras clásicas, es poeta.
-
Anacreonte (Teos, siglo VI a. C.) fue un poeta lírico, en vida se dedicó a los amores de jóvenes y mujeres, permitiéndole recopilar experiencias para luego escribir elegías, yambos y canciones báquicas en dialecto jónico. Le cantó a las Gracias, a Baco, a Eros y a las Musas. Todo esto queda plasmado con una belleza única en cada uno de sus textos líricos.
-
Mauricio López hace una extensa, precisa y cuidada presentación, donde habla de los diversos mitos que rodean la biografía de Anacreonte, al mismo tiempo que presenta un análisis puntiagudo de su poética.
-
Los textos se presentan en el siguiente orden: Libros I, II, III, Yambos, Elegías, Papiro de Oxyrrinco 2321 y 2322, Libros inciertos, Dudosos y Epigramas. Cada presentación va acompañada de su versión en griego.
-
Una preciosa edición que nos viene a recordar que las bases de todo están en los griegos y que debes en cuando es sano regresar a ellos, pero cuando este tipo de regresos va acompañado por un docto en el tema, la satisfacción ya está asegurada.
-
Hay una crítica que quizá se le puede hacer a esta edición: recae en la introducción, donde el editor explica a detalle la forma en qué se han trabajado otras ediciones alrededor de la obra de Anacreonte, pero le faltó explicar el por qué y el cómo de esta edición. Error sensible pues al ser tan detallista, este pequeño olvido crea un importante vacío.

martes, octubre 27, 2009

Notas sobre conceptualismos

Diario Milenio-México (27/10/09)
---
Suele hablarse de la escritura conceptual como de un movimiento literario propio del siglo XXI. Tal vez lo sea. Lo que sí es, en todo caso, es una conversación ineludible para aquellos implicados directamente en el quehacer escritural del aquí y el ahora. De ahí la necesidad de traducir al español los jeroglíficos teóricos (así los llama la crítica Mary Nelly) que Vanessa Place y Robert Fitterman, ambos escritores norteamericanos avecinados en el sur de California, conjuntaron en un librito azul con el que se puede o no estar de acuerdo, pero que sin lugar a dudas trae a crítica colación los aspectos más recónditos y los más políticos que le competen al escritor contemporáneo. Esta es una traducción en entregas, pues, de Notas sobre conceptualismos (Ugly Duckling Presse, 2009).
-
1. La escritura conceptual es alegórica
-
1.a. La alegoría se caracteriza por el uso de la metáfora extendida, la personificación, los significados paralelos, y la narrativa. Las alegorías simples usan paralelismos simples; las alegorías complejas, paralelismos más profundos. Existen otros significados en el “pre-texto” alegórico, tales como las condiciones culturales dentro de las cuales se produce la alegoría. La escritura alegórica es una escritura de su tiempo, una que dice de manera oblicua lo que no puede ser dicho de directamente, por lo regular debido a regímenes políticos represores o a la naturaleza sagrada del mensaje. En este sentido, la alegoría depende del lector para completarse (aunque por lo regular tiene una superficie transparente o literal). De manera típica, la alegoría se basa en un lenguaje figurativo o lenguaje-imagen. El libro de Angus Fletcher, Allegory: The Theory of a Symbolic Mode, argumenta que su alto sentido de lo visual resulta en una stasis.
-
Walter Benjamin, Paul de Man, y Stephen Barney identificaron la reificación que la alegoría hace de las palabras y los conceptos, habiéndoles dado un mayor peso ontológico a las palabras en tanto cosas.
-
En la alegoría, el autor-artista utiliza un amplio abanico de posibilidades—encontradas y creadas— para hacer del mundo un collage que se haga paralelo a la nueva producción (colectiva) de objetos como mercancías.
-
Las palabras son objetos.
-
Nótese que la alegoría difiere del simbolismo en que el simbolismo deriva de una Idea, mientras que la alegoría construye una idea. Las imágenes coagulan alrededor de una Idea/Símbolo; pero las imágenes salen por la borda de la noción alegórica. El trabajo del trabajo es crear una mediación narrativa entre la imagen o “figura” y el significado. Goethe creía que esto quería decir que la escritura alegórica era fundamentalmente utilitaria (y por lo tanto que le pertenecía a la prosa; mientras que el simbolismo era más “poético por naturaleza”).
-
Nótese el potencial para el exceso en la alegoría. Nótese la premisa del fracaso, de la impronunciabilidad, del agotamiento antes incluso del inicio.
-
La escritura alegórica es necesariamente inconsistente, puesto que contiene elaboraciones, recursos, sub-metáforas, conceptos fictivos, proyecciones, y modos de hacer que se combinan y se recombinan para crear el todo alegórico, así como para también amenazar discursivamente ese todo. En este sentido, la alegoría implica el Primer Teorema de la Incomplitud de Göedel: si es consistente, es incompleto; si es completo, inconsistente.
-
Toda escritura conceptual es alegórica.
-
2. Nótese que las asociaciones pre-textuales asumen entendimientos post-textuales. Nótese que la narrativa puede significar una historia relatada por la escritura alegórica misma, o una historia relatada pre- o post-textualmente, acerca de la escritura misma o en la escritura misma.
-
2a. La escritura conceptual media ente el objeto escrito (que bien puede o no ser el texto) y el significado del objeto al enmarcar a la escritura como un objeto-figura para ser narrado.
-
La narratividad, como el placer, es subjetiva en el predicado y objetiva en la ejecución (i.e., “el objeto de estudio”). De esta manera, la escritura conceptual produce su propio objeto, el cual produce su propia desobjetificación.
-
2.b. En la escritura alegórica (que incluye tanto a la escritura conceptual como a la apropiación), la prosodia va y viene entre la atención micro al lenguaje y las macro estrategias del lenguaje, i.e., el uso de fuentes materiales para contextualizar y mezclar. El énfasis se desplaza de la producción a la post-producción. Esto puede involucrar un cambio que va del material de la producción al modo de la producción, o la producción de ese modo.Si el barroco está un extremo dentro del espectro conceptual, y la apropiación pura en el otro, con la forma impura o híbrida en el centro, el énfasis puede ser visto de la siguiente manera:
-
Producción Modo Material Post
Apropiación pura + +
Híbrido/impuro + + +
Barroco + +
-
2c. Nota: La naturaleza alegórica de la escritura conceptual se complica aún más puesto que en mucha de la escritura alegórica la palabra escrita tiende hacia las imágenes visuales, creando así imágenes escritas u objetos, mientras que en algunas escrituras conceptuales muy miméticas (i.e., altamente replicativas) la palabra escrita es la imagen.
-
Nota: No hay distinción ética o estética entre la palabra y la imagen.
-
2d. Sófocles aspiraba a un lenguaje verdadero en el que las cosas fueran ontologicamente nominales. Esto es verdad tanto en la ficción como en la historia.
-
Ficción queriendo decir poesía.
Poesía queriendo decir historia.
Historia queriendo decir el estado futuro del haber sido.
-
Este es el trabajo de Gertrude Stein en The Making of Americans.
-
2e. En su ensayo “Signos subversivos”, Hal Foster remarca que el artista de la apropiación (visual) es “un manipulador de signos más que un productor de objetos de arte, y el espectador un lector activo de mensajes en lugar de el pasivo contemplador de una estética o el consumidor de un espectáculo”.
-
Nótese que el “más que” y el “en lugar de” dejan ver una cierta creencia en la segregación o posible segregación de estos conceptos; el conceptualismo entiende que éstos van unidos.
-
Nótese que en el trabajo post-conceptual no hay distinción alguna entre la manipulación y la producción, objeto y signo, contemplación y consumo. La interactividad ha resultado tan banal como un crucero de Disney o tan activa como una campanita de Pavlov.

lunes, octubre 26, 2009

Páginas sin papel

Diario Milenio- México (26/10/09)
---
La máquina de leer
-
Llegó en un poco menos de cuarenta horas. Venía muy bien empacado, en una caja de cartón que se dejaba abrir al jalar de una tira con la frase Once upon a time… Por más que uno lo hubiera visto de perfil en las fotos, cuesta trabajo no dejarse impresionar por su grosor y peso. Menos de un centímetro, menos de trescientos gramos. Había en la pantalla un leyenda que supuse impresa en el plástico protector, hasta que conecté el aparato a la corriente y entendí, con el pasmo de un súbito idólatra, que así era la escritura sobre la pantalla. Diáfana, por decir lo menos. Sin luz detrás. Sin brillo ni reflejo. Por alguna razón, atribuible tal vez al fetichismo propio de quien tiene en las manos su primer Kindle y sospecha que nada volverá a ser igual, hice a un lado las instrucciones de papel y me fui sobre el texto digital, toda vez que no había otro libro en la memoria y nada quería más que probar la experiencia.
-
Fui ajustando el tamaño de la letra y aprendiendo a exprimir el diccionario conforme me dejaba apabullar por las funciones del artefacto, hasta que resolví comprar el primer libro. Según había leído en la publicidad de amazon.com, podría bajar mi compra en no más de sesenta segundos y lanzarme a leer de inmediato, sin otra conexión que la del Kindle. Una vez que he bajado mi primer libro —dos minutos y medio, reloj en mano— descubro que hay un cargo extra por no haberlo bajado con la computadora, pero igual me consuelo calculando qué tanto habría pagado por el envío del libro físico. Qué expresión redundante: libro físico. Teóricamente, me bastaría con llamarlo libro, pero no estoy seguro de que sea lo mismo. Tampoco me acomoda la ñoñería de llamarlo e-book o libro electrónico. Es decir que me acabo de comprar un libro que no sé si es un libro, y ni siquiera acabo de asumir que es mío (la portada es horrible: plastas en gris y negro en lugar de los rojos originales). Según el contador, no he llegado siquiera al 10 % del volumen cuando me veo a merced de la maquinita, presa de alguna rara fascinación obstétrica, donde el texto se me abre como un microorganismo en un portaobjetos.
--
¿Soborno del demonio?
-
He comprado un archivo electrónico al que puedo manipular con la arbitrariedad y precisión que el papel no permite imaginar, donde nada está fijo y el número de folio ha sido reemplazado por una cifra de cuatro dígitos, amén del porcentaje de texto recorrido. Si quiero consultar el diccionario, no tengo más que empujar el cursor hasta el inicio de la palabra buscada. Y si he olvidado algún detalle relativo entre lo ya leído, la máquina permite rastrear cualquier palabra o una frase a lo largo del libro entero. En segundos sabré dónde y cuándo aparece esa idea. La puedo subrayar, añadirle una nota, borrarla después. Aún bajo los efectos del resquemor, me pregunto si es sano que uno como lector tenga semejante control sobre el libro que lee, pero apenas descubro que he olvidado el significado de una siglas, me apresuro a buscarlo y en un tris ya releo el primer párrafo donde esas siglas aparecieron. Dos segundos más tarde, regreso a mi lectura. Más que servirme, temo todavía, este artilugio me va a echar a perder.
-
Nadie es del todo ajeno al poder corruptor de una pequeña máquina diabólica. Y he aquí que para terminar de ensimismar al tripulante, el Kindle es asimismo un reproductor de música en mp3. Sirve, por tanto, para los audiolibros. Lee, al final, todos los archivos de texto. Pues al cabo la máquina del diablo no es mucho más que un mero disco duro donde teóricamente hay espacio para unos mil quinientos libros. O menos, por supuesto, si se le cargan archivos en audio: eso mismo que antes se almacenaba en discos de vinilo negro, y hasta donde recuerdo tenía valor y precio.
-
Me pregunto, no bien conecto el Kindle a la computadora y atraganto de música la carpeta indicada, si de aquí a diez años el dueño de una máquina de leer encontrará sensato comprar un libro, o asumirá que son todos gratuitos y desechables, como esos cientos de canciones que ha bajado de la computadora de quién sabe quiénes y cualquier día borrará sin haber escuchado.
--
El papel del papel
-
En un principio, el Kindle funcionaba solamente en Estados Unidos. A tres días de su lanzamiento internacional, amazon.com anunciaba ya un éxito en tal modo rotundo que su precio bajó de 279 dólares a 259. Para estos momentos, ya los primeros compradores recibimos, no sin algún asombro divertido, una bonificación de veinte dólares en la tarjeta de crédito. Semejante mensaje de juego limpio no será suficiente para perder el miedo a que el librito mágico se transforme en la biblioteca del pirata, pero sin duda alcanza para amistarse más y mejor con la librería.
-
Escribo estas palabras a unas horas de terminar la lectura de The Killing Of Reinhard Heidrich. Más que leerlo, he peinado el libro. Fui adelante y atrás cuantas veces sentí la comezón y me rasqué cuanto me fue preciso. Fechas, nombres, operativos, batallas. Si un día quisiera consultar algún dato, me tomaría menos tiempo que un par de clicks en Google. Pienso en esta y otras ventajas evidentes, no sé si indispensables, todavía bajo el influjo de la pantalla-página con poderes digitales, pero ya abro las hojas de un libro de papel y respiro de nuevo, por más que encuentre la letra muy pequeña y el fondo amarillento. Manosear el papel me tranquiliza, pero es verdad que pronto compraré mi segundo libro electrónico, todavía bajo la vigilancia de un pelotón de suspicacias atávicas. No estoy aún seguro de hacer la misma cosa cuando leo en el Kindle que al sumergirme en un pedazo de papel, pero ya no querría renunciar a la prótesis. No sé dónde ni cómo, pero presiento que algo se acaba de romper.

viernes, octubre 23, 2009

German Dehesa sobre "Zapata" de Pedro Ángel Palou

Compasión con el diablo-Nicolás Alvarado (El Universal/Opinión 23/10/09)

En efecto, la palabra es compasión: lo pienso cada vez que escucho el título de “Sympathy for the devil” de los Rolling Stones mal traducido como “Simpatía por el diablo”. Mick Jagger se erige en Lucifer y pide al escucha un poco de cortesía y un poco de buen gusto, un poco de buenas maneras y, sí, un poco de compasión, so pena de hacer que su alma mute por siempre en deshecho.
-
Jagger ha dicho que la idea le vino a partir de la lectura de Baudelaire, si bien jamás ha acertado a decir de cuál de sus poemas. Ninguno parece particularmente afín a esa letra cuyo narrador no es sino el propio Satanás, protagonista de una parodia autobiográfica en la que se erige si no en detonador cuando menos en testigo de grandes males, de la tentación de Cristo a los asesinatos de los Kennedy. Como en casi todo el repertorio de los Stones —discúlpenme sus felices súbditos—, el discurso es de un convencionalismo moral extremo: el diablo es malo, hace cosas malas, pero merece compasión en aras de la relatividad moral de un mundo donde “todo policía es un criminal / y todos los pecadores santos”. (¿A partir de qué tal conclusión? A saber.) Mucho se esfuerzan en épater les bourgeois los enfants terribles pero, a fin de cuentas, burguesa se queda su rebelión, infantil el discurso con que la expresan; ni modo: así es el rock. Mucho más subversivas se antojan esas “Letanías de Satán” baudelairianas en que el poeta, maldita su alma, erige a Lucifer en dios alternativo y acaso comprensivo, “báculo de exilados, lumbrera de inventores / confesor de los colgados y los conspiradores”. Donde Jagger nos insta a disculpar el mal ya sólo porque todos somos malos, Baudelaire propone algo mucho más osado: el mal como ética otra, como universo alterno, como escala de valores paralela, como verdadero bien en un mundo cuya prédica bondadosa se revela sistemáticamente cruel. Donde Jagger no hace sino un chiste anárquico, Baudelaire apela a la compasión —es decir a la pasión compartida— ya no por el diablo sino con él.
-
Todo esto a cuenta de Roman Polanski, ese ángel caído. Datos duros (de hecho, durísimos): el 11 de marzo de 1977, Polanski citó a Samantha Gailey, de 13 años, a una sesión de fotos; acaso le haya él suministrado champaña y quaaludes (o no), acaso se haya resistido ella a sus avances (o no); acaso fuera ella desde entonces una Lolita calculadora (o no), acaso él un corruptor de menores, un peligro para la sociedad (¡oh, no!): el caso y la cosa (dolorosa) es que hubo encuentro sexual y que ella lo denunció a la policía; el caso y la cosa (asombrosa) es que, exilio mediante, él ha logrado eludir la acción de la justicia estadounidense durante más de 30 años.
-
Más datos duros: Cuchillo en el agua, Repulsión, La danza de los vampiros, El bebé de Rosemary, Chinatown, El inquilino, Frantic, Luna amarga, El pianista. Una filmografía admirable, sí, pero también una que se ajusta a la perfección a la imagen de bello y maldito que cultiva Polanski no sólo como cineasta sino también como personaje público. Traición, frigidez, histeria, secuestro, vampirismo, satanismo, incesto, suicidio, sadomasoquismo, tortura: tales son los temas fílmicos de un Polanski perseguido en su infancia por los nazis, escapado del ghetto, hijo de un sobreviviente y una víctima fatal de campos de concentración, viudo por obra y desgracia de un culto diabólico asesino.
-
Sade, Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Polanski: he ahí un linaje de poetas malditos.
-
Parece un antihéroe baudelairiano, pero también, cosa curiosa, uno hitchcockiano: como el Tío Charlie de La sombra de una duda o la Marion Crane de Psicosis, Polanski es uno de esos villanos a los que queremos ver triunfar, cuya elusión de la justicia equivaldría, a saber por qué, a una suerte de reivindicación también nuestra. Su figura, marginal y malhadada, clama compasión, y los que admiramos el oscuro poder de su obra no podemos sino prestarnos al juego diabólico, padecer con él, anhelar en vano —románticos que somos— su redención. Tal, sin embargo, es un lance estético y emotivo, no uno moral y menos legal. Roman Polanski cometió un delito hace 32 años y no ha sido adecuadamente juzgado y castigado por él. Quiero verlo extraditado, por doloroso que me resulte. Debo verlo tras las rejas ya sólo para confirmar su estatuto marginal.
-
Roman Polanski debe descender a los infiernos que le corresponden. Y en la barca que ha de trasladarlo por el Estigia hemos de navegar con él.

jueves, octubre 22, 2009

Máxima seguridad (Almoloya y Puente Grande)

Diario Milenio-Puebla (22/10/09)
---
Como todo su trabajo periodístico, este nuevo título de Julio Scherer García, Máxima seguridad (Almoloya y Puente Grande) es desde ya un libro que hay que leer para saber qué hay más allá de los muros de los centros de readaptación de México. Cuando Revueltas trató el tema en El apando, hace ya varios años, los lectores nos quedamos con la sensación de que algo en nuestras conciencias se había modificado al escuchar las voces de los personajes que viven en el submundo.
-
Así como El apando, se publicaron muchas otras obras literarias que registraban magistralmente los hechos que ocurren “más allá de los muros/ más allá de las celdas”, en la década de los setenta.
-
En este título de Scherer García, una autoridad del periodismo mexicano, hablan ellos, los implicados, quienes sólo ven el sol a ratos, como lo escribiera el propio Revueltas. Máxima seguridad (Almoloya y Puente Grande) ha aparecido en la colección best-sellers de Ediciones de Bolsillo. Se une entonces a las investigaciones de José Ramón Garmabella El "Güero" Téllez, reportero de policía y El criminólogo, ambas editadas dentro de esta importante colección.
-
Me interesa destacar aquí que las voces que reúne Julio Scherer García en este volumen son variadas y todas ellas únicas, diferentes. El libro no tiene ninguna presentación ni nada parecido, y el lector va logrando adentrarse a esas voces haciéndolas suyas poco a poco.
-
No falta, sin embargo, una breve explicación de Julio Scherer acerca de su preferencia en la elección del tema. Lo explica: "me propongo –dice—entrevistar a los internos con fines estrictamente periodísticos". Explica también que fueron arduas las gestiones que tuvo que realizar con Alejandro Gertz Manero, entonces secretario de Seguridad en el sexenio de Vicente Fox.
-
Máxima seguridad contiene entrevistas con personajes que ilustran las páginas de la violencia cotidiana: Zulema (así, Zulema), la mujer que supo los secretos de Joaquín "el Chapo" Guzmán Loera; Daniel Arizmendi, "el Mochaorejas", temible secuestrador de sangre helada; Mario Villanueva, exgobernador de Quintana Roo, acusado de narcotráfico; y Mario Aburto, el asesino confeso de Luis Donaldo Colosio, entre otros.
-
El libro de Julio Scherer García se inscribe ya en la historia del buen periodismo mexicano. A través de sus entrevistas, Julio Scherer han logrado que hablen para todos quienes han llevado una vida muy ejemplar.

miércoles, octubre 21, 2009

"De la ternura y la crueldad"-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 21/10/09)

Bajo la colección Mar abierto de la editorial oaxaqueña Almadía, aparece la nueva novela de Jorge Volpi: “Oscuro bosque oscuro”.
-
Esta nueva entrega de Volpi, aunque pertenece a un tema ya tocado por él: el nazismo, es novedosa y muy atractiva, pues ha sido escrita en verso libre e incluye versiones de los cuentos clásicos infantiles de los hermanos Grimm como: “Caperucita roja y el lobo feroz”, “Hansel y Gretel”.
-
“Oscuro bosque oscuro” es la historia del batallón 303 de la policía alemana integrada por gente que en su día a día realiza oficios comunes: panaderos, sastres, artesanos, en su mayoría ancianos. Y es este batallón el que se encarga de asesinar en los bosques alemanes a mujeres y niños judíos.
-
En una entrevista que aparece publicada en la página web: la cultura pirata. El autor de “A pesar del oscuro silencio” comenta que para escribir esta novela se baso en la historia real del batallón 101 de la policía alemana, donde reclutaban a personas comunes en contra de su voluntad. En cuanto a la inclusión de los cuentos infantiles de los hermanos Grimm, Volpi argumenta que mientras investigaba todo lo que necesitaba para poder escribir “En busca de Klingsor”, se percató que en esos años de la guerra nazi, dichos escritores eran lectura obligada en las escuelas alemanas.
-
Otra novedad y experimento literario que se agrega a esta novela es la interacción que el autor busca hacia con el lector, que además de volverlo personaje -sin preguntarle-, lo cuestiona. El fin: buscar la reacción de éste ante lo que está leyendo e intente ponerse en el lugar de aquellos que participaron en el batallón 101.
-
“Oscuro bosque oscuro” es la clara muestra de que Volpi -como todos los autores del Crack-, no tiene miedo a correr riesgos y a experimentar en el amplio campo de la literatura. Sale bien librado. También es claro que Volpi tiene un poeta interno que a gritos pide ser leído y escuchado.
-
Una novela que se lee muy rápido, gracias a las características con las cuales el autor ha escrito la obra y que cualquier lector que se acerque a la novela, la tomará para no soltarla hasta llegar al punto final.

martes, octubre 20, 2009

El amanecer de Rothko

Diario Milenio-México (20/10/09)
---
Lo que el pájaro observa a través de la ventana:
-
Hay un hombre que coloca piezas de ropa dentro de una maleta grande. Poco a poco, a un ritmo regular, el hombre se desliza con cierta lentitud desde los pies de la cama, donde se encuentran desperdigadas todas las prendas, hacia el clóset, en cuya parte baja se abre de par en par el equipaje. El hombre emprende el mismo recorrido una y otra vez: órbita lunar. Lo hace metódicamente, sin levantar la vista. Caminar. Un pie delante del otro. Hay una mujer también, pero ella está sentada sobre las almohadas de la cama, la espalda contra la pared. Sobre las piernas cruzadas en forma de flor de loto sostiene un libro que lee en voz alta. Una lámpara de pie a su derecha. Una lámpara encendida.
-
El pájaro inclina el cuello, como si reaccionara ante las palabras que no puede escuchar del otro lado del vidrio. El abrir y cerrar de los párpados. La noche oscura. Tan oscura. Si éste fuera el pájaro que visitó la ventana de una novela de DeLillo, seguramente estaría gorgoreando las palabras “mundos imposibles”. La luz que emite la ventana de la habitación alumbra apenas una calle solitaria bordeada de encinos.-Lo que observa el paseante nocturno:
-
Un pájaro que canta de noche. Qué raro. Hay un pájaro que canta de noche.
-
Lo que la mujer observa cuando cierra el libro y no dice ya nada más:
-
El hombre se ha desplomado en el centro de un sillón mullido, de espaldas a la ventana por la que un pájaro negro espía la habitación. Empequeñecido por el tamaño del mueble, el hombre parece más agotado de lo que está. Los brazos caídos a los costados del cuerpo. Los ojos abiertos. La frente inmóvil. La mujer seguramente imagina un sombrero sobre esa cabeza de cabellos cortos y rubios. Piensa, esto también con toda seguridad, que se trata de un hombre atormentado. Un hombre de tiempo atrás; otro siglo incluso. Alguien que no sabe.
-
Lo que el hombre observa dentro de su cabeza:
-
Si la mujer leyera el poema elegido al azar, deteniendo el dedo índice sobre las hojas en movimiento, ahora mismo volvería a posar la vista sobre sus letras y emprendería, de nueva cuenta, la lectura en voz alta. Leer, a veces, es huir. El pájaro escucharía el eco: You want to get out, you want to tear yourself out, I am the outside, I am snow. Y afuera, entonces, nevaría. La noche convertida de súbito en un blanquísimo sudario al contacto con la voz. Wrenching your way through, continuaría, tartamudeando. This is urgent, cerraría el libro entonces, un golpe seco, y él, desde el sillón, luchando contra un cansancio infinito, la conminaría a continuar. Los ojos abiertos. It is your life, murmuraría en un tono cada vez más bajo, avergonzada. The last chance of freedom.
-
Lo que el autor del poema observa desde la ventana de su estudio lejos de ahí, en otro lugar:
-
Un par de niños juegan con bolas de nieve. Ríen, eso es obvio por los gestos de los rostros, aunque la risa no puede atravesar el cristal. Sus cuerpos dejan marcas sobre la nieve que, sin embargo, desaparecen pronto. Tabula rasa.
-
Lo que el hombre observa desde la cama (retrospectiva):
-
El pájaro lo mira con curiosidad desde la intrincada rama de un encino. Negro sobre negro. Se han borrado ya las arrugas que su cuerpo hizo brotar en la tela del sillón. Nadie ha estado ahí, cavilando. Sopesar significa levantar algo como para tantear la importancia que tiene o para reconocerlo. Nadie escuchó en ese lugar los sonidos de las palabras que lo hicieron sonreír al incorporarse lentamente, como si tuviera más años o más peso. Esto: un cuerpo que se aproxima a través de mucho tiempo. Nadie evitó mirar atrás: el rostro bajo el sudario de la nieve. Nadie.
-
Lo que el hombre observa desde la cama (prospectiva):
-
Los pies, bajo las mantas grises, forman escarpadas montañas pequeñísimas. Las rodillas. Las caderas. Recuerda las palabras y ve las letras flotando dentro del aire tibio de la habitación. Respirar es un movimiento. El techo, sin grieta alguna, tabula rasa hecha de nieve. Cuando se inclina sobre la cabeza de ella, como el pájaro antes sobre la escena de los dos, se pregunta sobre sus sueños. Gorgorea: Mundos imposibles. Un hilillo de saliva sobre el mentón. Qué raro. Hay un pájaro que canta de noche. Las manchas del labial sobre las orillas de las almohadas. Impresionismo. Los cabellos: jirones en forma de signos de interrogación. El omóplato es una quimera óptica.
-
El hombre, su mano derecha sobre el hombro de la mujer, finalmente cierra los ojos.
-
Lo que nadie ve:
-
Es un amanecer estupendo. La luz emerge poco a poco por las orillas del mundo visible hasta que se derrama, todavía con delicadeza, en el centro de todo. Iridiscente. Los árboles adquieren forma. Una rama es una rama. Los troncos. La multitud trepidante de las hojas. Dicho de un ave, aletear significa mover frecuentemente las alas sin echar a volar. Dicho de un hombre significa mover los brazos a modo de alas. En el rectángulo de la ventana, al que conforman dos cuadrados claramente diferenciados, se asienta poco a poco el color rojo. El proceso de impregnación. Se trata de un momento apenas; no más. El pájaro emprende, de repente, el vuelo. Aletear también significa cobrar aliento.

Divinas chapuzas

Diario Milenio-México (19/10/09)
---
El imbécil oculto
-
En sus tiempos de gloria terrenal, Mike Tyson confesaba que al dar un alto puñetazo al adversario, lo hacía con la idea de sumirle la punta de la nariz hasta el fondo del cráneo. Más que un golpe, una tentativa de homicidio. Se comentaba entonces que Tyson acometía al otro como si entre los dos mediara alguna enemistad ancestral y fuera aquélla la única oportunidad de cobrarse los más terribles agravios, para deleite de la turba enardecida. No acabo de explicarme cómo podía esperarse que aquel acomplejado intransigente no terminara de perder la brújula una vez pertrechado con decenas de millones de dólares, aclamado y amado por hazañas que nadie mejor que él sabía descendientes de un rencor viejo, ciego e irrefrenable. Si otros se deshacían elogiando sus cualidades técnicas, él tenía que saber que su más grande mérito era el juego sucio. Más allá del estricto reglamento, no es posible mirar a un adversario deportivo como enemigo acérrimo sin convertirse en cerdo peligroso, y eventualmente monstruo sin control.
-
Ascender a la gloria por medio de chapuzas o infamias camufladas es mirarse después por encima de leyes y reglamentos. Impune, invulnerable, indestructible. Es decir, a merced del peor enemigo, que es el que vive adentro y suele alimentarse de las pasiones menos presentables. Un animal agreste pero estúpido, pues amén de envidioso y revanchista es adicto a los polvos de la soberbia. Una vez que ha probado el placer arrogante de volar tan arriba y sin pagar, no habrá quien lo convenza de no ser el más grande siempre y en todas partes, ni aceptará siquiera la posibilidad de equivocarse. ¿O es que alguien se ha propuesto darle lecciones a él, que ha demostrado ser mejor que todos? Tratar de razonar con un fulano así es como discutir con un médico adicto a las drogas duras: jura nadie entiende como él lo que está haciendo. ¿Y qué hace el infeliz, sino ponerse en manos de su peor enemigo, mientras convence a todos de que es un imbécil? ¿Y si todo ese vuelo falsamente gratuito no fuera más que el miedo a enfrentar a ese imbécil y salir perdiendo?
--
El karma de Supermán
-
Es público y notorio que al estruendoso Diego Armando Maradona le gusta volar gratis. Tampoco es un secreto su megalomanía, ni su soberbia de orgulloso iletrado. La sola confesión de que efectivamente metió un gol con la mano en un Mundial y consiguió salirse con la suya, justamente después de haber anotado otro limpio y memorable, da una idea precisa del potencial dañino de un don extraordinario. La estrella no soporta la sospecha de hallarse por debajo de las expectativas que genera. Por más que ante el espejo de las cámaras se envaneciera de su astucia de malandro, lo evidente es la angustia del tramposo acomplejado a quien aterra no llenar sus pantalones. ¿No dijo acaso que era la mano de Dios quien había metido el segundo gol? ¿Quién sino Él para llevarse así con La Causa Primera No Causada, y en un descuido confundirse con Ella? ¿Qué Supermán quisiera acreditar la pequeñez penosa de su Clark Kent?
-
Nadie entiende mejor que Maradona que ha dejado de ser el que fue, pero de ahí a aceptarlo media el descenso humilde que un adicto a la gloria no va a llevar a cabo ni de broma. No fue tan raro como sintomático que en la última parte de su carrera se hiciera cocainómano, si no hay como la coca para negar al sol e instalarse en su sitio, no faltaría más. El chiste en todo caso es no bajar. Granjearse enemistades encumbradas y arremeter contra ellas para explicar las ruinas a la vista, y cualquier día tatuarse la imagen del Ché para que el mundo sepa que lo suyo es la guerra de guerrillas. Pelear contra las reglas, al extremo de sólo aceptar las propias, y en acuerdo con ellas juzgar al mundo entero.
--
Los trinquetes de Dios
-
Si atendemos a la pura apariencia, el tramposo con causa no se siente tramposo. Le asisten, a sus ojos impertérritos, razones más allá de la razón, aunque en el fondo sepa que su causa tiene más de coartada que de cruzada. Se cuenta que en los vestidores del Estadio Azteca, minutos antes del partido contra Inglaterra donde hasta el mismo Dios quedó como un tramposo, el entrenador, Carlos Bilardo, habló a sus jugadores ya no de un partido de futbol soccer, como de una revancha por los muertos de la guerra por las Islas Malvinas. La venganza de Galtieri en los pies y la mano de Maradona. Juego sucio en el nombre de la guerra sucia, pero quién le habría dicho que no al cómplice y amigo del Padre Eterno. ¿Cómo no imaginarlo allá en las nubes, carcajeándose de las trapacerías de su contlapache?
-
La sola idea de vivir al amparo de un Dios arrogante y tramposo llama al agnosticismo preventivo. Daría igual, entonces, imaginarlo vengativo y cocainómano. ¿Pero al fin qué jodida necesidad tendría un ente todopoderoso de volar sin pagar, cuando de cualquier forma no tiene a quién pagarle? Un día jugador, otro anfitrión televisivo, otro amigo y aliado de militares con fama de tramposos y megalómanos, otro entrenador de la Selección Argentina, Maradona soporta cualquier cosa menos salir del haz de luz de su leyenda. Es multimillonario e individualista, cobra las entrevistas como si fueran comerciales y defiende las dictaduras colectivistas como quien finge un foul en el área chica. Es un pícaro, al fin, pero un pícaro rico, poderoso y pagado de sí mismo que no soporta críticas ni contradicciones. Sus errores no pueden ser errores, sino el fruto perverso e insidioso de malas voluntades adversarias. Pura envidia, se entiende. Y allí está, ante las cámaras, defendiendo como cualquier rufián su calidad divina. Pues a sus ojos Dios es un rufián, y por eso le reza. Un día de estos, espera, peleará a navajazos contra Él, y con un par de trampas le arrebatará el puesto.

lunes, octubre 19, 2009

Conversaciones entre fugados.

-Conejo-Amigo, he llegado a la conclusión de que me enamoré de un holograma.
-Vaya, al menos, eso confirma que si hemos evolucionado.
-No entiendo.
-Mira, antes nos enamorábamos de mujeres enmascaradas, ahora los tiempos cambiaron. Hemos cambiado las máscaras por los hologramas. Y tú, mi lobo-amigo, eres adicto a la tecnología.

jueves, octubre 15, 2009

Lecturas de baño-Álvaro Enrigue (El Universal/Opinión 15/10/09)

Estuve por varios meses dándole vueltas a un problema: tener el magistral Libro del desasosiego, de Pessoa en el baño de invitados es un gesto literario, pero no del todo cordial. Aunque las entradas del dietario portugués tienen la medida e inteligencia exacta para acompañar a un huésped durante su estancia en nuestra casa y más allá, las meditaciones son un poco duras si a uno no le está yendo bien en la vida -el cual es casi siempre el caso. Nunca me animé, sin embargo, a devolverlo a su estante y sustituirlo por otro más alegre. Entonces me mudé a Tacubaya.
-
Hay algo de épica ridícula en todas las mudanzas o cuando menos en todas las que suceden a partir de la edad en que uno ya empieza a tener cosas -siempre más de las necesarias y siempre insuficientes para estar cómodo con exactitud. Es un asunto operático en el sentido de que representa un espectáculo gigantesco en el que la intimidad de alguien se despliega en todas las dimensiones imaginables.
-
¿De verdad nos importa que el joven Werther sufra tanto?, ¿de verdad es necesario dejar la reja con mis camisetas en el patio mientras entra el sillón?
-
Todo es faraónico y un poco tonto en el acto de mudarse: la compresión, transporte y despliegue violento de lo que tenemos; el maquillaje excesivo de la casa recién habilitada; el dramatismo de los gestos de comando que implica coordinar a una serie de cargadores -eficaces y afinados como una sinfónica de gatos-: “El bambineto al cuarto de en medio”, grita uno como si estuviera soltando a la caballería germánica en Farsalia. Al final, la melancolía rotundísima se nos impone cuando el ballet de los forzudos deja el escenario y nos quedamos entre cajas repletas de cosas que ya se volvieron demasiado viejas.
-
Como la ópera, mudarse tiene también mucho de cruda: no se acaba nunca y uno no hace más que decirse que no lo vuelve a hacer mientras está en ello.
-
Luego sigue el tedio de ocupar todo el tiempo en taladrar paredes y cuajar repisas, volver a lavar todo lo que se había lavado 10 horas antes y que parece haberse multiplicado durante el viaje en contenedor. Hay actividades que se sienten irremontables como una tesis de doctorado: deshacerse de las cajas que quien sabe por qué ocupan más espacio desarmadas que llenas, esperar a los electricistas que no acabaron ninguno de los trabajos que tenían que terminar (lo digo sin querer poner ningún dedo en ninguna llaga; he estado tan concentrado en volver a tener una vida habitable, que cuando alguien dice “SME”, le respondo: “Salud”); esperar al infinito para poder ver el correo electrónico porque los empleados de Cablevisión son las personas más importantes, ocupadas y sangronas de todo el mundo.
-
Sin embargo, en todas las mudanzas llega también el momento tan reconfortante de volver a montar la biblioteca -que por cierto es lo único que mejora con cada cambio porque los contextos nuevos le permiten exhibir su pátina de veterano de todas nuestras guerras.
-
El proceso de realfabetización de los volúmenes es como un Facebook sin indeseables: cada libro remite a la mejor parte de un periodo de vida.
-
El sábado pasado, por ejemplo, establecí las condiciones para llegar hasta la M y la tarde me alcanzó sin haber terminado ni la A. Estuve hojeando la edición de 1910 de la Enciclopedia Británica -según Emir Rodríguez Monegal, la base del estilo borgesiano-.
-
Mi vida sigue siendo un revoltijo de cajas entre las que es imposible escribir ni una palabra, pero mi sábado fue insuperable.
-
Ayer en la noche alcancé, trabajando con marcialidad teutona, la L. Entonces tomé la decisión que he estado posponiendo por años: saqué del baño de invitados el Libro del desasosiego y metí los diarios de Lewis y Clark sobre la exploración del río Missouri: las entradas de los dos exploradores tienen también la duración perfecta y ofrecen la virtud de devolver a los amigos entonados para la conversación: con ánimo curioso y naturalista.

Usos (y abusos) del electroshock

Diario Milenio-Puebla (15/10/09)
---
Un accidente dio paso al descubrimiento del electroshock cuando el psiquiatra italiano Ugo Cerletti (26 de septiembre, 1877-25 de julio, 1963) se dio cuenta, en un matadero de cerdos, que algunos de éstos no morían al aplicarles una potente descarga eléctrica. Los cerdos que se mantenían con vida (los observó Cerletti), quedaban momentáneamente tranquilos, sedados. No tardó mucho en experimentarlo con los pacientes de los psiquiátricos de Italia. Al aplicarles una dosis de terapia electroconvulsiva, desaparecían los síntomas agudos (como los arranques de ira, por ejemplo) en los aún mal llamados esquizofrénicos.
-
Cerletti usó lo que llamaría electroshock para fines terapéuticos en pacientes con delirio y alucinaciones, luego de experimentarlo en animales durante un buen tiempo. Los representantes de la antipsiquiatría italiana (Franco y Franca Basaglia Ongaro), lucharon en la década de los setenta por eliminar esta práctica fascista de los sanatorios mentales, lográndolo a medias.
-
También RD Laing y David Cooper documentaron y condenaron la práctica del electroshock, por considerarla inhumana. Durante mi servicio social como psicólogo clínico, nunca jamás (a Dios gracias) vi que a alguien se le aplicara un electroshock. Pensé que estaba erradicado, lo creí en serio. La única vez que vi cómo se aplica un electroshock fue en la película Atrapado sin salida con Jack Nicholson, pero eso estaba en el cinematógrafo.
-
Lo que yo pensé que se había erradicado gracias a la lucha de la antipsiquiatría (la terapia electroconvulsiva) para el tratamiento de las enfermedades mentales, no lo ha sido. He leído recientemente en los medios (La Jornada, 12-10-09) que en el hospital psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, en el DF, continúa aplicándose el electroshock como terapia a los pacientes. Es terrible lo que declara el doctor José Ibarreche, médico adscrito a la Unidad Médico-Quirúrgica. Dice que es un mito aquello que la gente sufre al sentir la descarga eléctrica, y que el tratamiento se aplica mensualmente a “unos cuatro afectados”. Y dijo más: que la terapia electroconvulsiva es ideal en embarazadas que padecen depresión. El doctor luego reconoce que cada vez el electroshock es menos frecuente, pero sí necesario para beneficio de los enfermos. ¿Necesario?, me lo pregunto.
-
Pareciera que el avance científico (en cuanto a fármacos y terapias se refiere) no se ha dado en la ciencia médica en el ramo de la psiquiatría. ¿No es el electroshock una forma más, por parte de los médicos, de quitarse al paciente de encima, con todo y sus problemas? Es una más; la otra lo fue la "camisa de fuerza".

miércoles, octubre 14, 2009

"El otro rostro de Juárez"-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 14/10/09)

Eduardo Antonio Parra se inscribe en esta avalancha de escritores mexicanos que han optado por novelar a los próceres de nuestra mítica Historia. Sin duda Antonio ha escogido a uno de los insignes más importantes para la nación mexicana: Juárez ni más, ni menos. Juárez, el prestigioso liberal; Juárez, el personaje más representativo de la masonería en México y quizá en Latinoamérica; Juárez, el gran reformista; Juárez, el que en México le dio a la Iglesia lo que es de la Iglesia y al gobierno lo que le pertenece; Juárez, el que está en todo el país ya como nombre de escuela, ya como designación de alguna calle o como “el rostro de piedra” que se erige en alguna plaza de cada ciudad y a la que cada 21 de marzo se le deja una ofrenda floral. Hablar de Benito Pablo Juárez García es una ardua y complicada tarea, pues aparentemente –según Monsiváis- ya se ha dicho todo acerca del personaje plasmado en los billetes de veinte pesos. Sin embargo, Antonio con esta novela demuestra lo contrario.
-
Eduardo logra mezclar con gran perfección dos estilos literarios, por decirlo de una forma: el realista y el actual. Recurre a las descripciones detalladas, a veces asfixiantes (propias del realismo); pero juega con los tiempos para romper con la linealidad, logrando así una novela redonda en la cual va retratando a aquél Juárez que luchó a muerte contra Santa Anna; que derrotó a Miramón en la Guerra de Reforma y a Habsburgo en la Guerra de Intervención; pero también nos habla del Benito que conforme transcurren los años y los logros en el poder se va volviendo más ambicioso y se reniega a perder o ceder tal, porque Juárez en vida se sabía héroe y se sentía indispensable para el país.
-
“Juárez” es la novela de un héroe lleno de claroscuros, de un humano que actúa bajo la razón, el amor, el patriotismo, la humildad, la sencillez; pero también bajo los efectos de la envidia, la soberbia, la egolatría. Aquí también se plasma la vida de un Benito que llega al poder fortalecido y apoyado siempre por Margarita, su esposa, y sus amigos liberales como: Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Miguel Lerdo de Tejada, Sebastián Lerdo de Tejada; entre otros, pero poco a poco la guerra, la vida y la búsqueda por permanecer en el poder -hasta que encuentre alguien capaz de manejar el país o la muerte se lo lleve-, le van arrebatando a cada una de sus fortalezas hasta volverse un ente débil o al menos una frontera fácil de pasar.
-
A lo largo de cuatrocientas cuarenta páginas el lector se acercará a un Pablo que caminará por situaciones adversas de las cuales saldrá triunfante y verá cómo un hombre tan lleno de certezas y seguridades en el inicio de su carrera política, al final de su vida se la vive en la duda y el desacierto, víctima de su propia historia que él y nada más trazó.
-
“Juárez. El rostro de piedra” es publicada por Grijalbo en su colección de novela histórica y a diferencia de muchas otras novelas que recientemente proliferan, ésta sí aporta algo nuevo en la forma de mirar a Juárez.
*******
A partir del 14 de octubre en el blog: http://librodiadia.blogspot.com, el novelista poblano Pedro Ángel Palou se ha propuesto leer un libro y reseñarlo cada día durante un año, para que al final sean 365 libros los comentados. La invitación está hecha.

martes, octubre 13, 2009

Saber de esas cosas

Diario Milenio-México (13/10/09)
---
Al inicio pensé que el ruido era provocado por la lluvia. Recordaba vagamente, como suelen recordar los que no están en verdad despiertos, que el día anterior había caído una tormenta y que había conciliado el sueño todavía con el arrullo de las gotas sobre el ventanal. El inconsciente debió haberse refugiado en ese puñado de datos para evitar el despertar. El ruido, sin embargo, continuó. A momentos parecía que un ave hubiera caído sobre la terraza e intentara, sin conseguirlo del todo, elevarse otra vez. A momentos daba la impresión de ser producido por el lento andar sobre zapatos muy pesados. Mi incapacidad para darle forma o asociarlo a alguna actividad familiar fue lo que me obligó a abrir los ojos y ver de reojo hacia el ventanal.
-
Afuera, en efecto, llovía. Era apenas una ligera sábana de gotas diminutas que, una vez sobre la superficie del cristal, se deslizaba a gran velocidad hacia la base de la ventana. Las hojas puntiagudas de un árbol se arremolinaban con la ventisca nocturna. Estaba a punto de darme la vuelta para continuar durmiendo cuando el ruido arreció de nueva cuenta. No tuve otra alternativa más que incorporarme de la cama y tratar de investigar si algo pasaba. Tuve miedo, eso es cierto. El frío de las baldosas se me pegó a las plantas de los pies. La oscuridad y la lluvia no me dejaron distinguir nada preciso a través de la ventana. Era de madrugada y todo afuera parecía tranquilo. Suspiré aliviada, pero también con cierto desencanto. Ahora, ya pasado el peligro, imaginaba que habría podido enfrentarme a cualquier reto. Imaginaba que, de haber sido necesario, habría luchado cuerpo a cuerpo contra el ladrón desprevenido o el asesino a sueldo. Si hubiera tenido la oportunidad, habría podido demostrar mi valentía. Iba ya de regreso a la cama cuando escuché el ruido sobre el cristal. Voltee tan rápido que. El salto del corazón. El pulso.
-
Se trataba de una broma, sin duda. Sabía que mi mejor amigo deseaba ser astronauta así que de inmediato supuse que se trataba de él. Seguramente había rentado un disfraz y, agazapado en la terracita de mi cuarto, había esperado la hora más callada de la noche para tocar a mi ventana. Fue por eso que la abrí, riendo. Me tomó un poco de tiempo confirmar lo obvio: el astronauta que saltaba por la ventana para introducirse en mi recámara era mucho más alto que yo, que ya le sacaba, por cierto, un par de centímetros a la estatura de mi amigo. Pero para entonces el hombre había encontrado la forma de echarse sobre una silla y de aclararme a señas que bajara la ventana pero que tuviera cuidado con la sonda que lo conectaba a algo en el exterior. Yo cerré la ventana porque tuve frío y porque temí que la llovizna arruinara las cortinas y los papeles que yacían sobre el escritorio.
-
El, por otra parte, no me provocó miedo. El traje blanco era brumoso, lo cual le prohibía llevar a cabo los movimientos que yo asociaba con la violencia. ¿Cómo podría lanzarme contra la pared si apenas podía mantenerse en pie? ¿Cómo me podría hundir una daga en el corazón si llevaba las manos cubiertas de incómodos guantes? Así, en lugar de salir corriendo de la habitación para dar aviso del suceso, mejor me senté a los pies de la cama para observarlo a mis anchas. Ahí estaba, protegido de todo: las altas temperaturas y la radiación infrarroja, el fuego y la falta de gravedad. Me fijé cómo las perneras se conectaban al chaleco y éste a los conductos de gases y ventilación. Luego, me entretuve observando mi propio reflejo sobre el casco. El astronauta había dejado caer ambos brazos a los lados del cuerpo y, por la inclinación de su casco sobre el hombro derecho, deduje que dormiría. Era, a todas luces, una deducción peregrina porque la esfera que cubría su cabeza no me dejaba en realidad ver su rostro. Me aproximé entonces, de puntillas. Extendí la mano pero en el último minuto la pegué a mi pecho. Al final me decidí a hacer lo mismo que él había hecho: tocar su visor con mis nudillos. Algo dentro del traje reaccionó entonces, moviéndose apenas.
-
-¿Qué haces aquí? -fue lo único que atiné a preguntar, estupefacta.
-
Una pequeña pantalla se encendió entonces en la parte superior del casco y, dentro de ella, brillaron una serie de letras en color rojo: “ESTOY CANSADA”, leí.
-
Pensé en todas las cosas que podría preguntarle y en la cantidad de respuestas con las que podría sorprender a mis compañeros de clase al siguiente día. Organicé algunas ideas en mi cabeza preparándome para el interrogatorio e, incluso, acerqué una libreta y un lápiz para no correr el riesgo de olvidar datos u omitir fechas o nombres. El espacio sideral, me dije a mí misma. La vía láctea. El cosmos. Las palabras eran tan diminutas bajo mi paladar como nuestra existencia bajo la bóveda celeste. Afuera, el cielo nublado no me permitía ver las estrellas.
-
Como no sabía en realidad qué hacer, opté por lo que me pareció la salida más cortés: la dejaría descansar y, tan pronto como detectara algún movimiento de su parte, la atacaría con preguntas claras y bien planteadas. Su edad, por ejemplo. La primera impresión verdaderamente subjetiva ante la falta de gravedad. La consistencia de la superficie de donde había surgido el polvo que ensuciaba su traje. ¿Qué hacía cuando tenía sed? ¿Cuándo tenía comezón? Y luego, al final, lo más importante: ¿extrañaba todo esto? Postergar mi curiosidad, que era mucha, me aseguraría, eso supuse, su buena voluntad y, luego entonces, con algo de suerte, sus mejores secretos. Los quería todos, desmenuzados sobre mi regazo. Estadísticas. Hallazgos. Percances. El tipo de cosas que nunca son oficiales pero que motivan la conversación entre conocidos. Aguardé inmóvil tanto como pude pero los minutos pasaban sin cambio alguno. Los ojos, eventualmente, se me empezaron a cerrar, y la cabeza a caer en picada sobre el pecho. Cabecee más de una vez, sin duda alguna, porque al abrir los ojos en una ocasión leí su mensaje sobre la pantalla: “SE ESTÁ MUY SOLO ALLÁ AFUERA”. Las letras rojas fulgurando en la noche cerrada. La segunda vez que abrí los ojos no había ya nadie frente a mí.
-
Limpié el agua que había dejado sobre la silla con un trapo seco. Luego, al cerrar la ventana, no pude evitar murmurar:
-
-En efecto -como si yo entonces hubiera sabido ya de esas cosas o como si ella me hubiera podido escuchar.

domingo, octubre 11, 2009

¿Literatura mundial? (El universal/ Opinión 11-Octubre-2009

¿Puede hablarse de literatura mundial? ¿Desde dónde? No desde la producción, creo, sino desde condiciones similares de recepción del texto. En ese sentido sintomático Pascale Casanova se embelesa en su propio discurso y desde la comodidad del eurocentrismo habla de condiciones objetivas de universalidad (con el ejemplo del Nobel, mecanismo de consagración, no de producción estética) y, por ejemplo, no reconoce que un escritor que lee a otro escritor, las más de las veces desde la traducción, no lee normalmente. Un escritor lee a los otros desde su obra y la redibuja permanentemente.
-
Pero quizá la mayor miopía sea pensar la tradición como una sola. Es curioso que un escritor de las periferias, desde hace años colocado en un centro, París, Milan Kundera, reflexione en su último libro, El telón, sobre el particular con especial agudeza. “Sea nacionalista o cosmopolita, arraigado o desarraigado, un europeo está profundamente determinado por la relación con su patria; (…) al lado de las grandes naciones, hay una Europa de pequeñas naciones entre las cuales muchas han obtenido o reencontrado su independencia política en el curso de los dos últimos siglos (…) mi ideal de Europa: la máxima diversidad en el mínimo espacio”.
-
La argumentación es impecable: cada país de Europa vive el mismo destino común pero cada quien lo vive de modo distinto a partir de sus experiencias particulares. De allí, dice, que la historia del arte europeo parezca una “carrera de relevos”. Metáfora curiosa que contradice el simplismo de Casanova. En fin. Me interesa, sin embargo, un pequeño argumento de Kundera: “Lo que distingue a las naciones pequeñas de las grandes no es tan sólo el criterio cuantitativo del número de habitantes; es algo más profundo: su existencia no es para ellas una certeza que se da por hecha, sino siempre una pregunta, un reto, un riesgo: están a la defensiva frente a la Historia, esa fuerza que las supera, que no las toma en consideración”.
-
Hay tantos polacos como españoles, se dice Kundera, pero los últimos pertenecen a una potencia colonial cuya existencia nunca estuvo amenazada, mientras que la Historia ha enseñado a los polacos lo que quiere decir pertenecer al corredor de la muerte. ¿Gombrowicks pudo ser español, es mundial? Nada más imposible. Y luego llega al centro: el testamento goethiano, una weltilerature, es traicionado. Basta abrir una antología, una historia: siempre se presentan superposiciones, una historia de las literaturas, en plural.
-
Se puede, afirma el novelista checo, ver la realidad desde una perspectiva local, la del pequeño contexto, o leerse desde la perspectiva del gran contexto, de lo universal. Y afirma que sólo desde la traducción puede leerse la contribución de una gran novela. Sólo desde la distancia puede apreciarse el arte. Lo mismo que pensaba Bourdieu cuando decía que el traductor es quien lee de la manera más parecida a como leerá la posteridad. No se me malentienda: en todos los casos estamos hablando de lecturas, de recepciones, no de la producción literaria. Digámoslo muchas veces: la literatura mundial es un efecto de lectura, es un efecto —hoy en día más que nunca— de mercado.
-
No se nos olvide que el provincianismo de los grandes es tan dañino como el de los pequeños. Traigo a colación a otra escritora periférica, la novelista croata Dubravka Ugresic. En su libro Thank you for not reading ha escrito quizá la mayor defensa del escritor actual frente al mercado. Un escritor, afirma, a quien le preocupa el contexto en el que escribe debería quedarse callado. De lo contrario es como si separara del árbol la rama que lo sostiene. Y para un pájaro que se sostiene en tan endeble rama se trata de un acto peligroso. Sin embargo, sólo se sabe la calidad de un artesano por sus herramientas. Y entonces tira el dardo: los escritores de los países del este estaban tan aislados del mercado y de sus tendencias que pudieron escribir sus obras con la libertad que Occidente desconoce ya. En su cuarto, por las noches, alejado de toda estética imperante, el escritor puede crear una obra propia. Y reitera: los escritores en una cultura literaria orientada por el mercado son solamente “hacedores de contenidos”.
-
Podríamos seguir esta argumentación. La literatura mundial produce temas, modos reiterados de abordarlos, contenidos universales. La forma estética está fuera de la discusión. Sólo desde la periferia (algo que sabía muy bien Borges) puede renovarse profunda, duraderamente. Porque se trata de formas, descubiertas en el oficio, el taller, con los ojos estrábicos de los que habla Piglia: allá y acá. En ningún lado. Dice Ugresic que el peor descalabro para un escritor del este al encontrarse en el mercado occidental es reconocer que hay una ausencia de criterios estéticos absoluta.
-
Los criterios para una evaluación literaria eran el mundo cotidiano, afirma, de un escritor del este, no Oprah. Eran su capital y ahora descubre que “vale mierda”. En el mundo no comercial no había mala y buena literatura, sino literatura y basura, concluye. Pero la mierda es accesible a todos, paradoja final del mercado que Casanova y Moretti parecen desconocer. No se trata de oponerse a lo global con la tiranía manipuladora de lo local. Se trata, aún, de producir formas novedosas. La novela es, desde Cervantes, un arte de la resistencia, de la periferia. Y es el género que mejor les sirve a los detentadores del poder literario para producir esa especie de producto de igual sabor y textura, ajeno a la diversidad, que es lo mismo El alquimista de Cohello que El zorro de Allende o esa plaga de Dan Brown. No importa que sean malos. Los lectores incluso lo afirman: “Sé que es una porquería, pero me encanta”, dicen a coro. Tal vez sería bueno regresar a la espesa selva de lo real desde donde se escriben las verdaderas novelas.
-
Resistir al mercado es hoy resistir a la llamada literatura mundial, desde el exilio. Y no hay que olvidar la maravillosa frase de Edward Said: el exilio es un estado celoso.

viernes, octubre 09, 2009

El índex progre-Nicolás Alvarado (El Universal/Opinión 09/10/09)

“Madame Bovary incita al adulterio y a la mala administración de las finanzas personales. El halcón maltés promueve el robo organizado, el contrabando, la traición, la mentira y el recurso a los atractivos sexuales femeninos en tanto carnada para utilizar y después desechar a un hombre (este último, claro, no es sino un delito menor, si acaso un avatar más del girl power): arda en el infierno de las progresistas y los progresistos Dashiell Hammett por haber imaginado semejante atrocidad, arda dos veces en él John Huston por haber osado llevarla al cine, esa perniciosa máquina de condicionamiento skinneriano y control orwelliano. Otelo es cosa del demonio: su lectura predica con el ejemplo la intriga, la ambición, la celotipia, la misoginia y el asesinato; queda como urgente asignatura pendiente la realización de una investigación confiable que permita cuantificar cuántas pobres incautas —toda mujer, sobre todo si joven, es ya por malhadado designio biológico una pobre incauta en potencia— hubieron de perecer a manos de bestias hambrientas de sangre y de sexo (corrijo: de bestios hambrientos de sangre y de sexo), rehenes de una vanidad (por definición) masculina desmesurada y despiadada, desatada por el satánico doctor Shakespeare y su secuaz, el temible Laurence Olivier. ¿Para qué escribió Dickens Oliver Twist y por qué hizo de Fagin su personaje más fascinante? Para glorificar el tráfico de niños, piedra de toque de una conspiración secreta urdida desde 1838 y entre cuyos presuntos implicados se cuentan Frank Lloyd, David Lean, Carol Reed y Roman Polanski (¡cómo no!), agentes de distribución viral de la orden subliminal emitida en cada fotograma de sus películas, merced a la cual todo espectador deviene robachicos impenitente no bien abandona la sala. ¿El ciudadano Kane? Autoapología de los poderes fácticos. ¿En busca del tiempo perdido? Volúmenes consagrados a fomentar el complejo de Edipo, la infidelidad, la sodomía y, peor, el esnobismo. (¡Menos mal que su delirante extensión ha impedido hasta ahora su traslado al cine!) ¿El Satiricón? Mala influencia el de Petronio, todavía peor el de Fellini, ese pornógrafo del alma. ¿Dante? Un pederasta cualquiera (recuérdese cuántos años tenía Beatriz). ¿Romeo y Julieta? Erótica infantil: una suerte de antecedente pretencioso de Barely Legal. ¿Freud? Un viejito cochino. ¿Platón? Otro abusador: ¡deje ese niño ai’! ¿Muerte en Venecia? El Assenbach de Thomas Mann es un peligro para las elites, el de Visconti la potencial perdición de las masas. (Todos somos Dirk Bogarde. Y no por elegantes o por apuestos o por flemáticos o por melancólicos sino porque todos vivimos a la espera de que el cine, ese invento de Lucifer, pulse los resortes de nuestras más bajas pasiones para salivar por cuanto niño güerito se nos atraviese en el camino.) Por culpa de Thomas de Quincey todos comemos opio. Por culpa de Baudelaire todos —flores del mal que somos— consumimos haschisch, ora fumado, ora ingerido en confitura. Admítelo: leer a Henry Miller te volvió misógino y los libros de Louis Fedinand Céline te hicieron mutar no sólo en misántropo sino en fascista. Un asesino asola la ciudad: eres tú, devenido M el Maldito, por culpa del influjo todavía más maldito del malvado Fritz Lang. Confiésalo: comes niños; la causa de tu trauma originario es una lectura temprana de Hansel y Gretel. No te escudes en tu falsa piedad: si no fueras tan asiduo lector de la Biblia, esa épica sensacionalista, no habrías emulado todos los crímenes que a lo largo de sus miles de páginas de papel cebolla se cometen. Sade está en el origen de tus múltiples parafilias sexuales. ¡Y cuidadito con leer la novela más célebre de Vladimir Nabokov o con ver las películas que Stanley Kubrick y Adrian Lyne filmaron a partir de ella! El resultado inescapable de dejarte contaminar por ese panegírico de la pederastia que es Lolita será una sed irrefrenable de desarrollar comercio ilícito y degradante con la nínfula a la que más confianza tengas. ¡Hijastras violadas del mundo, uníos! ¡Todas al auto de fe!”.
-
Más o menos éste sería el discurso que sostendrían a propósito de varias obras canónicas de la literatura y el cine los progres bienpensantes que se oponen a que se produzca una versión fílmica de la Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez. Por fortuna, no las han leído, no las han visto, no las conocen. (Y, para mayor sosiego y como dijo Don Teofilito…)

Dios (es decir Google) me libre-Nicolás Alvarado (El Universal/Ipinión 03/10/09)

Así fue como la libré yo aquella noche en que, habiéndome comprometido a que mi editora recibiera a la mañana siguiente un ensayo sobre el espíritu y la decadencia de la fotonovela (sólo a mí pueden pedírseme semejantes cosas… y es que acaso sólo a mí me interesen), me descubrí ante un problema grave: necesitaba citar un pasaje del Sobre la fotografía de Susan Sontag y, por más que rebuscara en mis libreros, no podía encontrar mi ejemplar. Lo había ¿prestado?, ¿perdido?, ¿soñado sin haberlo poseído jamás? Las 2 de la mañana es horario fértil para abjurar del trabajo y entregarse a la especulación autocompasiva; sin embargo, dado que había yo incumplido ya tres fechas de entrega y que la revista sólo esperaba mi texto para su impresión, debía actuar. Dada la hora, la opción de ir a comprar otro o la de despertar a un amigo para pedírselo prestado no parecía tener demasiado sentido. Entonces salió a mi rescate, por así decirlo, mi amigo imaginario. El geek que llevo dentro. El que juega con PhotoShop y con ProTools, el que se empeña en sincronizar una grabadora Sony y una Mac hasta que lo logra. Que es el mismo que, puesto en tan adversas circunstancias, no descansa hasta encontrar lo que busca en internet.
-
Me tomó varios clics y algunos cuartos de hora harto dificultosos pero, en algún sitio —lo lamento: no recuerdo ya el URL— di con una versión electrónica del On Photography anhelado. A precio exorbitante, sí —habré pagado 30 dólares por el PDF—, pero a fin de cuentas asequible en cualquier momento, y particularmente en ése.
-
Aquél fue el día en que me convertí en defensor, acaso a ultranza, del libro digital.
* * *
La anécdota es evidentemente previa al advenimiento de Google Book Search, el servicio del gigante de la informática que, desde 2004, escanea y publica en la red ediciones integrales de libros de dominio público y fragmentos no superiores a 20% de libros con derechos de autor vigentes. A la fecha, Google ha firmado a tal efecto convenios con las universidades de Harvard, Oxford, Stanford, Columbia, Cornell, Princeton y la Complutense —entre otras— y con las bibliotecas públicas de Nueva York, Bavaria y Lyon. Fue este último acuerdo el que moviera a escándalo en una Francia parcialmente refractaria a lo que muchos interpretan como colonialismo cultural y como amenaza a la supervivencia del libro y a las garantías del derecho autoral. Y fue justo tal escándalo el que ocupara la portada del diario Libération hace cosa de un mes, como habría yo de consignar antes aquí.
-
No falta razón a los críticos de Google Books: en efecto, la empresa no tenía derecho legal a la digitalización de muchas de las obras y ni siquiera a la publicación de fragmentos. De ahí que el Sindicato de Autores de Estados Unidos y la Asociación de Editores Estadounidenses la demandaran en 2005 y recibieran 125 millones de dólares para sus agremiados, a manera no sólo de compensación sino de validación. Creo, sin embargo, que las ventajas de la digitalización son superiores a sus efectos perniciosos y que si nadie ha podido arrebatar a Google el cuasi monopolio en este empeño —Microsoft lo intentó y terminó por desistir— es por falta de ingenio. Dijo Umberto Eco un día que internet es una gran biblioteca desordenada. Salve, entonces, el bibliotecario no sólo hegemónico sino originario. Pueda terminar su tiranía por la vía de la competencia democrática y no de la argumentación paranoica.

jueves, octubre 08, 2009

Los Temas de Castilla del Pino

Diario Milenio-Puebla (08/10/09)
---
A pesar de que Península/Atalaya editó estos Temas de Carlos Castilla del Pino, notable psiquiatra español y estudioso de la literatura y de la filosofía, es necesario siempre volver a él. Es, para decirlo con justicia, un profundo investigador del Hombre. Recuerdo a Castilla del Pino en la Capilla Alfonsina, dictando una conferencia sobre psiquiatría en el año de 1984 aproximadamente.
-
Los Temas de Castilla del Pino son entonces el hombre, la sociedad y la cultura. Nacido en 1922 en San Roque (Cádiz), falleció el 15 de mayo de 2009 en Córdoba. Es autor de una vastísima obra. Baste mencionar algunos de sus imprescindibles títulos: Vieja y nueva psiquiatría (1963), Un estudio sobre la depresión (1966), Cuatro ensayos sobre la mujer (1971), Patografía (1972), Teoría de la alucinación (1984) y su obra de ficción Una alacena tapiada (1991) y Discurso de Onofre (1999), entre otras muchas más.De acuerdo con el Wikipedia, Castilla del Pino fue alumno interno del Hospital Provincial de Madrid, en donde conoció al maestro de la Neurología germánica Manuel Paraita. Su brillante tesis doctoral “Fisiología y patología de la percepción óptica del movimiento” tuvo una enorme aceptación hacia 1947.
-
La mayoría de los ensayos que se reúnen en Temas se publicaron originalmente durante el transcurso de la década de los ochenta del pasado siglo XX, Temas que siguen siendo muy actuales. El libro es heterogéneo. Se divide en De hombres/ De literatura/ De ensayo y De sociedad.
-
Por razones de espacio, como es obvio, sólo me ocuparé de un par de ensayos que a los lectores de Castilla del Pino nos abrió a la conciencia de la vida cotidiana en su momento: las “paradojas de la novela” (que son precisamente quizá las grandes paradojas de la cotidianidad) y “El mito de la conciencia culpable”.
-
Aprendí por aquellos años lo que descifraba Castilla del Pino: la novela y el delirio son lo mismo, y sin embargo se distinguen por algo fundamental: “el novelista dice verdad, acierta; el delirante dice error, se equivoca”. El novelista hace ficción y el delirante –se dice– no hace ficción y, sin quererlo, hace ficción.
-
He reflexionado mucho en lo que escribe Castilla del Pino y he entendido cómo se da el proceso de “volverse loco”. La culpa, por otro lado, envuelve a los personajes de novela y a quienes son delirantes, sólo que quienes deliran ya no saben bien a bien qué es la culpa, tema que, como lo dice Castilla del Pino, no es sólo una constante en la tragedia clásica, sino también del “drama de la modernidad”.
-
El acto considerado culpable es, según el autor de Temas, deparador de preocupación. El sentimiento de culpa pertenece al ámbito de lo subjetivo. La transgresión de la norma deriva en culpa, y en la novela y en la vida cotidiana se hallará siempre ese sentimiento, a menos que se caiga en las garras de lo patológico, donde la culpa ya no es.