domingo, abril 22, 2007

Introspección LIII.

Sorber poco a poco el vaso en el que has bebido, para tener algo tuyo dentro de mí, aunque sea la esencia.
Soñar que en un más allá se puede hacer lo que un más acá, parece inexistente, la permanencia de andar por el mundo tomados de la mano y con las sensaciones a flote, sin temor a nada, más que al fracaso de los sexos.
Y como dice Silvio Rodríguez, cada noche, aunque no esté de moda, tomarnos de la mano y decir juntos, a una sola voz: te quiero.

jueves, abril 19, 2007

Introspección LII.

Tenerte a escasos pasos y acercarme a ti y decirte cuánto me gustan tus ideas inconclusas, tus palabras incoherentes y tus frases cotidianamente dulces.
Irnos lejos un día, de todos, de ti y de mí, para reencontrarnos en algún valle, quizá en una planicie, o tal vez en la punta de la mujer dormida, y en el recalcitrante frío buscarnos los cuerpos y cubrir nuestras penas con el calor que emane de esa unión.
Y regresar al mundo de siempre y sabernos superiores y eternos, porque hemos sobrevivido. Porque sabemos a que sabe el amor sabor naturaleza.

Y sigue la mata dando.

Paisajes de la Memoria (Diario Milenio 19/04/07)
Juan Gerardo Sampedro
La crísis cultural
Ha corrido la tinta desde la semana pasada en torno del problemático tema de la cultura. Se han dicho muchas cosas producto de la fatal de conducción de ésta. La carta de René Avilés Fabila y la carta abierta del dramaturgo Felipe Galván son un síntoma del actual estado de la errática conducción de la cultura en Puebla.
Las cartas a la opinión pública, más el hecho de que un grupo de maestros de la Casa del Escritor haya pedido la renuncia del secretario, pone en los límites una situación que creo ya insostenible, una situación que a nadie conviene.
Se ha hecho un (llamémoslo así) recuento de los daños: la biblioteca Tola de Habich en cajas de cartón, el Museo Erasto Cortés desmantelado, los pobres resultados del FIP, la comparecencia del secretario ante la Cámara de Diputados y su pobre discurso sobre Gustavo Díaz Ordaz, han sido motivo de polémicas entre la comunidad artística e intelectual, que mira cada vez con más desconfianza a quien encabeza esa secretaría de estado.
Me ha llamado la atención la forma en la que se quiere dar marcha atrás a una campaña de desprestigio en contra del actual director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas, Roberto Martínez Garcilazo. Ante el legítimo reclamo que éste ha hecho al ver pisoteados sus derechos, los allegados al señor secretario han dicho que se le pidió la oficina de la Casa del Escritor Refugiado a su director para optimizar recursos, asignándole otras tareas.
Muy del secretario el recurso para quienes le resultan incómodos. La arrogancia, la prepotencia y la humillación hacia los demás son lo propio ante la falta de proyectos y argumentos.
¿No es una campaña de desprestigio enviar a un diario local la ficha negra de Martínez Garcilazo? ¿Quién trabaja para ese medio local y al mismo tiempo es funcionario de la Secretaría de Cultura? ¿Quién ha hecho de su calidad humana unas simples iniciales? ¿Quién ha sucumbido y traicionado su propia manera de pensar? No hay malentendidos. El señor pretende terminar con el proyecto de la Casa del Escritor porque le incomoda la literatura y admira a Díaz Ordaz.
Mientras René Avilés Fabila habla del costo político de mantener en el cargo al señor secretario y Felipe Galván opina que la máxima autoridad cultural del estado fragua un atentado contra la comunidad literaria, Elvira Ruiz ha externado que el señor secretario nada tiene que ver con la cultura, que le es muy ajena, cosa con la que estoy profundamente de acuerdo. Me entero que han llamado a Elvira Ruiz y a Fernando Morales para decirles que no les conviene estar en contra del secretario. Intimidación y bravuconería.
Dignidad es lo que le hace falta al señor secretario; de otra manera, él mismo hubiera hecho ya desde hace mucho tiempo sus maletas. Al esconder la cabeza como avestruz ante las reacciones de la comunidad artística, se ha visto sin liderazgo y con una pésima imagen. No tiene credibilidad el señor secretario de Cultura, lo siento. Me da harta pena.

domingo, abril 15, 2007

Introspección LI.

Suponer que aún estás ahí y caminas candida por el pasillo que lleva rumbo a tu cuarto, nuestro cuarto, ahora mi cuarto, un cuarto en el que descanso semidesnudo mirando hacía la ventana, esperando un no sé qué o intentando hallar una respuesta sin una pregunta formulada, que bien podría ser lo equivalente a la sala donde irán a velar mis restos: grande y lujosa, pero en el aire una sensación tóxica.
Abrazar la almohada e imaginar que una mano se esconde en tu cabello mientras la otra busca tus desnudos pechos y todo sólo porque esa almohada guarda el olor de tu perfume, tu olor.
Dormir esperando tu vuelta y no despertar hasta no saberte a mi lado.

sábado, abril 14, 2007

Introspección L.

Leer para encontrar entre líneas la respuesta a tu partida.
Ahogarme en un inmenso mar gaseoso color negro, para hallar el descanso eterno y una muerte diferente a las demás. La terca necesidad de marcar diferencia en un mundo de igualdades, aunque sea al final del camino.

jueves, abril 12, 2007

Montiel sigue con sus puterías!!!!! Valiente Secretario de Cultura!!!

Diario Cambio de Puebla (12/04/07)
La quinta columna
Mario Alberto Mejía

Notas Desde la Hamaca.
Empiezo por ofrecer disculpas a los lectores de Cambio.Hace unos días anuncié mi retiro de la empresa de Alberto Ventosa Coghlan, pero no dije ni una palabra más acerca de mi nuevo puerto.Lo hago ahora parcialmente.En las semanas que vienen pasaré a dirigir un nuevo periódico poblano.Actualmente estamos en el proceso de reclutar al personal que participará cotidianamente.En los últimos días han corrido diversas versiones acerca de los posibles inversionistasPor así convenirles a ellos, me reservo sus nombres.El lunes próximo publicaré la que será mi última columna en Cambio.Empieza, ahora sí, la ceremonia de los adioses.

Simpatía por el diablo. Todo discurso es una elección y toda elección es un discurso. Por ello, cuando Alejandro Montiel optó por rendir homenaje verbal, el pasado 12 de marzo en Ciudad Serdán, al máximo paradigma mexicano del político inmoral, corrupto y homicida no sólo se definió a sí mismo por medio de sus declaraciones admirativas, sino que además desechó cualquier posible interlocución con los sectores y capas sociales que humilló el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz: los universitarios, los intelectuales, los artistas, los sectores democráticos y la izquierda en su conjunto. Con su deplorable pieza oratoria, proferida con motivo del 96 aniversario del nacimiento del genocida, el secretario de Cultura decidió eliminarse a sí mismo del ámbito del dialogo cultural con los creadores. Renunció a ser la cabeza del sector cultural, porque después de sus siniestras alabanzas al presidente que ordenó al ejército disparar en contra de los estudiantes universitarios en Tlatelolco, no hay en Puebla un creador artístico, un promotor cultural, un intelectual o un académico que le tenga la mínima confianza al multicitado Montiel. Las torpes palabras del secretario corresponden más al perfil de un periodista venal, de un sindicalista mafioso o de un dinosaurio del PRI, que al de un funcionario cultural con estudios universitarios: "Ser un hombre de férrea voluntad no es sencillo, y conlleva riesgos en la toma de decisiones que, algunas veces, conducen a medidas divorciadas con los reclamos sociales. Eso precisamente hace a los personajes históricamente atrayentes, y ése es el caso de este hombre oriundo de Ciudad Serdán".Fue un acto políticamente innecesario tal rendición de admiración, tal exhibición impúdica de su prosa rudimentaria, de incompetencia gramatical y de vulgaridad de estilo: "Ser un hombre de férrea voluntad no es sencillo, y conlleva riesgos en la toma de decisiones que, algunas veces, conducen a medidas divorciadas con los reclamos sociales”. ¡Qué pifia! ¿Cómo es posible que alguien escriba y diga tales necedades? Sólo la mente de un cínico puede concebir tales frases., a tal grado que uno no sabe si esa sarta de elogios insostenibles y de disparates fue obra de la maligna falta de respeto por la memoria de los asesinados por Díaz Ordaz o de la simple tontería.

Trasplante de sesos. Por la gravedad de la provocación era de esperarse la reacción de los universitarios a las habladas derechistas de Montiel. Por ello fue casi natural que el pasado lunes 26 de marzo un grupo de jóvenes estudiantes de la BUAP realizara en la Casa Albisúa, la sede de la oficina del secretario, un performance titulado La cultura contra Montiel para protestar contra el homenaje al genocida Díaz Ordaz. Al grito de “Dos de octubre no se olvida” los universitarios se acostaron en el piso evocando a los caídos en Tlatelolco, encendieron veladoras y depositaron en el centro del patio un cerebro de cerdo como ofrenda al titular de la dependencia.Además, le dejaron con una secretaria, porque el señor no estaba, como siempre, un libro con un moño blanco: La noche de Tlatelolco de Poniatowska. Han pasado ya varios días y Montiel, fiel a sus malos modos, no ha dado explicación alguna ni sobre su discurso del 12 ni sobre los hechos del 26 de marzo. De ese tamaño es su arrogancia y el desprecio que le inspiran los ciudadanos. Hay que decir que sobre este affaire han escrito, hasta ahora, Alfonso Yañez (Síntesis), Martín Hernández (La Jornada de Oriente), Cristina Aguirre (El Heraldo), Edmundo Velázquez (Cambio) y José Mendieta (Síntesis). Como puede verse no es un asunto menor, y menos aún si consideramos que estamos en la víspera electoral. Ni es menor ni ha terminado el asunto.Quién iba a imaginar que un egresado de la BUAP -que es un supuesto especialista en historia, en literatura mexicana, en la obra de Carlos de Sigüenza, y lector permanente de la obra semiótica de Umberto Eco- resultara ser un pequeño matraquero de tiranos. El destino, y de qué manera, terminó por alcanzarlo.Cuando estas líneas ya estaban escritas el quintacolumnista se enteró desde su hamaca que Montiel-Díaz Ordaz busca dar un nuevo golpe en contra de la inteligencia poblana. Cito la nota del reportero Juan Pablo Proal publicada ayer en e-consulta: “De forma intempestiva y fuera del horario laboral, el secretario de Cultura del estado, Alejandro Montiel Bonilla, exigió al director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de dicha dependencia, Roberto Martínez Garcilazo, abandonar las instalaciones de la Casa del Escritor –que están a su cargo— además de solicitarle la intensificación de la difusión cultural al interior de Puebla, sin ofrecer un aumento de presupuesto.“En una carta fechada a las 16:34 horas del martes pasado, Montiel Bonilla insta a Martínez Garcilazo a mudarse a la Galería de Arte Contemporáneo y le pide iniciar un nuevo proyecto: ‘la coordinación de ferias del libro, lecturas públicas y talleres en el interior del estado’, sin ofrecer capital económico agregado.“La exigencia del secretario de Cultura fue interpretada por el escritor Roberto Martínez Garcilazo como una clara evidencia de que Montiel Bonilla pretende marginarlo debido a ‘intereses personales’. “En entrevista, calificó la rúbrica de ‘una inexplicable voluntad hostil en mi contra’. El funcionario, con nueve años de trayectoria en la función pública, reviró: “Miro con gran desconfianza su petición, es evidente que hay una voluntad de marginación contra mi”.“La solicitud de Montiel Bonilla fue presentada más de media hora después de que concluyó la jornada burocrática. En ella, le exige un vuelco en la política cultural que sólo explica en tres párrafos.” Sé que Roberto no se ha salido de su oficina.¿Se atreverá Montiel a ser ese “hombre de férrea voluntad” que fue Díaz Ordaz y a tomar decisiones “que, algunas veces, conducen a medidas divorciadas con los reclamos sociales”.¿Se atreverá a ser tan atrayente o atractivo como lo es para él el ex presidente genocida?Si Montiel sucumbe a su nuevo alter ego no le extrañe al lector que Martínez Garcilazo sea expulsado de sus oficinas con toda la fuerza del estado

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Diario Cambio de Puebla (12/04/07)
Planea Montiel despido de Roberto Martínez Garcilazo
Exige que desaloje la dirección de la Casa del Escritor

Edmundo Velázquez


Desde su llegada como titular de la Secretaría de Cultura, Alejando Montiel Bonilla ha provocado la salida de ocho directores y otros cambios administrativos más. Desde el martes pasado, el director de la Casa del Escritor se ve amenazado de perder también su puesto.


El secretario de Cultura, Alejandro Montiel Bonilla, pidió la salida de Roberto Martínez Garcilazo de sus instalaciones de la Casa del Escritor, oficina que dirige desde su creación.
Vía oficio, el secretario informó —fuera del horario regular de trabajo de cualquier dependencia— a Martínez Garcilazo que debía abandonar la Casa del Escritor para dedicarse ahora a promover presentaciones de autores y ferias del libro en el interior del estado, por lo que ahora le sería asignado otro espacio cerca de la Galería de Arte Contemporáneo, en la zona de San Francisco.

En entrevista, Roberto Martínez Garcilazo consideró la orden como una hostilidad más del secretario, quien desde hace meses le ha marginado de las actividades propias de su oficina, marcadas por la Ley Estatal de Cultura. Una de ellas fue asignar el área de Publicaciones, desde meses anteriores, al grupo de funcionarios cómodos para Montiel Bonilla.

Ayer, en entrevista vía telefónica, el secretario de Cultura admitió que pidió la oficina y cierta documentación al director de la Casa del Escritor, pero que no había pedido su renuncia.

El funcionario estatal se negó a dar más comentarios, y dijo desconocer el tema a pesar de que desde las 2 de la tarde el portal digital E-Consulta lo informó en la nota titulada “Fragua Montiel despido de Garcilazo”, firmada por el reportero Juan Pablo Proal.
Al ser cuestionado debido a la nota y la nueva acción administrativa emprendida y ordenada desde su despacho, Montiel titubeó, y de manera nerviosa entabló el siguiente diálogo con el reportero:

—Señor, se publica que ha exigido la salida de Martínez Garcilazo de sus instalaciones en la Casa del Escritor…
—No, no he visto la nota. Déjame revisarla y mañana nos comunicamos para hablar del tema.
—Pues le adelanto, se maneja que usted envió un oficio y exigió la salida de su oficina a Roberto Martínez Garcilazo.
—Ah, fíjate. Está interesante… No, pues no sé. Déjame checarla y platicamos…
—¿Pero por el momento ha solicitado algún movimiento de ese tipo?
—Sí. Se pidió que, bueno pues… em, entregara cierta documentación. Pero no. Eh… déjame checar la página… —Así el secretario evadió hablar del tema.


El intercambio epistolar
En el oficio SC/162/07, el secretario de Cultura comunica a Martínez Garcilazo que “tendrá que llevar a cabo presentaciones de libros publicados por la Secretaría y obras de autores poblanos y/o nacionales, cuya difusión y vinculación son de vital importancia para los lineamientos del Plan Estatal de Desarrollo”.

Esta especificación es peculiar ahora, cuando al secretario le preocupa cumplir con el Plan Estatal de Desarrollo pero no atiende los más básicos lineamientos del la Ley Estatal de Cultura.

El secretario continúa así con los nuevos encargos para Martínez Garcilazo:

“La coordinación de ferias del libro, lecturas públicas y talleres al interior del estado, debido a que es necesario darle un impuso a los distintos espacios culturales para que sea desde ahí como se continúe con la dinámica de difusión, información e intercambio que ya existe en la Ciudad de Puebla”.

Con este párrafo, el secretario expresa su preocupación por las políticas culturales casi nulas más allá de la periferia de la capital del estado, a más de dos años de tomar el cargo.

Es entonces cuando, en su carta, pide a Martínez Garcilazo su salida de la Casa del Escritor para así ubicarse desde ayer miércoles en otro espacio.


La respuesta
En respuesta, y a la manera del secretario, el director de la Casa del Escritor responde con otro oficio más negándose abandonar su oficina. En la carta reitera que legalmente es imposible su salida del inmueble y exige una resolución cara a cara con Montiel.

“He consultado a mi abogado y a un perito en Derecho Administrativo sobre este particular, y ambos coinciden en aconsejarme lo siguiente: no debo abandonar la oficina de la Casa del Escritor sin haber realizado un proceso administrativo de entrega y recepción del archivo, del inventario, de los programas, de los sellos, de las llaves y de la relación de asuntos pendientes”, asegura el director en la misiva.

Continúa: “No acepto salir subrepticiamente de la Casa del Escritor después de tres años de trabajo. Durante los cuatro años de existencia de esta dependencia, han pasado por las aulas de la Casa del Escritor aproximadamente mil 500 alumnos, y se han realizado 348 actividades a las que han acudido 13 mil 786 personas. Me inconformo y le solicito no sólo que me haga saber las razones de su decisión, sino también que mi relevo se realice de manera legal. Por esta razón, orientado por el principio de transparencia de la res pública y para salvaguardar mi nombre, he decidido hacer pública el día de hoy esta respuesta (…) Lamento que este episodio, por decisión suya, se desahogue epistolarmente, a través de su decretal y de mi respuesta, y no cara a cara, por medio del acuerdo, como debe ser entre ciudadanos observantes de la ley y de la elemental urbanidad”.

También le hace saber su confusión ante lo que prevé como “un eventual despido”, por lo que pide a Montiel ser claro con sus comentarios públicos:

“En contra de la experimentada opinión de mi abogado (actualmente se desempeña como juez), me niego a interpretar el oficio de usted como una acción preliminar a un despido. No puedo hacerlo porque estoy confundido: en días pasados usted dijo de mí, a la prensa, que era un funcionario de buen perfil y desempeño. No obstante, si por alguna razón ha cambiado usted de opinión sobre la calidad de mi trabajo, le exhorto, respetuosamente, a hacérmelo saber cuanto antes de manera que me permita proceder en consecuencia”, finaliza la misiva.


Una agresión
Entrevistado por Cambio, Roberto Martínez Garcilazo confirmó la confrontación con el secretario. Se le preguntó sobre las actitudes hostiles que ha recibido desde que se le pidió abandonar los proyectos editoriales en el año pasado.

—¿Se siente agredido? —Se le preguntó.
—Agresión. Sí, por supuesto. Y puede constituir un peligroso antecedente el hecho de que se utilice el poder administrativo para destruir una familia por medio de la cancelación de la fuente de ingresos económicos. Eso sería muy costoso socialmente, sería imperdonable, sería fuente de discordia. Aun en contra de los datos de la experiencia, confío en que eso no ocurra. —Comentó el aún director de la Casa del Escritor.

¡Por mis pistolas!
Las bajas que ha provocado Montiel en la Secretaría de Cultura


Desde su llegada, Montiel ha impuesto su ritmo y estilo. Quien no lo ha seguido sale, sin más argumentos. A la fecha, siete directores de la dependencia han abandonado sus puestos, otros funcionarios más han sido cambiados del área en que se especializan. Así ocurrió con el caso de Edith Eunice Gil Ruiz, directora de talleres de la Casa de la Cultura.
Ella no fue despedida, pero la enviaron a una oficina inoperante en el Museo Imagina tras las constantes críticas al presupuesto. El secretario, en su caso, optó por relegarla de las actividades que cumplía a cabalidad, y congelarla, suerte que le avecina a Roberto Martínez Garcilazo.
No corrieron la misma suerte ocho directores que salieron luego de que Montiel relevó a Pedro Ángel Palou, entre ellos se encuentran:

Ricardo Vázquez. Fungía como Administrador General de la Secretaría de Cultura.Víctor Manuel Carreto Chalina. Trabajaba como jefe de Recursos Humanos.Moisés Ramos Rodríguez. Quien era director de Comunicación Social.Delia Domínguez Cuanalo. Laboraba como directora de Museos y Bienes Artísticos.Marco Rodríguez Alcaraz. Era el titular de la Cinemateca Luis Buñuel. Juan Gerardo Sampedro. Subdirector de Ediciones.Ruth Becerra. Hoy ex directora de Recursos Humanos. Mauricio Pardo. Hasta hace unos días, director del Festival Internacional de Puebla.

Inician las muestras de solidaridad
José Prats Sariol, autor quien recibió el apoyo de la Casa del Escritor a su salida de Cuba, expresó en un correo electrónico —que circuló por las redacciones de varios medios impresos— su solidaridad con Roberto Martínez Garcilazo.

A continuación el texto de Prats:
“Enterado de tu ‛expulsión’ de la Casa Refugio del Escritor (este sigue siendo su nombre oficial), no sólo me parece una acción injusta y carente de urbanidad (algo usual de parte del actual Secretario de Cultura), sino una especie de golpe final al hermoso proyecto inaugurado hace cuatro años.

“Creo que la comunidad artística e intelectual poblana, así como los que estamos vinculados al proyecto internacional de red de casas refugios para escritores perseguidos en todo el mundo, tenemos la mejor opinión acerca de ti, de tu abnegado trabajo en medio de las más precarias condiciones financieras y de apoyo institucional, de tu sensibilidad y profesionalidad.

“Si entiendes útil cualquier declaración mía que avale lo antes dicho, te ruego dispongas de tu amigo… José Prats Sariol”.

lunes, abril 09, 2007

Introspección XLIX.

Dicen que las lecturas hacen a la persona. Que se es mal lector si se lee por autores y no por libros. Bien pues, he decidido agregar a mis introspecciones mis procesos de lectura. Tiene unas modificaciones, la he dividido en Narrativa donde habrá Cuento, Novela, Noveleta, Diario; Poesía; Ensayo, aquí acomode aquí las conferencias, cátedras y teorías literarias que se han publicado y que he leído y por último las Otras disciplinas, en esta sección me propuse acomodar todo lo referente a Filosofía, Sociología y demás áreas no narrativas ni literarias que quepan.
En un reclamo de Clarice Baricco, apodada Graciela Barrera, ya he agregado libros hechos por mujeres y que seguirán creciendo.

Libros que he leído de mi pequeña biblioteca:
Narrativa:

Pedro Ángel Palou: Pequeño Museo de la Melancolía (Relato)
Pedro Ángel Palou: Los placeres del dolor. (Cuento)
Pedro Ángel Palou: Música de Adiós. (Cuento)
Pedro Ángel Palou: El Último Campeonato Mundial (Novela)
Pedro Ángel Palou: Bolero. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Demasiadas vidas. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Casa de la Magnolia. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Con la Muerte en los Puños. (Novela)
Pedro Ángel Palou: En la Alcoba de un Mundo, Una vida de Xavier Villaurrutia. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Memoria de los Días. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Qliphoth. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Quien dice sombra. (Novela)
Pedro Ángel Palou: El diván del diablo (Novela)
Pedro Ángel Palou: Zapata (Novela).
Ignacio Padilla: Amphitryon (Novela)
Ignacio Padilla: Una forma falsa de verdad. (Selección de textos)
Ignacio Padilla: Las Antípodas y el Siglo (Cuento)
Ignacio Padilla: La Gruta del Toscano (Novela)
Jorge Volpi: A pesar del oscuro silencio (Novela)
Jorge Volpi: El juego del Apocalipsis (Novela)
Jorge Volpi: Sangrar tu piel amarga (Novela)
Jorge Volpi: El temperamento melancólico (Novela)
Eloy Urroz, Ignacio Padilla y Jorge Volpi: Tres bosquejos del mal (Cuento)
Mario Bellatin: Flores (Novela)
Mario Bellatin: La jornada de la mona y el paciente (Novela-Diario)
Luis Humberto Crosthwaite: Instrucciones para cruzar la frontera (Relatos)
Xavier Velasco: Luna llena en las rocas. (Crónicas)
Xavier Velasco: Diablo Guardián. (Novela)
Xavier Velasco: Materialismo Histérico. (Cuento)
Guillermo Samperio: Ellas habitan un cuento. (Cuento)
Beatriz Rivas: La hora sin diosas. (Novela)
Ricardo Cartas Figueroa: La Noche de Karmatrón (Cuento)
Mario Calderón: Destino y otras ficciones (Cuento)
Mario Calderón: Donde el Águila paró (Cuento)
Juan Gerardo Sampedro: Ojos de Entonces. (Novela)
Felipe Galván: Autor anónimo. (Novela)
Sandra Becerril: La calle de las brujas. (Novela)
Antología de narradores en Puebla: Varios. (Narración)
Insólitos y ufanos, antología de cuento poblano: Varios. (Cuento)
Fronteras del deseo: Varios (Cuento)
El eco hecho carne: Varios. (Cuento y poesía)
Mempo Giardinelli: Final de novela en Patagonia. (Diario)
Jorge Ibargüengoitia: Los relámpagos de agosto. (Novela)
Juan Rulfo: Pedro Páramo/El llano en llamas (Novela y cuento)
Sergio Pitol: El arte de la fuga (Narrativa)
Roberto Bolaño: Los detectives salvajes (Novela).
Mariano Azuela: Los de abajo (Novela)
José Saramago: El evangelio según Jesucristo. (Novela)
José Emilio Pacheco: Los principios del placer (Cuento y Noveleta)
Elena Poniatowska: Querido Diego, te abraza Quiela (Narrativa)
B. Traven: Macario. (Novela)
Gabriel García Márquez: Extraños doce cuentos peregrinos. (Cuento)
Carlos Fuentes: Aura. (Novela)
Vila-Matas: Bartleby y compañía. (Novela)
Albert Camus: El Extranjero. (Novela)
Milan Kundera: La Insoportable Levedad del Ser. (Novela)
Antonio Tabucchi: La Cabeza Perdida de Damasceno Monteiro. (Novela)
J. M. Coetzee: Desgracia.
V. S. Naipaul: Leer y escribir (Memorias).
Truman Capote: A sangre fría (Novela)
Truman Capote: Música para Camaleones. (Cuento)
Michael Ende: Momo. (Novela)
Franz Kafka: El Proceso. (Novela)
Franz Kafka: La Metamorfosis. (Cuento o novela)
Lewis Carroll: Alicia en el País de las Maravillas/A Través del Espejo. (Cuento o novela)
V. Nabokov: Lolita (Novela)
V. Nabokov: Desesperación. (Novela)
Hesse: Demian. (Novela)
Hesse: Lobo estepario. (Novela)
Hesse: Bajo las ruedas. (Novela)
Hesse: El último verano de Klingsor (Novela)
H. Melville: Bartebly, el escribiente y otros cuentos (Cuento)
Heinrich Böll: El honor perdido de Katharina Blum (Novela)
Robert L. Stevenson: Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Novela)
Conrad: El corazón de las tinieblas. (Novela)
W. Faulkner: ¡Absalón! ¡Absalón! (Novela)
Augusto Monterroso: Movimiento perpetuo.
Gustave Flaubert: Madame Bovary (Novela)
Fedor Dostoievsky: Crimen y Castigo (Novela)

Poesía:
Roberto Martínez Garcilazo: Responso ante la Ceniza. (Poesía)
Roberto Martínez Garcilazo: Lumbre oscura. (Poesía)
Ignacio Sánchez Prado: Poesía para nada (Poesía)
Alí Calderón: Imago Prima (Poesía)
Mario Calderón: Vibraciones de la Creación (Poesía)
Luigi Amara: Envés (Poesía)
Juan Carlos Canales: Teoría. (Poesía)
Juan Carlos Canales: Antología (In) necesaria. (Poesía)
Miguel A. Maldonado: Magia corriente. (Poesía)
Miguel A. Maldonado: La Carne Propia. (Poesía)
Alejandra Peart: En estas horas (Poesía)
Enrique de Jesús Pimentel: Criatura Tú. (Poesía)
Enrique de Jesús Pimentel: Catacumbas. (Poesía)
Julio Eutiquio Sarabia: Mudar de vida. (Poesía)
Eduardo Casar: Mar privado. (Poesía)
Rafael Argullol: Duelo en el Valle de la Muerte (Poesía)
Charles Bukowsky: Poemas de viejo indecente (Poesía)
Dante Allighieri: La divina comedia. (Poesía)

Ensayo, Conferencias y Teorías:

Pedro Ángel Palou: Resistencia de Materiales (Ensayo)
Ignacio Padilla: El Peso de las Cosas (Ensayo)
Chávez Castañeda, Estivill, Herrasti, Padilla, Palou, Urroz y Volpi (y Tomás Regalado que no es del Crack): Crack. Instrucciones de Uso. (Variado)
Gabriel Zaid: Los demasiados libros (Ensayo)
Italo Calvino: Seis propuestas para el próximo milenio (Cátedra)
Faulkner, Hemingway, Capote, etc...: El Oficio del Escritor (Entrevistas)

Otras disciplinas:
F. Nietzsche: Así habló Zaratustra (Filosofía)
F. Nietzsche: El Anticristo (Filosofía)
F. Nietzsche: Más allá del bien y del mal (Filosofía)
Cioran: Adiós a la filosofía y otros textos. (Ensayo-aforismos)
Michel Maffesoli: El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos. (Sociología)
Michel Maffesoli: Posmodernidad. (Sociología-Cátedra)

En proceso:
Cirlot: Bronwyn. (Poesía)
Julio Cortazar: El perseguidor y otros relatos (Cuento)
Nabokov: Curso de Literatura Europea. (Memorias)
Lev Tolstói: Anna Karénina. (Novela).
James Joyce: Ulises (Novela)
Eduardo Montagner: Toda esa gran verdad. (Novela)
Daniel Sada: Luces artificiales. (Novela).

Me faltan:
Fedor Dostoievsky: EL jugador (Novela)
Fedor Dostoievsky: Los Hermanos Karamazov (Novela)
Dashield Hammett: El gran golpe (Novela)
Heinrich Böll: Opiniones de un payaso (Novela)
Julio Cortazar: Rayuela (Novela)
Jorge Luis Borges: El libro de los Seres Imaginarios
Sergio Pitol: Adicción a los ingleses (Ensayo)
Sergio Pitol: De realidad a la literatura (Cátedra)
Ignacio Trejo Fuentes: El vaquero más auténtico que existió. (Novela)
Carlos Montemayor: Minas del retorno (Novela)
F. Nietzsche: Consideraciones Intempestivas (Filosofía)
F. Nietzsche: Sobre el porvenir de nuestras escuelas (Filosofía)
F. Nietzsche: Ecce homo (Filosofía)
Cervantes: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha I y II
Homero: La Iliada
Homero: La Odisea

Estoy atrapado en Fahrenheit 451, ¿qué libro me gustaría llevar?:
Diablo Guardián de Xavier Velasco, Quien dice sombra de Palou García, El arte de la Fuga de Pitol y La Gruta del Toscano de Padilla.

¿Alguna vez me enamore de algún personaje de ficción?:
Pig y Violetta, Diablo Guardián de Xavier Velasco; Andrés, Qluiphoth de Pedro A. Palou García; Ortega, Quien dice sombra también de Palou; Belano, Los Detectives Salvajes del gran Bolaño.

¿El último libro que compraste fue...?:
Ulises de James Joyce.

¿El último libro que leíste fue...?:
Posmodernidad de Michel Maffesoli.

¿Qué libros estás leyendo? :
La Muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes.

Cinco libros especiales para ti:
Diablo Guardián – Xavier Velasco
Qluiphoth – Pedro A. Palou García
La Insoportable Levedad del Ser – Milan Kundera
Quien dice sombra – Pedro A. Palou García.
Alicia en el País de las Maravillas/ A través del Espejo – Lewis Carroll.
y de pilón: Bronwyn de Cirlot, La Gruta del Toscano de Padilla y Poesía para nada de Sánchez Prado

¿Qué libro esperas con ansias?:
El que pienso escribir.

¿Qué libro regalarías?:
Cualquiera de Kundera, de Xavier Velasco, de los de los del Crack y de Pitol

domingo, abril 08, 2007

Pregunta académica.

Yo no entiendo la educación actual, sobre toda la uiversitaria.
¿De qué sirve enseñar investigar y opinar al alumno, si en sus trabajos académicos se les pide apegarse a lo ya dicho para definir algo en lugar buscar una definición personal partiendo de ideas nuevas?
Me suena como aprender a caminar, pero después de todo regresar a la andadera.

jueves, abril 05, 2007

Introspección XLVIII.

Nadar por un inmenso mar salado para recordar lo amargo que significa estar solo, lejos de ese místico enlace con sensación a eternidad que significaban tus piernas entre lazadas con las mías. Buscar resguardo en la sombra de una palmera para hacer menos pesada esta espera que se vislumbra infinita. ¡Me siento la versión masculina de Penélope! Esa Penélope que Serrat nos la metió en la memoria para que pudiéramos dar personificación a la espera amorosa. Y embargo, si quisiera personificar mi espera, no podría ser otra mujer, sino tú.

miércoles, abril 04, 2007

Para matar el rato.

Esta cadenita se la vole a la guapa Sandra Becerril (http://sandra-becerril.blogspot.com) Me pareció un juego de blog divertido.
Ahí va, pues.

SI TU PUDIERAS...

1. Si tú pudieras gastar dinero sin limitaciones en qué lo gastarias??
R=Me comrparía mi lap-top, un celular moderno, mi propia mesa de billar, compararía todos los libros, pelícuasl y cd´s que me faltan, iría a Cuba, Argentina, Francia, Alemania e iría siempre a la FIL-Guadalajara


2. Si tú pudieras besar a alguien, a quién besarias??
R=Ups!!!!!!! pues a Martha Higareda...quien la conozca digale que aquí en Puebla tiene alguien que la adora. Hasta le hice un poema, ja

3. Si tú pudieras tener un don, cuál seria??
R= Como dijera Silvio: acaso multiplicar panes y peces, pero yo preferiría coca-colas y comida italiana.

4. Si tú pudieras ser un superheroe, quién serias??
R= Wolverine.

5. Si tú pudieras borrar un error de tu pasado cuál seria??
R= Ninguno. Yo me quiero morir como he vivido y como lo siga haciendo.

6. Si tú pudieras cambiar algo de tu cuerpo, que cambiarias?
R= ...

7. Si tú pudieras cambiar algo de tu forma de ser, que seria?
R=Tal vez me complicada forma de ser. Pero sí soy, aparento lo que no soy. Ni modo. No me incomoda, el que me odie, bien y el que me quiera gracias.

Y ya...

Introspección XLVII.

Huir para escapar de un pasado, olvidar un presente y dejar de anhelar un futuro. Mudarme a un país donde soñar esté prohibido y amar sea un verbo inexistente. Y recordar sea una palabra sin carga semántica ni connotación sentimental alguna.
Perderme en un laberinto oscuro, infernal, donde no puedas aparecerte. O mejor aún, habitar un mundo donde no se necesite corazón para andar y que el alma no sea indispensable para sentirse vivo y la memoria sea asunto sólo de máquinas y no de humanos, tal vez así logre borrar esa dulce y tierna imagen con olor a miel que tengo de ti, desde la última vez que te vi. Era una noche de luna llena, estrellada. Caminábamos por la Juárez, éramos tú, y ese clásico cigarrillo en la boca, y yo con típica timidez que se traducía en una cursilería al puro estilo de las novelas rosa que acostumbras leer. Sólo un delete bastaría para poder continuar con mi vida.
A estas alturas estoy harto de seguir caminando calle por calle, buscándote, a sabiendas que no lograré sino torturarme. Pero no puedo evitarlo, te volviste vital para mi forma de vida. Al mismo tiempo que tomo un vaso de leche al pararme, necesito acordarme de ti, para sentirme listo y poder empezar mi día, que cada vez se vuelve más rutinario, aburrido. Por supuesto ya no estás tú.
No es lo mismo amanecer sabiendo que estoy abrazando a la mujer más bella del mundo, a la que amo y yace desnuda bajo la misma sabana que yo, a hacerlo viéndome sólo, en una cama que últimamente se ha ido convirtiendo en mi desierto privado sin ningún atractivo turístico que valga la pena observar.
Ayer salí a la oficina central de correos a depositar una carta con destino a tu casa. El contenido es una absoluta mierda, tendría que haber resumido tanta palabrería en esto: ¿Volverás algún día? Mi vida apesta sin ti. Pero, ya sabes, siempre he sido un cobarde y para decir lo que quiero y siento, necesito dar todas las vueltas posibles. Es irónico, siempre le he tenido miedo a la ruleta rusa y eso sería la analogía más cercana a mi vida y forma de ser. Quizá tengo miedo a conocerme a fondo.

martes, abril 03, 2007

Introspección XLVI.

Dormir hasta que el cansancio de buscarte en una cama en la que nunca has estado me robe las energías. Dar de vueltas, de la derecha a la izquierda y de regreso, intentando rozar alguna parte de tu cuerpo o toparme con él, para que me hagas pedirte perdón por haberte empujado o robado un pedazo de cobija, para luego darme cuenta que el maligno sol busca con sus rayos mi cara, para regresarme a una realidad que no quiero ver, ni quiero pertenecerle y menos que me pertenezca.
Casi siempre así son mis días sin Universidad y sin amigos con quien encontrarme o visitar. Tengo tiempo de sobra para acordarme de ti, de lo que éramos en un más allá que jamás será aquí o allí. Porque aunque leo en esos días de densa calma para que otro ser ficticio se adueñe tantito de mi, siempre que el personaje o los personajes viven un evento amoroso ya para bien o para mal, acabo regresando a ti.
No se puede tener paz en un mundo donde la soledad es castigo y no prioridad.

o-o-o-o


Me gusta este experimento, ir mezclando parte de mi vida con cosas que no han sucedido. De algo tiene que servir la soledad

domingo, abril 01, 2007

Introspección XLV.

Algunos escritores acostumbran a hacer una antología de cuentos leídos que recuerdan de manera grata por su contenido y el placer que el texto en cuestión haya provocado. Sin más, coloco un cuento de una persona a la que estimo y debo mis incursiones en esto de la escritura. Su nombre Verónica Estay Stange (Puebla, 4 de enero de1980). Este cuento recibió la Primera Mención en el VI Concurso de Cuento Mujeres en Vida en julio de 2001. Apareció en la Antología de Narradores en Puebla (Itaca, 2002)


Tango para una mujer sola

Dos niños de la mano de su madre. La puerta de la escuela. Una vieja que sube al camión. Un perro orinando en el poste. Automóviles. El semáforo en rojo. Cables de luz. Un nido de golondrinas. Ventana. Pared. Ventana. Una silueta tras la cortina. Agua que corre. Cabello, hombro, cintura.
***
Levanta la cara del lavabo y emerge a la conciencia; por un instante, el agua le había otorgado el olvido. Frente al espejo es ella otra vez, y los rastros del tiempo que no perdona. Pero esta inesperada sonrisa irónica viene, sin duda, de esa otra que la observa: qué vieja estás hoy. Siempre es lo mismo contigo, apenas me distraigo y ya estás molestando.
Se pasa la mano sobre el rostro, mira hacia la ventana; pretextos para no pensar. Un rayo de sol le acaricia el hombro. Suspira. En su cintura, una pelusa casi transparente. Sopla, muy suave. La mira descender: caderas, piernas, tobillos. Suelo. El fin de la travesía. Estás cansada, Paula, esa es la verdad.
Camina hacia el armario, mas la sola idea de vestirse desata el tedio. Desayunará un café con pan de dulce. Hará la cama. Recogerá la ropa tirada en el dormitorio. Ordenará a medias la cocina y saldrá tarde hacia el trabajo. Y en cada descuido pensará en él. De hecho ya está pensando en él. Otra vez tú, ¿no te digo? todo el tiempo jugándome malas pasadas.
Aspira hondo. Está desnuda. Su cuerpo muestra los signos de la edad. Lentamente se pone los calzones, el sostén, la blusa verde, el pantalón café, no, mejor el negro, que la hace ver más esbelta, los zapatos. Desodorante y un toque de perfume. Hoy usará aretes y pulsera. Pelo suelto, raya al lado. Rubor para disimular la palidez, y rimel para intensificar la mirada. Cuando una se siente mal, debe verse bien, decía mi madre. ¿Verse bien? Dentro de lo posible, claro. Ya está, la ironía de nuevo.
Desayuna un café con pan de dulce. Hace la cama. Recoge la ropa tirada en el dormitorio. Ordena a medias la cocina. No va tan mal hasta ahora: con la atención fija en los quehaceres resulta difícil divagar. Toma las llaves de la mesa, las guarda en la bolsa. Ha olvidado sus libros en la cocina. Es tarde.
***
Una mano joven enciende la radio. Y ahora, estimados radioescuchas, una canción de cumbia. Falla la señal. La mano hace girar la perilla, hasta que interrumpe el teléfono. En la estación por casualidad sintonizada, un tango, estimados radioescuchas, en la voz del inolvidable Gardel: Malena canta el tango/ como ninguna/ y en cada verso pone/ su corazón… La música sale a la calle. Entra al departamento de arriba por la ventana del baño. Pasa al dormitorio. Se cuela por el resquicio de la puerta. Atraviesa el pasillo y llega con pasos de aire a la cocina, donde una mujer, apurada para el trabajo, simula no escuchar.
Lo cierto es que de pronto se ha imaginado toda de vidrio. A pesar suyo, se lleva una mano al pecho: debe impedir que se extienda esta fisura… Bah, qué tonterías. Es tarde, he dicho.
Pero la música continúa su labor …Malena tiene pena/ de bandoneón… Con dedos finos, va quebrando a Paula … su voz de alondra/ tomó ese tono oscuro… que se resiste …o acaso aquel romance… que ya no quiere …cuando se pone triste… ceder más …Malena canta el tango… Qué estupidez …con voz de sombra… No te llamas Malena “…Malena tiene pena … Paula … tiene el frío del último encuentro…¿Qué? …se hace amarga en la sal del recuerdo… ­Estás llorando.
A quién culpará esta vez. Los malditos tangos, siempre tan tristes. Estas paredes, por donde se cuela el ruido. O quizá la mano que encendió la radio; la estación de cumbias, con tan mala señal; el teléfono, que interrumpió a la mano en busca de más cumbias. Paula no sabe que hay tantos culpables en este complot para quebrarla.
En fin, sólo queda averiguar cuán profundas son las heridas. Estás cansada, Paula. Eso ya lo sé. Dónde te duele. Qué puedo decir, son todos los días, siempre iguales. Antes fueron las peleas diarias, ahora la indiferencia: ya no hay avance ni retroceso. Sucede simplemente que el amor se acaba; somos dos extraños viviendo juntos. Hoy se fue sin despedirse. Pero es algo más, qué sé yo, son tantas cosas…
Paula se sienta en el sillón. Hoy no irá a trabajar. Con los ojos húmedos escruta el techo; en él proyecta sus propios laberintos. “El tiempo pasa”, qué frase tan trillada. En realidad somos nosotros los que pasamos; y en trayecto se nos va la vida. De la joven romántica de hace veinte años, no queda más que un puñado de sueños rotos. Un vendedor de tamales grita por el altavoz, pero ella no lo escucha. Está lejos; transita el recuerdo de su país, se deja llevar por la nostalgia. Y llora por el sabor de los duraznos.
Ya, niña, ya pasó. No, no ha pasado. Es la carrera trunca de medicina, es dejarlo todo por un amor que se fue a la mierda para acabar dando clases de inglés en un país extraño; fueron los celos, la duda, la humillación, y luego volver a empezar cada vez más distantes; son los monólogos interminables mientras él está frente a la computadora, sus respuestas evasivas, estas ganas terribles de una caricia o de un gesto afectuoso. ¿Cuándo fue la última vez que hicimos el amor? Seis meses, un año. No importa. No volverán a hacerlo, aunque ella aún insista en pensar lo contrario.
Se levanta, se limpia la nariz. Es mejor moverse. Titubea: da igual un camino u otro. La cocina, la habitación, el baño, en cualquier lugar se encontrará consigo misma. Los cuadros, los adornos, un pantalón, una corbata; cada signo le devuelve fragmentos de su propia imagen. Lo difícil será recomponer las piezas. Frente a la cómoda no puede evitar mirarse al espejo. Se le ha corrido la pintura. Siente pena. Un sabor oscuro en la boca. Afírmate, mujer, que aquí viene el llanto de nuevo… Basta. Hemos llorado suficiente. De tristeza, no de lástima.
Paula respira. Sabe que es la hora. No quería aceptarlo así, tan abruptamente, pero lo sabe desde que el tango se lo ha dicho, desde que el tedio acudió a ella como todos los días, desde que vio caer una pelusa de su cintura al suelo, o quizá desde el momento en que emergió a la mañana, frente al lavabo, con el agua en el rostro y anhelando olvido. Aceptémoslo, Paula, hace tanto tiempo que te obsesiona la partida. Te has imaginado hasta el cansancio con el pantalón negro y la blusa verde, qué coincidencia, saliendo del departamento casi sonriente, casi satisfecha por una vaga sensación de libertad. Sabes también qué maleta llevarás, y tienes claro lo que necesitas en el equipaje.
Se asoma por la ventana. El reflejo del sol en los automóviles la deslumbra. No se supone que sea así; debía suceder bajo un cielo nublado, con el viento acariciando sus cabellos. Tal vez una ligera llovizna sobre el rostro. Pero no este sol insultante. Paula sonríe. Qué ingenuidad: la vida no es una novela.
En el armario, la maleta roja. Malena canta el tango/ como ninguna… La canción le ha vuelto a la mente, o acaso nunca se fue …Y en cada verso pone/ su corazón… Qué estoy haciendo, me he vuelto loca. Pero sus manos no se detienen: descuelgan los vestidos del ropero, revuelven los cajones …A yuyo del suburbio/ su voz perfuma… En un rato, él estará aquí. Qué pensará cuando descifre la ausencia, en los muebles, en el suelo, y comprenda que ahora es definitiva: cómo pudiste, Paula. Es mejor así, por otro lado, sin escándalos ni palabras inútiles. Al menos eso se ha dicho ella. En el fondo teme la confrontación; sabe que a fin de cuentas terminaría cediendo, furiosa consigo misma por esta debilidad.
Es poco lo que llevará consigo, y sin embargo el desorden se extiende por la casa. Detenerse a ordenar lo que va quedando, el vestido azul, la cajita de cobre, implica demasiado riesgo. La duda puede aparecer donde menos se la espera: en una evocación repentina, en una añoranza de pronto sublevada. Hay que eludir los tropiezos del sentimiento. Por eso anda Paula de aquí para allá, escogiendo las cosas sin complicarse mucho. Esto viene, esto se queda; la elección no es lo importante, sino el paso ligero por los objetos para no darse cuenta que significan algo. Sacude, dobla, empaca de prisa, y por ningún motivo, Paula, mires atrás.
Pero era imposible cerrar la maleta sin caer en la tentación del sentimentalismo. Cómo voy a extrañarte, amor. Y ante el remordimiento fue necesario recurrir al enojo, un tanto fingido; a la sarta de reproches que ambos saben de memoria.
Ha tomado el teléfono, una vez repuesto el coraje, y después del “bip” de la contestadora ha dicho lo mínimo. Me voy, hija, no pude despedirme, fue todo tan repentino. Cuando su hija escuche la grabación, el tono de la voz explicará lo demás. Ay, mamá, pensará entonces, por qué tuvieron que terminar así. Por qué. Lo mismo se pregunta Paula en este momento; lo mismo se preguntará él al abrir la puerta, atónito frente al impacto de un adiós rotundo. Hay tantas respuestas distintas para el mismo interrogante.
Paula mira el reloj con sobresalto: no se había percatado de la hora. Queda poco tiempo. Intenta escribir en una hoja de papel unas cuantas palabras de despedida. Adiós, amor, perdóname. No. Adiós, querido, ya no podía más. Tampoco. Te quiero, pero era imposible seguir así. No. Amor, voy a extrañarte, amor olvídame, amor qué puedo decirte, amor, todas las frases que se le ocurren suenan tan vacías, tan insuficientes: el lenguaje no alcanza para expresar lo que duele. De todas formas, las palabras sobran esta vez.
Queda poco tiempo. Qué esperas, Paula.
Es que de pronto la ha conmovido esta infinita tristeza de la escena: una mujer inmóvil, en medio del desorden, con la maleta lista, y tan sola como puede estar una mujer que se mira a sí misma y no encuentra más que una hoja en blanco.
No exageres. Tienes estudios. Hubieras querido otra carrera, pero te ha ido bien con los idiomas. Tienes una hija independiente. Tienes recuerdos de un país donde florecen los duraznos. El amor no lo es todo.
Paula no sabe si realmente cree lo que está diciendo, o si lo dice sólo para darse ánimos. Vamos, mujer, haz un esfuerzo, el último ya. Paula se muerde los labios. Retiene unas cuantas lágrimas que se le quieren escapar. Qué bien le vendría ahora un cigarrito; lástima que no hay cajetillas en la casa desde que dejó el vicio. Mira a su alrededor. Sin excusas: voy a extrañarte.
Lo más difícil ha sido cerrar la puerta. Fue la clausura de un espacio incorporado a su propio cuerpo. Dónde está el regocijo, el secreto orgullo por este acto heroico que tantas veces imaginó. Algo se ha roto. La rutina es atadura, dicen. Cómo duele la libertad.
Se pone los lentes oscuros, en parte por costumbre, en parte por pudor.
En las escaleras se ha escondido disimuladamente tras la columna para no toparse con el vecino que viene llegando. Sería terrible: adónde va, vecina, con esa maleta, y ella, llorosa, paralizada, descubierta en plena fuga, a ninguna parte, es para una amiga que se va de viaje -tonta de mí, cómo no pude inventar otro pretexto. El hombre ha entrado en su departamento. Qué alivio. Hay instantes que retornan: una joven sale de su país en ruinas; una mujer huye de su propia desolación. La misma mezcla de ansiedad y arrojo. Y la nostalgia extendiendo sus raíces. ¿Te reconoces, Paula, en este súbito vuelco de los años? Pero ahora vas sola. En el fondo siempre vamos solos. Pero ahora es por ti.
Dadas las circunstancias, difícil no caer en la trampa del hubiera. Si no lo hubiera querido tanto, si no hubiera aceptado acompañarlo en esta aventura ingrata del exilio, si me hubiera quedado con mi madre estudiando la profesión que me gustaba, inútil suponerlo, y sin embargo, cuál sería el saldo, cuántas penas de más o de menos, si yo hubiera.
Atraviesa la calle, rumbo al banco. Pasa frente a la escuela. Es la hora en que los niños salen, con las libretas bajo el brazo y las rodillas sucias. Paula piensa en su hija; y el hubiera desaparece.
El cajero no disimula su curiosidad cuando esta señora de maleta roja y lentes de sol solicita con acento extraño retirar todo el dinero de su cuenta. No es mucho, de cualquier forma, pero lo suficiente para salir de apuros. Guarda una parte en la bolsa, otro poco en la maleta, algo también en el zapato -no será muy elegante, pero más vale prevenir- y lo que resta en el bolsillo.
La mirada inquisitiva del empleado la sigue hasta la puerta. Una vez en la calle, sólo queda esperar un taxi. Consulta el reloj de nuevo: está nerviosa. A unos cuanto metros, dos novios se besan. Desde aquí puede ver, en la acera del frente, la ventana de su departamento. Cómo será cuando ella no esté: qué orden habrá que darle a las cosas para cubrir los espacios de su ausencia. Perdóname, amor, esta vez no seré yo quien te invente un hogar.
El taxi se detiene. Ella le hizo la parada deseando, no obstante, postergar lo más posible el momento de partir.
***
Ha sido un día pesado. Qué ganas de una siesta. Dobla la esquina y se detiene frente al semáforo. Un niño hace malabares y recibe luego unas cuantas monedas. Avanza. Qué mundo éste. En el carril opuesto, un accidente. Policías, una ambulancia y algunos mirones. Continúa. El camión de adelante para a media calle a recoger pasaje. Maldice al conductor. Acelera de nuevo. Ya viene. A lo lejos, algunos niños esperan a su madre en la puerta de la escuela. Hace calor. Mira distraído el panorama cotidiano: el banco, un taxi, una pareja de novios. El semáforo en verde; da vuelta en u. Estaciona. Está aquí, por Dios, justo frente a ella.
Por la ventanilla del taxi, Paula lo mira bajar del automóvil. Miles de agujas le punzan el vientre. Si hubiera estado de pie, habría tenido que sujetarse de algo o de alguien para no caer. Está atónita. No escucha siquiera la voz del taxista que le pregunta adónde va. No puedo. No puedo hacerte esto. Sin embargo permanece inmóvil. Cuántos recuerdos caben en un instante: largas conversaciones de enamorados, cartas donde el amor florecía letra a letra, tardes que el deseo eternizaba en un cuarto de hotel. Aquella velada junto a la fogata, cuando el mundo parecía recién inventado. Ciertas palabras pronunciadas con religiosa devoción. Tu cuerpo, tus ojos, tu aliento. La vida que soñamos juntos. Y luego la incertidumbre, la disyuntiva: me buscan, Paula, tengo que irme, vienes o te quedas, Adónde, No sé, Me voy contigo, Vienes, Sí, Segura, Sí, Piénsalo bien, Sí, Me quieres Paula, Sí, sí, hasta la muerte, sí.
Paula solloza. Qué le pasa, señora. Él está abriendo la reja del edificio. Entra. Se dirige a las escaleras. Por un momento pareció que iba a voltear hacia acá. Decídete, Paula. Se ve cansado. Vienes o te quedas. Está muy solo. ¿Lo quieres? Lo quise. Está subiendo; es ahora o nunca. Un salto al abismo: Nunca.

¿Y bien? Adónde irá Paula.
Adónde va, señora.
Adónde vas, Paula.
Al aeropuerto.
¿Tiene un cigarro, joven?
Qué extraño, el desamor se parece tanto al exilio.
Un torrente de emociones se le viene encima, mientras observa a través del humo a la pareja de novios que va quedando atrás.

…Tus ojos son oscuros/ como el olvido, / tus labios apretados/ como el rencor,/ tus manos, dos palomas/ que sienten frío,/ tus venas tienen sangre/ de bandondeón…

Gracias por todo Vero, esto como un presente homenaje y agradecimiento a tu amistad.
Con cariño, Fredo.

sábado, marzo 31, 2007

Introspección XLIV.

Llenar el vaso con un líquido negro y gaseoso, y al mismo tiempo firmar mi sentencia de muerte. Una muerte que se anuncia lenta y se prevé con un futuro doloroso. No me preocupa en lo más mínimo. No tengo miedo. La vida tiene eso, gente va y viene. Cada que alguien muere en el mundo, nace otro. Somos monedas de cambio para un Dios que aún no lo definimos democráticamente. Hay tantos Dioses y dioses como fronteras.
Ayer quise escribirte un poema, no pude.
Hoy quiero acariciarte, escuchar con mi oído en tu pecho la vibración de tu corazón. Empaparme de tu sudor, acostumbrarme a tus ojos y saberme aterrizado una vez al día en tus labios, son plegarias que quizás nunca cumpla.
Yo ya no lloro como Cirlot ni tengo una espada milenaria como la de él. Si la tuviera, iría hasta donde estás tú y te pediría que me cortes con ella la cabeza, así como a los traidores.
Tengo un poemario que terminar de revisar, de disminuir para sentirlo concluido. Tal vez acabe en la basura o en el olvido. Que no tiene un amor concluido, que es un amor adolescente y cobarde, dicen de mis poemas. Críticos pendejos, ¿acaso el amor es adulto y después sufre de aquello que hemos bautizado como la tercera edad y recluimos a todo aquel que lo padezca en un asilo por temor de ver la muerte cerca de nosotros? El amor verdadero siempre será adolescente, porque invitar a apostar el todo por el todo, a no medirse, a no ver fronteras, a violar todo orden y establecer el suyo propio. Pero siempre lleno de dudas y temores. Lo que no tenga esto, no es amor. Es todo menos eso.
Saber que no llegaré a viejo me invitar a repensar que hacer con mi vida, lo que de ella queda, no sé. Pensar que quizá acabe solo sin una mujer que llore la desdicha de saber que habrá uno menos en la tierra al cuál amo o al menos de quien le hacía sentirse amada, eso sí me da miedo.
Me preocupa mi soledad, pero me asusta más tu silueta y me mata mi silencio cobarde.

Introspección XLIII.

Perderme en su recuerdo para endulzar mi agonía. Buscar el pasado para afrontar mi presente.
Llevar a Silvio como una declaración de amor y a Sabina como una marca del dolor que el tiempo me ha ido heredando.
Tocarla para poder escribir lo que aún no encuentra su cauce.
Poder estar con ella para sentir el fuego que emana de la tierra.
Y después morir para irme con una sonrisa al infierno que temeroso espera mi llegada, pues se sabe derrotado ante mi diabólica presencia.

jueves, marzo 29, 2007

En honor a su cumpleaños el pasado 28 de marzo.

Discursos de Pedro Ángel Palou en el Congreso Internacional de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Novela Histórica: verdad literaria y verdad universal

Quienes escribimos novela histórica, y en particular quienes escribimos sobre hechos de guerra, sabemos muy bien, como Tolstoi lo insinúa en La guerra y la paz, que la historia de un hombre es también la historia de la humanidad, que la localidad de los hechos no va en detrimento de la universalidad de las pasiones. La comedia del arte, y lo ilustra muy bien el repertorio de Shakespeare, es una mascarada, quizá no importan tanto las personas como el personaje, siempre seguirá existiendo el bufón o el disoluto, el avaro o, tan común en la guerra, el que traiciona. Sin embargo, lo que intenta la literatura es darle nombre y apellido al personaje, saber que representa a todos los traidores pero éste, en particular, es el que realmente importa, es éste el que se duele y el que se complace. La literatura, contrario a lo que muchos piensan, no vuelve universales los temas, cosa de Perogrullo, más bien, los vuelve locales, individuales, absolutamente pequeños y visibles, trata de darle vida a un puñado de personas que representan, desde su vida concreta y domiciliaria, a toda la humanidad. El gran reto es que el personaje (considerado una máscara para los griegos) realmente encarne y se convierta, no ya en un disfraz ajado y abandonado tras bambalinas en espera de que el actor en turno lo pruebe, sino en un ser insustituible; esta es la gran paradoja de toda representación: los personajes ya no representan a sus nombres, no representan, son. Como diría Batteux, la novela es una “mentira perpetua que tiene todos los rasgos de la verdad”.

La literatura entonces, no sólo muestra la universalidad de las pasiones humanas, sino que salva, por llamarlo de algún modo, las particularidades del caso, salva todas las localidades. Es una gran coincidencia que cuando uno va al teatro, y se queda sin boleto, nos dicen que las localidades se han agotado: el teatrum mundi se convierte de pronto en el teatrum locus. No es ninguna casualidad que hayan sido los griegos quienes acuñaron con gran estima la palabra “manía”, considerándola un recurso insoslayable en la creación poética. El artista debía ser un maniático y sus personajes un caldo de cultivo de manías. Las manías eran precisamente las afecciones que, por ser muy personales, se encargaban de moldear el temperamento y la individualidad de las personas. Los antiguos, como los posmodernos, seguimos buscando la fuente de la individualidad. Como Aristóteles, sabemos que en las partes se encuentra el todo, el problema es, contra los pronósticos, encontrar las partes, hacer las partes. Y que las partes, pese a ser universales, tenga sus propias particularidades.

Quizá lo que se encuentra detrás del debate de lo universal y lo local en la novela histórica sea el tema de la verdad. Como todos sabemos, la Ilustración inauguró la universalidad de la verdad, no puede haber, según los ilustrados, dos verdades que se oponen, una de ellas debe ser mentira. Lo propio puede decirse de la novela histórica, no puede haber dos historias distintas. Toda novela histórica es considerada, de entrada, un reflejo exacto de la verdad, y por ello, universal. La novela histórica no tiene la obligación de coincidir con la realidad histórica para poder ser verdad. No sólo existe la verdad histórica sino, también, la verdad literaria: el mito. La verdad literaria puede oponerse incluso a la verdad histórica. Sin embargo, hay algo en la literatura que colinda con la verdad histórica: su ficción es a veces un vivo retrato, cuando no una crítica ácida, de la realidad real. No a pocos molesta esta verdad literaria: para Platón, no era posible decir una verdad a partir de una ficción. Sabemos bien que la novela histórica trata, quizá más que otro tipo de novelas, de ficcionar verosimilitudes, acaso es el género novelístico que mayor apego ha de tener con los acontecimiento, y pese a que trata de darnos la relación de los hechos sucedidos, también trata de ser literatura, y la literatura es, ante todo, artificio, es decir, mentira. La gran paradoja de la novela histórica es que navega por dos corrientes: entre la verosimilitud y el artificio. Jacque Ranciere alude a esta paradoja diciendo que “Si el arte pude emocionarnos por el reconocimiento de las pasiones que conocemos, es porque es un artificio que no pretende ser la verdad. Pero es también porque este artificio se deja tomar por esa verdad a la cual dice que no pertenece”. En este sentido, la novela, y la literatura en general, no son ni la negación de la historia ni otra voz en la historia, como lo quería Octavio Paz, sino más bien otra forma de llegar a la verdad a partir del artificio y de la historia; otra forma de verdad, y no la contradicción de la verdad histórica. En nada podría inspirarse la literatura si no contara con el mundo verosímil de la historia. Ambas, Historia y Ficción, son caminos a la verdad.

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El ensayo: una lingua franca

Quizá los nuevos retos del ensayo se suscriben a dos asuntos. Digo “nuevos retos” porque hoy en día son otras las preocupaciones del lenguaje ensayístico. A Montaigne le preocupaba, por ejemplo, un estilo menos categórico y mucho más asequible, menos grave y más imaginativo; frente a la extensión de los tratados disciplinares, oponía el asombro de los escritos breves.
Hoy son otras nuestras inquietudes, por un lado, nos preocupa que el ensayo siga manteniendo la difícil tensión entre sentido y ritmo, o como dirían algunos críticos, entre idea y artificio, sobre todo cuando la academia universitaria va ganando cada vez más terreno y obliga a sus titulares a ser lo más objetivo posible, como dicen algunos colegas de la academia norteamericana: hay que ir “straight to the point”, cercenando así cualquier espacio para la imaginación creativa e inhibiendo el género ensayístico; y peor aun cuando los estudios neurobiológicos más recientes han mostrado que ningún tipo de verdad científica hubiese sido posible si el hombre no se hubiera ejercitado en el campo de la imaginación como ningún otro animal lo ha hecho; por otro lado, la creciente aparición de ensayos cada vez más cercanos a la realidad: los ensayos-reportaje, los ensayos-autobiográficos o de estudio de caso, nos obligan a reflexionar sobre la distancia que debe guardar el ensayo de frente a la realidad, y quizá de forma más general, la distancia que debe haber entre la literatura y la realidad.
Octavio Paz afirma que el lenguaje no puede ser una copia exacta de la realidad por su naturaleza metafórica: todo idioma es una metáfora de lo real: una palabra es como si fuera la cosa, pero no es la cosa per se. El mismo lenguaje es un recurso literario, desde su origen está suscrito al sistema de la literatura: pues es una metáfora. El lenguaje es tan ajeno a la realidad, lo recuerda Steiner, que para entenderlo tenemos que traducirlo, ya sea nuestra lengua materna o bien se trate de un idioma desconocido, tenemos que decodificarlo a fin de comprender qué dice; si el lenguaje dijera la realidad misma, o fuese absolutamente objetivo, no habría ningún tipo de malentendidos. El castigo de Babel no consiste tanto en la creación de varios idiomas como en el nacimiento de la traducción, incluso la traducción en nuestro propio idioma. ¿Cuántas veces no hemos tenido que traducir lo que otra persona dice en nuestro mismo idioma? Estamos condenados a traducir a nosotros mismos, a jugar a las equivalencias: esto es como aquello, pero nunca será aquello. Esta distancia frente al mundo concreto, insalvable, implica reflexionar sobre la relación entre el ensayo y la realidad.

El gusto actual por ensayos que contengan una gran dosis de mundo real pone en riesgo el lado artificioso del ensayo, en pos, por cierto, de una de las más antiguas seducciones literarias, aristotélicas por naturaleza: la mimesis absoluta. El mito del andrógino, partido en dos y vuelto a juntar, se encuentra detrás de esta pasión por unir dos mundos, dos sistemas, inconfundibles. Realidad y deseo, diría el poeta. Lo propio puede decirse de los ensayos academicistas. Se trata de perder en imaginación y ganar en objetividad.

Comparto con Giorgio Agamben una definición muy ilustrativa sobre lo que es la poesía: es una lucha irresuelta entre sentido y ritmo. Lo propio puede decirse del ensayo actual: ya sabemos que nunca podrá darse tal unión entre ensayo y realidad, la distancia es insalvable, también que el ensayo no puede aspirar a la objetividad absoluta porque necesitaría dejar de ser ensayo, de lo que se trata entonces es de encontrar, una vez más, el justo medio, el punto de equilibrio entre imaginación y rigor conceptual, entre artificio y realidad concreta. La tensión nunca dejará de existir, el reto más bien es que dicha tirantez sea capaz de expresar, con la mayor fuerza posible, la riqueza discursiva del ensayo, el artificio más bello y noble para tal o cual idea.

Dante defendía, en De vulgari eloquentia, el lenguaje vulgar. Los motivos de su defensa eran muy sencillos (la naturalidad y viveza de las lenguas vulgares), sin embargo siguen siendo muy actuales: me parece muy sano que el ensayo busque rigor conceptual y mayor cercanía con la vida cotidiana sin que esto signifique, claro, que pierda naturalidad y vida. El ensayo debe de dar siempre signo de estar vivo. Su relación con la realidad ha cambiado a través de los años, sin embargo persiste la idea de que todo ensayo debe ser una lengua franca, en el doble sentido de la palabra: aspirar a la verdad, la verdad literaria, y franquear obstáculos, llegar a las gentes, dirían los trágico griegos. Esto significa estar vivo.

XIII Congreso Internacional de la Asociación de Academias de la Lengua Española Medellín, Colombia
Marzo de 2007

Sampe y su pasión.

Paisajes de la Memoria (Diario Milenio-Puebla 29/03/07)
Juan Gerardo Sampedro
De mi colección privada.
Como el lector lo sabe porque aquí mismo lo he dicho, me encuentro recopilando una serie de exempla modernos que tienen que ver con los temas de la página roja. Éste es otro más con una especie de preámbulo. Un vándalo, según el diccionario Salvat (T. 20) es quien “comete acciones o profesa doctrinas propias de gente cruel e inculta”. Vándalo también se refiere al individuo perteneciente a un pueblo germánico oriental, procedente de Escandinavia.
En la Edad Media la figura del agiotista (y del vándalo) fue severamente condenada por la Iglesia, ya que quien se entregaba a esta insana práctica robaba a Dios porque, como lo explica Le Golf, “el tiempo es de Dios, no de los hombres”, y el usurero atesora lo que a los demás pertenece. ¿Cuál era la concepción de la usura medieval?: es un monstruo de mil cabezas pues es en primer lugar robo, “avaritia”. Y para concientizar a la gente de que no cayera en esta práctica, la Iglesia incluyó en el sermón los exempla, relatos breves que condenaban a los usureros.
Esta historia tiene que ver con la acción de un usurero y un notario en agravio y daño de un tercero. ¿La ley no tiene forma de reglamentar esta aberrante y fácil forma de “ganarse la vida”? He aquí el exempla: “Señor, dixéronme de un omne que siendo niño robábale las gallinas a su madre para dexarlas en venta a plazo e sacar con ello ventajas redituables. Ya adulto estudió leyes para entender mejor cómo quitarle a la gente sus pertenencias. E se fizo vándalo e encontró forma fácil: dijo seré usurero así como otros quieren ser panaderos. E prestaba tontos trece mil pesos y al rato, interés sobre interés, se adjudicaba viviendas, autos y demás. Él se llamaba Rentoill e tenía dos prestanombres: Carol e Nancy, dos amigas sin conciencia, como él. Se adjudicaba propiedades a diestra e siniestra hasta que fue denunciado por sus ilícitas prácticas que llevaba e efecto a través de un notario que fue su cómplice en muchas transacciones. El agiotista solía llamar “negocios” a sus tranzas. E fizo muchas. E su notario se llamaba Henry y era como un muñeco de cuento de terror e daba fe sin constancia alguna de las fechorías del agiotista. E amenazaban a las víctimas e nadie osaba tocarlo porque alardeaban de su poder ilimitado. Así vendiéronle a un pobre omne que había reunido con sacrificio el monto solicitado, un departamento luego de haberlo obtenido despojando a una familia del inmueble. De todo tenía documentos el omne defraudado, quien pronto dio a conocer el vergonzoso caso a los medios mediante un reportaje que fue balde de agua fría, ya que se trataba de un notario de apellidos dizque de abolengo. Y el pobre omne defraudado los hizo responsables de lo que pudiera ocurrirle ya que lo habían amenazado y dejó por escrito la recomendación al agiotista que si quería dinero fácil fuera a Elektra, porque ahí sí se lo dan como de rayo, como lo dice el comercial, pero que él iba a defender a toda costa y contra todo lo que era suyo. Y se cuenta que el agiotista volvióse medio orate y que se adjudicó él solo la Catedral y el Teatro Principal y que los quiso vender, pero que no prosperó su plan. E se quedó loco y hablando sólo e de dinero”. Esta historia aún no tiene fin. Comienza fuera de la ficción.

domingo, marzo 25, 2007

Introspección XLII.

¿Qué es peor, estar solo ó sólo estar? No sé.
Cada día me aburro más de todo. Me cuesta sonreír y ya se me olvido por qué tengo vida. Quisiera desaparecer. Irme lejos, sin avisar. Vivir en una gran ciudad, donde nadie me conozca y tampoco le importe. Se anónimo. Quiero extrañar y que me extrañen.
Cada hora pierdo la esperanza de escribir. Lo hago en este blog, porque no sé usar la boca para expresarme. Hablar es algo inexacto para mí.
El Bronwyn de Cirlot aún no llega, tal vez nunca llegue. Y me quede esperando ese libro como lo sigo haciendo con casi todo.
Probablemente debería buscar un lugar donde vivir. Mi casa es un infierno personal. Sólo estorbo. Nunca he cumplido las expectativas de mis padres. No soy creyente, tampoco tengo buenas calificaciones, no aporto dinero. Empiezo a creer que llevo dos apellidos por compromiso moral que por merecimiento.
Soy muy cobarde para morir y muy inepto para vivir. Dios me rechazaría por todo lo que he hecho en vida y el Diablo ni siquiera me aceptaría, no soy lo suficientemente maldito para arder en el fuego. El purgatorio es demasiada aspiración. El mejor castigo que puedo recibir es ver morir todo lo que quiero y seguir vivo eternamente.
Las pesadillas son constantes por las noches. Tengo miedo de dormir. Sueño muertes. Siempre despierto antes de morir en sueño.
Ya no quiero leer, pero es lo único que me hace sobrevivir. Cada que leo es peligroso, siento que los personajes tienen más suerte que yo. Al menos fueron amados por una mujer o aman a una. A mi ya se me olvido cómo se debe amar a una mujer.
Mis órganos se pudren en Coca-Cola y siento que camino en mierda o más bien yo soy la mierda.

sábado, marzo 24, 2007

Introspección XLI.

El lunes pasado termine la reunión de artículos de mi amigo Nacho Padilla que ha publicado la UDLA-P: El peso de las cosas. Un libro por demás entretenido, diverso, ágil, leve, exacto, múltiple. Nacho dice en cada artículo lo justo y lo necesario, interactúa con el lector. Hablas de temas de interés general y particular con un lenguaje literario, también académico, pero sobre todo periodístico. Lleva al lector por temas quizá difíciles de abordar, pero lo hace con tanta naturalidad que la información vertida en cada ensayo, se aprehende y aprende de manera rápida.
El martes he empecé con El Nomadismo, vagabundeos iniciáticos (FCE, 2004) de Maffesoli. Un libro muy complejo. Y asisto a la lectura de un gran pensador y conocedor de la sociedad actual.
La presión ha disminuido. Nuevamente tengo el tiempo para escribir estos mínimos y quizá inútiles textos. Cada día, entiendo más la canción Debo partirme en dos del inigualable Silvio Rodríguez. Lo único malo es que no tengo a quien decirle de la forma más fácil, ridícula y cursi: te amo.
La poesía a veces no basta, la literatura sale sobrando y la vida misma es una constante flagelación.
Está por aquí y por unos días, una de las personas por las que se puede decir, debo una cierta confianza a seguir con este intento llamado escritura: Verónica Estay. La he visto y me acuerdo de mis primeros pasos por estos rumbos, ella fue la que me enseño a atreverme a caminar. Pronto regresará a Francia.