martes, abril 21, 2009

La vida, extraviada II

Diario Milenio-México (20/04/09)
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III.
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La edad más difícil para perderse es, dicho sea esto con toda honestidad, la adolescencia.
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Después de leer a Baudelaire, a Benjamin o a Kerouac, ningún extravío es un extravío.
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La adolescencia, que es pura errancia, sufre de las limitaciones propias de las ideologías radicales o las misiones divinas. Perderse a los 14 o a los 17 es más un requisito que una aventura.
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El adolescente, a fin y principio de cuentas, siempre encuentra su casa. Cuando no lo hace, entonces se sabe, con toda la amarga certeza del caso, que ha empezado la edad adulta. El verdadero extravío.
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IV.
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Llegué a vivir a X, una ciudad cerca del mar, un verano de mucho sol saturado de bugambilias. Aunque todo mundo no hacía más que describirme la belleza del océano y la singularidad, acaso paradisíaca, de la costa, yo estaba tan llena de trabajo que, por meses enteros, no pude caminar por su orilla. El deseo de hacerlo no llegó sino hasta finales del invierno. Había disfrutado mi primer fin de semana verdaderamente libre y, después de comer y beber, después de platicar y callar con un amigo que venía de una costa aún más lejana, decidimos, como se deciden estas cosas, así, sin más, tomar el coche e ir a la playa. Eran, para entonces, las 11:30 de la noche y ninguno de los dos había tenido la precaución de llevar un mapa.
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Manejamos sin prisa y sin destino, guiándonos por un mítico a-la-izquierda, a-la-izquierda, por buena parte de la noche. Cuando tocamos el mismo compact tres veces y la conversación caía fulminada por el cansancio, tuvimos que aceptarlo sin cortapisas: no teníamos la menor idea de dónde estábamos. Entonces nos dimos a la tarea de preguntar a otros motoristas nocturnos, especialmente a aquellos que se detenían bajo los semáforos que, a esa hora de la noche, tenían un ligero nimbo lyncheano.
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—¿Cómo llegamos al mar? —preguntábamos con una inocencia que a los otros, jóvenes casi todos y en speed con toda seguridad, les resultaba altamente sospechosa. Supongo que era por eso que nos dejaban con la palabra en la boca, acompañados nada más del eco que dejaba en el aire húmedo el ruido de los neumáticos contra el pavimento en el momento del arrancón.
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—¿Dónde está el océano? —inquiríamos ya con algo de suspicacia propia ante los navegadores nocturnos de cerca-de-la-costa para recibir sólo risitas sardónicas o ventanillas en súbito movimiento vertical.
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Todo parecía indicar que el océano, tan cercano, tan obvio, tan material, quería escabullirse.
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—¿Falta mucho para llegar a la playa? —le preguntamos a otro motorista nocturno.
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—No —dijo y, para nuestra gran sorpresa, continuó—: Síganme si quieren. Voy para allá.
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A nosotros nos pareció absolutamente natural lo que hicimos: colocamos el coche detrás del suyo y, como si lo conociéramos de toda la vida o nos uniera una confianza ancestral, lo seguimos por debajo de puentes y sobre rieles metálicos, a lo largo de anchas avenidas sin tráfico y por enredados caminitos de laberinto. El solitario motorista nocturno nos condujo a su casa que, a todas luces, no quedaba cerca del mar. Cuando declinamos su invitación para tomar algo o ver, cuando menos, la televisión juntos, no fue por miedo o resquemor sino, más bien, pura terquedad: todavía creíamos que esa noche, esa noche y no otra, esa noche precisa llegaríamos a nuestro destino. Él lo entendió y, antes de dejarnos ir, nos dio las gracias.
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Nos encontrábamos en la hora más oscura cuando decidimos detenernos. Los dos estábamos cansados y, a esas alturas, no sabíamos ya ni cómo regresar. Supongo que la frustración y el agotamiento fueron los que nos hicieron estacionar el coche en el lugar al que al coche se le dio la gana. No tardamos, en todo caso, en cerrar los ojos.
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Tuve un sueño. En el sueño, la luz del sol y el bochorno me obligaban a abrir los ojos. Me movía lentamente después, tratando de recordar dónde estaba y por qué estaba ahí, mientras bajaba la ventanilla. Entonces lo reconocía: era el olor a océano. Y entonces abría la puerta y, corriendo como hacia un imán, lo descubría detrás de los matorrales. Sereno. Obvio. En perpetuo movimiento. Ahí estaba. El mar. Mi amigo, que me había seguido sin yo darme cuenta, murmuraba entonces:
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—Dimos con él —luego de titubear un poco, añadió—: O dimos con ella. Da lo mismo.
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No fue sino hasta su segunda y políticamente correcta intervención que me di cabal cuenta de que eso no era un sueño.
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V.
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Perderse para producir el contexto desde el cual es posible atisbar el yo.
Perderse para encontrar una isla de óxido en el tiempo.
Perderse para recordar, unos treinta años después, el momento de la pérdida.
Perderse para cumplir una misión.
Perderse para encontrar lo que no se buscaba.
Perderse para restar.
Perderse para vivir dentro del Gran Aro del No.
Perderse para desvariar y discurrir y disgregar.
Perderse para perder.
Perderse para decir la vida, extraviada.
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VI.
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Lo único que se consigue saliendo a caminar sin propósito es cansarse.
Kôbô Abe, La mujer de la arena

Adictos a la ignorancia

Diario Milenio-México (20/04/09)
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1 Qué sabroso no saber
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Si cuando menos la ignorancia doliera, produciría tal vez menos fatalidad. Pero es un hecho que no sólo no duele, sino además induce a solazarse en una deliciosa ligereza, cuando no una zopenca vanidad, anidada tal vez en la superstición de que el conocimiento pesa demasiado para ir por la vida con él a cuestas. Como tantas posturas insostenibles, la de los orgullosos ignorantes recurre con frecuencia al desafío, asumiendo que media docena de balbuceos remachados a extremos nauseabundos pueden más que cualquier argumento; mejor aún si se usan para interrumpirlo. Como tantos cobardes rencorosos y dispuestos a cualquier bestialidad con tal de que ésta no les comprometa, la ignorancia es por cierto bastante más temible que los peligros contra los cuales alerta, espeluznada como beata de pueblo. Si el viejo refrán dice que no hay abismo más profundo que la boca de un chismoso, vale pensar que tampoco habrá promontorio más chato que el criterio de un hincha de la superstición.
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Hoy que tantas conciencias profilácticas se recrean opinando en torno a aquellos temas que de manera ufana desconocen, como sería el caso de una hipotética despenalización de la mariguana, casi la única información concreta en circulación es aquella que nos reafirma en la sospecha de que quienes opinan no saben de lo que hablan. O en su caso pretenden no saber. Como Clinton, si un día la fumaron no le dieron el golpe. Parecería que hay un pacto de silencio entre los ignorantes y sus buenos amigos, los hipócritas, de modo que no se hable ni se opine ni se dictamine más que al amparo de la sombra del estigma. De muy pocos oímos lo que piensan; inferimos así qué tanto los desvela cuanto de ellos pudiéramos pensar.
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No es la mota, es el coco. No es una simple planta, es una plaga bíblica. Todo aquél que la venda será un asesino; quien la fume seguro va a enloquecer; y quien opine que hay que legalizarla será que está pacheco o es narcotraficante. No se explica cómo va nadie a despenalizar cualquier cosa por tantos años satanizada, sin antes echar luz sobre la materia y disolver las nubes de la superstición. Pues al cabo si el tema es la salud pública, mal puede protegérsele desde el fanatismo. Mal también se defienden las libertades individuales cuando se parte de un fariseísmo gazmoño que privilegia al gesto sobre el discernimiento. Antes que proponerse despenalizarla, convendría empezar por desmistificarla.
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2 De la bacha a la pacha
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La mariguana no es, como quieren sus más fervientes partidarios, inofensiva como un cigarro de chocolate. Tampoco mata a nadie, ni deja idiota a quien abusa de ella, aun si de pronto se requiere un experto para confirmarlo. Pues si bien el pacheco vitalicio difícilmente quiere mover un dedo para hacerle saber al mundo que aún existe y puede razonar, hace falta una dosis angélica de candor para atribuir al mariguano la peligrosidad del borracho. Si éste, como se dice, no come lumbre, menos lo intentará cualquiera de esos tragahumos cuyo estadazo tiende naturalmente a la contemplación. Si acaso tienen prisa, ésta es sólo por desacelerar la vida, que en su opinión se pasa de rauda. Sus pensamientos vuelan, aunque igual que sus sueños apenas dejan huella. Los borrachos, en cambio —más aún sus compadres, los cocainómanos—, razonan poco pero viven pronto. Son tercos e impacientes, más todavía si se topan con la pereza propia del pacheco, habituado a entenderse con sus semejantes en la medida que éstos fumen del mismo gallo. “¿Traigo los ojos rojos?”, cuenta el chiste que pregunta uno de ellos, y el otro le responde “¡Tú tráetelos!”.
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Ahora bien, no la totalidad de los que beben o fuman, y ni siquiera una porción mayor, acostumbra abusar hasta acusar los síntomas del adicto. Hay, por supuesto, mariguanos que pierden familia y trabajo por entregarse enteros a la bacha, y asimismo borrachos dispuestos a morirse con la pacha en la mano, pero ninguno de esos casos ejemplares alcanza para convencerme de que me abstenga de empujarme un par de buenos tequilas —y hasta otros pares más, si la ocasión pecara de memorable— sin por ello temer que voy a despeñarme como todos los beodos irredentos. Tampoco, al fin, soporta uno a esos pelmazos que se juran traicionados por el amigo que no quiere embriagarse hasta el coma, o hacen burla de quien rechaza la segunda, o le enseñan el plomo al secuaz que pretende zafarse de la farra. Joaquín Sabina, que algo sabe de estos bravos asuntos, ha opinado al respecto que quien es imbécil, con drogas dentro será más imbécil.
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3Inversión y derroche
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Sabemos, pues, lo obvio: siempre será más sana la abstinencia que el vicio, pero lo cierto es que ambos extremos espeluznan igual a quien no los frecuenta, que es la mayoría. Ahora mismo podría bajar a prepararme un gintonic para mejor centrar la reflexión, pero igual no me ha dado la gana, y de eso al fin se tratan estas líneas. La gente bebe o fuma cuando quiere, y eso da dividendos tanto a los proveedores de la golosina como a quienes sancionan su circulación. Da también para muchos enjuagues, si la ilegalidad fomenta su mistificación, y en tanto su consumo. En resumen, da para embrutecerse sin saber lo que se hace.
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Clamar que al ciudadano adulto le asiste el derecho a fumarse a la madre naturaleza es aún quedarse corto, si asimismo es preciso hacer valer su derecho a la información. Sería de una indolencia contraproducente la idea de quitarle los candados a cultivo, venta y consumo de mariguana, ya sea éste medicinal o recreativo, sin contemplar un plan de asistencia paralelo donde se bieninviertan los recursos hasta hoy malgastados en balas, rejas y candados. Nada que pueda armarse en dos patadas, ni en un solo país, ni de hoy a mañana. Pero si ya se ocupan tantos millones en combatir al narco y sus pistolas, bien podría desviarse parte de ese derroche multinacional a presentar combate contra la ignorancia desde mejor trinchera que la hipocresía. Una cosa es que hoy día la solución ideal resulte más o menos inviable, otra muy diferente que la insistencia en criminalizar la libertad individual resuelva lo hasta ayer jamás resuelto.

Aquellas pornografías

Diario Milenio-México (20/04/09)
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Ningún periódico capitalino consignó su intempestivo fallecimiento. No que me sorprenda. Y es que lo triste pero cierto es que el nombre de Marilyn Chambers dice ya muy poco —acaso nada— a la generación que bien habría de bautizar Román Gubern como la de El eros electrónico.
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Marilyn Chambers fue una estrella de cine porno y tal descripción, por definición, la fecha como una reliquia de ese momento fugaz en que la pornografía era filmada en 35 milímetros y consumida en grandes salas y aparecía edificada sobre un star system análogo al de las películas mainstream. Ese mundo hubo de durar poco: apenas las poco menos de tres décadas que caben entre la derogación del Código Hays, baluarte de la censura cinematográfica estadounidense, en 1966, y el lanzamiento de Mosaic, primer navegador de internet en conocer popularidad relativamente masiva, en 1993. Aun así, ni siquiera es posible concebir tal como la era del cine porno triunfal: buenos seis años habrían de pasar antes de que un puñado de productores de cine erótico aprovechara en su favor el colapso de la censura, lo que abriría al auge del cine porno en salas una ventana temporal limitada, a saber por la popularización de la videocasettera a fines de los años 70. No quedan, pues, como verdadera época dorada del cine porno, más que los escasos años que van de 1972 a 1977 o 78, hitos de la era que Ralph Blumenthal, reportero del New York Times Magazine, habría de bautizar como la del porno chic.
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Lo que queda claro ahora, a más de 30 años de distancia, es que las películas también lo eran o, cuando menos, aspiraban a serlo. Y no me refiero aquí sólo al soft-core glamoroso de Emmanuelle (1974), todo gasas al viento y collares de perlas (en más de un sentido), o a la muy seria (y un pelín solemne) exploración psicopolítica del erotismo de El imperio de los sentidos (1976), sino también al cine porno impuro y duro (¡durísimo!) de esos años, como aquella Tras la puerta verde que lanzara a la fama a Marilyn Chambers en 1972.

Los productores y directores de la cinta en cuestión eran los Hermanos Mitchell, Artie y Jim, quienes alentados por el mistral calenturiento del verano del amor, habían abierto en su ciudad natal en 1969 el O’Farrell, un teatro erótico que buscaba presentar espectáculos sexuales “de calidad”. De ahí a filmar Tras la puerta verde sólo había un paso: el resultante de ver Garganta profunda (1972) —la primera película porno dotada de una narrativa más o menos coherente y de una distribución masiva—, atestiguar su éxito comercial y su carácter de fenómeno cultural y pretender emularlo.
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A tal efecto, los Mitchell reclutaron a una Chambers joven y casi desconocida e hicieron de su elegante faz y su bella figura el gancho de una cinta que, si bien pretendía ofrecer la visión de toda suerte de actos sexuales, también se proponía contar una historia y hacerlo con recursos estéticos osados —mucho efecto fotográfico psicodélico, mucha ambientación decadente a lo wannabe Pasolini— y hasta con una agenda política liberal clara (fue Tras la puerta verde, por ejemplo, la primera película comercial en mostrar el encuentro sexual entre una actriz blanca —la propia Chambers— y un actor negro).
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Ahora Chambers ha muerto y con ella el último vestigio de una era, si no gloriosa, cuando menos entrañable: el tiempo en que el porno era más cruzada que negocio y sus aspiraciones libertarias se proyectaban en la pantalla comunitaria del cine y no en la solitaria de la computadora. Lo dicho: ya ni la pornografía es como antes.

viernes, abril 17, 2009

"Se nos hizo tarde"-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla-16/04/09)

Los que nacimos en la década de los ochentas en Puebla, y que por tradición familiar o pretensión social se nos enfiló en colegios como el Benavente o el Oriente, principalmente, crecimos con la idea de que dichos colegios eran como enemigos, la competencia a vencer. Los que cursamos en el Benavente decíamos: Buenanviente, y a los del Oriente: Corriente. Una rivalidad formada años atrás que estoy seguro los que pasamos, a finales de los ochenta y toda la década de los noventa, por el Benavente la ignoramos. Esa rivalidad se creó cuando Puebla vivía en ese eterno rechazo contra el comunismo y todo aquél con formación religiosa tenía la obligación de alzarse en contra de corriente de pensamiento que por fin tenía derrocar a la religión y sus costumbres, según afirmaban los sacerdotes de aquellos años tan tristes. El Benavente fue uno de esos colegios que luchó contra el comunismo. El Oriente, que había participado en la creación de los FUAS tenía ese deber, pero uno de los jesuitas que estaba al frente de dicha institución se negó a seguir con esa ideología, abandonando al Benavente en esa pelea, quizá de ahí se deriva parte del odio y rencilla entre ambos Colegios.
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Todo lo anterior son meras teorías o conjeturas que la nueva novela de Fritz Glockner “Se nos hizo tarde” (Ediciones B, 2008) me provocó. Una novela cuya estructura me parece acertada: la intercalación del contexto histórico de un Colegio con amplia influencia en Puebla con el motivo de la novela: la reunión de una generación de estudiantes que veinte años después de haber abandonado la preparatoria, deciden reunirse, reencontrarse para ponerse al tanto de sus vidas y saber si todo lo que habían prometido realizar se cumplió o se quedó en mera ilusión.
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“Se nos hizo tarde” una novela donde el escritor usa como pretexto la reunión de una generación para pedirle al tiempo que vuelva, pero sobre todo para retomar en el género de la novela una característica de las novelas del siglo XIX: “la educación sentimental”, cuyo fin era cómo educar a una sociedad del entorno y desarrollo que ha tenido en todos sus niveles: económico, social, cultural e histórico. Son novelas de formación que no tienen nada que ver con aquellas que se venden como best-seller o algo parecido. Al contrario, aquí no sólo se retrata a una generación: sus iconos, sus artistas del momento, sus comerciales, sus caricaturas, sus comics, sus películas, etc; también se hace crítica a todo eso. “Se nos hizo tarde” es el retrato de una generación que fue conociendo a la tecnología poco a poco. Es la aceptación del pasado-presente que se vuelve recuerdo alegre para unos, mientras que para otros es un recuerdo negativo, digno de olvidarse, pero que al final los hace pensar y decir: nosotros sí tuvimos infancia llena de imaginación.
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Una novela que sirve como constancia del paso de una generación, pero también como testamento a las generaciones venideras.

jueves, abril 16, 2009

"La novela sobre héroes nacionales"-Pedro Ángel Palou-Chat "El Universal" (14/04/09)

Las novelas de temática histórica sobre los héroes de nuestro país nos dan la oportunidad de conocer, dentro de la investigación y la narración de sus autores, la vida de los personajes.
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Bienvenida Pedro_Ángel_Palou
Hora del mensaje: 12:09
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Hola a todos los lectores de El Universal. Escribir novela histórica es un gran reto pues se trata lo mismo de humanizar a los héroes que de mostrar una radiografía que no siempre es grata para todos. Ojalá charlemos con gusto sobre esto.
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Jose Moreno
Hora del mensaje: 12:10
Pregunta ¿Sr Palou cree usted que si Cuautemotzin hubiera sido elegido como Uey-Tlatoani a la muerte de Motecuzoma hubiera cambiado la historia de la conquista?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: La pregunta es muy interesante. El hecho de que Cuitláhuac esté entre Moctecuzoma y Cuuatemotzin, como usted lo escribe, da un respiro a las tropas de Cortés, sobre todo las de los Tlaxcaltecas y Huejotzingas que así pueden tomar al final la Gran Tenochtitlán.
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Roger Terrones
Hora del mensaje: 12:11
Pregunta ¿Cuál será el siguiente personaje histórico que publicará?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Una novela policiaca sobre Pío XII y su participación en el Holocausto, se llama El dinero del diablo y estará en librerías en marzo pues fue finalista del Premio Iberoamericano Planeta Casa-América. Es un héroe, por vez primera, con el que no me identifico.
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Angel González Vázquez
Hora del mensaje: 12:12
Pregunta Mis felicitaciones al Dr. Palou por su interés en mantener viva una historia tan fascinante como es la del último tlatoani mexica, buscare la novela, la comprare y la leeré para después cuestionarla, no antes. Conozco la calidad del escritor así que esperare la presentación de la obra en la ciudad de Puebla para que me la pueda autografiar. Ok una pregunta, ¿en la novela nos dice el por qué Cortes no lo tuvo la dignidad de matarlo cuando Cuauhtémoc se lo pidió después de haberle dado alcance en su balsa? Enhorabuena por ese éxito en España. Un abrazo a un mexicano de 24 quilates.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Sí, claro. Lo necesitaba para "usar" a los mexicas en la reconstrucción de la destruida Tenochtitlán... Y gracias por sus palabras.
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Apostol
Hora del mensaje: 12:15
Pregunta Muchas felicidades por la presentación que llevo acabo en la Feliart en Mazatlán, que fue muy buena. Pasando a la pregunta ¿Por qué escribir sobre Cuauhtémoc y no sobre otro emperador?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: La trilogía se llamó sacrificios históricos y trató de los tres grandes perdedores de la historia de México: Zapata, Morelos y Cuauhtémoc. Ya habrá tiempo para otros personajes. Si ellos hubieran triunfado tendríamos otro país. Gracias por su tiempo.
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pp arroyo
Hora del mensaje: 12:15
Pregunta FElicidades Sr. Palou por su tematica y sobre todo por ahondar en la vida de los Heroes Nacionales que pesimamente aborda la SEP. ¿Sr. Palou hace algunos años se corrio la noticia que habian sido descubiertos los restos de Cuauhtemoc en una poblaciòn no recuerdo bien si en el Edo. de Guerrero o de Oaxaca, su obra abarca esta informaciòn?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: En la obra lo desmiento. La señorita Eulalia Guzmán olvidó que a los nobles como Cuauhtémoc les estaba reservada la incineración, como ofrenda. Así narro el "entierro" de Cuauhtémoc en zona maya después de ser traicionado por Pax Bolon Achá y la Malinche.
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Gerardo Lozano
Hora del mensaje: 12:17
PreguntaBuenas tardes Sr. Palou. En una novela con temas históricos, ¿qué es lo real y qué lo ficticio?. ¿Cómo creer que lo que ahí se dice fue real?. Es innegable que en una novela impera mucho la ficción?. ¿Qué valor de credibilidad le podemos otorgar a una novela histórica?. Prefiero los libros de historia con investigaciones fundamentadas. Saludos
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Hay muchas versiones. En esta trilogía decidí que usaría la ficción como estrategia narrativa pero que no "mentiría". Es decir que todo lo contado está basado en investigación documental y está comprobado. Por eso puede usted confiar en esta literatura -Eugenio Aguirre hace lo mismo en su obra- ya que no se usa la historia para el beneficio del narrador, antes bien el narrador usa sus estrategias literarias para devolver el rostro humano a la historia.
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marco t aguilera
Hora del mensaje: 12:19
Pregunta ¿Cómo escribiste la novela?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Dos años me sumergí en códices, contrasté versiones, consulté especialistas. Después decidí quién la narraría (en este caso un enano huasteco, Ocullin, que sirvió a Cuauhtémoc desde que fue hecho preso en una guerra florida) y luego me la imaginé como una película.
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MAURICIO
Hora del mensaje: 12:20
Pregunta YO SOLO TE QUIERO FELICITAR, LEI TU NOVELA DE CUAUHTEMOC Y REALMENTE ME ENCANTO, LA LEI EN 3 DIAS DE LO BUENA QUE ESTA Y EN NAVIDAD COMPRE TRES EJEMPLARES PARA REGALAR, A ESAS PERSONAS QUE SE LAS DI, IGUALMENTE LES ENCANTO. POR OTRA PARTE HE LEIDO TANTO EN INTERNET COMO ALGUNOS ARTICULOS DE PERIODICOS QUE LA NOVELA HISTORICA ES UNA FARSA, CON HECHOS QUE NO SON REALES Y SE ESCRIBEN SOLO PARA LLENAR LOS BOLSILLOS DE LOS AUTORES, YO NO CREO ESO YA QUE TE ENSEÑA DE MANERA AMENA (MUCHISIMO MAS QUE UN LIBRO DE TEXTO) MUCHAS COSAS DE LA HISTORIA, ¿TU QUE OPINAS? FELICIDADES MAESTRO!!!!!
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RespuestaP edro Ángel Palou: Guau! Qué bien que la leíste de tres sentadas. Y más aún que la regalaras, quiere decir que realmente te gustó. Los escritores buscamos lectores, gente de carne y hueso con la que compartir. No estoy de acuerdo. Hay muy buenos novelistas históricos en México que buscan, con seriedad, servir a su país.
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Elsa Arretia
Hora del mensaje: 12:22
Pregunta ¿En qué investigación y bibliografía se basó para escribir Cuauhtémoc?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: La bibliografía, que es extensa (más de cien libros y códices) está al final del libro. En toda mi trilogía he querido compartir los datos con el lector para que, una vez terminado el libro, pueda llegar a otros libros. Me pasó con Zapata: una nueva generación está leyendo el clásico de John Womack, lo que me honra.
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Guillermo Romero
Hora del mensaje: 12:24
Pregunta Desde su óptica de escritor radicado en otro país ¿Cuál es su opinión sobre la censura en México? Saludos.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: No, yo vivo en México. En Puebla, para ser exactos. Estuve sólo un año fuera, en Francia invitado por la Sorbona. Creo que la censura es terrible y que además se manipula a los votantes con encuestas amañadas, como ha probado recientemente un articulista, Jaime Avilés. Es peor la manipulación que la misma censura. Somos los ciudadanos los que tenemos que luchar para que no ocurra más. La peor censura es la autocensura.
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Salvador Moya
Hora del mensaje: 12:25
Pregunta ¿Estás escribiendo una nueva novela?, y si es así ¿será de algún caudillo?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Después de la dedicada a Pío XI empezaré una nueva trilogía sobre viajeros extranjeros a México: Juan de Palafox y Mendoza, la marquesa Calderón de la Barca y, probablemente, Antonin Artaud.
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Pedro Perez
Hora del mensaje: 12:26
Pregunta ¿Cuál es la pregunta que más le hacen y que más rechaza responder y porqué?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Me dicen cuando hago ficción pura si todo lo que ocurrió allí pasó de verdad. Rechazo contestarla porque creo que el escritor ha dicho todo lo que sabe en sus libros y justamente hace ficción... no recrea la realidad.
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Pablo Miramontes
Hora del mensaje: 12:27
Pregunta ¿Qué significa para usted Cuauhtémoc? Tanto para la historia de México como para usted en lo personal\'
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RespuestaPedro Ángel Palou: Es lo mismo un referente desconocido que un héroe que intentó defender a su patria, su lengua, su cultura y perdió por traición.
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Alejandro Mùjica MONTOYA
Hora del mensaje: 12:28
Pregunta El autor, en su valioso intento por reescribir la novela de la revoluciòn mexicana, se enfrenta al nada facil reto de describir a los heroes de este movimiento social no como hechos de cartòn, sino como simples hombres de acrne y hueso, con sus defectos y virtudes. Asì, Palou ha escandalizado en su obra inmediata anterior, Zapata, a los lectores, hablando de un Zapata que tiene una relaciòn homosexual nada menos que con el conocido "gay", yerno de Porfirio Dìaz, Ignacio de la Torre, en una escena sexualmente violentìsima. Esto ha hecho que admiradores de Zapata y el zapatismo confundan las probables desviaciones, por el motivo que hayan sido, del heroe con la gran lecciòn històrica que significò en la historia de la revoluciòn mexicana Zapata y el zapatismo al ser los ùnicos que lucharon contra todos(Dìaz, Madero, Huerta, Carranza) por las mismas razones: la RESTITUCIÒN DE LAS TIERRAS A LOS PUEBLOS, que habìan sido despojados de elas siendo sus legìtimos propietarios. ¿Còmo superar socialmente el problema que les plantean a algunos la posible realidad humana de algunos heroes, por una parte, y su gran lucha, su aporte a la historia de los pueblos, por la otra? Gracia: Alejandro Mùjica.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Mi novela sobre Zapata no busca el escándalo pero tampoco la rehúye. Estoy de acuerdo en que hay que fundamentar en una novela histórica, lo que hago. En la pregunta específica yo creo que todo cambia en el momento en que se cede esa lucha y se transa en una revolución o reforma agraria que Zapata hubiese detestado: el minifundio. Esa es la gran asignatura pendiente del país, el campo, la tierra.
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Pascual Zárate
Hora del mensaje: 12:30
Pregunta Pedro Ángel hay versiones sobre la destrucción de la gran Tenochtitlan, donde el empecinamiento del joven Cuauhtémoc fue la causa de una rendición tardía. ¿Consideras a Hernán Cortés como un comandante más dolido por la destrucción de la gran ciudad Azteca debida a la juventud del tlatoani Cuauhtémoc?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: No, Cortés era un hombre pragmático. Cuando Cuauhtémoc asume su liderazgo ya la ciudad ha sido derruida, Cuauhtémoc se empecina, pero cree que va a ganar. Y al final hace todo lo posible por rescatar su ciudad.
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Alexander Galel
Hora del mensaje: 12:32
Pregunta Una trilogía histórica, una novela ganadora del premio Planeta-Casa de las Américas, el rumor en Internet de otra nueva novela (La dama del cuello largo, creo), ¿qué sigue en la prolífica carrera de Pedro Ángel Palou, y cómo le hace? Un saludo y mi profunda admiración.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Sí, la dama del cuello largo saldrá a principios del próximo año con el título La profundidad de la piel. Estoy escribiendo una novela más larga sobre el cristianismo primitivo en el siglo I que tendrá las características de un thriller de espionaje. Me encanta subvertir los géneros, utilizarlos. Mil gracias por sus palabras.
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Laura Macías
Hora del mensaje: 12:33
Pregunta Antes que nada quiero felicitarlo por el tratamiento de su obra, es casi una labor social el hablar con su perspectiva sobre estos personajes históricos. ¿Tiene usted programada alguna firma de autógrafos en la ciudad de Puebla? estaría encantada de poder platicar con usted.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Si, a mitades de junio, Yo los mantendré al tanto. Mil gracias, de nuevo.
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felipe flores
Hora del mensaje: 12:33
Pregunta Al reincidir el escritor sobre novelas con temas históricos, ¿ no corre riesgo de ser "encasillado"?...¿Qué sigue en su producción literaria?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Si, estoy de acuerdo. Por eso escribí esta nueva novela utilizando las estrategias de la literatura de suspenso, como la llamaba Patricia Highsmith. Sin embargo los temas y las formas escogen al escritor, el escritor no las escoge voluntariamente.
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Alfredo Silva
Hora del mensaje: 12:34
Pregunta Saludos Pedro. Nos acercamos, sin darnos cuenta, a varias conmemoraciones importantes para nuestro país, están desde luego los anivesarios de la independencia y revolución y once años mas tarde, llegaremos ahora si, a los 500 años de la conquista de México. ¿cómo crees que deberíams de celebrar esta fecha?. Para mí el tema de la caída de Tenochtitlán ha pasado por reflexiones que a veces me quitan el sueño, por lo horrorifico y traumático de los eventos pero sobre todo por la forma de haber sido contados los sucesos, desde luego narrados por los vencedores. ¿Que hacer para cambiar esa perspectiva y nos haga unirnos más como pueblo? Gracias y felicidades por tu obra.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Debemos debatir. Si fuéramos coherentes, además, deberíamos convocar todos los mexicanos a un nuevo constituyente. Debemos pensarnos de nuevo, no tener una democracia comida por la clientela partidista. Me temo que será boato cívico y me da tristeza.
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JOSE MORENO
Hora del mensaje: 12:36
Pregunta QUE TAN CIERTO FUE QUE LE QUEMARON LOS PIES A CUAUHTEMOC Y QUE HERNAN CORTES LO MATO POR CONSEJO DE LA MALINCHE EN UNA EXPEDICION A CENTROAMERICA PORQUE ESCUCHO QUE SE QUERIA SUBLEVAR?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Si, claro que fue cierto. De hecho Cuauhtémoc no pudo volver a caminar (en una pierna quedó un muñón). Y como dije hace unas respuestas lo triste es que sí murió por traición de Pax Bolón Achá y la Malinche. Le recomiendo que se sumerja en las páginas de la novela.
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Marian Ríos
Hora del mensaje: 12:37
Pregunta Maestro Palou, de donde le nace la idea de escribir sobre Cuauhtémoc? Por qué de él y no de otro personaje de la historia de México?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Vuelvo a la respuesta: es el gran sacrificado, el gran perdedor de la Conquista. Es el héroe más trágico y, quizá, el más desconocido.
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Alvaro Félix
Hora del mensaje: 12:38
Pregunta Desde su punto de visto como lector, no como autor, cuál de sus tres novelas diría que es la mejor y porqué?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Zapata es la que me convence más como lector, porque la siento muy auténtica. Y eso que el autor es el menos indicado para hablar de su obra.
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Estrella
Hora del mensaje: 12:38
Pregunta De varias personas he eschuchado que eres el mejor escrtor de tu generación, porque crees que dicen esto? Qué te hace diferente de Volpi, Padilla, etc...
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Gracias, primero, a quienes opinan esto. Cada escritor es diferente a los otros. Mi apuesta ha sido la diversidad, la versatilidad. En una obra ya de más de treinta y cinco libros no hay uno que se parezca al otro, incluso hay quien dice que parecen escritos por distintas personas, lo que me enorgullece, porque es mi idea. Creo que el estilo, la "voz" no son buenas para el narrador, aunque sí para el poeta. El narrador es un esquizofrénico que se desdobla siempre.
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MARCO ABARCA SALVATORI
Hora del mensaje: 12:40
Pregunta Pedro: Muchas felicidades por tu Trabajo Literario, es un gusto leerte y releerte. Te envío un fuerte abrazo Maestro.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Mil gracias, Marco. Un gusto saludarte en la red gracias a El Universal después de tantos años
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Luis Ernesto
Hora del mensaje: 12:41
Pregunta Doctor Palou. Siempre he sido un franco admirador de sus libros y he tenido la oportunidad de escucharlo en varias ocasiones. Para usted, ¿cuál es el valor de la congruencia en un escritor? ¿Los valores que ha defendido en sus textos son también los que rigen su vida?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Si. No hay separación entre vida y obra. Hay algo de quijotesco en buscar la verdad sabiendo que no se va a conseguir nunca, pero en esa tarea se nos enchuecan los dedos tecleando sobre la computadora. Hay una moral y un compromiso del escritor, aunque rechace el moralismo barato en sus textos. Creo que México necesita ciudadanos informados y participativos.
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Martha Laris
Hora del mensaje: 12:43
Pregunta Pedro Ángel Desde el destacado enfoque académico que proyectas en tu literatura, ¿Qué opinión te merece el rezago de la educación en México?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Es gravísimo, Martha. Un gusto leerte. Tenemos por un lado una idea terrible de que el estado es el dueño de la historia y la reescritura de ésta en los nuevos libros de texto gratuito es grave. Sus consecuencias serán nefastas.
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Rodolfo Barreda Alvarado
Hora del mensaje: 12:44
Pregunta Sr Palou: debo de confesar que he leído de usted nada más su novela acerca de Morelos; sin embargo, respecto al tema de Cuauhtémoc me gustaría conocer su opinión personal respecto de Hernán Cortés en contraste con Cuautémoc y el porqé toda la historia oficial de México pone a éste como el último emperador azteca cuando realmente hubo más emperadores, tal y como lo narra Sahagún. Saludos.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Cortés es un hombre audaz y es, sobre todo, un astuto. Sabe que hay pueblos enteros que odian a los mexicas y, curiosamente, los utiliza a su favor. Los tlaxcaltecas creyeron que luego del triunfo sería fácil deshacerse de los españoles. Calcularon mal...
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Drazen Petrovic
Hora del mensaje: 12:45
Pregunta Saludos. Mi pregunta es cómo sintió usted el ambiente Parisino como oportunidad para buscar inspiración? Le recomendaría usted a los jóvenes escritores buscar pasar un tiempo en otro país?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: No. París ya no es una fiesta. A los parisinos en particular no les gustan los migrantes y no hay espacios de convivencia o desarrollo para un extranjero. Tal vez un joven que va a estudiar todavía pueda nutrirse del viejo continente pero para mí Europa está muerta: hay que volver a Asia.
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Salvador
Hora del mensaje: 12:46
Pregunta Doctor Palou dentro de sus proyectos próximos escribirá sobre algún personaje histórico del periodo de la reforma, el nigromante, Prieto, Ocampo, o ha concluido su trabajo sobre México?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Estoy escribiendo un ensayo, La culpa de México, sobre los primeros cincuenta años del XIX y la construcción de lo que hoy llamamos opinión pública o sociedad civil. Allí están todos los que mencionó y otros más como Sierra o mucho antes Lizardi.
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enrique reig
Hora del mensaje: 12:47
Pregunta Hola Pedro Escribe Enrique Reig, vimos Isaac y yo en la Vanguardia que como sabes es el periodico mas influyente de Catalunya un reportaje sobre tu obra dinero del diablo, salió el domingo pasado, sale tu foto y tenemos el periodico si te interesa te lo podemos enviar, muchas felicidades por el libro
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Mil gracias, Enrique. No sabía. Te agradezco la oferta pues no lo tengo. Por otro lado a mitades de mayo empiezo ya la promoción del libro. Un gusto encontrarte en la red, Enrique. Tenemos pendiente aún la cita con la gente de Planeta. Escribámonos.
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Luisa Vilar
Hora del mensaje: 12:48
PreguntaLic. Palou. Lo conocí hace un par de años. Usted me autografió su libro "El diván del Diablo". Me pareció que podría adaptarse magníficamente al cine. También es evidente una cierta esquizofrenia en la voz narrativa. ¿Esas voces son personajes en su mente, proyecciones de ella o simples creaciones sin alguna vinculación con el autor?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Gracias por el comentario cinematográfico. A mí me interesa mucho el tema de lo visual en narrativa. Cómo escribir novelas después de Lost, 24, The Wire y, claro, Dr. House... Uno escucha la voz del personaje sólo mientras escribe, claro como proyección. No creo en lo autobiográfico.
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EDUARDO ZARAGOZA
Hora del mensaje: 12:50
Pregunta Felicidades. ¿Qué lo motivo a escribir ahora sobre el Vaticano, despues de tres novelas sobre heroes nacionales?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Es en realidad una indagación sobre el poder y sus engaños. Ya había escrito sobre el Holocausto, desde el lado de la medicina nazi en Malheridos. Ahora vuelvo al papel papal en la construcción del mismo Hitler (y de Mussolini). Es un registro, sin embargo, inédito en mí el thriller policiaco. Lo que me llena de emoción.
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Armando Reyes
Hora del mensaje: 12:51
Pregunta No te parece criminal la actitud de Alejandro VI y el genocidio español hacia nuestra raza ? Y eso que sólo venian a evangelizar? Crees que hay que ponerle un alto a la decadencia romana y eclesiastica para que surja un nuevo hombre, libre de tantas ataduras ideologicas, religiosas y politicas ? Ya tenia razón Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra cuando decia que los partidos continuan la esclavitud que tenian el Estado religiosa antes de la conquista? que piensas?
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Decía Germán Arciniegas que lo que inició con el mal llamado descubrimiento de América fue el Encubrimiento de América. Me encanta la idea. Lo que se hizo fue una especie de acto canibal: se desconoció la realidad y se la suplantó con un sueño europeo ajeno. Seguimos pagando esa cuota: somos esquizofrénicos, importamos modelos que no nos son propios. Por eso a Fray Servando, a quien citas, le fue tan mal. Y hoy hay muchas formas de esclavitud: la migración es la más dura. Esos son nuestros nuevos héroes.
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JOSE MORENO
Hora del mensaje: 12:53
Pregunta MAESTRO PALOU ME ENCANTA TODO LO RELACIONADO CON LOS AZTECAS O MEXICAS,NO TENIA CONOCIMIENTO DE SU LIBRO QUE PIENSO ADQUIRIR HOY MISMO, HE LEIDO MUCHOS LIBROS SOBRE LOS AZTECAS CONFIANDO EN SU BUEN GUSTO Y SU GRAN CONOCIMIENTO QUE NOVELAS ME RECOMIENDA LEER ACERCA DE LOS AZTECAS Y POR ULTIMO DONDE Y CUANDO HARA LA PRESENTACION DE SU LIBRO EN PUEBLA.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Mil gracias. El libro ya se presentó en diciembre pero volveré a firmar ejemplares a mitades de junio, aún no sé la fecha. Yo lo mantengo informado. Y un abrazo fuerte.
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He4ctor
Hora del mensaje: 12:54
Pregunta Cuál es su método para escribiar alguna novela? Tiene un estricto hábito de escribri ciertas cuartillas al día o como le hace?
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RespuestaPedro Ángel Palou: Sí, escribo al día al menos diez cuartillas (aunque muchas de ellas terminen en el cesto de basura). Soy muy metódico una vez que estoy ya escribiendo porque dedico antes muchos meses sólo a la investigación. Para un narrador lo más importante es encontrar el tono, el timbre narrativo desde el que está escrito el libro. El corrido morelense en el caso de Zapata, el texto femenino decimonónico en el caso de Morelos con el acta inquisitorial como modelo y la crónica de conquista en Cuauhtémoc.
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Luis Foncerrada
Hora del mensaje: 12:56
PreguntaPedro, es un placer conversar con usted. ¿Hay influencia de las obras de Dan Brown en su última novela, se pretende llegar a un mayor público con temas polémicos, como comprobadamente lo ha sido la Iglesia en la literatura?
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RespuestaPedro Ángel Palou: No, no. Dan Brown ha utilizado elementos de sus investigaciones y ha simplificado el resultado final mintiendo mucho y al final tergiversando la historia. Yo, en cambio, me meto en el Vaticano para desentrañar verdades ocultas, no invento sectas inexistentes. Eso no quiere decir que el escritor no aspire a tener lectores. Al contrario. Pero lectores inteligentes, críticos. Saludos, Luis.
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José velázquez martínez
Hora del mensaje: 12:58
Pregunta Lic. Palou.¿Cómo se podría fortalecer la lectura en las escuelas? Un abrazo.
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Lo más importante: hacer que los maestros lean. Allí debería estar todo el peso, el recurso y el enfoque. De lo contrario todo esfuerzo es como querer que los niños mexicanos jueguen golf sin acceso a campos y a maestros que hayan jugado.
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Rocío
Hora del mensaje: 12:59
Pregunta Después de Cuahtémoc para usted cuál es otro héroe nacional no reconocido\'
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Respuesta Pedro Ángel Palou: Hay muchos, por supuesto. Uno que me interesa en particular es Guillermo Prieto, fundamental para entender la reforma y el estado laico.
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Despedida Pedro_Ángel_Palou
Hora del mensaje: 13:02
Ahora mismo estoy también haciendo televisión, un programa para canal 22, Los alimentos terrenales sobre literatura y gastronomía que se estrena el martes próximo a las 21:30 Horas. Ha sido un placer conversar con ustedes en este chat y espero repetir la experiencia pronto. Un fuerte y literario abrazo para todos.

miércoles, abril 15, 2009

Promocional en Canal 22 de lo que será "Los alimentos terrenales" programa de Pedro Ángel Palou



No le he preguntando a Pedro, pero creo de ahí se origina el título del libro:
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Los alimentos terrenales
Autor: André Gide
Editorial: Alianza
Año de Publicación: 1897 (1985)
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El libro que nos ocupa pertenece a uno de los literatos franceses más destacados y punteros, el mordaz André Gide. Un autor que, aunque en sus comienzos se centró en la mirada más religiosa y romántica del idealismo adolescente, pronto se metería de lleno a examinar los problemas de la libertad individual y de la responsabilidad. Este interés sobre la preocupación moral individual le llevó a ocupar cargos públicos y a escribir cosas como “La Puerta Estrecha”, “Los Falsos Monederos” o este “Los Alimentos Terrenales”.
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En esta última obra rompe en rebelión contra la mentalidad espiritualista y puritana de su juventud. Se une al culto del individuo, el amor a la independencia del pensamiento y a la libertad, así como una juvenil confianza en las posibilidades del futuro. El autor incita a un muchacho, Nathanaël, a amar la tierra, la vida y las cosas, en tono a la vez sensual y religioso. Es la complicidad del joven con todos sus deseos, las búsqueda del fervor en una comunión con el goce carnal, la repulsa a toda esclavitud familiar o de rango, incluso personal; la libertad sólo se vive en el momento y sólo por un ser que nace a cada momento.
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Los cantos son realmente una unión de imágenes grabadas en la mente y que se encuentran dispersas. Es el canto con sermón, con verdadera enseñanza. Y se denota una clara pero escurridiza esencia del omnipresente Nietzsche, en esa liberación del individuo, en ese conquistar la vida en todas sus formas. En definitiva, moralista, didáctico y discursivo.
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Desde 1914 quedaron formulados la mayor parte de los temas esenciales de su obra. Sin embargo, sólo después de la Primera Guerra Mundial, el trabajo de André Gide tuvo una gran acogida que no dejó de crecer. La limpidez y pureza de su estilo contrastaban intensamente con las inquietudes expresadas en sus libros o con las sinuosidades de su pensamiento.
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http://www.renacerelectrico.com/libros/o_alimentos.html

martes, abril 14, 2009

La vida, extraviada

Diario Milenio-México (14/04/09)
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para Nestor Braunstein y Tamara Frances, por hacerme pensar en todo esto
I.
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El primer recuerdo en el que aparece el yo es el recuerdo de una pérdida. Un extravío. Vivía entonces en la esquina más noreste del país, ahí donde el Golfo conserva el nombre pero gana la nacionalidad, en una de esas casas de madera que, sin importar cuando fueron construidas, siempre dan la apariencia de ser viejísimas. Se había sustituido ya el cultivo del algodón por el del sorgo y, durante los meses del verano, las amplias parcelas del Valle adquirían entonces, como ahora, ese color encendido, entre marrón y naranja, que a menudo hace creer que uno pisa el sol, o algo parecido al sol, cuando camina por ahí. En ese lugar, entre los surcos de un campo de sorgo, emergió, con un terror inigualable, la primera noción del yo.
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Yo estoy perdida.
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Recuerdo esa frase. Y, junto con la frase, recuerdo las imágenes agigantadas del verde casi negro de los tallos del sorgo y las imágenes, también desproporcionadas, de las melgas que sostenían mis titubeantes pies.
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No recuerdo cómo regresé a casa, ni el llanto que debió haber alertado a los que dormían en ese momento la siesta. Pero esa escena en la que el mundo adquiere dimensiones exorbitantes mientras yo me reduzco a una expresión mínima ha sido, desde entonces, la clave para identificar ese estado de fuga y espanto que es el estar perdido.
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Dicen los que me encontraron entre el sorgo que, efectivamente, lloraba. Y que, al regresar al regazo materno, ya bajo el techo del porche que nos protegía del sol de mediodía, lo único que pedí fue ir de regreso al lugar de la pérdida.
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II.
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Cuando las familias se mudan con frecuencia, los hijos suelen perderse con creciente naturalidad. Debido a demandas laborales o a cierto talante inadmisiblemente aventurero en el carácter de mis padres, mi infancia estuvo marcada por los cambios súbitos de residencia, los largos y silenciosos viajes por carretera, y los extravíos que ocasiona el desconocimiento de un nuevo espacio.
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Yo no sabía que carecía de lo que se llama “sentido de la orientación” hasta que llegamos a X, un pequeño pueblo en el centro del país, satélite de un campus universitario rodeado de agapantos en flor perpetua. Todavía sin desempacar del todo, pero acatando una disciplina que mis padres llamaban férrea pero que a mí todavía me parece algo exagerada, me llevaron a la escuela primaria. Como buenos padres, me depositaron a la entrada del colegio y, con las manos en alto, se despidieron de mí después de colocar el mítico beso en la mejilla derecha: un verdadero cuadro idílico que habría sido perfecto si a los tres no se nos hubiera olvidado dejar en claro la dirección de la nueva casa o las indicaciones específicas para regresar a ella.
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A la hora de la salida, como era de esperarse, me perdí. Tomé, como suelo hacerlo hasta el día de hoy, con una prontitud acaso profética, el camino equivocado. Y caminé sin rumbo, pero también sin miedo, a través de mercados llenos de frutas coloridas, frente a iglesias de edad inverosímil, por calles sin pavimentar, hasta que llegué a una de las orillas de X. Entonces supe, sin lugar a dudas, que estaba perdida pero, sospechando que todo era cuestión de tomar el camino contrario, continué con mi travesía. Aparecieron funerarias y más iglesias y callejones estrechísimos y casuchas semiderruidas que yo, olvidando que estaba perdida, veía con el asombro y la inocencia del turista. Así, con ese estado de ánimo por demás exultante, con una ligereza que apenas acababa de conocer, llegué hasta la estación del tren. No sabía yo entonces que unos treinta años más tarde describiría ese entrecruzamiento de vías, ese verdadero amasijo de metal, como algo pesado y melancólico, algo definitivamente venido de otro siglo, algo como una isla en el tiempo. Un grito sin voz. Una apabullante lejanía. No sabía yo hace treinta años que ese momento de absoluta desolación y de radical, aunque exultante, soledad, iba a quedar grabado a un lado del sonido de los trenes que no pasaron y del color a óxido que afectaba todo cuanto veía.
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Un ciclista cadavérico, de rala caballera blanca, se detuvo al lado de la niña que, inmóvil, veía con absoluta concentración la ausencia total de acontecimientos.
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—¿Estás perdida? —preguntó. Y su voz grave, su voz como de pelambre terco, su voz de tren que no pasaba, rajó en ese instante la atmósfera.
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Y entonces regresó, con furia pero sin miedo, el yo.
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—Si —murmuré—. Estoy perdida.
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—Dime por dónde vives y te llevo —carraspeó.
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Con la naturalidad que proporciona a veces el extravío, con esa proclividad por el riesgo que aún ahora nimba todo lo que hago y, también, lo que no hago, le ayudé al anciano a acomodar mi mochila en los manubrios de la bicicleta y me senté, con toda tranquilidad, en la parrilla trasera. Supongo que tuve que abrazarlo para no caer.
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El hombre pedaleó cansina pero firmemente de un lado a otro mientras seguía al pie de la letra mis esquizofrénicas indicaciones. Cuando le pedía que diera vuelta a la derecha porque ese camino me resultaba familiar, él lo hacía sin chistar. Igual, sin decir absolutamente nada, seguía pedaleando cuando le informaba que, una vez más, me había equivocado. Supongo que así anduvimos una media hora y, dentro de esa media hora, con el viento revoloteando por mi fleco y despeinando las trenzas que mi madre se empeñaba en que fueran perfectas, juro que hubo un par de minutos, un segundo apenas, en que me sentí, cualquier cosa que eso signifique ahora, yo misma. Cuando finalmente avizoré la puerta negra detrás de la cual se escondía un pasillo muy angosto que desembocaba en mi casa, di un respingo.
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—Aquí es —le dije al ciclista y salté del vehículo todavía en movimiento.
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Él se detuvo con la misma silenciosa parsimonia de todo el trayecto y, después de darme mi mochila, colocó el pie derecho sobre el pavimento para detener la bicicleta y encender, así, un cigarrillo sin filtro.
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Entonces llegó el terror.
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Toqué el timbre de la casa con verdadera fruición, imaginando que el anciano en ese momento me arrancaría de mi vida y me llevaría de regreso a la estación de los trenes invisibles; imaginando que el ciclista saludaría a mi madre y la regañaría sin misericordia alguna; imaginando, incluso, que le pediría una remuneración exorbitante por sus servicios. Imaginé, quiero decir, cosas cada vez más exageradas y descomunales. Mi madre, por fortuna, abrió la puerta y yo, un tanto recuperada con la sola visión de su presencia, volvía la cabeza para darle gracias al anciano cuando me di cuenta que éste ya había desaparecido. No había bicicleta ni hombre y ni siquiera el humo del cigarrillo. No había nada. Y en esa nada, de la que naturalmente no pude hablar pero que sí pude relatar, se ha quedado también otra manera de identificar ese estado exultante y sin brújula que es la pérdida.

Narrar es un horror

Diario Milenio-México (13/04/09)
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Pasar sin haber pasado
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Una de las escasas ventajas que nos concede la realidad es la opción embustera de narrarla. Y en el camino, sin querer casi, permitirse el abuso de interpretarla. “¿Es una historia real?”, le gusta preguntar al escéptico ingenuo antes de leer un libro o ver una película, como si hubiera diferencias palpables entre un hecho contado y otro remendado. No es posible narrar apenas nada, por más que uno se haya propuesto inventarlo todo, si no se parte de por lo menos una historia real, cuando no de las piezas sueltas de decenas o cientos o miles de ellas. Tampoco narra uno lo que ve como fue, sino como recuerda haberlo visto, de acuerdo a su más íntimo sentido del drama y desplegando las herramientas adquiridas a lo largo de innúmeras y multiformes experiencias, cuya sombra quizá sobrevuele el relato y lo empañe de ciertos olores y sabores ajenos a los hechos relatados. Asistimos atónitos al relato porque intuimos que todo lo que se narra ha sucedido ya o está por suceder, pues encima se espera de la realidad que en lo posible se asemeje a la ficción. Son legión los lectores y espectadores agradecidos que bautizan a sus hijos con los nombres de sus héroes ficticios y viajan a los sitios donde supuestamente sucedieron las historias en busca de algo así para su vida acaso vacía, o tediosa, o sedienta. Cualquier día, después de tanto darle lija, lo insólito amanece convertido en cliché. Ya no sólo pasó y pasará, sino que pasa todo el jodido tiempo. Señal de que ya es hora de mudar narrativa.
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Se alquila piel de Judas
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Las historias de gángsters tienen una ventaja adicional: la gente no se cansa de creérselas. En un descuido, habrá quien las relate como reales y el chisme crecerá geométricamente. Quién no quiere enterarse de otra de esas salvajes truculencias que permiten hasta al más infeliz agradecer su suerte, después-de-todo-nunca-tan-miserable. A la gente le gusta meterse en el pellejo del maleante sin pagar consecuencias. De lejos, pero en alta definición. Vivir uno o más días de sevicia extrema. Echarle bala igual a quien se ponga enfrente, así sea nomás por matar el tiempo. Carcajearse con cada nuevo muerto, preocuparse si algún fiscal entrometido amenaza con encerrar al malvado y quitarle el placer de seguir asomado a una vida que nunca viviría, y ya sólo por eso le urge conocer.
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Se cuenta que la historia de Tony Soprano fue en principio basada en la vida del padrino John Gotti. Ahora bien, “en principio” puede significar cualquier cosa. Si cada autor tuviera que decir qué personajes reales le sirvieron de apoyo para la creación de los imaginarios, encontraríamos que al final cualquier cosa inspira cualquier cosa, y no hay una que no se jure legítima. De repente quisiera uno que la ficción fuera más verosímil, pero igual se conformaría con que la realidad lo fuese menos. Dudo mucho que el jefe del clan Gambino tuviera un mínimo de la gracia picaresca de Tony Soprano, razón más que sobrada para quedarme con la ficción, pero de pronto no es tan fácil deshacerse de imágenes como la aparecida días atrás, en estas mismas páginas, cuya estrella invisible es la cabeza cortada de un hombre…
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Para mejor narrarnos la tragedia, el fotógrafo muestra una hielera con el logo de Oxxo, plantada ante el umbral del domicilio. Podría ser cualquier otra hielera, pero difícilmente van a convencernos de que la de la foto contiene menos que una testa sangrante. Tan sólo el ingrediente del logo de la tienda supone ya un detalle de familiaridad escalofriante. Hemos visto decenas de hieleras como esa, y todavía más tiendas con el mismo logo, si bien seguramente no se nos ha ofrecido repartir miembros mochos a domicilio. Vuelvo a la foto y me pregunto qué haría si, como un ejercicio de ficción, debiera describir su contenido. ¿Me explayaría en la descripción del rictus del difunto, le pondría una gorra deportiva, unas gafas de marca, una pipa? ¿Hablaría de coágulos, arterias, moretones? ¿Y si bastara con la pura sesera, emergiendo de entre una muchedumbre de hielos?
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Fumarolas de ficción
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Como espectador fiel y complacido, nunca he esperado de una serie como Weeds que refleje la realidad escrupulosamente, aunque habría esperado de sus traductores un título menos morigerado que La traficante. Una viuda cachonda que distribuye mota en un fraccionamiento suburbial podrá ser la quimera favorita de un infinito número de pachecos, pero del lado sucio del río no parece tan raro que una mujer se entere de su viudez cuando se asoma al interior de una hielera. De ahí el rotundo acierto de Jenji Kohan, guionista de la serie, al trasladarla a la frontera con Tijuana, a partir de la cuarta temporada. Si hasta ese entonces Weeds transcurría en escenarios más o menos profilácticos, la aparición de un túnel subterráneo en la última escena del quinto capítulo abre un nuevo camino argumental donde ya nadie parece seguro, a menos que se amiste con el flamante capo mexicano Esteban Reyes. Para espanto inicial de la desamparada viuda Nancy Botwin, Reyes no nada más es narcotraficante sino también alcalde de Tijuana, cuyos gustos exóticos hacen juego con sus modales refinados. Encarnado a conciencia por Demián Bichir, el personaje de Esteban Reyes sugiere toda suerte de parentescos con la realidad, al punto que quizá su aparición sea el incidente más verosímil de la serie. Un baño de frescura por cortesía de la cruda realidad, al cual curiosamente no ha seguido un alud de interpretaciones sensitivas.
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Habrá quien vocifere que el guión de Jenji Kohan es tendencioso y se propone embustir, amén de calumniar, a los prohombres de este lado del río. El hecho, sin embargo, es que si bien esta ficción seriada entretiene a raudales, no sorprende más que por su franqueza. “¿Ya viste lo que están pasando en la tele?”, tendría que preguntar cualquier mexicano que no haya recibido aún hielera a domicilio. Algún día las flores también debieron de ser novedosas. Sólo eso nos faltaba: perder la narrativa en manos de la rutina.

El príncipe idiota

Diario Milenio-México (13/04/09)
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El de Dostoyevski no era en realidad tal, o lo era sólo en virtud de su confianza en un aliento moral que los humanos parecemos haber extraviado. El de Inglaterra, en cambio, lo es en redondo —lo suyo son las curvas: jamás las líneas rectas— y lo es justamente porque su idiocia, además de estética, se antoja moral.
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El príncipe idiota de Inglaterra es Carlos. No que sea arquitecto pero, cuando se pronuncia sobre edificios y estructuras y diseños (cosa que parece entusiasmarle sobremanera), habla como si se asumiera tal. Ignoro, de hecho, si la arquitectura le guste (todo parece indicar que no) pero sin duda le interesa. De ahí que, al asumir sus deberes principescos, sumara a su portafolios de instituciones supuestamente benéficas dos estrechamente ligadas al tema: el Prince’s Regeneration Trust, ocupado de la preservación y restauración de construcciones históricas, y la Prince’s Foundation for the Built Environment, abocada a la enseñanza y divulgación de principios urbanísticos y arquitectónicos que consideren al ser humano como criterio fundamental. Nobles empeños ambos, sin duda. Lástima de enfoque.
La primera intentona principesca contra la arquitectura moderna habría de llegar en 1982, cuando la londinense National Gallery celebrara un concurso arquitectónico a fin de dotar su hermosa construcción victoriana de un ala nueva. La firma ganadora —Ahrends, Burton & Koralek— propuso una solución pertinente y osada: yuxtaponer a la estructura original una torre moderna, que permitiera al edificio original entablar un diálogo feliz con el futuro. ¿Se construyó? No: de ello se ocupó el Príncipe Idiota, al pronunciar el proyecto “un monstruoso furúnculo en el rostro de un amigo bienamado y elegante”. (A los pocos meses, el museo cedía ante su presión y encomendaba a los arquitectos Robert Venturi y Denise Scott un nuevo diseño, modesto pero certero —y rastrero— pastiche del original.)
Para fines de los 80, el Príncipe Idiota daba un paso adelante en su cruzada retrógrada: así, cedía tierras del Ducado de Cornwall para que el arquitecto neotradicional Léon Krier proyectara Poundbury, comunidad experimental memorable no tanto por su concepción urbana “humanística” —no hay planeación zonal sino una suerte de integración “orgánica” de los giros comerciales y residenciales— sino por su estética disneyana, popurrí de caricaturas arquitectónicas del pasado en que lo clásico, lo gótico y lo victoriano coexisten en un trazo más bien redolente de la suburbia estadunidense.
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Hace unos días, el heredero imbécil ha vuelto a las andadas, ahora con una petición de abortar la construcción de un proyecto del británico Richard Rogers en los terrenos londinenses otrora ocupados por el cuartel militar de Chelsea, adquiridos por la Autoridad de Inversiones de Qatar en 2005. Rogers es un arquitecto justamente celebrado y un practicante no sólo solvente sino de plano deslumbrante de un modernismo tan funcional como atrevido. He aquí, sin embargo, que al principito no le gusta lo que hace Rogers, que preferiría que su proyecto fuera desechado y encomendado a su amigo Quinlan Terry, conservador estético irredento que postula la sustitución de las muy libres (pero rigurosas) torres de cristal, madera y metal de Rogers por lo que parece una calca escenográfica de las construcciones contiguas de Christopher Wren.
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No se me malentienda: disfruto como el que más el legado arquitectónico pretérito, y particularmente la solera de la arquitectura tradicional británica. Sólo que la arquitectura no es lengua muerta y su vocabulario, por tanto, no debería permanecer anclado en el pasado sino abierto a la originalidad. Hasta aquí no habría más que divergencia de criterios entre el principito y la crítica de arquitectura británica toda, que parece compartir mi opinión. El problema, entonces, no será estético sino moral. Y es que un futuro jefe de Estado que abusa de su opinión debería saber que la suya —ya sólo por razones políticas y económicas— no es una más, y emitirla con respetuosa prudencia. Así, ya podemos ir despidiéndonos del proyecto de Rogers, víctima de una suerte de purga estalinista oculta tras los aparejos de la conciencia urbana. (En todo caso, habríamos debido verlo venir: ¿qué puede esperarse del juicio estético de un hombre ufano de encontrar menos atractiva a Diana Spencer que a Camilla Parker-Bowles… y del juicio moral de un hombre capaz de resolver aquel problema como lo resolvió?)

lunes, abril 13, 2009

"Jesucristo reloaed"-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 01/04/09)

Luis Humberto Crosthwaite es originario de Tijuana. Extraño en comparación con los escritores nacidos en los años sesentas. Después de escribir “Marcela y el rey al fin juntos”, “El gran preténder”, “Idos de la mente”, “Instrucciones para cruzar la frontera” y “Estrella de la Calle Sexta”, decidió guardar seis años de silencio literario. Ahora regresa al ring con su más reciente novela: “Aparta de mí este cáliz”, publicada por Tusquets en la colección Andanzas.
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“Aparta de mí este cáliz” es una novela ad hoc a los tiempos que vivimos. Días llenos de fatalismo y que hacen a la población sacar a su redentor interno, a su mesías frustrado o a su profeta en ciernes. Todos quieren salvarse y salvar a los otros de las formas más insospechadas que se puedan conocer: afiliándose a partidos políticos, a ONG’ S para salvar al mundo, darle dignidad a la mujer, al negro, al inválido, al desprotegido; en fin, cualquier cosa es pretexto para salvar al mundo. Diría Fernando Delgadillo en su canción “Evoluciones” son días en los que –a percepción de una mayoría- hace falta un capitán, un héroe, una señal, y todos quieren ser aquél que pueda trazar el camino a seguir. Crosthwaite, en sus largo y profundo silencio, creo, se dio cuenta de ello y armó una novela atrevida, contestaria, crítica y divertida. Cargada de un humor negro, irónico. Una novela fragmentada que se lee de un sentón, pero que busca provocar en el lector alguna reacción que puede ir desde la simpatía hasta el repudio o la indiferencia.
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El personaje principal no tiene nombre, pero sí sueños. Dos sueños: en uno está en caída libre, mientras que en el segundo, sueña ser Jesucristo. Un Jesucristo que hace milagros y se encuentra enamorado de una mujer a la que le hablará de Usted. La mirada con la que Crosthwaite aborda a tal personaje religioso es interesante, lo plantea como un político destacado con tintes de caudillo, de terapeuta fracasado y es común como todos los demás seres humanos; quizá una verdadera carnalización. Además de sus clásicos apóstoles se hace acompañar de unos guardaespaldas, cuyo fin es protegerlo; ambos bandos se quejarán constantemente con Jesucristo pues las formas de actuar son muy distintas: los primeros son pasivos e inclusive guardan respeto por los romanos (cuya semejanza con la AFI o similares es mera coincidencia), mientras que los segundos son agresivos, tienen cualidades de guerrilleros. Este nuevo Jesucristo ya sabe, como todos los demás, del futuro que le depara: la crucifixión, la cual no acepta. Hacer milagros, dar sermones y salvar al mundo es un trabajo competitivo, hay muchos como él que se dedican a lo mismo. Todos compiten por ser el mejor. Este nuevo Jesucristo es controversial, algunos piensan que su deber es curar enfermos, pero otros como Lázaro creen que debe chupar cervezas con los cuates. Lázaro sigue queriendo a Chuy, pero le guarda resentimiento por haberlo vuelto al mundo. Chuchito se enamora de una jovencita: Hortensia, pero no se atreve a demostrarle sus sentimientos y quien saca de la mente de Chuy a la misteriosa mujer nombrada como Usted. Los enemigos de Jesús son variados: desde otros profetas y mesías hasta pasar por un enigmático Hermano, el cual le cobrará una factura de años: el ser el rechazado de la familia. La venganza será dulce y nadie, ni Dios podrá salvar a Chuy de la muerte.

martes, abril 07, 2009

Crónicas de Bruno del Breñal y Jonás, el enterado-Fernando Delgadillo

La guerra y la imaginación 2

Diario Milenio-México (07/04/09)
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De entre todas las descripciones de la época, me quedo con la de Nellie Campobello en Cartucho, ese libro inclasificable cuyos ojos de niña nos hacen ver no sólo lo que pasaba en el norte mexicano a inicios de siglo XX, sino lo que sucede en todo el país cien años después, a inicios del XXI. Mis hombres muertos. Los juguetes de mi infancia. Mis decapitados. Sin sentimentalismos, con una austeridad que resulta sin duda alguna exasperante, la niña registra la violencia cotidiana de una manera que ni los novelistas de la época ni los historiadores de otra han logrado emular. Aunque todos ellos hablan, con mayor o menor grado de fascinación, de la violencia, sólo la niña la ve. Ahí está la naturalidad con la que emerge en las calles (mis juguetes de la infancia), la cruenta cotidianeidad de su paso. ¿Estará ya la novelista de finales del XXI pensando en los “decapitados” que aparecen en las calles y en la televisión y en la prensa como los juguetes de su infancia? ¿Los ve ahora ella con el mismo desasimiento, la misma contundencia que Campobello le adscribe a su joven personaje femenino? ¿Conocerá ya, esa niña, el miedo? ¿Sabrá ya que no debe apartarse de sus padres en el supermercado porque la pueden secuestrar o habrá asistido ya al funeral en el que se despidió del padre o madre de algún amigo? ¿Sabe ya, esa niña, que no puede salir de tarde o de noche a la ciudad porque la ciudad, ese amasijo de calles, no le pertenece a ella ni a las que son como ella, extirpada pues de su ciudadanía? ¿Ha sentido ya esa futura novelista el palpitar alocado del corazón cuando pasa vertiginoso el comando militar y, luego, la sirena de la ambulancia, y luego, el silencio que todo lo sepulta en la noche más negra? ¿Sabe ya esa novelista de finales del XXI que la escritura más letal del México en el que nació no está en los libros sino en las mantas que aparecen, a lo largo y ancho de todo el país, en las ciudades más remotas y en las más pobladas, con amenazas diversas?
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Dice Sarah Ahmed en Las políticas de la emoción, que el miedo es una de las experiencias a la que recurren los políticos con gran frecuencia para servir sus propias agendas. Maleable, el miedo alerta ante el peligro, en efecto, pero sentido por mucho tiempo, también adormece. Paraliza. Una sociedad con miedo es una sociedad que baja la vista. El que tiene miedo prevarica. Presa del temor, el miedoso escucha ruidos que, en la noche, se alargan exasperantes hasta la madrugada, y en el día se acomodan al andar de los pasos. El que tiene miedo pierde la mejor parte de su energía preparándose contra golpes que no son, en su caso, imaginarios. Agazapado dentro de sí, aguarda el momento crucial—la decisión que, aunque nimia o tal vez por nimia, desatará el fin del mundo personal. Pocas cosas como el miedo nos hacen conscientes de las cruentas repercusiones de cada diminuto acto: estar parada en ésa esquina, haber vuelto la cabeza, conocer a cierta persona, haber coincidido en una fiesta. Todo eso puede convertirse, al pasar del tiempo, en la causa de ese disparo, aquel secuestro, esta violación. En expansión, descomunalmente agrandadas, cada decisión de la vida cotidiana no deja de ir teñida por la paranoia. El miedo aísla. El miedo nos enseña a desconfiar. El miedo nos vuelve locos. Con las manos dentro de los bolsillos y con la cabeza gacha, el que tiene miedo se transforma así en la herramienta por excelencia del status quo.
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Acaso el ejemplo más explícito del uso político del miedo en los tiempos contemporáneos haya sido la desvergonzada manipulación que el ex presidente Bush hizo del ataque contra las Torres Gemelas del 11 de Septiembre del 2001. Arengando a una guerra santa contra el Islam y promoviendo el odio que alimentó en primera instancia a la agresión misma, Bush sumió a Estados Unidos en un trance de pánico que desactivó la energía creadora, políticamente creadora, de sus habitantes. Congregados bajo la bandera de un patriotismo de cabeza gacha y ojos cerrados, los estadounidenses se acostumbraron con gran naturalidad a ser esculcados en los aeropuertos y ser registrados en sus domicilios privados. La disidencia, como bien se sabe, fue acallada bajo el pretexto de traición—y esto lo experimentó en carne propia Susan Sontag cuando, con característica valentía, se atrevió a cuestionar la uniformidad de criterios a la que apelaba y que consiguió el ex presidente. Conminar a una guerra, santa o no, siempre tiene consecuencias. Conminar a una guerra, contra el Islam o contra el narcotráfico, siempre tiene consecuencias. Todas ellas funestas. Con base en el miedo y multiplicando, a su vez, ese miedo, las guerras a las que nos invitan los de arriba (para utilizar la terminología azueliana) son siempre, como lo enunciara de manera magistral Henry Miller, “la mejor parte de un mal trato”. Ahí nosotros, aunque parezca lo contrario, no tenemos nada que ganar. Ahí, de hecho, bajo la apariencia de estar ganando (seguridad, estabilidad, protección) estamos, en realidad, perdiendo. Lo sabe el soldado que muere en servicio y lo sabe el que fue rozado por la bala que iba dirigida a otro; lo sabe la mujer a la que levantaron, así se dice, de la calle, nada más por haber andado en la calle y lo sabe el motorista al que esculcan hasta la saciedad en el cruce fronterizo; y lo sabe el que atiende los funerales, y lo sabe la futura escritora que ya desde ahora ha aprendido a mirar. A mirar esto.
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Fue un italiano, Alessandro Baricco, quien en la introducción que escribió para su apropiación contemporánea de La Iliada, el paradigmatico texto de Homero, nos provocó a pensar de maneras alternativas contra la guerra. Ha existido siempre, alegó, está en los huesos de las civilizaciones más diversas: la adrenalina de la guerra, la excitación de la guerra, el canto hipnótico de la guerra. Sólo cuando como sociedades podamos inventar algo más excitante, más riesgoso, más aventurero, más revolucionario, podremos decir que, en verdad, estamos contra la guerra. Una forma de pacifismo radical. Una tenaz provocación, ciertamente. Entre mis pocas virtudes no está la de la profecía y cuento, para colmo de males, con un pobre sentido de la propedéutica política, por eso me detengo aquí, en el eco que emerge de la provocación que, desde las páginas intervenidas de La Iliada, nos lanza Baricco.
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Con Andrés Molina Enríquez, ese positivista de inicios del XX, repito a inicios del XXI lo que ya era cosa sabida entonces: sólo cuando el problema de la desigualdad social sea debidamente atendido estaremos de verdad atendiendo el corazón de esa nación (con sentimientos) que se llama México. Con Alessandro Baricco repito: si queremos ir más allá de una guerra basada en el miedo cuyo fin es producir más miedo, más nos vale imaginar algo más excitante, más rabioso, algo más lleno de adrenalina. Con los situacionistas de hace unos 50 años repito que nuestra tarea no es llamar a la guerra (o atender un llamado por la guerra) sino producir desde abajo y en comunidad una vida cotidiana dinámica y creativa, emocionante y plena. Y es justo ahí donde entran, de manera humilde y hasta discreta, las palabras: las palabras escritas: los libros dentro desde los cuales saltan a la vista y, de ahí, al cuerpo entero y a la imaginación. El que imagina siempre podrá imaginar que esto, cualesquiera cosa que esto sea, puede ser distinto. He ahí su poder crítico. El que imagina que, al caminar por las calles de Ciudad Juárez está, en efecto, caminando por las calles de Bagdad, también puede cuestionar la naturalidad con la que suelen presentarse la militarización de las ciudades. El que imagina sabe, y lo sabe desde dentro, que nada es natural. Nada inevitable. Apuesto que aquella niña, la futura novelista del XXI, también lo sabe.

Absolución de alcoba

Diario Milenio-México (06/04/09)
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Pastores matan líderes
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En aquel tiempo, hará unos doce años, nadie entre sus devotos avanzados se permitía dudar que el padre Maciel sería un día llamado San Marcial. Varios de ellos, entregados a la sacra misión de educar a las nuevas generaciones, insistían en un concepto fundamental, con certeza nacido de la visión educativa y pedagógica del fundador de los Legionarios de Cristo: formación. Hasta donde recuerdo, me lo habrán repetido unas cuarenta veces. Querían una pieza publicitaria que anunciara la principal ventaja competitiva de su universidad. Si otros enseñaban, ellos formaban. Más todavía, formaban líderes. Parte de este proyecto era atraer a los estudiantes a las actividades extracurriculares, como esos truculentos retiros espirituales que ya desde su nombre invitan a pensar en catacumbas dignas del Divino Marqués. Todo supervisado y dirigido por hombres de sotana cuya autoridad rebasa con creces lo que Javier Marías llama efecto tarima —la fascinación que un maestro seductor despierta en su alumnado—, si quien allí detenta el poder se dice hombre de Dios y goza de una autoridad incontestable. No en balde hace el trabajo de formador.
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Durante las semanas que debí tratar con aquellos clientes singulares —casi siempre a través de terceras personas que hablaban de sus jefes con cierta reverencia ceremoniosa— aprendí lo difícil que era complacerlos. Peor si estaban presentes, con sus escasas pulgas. No olvido la pedantería inflamada del cura irlandés que se empeñaba en darme lecciones rancias de puntuación y sintaxis, como quien cita artículos de fe. Tal cual frecuentemente sucedía, no era mi nula vocación de publicista lo que me sostenía en tales trabajillos, sino, además de la paga redentora, un cosquilleante morbo de narrador, quizás emparentado con la envidia que tantos lectores de Günter Wallraff sentimos al leer sus crónicas intrépidas desde el vientre del esperpento en turno. Miraba a aquellos curas de impostada rectitud con la curiosidad de un entomólogo. Resistía con trabajos la tentación de preguntarles a partir de qué punto la idea de formar a los alumnos se transformaba en la urgencia de hormarlos. Fue un descanso que al fin lo rechazaran todo. Total, que se buscaran a un publicista de verdad. O todavía mejor, que formaran al suyo.
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Hormar para formar
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Ignoro a cuantos aspirantes a líderes haya formado el padre Maciel, si bien su foja de servicio alcanza para ir lejos con la imaginación. Dos detalles, no obstante, me han empujado a escribir estas líneas. El primero es que el deslustrado clérigo michoacano, amén de estuprador, paidófilo, morfinómano y padre de familia, se contaba entre los confesores de Juan Pablo II. El segundo tiene que ver con una falta escandalosa que suele ser común a cantidad de santones, con y sin sotana: la absolución del cómplice. ¿Cómo no va a animarse el incauto creyente a pecar con el libidinoso de la sotana, si quien lo va a absolver absuelve al Papa? ¿Quién, que haya creído en su bondad y ya lo mire como un hombre santo, va a atreverse a contradecir sus enseñanzas? ¿Le cabe a un alma pía en la cabeza que el Pontífice acceda a confesarle sus pecados a un hedonista extremo disfrazado de pastor de ánimas? ¿Cómo negar, desde la fe callada y genuflexa del discípulo, que el agraciado cómplice tendría que salir del lugar de los hechos aún más limpio que como entró, luego de ser objeto de Tamaña Indulgencia?
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Si en los estados totalitarios el juez, el defensor y el fiscal suelen ser tres personas distintas y la misma, la teocracia permite privilegios tan libertinos como ése de culpar y perdonar al cómplice sin tener que dejar el lecho del pecado, en un mismo paquete libre de cargos extra. Pura mercadotecnia espiritual. El agresor se amafia con la víctima por un puñado de bendiciones. Y no es ni raro, vamos. ¿Cómo negar razón a los morigerados que alertan sobre la debilidad de la carne, que es aún más permeable a la lujuria cuando padece largas abstinencias? Si un buen traje de seda y unos modales pulcros permiten a un gañán de uñas habilidosas pasar por gente de provecho y confianza, ¿qué espacio de maniobra no dará una sotana fina y unas palabras mágicas en latín galante? Si yo fuera uno de esos enviados del Maligno que tanto desvelaban a los inquisidores, habría empezado por camuflarme ya no bajo la forma de un médico brujo, sino la de un ministro del enemigo. Me juraría católico, apostólico y polaco. Tomaría primero los hábitos, y ya después cuanto que se me ofreciera. No me preguntaría si acaso todos lo hacen, me bastaría con saber que todo puede hacerse. Una certeza casi literaria, que ya en la realidad se vuelve espeluznante. Y hasta donde yo sé, la idea es que el demonio parezca demonio. Que espeluzne, para eso se le paga.
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Formados y cooperando
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Allá por los noventa llegué a pensar que todo ese argumento manipulador de la formación de líderes no pasaba de ser lo que en publicidad se llama copy point. Información que vende. Los hijos van a la universidad y hay padres que quisieran seguir encauzándolos. Seguramente les parecería atractivo enterarse que aquella oferta educativa incluía una extensión de su control. Y eso no era mentira, ni verdad relativa. Al universitario se le trataba como adolescente. Hay gente que prefiere esa comodidad. Obedecer, dejarse llevar, contar con un parámetro de aprobación sencilla y automática. No hacerse cargo más que de decir sí. O amén, llegado el caso.
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Cuesta trabajo detener las especulaciones enfermizas cuando en el coco siguen saltando términos como formación de líderes y absolución del cómplice, que una vez combinados bastan para erizar el cuero de más de un satanista honesto, que los hay. En una de éstas, no todo está perdido. La memoria de quien habría sido flamante santo mexicano puja hoy por ascender a la categoría de diablo universal. Uno que, encima, es todo menos pobre. Por higiene mental, me niego a imaginar la cantidad de fieles que le espera.

V-2 Schneider

Diario Milenio-México (06/04/09)
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Es 1977. El rockstar fija su residencia temporal por segundo año consecutivo en Berlín. Suele despertar a eso del mediodía, en su cama, uno de los muy escasos muebles que contiene su departamento sito en el 155 de la Hauptstrasse. Toma el desayuno —café, jugo, dos cigarrillos de una cajetilla de Gitanes— y camina hasta los estudios Hansa, contiguos al Muro ominoso y emblemático que divide Berlín. A veces trabaja sólo dos horas para después precipitarse a pasear en bicicleta por la ciudad. Hoy, sin embargo, la cosa es distinta. Hoy está inspirado. Y es que hace ya días que es testigo de una escena conmovedora y recurrente, rito amoroso que se celebra todas las tardes ahí mismo, al otro lado de la ventana: una pareja se besa al pie del Muro, mientras los soldados apostados en la torre de observación los observan, amenazantes. La belleza de la escena —la desolada, esplendorosa, decadente belleza de la escena— ha inspirado al rockstar, que desde hace unas horas no puede dejar de pensar en la pareja. Un rey y una reina, se dice. Héroes, se dice. O, mejor, “héroes” —así: trágica y tristemente entrecomillado—, ya que no hay verdadero heroísmo posible (o cuando menos viable) en un mundo tenso y dividido y falaz. Tales han de ser las circunstancias de la composición y grabación de “Héroes”, para muchos la mejor canción de David Bowie.
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“Héroes” da título a Heroes, el álbum homónimo de 1977, y su éxito postergado pero certero —no fue un hit en su momento pero aparece con regularidad en listas de las mejores canciones de todos los tiempos— la ha llevado a eclipsar en gran medida el resto del disco al que pertenece, lo que constituye no sólo una injusticia sino una lástima. Y es que Heroes es un álbum a un tiempo triste y combativo, que pasa con donaire y denuedo del rock machín de “Beauty and the Beast” a la atonalidad fatalista de “Sense of Doubt” al pastiche medio oriental (por vía de Las mil y una noches y Rodolfo Valentino) de “The Secret Life of Arabia”. Es, además, una instantánea de su tiempo y lugar: una ciudad gris y desesperanzada, militarizada y fría, atrapada en un limbo histórico yermo y acaso irrespirable. Es, pues, un disco eminentemente berlinés y frigibélico. Y nunca más que en “V-2 Schneider”, esa oscura broma musical.
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“V-2 Schneider” no es una canción: es una pieza instrumental o, si se quiere, un poema tonal rockero. La guitarra es de Robert Fripp, pero lejos está del exceso de testosterona de sus tiempos con King Crimson: nulo desgarramiento y nula pretensión, apenas un riff impecable, hipnótico por monótono. El saxofón es de Bowie y suena desesperado, asfixiado, asmático. Hay, además, un corito pernicioso y electrificado —“Vee-Two-Schneider” repite hacia el final del track la voz distorsionada del rockstar— y una batería de Dennis Davis empeñada en sonar a redoble militar. Es en esa batería que reside el espíritu de la pieza: “Casi puede uno ver a los nazis desfilar ante el cuarto de controles de los estudios Hansa”, imagina David Buckley, biógrafo de Bowie, “mientras la música —insistente, militarizada— da tumbos en las bocinas”.
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Lo mejor, sin embargo, es el título. V-2, sabrán los estudiosos de la Segunda Guerra Mundial, es el nombre del misil aéreo cuya producción fuera autorizada por Hitler en 1944, última arma de destrucción masiva del Tercer Reich, responsable de más de 3 mil muertes en Bélgica, en Inglaterra, en Francia, en Holanda, en la propia Alemania. ¿Y Schneider? Schneider es Florian y también es alemán aunque su signo y su sino han de ser completa y felizmente distintos: es el músico nacido en 1947 que, influido por los experimentos sonoros de Stockhausen, fundó en 1970, junto a su condiscípulo de conservatorio Ralf Hütter, la mítica banda electrónica Kraftwerk, aquella que habría de oficiar las bodas primeras de la electrónica y la música popular.
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Mañana martes un Florian Schneider que renunciara hace apenas unos meses a su participación en Kraftwerk cumple 62 años. Impedidos en lo sucesivo para escucharlo en vivo —no estará presente cuando Hütter y sus secuaces inauguren al ritmo de sus computadoras el Festival de Música de Manchester el próximo julio—, no nos queda sino festejarlo con la escucha repetida de “V-2 Schneider”, esa suerte de oda a un Berlín hierático y desolado pero también poderoso y fecundo, capaz de ofensivas letales y perversas pero también de irradiar al mundo con el impacto de una música que no por precisa es menos preciosa.

lunes, abril 06, 2009

Pedro Ángel Palou: consistencia literaria (publicado en Virtud y Fortuna. Suplemento Eventual Omniscio de El Columnista 06/04/09)

I
¿Cómo acercarse o referirse a Pedro Ángel Palou? ¿De quién debo hablar ante el lector: del amigo, del novelista, del poeta o del promotor cultural? Son preguntas que me he hecho durante dos horas para encontrar la mejor forma de escribir unas pequeñas líneas que sólo buscan reconocer su trayectoria. Para mí hablar de Pedro Ángel es hablar al mismo tiempo del lector, del escritor, del promotor cultural y del amigo. Todas esas fases aparecieron ante mí de forma intempestiva un marzo de 2004 en la Casa del Escritor.
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II
Hablar públicamente sobre un amigo es una ardua tarea, más cuando éste se dedica a la escritura y tiene una vasta producción literaria que comprende los géneros de novela, cuento, ensayo y poesía, aunque este último género sólo lo conocen sus allegados. Dentro del mapa literario, Pedro Ángel Palou está ubicado dentro de la “generación del Crack”, nacida en 1997 y conformada primordialmente por sus amigos: Ignacio Padilla, Jorge Volpi, Eloy Urroz, Vicente Herrasti y Ricardo Chávez Castañeda. Aunque pueden entrar autores como: Santiago Gamboa, Fernando Iwasaki, Edmundo Paz Soldán, Rosa Beltrán, Cristina Rivera Garza, Mario Bellatin, Rodrigo Fresán, entre otros. Ha recibido un sinfín de premios como: Premio Nacional de Historia, Francisco Javier Clavijero, 1998; Premio Nacional de Literatura Jorge Ibargüengoitia 1991; Premio Latinoamericano de Ensayo René Uribe Ferrer. Medellín 1996; Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2003 y ha sido finalista de otros más: con “En la alcoba de un mundo”, nuevamente finalista del Premio Internacional Pegaso en 1993, para obra publicada en Colombia; Finalista del Premio Internacional Novedades-Diana con la novela “Memoria de los Días”, que fue también finalista del Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 1994 y recientemente su novela “El dinero del Diablo” ha sido finalista del I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero y del III Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de América.
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III
Pero escribir sobre Pedro Ángel Palou es hablar de sus pasiones literarias como Faulkner, Kafka, Melville, Coetzee, Mankell, Pitol, Tabucchi, Camus, Calvino, Nabokov, Capote, Conrad, Naipul, Balzac, Stendhal, Chéjov, Carroll y Cirlot. A los que poco a poco he leído a partir de que soy, fui, su alumno. Escritores que, estoy seguro, lo han influenciado en su escritura considerablemente. A la mayoría de ellos les preocupó y les preocupa la relación del escritor/novela y a casi todos ellos no les incomodaba dejar en cada texto visos de su vida personal.
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Dos ejemplos pueden ser Pitol cuyos textos, quizá, no podría explicarse si éste no plasmara en cada página el mar de conocimientos y experiencias que la vida le ha dado gracias a las veces que ha ejercido como embajador. Lo carnavalesco y lo cosmopolita siempre han acompañado a cada uno de sus escritos, dándole un toque particular a su escritura. El otro es Juan Eduardo Cirlot –poeta que conocí gracias a él- que siempre se ha preocupado por mostrar una consistencia a lo largo de la obra producida. Me explico, Cirlot es un poeta que lo mismo escribió todo un ciclo poético: “Bronwyn” la gran obra poética de Cirlot concebida bajo el augurio del movimiento surrealista, donde el lector que se acerque a tal –personaje que interpreta Rosemary Forsyth en la película “El señor de la guerra” de Franklin Schaffner-, podrá ver cómo Cirlot experimenta con la sonoridad de las letras que conforman el nombre del personaje femenino, cómo crea imágenes poéticas con tan pocas palabras, la brevedad en todo su esplendor. Pero también era un poeta que escribió innumerable número de homenajes poéticos, aforismos, oraciones y demás; siempre bajo la línea de lo místico, lo esotérico y lo conversacional. Era un poeta que buscaba el diálogo con ese “otro” que bien puede ser carnalizado por lector.
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Así la obra de Palou. A lo largo de su producción novelística uno se puede encontrar con temas variados, aparentemente una falta de linealidad como reclamó alguna vez el colérico Lemus, pero en Pedro existe una linealidad que rompe y altera el orden canónico: consistencia en la voz narrativa, esa es su linealidad. Años atrás, en Profética, David Toscana dijo que existían muchos lectores de Pedro, rara vez uno constante, debido a la diversidad temática. Soy de esos pocos, por amistad y por disfrute, pues cada texto me transmite cosas dignas de llevar a la cama y a la vida diaria. Es cierto, puede haber una novela mejor que otra, pero esa cierta extrañeza que me provoca el leer a una misma voz narrativa, personificada o adecuada a distintos personajes, me llena y atrae. Como se puede ver en su reciente trilogía histórica. Se abordaban tres personajes, cada uno contaba con su propio narrador, pero el fondo deja ver una voz con mucha similitud y para mí ésa es su gran logro. Hacer una voz múltiple, consistente.
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IV
Véanlo ahí, a “ese hombre de cabellera dispersa, no es otra cosa que el exhumador de un mundo antes irredento. Ha aprendido, sufriendo, fórmulas mágicas que los otros desconocen: conjuros para evocar y recrear las danzas anteriores. Razas sordomudas, perdidas en sus parajes profundos, cobran voz bruscamente y, desde el valle dormido bajo la niebla, ese coral suena iluminando regiones desoladas o magníficas. Así, hasta que toda la tierra se convierte en eco”[1]. Eco que le invade por todo el cuerpo cuando se da cuenta que “todas las noches es igual. Él se sienta a escribir hasta muy tarde. Nada queda al amanecer. Todo permanece al ocultarse el sol. Monótono e irremediable, el tiempo pasa sin detenerse”. Siempre creyéndose Dios al escribir, nada al abandonar el teclado o la pluma. Así se le va la vida y el tiempo. Por eso escribe de noche, porque de día sería difícil sentirse Dios, él no está para esas chanzas, además eso le permite alejarse de sus sueños pues teme soñar con “la frase de su abuelo: en un día del hombre están los días del tiempo, hecha de palabras, que a la vez que nos contienen nos mutilan, se dice, palabras como único de percibir las cosas, y paradójicamente, de cercenarlas, lo que, piensa, nos convierte en náufragos de la realidad, dueños de un único asidero que igual ahoga”[2].
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Y al final, cuando los días hagan memoria, quizá no haya nada que valga la pena, todos lo sabemos, Pedro lo sabe; pero escribe, escribimos, para dejar constancia de nuestra vida. Y leemos para darle sentido a la misma. Entonces habrá que agradecerle al amigo ser parte de esa contribución.
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En la Puebla de la Franja, el Chelis y el Crack literario.
El poeta neo dark y super-fugado Ho Chi Min.
Alfredo Godínez
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[1] El poeta” de Juan Eduardo Cirlot. Aparece publicado en “Árbol Agónico” (1945) y recopilado en el libro “En la llama” (Siruela, 2005)
[2] “Qliphoth” de Pedro ángel Palou (Sudamericana, 2003)