jueves, marzo 09, 2006

Chaqueta sentimental.

Es curioso estar sentado frente a la computadora acompañado por agua con saborizante de naranja, unas tortas de camarón y unos sándwiches que sólo contiene jamón y queso. Todo lo anterior para leer el blog variopinto de un amigo escritor al que le he sido fiel defensor desde que lo conozco. Sus observaciones sobre la soledad o la ceguera de Borges me hacen pensar en el diagnóstico que recibí meses atrás: joven bájele a la coca-cola y su comida favorita porque le han provocado algo de grasa en la sangre y usted es candidato directo a insuficiencia renal, paros cardíaco, etc.. Pinches médicos desde ese momento vivir se me hace pesado rutinario: ya sé de que me voy a morir. Yo que vivía con la esperanza de resolver el enigma de saber la razón de mi muerte.
Hoy ha sido un día pesado en todos los aspectos me paré con dolor de cabeza, me paré para darme cuenta que los pingajos han hecho de mi un despreciable espantajo, porque hay espantajos que puede ser un poco atractivos. Para colmos de hartazgos mi cabeza es traicionera, sigue pensando en ella y me desgasta. Me siento con las manos amarradas, pero sigo ahí como el barco que se aferra a una isla paradisíaca sin habitantes.
Transcurren los días y a veces pienso que no vale la pena escribir ¿para qué?, si todo ya está dicho y lo que falte alguien lo dirá mejor, pero hoy me encuentro con una visita de Carlos Pacheco, perteneciente a un movimiento tal vez probable generación de la nueva literatura: El club chufa, quien me dijo tus textos son sencillos pero crudos. Palabras que le dan a uno aliento y la creencia de pensar que uno va por el camino correcto. Nunca he buscado la profundidad, ella llegará sola, cuando lo tenga que hacer. Alguna vez Verónica Estay una de las mejores escritoras jóvenes con las que cuenta mi ciudad la Puebla de los Ángeles,  y de los escándalos políticos que saben ricos acompañados de coñac, me llego a decir que mi estilo iba por hacer de lo sencillo algo rico de leer. Al menos si me baso en la opinión de Pacheco, sigo manteniendo el estilo. La crudeza simplemente ha de ser el toque que hace de lo sencillo algo interesante, la crudeza es la realidad descarada sin tapujos ni complejidades.
Mientras escribo esto me viene a la memoria uno de los primeros libros, que para mi es un cuento de larga duración: Macario de B Traven, recuerdo ese pavo que tanto deseaba comer, el personaje, para él solito sin necesidad de convidarle a sus hijos y cuando por fin paso eso, en su cumpleaños, la muerte le arrebato la vida. El tomar agua con saborizante naranja es como haber matado una parte esencial de mi Soy como un medio vivo o medio muerto. La poca vida que me resta se encuentra en mis esporádicos poemas y mi intento de novela, cosas que espero un día acabar. La novela tiene ya su voz pero sigo sin encontrarla una trama extra y mi poemario ese va más maduro, pero aún no encuentro las cenizas restantes para completar ese inventario de penas y dolores.
Mientras tanto termino este recuento de nada, este viaje sentimental al abismo de mis cadenas, antes de que se vuelva una chaqueta del alma.



    

3 comentarios:

CadávEr Muerto dijo...

Hasta las chaquetas metafísicas o instrospectivas están chidas. He dicho.
Chaquetas para todos y todas.

el dijo...

yo ante usted me quito el sombrero. es usted un buen escritor, además le gusta macario, buen cuento, lo lei en la secunadría y aun lo recuerdo muy bien.
por otro lado, ya se me antojo su agua saborizada...salud!!! glu glu glu..
ahora me atrevo a pedirle un poco de esa literatura cruda que dicen que tiene, se podra?
ultimamente ando sin nada interesante que leer...

Carlos Mal Pacheco dijo...

A mi ver, sencillo es mejor que crudo. Se puede ser sencillo y lirico, raramente crudo y lirico, pero veras que divertido es jugar con las combinaciones. Saludo y mucha suerte, camarada.