martes, junio 07, 2011

Defendiendo la Decencia narrativa de Enrigue (Sexenio-Puebla 31/05/11)

Mucho se ha dicho alrededor de la más reciente novela de Álvaro Enrigue: Decencia (Anagrama, 2011). Que si no es mejor que Hipotermia, que si está por debajo de Vidas perpendiculares, en fin. El problema no es del escritor, es del lector.

Al parecer, los lectores estamos retrocediendo años luz al esperar que un escritor conciba sus novelas respetando el estilo ya conocido, en sus otras obras, etc. ¿Y la experimentación, dónde queda? ¿Vamos a leer novelas o queremos leer continuaciones de estilos?

En alguna vieja entrevista que le hacen a William Faulkner, le preguntaban ¿si utilizaba una técnica para cumplir su norma?, a lo que él respondió: “Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún tajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error (…)”.

Decencia deberá juzgarse por sí misma, por la forma en qué está contando y en cómo lo está haciendo. A Enrigue habrá que agradecerle sus ganas de reinventarse, de transgredirse a sí mismo, ¿cuántos escritores se han dado el lujo de hacerlo?, pocos en México, la mayoría ha preferido usar el camino ya conocido y sobre ese contarnos diversas historias.

A mí en lo personal, me gustan los escritores que apuestan por usar distintas fórmulas. Enrigue es uno de ellos. Decencia sigue teniendo mucho de lo que es Enrigue: claridad narrativa, transparencia en sus personajes y lo que quiere reflejar en cada uno de ellos, su humor que le caracteriza; así como la capacidad para mezclar a la perfección las historias, hacer que parezcan independientes y sólo aquél lector inteligente podrá encontrar desde un inicio la unión de ambas, si no tendrá que esperarse hasta el final.

Decencia es, tal vez, una forma de responder a las incógnitas que a todo mexicano nos surgen ante la situación actual de México. Un repaso por el segundo centenario mexicano, visto a través de los ojos de un personaje: Longinos; con él se recorra al México revolucionario y luego a esta modernidad donde la corrupción, los secuestros y la violencia son el pan de cada día.

Y a lo largo de la novela, se irá respondiendo las preguntas que Enrigue -como dijo en una entrevista a El Universal-, se plantó al escribir esta novela: ¿cómo carajos llegamos aquí?, ¿cómo llegó a pasar esto en el país más importante de América Latina, que era la joya de la corona?

Y vaya que su respuesta es cruda y dolorosa. Una novela que debe leerse, si no por interés narrativo y novelístico, pues mínimo por morbo. Total en México el morbo y el amarillismo es lo que más lectores atrae ¿qué no?

Bang, bang, dijo el señor (Diario MIlenio/Opinión 06/06/11)

La sensatez culposa


A veces uno escribe con la impresión de ser irresponsable, y de pronto no se siente tan mal. Más todavía, me atrevería a decir que uno muy rara vez consigue arrepentirse de haber escrito así, por más que haya temido pagar las consecuencias o éstas le hubiesen sido cobradas con réditos. No me refiero, y ojalá esto se entienda, a la irresponsabilidad desfachatada de quien escribe importándole un pito cuidado, resultado y calidad, sino a la de quien lo hace sin reparar en el probable perjuicio que sus palabras le causarán, y acaso entusiasmado por ese peligrillo agridulce. Nada más divertido que terminar el último párrafo y hasta apretar los párpados saboreando el desmadre que quizás —¿ojalá?— se armará. Lo cual, por cierto, rara vez sucede, y esto a menudo cuando menos se espera. “Ahora sí me pasé”, dícese uno y saliva con el entusiasmo del niño que consuma una travesura. ¿Quién no quiere pasarse, de cuando en cuando?

Otras veces, no obstante, y que conste que esto no sabría escribirlo sin alguna vergüenza, uno se inclina por la opción sensata. Que consiste no tanto en decir lo contrario de lo que se desea, sino sencillamente en ser sutil. Ni modo de pasarse la vida de artillero, so pena de perderla en acato a las leyes de la probabilidad. Y eso es a lo que voy: no quiero hablar aquí de cuando que me he atrevido a escribir lo que menos parecía convenirme, como de una en la cual decidí preservarme. Ignoro si hice bien, pero debo decir que contar cierta cosa que había escuchado me pareció menos irresponsabilidad que idiotez. ¿Y qué sabía yo, finalmente, que no fueran rumores por todos conocidos y acaso por ninguno comprobados? ¿Qué tal que el caballero del cual había escuchado aquellas cosas era un alma de Dios, o un simple inocente, o nada más uno entre tantos culpables? Cosas que uno se dice para acallar esa suerte de culpa endemoniada que de pronto nos da a los inconscientes por no haber sido lo bastante irresponsables.

Los sicarios callaron


Este era un festival cultural, de esos que a todo el mundo le parecen dignísimos de encomio y habría que ser un necio para oponérseles. Los organizadores, sin embargo, temían que probables balaceras, de las que había tantas por aquellos lares, dieran al traste con el festival. De manera que no les quedó más remedio que ir a ver a un señor muy poderoso en cuyas manos se encontraban, según les explicaron los enterados, no sólo los recursos de la ley sino asimismo los del crimen organizado. ¿Es que el hombre jugaba en los dos equipos? Imposible saberlo. Pero si a él le gustaba la idea, lo probable es que nadie se atreviera a alzar una pistola en la ciudad durante todo el transcurso del evento. Y así fue: el señor opinó que el proyecto era bueno y prometió que al menos durante aquellos días incluso los malvados —y sobre todo ellos— se portarían bien. “No sé si eso me deja más tranquilo o me para los pelos de punta”, recuerdo haberle dicho, más o menos en broma, a los amigos que me hicieron saber que al amparo de aquel señor tan poderoso no tendríamos nada que temer.

Me habría gustado mucho contar aquella anécdota, pero estaban faltando un par de ingredientes. El primero, que venía a ser el más importante, era que me faltaba la certeza. Escribir lo que a uno le consta que es verdadero da una tranquilidad que le permite ser irresponsable, pero no hacerlo así provoca el sobresalto de la mala conciencia. No es igual que te den un balazo por chismoso a recibirlo por difamador. El segundo ingrediente, por lo tanto, era mi absoluta falta de disposición a recibir plomazos gratuitos. O, en su defecto, el ataque de algún equipo de abogados que en una de ésas podían hasta tener razón. No pretendo con esto ser original: igual que mucha gente dentro y fuera de los que se supone son sus dominios, me siento más tranquilo si permanezco fuera de la mira de un señor como Jorge Hank Rhon.

De facción a ficción


Ignoro en qué consiste su poder, aunque el día que vi a Demián Bichir aparecer en la serie Weeds, interpretando a un político mexicano al mando de un ejército de traficantes, no conseguí eludir el lugar común de creer que me hablaban del famoso ex alcalde de Tijuana. Nada que uno pudiera comprobar, puesto que si así fuera el hombre poderoso y temible lo habría parecido seguramente menos. La idea, sin embargo, de un señor funcionario con el poder de imponer el silencio a las armas de policías y maleantes parecía lo bastante sugerente para creer cuanto de él se contara, y eso debe saberlo Jenji Kohan, que es responsable por la creación y el sano desarrollo de Weeds. Motivo suficiente para preguntarse si, tal como sucede en la serie de Showtime, solamente desde Estados Unidos es concebible desafiar a ciertos poderosos mexicanos que aquí inspiran un miedo sobrenatural.

Me explico: cuento historias. Imposible negar la fascinación que en los de nuestro oficio inspiran personajes como Hank Rhon. Nada, al fin, me parece más entretenido que ponerme en las botas de personajes como el anónimo policía municipal mazatleco que tuvo el infortunio de echarse al plato al legendario Ramón Arellano Félix. Que perdonen los muertos y los vivos, pero ver a Hank Rohn detenido por acopio de armas es fantasear aún más en torno a la llevada y traída peligrosidad del vástago más joven de Carlos Hank González. Si en los próximos días vuelve a la libertad, creeré que su poder va más allá de todo lo imaginable. Y si pasa que permanece encerrado, merced a nuevos cargos y evidencias, no me quedará más que pensarlo un villano tremebundo. Recolectaré anécdotas, entonces, y con seguridad repetiré unas cuantas ante mis amistades, sin por ello arriesgarme a más castigo que su incredulidad. Cosa poco probable, porque en esos asuntos uno se lo cree todo. Lo único seguro es que nunca sabré la verdad pelona, y ello en el fondo me tranquiliza mucho, porque como ya he dicho soy un irresponsable. Afortunadamente no estoy solo: somos muchos quienes nos conformamos con la especulación en torno a un tema que nos pone la carne de gallina. La verdad pesa mucho, a ver quién va a querer echársela en la espalda.

jueves, junio 02, 2011

N 21° 18’ 28¨ W 157° 48’ 28¨ (Diario Milenio/Opinión 31/05/11)

En las notas que acompañan el poema que a continuación traduzco, la poeta norteamericana Juliana Sphar explica que todo se debió a su intención de explicarse un día que pasó en Francia. Había colas y gente cantando y un hombre alimentaba un gorrión y ella se puso a pensar sobre los viñedos y sobre quién es dueño en realidad de qué y sobre las divisiones que todo eso ocasiona. Luego, al regresar a casa, introdujo esas notas en aplicaciones de traducción del francés al inglés y viceversa. Así surgió esta peculiar sintaxis, este inglés extraño y retorcido con el que nos introduce a esos algunos del nosotros que vivimos en una tierra que nunca es ni será nuestra.


Somos todos. Nosotros de entre todos los pequeños somos. Somos todos. Nosotros de entre todos los pequeños somos. Estamos en el mundo. Estamos en el mundo. Estamos juntos. Estamos juntos. Y algunos del nosotros comemos uvas. Algunos del nosotros estamos todos comiendo uvas. Algunos de nosotros estamos todos comiendo. Estamos todos en este mundo hoy. Algunos del nosotros estamos comiendo uvas hoy en este mundo. Y algunos nos permitimos comer uvas. En la comedera de uvas. Nosotros de entre todos los pequeños somos lo que come uvas. En el mundo de las uvas. Comiendo uvas. Nosotros de entre todos los pequeños somos lo que come. Algunos de nosotros estamos juntos en las uvas. Nosotros de entre todos los pequeños estamos hoy en este mundo. En este mundo. Por el comer de las uvas. Para comer uvas. Algunos de nosotros nos permitimos comer uvas hoy en este mundo. Algunos de nosotros nos permitimos estar juntos en las uvas. En el mundo de las uvas. En este mundo. En las uvas. En las uvas. En sabor. En el sabor. En fermentación. En fermentación. En vino. Fuera del vino. En la fresca sólida piel. En la fresca sólida piel. En semilla. Fuera de la semilla. En humedad. En humedad. En hoy. En hoy. Estamos todos juntos en este mundo. Nosotros de entre todos los pequeños estamos juntos en este mundo. En el nosotros estamos todos juntos. En el nosotros nos permitimos estar juntos. Algunos de nosotros comemos. Algunos de nosotros nos permitimos comer. Algunos de nosotros estamos comiendo uvas juntos. Algunos del nosotros nos permitimos todos ser las uvas que se comerán juntos. En este lugar. En este lugar. En el comer. Mientras comemos. En las uvas algunos de nosotros estamos todos comiendo. En todas las innegables uvas de nosotros permitámonos dejarlas permitámonos ser lo que come. En la comedera de las uvas. Por el comer de las uvas. Somos todos hoy. Nosotros de entre todos los pequeños somos hoy. Las uvas en el comer. En el nosotros somos. En el somos. En las uvas son. Comiendo uvas. En el nosotros el mundo. En el estar juntos. Algunos de nosotros somos todos en este mundo de estar juntos comiendo uvas.


Algunos del nosotros y la tierra que nunca fue nuestra mientras éramos de la tierra. Empezó de nosotros y desde la superficie terrestre que nunca estuvo con el nosotros mientras éramos la superficie terrestre. Algunos del nosotros nos vestimos con la tierra. Algunos del nosotros cargamos la superficie terrestre. Algunos de nosotros plantamos las uvas. Y nos comimos los pliegos de la superficie terrestre. Pero fuimos hechos por la superficie terrestre, por las uvas. Las uvas de la superficie terrestre. Algunos de nosotros plantamos uvas. El verde de la superficie terrestre. Algunos de nosotros nos asentaríamos. Algunos de nosotros lo organizaríamos. Y la tierra nunca fue nuestra. Y la superficie terrestre nunca estuvo con nosotros. Y sin embargo fuimos hechos por la tierra, por las uvas. Nos comíamos las hojas de la tierra. Las uvas de la tierra. El verde de la tierra. Las hojas. Los pliegos. Y éramos de la tierra porque comíamos y la tierra nos dejó comer a algunos de nosotros. Y éramos la superficie terrestre porque comíamos y la superficie terrestre nos dejó comer a algunos de nosotros. Y sin embargo la tierra nunca fue algo de lo nuestro. Pero la superficie terrestre nunca estuvo segura con nosotros. Nunca es algo de lo nuestro. Nunca estés seguro con nosotros. Nunca será verdaderamente algo de lo nuestro. Nunca estés correctamente seguro con nosotros. Nunca será poseída. Nunca será atrapada. Y el verde de la tierra es la posesión de la tierra de nosotros. Y el verde de la superficie terrestre es la posesión de la superficie terrestre de nosotros.


La tierra es algunos de nosotros extendiendo la mano y los gorriones que la picotean al comer. La superficie terrestre está entre nosotros los que ofrecemos la mano y los gorriones la picotean mientras comen. Estamos todos en este mundo, este mundo de manos y granos, juntos. Nosotros todos los pequeños estamos en este mundo, este mundo de manos y de grano, juntos. Algunos de nosotros somos gorriones que picotean nuestra mano. Algunos de entre nosotros somos gorriones que picotean con nuestra mano. Volamos y luego hacemos nidos en nuestro dedo. Con eso controlamos luego el mecanismo en nuestro dedo. Los gorriones están picoteando nuestra mano, picoteando el grano, nuestra mano, nuestro grano, nuestra mano. Los gorriones que picotean con nuestra mano, picotean con nuestro grano, nuestra mano, nuestro grano, nuestra mano. Estamos todos en este mundo con los gorriones. Nosotros todos los pequeños estamos en este mundo con los gorriones. Con el picoteo. Con el que picotea. Estamos en esta mano, en este picotear. Estamos en esta mano, en este picotear. Somos todos. Nosotros todos los pequeños somos. Algunos de nosotros repicoteamos. Algunos del nosotros dejamos que nos picoteen. Estamos picoteando nuestra mano. Picoteamos con nuestra mano. Estamos esperando a estar llenos de grano. Queremos estar llenos de grano. Y luego comer uvas. Y comer uvas luego. Algunos de nosotros volamos sobre nuestra mano, volamos sobre nuestra mano. Algunos del nosotros nos permitimos volar hacia la mano, remontando con la mano. Algunos del nosotros estamos picoteando la mano del volar. Algunos del nosotros nos dejamos picotear con la mano del vuelo. Estamos juntos en este mundo, volando, picoteando. Nosotros todos los pequeños estamos juntos en este mundo, controlando al que picotea. Abajo en la superficie terrestre. Con el trasero en la superficie terrestre. Y luego, otra vez, volando, picoteando. El otro lado, volar, picotear.


Lo que significa asentarse. Lo que significa organizar. Para el nosotros que estamos todos en este mundo juntos. Nosotros todos los pequeños juntos en este mundo. Comer las uvas y no plantar la semilla. Comer las uvas y no plantar la semilla. Agarrarse muy fuerte. Ser agarrado fuertemente en la función. Cambiar. Cambiar. Hacer el cambio. Hacer el cambio. Cambiar la tierra. Cambiar la superficie terrestre. Arrojar la semilla. Arrojar la semilla. Para los que estamos juntos en la tierra sin embargo todavía algunos del nosotros estamos comiendo uvas, algunos picotean la mano. Nosotros todos los pequeños estamos juntos en este mundo siempre aunque algunos del nosotros comamos uvas, mientras otros picotean con las manos. Cómo moverse. Cómo moverse. Cómo moverse del asentarse en la cima al adentro. Cómo cambiar la estabilización en la cima adentro. Adoptar, no asentarse. Abrazar, no organizar. Hablar. Hablar. Haber hablado. Con el hablado. Asomarse a eso que es lo que está mal en este mundo en el que estamos todos juntos. Empujar bien lejos lo que está con lo que es incorrecto en este mundo en el cual todos los pequeños somos nosotros en unidad.