martes, julio 24, 2007

Sobre la escritura.

Escribir con afán de expresar los pensamientos, experiencia de la vida y sentimientos de manera literaria y sin que estos se conviertan en un simple y corrosivo panfleto debe ser considerado toda una responsabilidad para todo aquel individuo o individua que busca o aspira ser considerado (a) como candidato (a) a escritor (a). Pero también debe ser una meta cuyo fin sea ir puliendo poco a poco la voz con su debido ritmo. Quizá esta parte se puede disfrazar recurriendo a la utilización de una narración en 3era o 2da persona, logrando un desdoblamiento y así tomar la distancia requerida o necesaria para no volverse en el protagonista y narrador. Todos los elementos anteriores, son esenciales para crear un texto de ficción.
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Sin embargo, y a pesar de lo creído por todo el mundo, escribir no es divertido, uno no elige ser escritor. Es más, cualquiera puede ser escritor. Sólo se necesita saber escribir, tener una cierta educación tanto cultural como formativa, una que otra experiencia y atreverse a contar la forma en que cada uno se percibe en el mundo, ya desde fuera o desde dentro, como parte de este o como voz que enjuicia. Pero regreso, escribir no es un acto que uno pueda decir: ¡qué divertido, esto de escribir es como jugar fútbol! No, él o la que escribe tiene que pasar por largos procesos como lo son aprender y aprehender a conocer y convivir con sus demonios internos, entender que nunca les vamos a ganar y jamás nos van a abandonar, aprender a tolerarlos. Otro de estos procesos es emprender un viaje al abismo, ese que está lleno de más fantasmas, miedos, demonios, que huele a azufre o mierda y quizá tenga un inmerso mar de aguas negras, en este lugar uno debe no sólo sobrevivir, sino aprender a usar todos los sentidos que conforman a uno, y con toda la malicia posible salir de ese abismo. Si uno sobrevive a esto, lo demás ya es más sencillo. Probablemente la tarea más dificultosa sea hacer a una lado la cobardía innata que uno trae; porque el escritor o candidato a serlo, escribe porque no sabe hacer otra cosa y aun así no sabemos si es bueno para este asunto de la escritura. Escribe porque no saber expresarse con la boca, quizá tampoco sepa bailar ni hacer algún deporte o simplemente los asuntos más cotidianos de la vida, le son insuficientes, aburridos, mundanos. El escritor es un ser apartado de la sociedad, un inadaptado, se sienta es inventar vidas, personas, lugares, encuentros, amores y desamores, porque en su cotidianidad no existen o no le satisfacen. Escribe porque no tiene de otra, porque está y se siente sólo, porque necesita comunicarse con alguien y que ese otro se identifique, lo entienda o al menos se divierta con las historias que el escritor está contando.
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No todo es sufrimiento, el escritor, también es un ser tramposo y ruin, aprende a mentir y engañar a su prójimo. Quizá algunos desde chicos, aprendieron que eran buenos para contar historias y se volvieron adictos a ello, cuando tuvieron que recurrir a la primera mentira contada a sus padres, para salir del paso y evitar así un regaño o un castigo. Entonces inventar historias, escribir con la mente para salir del paso, se vuelve una necesidad para existir y ser, y de repente uno es lo que inventa y crea, perdiendo toda identidad.
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El que escribe aprende a ser una persona fría e inclusive contra todo principio y regla, utiliza las desgracias o alegrías de otros, aunque estos sean sus amigos, padres, hermanos o conocidos, y las toma, las viola, las hace suyas. Se vuelve un ladrón de vidas. No entiende el significado de la privacidad. Así como tampoco sabe lo que significa la compañía. A diferencia de otras actividades, las artísticas, en este caso la literatura, es un acto en solitario, donde sólo uno puede entenderse. Nadie es capaz de sacarte del hoyo cuando estás atorado ante la terrorífica hoja en blanco, por el simple hecho de que nadie es capaz de entender al desgraciado ser que escribe.
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Si a mi se me apareciera un genio de esos que salen de las lámparas al ser raspadas, o una Ada madrina como la que tiene Pinocho, le pediría que me librará de este castigo y me regresará a mis tiempos cuando solía jugar fútbol con miras a ser profesional. Porque ahí era parte de un conjunto, podías ser indispensable según tus capacidades propias, naturales, pero también de coraje. Tus penas, alegrías o desilusiones las compartías con compañeros que sí te podían entender y ayudar. Daría lo poco o mucho que tengo por volver a ser parte de algo y ese algo parte de mí. Pero aquí estoy sentando, intentando escribir y aún no soy nada ni nadie, y quién sabe si lo sea. Antes podía jactarme de ser titular prácticamente indiscutible de mi equipo y era muy difícil que alguien me sacará de mi puesto: defensa lateral derecho. Ahora escribo y no puede jactarme de nada.

2 comentarios:

Matias Nicolaci Moreno dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Samia dijo...

Alguna vez le dije a alguien que escribir era como cantar, dar a otro algo de s� mismo, desde adentro. Je, pero lo mismo puede ser v�mito que un aria sublime. El escrito esta lleno de seres indomables que lo mueven, por lo menos esa es mi humilde perspectiva.

Vaya, buen buen texto! Hab�a estado reflexionando hace algunos d�as acerca de los blogs... je, pensaba que eran como "mensajes en la botella", pero, despu�s de meditar sobre la cantidad de �stos, me dije "bueno, ahora lo extraordinario no es encontrar letras, sino encontrar letras que digan verdaderamente algo"

Gracias por compartir las tuyas, que dicen, y a veces gritan...

Te mando un abrazo Fredo!

Sam