viernes, mayo 01, 2009

El alma de América Latina-Jorge Volpi (El País/Babelia 02/05/09)

"Nadie sale indemne de su lectura", afirma Jorge Volpi sobre Las venas abiertas de América Latina, el libro de Eduardo Galeano que Hugo Chávez regaló a Barack Obama. El escritor mexicano reflexiona sobre su vigencia e imagina que el presidente de EE UU corresponda con el obsequio de Forgotten Continent, de Michael Reid.
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El gesto no es banal. Acostumbrado a protagonizar escándalos en todas sus citas internacionales, esta vez Hugo Chávez sorprende a sus detractores. En lugar de burlarse del mandatario de una república vecina, intercambiar denuestos con el rey de España o reventar los acuerdos, en la V Cumbre de las Américas se comporta con moderación, casi con mesura. A diferencia de Fidel Castro, su ídolo y maestro, quien fulmina la euforia despertada por Barack Obama entre sus colegas latinoamericanos, el presidente de Venezuela no logra sustraerse a su encanto. Poco antes, congregado con su pandilla del ALBA en Cumaná, amenazó con encararlo, pero cuando al fin lo tiene a su lado, escucha sus tersas palabras y constata el tono de su piel, decide un cambio de estrategia. Obama no es Bush e insultarlo sólo le restaría simpatías: lo único que le importa a un caudillo democrático. En un gesto de caballerosidad -y, admitámoslo, de repentina sutileza-, Chávez prefiere confrontarlo de manera civilizada. No un insulto, sino un libro. Y no cualquiera: Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Una bomba literaria que muy probablemente Obama no ha leído, pero que -seamos justos- en efecto tendría que leer.
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Podrán decirse muchas cosa sobre esta obra de culto de la izquierda latinoamericana, que es maniquea o extremista, que distorsiona o exagera, pero nadie sale indemne de su lectura: ante este abigarrado relato de las vejaciones -en su mayor parte ciertas- que América Latina ha sufrido a manos de Estados Unidos, uno no puede sino terminar escandalizado. Publicada en 1971, y elevada al inmediato rango de best seller en lengua española -setenta ediciones hasta 2007-, no esconde su interpretación marxista ni sus ataques al capitalismo y al imperialismo. Si en 1969 el Zavalita de Vargas Llosa se preguntaba en Conversación en La Catedral: "¿En qué momento se jodió el Perú?", Galeano se demoró apenas dos años en dar su respuesta para América Latina. Su horizonte teórico, la llamada "teoría de la dependencia", hacía recaer todos los males de la región en los otros: los explotadores europeos y luego estadounidenses que no han dejado de enriquecerse a sus expensas. La tesis de Galeano, defendida con pasión y singular destreza narrativa, quizás no baste para explicar nuestro subdesarrollo, pero los hechos que enumera tampoco pueden desdeñarse aduciendo su ceguera ideológica. Como pocos panfletistas de nuestro tiempo, Galeano supo poner el dedo en la llaga y, a 35 años de distancia -y a 20 de la caída del muro-, conserva intacta su capacidad de indignar.
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Imaginemos la escena: acomodado en su asiento del Air Force One rumbo a Washington, Obama toma el libro que le obsequió Chávez y, más por aburrimiento que por curiosidad, lo hojea al desgaire, lee un par de párrafos y, como le ha ocurrido a miles, queda atrapado por la un tanto engañosa pero siempre inquietante narración de Galeano. Alguien tan sensible a las humillaciones sufridas por los afroamericanos podría descubrir en sus páginas más de una coincidencia con su educación radical, y sin duda le ayudaría a comprender mejor a quienes desconfían de Estados Unidos, incluso de esa parte de Estados Unidos que, escapando a los prejuicios, le permitió convertirse en presidente.
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Las venas abiertas de América Latina no es un manual de historia sino un vigoroso panfleto, y así debe ser leído y criticado. Su pesimismo resulta indigesto -los empresarios son siempre rapaces, los gobernantes siempre corruptos, los pobres siempre víctimas-, pero en esta época en que el capitalismo sufre su propia crisis de identidad conviene no olvidar las injusticias cometidas en su nombre. Su lectura puede resultar adictiva -mérito para su autor, peligro para sus fanáticos, sobre todo si se trata de líderes populistas como Chávez- y quien pretenda tener un panorama más amplio de América Latina ha de disponer de un antídoto. Desde su aparición, cientos de libros han tratado de descalificar a Galeano, pero ninguno se ha mantenido vigente durante casi cuatro décadas (y menos escalar al puesto seis de Amazon.com).
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Alejado de las réplicas viscerales de tantos escritores latinoamericanos, en especial de esa malograda imitación de derecha, el Manual del perfecto idiota latinoamericano de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (1997), convendría oponer a Galeano el brillante ensayo del periodista británico Michael Reid, Forgotten Continent. The Battle for Latin America's Soul (2007), cuya traducción al español está por aparecer. Responsable de la sección de las Américas de The Economist, Reid tampoco oculta su perspectiva ideológica, su preocupación ante el populismo y su defensa de la tradición liberal. El título es explícito: para Reid, América Latina se ha convertido en una de las zonas más olvidadas del planeta, pues si bien los desafíos que enfrenta continúan siendo mayúsculos, no se comparan con el ascenso de China o el infierno de África. Tras revisar las distintas teorías que explican el subdesarrollo de la región -y de discrepar con Galeano con particular vehemencia-, Reid analiza el auge y la caída del consenso de Washington, critica la deriva populista de Chávez y ensalza la transformación de Chile o Brasil (y se permite ser más severo con México). Frente al pesimismo de Galeano, Reid enuncia un optimismo moderado: las democracias latinoamericanas de principios del siglo XXI acarrean un sinfín de lastres, pero la solución a sus problemas no se halla en la vía revolucionaria del pasado sino en acentuar las reformas institucionales del presente: entre estos dos extremos radica la verdadera "lucha por el alma de América Latina".
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Imaginemos un final para esta historia: de vuelta en la Casa Blanca, con unas densas ojeras al no haber podido abandonar la lectura de Las venas abiertas de América Latina, Barack Obama estampa su firma en una copia de Forgotten Continent: "For my friend Hugo Chávez". Si por una vez los dos líderes se atrevieran a conocer los argumentos del otro, y a evaluarlos serenamente, sin amenazas ni insultos, "entre iguales", sería ya un gran avance para la región.
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Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) ha publicado recientemente la novela El jardín devastado (Alfaguara, 2008. 192 páginas. 18 euros) y la recopilación de ensayos Mentiras contagiosas (Páginas de Espuma. Madrid, 2008. 256 páginas. 15 euros).

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Inger, Permutaciones-Juan Eduardo Cirlot



Inger, permutaciones : " Este poema parte del ciclo permutatorio iniciado en 1954 con las metamorfosis sobre las " golondrinas " de Bécquer. Continuó esta serie con ' El Palacio de Plata ' (1955), su reedición en 1968, ' Bronwyn, n ' (1969) - de carácter fonetista como esta obra - y ' Bronwyn, permutaciones ' (1970). La parte I de ' Inger, permutaciones ' se compone de las 120 que da el nombre Inger ( 1 x 2 x 3 x 4 x 5 ). La parte II se compone de libres combinaciones formadas con el material fónico procedente de tales permutaciones. Al margen del origen de esta técnica ( relacionada con la música dodecafónica, el Tseruf cabalístico y una zona de las matemáticas ), este poema se propone menos una función lírica que constituir una suerte de rito ante el imposible. Rito que está realizado, en verdad, en la segunda parte del poema, siendo la primera de mero carácter técnico " ( Juan Eduardo Cirlot, Prólogo de ' Inger, permutaciones ' - 1971 -. Texto extraído de la compilación poética ' Del No mundo ' ( 1961-1973 ), Libros del Tiempo ( Poesía ), Editorial Siruela, 2008 Madrid. )
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Música: ' Suite otoñal' ( 1947 ), compuesta por Juan Eduardo Cirlot. Texto recitado por Javier Maderuelo. C.D. que forma parte del Catálogo de la exposición realizada en homenaje a Juan Eduardo Cirlot en el IVAM ( Instituto Valenciano de Arte Moderno ) - Centre Julio González de Valéncia, del 19 de septiembre al 17 de noviembre de 1996 ( Generalitat Valenciana, conselleria de cultura, educació y ciència ). Edición C. D.: E.G. Tabalet, Alboraia ( València ).
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Imágenes: Casa de L' Ardiaca, Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona ( c/. Sta LLúcia, Ciutat Vella )

miércoles, abril 29, 2009

El Puebla de la Franja y las broncas financieras

Nadie lleva mascarillas en la secretaría mexicana de Salud (El País/Alerta sanitaria 30/04/09)

El Gobierno admite que los cubrebocas se repartieron para tranquilizar a la gente
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La cita promete. El hombre que, en teoría, más sabe en México del virus de la gripe porcina está dispuesto a contarlo todo. Se llama Miguel Ángel Lezana y es el director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades. Su despacho está en el paseo de la Reforma. El taxista, con la mascarilla azul cubriéndole la nariz y la boca, se abre paso entre un tráfico que, aunque más liviano porque no hay colegios y los restaurantes están cerrados, sigue requiriendo muchas dosis de pericia y paciencia. El pasajero también lleva mascarilla. Y los agentes de tráfico, y los demás conductores, y la mayoría de los transeúntes. También las llevan los soldados de un retén del Ejército dedicado, precisamente, a repartir mascarillas. La sorpresa llega cuando el periodista entra en la secretaría de Salud...
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Nadie lleva mascarillas. Ni la recepcionista, ni nadie del servicio de limpieza, ni las secretarias, ni el jefe de Prensa ni, por supuesto, el doctor Lezana. Así que la primera pregunta no puede ser otra. ¿Por qué no llevan ustedes mascarillas? "Porque la porosidad que tienen permiten fácilmente el paso de las partículas, y porque además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie". Y entonces -la siguiente pregunta también es obvia-, ¿por qué han repartido millones de mascarillas? "Bueno, es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño". La declaración del funcionario no deja de ser sorprendente, sobre todo porque, durante los primeros días del brote, la población asistió angustiada a la escasez de mascarillas, y los políticos en tropel -en vez de hacer el discurso de Lezana- se lanzaron a prometer mascarillas como si en ellas estuviera la salvación.
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Lezana explica entonces que el virus sólo es capaz de vivir en el aire cuestión de segundos, pero que donde sí se hace fuerte es sobre los objetos. "Si yo tengo el virus y estornudo sobre la grabadora, el virus puede permanecer ahí 24 e incluso 48 horas. Si usted luego la toca y se lleva las manos a la boca, a la nariz o a los ojos, se puede contagiar. Por eso lo importante es lavarse mucho las manos, limpiar mucho los objetos que otras personas han tocado".
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Miguel Ángel Lezana explica la historia del brote. O, mejor dicho, de los tres brotes de los que tuvieron noticia. Dice que uno de ellos se localizó en el Estado de Veracruz, en una localidad llamada La Gloria. Se inició el día 9 de marzo y concluyó el día 10 de abril. Un 30% de la población resultó afectada, pero -en contra de lo que sostienen algunos moradores del lugar- no se produjeron defunciones. La noticia de otro brote llegó el día 12 de abril. Una mujer de 39 años de edad, encuestadora de profesión, fue ingresada en un hospital y falleció al día siguiente. La paciente llevaba varios días de médico en médico. De forma simultánea, al Gobierno empezaban a llegar noticias alarmantes del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias. Estaban ingresando un alto número de adultos jóvenes, previamente sanos, con una neumonía que evolucionaba rápidamente. Al menos cuatro habían fallecido a las pocas horas... Por si fuera poco, el día 21 tuvieron noticias de que dos niños en California -un crío en San Diego y una niña en el condado de Imperial Camping- habían desarrollado un cuadro de gripe.
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El día 23, el Gobierno dio la alerta sobre un brote de influenza. ¿Es posible que no existieran vínculos entre los brotes? ¿Que se desarrollaran de forma independiente y simultánea? "Es imposible" ¿Tiene que haber vínculos humanos? "Exactamente. Los virus requieren de la maquinaria genética para poder reproducirse. Tuvo que haber contacto". Dado que La Gloria, en Veracruz, es el único lugar donde hay una explotación de cerdos, ¿es posible que todo esto empezara allí? "La granja está a 80 kilómetros. No está en el pueblo". ¿Por qué están muriendo los jóvenes? No tenemos idea de lo que está pasando. Tenemos una hipótesis: están resistiendo mejor niños y ancianos porque fueron vacunados contra la gripe". ¿Cuántos casos hay confirmados? "Plenamente, siete". Pero el Gobierno ha venido repitiendo que había 20 confirmados y 170 sospechosos... "Tenemos un problema de comunicación".

martes, abril 28, 2009

Cuando todos éramos artistas visuales

Diario Milenio-México (28/04/09)
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No lo sabíamos, por supuesto, pero todos aquellos que escribimos alguna vez a máquina, colocando el papel cuidadosamente en un rodillo y presionando las ruidosas teclas con una fuerza que no pocas veces dejaba adoloridas las yemas de los dedos, fuimos también artistas visuales. Va mi argumento.
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La máquina en cuestión, la que era de escribir, parecía un animal antediluviano. Ya no era en efecto la mole aquella en color negro creada a inicios del siglo XX debido al aumento de trabajos de oficina que, una vez colocada en su sitio, resultaba imposible mover, pero comparada con nociones de peso contemporáneos, incluso los modelos anunciados como más ligeros, aquellos diseñados con efectos de movilidad, eran en realidad bastante pesados. Poco importaba eso, sin embargo. Si a uno le gustaba escribir y había que entregar algún manuscrito, allá iba uno con su Letrera 33 de un lado para otro: de los salones de clase a los parques, de la casa de algún amigo a la cabina del tren (había trenes entonces, y cabinas dentro de ellos). El proceso en general recibía el nombre de “pasar a máquina”, suponiendo, como solía ser el caso, que toda escritura era primero realizada a mano —en sucio— para luego sujetarse a varias revisiones antes de llegar a la limpieza del aparato mecánico. Mecanografiar: pasar en limpio. Escribir era, pues, escribir demasiado. Escribir era estar escribiendo todo el tiempo. Escribir era estar corrigiendo.
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El proceso daba inicio con la selección del papel. Nadie que yo conociera compraba paquetes de 500 hojas (no sé si existían en el mercado al menudeo) en grandes y pulcros almacenes de artículos para oficinas. Lo que hacíamos entonces era ir a la papelería de la esquina que, con suerte, era uno de esos comercios viejísimos, con grandes estantes de madera, donde un dueño permanentemente encorvado guardaba con algo de misterio sus múltiples tesoros: estampillas, borradores, tintas, papel. Había que tocar el papel, examinarlo. La textura, el porcentaje de algodón, el grosor. De ser posible, había que aproximarlo a la nariz para aspirarlo. La prueba de los sentidos. Habiendo tomado una decisión, uno salía con 25 o 50 piezas dentro de una pequeña bolsa de plástico.
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Para mecanografiar había, pues, que colocar el papel entre los rodillos de caucho del carro de la máquina y, luego, había que apretar la palanca que liberaría la hoja sólo lo suficiente para poder emparejar sus esquinas de manera manual. El carro se movía de derecha a izquierda por medio de un muelle (resorte) al tiempo que se oprimían las teclas; el movimiento estaba regulado por un mecanismo de escape, de forma que el carro recorría la distancia de un espacio para cada letra. El carro volvía a la derecha por medio de una palanca, que servía también para girar el rodillo a un espacio de una línea mediante una carraca y un trinquete. Las líneas de linotipia estaban colocadas en círculo; cuando una de las teclas, dispuestas en un teclado en hilera en la parte frontal, era oprimida, la línea de linotipia correspondiente golpeaba contra la parte inferior del rodillo por acción de la palanca. Una cinta entintada corría entre la línea de linotipia y el rodillo, y el carácter, al golpear esta cinta, efectuaba una impresión en tinta en el papel que estaba sujeto sobre el rodillo. La cinta se transportaba por un par de carretes y se movía de forma automática después de cada impresión. Repartida en dos únicos colores, el negro y el rojo, la cinta era en realidad una amenaza de huelga.
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Entonces empezaba el apretar de las teclas. Y entonces daba inicio el ruidazal. A medida que avanzaba el párrafo, la habitación se iba llenando de una tonada estridente que no dejaba de tener su ritmo secreto. Entre el cuerpo y la máquina: el sonido. A eso se le agregaba muchas veces la voz de la escribiente que, acostumbrada a utilizar tantos sentidos como le fuera posible, no dudaba en agregar la enunciación de la palabra que quedaba en el papel. Pequeña pieza de música de cámara y tecnología con cuerpo.
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Entre el ruido de las teclas, especialmente si el mecanógrafo era veloz, brotaban de cuando en cuando los errores. No se podía regresar y borrar sin que quedara huella del acto. No había una tecla que anunciara delete, en inglés. Había que detenerse en seco, desenrollar un poco la hoja para que, ya liberada, fuera posible pasar la pequeña brocha que, saturada de un líquido blanco, cubriría el error. Yuxtaposición en el tiempo. Palimpsesto. Luego, había que esperar a que el líquido secara y entonces, y sólo entonces, era posible enrollar la hoja otra vez y continuar con el proceso. Con el tiempo, la brocha fue sustituida por diminutos papeles correctores que se colocaban sobre la letra equivocada para que la tecla la volviera a marcar, esta vez en blanco. Equivocarse era, siempre, equivocarse dos veces.
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El trabajo más artesanal, el que requería de mayor maestría e imaginación, el que nos daba el título de artistas visuales por derecho propio era, sin duda, colocar los pies de página. No había, por supuesto, una función especial en el entramado de la máquina de escribir que ayudara con eso. Había que diseñar el espacio del papel, componerlo. Había, pues, que interrumpir el párrafo y calcular (que era imaginar) cuántas líneas sobrarían y cuántas, por otra parte, ocuparía escribir el nombre del autor y el título del libro del que se había tomado la cita textual. Un error aquí, en esta parte baja de la hoja, tenía consecuencias fatales. Si la hoja se liberaba de improviso del carrete, cosa que era muy posible porque recuérdese que no había manera de ver dónde terminaba, resultaba extremadamente difícil volver a alinearla con precisión. Si se había calculado mal y no había ya espacio para incorporar todos los datos requeridos o si por casualidad se colaba un error en esas últimas y peligrosísimas líneas, entonces había que empezar otra vez. Desde el principio. Todo. Sísifo en ciernes. Así las cosas, 25 o 50 veces, antes de regresar una vez más a la papelería y aspirar el olor de los viejos objetos encantados. Antes de salir con la pequeña bolsa de plástico pegada al pecho, ensoñando.
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Enrollar la hoja, emparejarla, apretar la tecla. Dar inicio

Lo que llega a los correos electrónicos, buscando hacernos pensar

El jueves por la noche el señor Calderón dio un mensaje a la nación diciendo que se había dado un brote de influenza porcina la cual es un virus "nuevo e incurable" y que ya había causado varios muertos, de inmediato dijeron: no salgan a la calle, no vayan a la escuela, al cine, a los antros, etc. Pero jamás dijeron: "No tengan miedo". Claro, si es lo único que buscan (muhajajaja).

Leyendo un poco y por supuesto, no escuchando toda la bola de sandeces que dicen en la televisión, encontré por ejemplo que el virus es el mismo que apareció hace unos años y fue conocido como la "Gripe Asiática", lo cual se trato de una cortina de humo para ocultar la grave situación económica que se vivía en Asia en esos momentos. ¡CHEQUEN ESTO!:

La situación en México es similar, el mismo jueves por la noche el Senado de la República estaba aprobando la iniciativa de ley para legalizar las drogas, con lo que se permite la portación de dosis mínimas de marihuana, cocaína, opio, cristal y otras drogas; perdonen mi falta de atención, pero no he visto en ningún noticiero que hayan hablado de esto y la ley será puesta en aprobación por la cámara de diputados el día de mañana (martes 28).

¿Nada grave verdad? Pues otra de las leyes que se aprobaron el jueves 23 es la "ley de La Policía Federal" con la cual se le otorgan, entre otras cosas se aprueba lo siguiente:

La utilización de agentes policiales sin uniforme en los casos en que lo amerite alguna investigación. (¡Bravo! policías encubiertos, "civiles" armados, más robos y secuestros impunes) La intervención de las llamadas telefónicas. (Adiós privacidad).

La policía federal ahora podrá intervenir e incluso retener los correos electrónicos si así lo requiere. Se les otorga toda la facilidad para solicitar a las empresas privadas información personal de sus clientes para los fines de su investigación.

La corporación realizará acciones de vigilancia, identificación, monitoreo y rastreo en la Red Pública de Internet sobre sitios web, con el fin de prevenir conductas delictivas. (O mejor dicho para prevenir golpes de estado, marchas, movimientos civiles, etc. No olvidemos que el centenario de la Revolución esta a la vuelta de la esquina).

Por otra parte, el 18 de abril, el Fondo monetario internacional aprobó un crédito de 47,000 millones de dólares que solicito el gobierno de México para afrontar la crisis, si 47,000 millones, o sea U$47,000,000,000 o bien $658,000,000,000 de pesos mexicanos, en un plazo de un año, esto significa que si había deuda externa, ahora la hay y en grande, pero como siempre el que paga es el pueblo, pero regresando al tema, los noticieros solamente dieron la noticia, no hablaron del riesgo que significa un préstamo de tal magnitud ni cómo afecta a la población.

Y la última razón para haber creado tal psicosis por una enfermedad curable es esta:

El presidente Obama hizo una visita a México el 16 de abril, ¿de qué se hablo? Algunos dicen que de seguridad nacional, lo cierto es que Obama venía a cerrar un trato (El comando Norte) con el que se acepta que militares estadounidenses entren a México y poco a poco se apoderen del territorio, de los pozos petroleros y de las reservas de los mantos acuíferos. ¡Carajo! ni el mismísimo Antonio López de Santa Anna.

Todo esto bien pudo haber sido el causante de algunas marchas, cierres de carreteras, movilizaciones civiles, e incluso levantamientos armados por parte del Narco, pero todo fue aplacado por la curiosamente oportuna Influenza, tan oportuna que hizo que las dependencias de gobierno (los sindicatos) no laboraran; la gente no saliera a las calles y por lógica no comentara nada. Lo único que podían hacer era quedarse en casa sin otra opción que prender la televisión y cada 15 minutos ver algún spot para prevenir la influenza, y cada 2 o 3 horas algún noticiero hablando todo el tiempo de lo mismo.

Ahora bien, ¿es una Epidemia o un terrorismo de Estado?
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El pasado 2 de abril durante la reunión del grupo de G7 integrado por EU, R. Unido, Canadá, Alemania, Italia y Japón se dieron 2 conclusiones fundamentales.

1- La economía mundial necesitaba un cambio
2- El FMI. Destinaria 500,000 millones de dólares para ayudar a las economías emergentes, (países pobres dispuestos a colaborar) pues bien los dados estaban en el aire.
3- Luego vino la reunión privada del presidente Obama y Felipe Calderón el 16 y 17 de abril.
Sorpresivamente el jueves 23 de abril el presidente de México convoco a una reunión de emergencia con su gabinete, y por la noche el secretario de salud José ángel córdoba Villalobos anunciaba en cadena nacional la aparición del virus de la influenza, y las medidas inmediatas como la suspensión de las clases a todos los niveles en el DF y el estado de México.

El 24 de abril el G7 declara la economía mundial debería ponerse en marcha este año y que se lanzarían todas las acciones necesarias.

Finalmente lunes 27 de abril la empresa farmacéutica Sanofi Aventis anuncia que inyectara 100 millones de euros en una nueva planta de vacunas y donaría 236,000 dosis a México como apoyo al control de la enfermedad.

De todo lo anterior veamos lo siguiente:

1. Desde hace más de 2 años la industria farmacéutica a nivel mundial tenía problemas financieros por la baja en la venta de medicamentos.
2. Si no creas guerras crea enfermedades (la economía mundial debería ponerse en marcha).
3. México perfecto trampolín para lanzar la enfermedad, de aquí saldrían turistas a diferentes partes del mundo, curiosamente los países que reportan enfermos que estuvieron en México, y que están reforzando su cerco sanitario son los países que integran el G7 que raro.

Lo que pasara esta semana que viene. Muy probable la suspensión de actividades en todas las empresas del DF y Estado de México, ya las clases se suspendieron hasta el día 6 de mayo, donde el gobierno hará un análisis de la farsa y vera conveniente el que siga, o la declaración tan estudiada "gracias a las medidas que se tomaron a tiempo y el apoyo de la ciudadanía pudimos controlar la enfermedad".
4. Ponte a pensar de que se está hablando a nivel internacional ahora ¿del virus o de la crisis financiera? Esto de antemano es un alivio para el banco mundial y las bolsas del mundo.Distribuye este correo a todos tus contactos no se vale nos quieran ver la cara como lo han hecho en el pasado, (chupacabras, ovnis, leche contaminada etc.)

Y si puedes saca copias para la gente que no tiene internet, esta gente como siempre es la más afectada, mira los noticieros y las ventas de las farmacias se ha incrementado y el costo de los cubrebocas ya llego a 7 pesos imagínate las risas de quien esto orquesto al ver a la gente con cubrebocas.

Si alguien debate que con el paro México perdería mucho pues no, para eso es el fondo que destino el FMI, e imagínate las ganancias de la farmacéutica a nivel mundial, y como lo acaba de anunciar el Secretario de Economía de México por dinero no paramos para combatir la enfermedad, y por último los empresarios considerarían este paro un alivio y muchos vivales como siempre pagaran la mitad a sus empleados.

El presidente anuncio que la enfermedad es curable, y siempre nos manejan cifras a medias ¿donde están los muertos y donde están concentrados los enfermos?, Yo anexo los siguientes puntos:

1. Si realmente es tan contagioso, ¿cómo y donde están las familias de los muertos?2. Si la influenza porcina es una mutación del virus original de los cerdos, entonces el brote de la infección debería haber comenzado en el campo y no en las ciudades.
3. ¿Por qué no han mostrado una entrevista con algún enfermo? (he visto que entrevistan a familiares, diciendo que su familiar está enfermo y que ya está estable gracias a los medicamentos, ¿pero si el familiar ha estado en contacto directo con el virus que lo lógico no es que esté enfermo o en cuarentena?)
4. ¿Por qué no han dicho el nombre del retroviral que esta “curando” a la gente enferma?

lunes, abril 27, 2009

Miembros, miembras y calambres

Diario Milenio-México (27/04/09)
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Confusos pero corteses
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Hasta donde sabemos, sólo las matemáticas conocen la perfecta equidad. En los demás terrenos, campean a menudo desigualdades, desequilibrios y toda suerte de afines despropósitos. Lo cual parece desconsolador, en especial a ojos de esos fanáticos de la equidad forzada cuya utopía última es un mundo perfectamente arrebañado; aunque al final la inequidad total es tan esclavizante como la equidad perfecta. ¿Quién va a querer vivir a expensas del imperio de las variables, o bajo la presión total de las constantes? El hecho, sin embargo, es que la promoción de la igualdad, en especial allí donde menos se le precisa, concede al promotor un rango moral que al cabo le da acceso a privilegios inigualables, valga la expresión. Ya puedo imaginar la mano igualadora que ahora mismo caería sobre el presente párrafo y extendería a su cucho entender el alcance del mismo, pues he aquí que recién me he referido al promotor, cuando debí haber sido igualitario y escribir promotor o promotora. ¿O es que quiero ser visto como un macho de mierda?
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Tal vez todo empezó con el primer zopenco que empleó la socorrida expresión señoras y señores, redundancia en teoría caballerosa que para el caso nunca debió pasar del damas y caballeros. Pues como bien sabemos, el término caballeros no incluye a las damas, y viceversa. ¿Por qué digo que el orador de marras era un zopenco y no una zopenca? Amén de suponer, dando cuerda un instante a la causa igualadora, que la cultura machista bajo la cual crecimos debió de producir antes oradores que oradoras, me atrevo a suponer que el lector —y entre éstos las lectoras, que como es evidente me interesan más— no precisa de redundancias tartufescas para entender que me refiero igual a una mujer que un hombre, y para el caso qué más puede importar, si al fin ni idea tengo de su identidad. Si al hablar o escribir tengo que detenerme ante cada probable inequidad lingüística, voy a acabar más ocupado en hacer caravanas domingueras que en abordar la substancia del tema. Al final, lo único claro será mi buena educación.
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Del cumplido al calambur
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En una de sus primeras declaraciones públicas como ministra española de Igualdad, Bibiana Aído se acomodó en la agenda cultural de su país —posicionarse, que le llaman— como una terrorista gramatical, no bien tuvo la justiciera ocurrencia de acuñar ante cámaras y micrófonos el término miembra. Una expresión graciosa de raíz, que a más de uno tal vez le suene un poco a falo de transexual, y a otros —esto es, no únicamente a otras— les anime a acuñar el término integranta. En un país donde —inmunda coincidencia— las agresiones domésticas arrojan cifras espeluznantes de mujeres golpeadas, cuando no asesinadas por maridos palurdos y trogloditas —no sé si debería decir trogloditos—, siempre será más fácil hacer justicia con las puras palabras. Que no se diga que quien se halla a cargo no se dispone a ir lejos en el combate contra el sexismo.
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Hasta donde recuerdo, en los primeros años de la adolescencia se burlaba uno de los compañeros incautos invitándoles a probar de un hipotético postre de miembrillo. Si el otro no entendía, o pasaba por alto la letra sobrante, quedaba uno además como ingenioso. Se retorcía el lenguaje para jugar con él, y así tras los miembrillos venían los tecojotes, seguidos de otras frutas no menos agresivas para la hombría virtual del interpelado, que en todo caso se defendía recurriendo a la rauda perversión de una fórmula clásica de las buenas maneras. ¿Mame usted?, preguntaba y se ponía a salvo, por el momento, en su camino al trono de los machos frustrados pero risueños. Desde entonces y hasta hoy, retorcer el lenguaje por cortesía extrema y desmedida es no sólo un afán ridículo y vacío, si también sirve de amplia coyuntura para hablar de sí mismo con la siempre aromática vanidad de los falsos humildes —de ambos sexos, se entiende—. Hablar a compañeras y compañeros, igual que a mexicanos y mexicanas, no es echar mano de una virtud justiciera, como de una herramienta cosmética. Elude uno decir lo que en el fondo piensa para que quienes le oyen piensen bien de uno. Equidad de antifaces en el festín de l@s buen@s concienci@s.
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La justicia del diablo
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No exageré en el barbarismo precedente. Ya espero con penosa resignación el momento en que a las changarras descubiertas por Carlos Marín les sigan los conciencios, tan hombrecitos ellos, y algún iluminado nos ilustre sobre la mejor forma de pronunciar la arroba con la que tantas plumas obsequiosas se lucen dirigiéndose a sus amig@s, como si los cariños en verdad entrañables necesitaran de esas precisiones. ¿Habría que decir amigaos, amigoas, amigues, amigs? ¿Y si para expresar lo mucho que valoro su amistad, ya entrado en el abuso de los signos, escribiera mejor amig$? Parece idiota, claro. Lo es, como toda mentira transparente. Pero pasa con estas cortesías gaznápiras que su repetición inmisericorde hace ver mal a quien no acude a ellas, si ya en el auditorio se multiplican las sensibilidades comisarias, dispuestas a apuntar con el dedo al malvado insensible que se atreva a esquivar el protocolo de la redundancia. Más que a un puñado de amistades de ambos sexos, se diría que quien habla se dirige a un gentío acomplejado, resentido y regañón. ¿No sería más cortés empezar asumiendo que se habla ante personas inteligentes?
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La perfecta equidad supone subsistir cada uno en su casa de cristal, como en la alegoría de Kundera. Ser transparentes todos, por decreto. Dejar que nuestros dichos y hechos nos avalen, y por tanto mostrarlos a quien quiera mirarlos o se interese por fiscalizarlos. Vivir sonriente y a la defensiva, una mano en la boca y otra en la retaguardia. Lanzarse a destacar por igualitario en el reino de los tartufos impecables. Ya nunca más torcer el lenguaje para jugar con él –no sea que se lastime a algún hipersensible presente, o bien ausente, o bien imaginario– sino sólo para aplicar justicia en la gramática. Una utopía infernal en cuyo edén han desaparecido casi todas las letras, excepto las precisas para repetir: beeee.

El filántropo

Diario Milenio-México (27/04/09)
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No, no fue un altruista. No construyó hospitales ni rescató niños de la calle ni instituyó bolsas de trabajo. Tampoco fue mecenas de artistas (a no ser de sí mismo, artista que vale por dos pues dos talentos tuvo: la escritura y la pintura). Si me aventuro entonces a decir que Ludwig Bemelmans fue un filántropo es sencillamente porque le gustaba la gente y porque su obra —la literaria como la pictórica— refleja un talante indulgente, un temperamento fundamentalmente bueno pero nunca bonachón. Y es que fue todo menos un simple o un cursi.
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Cuando digo que fue todo menos eso no hablo por hablar. En efecto, en sus dos ramas de elección, Bemelmans lo hizo todo. Escribió cuentos infantiles y crónicas de guerra y crónicas del gran mundo y novelas dulcemente satíricas y hasta un guión de cine. Pintó portadas de revistas y oleos que colgaron en galerías y murales para alegrar las paredes. (Alegrar es justo la palabra: un Bemelmans —ya hecho de letras, ya de pinceladas— es siempre alegre.) Y, en el camino, celebró el espíritu humano, no con pompa ni con solemnidad, no con ñoñería ni con condescendencia, sino con humor sofisticado pero también ingenuo y juguetón, con plena consciencia de la falibilidad de las personas (y sobre todo de los grupos de personas) pero también del carácter eminentemente entrañable de los seres humanos.
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Su padre, el belga Lambert Bemelmans, habría de ser un pintor de mediano éxito. Ludwig, sin embargo, no comenzó por seguir los pasos de su progenitor dado que su contacto con él no fue sino escaso (en 1904, cuando el crío tenía seis años, Herr Bemelmans se fugó con la sirvienta); así, dejó su Austria natal de la mano de su madre, una alemana, y no regresó a ella sino adolescente, cuando comenzó su aprendizaje como mesero en el hotel de un tío.
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Uno de sus libros más divertidos —porque se trata, ante todo, de un humorista— lleva por título Hotel Bemelmans y la cosa se comprende: el hombre fue educado para hotelero y por tal avenida profesional intentó transitar primero en su país y después en el Ritz-Carlton de Nueva York, a donde habría de enviarlo su familia a edad temprana en razón de una disposición presuntamente incorregible. Por suerte, fracasó. Le gustaba hacer dibujos —caricaturas, sobre todo— y con frecuencia tomaba como modelos a los clientes del comedor y los retrataba en el anverso del menú. Hasta que el gerente lo sorprendió y lo despidió… pero no sin antes recomendarlo a un amigo suyo galerista, que le procuró sus primeras comisiones como ilustrador.
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Un vistazo a las portadas de Bemelmans para el New Yorker ayuda a captar el espíritu de su obra toda. En la mayoría, hordas de gente aparecen empecinadas en una sola cosa (montar a caballo, bailar en un cabaret, esquiar en nieve), ignorantes de la mirada de divertido azoro de un tercero, a menudo representado con la pechera blanca y la pajarita de un mesero. “Están todos orates”, parece decirse el testigo ante la escena de desmesura; en su actitud, sin embargo, hay más de ironía benevolente que de diagnóstico psiquiátrico o de juicio moral.
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Ya pinte, ya escriba, Bemelmans parece ver el mundo siempre con esa mirada crítica pero generosa. Así la serie de libros infantiles en torno al personaje de Madeline —su más famosa creación, llevada al cine en 1998—, una niña de unos siete u ocho años que encuentra deleite en las peculiaridades de sus compañeras de internado, en las pataletas de su vecinito español (es el hijo malcriado del embajador) o en su propia apendectomía. Así su único guión filmado (Yolanda and the Thief, dirigido por Vincente Minnelli en 1945), en el que Lucille Bremer encarna a una heredera atolondrada pero tan linda de alma como de faz y de figura, enamorada de un Fred Astaire maleante que se hace pasar por su ángel de la guarda para estafarla. Así, finalmente, en los murales que a la fecha adornan el Bemelman’s Bar del Hotel Carlyle de Manhattan, escenas socarronamente costumbristas de la vida neoyorquina en las que son perros y conejos quienes beben martinis y hacen días de campo en Central Park.
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Hoy que este artista más o menos olvidado cumpliría 111 años –hermosa cifra– vale la pena recordar el epitafio que en vida dijo le hubiera gustado fuera suyo y que la posteridad escatimó a su tumba: “Tell them it was wonderful” o, en español, “Díganles que fue maravilloso”.
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Quienes lo admiramos nos damos por enterados.

La Quintacolumna -Mario Alberto Mejía (Diario El Columnista-Puebla27/04/09)

De Cómo los Marranos nos Trajeron la Influenza

Que curioso que fue en México donde se dio el primer brote de la denominada Influenza Porcina.((Porcina, ya se sabe, viene de puerco, marrano, cochino, cerdo).Las autoridades sanitarias dicen que si uno come carne de puerco no sufrirá daño alguno, pues este mal sólo se transmite si uno le da la mano o un beso a alguna persona infectada por el virus.O si uno se deja estornudar en la cara por un agente secreto de la Influenza.(El presidente Calderón, de paso por Oaxaca, dio una lección de higiene, pues en una rueda de prensa admitió que él y sus funcionarios ya no se saludan de mano ni de beso. Es más: ya ni se saludan).Sin embargo: el periodista Jaime Avilés dijo el sábado en su Desfiladero de La Jornada que la agencia alemana de prensa, Dpa, dio a conocer que el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CCPE) de Estados Unidos reveló que “desde diciembre de 2005 hasta febrero de 2009 se han confirmado 12 casos de humanos infectados con el virus de influenza porcina; todos, excepto uno, en personas que habían tenido contacto con cerdos. No hay evidencia de transmisión de humano a humano”. Quien esto escribe ha tenido contacto recientemente con dos cerdos y una marrana, y hasta el momento no ha tenido señales de influenza, aunque sí –debo admitirlo- de una influencia desmedida.Además: quien esto escribe se comió en esta semana tres pozoles de cabeza de cerdo(uno rojo, uno blanco y uno verde) y diez tacos de marrano (cinco de cueritos, tres de buche y dos de cachete), sin que hasta el día de hoy se hayan presentado signos ominosos.En pocas palabras: es mejor seguir el consejo del presidente Calderón y dejar de saludar al Gabinete entero.

+++Termino con dos citas sobre los marranos: “He de humillar a los hombres en público. Estoy echando fuera mi odio contra mi padre por dejarme por mi madrastra después que murió mi madre. Por una parte podrían decir que estoy convirtiendo a los hombres en cerdos; por otra parte estoy obligando a los hombres a comportarse en formas que se supone que no deben hacerlo. Si quieren llevar un sostén, pueden llevar un sostén. Si quieren llorar, pueden llorar. Si quieren besar a otro hombre, les doy permiso para hacerlo. Tengo a esos hombres a los que he castrado llevando sostenes y que me asisten y me ofrecen sexo. Pero en último término me gustaría estar sola y masturbarme...”Madonna (entrevista en TIME)
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+++PREGUNTAS SOBRE LOS CERDOS E IMPRECACIONES DE LOS MISMOS¿Existe otro animal que nos dé tanto?JOVELLANOS
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¿Por qué todos sus nombres son injurias?
Puerco/ marrano/ cerdo/ cochino/ chancho.
Viven de la inmundicia. Comen, tragan
(porque serán comidos y tragados).
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De hinojos y de bruces roe el desprecio
por su aspecto risible, su lujuria,
su fundado temor de propietario.
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Nadie llora al morir más lastimero,
interminablemente repitiendo:
-Y pensar que para esto me cebaron...
Qué marranos/ qué cerdos/ qué cochinos...
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+++Un Correo Lleno de Influenza
“En relación a que no hay casos detectados de influenza porcina en puebla capital, me permito informarle que ha habido más de 50 muertos por dicho virus, nada más que las autoridades son unos irresponsables, empezando por el titular de la secretaría de salud. Para verificar esto únicamente tiene que acudir a la clínica del IMSS san josé en la cual se encuentran actualmente 10 pacientes infectados con dicho virus entre ellos una aeromoza.”

domingo, abril 26, 2009

Más opiniones alrededor de la Influenza

La siguiente nota la escribió Paola Tinoco en su facebook. Ora visión interesante que sin duda nos invita a analizar las cosas.
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Influenza o la cultural del miedo-Paola Tinoco
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Como ya estábamos demasiado acostumbrados al drama de la crisis, como nuestra atención ya no está fija en la alza o baja del dólar porque desde que se posó en los trece y tantos pesos ya muchos están tranquilos, había qué ponerle drama al momento y gracias al mutado virus Influenza (que primero era cosa de pollos, patos y codornices y ahora es cosa de cerdos) lo tenemos: gente por las calles repartiendo cubre-bocas azules, personas aceptándolos y poniéndose ese uniforme paranoico.
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El taxista que me trajo de la oficina a casa tenía uno de ésos y para mi fortuna, seguía las instrucciones que le daba sin tratar de charlar. Hoy me pasó eso con dos taxistas y aunque fue raro definitivamente lo agradezco. Lo curioso vino cuando llegó el momento de pagar e intercambiamos billete por monedas de cambio. No volteó a verme, torció el brazo para darme el dinero sin hablar directamente y luego se limpió las manos con un desinfectante. Ahora entiendo que el otro taxista no me hizo la plática porque sencillamente no quería que compartiéramos el más mínimo aliento, ni de lejos, por si acaso.
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Aún no sé qué pensar sobre esto. Bien puede ser un “chupacabrazo” que distraiga la atención del verdadero golpe que será una devaluación de marca registrada, o de las maniobras del PRI y el PAN, que sin hacer mucho ruido, van ganando terreno al interior de la República con su campaña anti-aborto para contrarrestar las reformas constitucionales aprobadas hace casi dos años y que otorgan el derecho a elegir a las mujeres con un embarazo no deseado. ¿Serían capaces de promover este escándalo paranoico por salirse con la suya? SEGURO, si son capaces de defender “la vida desde su concepción aunque ésta haya sido irresponsable y el producto vaya a tener una vida de perros, las creo capaces de todo.
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O quizás de verdad hay una epidemia. Lo cierto es que en mis 34 años de vida no había pasado algo semejante en la Ciudad de México. Nunca se interrumpió la programación de la TV para que el Secretario de Salud anunciara un estado de alarma brincándose la posible intervención de los representantes de los Estados afectados (jefe de Gobierno del DF y Gobernador de Edomex) y jamás vi a nadie obsequiando cubre-bocas en la calle. Ningún taxista me había dado el cambio sin mirarme aunque sea a las manos y esto solo me demuestra que la cultura del miedo vuelve a hacer de las suyas ¿será verdad? ¿será mentira? ¿será el chupacabras del otro día?

De "Elliot Ness" a "Doctor House"... (Ombloguismo-Guillermo Vega Zaragoza)

A continuación un texto que aparece en blog de Guillermo Vega Zaragoza y se me hace muy apropiado a lo que está ocurriendo en México en estos días.
Aunque uno debe preocuparse por esto de la Influenza porcina, también hay que analizar bajo qué contexto se están dando las cosas.
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Aventuro mis hipótesis acerca de la manera tan "peculiar" en que se está manejando lo de la emergencia sanitaria por la epidemia de influenza:

1) Hipótesis 1: En verdad, los que nos desgobiernan son unos ineptos que no saben cómo manejar una situación que se les está saliendo o ya se les salió de las manos, y suspendieron las clases y eventos multitudinarios para ganar tiempo y evitar que se expanda el virus, en lo que encuentran una solución.

2) Hipótesis 2: En realidad, la cosa no es tan grave, pero el gobierno de Calderón ha decidido aprovechar la coyuntura para distraer a la opinión pública sobre la deplorable batalla perdida contra el narco y busca reposicionarse en el imaginario colectivo, ya no como el "Elliot Ness" del combate al crimen, sino como el "Doctor House" que nos va a salvar de los gérmenes malignos. En sus declaraciones ante el Consejo Nacional de Salud, Calderón ha dicho que "el gobierno está consciente de la seriedad del brote de influenza" y que "ha tomado medidas para proteger a la población".

3) Hipótesis 3: Aprovechar la coyuntura para sacar a la soldadesca a las calles de la Ciudad de México y el Estado de México (ya lo hizo hoy: el Ejército inició hoy un plan de auxilio a la población civil en el DF; el operativo contempla el despliegue de 180 efectivos a bordo de 12 camiones tipo comando, que se distribuirán en seis puntos de la Ciudad de México) con el pretexto de "ayudar a la población". Luego algo sucederá: la cosa "se pondrá peor" o habrá algo que hará que los militares entren en acción. Es más: los medios y la población pedirán que el Ejército se haga cargo de la situación.

Entonces los militares ya no regresarán a los cuarteles en un buen rato...

De cualquiera de las tres, la cosa está de la rechifosca...

Por lo pronto, les recomiendo que lean o, por lo menos, se enteren de que trata el libro de Naomi Klein, La doctrina del shock, en que establece que la teoría del shock en los individuos (como cuando los pacientes con problemas mentales eran reducidos mediante electroshocks) funciona de la misma manera con sociedades enteras. El shock puede ser un desastre natural, un ataque terrorista, una guerra (o una epidemia), lo que nos convierte a todos en niños desorientados en búsqueda de líderes que nos protejan.

Después del shock, los individuos se muestran más propensos a obedecer. “El estado de shock es temporal por definición, y la mejor manera de permanecer orientado y resistir el shock es saber qué es lo que te está pasando y por qué.”


Ver este video sobre el libro, dirigido por Alfonso Cuarón:

viernes, abril 24, 2009

Las columnas de Juan Gerardo Sampedro

Lo absurdo de lo cotidiano (Diario Milenio-Puebla 23/04/09)
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Me sorprende (aunque ya no deberían sorprender a nadie) que siga la violencia haciendo acto de presencia en la de por sí pobre vida cotidiana en el mundo. Aún más: los recursos son cada vez más y más absurdos (o ingeniosos, ¿por qué no?) para lograr los objetivos.
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Vi en la prensa capitalina estos días que estaba la ciudad tranquila, sin mucha gente, que la policía atrapó a un hombre en el sistema de transporte colectivo (Metro) porque cometía “actos inmorales” dentro de los tranvías y luego (plan con maña) se hacía inmediatamente pasar por víctima.
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Entonces agredía a la otra parte y, para terminar el asunto y no denunciarlos les cobraba la nada despreciable suma de 5 mil pesos.
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Me imagino que él mismo intuía quien traía o no el dinero en efectivo. No siempre, o casi nunca como el caso de los pobres como yo, traemos 5 mil pesos en efectivo. Dice una de las notas, sin embargo, que él no tenía empacho en acompañar a veces a la gente a los cajeros y quienes lo denunciaron aseguraron que tenía acento extranjero.
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“Todo se vale con la crisis,” dijo. Pero el hombre, que utilizaba a su pobre madre como pretexto, una vez se topó con alguien que lo detuvo y lo entregó explicándolo todo. Se supo entonces que el sujeto inculpado aleccionaba a su madre como parte del plan. Es decir: a veces la propia madre, una mujer de setenta años, era quien acusaba a los pasajeros del Metro y él llegaba como un tercero extraño, se hacía pasar por abogado de la empresa, y cobraba los consabidos cinco mil pesotes. ¿Esto sólo se ve en la ciudad de México?
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No lo sé. Por lo pronto varios diarios consignaron el hecho que no deja de llamar la atención por la increíble habilidad del hombre para obtener dinero fácil.
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Uno se cuida de los sospechosos que andan por ahí, de la gente de mirada torva, etcétera pero así, en el Metro y ante una ancianita… La lección es que sigue imperando la ley del más fuerte, aunque se tenga que echar mano del ingenio.
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Las multitudes provocan esto que cuento aquí y más, mucho más.
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Yo me imagino las escenas, los rostros de los sorprendidos, el miedo de quedar ante la policía, el miedo a las posibilidades que hay ante la indefensión, etcétera.
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A nadie se le desea. Otra nota afirma que el hombre y su madre (cuyos nombres y apellidos omito) tenían como cómplices a un par de policías a quienes les repartían una pequeña parte del botín. Líbreme Dios de toparme con esta clase de gente. Por eso ya casi no salgo de mi casa. Que hasta acá me llegue el ruido de la lluvia. Y ya.
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Se van los sueños románticos (Diario Milenio-Puebla 16/04/09)
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Era la dama (la Reina) de la novela romántica. Escribió más de cuatro mil historias, todas de amor, todas pensadas para hacer soñar a las mujeres (y a los hombres) en un mundo ideal. En esos argumentos aparecía el personaje que las haría felices. Su público lector era y es más femenino. Sus novelas aparecieron en revistas especializadas para que ellas se volcaran en sus lecturas, aunque (pocos lo admiten) ellos también las leían, a pesar de que confiesen que lo hicieron mientras esperaban la consulta médica o su turno con el peluquero.
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Ellos trataban de conocer los sentimientos femeninos a través de esas historias. Pero todos (ellos y ellas) terminaban siempre instalados en un mundo de felicidad, sin demonios interiores, sin grandes penas y con muchas glorias. Aunque sufrían (la vida es sufrimiento), llegaba el triunfo del amor donde la bondad y la nobleza representaban a sus aliados. Todo muy bien.
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Es por eso que sus ediciones llegaron a más de cuatrocientos millones de copias, más que las de cualquier Premio Nobel, más que las del propio Vargas Llosa, quien dijo que la admiraba pero no quiso admitir que la había leído.
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Y ella (humilde que era) no estaba consciente de su fama, de sus triunfos. Dice Vargas Llosa que sus editores ganaron mucho más que la escritora. Ella supo que se iba a dedicar a escribir desde los dieciocho años, y no paró de hacerlo hasta la hora de su muerte. A sus 81 años, le estaba dictando a su nuera una novela.
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Un fenómeno de la novela rosa castellana, que aparece en el libro de Guiness como la autora más leída después de Cervantes. Es ahí donde ella adquiere un poco de conciencia de su fama, de su triunfo. ¿Por qué escribe usted?, se le preguntó una vez en una entrevista para la televisión española. “Porque debo vivir,” respondió. “Y yo escribo lo que pienso que sentirían las mujeres en tal situación… Yo, como mujer, me calzo sus zapatos.” Y en otra entrevista agregó que las mujeres y los hombres tenemos mucho parecido, la diferencia es poca: “las mujeres paren y los hombre mean contra la pared”.
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Nacida en un lugar de España el 25 de abril de 1927, murió poco antes de cumplir 82 años en Gijón. Su nombre completo fue María del Socorro Tellado López, y algunas de sus obras fueron adaptadas al cine y a la televisión. “Sólo soy positiva y sensible –dijo– y escribo novelas de sentimientos”.
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El mundo de habla hispana la conoció con el nombre de "Corín Tellado".
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Nota sobre José Agustín (Diario Milenio-Puebla 09/04/09)
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A principios de los setenta ya habíamos leído y releído quienes andábamos cursando la secundaria, La tumba de José Agustín. Autor de La tragicomedia mexicana, de la novela De perfil, Se está haciendo tarde, ¿Cuál es la onda?, entre otras muchas obras. José Agustín es el ensayista que más ha escrito sobre la historia de la música y del rock. José Agustín ha sido, a través de su obra, quien ha formado, con su decisiva influencia, a muchas generaciones.
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El pasado miércoles 1 de abril asistí al Teatro de la Ciudad, donde José Agustín era entrevistado por Fernando Canales, “¿Cuál es el soundtrack de tu vida”? en el marco de la inauguración del Festival Internacional de Cine Documental Musical In-Edit.
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Al término de la entrevista salí de inmediato. El público era muy numeroso. Pensé en acercarme a José Agustín para saludarlo, pero también pensé que no se podría llegar hasta él dado que el público (en un lugar donde caben más de 800 personas) comenzó a subirse al escenario de manera espontánea pero desordenada, sin control.
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No había pasado mucho tiempo cuando recibí una llamada a mi celular. Era un amigo que me contó del accidente que acababa de sufrir José Agustín. No se tenía en ese momento aún, por supuesto, el parte médico que circuló casi de manera inmediata por la Internet. El panorama parecía muy grave. El médico que lo atendió en la Beneficencia Española explicaba que José Agustín resultó con seis costillas lesionadas, una fractura en el cráneo y otra más en la clavícula.
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El accidente ocurrió cuando el escritor, en el escenario, dio un paso al vacío, cerca del proscenio, quizá debido a la propia inercia de un público ávido de saludarlo o de conseguir un autógrafo o una fotografía junto a él.
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Lamento mucho lo sucedido a José Agustín. Sin duda, el accidente se debió también a la negligencia de los organizadores.
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José Agustín vino a Puebla invitado por el Instituto Municipal de Arte y Cultura. ¿En quiénes delegó el director la logística de ese acto? Parece que nadie lo sabe. ¿No pudieron dar instrucciones a alguien que lo vigilara por lo menos dentro de ese terreno peligroso que él no conocía? ¿Dónde estaban los colaboradores de Pedro Ocejo Tarno, director del Instituto Municipal de Arte y Cultura? De cualquier manera, quien debiera responder (y pedir por supuesto una explicación a sus subordinados) es el propio Pedro Ocejo. Del accidente de José Agustín, nadie ha dicho nada. Es patético.
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Un abrazo y lo mejor para José Agustín.
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Breves de la impunidad (Diario Milenio-Puebla 26/03/09)
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La madrugada del 14 de marzo los compañeros y colegas Federico Vite, Miguel Ángel Andrade y Álvaro Solís fueron agredidos físicamente por la policía en el Centro Histórico de la ciudad.
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Ellos interpusieron la denuncia e identificaron el número de la camioneta Dodge de la cual bajaron los encapuchados.
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Los tres fueron golpeados, esposados y pisoteados en la parte posterior de la camioneta, para luego ser abandonados a las orillas de la ciudad.
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Las autoridades encargadas de efectuar las investigaciones respondieron inmediatamente que esa camioneta Dodge no existe. Es decir, los golpes y la Dodge son visiones de Vite, Andrade y Solís.
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Lo que les sucedió a los compañeros escritores le puede suceder a cualquiera. Es decir: ellos no fueron agredidos, como lo apunta Mario Alberto Mejía en una de sus columnas, por jóvenes y melenudos. No: fueron agredidos por la mala suerte de toparse con la prepotencia policiaca. Hasta ahora no hay avances en las investigaciones. Asunto cerrado.
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El caso del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (Cenhch), dado a conocer en un video de Youtube de la Internet, es otro más de impunidad: la directora del plantel, Silvia Vélez Quintana Roo, tomando las instalaciones de la institución como una extensión de su residencia, organizó en el espacio de la alberca su inolvidable fiesta de cumpleaños.
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Del asunto se enteró el maestro Darío Carmona, titular de la Secretaría de Educación del Estado, y declaró que la directora del plantel se hará acreedora a una multa de 190 días de salario por usar las instalaciones del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (en donde se incluyó comida, música y alcohol) y una amonestación administrativa. No se le removerá de su cargo, pese a las protestas de los padres de familia que pagan anualmente una enorme cantidad de dinero por el manteniendo de las instalaciones donde estudian sus hijos. El secretario Carmona declaró (La Jornada de Oriente, 23 de marzo) que él no cree todo lo que aparece en el video. Asunto cerrado, igual que el primero.
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Hace unos días, en el campus de otra importante institución educativa del estado como lo es la Universidad de las Américas (Udlap), un hombre que vivía en una de sus casas, completamente desnudo de repente y sin aviso alguno, como suceden estas cosas, arremetió a golpes, hasta dejarla inconsciente y mandarla al hospital, a una señora que pasaba por ahí en ese momento. Afortunadamente lograron quitársela de encima, antes de que la matara, quienes se dieron cuenta del escándalo.
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Sin duda, el hombre no se hallaba en trance místico. No sé si hay un examen toxicológico practicado al encuerado de la Universidad de las Américas Puebla.
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Lo curioso del caso es que el rector Luis Ernesto Derbez sólo dijo, a través del Departamento de Comunicación Social, que ese elemento, al parecer de vigilancia, ya había sido separado del cargo. Quiere decir que el sujeto no fue entregado a la justicia para una posterior investigación.
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Asunto cerrado
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El clásico carpetazo.

miércoles, abril 22, 2009

Los alimentos terrenales



Canal 22-los martes a las 21:30.Guacamole Productions
Las letras y la gastronomía se encuentran develando sus misterios. Autores y personajes de la literatura serán la guía para explorar las recetas dentro de los libros y las letras dentro de las ollas.

martes, abril 21, 2009

Los alimentos terrenales-Martes 21, 9:30 PM Centro por canal 22

Un híbrido de cocina y lectura: las grandes obras de la literatura universal a la carta; todo dentro del contexto de una hacienda del siglo XVIII.
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Un retorno apócrifo al pasado del conductor, donde reencuentra el origen de sus pasiones: la gastronomía y la escritura.
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En cada capítulo se aborda una de las obras literarias, se realiza una plática-entrevista y luego se cocina esa receta.
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Pedro Ángel Palou vuelve a la hacienda que lo vio crecer, a la propiedad de sus abuelos, en donde, dentro de la vasta biblioteca de su abuelo y la deliciosa cocina de su abuela se forjan sus pasiones por la escritura y la gastronomía. En esta vuelta a sus orígenes se topa con escritores que lo acompañan en sus reflexiones literarias acerca de las grandes obras de literatura universal, y ayuda a guisar los platos de cada uno de esos libros.

La vida, extraviada II

Diario Milenio-México (20/04/09)
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III.
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La edad más difícil para perderse es, dicho sea esto con toda honestidad, la adolescencia.
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Después de leer a Baudelaire, a Benjamin o a Kerouac, ningún extravío es un extravío.
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La adolescencia, que es pura errancia, sufre de las limitaciones propias de las ideologías radicales o las misiones divinas. Perderse a los 14 o a los 17 es más un requisito que una aventura.
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El adolescente, a fin y principio de cuentas, siempre encuentra su casa. Cuando no lo hace, entonces se sabe, con toda la amarga certeza del caso, que ha empezado la edad adulta. El verdadero extravío.
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IV.
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Llegué a vivir a X, una ciudad cerca del mar, un verano de mucho sol saturado de bugambilias. Aunque todo mundo no hacía más que describirme la belleza del océano y la singularidad, acaso paradisíaca, de la costa, yo estaba tan llena de trabajo que, por meses enteros, no pude caminar por su orilla. El deseo de hacerlo no llegó sino hasta finales del invierno. Había disfrutado mi primer fin de semana verdaderamente libre y, después de comer y beber, después de platicar y callar con un amigo que venía de una costa aún más lejana, decidimos, como se deciden estas cosas, así, sin más, tomar el coche e ir a la playa. Eran, para entonces, las 11:30 de la noche y ninguno de los dos había tenido la precaución de llevar un mapa.
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Manejamos sin prisa y sin destino, guiándonos por un mítico a-la-izquierda, a-la-izquierda, por buena parte de la noche. Cuando tocamos el mismo compact tres veces y la conversación caía fulminada por el cansancio, tuvimos que aceptarlo sin cortapisas: no teníamos la menor idea de dónde estábamos. Entonces nos dimos a la tarea de preguntar a otros motoristas nocturnos, especialmente a aquellos que se detenían bajo los semáforos que, a esa hora de la noche, tenían un ligero nimbo lyncheano.
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—¿Cómo llegamos al mar? —preguntábamos con una inocencia que a los otros, jóvenes casi todos y en speed con toda seguridad, les resultaba altamente sospechosa. Supongo que era por eso que nos dejaban con la palabra en la boca, acompañados nada más del eco que dejaba en el aire húmedo el ruido de los neumáticos contra el pavimento en el momento del arrancón.
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—¿Dónde está el océano? —inquiríamos ya con algo de suspicacia propia ante los navegadores nocturnos de cerca-de-la-costa para recibir sólo risitas sardónicas o ventanillas en súbito movimiento vertical.
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Todo parecía indicar que el océano, tan cercano, tan obvio, tan material, quería escabullirse.
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—¿Falta mucho para llegar a la playa? —le preguntamos a otro motorista nocturno.
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—No —dijo y, para nuestra gran sorpresa, continuó—: Síganme si quieren. Voy para allá.
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A nosotros nos pareció absolutamente natural lo que hicimos: colocamos el coche detrás del suyo y, como si lo conociéramos de toda la vida o nos uniera una confianza ancestral, lo seguimos por debajo de puentes y sobre rieles metálicos, a lo largo de anchas avenidas sin tráfico y por enredados caminitos de laberinto. El solitario motorista nocturno nos condujo a su casa que, a todas luces, no quedaba cerca del mar. Cuando declinamos su invitación para tomar algo o ver, cuando menos, la televisión juntos, no fue por miedo o resquemor sino, más bien, pura terquedad: todavía creíamos que esa noche, esa noche y no otra, esa noche precisa llegaríamos a nuestro destino. Él lo entendió y, antes de dejarnos ir, nos dio las gracias.
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Nos encontrábamos en la hora más oscura cuando decidimos detenernos. Los dos estábamos cansados y, a esas alturas, no sabíamos ya ni cómo regresar. Supongo que la frustración y el agotamiento fueron los que nos hicieron estacionar el coche en el lugar al que al coche se le dio la gana. No tardamos, en todo caso, en cerrar los ojos.
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Tuve un sueño. En el sueño, la luz del sol y el bochorno me obligaban a abrir los ojos. Me movía lentamente después, tratando de recordar dónde estaba y por qué estaba ahí, mientras bajaba la ventanilla. Entonces lo reconocía: era el olor a océano. Y entonces abría la puerta y, corriendo como hacia un imán, lo descubría detrás de los matorrales. Sereno. Obvio. En perpetuo movimiento. Ahí estaba. El mar. Mi amigo, que me había seguido sin yo darme cuenta, murmuraba entonces:
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—Dimos con él —luego de titubear un poco, añadió—: O dimos con ella. Da lo mismo.
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No fue sino hasta su segunda y políticamente correcta intervención que me di cabal cuenta de que eso no era un sueño.
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V.
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Perderse para producir el contexto desde el cual es posible atisbar el yo.
Perderse para encontrar una isla de óxido en el tiempo.
Perderse para recordar, unos treinta años después, el momento de la pérdida.
Perderse para cumplir una misión.
Perderse para encontrar lo que no se buscaba.
Perderse para restar.
Perderse para vivir dentro del Gran Aro del No.
Perderse para desvariar y discurrir y disgregar.
Perderse para perder.
Perderse para decir la vida, extraviada.
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VI.
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Lo único que se consigue saliendo a caminar sin propósito es cansarse.
Kôbô Abe, La mujer de la arena

Adictos a la ignorancia

Diario Milenio-México (20/04/09)
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1 Qué sabroso no saber
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Si cuando menos la ignorancia doliera, produciría tal vez menos fatalidad. Pero es un hecho que no sólo no duele, sino además induce a solazarse en una deliciosa ligereza, cuando no una zopenca vanidad, anidada tal vez en la superstición de que el conocimiento pesa demasiado para ir por la vida con él a cuestas. Como tantas posturas insostenibles, la de los orgullosos ignorantes recurre con frecuencia al desafío, asumiendo que media docena de balbuceos remachados a extremos nauseabundos pueden más que cualquier argumento; mejor aún si se usan para interrumpirlo. Como tantos cobardes rencorosos y dispuestos a cualquier bestialidad con tal de que ésta no les comprometa, la ignorancia es por cierto bastante más temible que los peligros contra los cuales alerta, espeluznada como beata de pueblo. Si el viejo refrán dice que no hay abismo más profundo que la boca de un chismoso, vale pensar que tampoco habrá promontorio más chato que el criterio de un hincha de la superstición.
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Hoy que tantas conciencias profilácticas se recrean opinando en torno a aquellos temas que de manera ufana desconocen, como sería el caso de una hipotética despenalización de la mariguana, casi la única información concreta en circulación es aquella que nos reafirma en la sospecha de que quienes opinan no saben de lo que hablan. O en su caso pretenden no saber. Como Clinton, si un día la fumaron no le dieron el golpe. Parecería que hay un pacto de silencio entre los ignorantes y sus buenos amigos, los hipócritas, de modo que no se hable ni se opine ni se dictamine más que al amparo de la sombra del estigma. De muy pocos oímos lo que piensan; inferimos así qué tanto los desvela cuanto de ellos pudiéramos pensar.
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No es la mota, es el coco. No es una simple planta, es una plaga bíblica. Todo aquél que la venda será un asesino; quien la fume seguro va a enloquecer; y quien opine que hay que legalizarla será que está pacheco o es narcotraficante. No se explica cómo va nadie a despenalizar cualquier cosa por tantos años satanizada, sin antes echar luz sobre la materia y disolver las nubes de la superstición. Pues al cabo si el tema es la salud pública, mal puede protegérsele desde el fanatismo. Mal también se defienden las libertades individuales cuando se parte de un fariseísmo gazmoño que privilegia al gesto sobre el discernimiento. Antes que proponerse despenalizarla, convendría empezar por desmistificarla.
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2 De la bacha a la pacha
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La mariguana no es, como quieren sus más fervientes partidarios, inofensiva como un cigarro de chocolate. Tampoco mata a nadie, ni deja idiota a quien abusa de ella, aun si de pronto se requiere un experto para confirmarlo. Pues si bien el pacheco vitalicio difícilmente quiere mover un dedo para hacerle saber al mundo que aún existe y puede razonar, hace falta una dosis angélica de candor para atribuir al mariguano la peligrosidad del borracho. Si éste, como se dice, no come lumbre, menos lo intentará cualquiera de esos tragahumos cuyo estadazo tiende naturalmente a la contemplación. Si acaso tienen prisa, ésta es sólo por desacelerar la vida, que en su opinión se pasa de rauda. Sus pensamientos vuelan, aunque igual que sus sueños apenas dejan huella. Los borrachos, en cambio —más aún sus compadres, los cocainómanos—, razonan poco pero viven pronto. Son tercos e impacientes, más todavía si se topan con la pereza propia del pacheco, habituado a entenderse con sus semejantes en la medida que éstos fumen del mismo gallo. “¿Traigo los ojos rojos?”, cuenta el chiste que pregunta uno de ellos, y el otro le responde “¡Tú tráetelos!”.
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Ahora bien, no la totalidad de los que beben o fuman, y ni siquiera una porción mayor, acostumbra abusar hasta acusar los síntomas del adicto. Hay, por supuesto, mariguanos que pierden familia y trabajo por entregarse enteros a la bacha, y asimismo borrachos dispuestos a morirse con la pacha en la mano, pero ninguno de esos casos ejemplares alcanza para convencerme de que me abstenga de empujarme un par de buenos tequilas —y hasta otros pares más, si la ocasión pecara de memorable— sin por ello temer que voy a despeñarme como todos los beodos irredentos. Tampoco, al fin, soporta uno a esos pelmazos que se juran traicionados por el amigo que no quiere embriagarse hasta el coma, o hacen burla de quien rechaza la segunda, o le enseñan el plomo al secuaz que pretende zafarse de la farra. Joaquín Sabina, que algo sabe de estos bravos asuntos, ha opinado al respecto que quien es imbécil, con drogas dentro será más imbécil.
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3Inversión y derroche
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Sabemos, pues, lo obvio: siempre será más sana la abstinencia que el vicio, pero lo cierto es que ambos extremos espeluznan igual a quien no los frecuenta, que es la mayoría. Ahora mismo podría bajar a prepararme un gintonic para mejor centrar la reflexión, pero igual no me ha dado la gana, y de eso al fin se tratan estas líneas. La gente bebe o fuma cuando quiere, y eso da dividendos tanto a los proveedores de la golosina como a quienes sancionan su circulación. Da también para muchos enjuagues, si la ilegalidad fomenta su mistificación, y en tanto su consumo. En resumen, da para embrutecerse sin saber lo que se hace.
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Clamar que al ciudadano adulto le asiste el derecho a fumarse a la madre naturaleza es aún quedarse corto, si asimismo es preciso hacer valer su derecho a la información. Sería de una indolencia contraproducente la idea de quitarle los candados a cultivo, venta y consumo de mariguana, ya sea éste medicinal o recreativo, sin contemplar un plan de asistencia paralelo donde se bieninviertan los recursos hasta hoy malgastados en balas, rejas y candados. Nada que pueda armarse en dos patadas, ni en un solo país, ni de hoy a mañana. Pero si ya se ocupan tantos millones en combatir al narco y sus pistolas, bien podría desviarse parte de ese derroche multinacional a presentar combate contra la ignorancia desde mejor trinchera que la hipocresía. Una cosa es que hoy día la solución ideal resulte más o menos inviable, otra muy diferente que la insistencia en criminalizar la libertad individual resuelva lo hasta ayer jamás resuelto.

Aquellas pornografías

Diario Milenio-México (20/04/09)
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Ningún periódico capitalino consignó su intempestivo fallecimiento. No que me sorprenda. Y es que lo triste pero cierto es que el nombre de Marilyn Chambers dice ya muy poco —acaso nada— a la generación que bien habría de bautizar Román Gubern como la de El eros electrónico.
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Marilyn Chambers fue una estrella de cine porno y tal descripción, por definición, la fecha como una reliquia de ese momento fugaz en que la pornografía era filmada en 35 milímetros y consumida en grandes salas y aparecía edificada sobre un star system análogo al de las películas mainstream. Ese mundo hubo de durar poco: apenas las poco menos de tres décadas que caben entre la derogación del Código Hays, baluarte de la censura cinematográfica estadounidense, en 1966, y el lanzamiento de Mosaic, primer navegador de internet en conocer popularidad relativamente masiva, en 1993. Aun así, ni siquiera es posible concebir tal como la era del cine porno triunfal: buenos seis años habrían de pasar antes de que un puñado de productores de cine erótico aprovechara en su favor el colapso de la censura, lo que abriría al auge del cine porno en salas una ventana temporal limitada, a saber por la popularización de la videocasettera a fines de los años 70. No quedan, pues, como verdadera época dorada del cine porno, más que los escasos años que van de 1972 a 1977 o 78, hitos de la era que Ralph Blumenthal, reportero del New York Times Magazine, habría de bautizar como la del porno chic.
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Lo que queda claro ahora, a más de 30 años de distancia, es que las películas también lo eran o, cuando menos, aspiraban a serlo. Y no me refiero aquí sólo al soft-core glamoroso de Emmanuelle (1974), todo gasas al viento y collares de perlas (en más de un sentido), o a la muy seria (y un pelín solemne) exploración psicopolítica del erotismo de El imperio de los sentidos (1976), sino también al cine porno impuro y duro (¡durísimo!) de esos años, como aquella Tras la puerta verde que lanzara a la fama a Marilyn Chambers en 1972.

Los productores y directores de la cinta en cuestión eran los Hermanos Mitchell, Artie y Jim, quienes alentados por el mistral calenturiento del verano del amor, habían abierto en su ciudad natal en 1969 el O’Farrell, un teatro erótico que buscaba presentar espectáculos sexuales “de calidad”. De ahí a filmar Tras la puerta verde sólo había un paso: el resultante de ver Garganta profunda (1972) —la primera película porno dotada de una narrativa más o menos coherente y de una distribución masiva—, atestiguar su éxito comercial y su carácter de fenómeno cultural y pretender emularlo.
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A tal efecto, los Mitchell reclutaron a una Chambers joven y casi desconocida e hicieron de su elegante faz y su bella figura el gancho de una cinta que, si bien pretendía ofrecer la visión de toda suerte de actos sexuales, también se proponía contar una historia y hacerlo con recursos estéticos osados —mucho efecto fotográfico psicodélico, mucha ambientación decadente a lo wannabe Pasolini— y hasta con una agenda política liberal clara (fue Tras la puerta verde, por ejemplo, la primera película comercial en mostrar el encuentro sexual entre una actriz blanca —la propia Chambers— y un actor negro).
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Ahora Chambers ha muerto y con ella el último vestigio de una era, si no gloriosa, cuando menos entrañable: el tiempo en que el porno era más cruzada que negocio y sus aspiraciones libertarias se proyectaban en la pantalla comunitaria del cine y no en la solitaria de la computadora. Lo dicho: ya ni la pornografía es como antes.