jueves, abril 17, 2008

Del triunfo a la humillación (cuarenta años después)

Diario Milenio-Puebla (17/04/08)
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Las coincidencias existen como la suerte o como los demonios interiores. Cuando me refiero a los demonios interiores, lo hago pensando en las imágenes que nos llegan desde allá, desde el tiempo que fuimos muy jóvenes, niños, adolescentes quizá. Son sentimientos dolorosos pero no ingratos. Yo, en lo personal, guardé muchos, tantos que a veces sólo cierro los ojos y vuelvo con facilidad a ellos.
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La semana pasada apenas revisé una edición que dedica sus páginas a la historia de las olimpiadas. Es un compendio, no es precisamente la historia completa porque se necesitaría una edición para cada una de las olimpiadas. Revisé muy rápidamente esa publicación ya que traía yo acá, muy cerca, rondándome como esos abejorros que se meten por las ventanas, la fotografía de los atletas estadounidenses que levantaron el puño con el símbolo del black power en el lejano México de 1968 cuando recibieron la medalla de oro y bronce. Esa imagen recorrió el mundo completo y los atletas fueron expulsados de la Villa Olímpica y les fueron retiradas las medallas. Y no sólo eso: al protestar contra la segregación racial del gobierno de los Estados Unidos, su vida se convirtió en una pesadilla. Desde hace exactamente cuarenta años, su vida es una gran pesadilla.
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Apenas había revisado el libro sobre la historia de las justas olímpicas cuando un diario nacional publicó la foto de Tommie Smith y John Carlos trepados en el podio luego de haber obtenido las respectivas medallas en la competencia de los 200 metros planos.
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El símbolo del black power ha dado otra vez la vuelta al mundo tras las declaraciones que los atletas hicieron para el Times, donde aconsejan a los atletas que competirán en Bejing que sigan su corazón. Y hablan del precio de la protesta.
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Ellos no olvidan, no pueden olvidarlo, que el símbolo de black power les trajo todos los problemas a sus vidas. Cuenta Tommie Smith que él no encontró trabajo a su regreso y John Carlos cuenta que su esposa se suicidó víctima del rechazo social.
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Pero no son los únicos casos de vidas que cambian de un momento a otro por una protesta como la de Smith y John Carlos. Dice también Smith que su madre murió de un infarto, al recibir en un sobre estiércol y ratas muertas.
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El libro que publica Muy Interesante no contiene estas páginas de la vida de Tommie Smith y John Carlos. Estas declaraciones las reproduce del Times La Jornada el domingo pasado y yo las traigo hasta ustedes porque –lo repito— es un hecho que tengo muy presente en la pantalla de una vieja televisión.
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Hace cuarenta años nunca me imaginé, por supuesto, que el levantar un puño con el guante negro tendría tantas repercusiones para esos atletas y sus familias. “Hagan lo que escuchen de su corazón,” han aconsejado a los competidores de Beijing. Pero el costo es muy caro, dijeron.
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“Hagamos lo que escuchemos del corazón,” parece una frase extraída de la filosofía Zen.

martes, abril 15, 2008

La semana de las mujeres



Diario Milenio-México (15/04/08)
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La inquietante (e internacional) semana de las mujeres desnudas está animada por un espíritu de diálogo que está muy cercano al espíritu irreverente del juego.
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Pensaba dejarlo todo por la paz aduciendo compromisos de trabajo, deberes familiares, errancias sin destino fijo, distracciones seriales. Pero bastó con que la pregunta se planteara en más de dos ocasiones en tres distintos rumbos del planeta para que todo volviera a empezar: ¿De qué va la Inquietante (e Internacional) Semana este año?
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Pequeños núcleos dispersos de hombres y mujeres esgrimieron sugerencias por aquí, allá y acullá, riéndose con su debida frecuencia y más que debido volumen ante ocurrencia varias. Al final, que suele ser el principio de todas las cosas, optamos por la desnudez. Es sólo una forma de decirlo, claro está. ¿Es desnudar, como decía la poeta argentina Alejandra Pizarnik, lo propio de la muerte? ¿Seguirá siendo cierto, como esgrimieron hace no mucho las integrantes del colectivo The Guerilla Girls, que sólo desnudas pueden entrar las mujeres en el MET? ¿Qué hace en realidad una mujer cuando, seductora, desliza el último tirante del fondo por sobre el hombro izquierdo mientras le manda un guiño recubierto de grueso rimel a la cámara? ¿Es lo mismo, ontológicamente hablando, por supuesto, desnudar que desnudarse? ¿Qué hace verdaderamente un hombre cuando se deshace de sus pantalones? ¿Me vuelvo tan invulnerable como una mercancía si me desnudo frente a ti? ¿Me vuelvo, de verdad, vulnerable? ¿No es desnudarse sólo otra manera de vestirse?
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Tan básico para los rituales del porno como para los propios de la intimidad, el desnudo es todo menos unívoco. Ya en duro mármol o fino celuloide o en trémula realidad frente a las manos, el cuerpo desnudo invita tanto al placer (una palabra a la que el plural siempre le viene bien) como a la comercialización. La Inquietante (e Internacional) Semana del 2008, pues, empieza a cobrar vida ya alrededor de estos ejes que son, en realidad, preguntas. ¿Y qué pregunta que se digne de serlo no es, en realidad, el inicio de una conversación?
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Habrá que empezar por recordar que cuando decimos mujeres (justo como pasaba antes cuando se utilizaba el vocablo “hombres”), queremos decir todas y todos. Así que no hay coartada ni justificación: aquí se desnuda todo mundo. ¡Nadie está desnudo hasta que todos estemos desnudos!
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Habrá que continuar por anunciar que ya la poeta tijuanoguanajuatense Amaranta Caballero Prado ha abierto el sitio de internet a donde irán a parar las colaboraciones que esperamos recibir a partir del mismísimo día de hoy: www.semanainternacionalmd.blogspot.com.
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Habrá que describir la naturaleza de las esas ya ansiosamente esperadas colaboraciones: manda a semanainternacionalMD@gmail.com un archivo que contenga una imagen y un texto que representen tu punto de vista respecto a los dones, los límites, los subterfugios y las pluralidades del acto de desnudarse. Justo como ha sucedido en las anteriores Inquietantes (e Internacionales) Semanas, tanto el texto como la imagen pueden ser de tu autoría o pueden ser citas textuales o artefactos intervenidos.
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Habrá que señalar que, este año, la Inquietante (e Internacional) se divide en cuatro zonas: la Zona Norte, animada por un entusiasta contingente de hombres y mujeres deseosos de analizar sesudamente (así se dice ahora) las políticas del desnudo contemporáneo desde el Wind Chill Factor de Madison, Wisconsin, queda a su comunicativa disposición a través del correo electrónico de Giannina Reyes Giardiello. La Zona Border, que siempre está a punto de ser otra cosa, recibe colaboraciones y/o sugerencias en la dirección electrónica de Amaranta Caballero. La Zona Ciudad Más Grande del Mundo (¿y puede ser eso otra cosa que no sea la Ciudad de México?) se conectará con todos nosotros a través de las actividades y comunicados de Susana Bautista. Por falta de mejor nombre, queda la Zona Partícula Errante, esa entidad siempre a punto de definirse y siempre, sin embargo, difuminada, que sí cuenta, sin embargo, con el correo electrónico a donde pueden llegar colaboraciones y/o comentarios. Ver todas las mencionadas direcciones electrónicas en el blog de las Mujeres Desnudas, por favor.
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Habrá que recordar que a ésta, como a todas las anteriores Inquietantes (e Internacionales) Semanas, la ánima un espíritu de diálogo que está muy cercano al espíritu irreverente del juego. Queremos dialogar y compartir y colaborar en procesos colectivos de pensamiento contemporáneo, eso es cierto, pero sobre todo y al mismo tiempo, queremos divertirnos. A menudo la pregunta más obvia es la que se vuelve transparente y la que, por lo tanto, se queda muda, ¿qué no?
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Habrá que concluir diciendo que, hacia finales del año, los distintos comités de las mencionadas zonas se harán cargo de elegir las mejores colaboraciones para organizar exposiciones en los distintos rumbos del planeta que habitamos. Es posible, pero esto todavía no lo podemos jurar con sangre, que haya por ahí un premio, pero eso, como las y los desnudos, está por verse.

lunes, abril 14, 2008

El español pestilente


Diario Milenio-México (14/04/08)
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Es tan limpio que apesta y tan hueco que asusta.
Es el lenguaje acartonado del robot.
Es español sin alma ni raíz.
Es desechable desde que viene al mundo.
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1 Frijolitos reciclados
Siempre sentí, en años escolares, que había alguna humillación implícita en el mero acto de copiar los apuntes de un compañero. O sería quizá la pura pereza, toda vez que robárselos parecía una opción menos incómoda. El hecho es que una vez, durante cierta clase, la maestra atrapó a uno de nosotros copiando los apuntes impecables de una chica aplicada. ¿Qué tenía de malo, se sorprendió el copista al mirarse acusado de copìón, que quisiera ponerse al corriente con el curso? “¿No te parece malo ser un comecaca?”, disparó la maestra, para la estupefacta hilaridad reinante. Luego dio un argumento que dejó al auditorio boquiabierto: el copión se aprestaba a digerir información previamente digerida. Es decir, alimento de segunda mano. ¿Cómo atreverse ya a pedir unos apuntes en préstamo? Lo dicho, era más digno robárselos. Ladrón tal vez, comecaca nunca.
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En rigor, el ejemplo imborrable de mi maestra era una flagrante inexactitud biológica. Sabido es que el desecho digestivo no incluye los nutrientes elementales, que a su vez ya retuvo el organismo, pero la sola idea de alimentarse de otro bolo alimenticio me parecía ya bastante deshonrosa, y sin duda explicaba el sentimiento humillatorio de marras. Si aquello no era exactamente embuchacarse los desechos de la comida de ayer, equivalía al menos a zampársela luego de que una boca menos perezosa le hizo a uno el favor de masticarla. He olvidado de qué trataba la clase, y ni siquiera estoy seguro de qué materia nos impartía la maestra, pero recuerdo nítidamente la lección. Había asistido al pedagógico espectáculo de la estigmatización del conformismo. De entonces hasta hoy, cada vez que al leer intuyo la presencia del español de segunda mano, veo saltar ocho letras al centro de una marquesina cintilante: c-o-m-e-c-a-c-a.
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2 El cadáver del manjar
Conocemos de sobra ese español. Está en los instructivos traducidos por analfabetos inescrupulosos, sin que por ahí pase un solo inspector de control de calidad. O en el doblaje neutro y mojigato del inglés de los dealers callejeros en un programa de televisión. O en el lenguaje acartonado y torpe de los personajes de la telenovela. Palabras despojadas de sus ingredientes básicos, capaces de llenar pero no de nutrir. Técnicamente, lo que el poema llama ‘mierda abstracta’. ¿Qué otra cosa podría ser ese instructivo cuya lectura —accidentada, resbaladiza, heroica— genera más dudas y confusiones de las que resuelve, si es que efectivamente resolvió alguna? El problema de origen del español de segunda mano es que quien lo pergeña cree estar llevando a cabo una labor aséptica, cuando hace exactamente lo contrario. Propagar un lenguaje vacío de carácter —si no de inteligencia, que se dan casos— equivale a distribuir desechos alimenticios y anunciar “carnes frías” en la etiqueta. ¿Cómo voy a creer que cierta telenovela no es una mierda, cuando tras un minuto de escuchar el idioma castrado y hueco de sus personajes ya sé que hablan un español de mierda, es decir, una mierda de español?
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Abundan quienes aúllan por los errores, y es seguro que tienen razón. Mas la ausencia de errores no resuelve gran cosa. Incluso un instructivo —y habrá hasta quien lo piense en primer lugar— se beneficia de un lenguaje por igual amigable con la inteligencia y la estupidez. Un español no menos ávido de empatía que el inglés de la versión original. De cuando en cuando brotan, como pústulas, iniciativas destinadas al fracaso anunciable de pretender reglamentar el uso del lenguaje, mas no hay quien se interese en elevar a un mínimo decoroso el estándar de calidad de las traducciones, de modo que quien compra tecnología de punta no deba resignarse a manejarla como un idólatra, sólo porque no entiende la versión en inglés de ese instructivo que por lo visto un chino tradujo al español. Pocas labores hay tan fatigosas como extraer sentido de un párrafo que nunca lo tuvo, igual que un muerto de hambre hurga en el basurero. ¿A quién puede extrañarle que un cuerpo permanezca infradesarrollado cuando se le alimenta de desechos orgánicos? Lo raro, para el caso, es que siga vivo.
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3 Eso sí, con cebolla
“A la gente le gusta así”, aseguran los cínicos, sin ocultar del todo cierta urgencia despectiva por ubicarse encima del rebaño. La gente siempre queda por debajo de quien habla en su nombre. Sólo que no a toda la gente, y ni siquiera a la mayor parte de ella, le apetecen los bocadillos masticados. Javier Marías, traductor acucioso y apasionado, observa que los clásicos ganan vitalidad con cada sucesiva traducción, y al propio tiempo van perdiéndola en el original, que permanecerá engarrotado por los siglos de los siglos. Hasta que el clásico cae en manos de un barbaján que lo traduce en dos semanas al español más hueco que se encuentra. “¿Y eso qué?”, se defenderá nuestro enemigo, alegando que “de todas maneras la historia se entiende”. No hay, para un autor escrupuloso, pesadilla más negra que discutir con un editor para el cual una palabra es igual a otra. “Mientras sean sinónimos”, explican.
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Cierta vez, la editora de una revista tuvo a bien efectuar cirugía mayor en el primer y último texto que le entregué, de forma que hizo a la historia saltar de la primera persona del singular a la primera del plural, asumiendo que donde cabe un yo sobra espacio para un nosotros. Todavía conteniendo el impulso homicida que con enorme esfuerzo conseguí transformar en amable pregunta, no pude ya por menos de pasmarme cuando la oí decir que era lo mismo. “Respeté tus ideas, si te fijas.” Y si para un supuesto editor cultural la expresión de una idea vale poco o nada por sí misma, y por tanto no existe ya el estilo, no digamos el ritmo o el color en un texto —horror de los horrores: poema y memorandum son la misma cosa—, puede uno imaginar la talla del desastre nacional. No es que seamos subdesarrollados, es que estamos mamando subdesarrollo. Por no decir comiendo lo incomible.

sábado, abril 12, 2008

Al volante y en serie


Diario Milenio-Puebla (10/04/08)
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He buscado en el anaquel de mi muy humilde biblioteca, donde resguardo los títulos cuyo tema se centra en las más grandes transgresiones que registra la historia, algo que me ayude a identificar algún otro caso como el que se ha dado a conocer estos últimos días, me refiero al caso del “Violador en Serie”.
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Creo que aquí mismo he mencionado que el término “asesino serial” lo acuñó el investigador Robert K. Ressler, agente del FBI, quien además desarrolló algunas técnicas del perfil criminológico.
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El asesino serial repite un modelo. Elige a su víctima, su radio de acción y la manera de ejecutar el acto. Son terriblemente escurridizos e inteligentes y la mayoría de las veces dejan rastros enigmáticos y muy a propósito para despistar a la policía. Pueden ser personas que, aparentemente, no arrojan ninguna patología. En México habrá que recordar los casos de Goyo Cárdenas, de el “Pelón” Sobera de la Flor, el Poeta Caníbal y el de Juana Barraza Samperio, la "Mataviejitas".
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La prensa local ha dado cuenta de un taxista que violó a ocho mujeres en un radio de acción que abarca Angelópolis, Las Palmas y San Manuel.
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Los compañeros reporteros lo reconocen ya como el “Violador en Serie”.
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Particularmente no me había topado con un caso semejante, reconozco en todo caso mi ignorancia y le doy el crédito que se merece al compañero Alfonso Ponce de León, quien ha dado cuenta detallada del “Violador en Serie”.
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Prometo enviarle esta nota a mi amigo José Luis Durán King, periodista de Milenio a quien le debemos puntualmente, los sábados, su columna “Vidas Ejemplares” –dedicada a los asesinos en serie– esta nota para que él me diga si conoce, dentro de los casos que trata, el de algún otro “Violador Serial”.
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Hace años, lo recuerdo bien, asoló a la zona de El Carmen un hombre que, protegido atrás de una máscara de luchador que seguramente adquirió afuera de la Arena Puebla, se dedicó a violar a muchas indefensas mujeres. No se le llamó un “Violador en Serie” pero sí fue conocido como “El Violador del Centro”, lo que me produjo un enigma mientras trajo en jaque a la policía.
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Con todo, hay algo de este “Violador en Serie” que linda con la más mala de las ficciones.
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En su declaración dijo que las mujeres lo provocaban y que él sólo obedecía a sus instintos. Y más: pregunta el reportero: “¿De qué manera te provocaban?” Respuesta: “Me hablaban coquetamente, me seducían”. Nueva pregunta del reportero: “¿Para que guardabas la ropa interior de tus víctimas?”. Respuesta: “Sólo las guardaba”. Pregunta: “¿Por qué las llevabas a parajes solitarios?” Respuesta: “Porque en otros lados hay muchas casas y carros y no era posible”.
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Al final reconoció el hombre su participación en los hechos, como escriben los cronistas de nota roja, y dijo que lo venía practicando desde enero. A la lista de la “Mataviejitas” y el “Poeta Caníbal” se agrega ahora el del “Violador Serial”. Según el testimonio de las víctimas, el “Violador Serial” citaba fragmentos de canciones de rencor contra el género femenino.
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Venganza contra Paquita la del Barrio, quizá.

martes, abril 08, 2008

Primera persona del singular



Diario Milenio-México (08/04/08)
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La escritura no es un medio de expresión (de algo sabido o investigado o resuelto), sino una práctica de producción, preferiblemente de un universo profundamente personal.
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Dar cuenta de uno mismo es cosa complicada, especialmente si ese Uno Mismo empieza por preguntarse ¿para qué? En una época en que la exhibición irrestricta del yo produce escandalosos programas de televisión, autobiografías light, confesiones a granel y convencionales novelas llamadas históricas, es decir, basadas en hechos denominados como reales, es casi superfluo, si no es que desvergonzado o, peor aun, ingenuo, abogar por una escritura que explore la materia y las limítrofes de la primera persona del singular. El yo lírico ha sido, se sabe, rebasado. El Autor, esto también se sabe, murió por ahí de finales del sigo XX y fue sustituido por efectos de autoría con los que poco tiene que ver el lavado emocional de esa ropa sucia que, según reza el dicho, debe llevarse a cabo en la mesurada privacidad del hogar. Así las cosas, no es del todo extraño que en los más diversos cursos de escritura “profesional” se abogue por establecer una distancia, descrita invariablemente como elegante, entre la experiencia personal y la experiencia propia de la escritura. Lo he dicho yo misma en varias ocasiones, a menudo a la menor provocación: la escritura no es un medio de expresión (de algo sabido o investigado o resuelto), sino una práctica de producción, preferiblemente de un universo, y preferiblemente de un universo profundamente personal. Y en la incorporación de esa última palabra, del adjetivo personal, se deduce luego entonces que el asunto, este asunto de una escritura que dé cuenta de uno mismo, es de suyo paradójico.
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Peter Sloterdijk, por ejemplo, recurre al concepto de la escritura nerviosa (una escritura marcada por tatuajes emocionales, también conocidos como engramas, que “ninguna educación es capaz de cubrir del todo y ninguna conversación logra esconder del todo”) para argumentar, apoyándose en la célebre cita de Paul Celan, que “la poesía no se impone, se expone”. Y el exponerse, al menos en el caso del Sloterdijk que escribió esa lección de Frankfurt que responde al título de La vida tatuada, ciertamente involucra el gesto de autodesnudamiento que pone en juego el tatuaje original y que es, desde un inicio, “un gesto de apertura, una victoria sobre la asfixia, un paso hacia delante, un exhibirse, un manifestarse y darse a oír, un sacrificio de la intimidad en aras de la publicidad, una renuncia a la noche y niebla de la privacidad en beneficio de una ilustración bajo un cielo común”. En el arte, continúa Sloterdijk, primero es el testimonio (la expresión) y luego la creación (la producción) puesto que, de otra manera, es decir, sin ese tatuaje primigenio que pone en movimiento al lenguaje, que con-mociona al lenguaje, el arte sólo “será ejemplo de transmisión de una miseria brillante”, es decir, una impostura. Después de todo, la poesía se expone, y en esto no podría estar más de acuerdo con Sloterdijk, para renovar un compromiso contra “la falsa sublimidad”, y se expone “contra los enteradillos de arriba, contra la autocomplacencia, contra el esteticismo, contra las señoras y señores de la cultura y contra esa cultura periodística, con todas sus posesiones y reglas de medir”.
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Un filósofo de ascendencia tan distinta como Michael Onfray parece estar abogando por algo parecido cuando decidió concluir su Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar, con una coda de título “Por una novela autobiográfica”. Sirviéndose de la obra de Luciano de Samóstata, el filósofo que guerrea contra los dogmáticos a fuerza de sarcasmo, Onfray trae a colación dos lecciones, a saber, que “los filósofos manifiestan un talento verdadero para construir mundos extraordinarios, pero inhabitables” y que “los filósofos enseñan unas virtudes que se cuidan mucho de practicar. Venden morales que se reconocen incapaces de activar”. De ahí que el pensador francés declare sin ambages que “una existencia debe producir una obra exactamente igual como, a su vez, una obra debe generar una existencia”. Dar cuenta de uno mismo en este caso no constituye un acto superfluo de exhibición personal, sino una estrategia retórica y moral que liga, diríase que de manera indisoluble, la idea profesada y la vida vivida. “La lección que podemos retener de los doxógrafos antiguos sigue siendo importante”, argumenta Onfray, “cuando la vida y la obra funcionan como el anverso y el reverso de la misma medalla, cuando, de manera fractal, cada detalle informa sobre la naturaleza del todo, cuando una anécdota recapitula toda una trayectoria, cuando la vida filosófica necesita, y hasta exige, la novela autobiográfica, cuando una obra presenta interés solamente si produce efectos en lo real inmediato, visible y reparable”.
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Porque, ¿quién, de verdad, puede conmoverse, es decir, conmocionarse, por la lectura de un libro elaborado dentro de la esfera de la así llamada Distancia Elegante? Y si no es para conmocionarme, es decir, para conminarme al movimiento, esto es, para afectar mi vida en lo inmediato y en lo visible, entonces ¿para qué leer?

lunes, abril 07, 2008

Al fin, todos millonarios



Diario Milenio-México (07/04/08)
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Por más que la ficción otorgue auspiciosas licencias al embustero, nadie creería una historia que comenzara así: “Había una vez un país donde los precios subían el 700 % diario…”
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1 Entre el papel moneda y el papelón
Cuando la gente apela al sentido común, suele olvidar que es un órgano elástico. Cada vez que la realidad extiende sus fronteras y posibilidades con la arbitrariedad que le caracteriza, el sentido común hace milagros para seguir creyendo que la engloba. Vayamos a los hechos: hace unos días que circula por el mundo la imagen de un billete de cincuenta millones de dólares, expedido por el Reserve Bank Of Zimbabwe. Lo más interesante del documento no es lo mucho, sino lo poco o nada que se puede comprar con él, pues su valor con trabajos rebasa el de un dólar americano. Ante esta situación, el gobierno de Robert Mugabe reconoce niveles de inflación lindantes con el cien mil por ciento, si bien se sabe que rebasa el doscientos cincuenta mil. Es decir que lo que hace un año costaba un ya de por sí pobre dólar de Zimbabwe, se vende ahora por dos mil quinientos —de cualquier forma escasos, frente a un desempleo del 80 %— y esto Mugabe lo ha venido resolviendo con la desaforada impresión de más y más dinero.
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Habemos quienes todavía creemos que la realidad puede modificarse desde una humilde imprenta, si bien no necesariamente para mejorarla. Imprimir todos esos millones de billetes que seis meses después valdrán menos de una milésima parte significa extender brutalmente las dimensiones del sentido común, en particular para quienes deben salir a la calle con costales de billetes para ir comprar frutas al mercado, y luego hacer los cálculos astronómicos indispensables para establecer cada equivalencia, con el riesgo de que en esos minutos el precio del producto suba al doble o el triple. Negocio incalculable para quienes controlan a capricho la cotización oficial del dólar de Zimbabwe, allí donde hasta el más barato de los automóviles se cotiza en millones de millones de dólares locales. Para quien vive en esas circunstancias, el sentido común se va transfigurando hasta tomar la forma de un adefesio, pues nadie en sus cabales conseguiría creer, desde otra latitud, lo que para uno es moneda corriente. Valga la metáfora.
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2 Los llamaban panchólares
Tal vez lo más extraño del sentido común sometido a las vejaciones de la realidad sea su insólita capacidad de recuperación. Al cabo de diez años, campea ya un amnesia colectiva en torno a aquellos tiempos en los que casi todo pasó a no valer nada. A la moneda se le restan ceros, la otrora clase media acomodada se acomoda en la clase media baja, mientras otros se van directo al sótano. No es raro entonces dar con profesionistas metidos a marchantes callejeros, así como ladrones de gallinas transformados en líderes de masas. Todo lo cual es muy estimulante para quien se dedica a hacer ficción, pues por lo visto sólo desde allí se vuelve indispensable la precisión de ciertos recuerdos, pero el esfuerzo nos presenta toda suerte de retos aritméticos. No quiero imaginar la cantidad de líneas que un narrador de Zimbabwe deberá emplear, de aquí a unos pocos años, para explicar el sueldo de sus personajes en diversos momentos de un año con inflación de un cuarto de millón porcentual.
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Quisiera uno que las historias se explicaran solas. La sola idea de recurrir constantemente al pie de página para que acaben de cuadrar las cuentas parece abominable. Sería preferible, para el caso, narrar de un modo lo bastante hiperbólico para que nada cuadrara con nada, que es lo que le sucede a la realidad en ciertas épocas, pero no puede uno darse ese lujo. Así como los gobernantes realizan malabares inenarrables para dar apariencia de orden al caos, quien pretende contar la historia de una cierta realidad caótica tiene que hallarle, o en su caso imponerle, un orden y un sentido. Si, por ejemplo, la acción transcurre en México hace quince años, tarde o temprano narrador y lector deberán hacer suyo el sentido común del lugar y la época, según el cual medio millón de pesos no alcanzaba para maldita la cosa.
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¿Qué significa “maldita la cosa”? He ahí los estragos de la realidad en la piel del sentido común. Cada vez que la realidad se torna inexplicable, los expertos se aferran a las cifras para ponerla en claro. Pero esas cifras son como tarjetas telefónicas, que se acumulan una encima de otra sin que, tiempo después, sepamos cuáles son las que aún sirven, aunque al fin todas vayan a caducar. Escribe uno “maldita la cosa” para suplir con una interjección el recuerdo impreciso de los años caóticos. De ahí a dejar atrás el papel moneda y volver a las épocas del trueque ya no hay mucha distancia. Si la historia que cuento pertenece a esas épocas, vale más convertir los precios a hamburguesas, litros de gasolina, boletos para el cine, lo que más dé confianza, una vez que los pesos se han devaluado hasta donde podían. Que en ficción equivale a cero punto cero.
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3 Millones son razones
“Nos resignamos al mal tiempo, que es periódico, mas no nos habituamos a los malos gobiernos, que también lo son”, escribió Carlos Drummond de Andrade. Tampoco se acostumbra la gente a no saber lo que vale el dinero, así que una vez idos los tiempos difíciles lo más cómodo es, si se mira hacia allá, recordarlos como los cuentos de hadas de la infancia. Cosas que en una de éstas jamás pasaron (contribuirán así, al relatarse, a hacer que el tiempo viejo parezca aún más viejo y su recuento menos acreditable). ¿A quién va a acomodarle no saber cuánto valen los papeles que trae en la cartera, ya sean éstos escasos o abundantes? Tal vez el peor error de Robert Mugabe no fuera regatearle el respeto a sus expertos, y de paso al total de sus ciudadanos, sino perdérselo de plano al dinero. Vanidoso como es, el sentido común no perdona tamaña felonía. Cuando esa realidad pierda vigencia, procederá a enterrarla bajo un práctico monte de olvido. A ver, al fin, quién era más elástico.

viernes, abril 04, 2008

La sheaffer de Enrique Aguirre Carrasco (1915-2000)

Bajo el Sol- (Diario Cambio y E-consulta, Puebla 03/04/08)
Roberto Martínez Garcilazo
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Es de plata el barril y el capuchón.
Labrada en rombos y ligera de peso.
El plumín de oro y el trazo excepcionalmente consistente y ágil.
Este bellísimo objeto es parte del legado del Maestro para mí (la otra, la mayor, es el privilegio de haber sido su alumno).
Me abismo pensando en las miles de horas que con ella escribió –caligrafía alta y delgada.
En las miles de oraciones que con ella construyó.
En el pensamiento que edificó en el papel con esta estilográfica que hoy, de manera orgullosa poseo.
Misteriosa es la vida de los objetos: súbitos sus cambios de aparente dueño -¿no son más bien ellos los que nos poseen hasta agotarnos la breve vida?
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La sheaffer de plata es mi talismán.
La joya que escribe es oráculo infalible.
Es brújula de certezas en días oscuros.
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Porque hay días en los que de pronto, como si abrieras los ojos después de caminar a ciegas, te descubres respirando en territorio canalla y cercado de malignidad y tontería y es necesario, urgente escribo, recuperarse uno mismo,y regresar (¿A Itaca?) y reanudar la vida.
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Hoy recuerdo a Aguirre hablando de Epicteto.
La de Aguirre era una prosa verbal de artista.
Lo veo diciendo que el filósofo que nació esclavo era paradigma y alegoría de la única vida posible para el hombre.
Esfuérzate y se libre, decía Aguirre que preconizaba el estoico griego.
Hoy descubro que el aforismo es suyo.
La sheaffer de Aguirre es la herramienta extraordinaria con la que forjo mi redención ahora.

jueves, abril 03, 2008

Literatura en la UAP

De Letras-María Torres Ponce
Diario Milenio-Puebla (03/04/08)
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La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla organiza el XXXVII Congreso Internacional del Instituto de Literatura Iberoamericana del 24 al 28 de junio de este año, con el fin de darle continuidad a este congreso que se celebra cada dos años en diferentes sedes como en la Universidad de Salamanca, la University of Iowa, la Universidad de Poitiers en Francia y la Universidad de Génova en Italia, entre otras.
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En esta ocasión la organización del Congreso se enfrentó a circunstancias adversas por razones ajenas que no competen a la Universidad Autónoma de Puebla, por lo que el doctor Alejandro Palma Castro, director de la Facultad de Filosofía y Letras, se da a la tarea de rescatarlo, como un acto de amor a la literatura, sin soslayar, desde luego, el valor académico y cultural que representa para nuestra universidad y para nuestra ciudad ser la sede de tan relevante evento.
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El Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana fue fundado en 1938 en la ciudad de México, a instancias de personalidades tales como Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, como un intento de reafirmación de la unidad hispánica en tiempos de la Guerra Civil Española. A partir de entonces, durante casi seis décadas y sin interrupciones, este instituto se ha dedicado a la tarea de difundir internacionalmente la literatura, la cultura y la crítica literaria latinoamericanas a través de sus congresos, de la reconocida Revista Iberoamericana y de sus líneas editoriales. En la actualidad cuenta con más de 250 socios alrededor del mundo, quienes en su mayoría ocupan puestos académicos relevantes en la enseñanza y difusión de la cultura iberoamericana.
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La Comisión de honor de dicho Congreso estará presidida por destacadas personalidades: Margo Glantz, presidenta honoraria (UNAM), Renato Prada Oropeza (UAP), Aída Gambetta (UAP), Aurelio González (Colmex), Ana Rosa Domenella (UAM), Lucía Melgar (UNAM, Universidad Veracruzana), Rita Plancarte Martínez (Universidad de Sonora), Dulce María Zúñiga (Universidad de Guadalajara), Frank Loveland (Iberoamericana Puebla), Sandra Lorenzano (Universidad del Claustro de Sor Juana), Evodio Escalante (UAM) y María Isabel Belausteguigoitia Rius (UNAM).
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Los ponentes, que vienen de diversos países, expondrán temas interesantes para la comunidad: Nacionalismo frontera y globalización; Estudios trasatlánticos y transpacíficos; Paradigmas de interpretación de la literatura colonial; Brasil: historia y proyecciones en el nuevo milenio; Literatura y culturas indígenas; La literatura y las artes; Debates de género (literatura gay); estudios transgenéricos (feminismo, etc); Estudios latinos y chicanos; Literatura policiaca, ciencia ficción y ciberculturas; Nación, estado y modernización en el siglo XIX; Subculturas urbanas en la literatura; Discurso cultural y discurso visual; Nuevas subjetividades y nuevas agendas sociales; Relecturas del canon latinoamericanista; Historia del IILI y la Revista Iberoamericana, en sesiones plenarias y conferencias, así como en eventos especiales.
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Gracias a este tipo de actividades culturales que se desarrollan en nuestra Alma Mater, se brinda la oportunidad no sólo de proyectar la cultura de nuestra ciudad, sino también de consolidar la imagen de nuestra universidad con el interés necesariamente académico, que formaliza y distingue el quehacer fundamental de la educación, además de lograr una posición internacional de la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra universidad, así como la difusión del trabajo de investigación en las humanidades de académicos y estudiantes, amén de la proyección nacional de la Maestría en Literatura Mexicana y el Colegio de Lingüística y Literaturas Hispánicas.

Página del Minutario

Diario Milenio-Puebla (03/04/08)
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Estoy tratando de retomar el minutario que he prometido terminar a finales de este 2008. En realidad no sé si pueda lograrlo, he dejado muchos vacíos. Hace unos días escribí algunas cosas, sobre todo porque me interesaba dejar constancia de un hecho escalofriante que transmitieron en la televisión, en el noticiero de López Dóriga: la matanza de focas en Canadá. Parece que son actos que se permiten, así tan fácil como barrer una calle o ir al cine. Cada año pasan las mismas escenas en los noticiosos y creo que a la gente ya no le causa la mínima sorpresa. Nos han acostumbrado a tanta violencia. Pero la ley del Karma existe, y esos que matan con tanto placer a las focas del Canadá se quedarán, como escribía un poeta que leí allá por los setenta, “Sin lágrimas/ sin agonía corta/ sin mamá”. Si me piden el nombre del poeta, tendré que confesarles que no lo recuerdo, pero los versos sí se me quedaron en la cabeza.
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No se puede hacer daño impunemente. Me da horror el hecho de que circulen por la Internet esas ingratas acciones. Dijo el reporterito del medio electrónico que a partir de este año se seguiría permitiendo la matanza de las focas, pero que se recomendaría que no les provocaran tanto sufrimiento. Pues nadie atendió esa recomendación. ¿Por qué se permite la caza de focas? Simplemente –dicen— porque hay una gran sobrepoblación. Son como una plaga, aunque no sé quiénes hagan daño, quienes las matan lucran con su piel.
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Me preocupa mucho más lo que pasa con las indefensas focas de Canadá que el caso Mouriño, el recuento de los votos del PRD o el asunto del ex presidente municipal de Izúcar de Matamoros.
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Mucho más me preocupa lo de las focas del Canadá que el cese fulminante de Hugo Sánchez como director técnico de la Selección Nacional. Entre paréntesis, sólo entre paréntesis y para que no se olvide: hace ocho días, en esta misma columna, dije que “Hubo” Sánchez renunciaría; pero no, lo echaron y ahora él se ha comido sus propias palabras que declaró contra Lavolpe. Ya ven: el Karma. El gran jugador que hizo lo que nunca antes jugador mexicano ha hecho en Europa, se va humillado. Hace ocho días dije que Hugo se iría, pero ahora falta que se vaya otro personajazo de la cultura de Puebla que está utilizando su cargo para su beneficio personal. Sería una necedad de mi parte dar su nombre.
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He de retomar ahora este Minutario que tanto he prometido. Y he de terminarlo. Recomienzo extrayendo esta breve página sobre el horror que me ha causado la matanza de las focas en Canadá. Un buen amigo mío me dijo que el mundo siempre ha sido medio loco e insensible, y me pidió que pensara en cómo matan a los pollos o las reses que termina comiéndose.
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Pues sí, pero ahí está el Karma. En palabras de Swami Vivenkananda: “Karma designa las consecuencias de las acciones, los efectos de nuestras acciones pasadas.” Yo sólo lo apunto en este Minutario.

martes, abril 01, 2008

Historiar y ficcionar / 1



Diario Milenio-México (10/04/08)
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Las siguientes son notas para leer documentos históricos en modo etnográfico. Una escritura histórica tendría que proponerse encarnar ese sentido de composición competitiva y tensa
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Todo junto, todo a la vez: el collage como principio de construcción de la página. Desde que escribo historia, que es mucho después de que empezara a escribir novelas, he tenido la sospecha de que el público en general no lee libros de historia porque la gran mayoría, independientemente del tema que traten o la anécdota que intenten desarrollar, van escritos de la misma forma. Me refiero, por supuesto, a los libros de historia académica, a los libros académicos de historia que suelen explorar, por cierto, temas de suyo interesantes y anécdotas por demás amenas o escandalosas. Sin embargo, organizados de acuerdo a principios inculcados, ya subrepticia o ya de manera evidente, por manuales de reglas metodológicas o libros de consejos acerca de cómo escribir una tesis, muchos de estos textos se conforman de acuerdo a, y de paso confirman, una narrativa lineal en modo aristotélico, la cual incluye, a saber, tres pasos: la elaboración de un contexto estable y debidamente documentado; la descripción, de preferencia en gran detalle, del conflicto y/o hecho que ocurre en dicho contexto; y la producción de una resolución final. Esta narrativa, que tiende a reproducir una idea lineal, es decir, secuencial, es decir visual, de lo narrado, tiene como consecuencia el ocluir el sentido de impermanencia y de simultaneidad tan asociadas a las labores del oído y la presencia. Una escritura histórica en modo etnográfico, luego entonces, precisará de estrategias narrativas que contrarresten este fenómeno y abran las posibilidades dialógicas del texto. Y aquí es donde los consejos de Walter Benjamín, y sus peculiares notas para una filosofía de la historia, vuelven a hacer su aparición: el collage como estrategia para componer una página de alto contraste cuyo resultado es el conocimiento no como explicación del “objeto de estudio” sino como redención del mismo.
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El expediente de Matilda Burgos, como otros tantos del Manicomio General La Castañeda, está compuesto, de hecho, de acuerdo a un principio semejante. Aunque firmado por un médico, el diagnóstico no es ni lineal ni definitivo. Todo lo contrario: una lectura detallada de este material textual pone en evidencia que el diagnóstico, como el expediente mismo, es un constructo multi-vocal y, además, contradictorio. Para muestra basta un botón. En la boleta de admisión, la primera hoja del expediente de Matilda Burgos, se responde a la pregunta acerca de la causa de su admisión con las siguientes dos alternativas: Confusión mental amoralidad. Demencia precoz hebefrénica. La primera de estas anotaciones está conspicua y significativamente tachada. A manera de palimpsesto o de capa geológica, el expediente acoge ésta y otras revisiones pero sin borrar las notas precedentes y, de más importancia para el lector en modo etno-historiográfico, sin incorporar las nuevas versiones a las anteriores, es decir, sin normalizarlas. El texto, en este sentido, no sólo es una colección de marcas sino una colección de marcas o inscripciones en permanente y perpetua competencia. Una escritura histórica en modo etnográfico, una escritura histórica que se pensara ante todo como escritura, tendría que proponerse como reto el encarnar en la página del libro este sentido de composición competitiva y tensa, esta estructura dialógica propia de e interna al documento mismo. El collage, así, no sería una medida de representación arbitraria o externa al documento, sino una estrategia que, en ciertos casos, en casos como el de Matilda Burgos, contribuiría a llevar al papel su historia y la manera en que esa historia fue compuesta a inicios de siglo XX dentro de las instalaciones del Manicomio General La Castañeda. Así entonces, no basta con identificar “todas” las versiones posibles y rechazar sólo una, la versión final, sino que habría que mostrarlo.
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La función el collage es sostener tantas versiones como sea posible, colocándolas tan cerca una de la otra como para provocar el contraste, el asombro, el gozo –ese conocimiento producido por la epifanía no enunciada sino compuesta o fabricada por el mero tendido del texto, su arquitectura.
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Lo que esto significa en términos de la posición del autor dentro del texto, especialmente en una era en que se experimenta con la muerte de la muerte del autor, es importante. El historiador en modo etnográfico que escribe de acuerdo a los principios del collage no puede preservar su posición hermenéutica como intérprete de documentos o como descifrador de signos. No se trata de un historiador que ande en busca de la verdad escondida de las cosas. Este otro historiador, y aquí utilizo un símil del mundo de la música contemporánea, cumplirá más bien las funciones de compositor o, aún mejor, de director de orquesta gestual muy a la Boulez. Lo cito: “El director debe tener en todo momento disponible en su cabeza, y de manera instantánea, el dibujo de la disposición, tanto más cuanto que los acontecimientos que se quieren suscitar no se producen de raíz de una secuencia fija, o porque dicha secuencia puede ser improvisada y puede cambiar en cualquier momento. Hay que ‘tocar’ a los músicos, como si fueran las teclas de un piano”. Hay que “tocar” a los documentos, parafraseo ahora, como si fueran las teclas de un piano.

lunes, marzo 31, 2008

El festín del marchante


Diario Milenio-México (31/03/08)
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Resuenan fuegos de artificio en la trastienda de la olimpiada china, pues según tradiciones locales ya es tiempo de tapar las bocas de los propios y los ojos de los extraños.
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1 ¿Es usted mexicanito?
Desde niños nos fuimos acostumbrando a llamarlos así: chinos. Lo de menos es si eran japoneses, coreanos o mongoles, bastaba con el buen detalle de regalarles, igual que a los negros, aquel diminutivo en teoría cariñoso que ante los otros hablaba mejor de uno que de ellos: chinito. El menosprecio gana buena prensa cuando se lo confunde con esa baja forma de simpatía que tanto se asemeja a la compasión. Nos parecen desprotegidos los chinitos, como seguramente lo estaría uno si se extraviara en un horizonte distante donde todo parece estar en riguroso chino. Y como pasa que buena parte de esos extraños usan a la sonrisa como medio específico de expresión, nunca falta quien piense que están dispuestos a creer cualquier cosa. ¿No es acaso a los crédulos y a los ingenuos a quienes engañamos como a un chino?
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Los chinos están lejos, y esto nos acomoda. Podemos maquillarlos como nos dé la gana sin que intervengan para desmentirnos. Son como esos parientes distantísimos cuya suerte nos interesa poco menos que la de un ex vecino huraño. No que no desee uno que les vaya bien, pero tampoco perderá el apetito si se entera —casi siempre tardía, borrosamente— que en algo les ha ido muy mal. Qué triste, lamentamos, y tal vez solamente recordaremos su fatalidad si a ésta la acompañan detalles escabrosos que pueda uno contar, pelando los dientes. Y los chinos son tantos y tan distantes que tienen que pasarla demasiado mal para que uno se entere y se preocupe y preocupe a los otros con su relato. ¿Qué es demasiado mal? Si tomamos en cuenta la calidad y cantidad de vejaciones que han soportado y aún soportan en masa millones y millones de auténticos chinos, lo probable es que ni una bomba atómica conmueva nuestras buenas conciencias occidentales. A saber cuántos piensan que Hiroshima está en China, como sería el caso de Nagasaki.
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2 Cinco aros y una svástica
Durante la olimpiada de 1936, los nazis se esforzaron por ofrecer una buena imagen a los visitantes, no pocas veces con enormes despliegues de arrogancia, tanto así que sus fiestas —especialmente las del payo Göring— evocaban con infumables gusto y fasto un grandeur imperial de pacotilla, pero asimismo se esforzaron en disimular el resultado de tres años de represión feroz y racismo rampante. De una noche para otra desaparecieron letreros y señalamientos públicos destinados a segregar judíos, y en su lugar quedó el espíritu olímpico que los nazis —cracks de la propaganda— aprovecharon de principio a fin, desde que poco o nada quedó fuera de su control. Los visitantes vieron solamente lo que los de la svástica aprobaron.
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Una pregunta cándida: ¿cómo habría resuelto el hipersensitivo Führer una rechifla como la que tres décadas después se llevó el presidente Díaz Ordaz durante la inauguración de su olimpiada? La verdad es que Hitler resolvió esos asuntos desde que se adueñó de su partido, afirmando que entre los impulsores de la dictadura no deben celebrarse elecciones internas. Fue el propio Hermann Göring —nombrado Jefe de la Policía al mismo tiempo que su patrón Canciller— quien se encargó de hacer esa limpìeza desde su primer día de chamba carnicera y expedita. Para 1936, cualquier voz inconforme dentro del Tercer Reich se expresaba en el más estricto sigilo; es de creerse que ya una simple porra a Jesse Owens habría sido albur considerable allí donde reinaba la delación. ¿Cómo iban a aceptar los ases de la propaganda nacionalista que en los juegos olímpicos la imagen de Alemania resultara raspada? ¿Quién de los imagólogos del lambiche Goebbels no habría hecho milagros por evitarse la ira tremebunda del Nazi Mayor, cuyos berrinches de por sí evocaban cuchillos extralargos, cristales astillados y sogas ajustables?
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3 El caso de la antorcha china
¿Cómo resolverían los gobernantes chinos una rechifla en el estadio olímpico? Teóricamente, la tienen resuelta. Hasta hace poco tiempo, disponían de cada uno de los mecanismos de control para tapar la boca de sus ciudadanos, y hoy que las pasan negras para taparnos ojos y oídos encuentran que tampoco terminan de callarlos, menos aún en tiempos olímpicos. Ahora mismo, a cuatro meses del evento, menudean las redadas de indeseables —prostitutas, vendedores ambulantes, buscavidas— que se pasarán cuando menos de aquí al fin de los juegos en centros de reeducación por el trabajo cuya sola existencia se antoja tenebrosa. Al propio tiempo, los disidentes son perseguidos como piezas de caza, toda vez que a ninguno de los líderes le gustaría descubrirse abucheado por su culpa. Una cosa es que los caciques locales se sumen al espíritu cosmopolita del evento y otra muy diferente que hagan a un lado el pudor pueblerino que permea asimismo en una olimpiada. Parecerían decir Todos somos Astérix, y al mismo tiempo Yo soy el César.
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Cada día los chinos están menos distantes, tanto que es imposible no ser sus clientes. Así, el gobierno pule su imagen pensando astutamente que el cliente es aquel que siempre pierde la razón, y más vale no darle argumentos. Después de la olimpiada, volverá cada uno a su distancia y tornarán los chinos a ser los chinos que eran, y entonces volverá a tenernos sin cuidado si las hoy pudorosas autoridades chinas masacran estudiantes, encierran disidentes, asesinan más monjes y continúan pujando para tapar la boca de su gente, que hoy día para quejarse sólo tiene unos juegos olímpicos.
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¿Alguien recuerda aquella escena del After hours de Scorsese donde la mesera le entrega al cliente un mensaje con la leyenda Sácame de este trabajo? La pregunta, no obstante, es si el cliente querrá enemistarse con el dueño del restaurante —que también lo es de la tienda y el almacén y la boutique y gran parte del pueblo— sólo porque se entera que tiene a la mesera durmiendo en la trastienda, trabajando catorce horas diarias y no la deja ni hablar por teléfono. Una metáfora sin duda benigna para un régimen que practica la pena de muerte por negocio y comercia con órganos de ajusticiados y penaliza a las familias de los convictos por su responsabilidad en el delito cometido. El caso es que el marchante está de fiesta, pero sólo de la trastienda para acá. Helo ahí, con la sonrisa puesta, repartiendo tarjetas de cliente distinguido.

viernes, marzo 28, 2008

República, cultura y corrupción

Bajo el Sol-Diario E-consulta-Puebla(27/03/08)
Roberto Martínez Garcilazo
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¿Existen límites sociales de tolerancia a la ineptitud, a la negligencia y a la incuria de las autoridades culturales gubernamentales pagadas por las contribuciones de los ciudadanos?
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O por lo contrario, debe la sociedad aceptar pasivamente la existencia de burócratas que utilicen el cargo público sólo para beneficio personal en detrimento de los intereses de la sociedad.
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¿Deben los ciudadanos seguir pagando salarios privilegiados a profesionales del galimatías y del fingimiento institucional?
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Las preguntas anteriores, surgieron a partir de la lectura de la nota periodística de Judith Amador Tello, en Proceso (1638), titulada Vela, una decepción: Suárez del Real.
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En este texto la reportera consigna que "Contrario a la opinión de que su comparecencia ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados le fue favorable, expresada por Sergio Vela, presidente del CONACULTA, el diputado Alfonso Suárez del Real considera que sólo cumplió una parte de la expectativa y le falta entregar muchas pruebas sobre los temas abordados".
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En esta nota dice Suárez del Real: "...su visión de la cultura no llega a comprender la importancia que tiene en un pueblo como el nuestro".

No es exagerado concebir esta situación como una crisis del espíritu republicano de rendición de cuentas y revocabilidad de los funcionarios incompetentes.
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Sin duda en la raíz de este fenómeno está la falta de mecanismos ciudadanos que permitan la destitución de este tipo de burócratas que se comportan como cortesanos de cierta monarquía absolutista.
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Es común observar a estos oficinistas encumbrados por la fortuna –fortuna y virtud son los hilos que mueven las marionetas del escenario político- actuar arbitrariamente en contra de sus subordinados: los cesan sin razón laboral suficiente porque no soportan la independencia de criterio ni la capacidad profesional ajena.
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En el agudo proceso de degradación de la vida pública y de la convivencia social, esta fauna de oficina, surgida de un aciago azar, es representación siniestra de la corrupción. Es virus que destruye instituciones y el tejido social.

Emos y Culturas Populares

Diario Milenio-Puebla (27/03/08)
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En este momento que escribo esto, Bob Dylan está dando un concierto en la Plaza de Armas de la ciudad de Zacatecas. Esta mañana (hoy es 25 de marzo), el locutor Fernando Canales dijo en su programa que había sido un gran acierto de la gobernadora del estado de Zacatecas, Amalia García Medina, haber invitado a Dylan a participar de la Semana Cultural. En contraste, leyó –completita— una muy crítica carta enviada por una persona –ciudadana poblana–, donde se manifestaba preocupada por la visible simulación que sufre la cultura en esta entidad.
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Es verdad que los temas vuelven, se imponen. Ahora que yo pretendía hablar de los Emos (un tema de moda) y de Bob Dylan, aparece un escándalo más que tiene que ver con ese otro tema recurrente en muchos periodistas y medios (incluso a nivel nacional), que es la petición de la renuncia al jefe de Culturas Populares en Puebla (quien ha realizado un excelente trabajo), el compañero Gerardo Pérez Muñoz, sólo porque ha habido quejas del "Simpatías", del "Güicho Domínguez" de la cultura (así le dicen porque se sacó la lotería con el cargo), al trabajo que realiza Pérez Muñoz.
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Y el "Simpatías" lo ha hecho con su sistema habitual: mandar a otra persona a que realice la función de quien simplemente “le ha caído mal”, por razones que sólo están medio claras en sus neuras. La lista es larga y no es sorpresivo para nadie. Estamos ya habituados.
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El método que usó el "Simpatías" fue el que tiene bien estudiado: la intriga, esta vez a nivel de la Federación. Pero el tiempo pasa y las acciones quedan. Y luego, el tiempo corre veloz, sólo volverá a ser lo que era –lo que es–: nada.
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En este momento, cuando casi concluyo la redacción de esta nota, Bob Dylan canta en el estado de Zacatecas.
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El tema de los Emos lo había tratado de retomar precisamente porque un periodista los comparó con el movimiento hippie de hace cuarenta años. Nada que ver. Tan nada que ver que me imagino que los Emos no están en el concierto de Dylan.
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Me han reportado la presencia de muchos jóvenes que llegaron de diferentes partes de la República Mexicana. Emos no. Yo, personalmente, no creo en los Emos, porque no creo en la depresión simulada. Tampoco apruebo la agresión de la que han sido víctimas.
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Así como no justifico la agresión que por parte de otros grupos de la cultura popular han sufrido los Emos, tampoco justifico la agresión que ha comenzado a desatar un solo hombre en contra del trabajo que se ha venido realizando en Culturas Populares durante tanto tiempo.
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Gerardo Pérez, por lo pronto, ha respondido acertadamente: éste es un problema que debe resolver la Federación, no el "Simpatías". Y es que el "Simpatías" actúa como los agresores de los Emos: sólo por gusto, sólo porque le complace. Es irracional y dirige nuestra cultura.
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¿Cómo se llama el "Simpatías"?: Alejandro Montiel, el que no tiene empacho en decirse secretario. Y de cultura. Qué imagen.
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Mucho éxito, Dylan; traten de limar asperezas, Emos; y tira ya la toalla, "Simpatías". Reconoce tu incapacidad, quizá por estos días tome la misma decisión Hugo Sánchez. No estás solo.

miércoles, marzo 26, 2008

The Juvenis Fragment

Dirección de Comunicación Social de la Benemérita Universidad Autonóma de Puebla, Casa del Escritor y el Movimiento cultural La Fuga Literaria invitan a colaborar en la revista The Juvenis Fragment
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Poesía, cuento, relato, mini-ficción, reseña, artículo de opinión, fotografía, política, antropología, sociología, etc.
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Edición:
Israel Aguilar Torres
Alfredo Godínez Pérez
Padua Karina Herrera Cruz
Jennyfer Kim Cancián

Diseño:
Anyi Valerdi
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Periodicidad: Trimestral.
Paginación: De 80 a 120 páginas.
Contenido: El contenido estará divido de la siguiente manera:
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· Presentación: será escrita por el editor en jefe y aparecerá en cada número y hará un breve resumen de lo que se verá en la revista.
· Sumario: aquí entra detalladamente el contenido de la revista con la paginación correspondiente.
· Colección de obra fotográfica: a lo largo de la revista se irán presentando algunas fotografías que podrían ser temáticas de acuerdo al contenido de la revista. Este espacio está pensado para el producto de alumnos de la BUAP o de egresados de la misma que apenas dan sus primeros pasos y así mostrar al público la calidad que se tiene en la institución.
· La vuelta al mundo en 80 miradas (sección multidisciplinaría): está sección presentará artículos escritos ya sea por alumnos o por académicos de la Universidad, el objetivo es crear un vínculo comunicativo y de convivencia entre ambas comunidades. Aquí podrán entrar textos de distintas áreas, sin que necesariamente se enfoquen en la temática central de la revista o que entre los artículos de dicha sección exista algún vaso comunicante.
· Dossier: esta sección pertenece al contenido central de la revista, por lo que aparecerán en ella escritores, investigadores o expertos en el tema para combinar sus plumas con catedráticos de la Universidad ampliamente distinguidos, y si el caso lo amerita y el trabajo lo vale, también se publicarán textos de alumnos.
· Homo… ¿sapiens?: aquí se abordarán temas de interés social buscando cuestionar la actitud o comportamiento del hombre ante los fenómenos sociales.
· El Taller: espacio para la publicación de textos de corte literario: cuento, mini-ficción, crónica y poesía (aunque esta se irá presentando a lo largo de la revista como descanso entre sección y sección). La publicación de estos textos serán únicamente de escritores jóvenes sin ningún libro publicado, con el afán de ir apoyando nuevos talentos. Se empezará por gente local.
· Reseña, 24 formas para entender el mundo: como ya lo indica su nombre, aquí se publicarán reseñas, en este caso serán 6 de libros, 6 de discos, 6 de películas a la renta y otras 6 generalizadas, es decir, obras de teatro, conferencias, foros, encuentros literarios, etc., para conformas las 24 que indicadas por el título. Esta sección será escrita por alumnos que comienzas a hacer sus primeras incursiones en el medio, así como por gente que desee compartir sus “descubrimientos” y cumplan la calidad necesaria para su publicación.
· Entrevista: se entrevistará a una persona destacada para que hable un poco del tema principal de la revista, pero sin dejar a un lado lo que ha hecho a lo largo de su vida creativa o académica.
· Humor de colores: para darle un toque relajado a la revista, esta sección nace para hacer pasar un rato agradable al lector. Se podrá leer todo tipo de ocurrencias, desde las más blancas e inocentes hasta la más pesadas y vulgares, pasando por el humor negro y de tantos colores pueda ser.
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Para los cuatro primeros números se han pensado los siguientes temas, así como entrevistas:
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Consejo editorial y staff: se propone sea compuesto por un alumno y un maestro de las siguientes áreas: Lingüística y Literatura Hispánica, Historia, Filosofía, Antropología, Psicología, Artes, Comunicación, Sociología y Derecho. Esto con el fin de englobar todas las áreas afines y poder hacer una revista más completa. El Staff inmediato estará integrado por los miembros de la Fuga Literaria.
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Consejo editorial honorario: integrado por escritores y académicos locales y nacionales, en parte como un como un homenaje a su aportación, y otra para ofrecer mayor seriedad en la revista, logrando así tener más prestigio y calidad.
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Características de los textos:
Artículo: 6 cuartillas a espacio y medio en letra Times New Roman 12.
Creación Literaria (cuento, mini-ficción, poesía y crónica): Se deberán enviar 5 muestras a espacio y medio en letra Times New Roman 12. La temática es libre.
Reseña: 3 cuartillas a espacio y medio en letra Times New Roman 12. Los libros reseñados no pueden ser anteriores a dos años.
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Todos los textos deberán llevar al final sus datos personales y de localización: nombre, fecha de nacimiento, dirección de residencia, correo electrónico, teléfono estacional y móvil.
Lo textos referentes a lo creativo deberán corresponder a autores que no tengan ninguna publicación editada de forma individual por alguna editorial ya nacional o trasnacional.
Todos los artículos, textos literarios y reseñas deberán ser inéditos.
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Características de fotografía:
La fotografía deberá ser enviada como archivo pdf o jpeg. Debe ser un portafolio inédito y temático entre sí.
Para ser considerado como candidato a ser publicado en la revista, el autor de la obra fotográfica no tendrá que gozar de reconocimiento, debe ser completamente inédito. No cuenta exposiciones o publicaciones de obras colectivas.

martes, marzo 25, 2008

Líneas huérfanas



Diario Milenio-México (25/03/08)
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Recuerdo, luego entonces, trastoco.
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En algún momento ocurrió: abandoné la estabilidad del papel por la virtualidad de la pantalla. Y no puedo decir “no hay vuelta de hoja” para indicar que se trata de un proceso irreversible.
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Todo encuentro es ilegible. Todo encuentro ocurre por primera vez. Si lo identificamos, es decir, si lo percibimos, eso no es un encuentro sino una repetición.
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Las interacciones que transcurren en la vigilia son el pie de página del texto que construimos en el sueño.
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La vigilia es la forma más lenta de lo narrado.
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Si del desarrollo-de-signficado-a-través-del-tiempo se elimina el término desarrollo, entonces queda una aproximación contemporánea a lo que construye la narración.
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Los amores, como los años, cuando se cumplen es que ya los viviste.
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El lugar de origen es una relación entre el cuerpo y su paisaje.
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Sólo creo en la oración (el Gramático Religioso dixit).
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El libro no ayuda a descubrir el secreto que hay en el lector; el libro, cuando es libro, produce ese secreto en el lector.
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Escribir es, desde luego, el acto a través del cual el lenguaje se vacía. Escribir es vaciar.
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Toda interpretación es un shock (y la escritura es traumática).
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Quien nos ama, nos convierte irremediablemente en otro ser imaginario.
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Escribir y amar son procesos similares: uno va hacia ellos como hacia el abismo. Uno va a ellos por el abismo. Uno regresa. Abismado.
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Todo lo verdaderamente significativo ocurre siempre en el penúltimo (capítulo) (párrafo) (línea) (piso).
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Entre los cuerpos que se desean sólo cabe la nube.
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Uno nunca regresa, se sabe. Uno, creyendo que va de regreso, en realidad se desvía o inventa otro lugar.
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El que cierra las puertas olvida con frecuencia que, una vez que desaparece el último sonido del cerrojo, tendrá que enfrentar la oscuridad de su propio sótano. A solas. El sonido de su corazón aterrado alrededor.
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La que abre ventanas sabe que la vida, como la escritura, es cuestión de afuera. Cosa de alteridad y alteración. Aire.
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Los libros en efecto ofrecen sus páginas de manera generosa pero nunca de manera indiscriminada. Así, producidos dentro del espacio de las almas afines, los libros sólo se dan a aquellos que saben leerlos, sólo a aquellos con los que existe la base de la afinidad y la probabilidad de la complicidad.
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Un libro que no es, al menos, dos libros, no es un libro.
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Un país es, acaso sobre todo, sus nubes.
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La nube, como la palabra en el texto, protege el contenido del cielo.
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Nos dimos a la tarea de perseguir nubes como si se trataran de mariposas o asesinos. Íbamos a la expectativa, sonriendo, pensando. Y entonces lo descubrimos. No nos cupo la menor duda: el cielo huye. En la ciudad, el cielo se esconde detrás de los edificios y las cúpulas. En busca de anonimato o de silencio, el cielo se parapeta tras los espectaculares y la contaminación. Intentando distraer a sus perseguidores, el cielo ronda los semáforos y actúa como si nada estuviera pasando cuando pasan los aviones. Se necesita perseverancia y método para alcanzarlo. Se necesita, sobre todo, saber exactamente cómo perder el tiempo.Escribo y hablo. Escribo y enuncio. Escribo y oigo la escritura. Escribir altera.
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Cuando el párrafo es párrafo, en realidad es verso.
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Postear: Escritura con (a)hora.
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El efecto de velocidad y la apariencia de inmediatez de la blog-escritura resultan de saltarse esa lenta convención capitalista que es el dinero.
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La espalda es un poema en clave.
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Dic Robe Juarr qu, cua de na ha serv hab co pal enter, ha q habl co pedaz d palab--reconq e olvi balbu y dej q lo pedaz s pegu des pues sol os co sueld l s hue y la rui s. Dic q lo troz os d alg sn anter a alg. Y, co puen lee, toy d acuer.
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Uno va al mar. Uno va al mar y se detiene. Distancia anecdótica. El cuerpo tiene dos pies. Tiene dedos. Uñas. Quién es uno? Alguien se aproxima. Alguno se moja los dedos de un pie. Alguien deja huella. Uno no es dos. Me gusta el adjetivo “trémulo”. Mientras todo esto pasa yo pienso en otra cosa. Eso es lo que escribe en mí. La otra cosa que pasa mientras. Pero me quedé en que iba al mar. Me quedé adentro. Algo se aleja.
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El escritor es un loco de (rel)atar.
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El adolescente, a fin y principio de cuentas, siempre encuentra su casa. Cuando no lo hace, entonces se sabe, con toda la amarga certeza del caso, que ha empezado la edad adulta. El verdadero extravío.
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Perderse para decir la vida, extraviada.
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El yo escrito es un réquiem.
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Narrar hace que mi relación con el mundo sea siempre triangular (y estoy consciente de que ésa es una figura divina).
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Un Destino Enunciado existe y Alguien Que No Soy Yo lo vive ahora mismo.
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Alrededor de estas palabras está la pantalla. Alrededor de la pantalla, el afuera de la realidad. Afuera, por cierto, llueve. Alrededor de la lluvia están las palabras.
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Escribir aquí la palabra aquí no deja de tener su allá.
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El mundo, tal y como lo conocemos, no es más que esta cruel y cotidiana (y por ello “natural”) conspiración contra la escritura. Porque cuando la escritura es, cuando se alcanza a sí misma, cuando se da, es puro anti-mundo. Es radical vértigo.
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El que escribe, registra. El que registra, archiva. El que archiva, olvida.

lunes, marzo 24, 2008

Muchos perros, pocos huesos



Diario Milenio-México (24/03/08)
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La guerra de las tribus entretiene a la izquierda nacional, pero incluso las tribus más primitivas tienen sus normas éticas. Hasta donde se sabe, no suelen entenderse a mordidas.
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1 Un poco de biología
Cualquiera que conviva con un perro tiene una cierta idea de cuánto vale un hueso, pero hay que cohabitar con más de uno para saber qué tanto puede cotizarse. De ahí que en esos casos la experiencia aconseje contar con más de un hueso y preferentemente darle a cada uno el suyo, en lugares distintos y separados. En mi caso lo supe muy temprano, cuando por defender un hueso que creyó amenazado, un perro callejero me acomodó certera tarascada cerca del ojo izquierdo. Tres mordidas más tarde, a los canes les tengo más respeto que miedo, aunque menos respeto que simpatía. Disfruto especialmente regalarles galletas y dulces, o sostener el mango de la paleta helada mientras la van lamiendo hasta tocar palo (cada paleta de un lado, no sea que se engorilen y acabemos los tres damnificados), pero lo que ellos más aprecian es recibir el hueso, que si tiene la talla y el diámetro idóneos les durará por horas, o hasta días, durante cuyo transcurso no habrá monomanía más absorbente y plena.
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No recomendaría a ningún visitante que intentara quitarle un hueso a mis chuchos, entre cuyas mandíbulas —habituadas a quebrar huesos de buey— durarían seguramente poco las falangetas de un imprudente, pero yo puedo hacerlo y conozco el resultado: el can me seguirá por todas partes, echándome en la viva piel de la conciencia su mirada de chantajista aventajado. Pero no va a morderme, ni siquiera a gruñirme. Nos conocemos de arriba abajo, confiamos en el otro como difícilmente confiaríamos en uno de la misma especie. Compartimos espacio sin los celos y envidias que entre los nuestros suelen ser poco menos que reglamentarios, y es a veces a fuerza de observarnos que entendemos mejor nuestra naturaleza compartida. Los distraídos que se asombran porque un perro los muerde por defender un hueso tendrían que reparar en la cantidad de incautos que se dejan matar por no ser asaltados. ¿Qué vale más, el hueso o la cartera? Si he de ser democrático, tengo perdida la votación en un hogar donde soy minoría, y si atiendo a las evidencias éstas son contundentes. Conozco bien los tacos de tuétano, y hasta hoy ningún chucho me ha mordido la cartera.
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2 Suavecito de roer
Comparar a políticos con perros es para los primeros encomio desmedido y para los segundos crueldad innecesaria, pero el término es viejo y elocuente. Lo que en otros ambientes se conoce como empleo, trabajo o chamba, entre la burocracia mexicana se le llama hueso. Un puesto mal pagado pero tan auspicioso que muy difícilmente querrá su dueño desprenderse de él, y es probable que gruña, muerda y arranque extremidades antes de permitir que se lo quiten. Y ello le viene cómodo a quien le dio ese hueso. ¿Quién no querría tener sus órdenes a un incondicional agradecido y, si fuera preciso, combativo? ¿No es por cierto ése el pan de cada día de la gentuza que se dedica a transformar perros fieles en fieras peligrosas? Ahora bien, si el solo encuentro de dos pit-bulls y un solo hueso parece de por sí espeluznante, imaginemos a una legión de ellos rondando a una decena de huesos fresquecitos.
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Abusemos ahora de la imaginación y veamos al árbol de los huesos rodeado por legiones de pit-bulls golosos, posesivos y rehacios a cualquier negociación. Una escena de suyo disuasiva donde tanto hacia afuera como hacia adentro de cada horda menudean las traiciones y los oportunismos más desfachatados, así como un profuso surtido de coartadas morales edificantes. He ido muy lejos, claro. Bastaba con los perros y el árbol de los huesos para hacer lo increíble imaginable, pero ya la caricatura de unos pit-bulls hipócritas, serviles y aviesos pecaba de grotesca. Aun el pit-bull, que es creación humana —un bull terrier traumado, en realidad— tiene su pundonor de especie: ataca cuando ataca, no se anda con lamidas por defender un hueso.
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3 No hay progreso sin hueso
No hay, sin embargo, simulación que valga para quien recién ha perdido un hueso. Se les mira de lejos el abismo. Recordemos los rostros perdedores de elecciones pasadas. Unos desencajados, otros rabiosos, cada quien incapaz de sobreponerse al dolor y el berrinche por el hueso perdido, eligiendo culpables, conspiradores y traidores que ayuden a explicar lo inexplicable. Porque claro, hay de huesos a huesos. Los grandes, por ejemplo, permiten repartir innumerables huesos y huesitos, y ese es negocio aparte. Cuando se pierde un hueso de buen tamaño, en realidad se viene abajo todo un osario. Y si se gana, a veces, también, pues cierto es que los traficantes de huesos —esto es, los dueños de las piezas mayores— acostumbran comprometerse a entregar muchos más de los que tienen. Si alguien pudiera un día hacer la cuenta por las expectativas guajiras que genera una sola elección partidista en la autocalificada izquierda mexicana, tal vez entenderíamos la rabia con la que se destazan. Han repartido muchos huesos virtuales, ninguno de sus clientes va a quedarse contento con un papel que dice Vale por un hueso.
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Misantropías aparte, la superioridad moral de los canídeos se comprueba a partir de su actitud hacia el hueso. Lo quieren, por supuesto. Mueven la cola para obtenerlo y pelan los colmillos para defenderlo, pero no tienen que engañar a nadie, ni necesitan recurrir a trampas vetustas para arrebatárselo. Nadie ha visto a un pit-bull administrando y repartiendo los huesos de acuerdo a muy oscuras conveniencias, aunque en nombre de cierta causa inconsecuente. Menos aún se les vería peleando a muerte por la prerrogativa de repartirlos. Llego, pues, a las últimas líneas arrastrando los restos de la metáfora, pues ya me siento en deuda con los pit-bulls, que de entrada jamás prometen ser decentes y pacíficos y democráticos, ni aseguran hacer lo suyo en nombre de mayoría o minoría alguna. Por lo demás, y hasta donde se sabe, los perros no persiguen huesos de dinosaurio. Es decir, para dinosaurio. Izquierda rancia, pues. Hay que ir a la prehistoria para explicarla.

domingo, marzo 23, 2008

"…Sobre una nube de claveles rojos"

Bajo el Sol
Roberto Martínez Garcilazo (Diario E-Consulta Puebla-23/03/08)
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Son las 09h 58m del viernes 21 de marzo en el atrio del templo de San José, en la 18 oriente y la 2 norte, de la ciudad de Puebla. En esta mañana de luz brumosa de manera insólita y ecuménica coinciden los calendarios astronómico (inicio de la primavera), político (nacimiento de Juárez) y religioso (viernes santo).
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Mundos simultáneos ocurren este día en la Pirámide de Cholula, la Avenida Juárez y el centro histórico de la Ciudad de Puebla. Cada uno de ellos con su propia cosmovisión, liturgia y dramatis personae.
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De los astrales alternativos que vestidos de blanco alzan los brazos hacia el sol en busca de la energía celeste y, de los políticos que vestidos de negro, que montan guardia en el republicano monumento, nada escribiré. Sí, en cambio, de los católicos -70 mil según la eclesiástica contabilidad) que este día caminan por las calles de Puebla rezando y pidiendo perdón al cielo por sus pecados (otro es el cielo y el sol de los católicos, no los mismos de los albos paganos de Cholula).
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Son las 10h 00m en el atrio de san José. Los miembros de la Cofradía de Jesús Nazareno son cientos; tal vez incluso lleguen a ser mil. Son adultos mayores, jóvenes y niños, todos ellos vestidos de negro con una faja morada y, todos también, de marcial y rápida disciplina.
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Cuidadosamente organizados por jerarquías se distribuyen tareas según sus rangos y edades: banda de música, valla, escolta y mandos.
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Suenan las trompetas y los saxos, gimen el dramático "¡Perdón, indulgencia…" Un silencio cargado de tensión brisa las banderas moradas y los pendones del atrio.
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Justo en el centro de las lajas centenarias de la explanada, está la litera con capelo en la que el Señor de las Maravillas hará el recorrido de la procesión.
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Este año, los cofrades de esta congregación, irán por Él a su templo y lo traerán hasta aquí para que junto al Jesús Nazareno, tomen camino hacia la Catedral. Mientras, por el lado opuesto de la ciudad, se desplazarán entre ayes de dolor y penitencia las esculturas magníficas de La Virgen de la Soledad y La Dolorosa, y otro tanto hará –atravesando el río- El Padre Jesús de Analco.
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Las 10h 15m. Al pie del portón cerrado del templo de san José, en terrible ostinato, otra banda toca una música lamentosa cuya desgarrada melodía se repite delirantemente. Los feligreses se amontonan dócilmente y en silencio esperando que salga el Nazareno hacia la muerte predestinada, cíclica, trágica, centenaria.
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Quema el sol. Son las 10h 21m. Dieciséis hombres de negro levantan la litera del capelo y marchan hacia el templo del Señor de las Maravillas. Una cohorte de niños va tras ellos, bajan la escalera y se forman sobre la 18 oriente para esperar; llevan en sus manos cruces huecas de madera equipadas con manivelas que al girar hacen graznar insospechadas matracas.
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Muros devastados por el tiempo. Frágiles casas de los hombres bajo la luz del día. Una anciana de gesto agrio y bastón de plástico camina con dolorosa dificultad; un niño de tres años ríe, corre, cae de bruces y llora buscando a su madre.
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10h 55m. La gente habla quedo y con la cabeza baja.
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Silencio roto por el redoble de tambores que omisos anuncian la inminencia del sacrificio.
Graznan siniestras las matracas y llega, cargado en vilo –de miel y dorado- el Señor de las Maravillas y los fieles apelotonados lloran ante la visión del caído. Rezan, aplauden.
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Son las 11h 01m y sale, vestido de guinda y oro, Jesús Nazareno hacia la muerte caminando sobre una nube de claves rojos y la conmoción hermana al rebaño de almas que lloran y se hincan al paso del que morirá por ellos.
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Baja las escaleras la víctima del destino providente y los ojos de todos lo miran.
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Baja las escaleras y no es uno, son miles de hombres y mujeres los que bajan los escalones de piedra en busca del milagro que nimbe la miseria de sus días.
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Hoy morirán todos.
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Hoy todos serán abandonados por el Padre en la cruz de la agonía.
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Y es un río de gladiolas, claveles y crisantemos.
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Y es una riada bronca de miles de hombres y mujeres y niños y ancianos.
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Es un brazo de mar del pueblo pobre y doliente.
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Son los miserables, son los condenados de la tierra, son los que nada tienen, son los que entrarán sin duda al reino de los cielos; los que caminan, se detienen, rezan, lloran, van cantando bajo el sol hacia la muerte…

martes, marzo 18, 2008

Traducciones del frío



Diario Milenio-México (18/03/08)
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El frío me da frío. El frío me hace exclamar cosas inauditas. Amenazante y acorazado, el frío siempre se aproxima. Blanco. Silencioso. Cuando llega aquí, que es mi alrededor, se introduce hasta la médula de los huesos sin pedir permiso y, luego, se niega a salir. El frío me llama, susurrante. Hay un hueco en un lugar recóndito del cerebro que, en su presencia, se paraliza, estupefacto. Rostro de alabastro. Guiño encantador. Acaso por eso suelo salir a su encuentro, al encuentro del frío, tanto como puedo. Acaso por eso regreso, exhausta. Precavida. El frío queda en las afueras del mundo: de eso estoy segura. El frío siempre está un poco más allá, justo en ese lugar a donde no llega la mano o el entendimiento. El frío me hace pensar en vocablos como Jrastilavc, Schilenrik, Jreghjubern. ¿Cómo traducir, entonces, esa experiencia que siendo tan íntima como imponente también escapa, con singular habilidad, a los recovecos lenguaje?
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Algo parecido debió haber pensado, presuntamente mientras se bañaba, Gianinna Reyes Giardello, estudiante de posgrado en el departamento de Español de la Universidad de Wisconsin-Madison. Interesada en participar, como lo había hecho en años anteriores, en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas, Giannina se propuso traducir su experiencia con el frío para todos aquellos que ya por fortuna o ya por desgracia no vivimos junto a cuatro lagos congelados durante un invierno que dura no menos de siete meses cada año. Acaso como el hielo justo en los últimos meses del otoño, la idea se extendió con suma rapidez por el campus universitario y, pronto, estudiantes de Alemania, Lituania, Camerún, Chipre, China, Cuba y Canadá, entre otros tantos, mandaron los textos que no tardaron en aparecer, como las primeras nevadas, en www.semanamujerstraducidas.blogspot.com, el blog oficial de la Internacional Semana que, como en años anteriores, fue cuidadosamente organizado por la poeta Amaranta Caballero Prado.
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Todo habría quedado así, que ya era suficientemente bueno, si Giannina Reyes Giardello no hubiera entrado en contacto con Paloma Celis-Carbajal, la bibliotecaria encargada de la colección Ibero-Americana de la Memorial Library. Pero Giannina se puso en contacto con Paloma y, entre las dos, con envidiable energía, se dieron a la tarea de ubicar recursos y encontrar ayuda (el diseño gráfico fue de Dan Joe; las relaciones públicas corrieron a cargo de Don Jonson; la página web quedó en manos de Tony Krier; las traducciones y la edición fue de John Burns) para organizar una exposición de estos y otros textos del frío en la entrada del recinto universitario y para convertir lo expuesto en una plaquette que pronto ya verá la luz. Así, entre el ir y venir en los cortísimos días del invierno, los estudiantes del lugar han podido detenerse aunque sea por un momento para reflexionar, junto con sus colegas de otros lares, sobre ese término entre bizarro y exacto que es el Wind Chill Factor, el nombre con el que oficialmente fue inaugurada la exposición el 11 de marzo pasado*.
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Giannina Reyes lo explica todo en “Érase que se era…”, el texto con el que participa en esta exposición-libro: “La definición de frío cambiaba cada día, incluso cada hora. Me descubría en las calles pensando que lo que sentía era, ahora sí, el verdadero frío; pero al día siguiente, cuando el termómetro bajaba un poco más, volvía a decirme lo mismo. Arrebatando sustantivos dejé el clima de muchos días sin nombre. Comencé a utilizar términos en inglés para los cuales aún no encuentro un equivalente aceptable. Un buen ejemplo es carámbano que parece más un término de billar y no un pedazo de hielo que cuelga de las puertas y ventanas. Otro, mi favorito, es wind chill factor. La traducción, temperatura aparente o temperatura de sensación, no define ni de lejos algo que podría explicarse como: estúpido viento matador que congela hasta el blanco de los ojos”. De difícil traducción, en efecto, el wind chill factor nos recuerda, de manera ineludible, que el frío siempre es peor de lo que parece.
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Hay un mundo allá afuera, dicen estos textos con alarma o convicción, donde ocurren cosas incomprensibles. Por eso Saylín Álvarez, originaria de Camagüey, Cuba, aprovecha la invitación para escribir una carta con consejos y lecciones dirigida a su hija recién nacida en las tierras del invierno. Por eso Kristina Puotkalyte-Gurgel describe con sumo cuidado en lituano y en inglés esos “lugares vulnerables” que son las primeras víctimas del frío: “algún lugar alrededor del cuello”, por ejemplo. Por eso Vanesa Fitzgibbon, de Sao Paulo, dirá que su deseo más grande era, el acento es sobre la conjugación en tiempo pasado, pasar una navidad blanca. Por eso el texto de Tianlin Wang, de China, se reduce (o se expande) a un “¿Por qué?”, repetido tres veces entre signos de exclamación y signos de interrogación. ¿Por qué?
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Algo parecido me preguntaba yo mientras daba mis primeros pasos, entre mesiánica y atónita, sobre la superficie congelada de un lago. “Esa”, me decían mis anfitriones señalando un leve promontorio sobre la capa de hielo, “fue alguna vez una ola en movimiento”. “Aquellos”, continuaban con el dedo índice escapándose rumbo al horizonte que formaban las espaldas encorvadas de una docena de hombres que sostenían unas cañas de pescar entre las manos inmóviles, “son los pescadores del invierno”. “Esto”, el énfasis caía ahora justo sobre los pies que, poco a poco, se acercaban a una grieta, “es la señal de que se acerca la primavera”. Entonces el hueco ese en el lugar recóndito del cerebro que suele quedarse paralizado ante la llegada del frío, se llenó de una suerte de melancolía absurda, de algo así como un paradójico pre-duelo, ante la inevitable aproximación del mundo normal. El mundo de los de adentro.
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* Wind Chill Factor. Translations of the Cold. University of Wisconsin-Madison International Students