viernes, marzo 28, 2008

República, cultura y corrupción

Bajo el Sol-Diario E-consulta-Puebla(27/03/08)
Roberto Martínez Garcilazo
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¿Existen límites sociales de tolerancia a la ineptitud, a la negligencia y a la incuria de las autoridades culturales gubernamentales pagadas por las contribuciones de los ciudadanos?
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O por lo contrario, debe la sociedad aceptar pasivamente la existencia de burócratas que utilicen el cargo público sólo para beneficio personal en detrimento de los intereses de la sociedad.
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¿Deben los ciudadanos seguir pagando salarios privilegiados a profesionales del galimatías y del fingimiento institucional?
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Las preguntas anteriores, surgieron a partir de la lectura de la nota periodística de Judith Amador Tello, en Proceso (1638), titulada Vela, una decepción: Suárez del Real.
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En este texto la reportera consigna que "Contrario a la opinión de que su comparecencia ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados le fue favorable, expresada por Sergio Vela, presidente del CONACULTA, el diputado Alfonso Suárez del Real considera que sólo cumplió una parte de la expectativa y le falta entregar muchas pruebas sobre los temas abordados".
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En esta nota dice Suárez del Real: "...su visión de la cultura no llega a comprender la importancia que tiene en un pueblo como el nuestro".

No es exagerado concebir esta situación como una crisis del espíritu republicano de rendición de cuentas y revocabilidad de los funcionarios incompetentes.
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Sin duda en la raíz de este fenómeno está la falta de mecanismos ciudadanos que permitan la destitución de este tipo de burócratas que se comportan como cortesanos de cierta monarquía absolutista.
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Es común observar a estos oficinistas encumbrados por la fortuna –fortuna y virtud son los hilos que mueven las marionetas del escenario político- actuar arbitrariamente en contra de sus subordinados: los cesan sin razón laboral suficiente porque no soportan la independencia de criterio ni la capacidad profesional ajena.
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En el agudo proceso de degradación de la vida pública y de la convivencia social, esta fauna de oficina, surgida de un aciago azar, es representación siniestra de la corrupción. Es virus que destruye instituciones y el tejido social.

Emos y Culturas Populares

Diario Milenio-Puebla (27/03/08)
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En este momento que escribo esto, Bob Dylan está dando un concierto en la Plaza de Armas de la ciudad de Zacatecas. Esta mañana (hoy es 25 de marzo), el locutor Fernando Canales dijo en su programa que había sido un gran acierto de la gobernadora del estado de Zacatecas, Amalia García Medina, haber invitado a Dylan a participar de la Semana Cultural. En contraste, leyó –completita— una muy crítica carta enviada por una persona –ciudadana poblana–, donde se manifestaba preocupada por la visible simulación que sufre la cultura en esta entidad.
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Es verdad que los temas vuelven, se imponen. Ahora que yo pretendía hablar de los Emos (un tema de moda) y de Bob Dylan, aparece un escándalo más que tiene que ver con ese otro tema recurrente en muchos periodistas y medios (incluso a nivel nacional), que es la petición de la renuncia al jefe de Culturas Populares en Puebla (quien ha realizado un excelente trabajo), el compañero Gerardo Pérez Muñoz, sólo porque ha habido quejas del "Simpatías", del "Güicho Domínguez" de la cultura (así le dicen porque se sacó la lotería con el cargo), al trabajo que realiza Pérez Muñoz.
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Y el "Simpatías" lo ha hecho con su sistema habitual: mandar a otra persona a que realice la función de quien simplemente “le ha caído mal”, por razones que sólo están medio claras en sus neuras. La lista es larga y no es sorpresivo para nadie. Estamos ya habituados.
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El método que usó el "Simpatías" fue el que tiene bien estudiado: la intriga, esta vez a nivel de la Federación. Pero el tiempo pasa y las acciones quedan. Y luego, el tiempo corre veloz, sólo volverá a ser lo que era –lo que es–: nada.
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En este momento, cuando casi concluyo la redacción de esta nota, Bob Dylan canta en el estado de Zacatecas.
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El tema de los Emos lo había tratado de retomar precisamente porque un periodista los comparó con el movimiento hippie de hace cuarenta años. Nada que ver. Tan nada que ver que me imagino que los Emos no están en el concierto de Dylan.
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Me han reportado la presencia de muchos jóvenes que llegaron de diferentes partes de la República Mexicana. Emos no. Yo, personalmente, no creo en los Emos, porque no creo en la depresión simulada. Tampoco apruebo la agresión de la que han sido víctimas.
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Así como no justifico la agresión que por parte de otros grupos de la cultura popular han sufrido los Emos, tampoco justifico la agresión que ha comenzado a desatar un solo hombre en contra del trabajo que se ha venido realizando en Culturas Populares durante tanto tiempo.
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Gerardo Pérez, por lo pronto, ha respondido acertadamente: éste es un problema que debe resolver la Federación, no el "Simpatías". Y es que el "Simpatías" actúa como los agresores de los Emos: sólo por gusto, sólo porque le complace. Es irracional y dirige nuestra cultura.
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¿Cómo se llama el "Simpatías"?: Alejandro Montiel, el que no tiene empacho en decirse secretario. Y de cultura. Qué imagen.
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Mucho éxito, Dylan; traten de limar asperezas, Emos; y tira ya la toalla, "Simpatías". Reconoce tu incapacidad, quizá por estos días tome la misma decisión Hugo Sánchez. No estás solo.

miércoles, marzo 26, 2008

The Juvenis Fragment

Dirección de Comunicación Social de la Benemérita Universidad Autonóma de Puebla, Casa del Escritor y el Movimiento cultural La Fuga Literaria invitan a colaborar en la revista The Juvenis Fragment
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Poesía, cuento, relato, mini-ficción, reseña, artículo de opinión, fotografía, política, antropología, sociología, etc.
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Edición:
Israel Aguilar Torres
Alfredo Godínez Pérez
Padua Karina Herrera Cruz
Jennyfer Kim Cancián

Diseño:
Anyi Valerdi
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Periodicidad: Trimestral.
Paginación: De 80 a 120 páginas.
Contenido: El contenido estará divido de la siguiente manera:
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· Presentación: será escrita por el editor en jefe y aparecerá en cada número y hará un breve resumen de lo que se verá en la revista.
· Sumario: aquí entra detalladamente el contenido de la revista con la paginación correspondiente.
· Colección de obra fotográfica: a lo largo de la revista se irán presentando algunas fotografías que podrían ser temáticas de acuerdo al contenido de la revista. Este espacio está pensado para el producto de alumnos de la BUAP o de egresados de la misma que apenas dan sus primeros pasos y así mostrar al público la calidad que se tiene en la institución.
· La vuelta al mundo en 80 miradas (sección multidisciplinaría): está sección presentará artículos escritos ya sea por alumnos o por académicos de la Universidad, el objetivo es crear un vínculo comunicativo y de convivencia entre ambas comunidades. Aquí podrán entrar textos de distintas áreas, sin que necesariamente se enfoquen en la temática central de la revista o que entre los artículos de dicha sección exista algún vaso comunicante.
· Dossier: esta sección pertenece al contenido central de la revista, por lo que aparecerán en ella escritores, investigadores o expertos en el tema para combinar sus plumas con catedráticos de la Universidad ampliamente distinguidos, y si el caso lo amerita y el trabajo lo vale, también se publicarán textos de alumnos.
· Homo… ¿sapiens?: aquí se abordarán temas de interés social buscando cuestionar la actitud o comportamiento del hombre ante los fenómenos sociales.
· El Taller: espacio para la publicación de textos de corte literario: cuento, mini-ficción, crónica y poesía (aunque esta se irá presentando a lo largo de la revista como descanso entre sección y sección). La publicación de estos textos serán únicamente de escritores jóvenes sin ningún libro publicado, con el afán de ir apoyando nuevos talentos. Se empezará por gente local.
· Reseña, 24 formas para entender el mundo: como ya lo indica su nombre, aquí se publicarán reseñas, en este caso serán 6 de libros, 6 de discos, 6 de películas a la renta y otras 6 generalizadas, es decir, obras de teatro, conferencias, foros, encuentros literarios, etc., para conformas las 24 que indicadas por el título. Esta sección será escrita por alumnos que comienzas a hacer sus primeras incursiones en el medio, así como por gente que desee compartir sus “descubrimientos” y cumplan la calidad necesaria para su publicación.
· Entrevista: se entrevistará a una persona destacada para que hable un poco del tema principal de la revista, pero sin dejar a un lado lo que ha hecho a lo largo de su vida creativa o académica.
· Humor de colores: para darle un toque relajado a la revista, esta sección nace para hacer pasar un rato agradable al lector. Se podrá leer todo tipo de ocurrencias, desde las más blancas e inocentes hasta la más pesadas y vulgares, pasando por el humor negro y de tantos colores pueda ser.
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Para los cuatro primeros números se han pensado los siguientes temas, así como entrevistas:
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Consejo editorial y staff: se propone sea compuesto por un alumno y un maestro de las siguientes áreas: Lingüística y Literatura Hispánica, Historia, Filosofía, Antropología, Psicología, Artes, Comunicación, Sociología y Derecho. Esto con el fin de englobar todas las áreas afines y poder hacer una revista más completa. El Staff inmediato estará integrado por los miembros de la Fuga Literaria.
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Consejo editorial honorario: integrado por escritores y académicos locales y nacionales, en parte como un como un homenaje a su aportación, y otra para ofrecer mayor seriedad en la revista, logrando así tener más prestigio y calidad.
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Características de los textos:
Artículo: 6 cuartillas a espacio y medio en letra Times New Roman 12.
Creación Literaria (cuento, mini-ficción, poesía y crónica): Se deberán enviar 5 muestras a espacio y medio en letra Times New Roman 12. La temática es libre.
Reseña: 3 cuartillas a espacio y medio en letra Times New Roman 12. Los libros reseñados no pueden ser anteriores a dos años.
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Todos los textos deberán llevar al final sus datos personales y de localización: nombre, fecha de nacimiento, dirección de residencia, correo electrónico, teléfono estacional y móvil.
Lo textos referentes a lo creativo deberán corresponder a autores que no tengan ninguna publicación editada de forma individual por alguna editorial ya nacional o trasnacional.
Todos los artículos, textos literarios y reseñas deberán ser inéditos.
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Características de fotografía:
La fotografía deberá ser enviada como archivo pdf o jpeg. Debe ser un portafolio inédito y temático entre sí.
Para ser considerado como candidato a ser publicado en la revista, el autor de la obra fotográfica no tendrá que gozar de reconocimiento, debe ser completamente inédito. No cuenta exposiciones o publicaciones de obras colectivas.

martes, marzo 25, 2008

Líneas huérfanas



Diario Milenio-México (25/03/08)
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Recuerdo, luego entonces, trastoco.
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En algún momento ocurrió: abandoné la estabilidad del papel por la virtualidad de la pantalla. Y no puedo decir “no hay vuelta de hoja” para indicar que se trata de un proceso irreversible.
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Todo encuentro es ilegible. Todo encuentro ocurre por primera vez. Si lo identificamos, es decir, si lo percibimos, eso no es un encuentro sino una repetición.
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Las interacciones que transcurren en la vigilia son el pie de página del texto que construimos en el sueño.
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La vigilia es la forma más lenta de lo narrado.
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Si del desarrollo-de-signficado-a-través-del-tiempo se elimina el término desarrollo, entonces queda una aproximación contemporánea a lo que construye la narración.
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Los amores, como los años, cuando se cumplen es que ya los viviste.
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El lugar de origen es una relación entre el cuerpo y su paisaje.
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Sólo creo en la oración (el Gramático Religioso dixit).
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El libro no ayuda a descubrir el secreto que hay en el lector; el libro, cuando es libro, produce ese secreto en el lector.
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Escribir es, desde luego, el acto a través del cual el lenguaje se vacía. Escribir es vaciar.
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Toda interpretación es un shock (y la escritura es traumática).
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Quien nos ama, nos convierte irremediablemente en otro ser imaginario.
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Escribir y amar son procesos similares: uno va hacia ellos como hacia el abismo. Uno va a ellos por el abismo. Uno regresa. Abismado.
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Todo lo verdaderamente significativo ocurre siempre en el penúltimo (capítulo) (párrafo) (línea) (piso).
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Entre los cuerpos que se desean sólo cabe la nube.
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Uno nunca regresa, se sabe. Uno, creyendo que va de regreso, en realidad se desvía o inventa otro lugar.
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El que cierra las puertas olvida con frecuencia que, una vez que desaparece el último sonido del cerrojo, tendrá que enfrentar la oscuridad de su propio sótano. A solas. El sonido de su corazón aterrado alrededor.
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La que abre ventanas sabe que la vida, como la escritura, es cuestión de afuera. Cosa de alteridad y alteración. Aire.
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Los libros en efecto ofrecen sus páginas de manera generosa pero nunca de manera indiscriminada. Así, producidos dentro del espacio de las almas afines, los libros sólo se dan a aquellos que saben leerlos, sólo a aquellos con los que existe la base de la afinidad y la probabilidad de la complicidad.
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Un libro que no es, al menos, dos libros, no es un libro.
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Un país es, acaso sobre todo, sus nubes.
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La nube, como la palabra en el texto, protege el contenido del cielo.
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Nos dimos a la tarea de perseguir nubes como si se trataran de mariposas o asesinos. Íbamos a la expectativa, sonriendo, pensando. Y entonces lo descubrimos. No nos cupo la menor duda: el cielo huye. En la ciudad, el cielo se esconde detrás de los edificios y las cúpulas. En busca de anonimato o de silencio, el cielo se parapeta tras los espectaculares y la contaminación. Intentando distraer a sus perseguidores, el cielo ronda los semáforos y actúa como si nada estuviera pasando cuando pasan los aviones. Se necesita perseverancia y método para alcanzarlo. Se necesita, sobre todo, saber exactamente cómo perder el tiempo.Escribo y hablo. Escribo y enuncio. Escribo y oigo la escritura. Escribir altera.
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Cuando el párrafo es párrafo, en realidad es verso.
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Postear: Escritura con (a)hora.
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El efecto de velocidad y la apariencia de inmediatez de la blog-escritura resultan de saltarse esa lenta convención capitalista que es el dinero.
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La espalda es un poema en clave.
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Dic Robe Juarr qu, cua de na ha serv hab co pal enter, ha q habl co pedaz d palab--reconq e olvi balbu y dej q lo pedaz s pegu des pues sol os co sueld l s hue y la rui s. Dic q lo troz os d alg sn anter a alg. Y, co puen lee, toy d acuer.
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Uno va al mar. Uno va al mar y se detiene. Distancia anecdótica. El cuerpo tiene dos pies. Tiene dedos. Uñas. Quién es uno? Alguien se aproxima. Alguno se moja los dedos de un pie. Alguien deja huella. Uno no es dos. Me gusta el adjetivo “trémulo”. Mientras todo esto pasa yo pienso en otra cosa. Eso es lo que escribe en mí. La otra cosa que pasa mientras. Pero me quedé en que iba al mar. Me quedé adentro. Algo se aleja.
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El escritor es un loco de (rel)atar.
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El adolescente, a fin y principio de cuentas, siempre encuentra su casa. Cuando no lo hace, entonces se sabe, con toda la amarga certeza del caso, que ha empezado la edad adulta. El verdadero extravío.
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Perderse para decir la vida, extraviada.
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El yo escrito es un réquiem.
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Narrar hace que mi relación con el mundo sea siempre triangular (y estoy consciente de que ésa es una figura divina).
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Un Destino Enunciado existe y Alguien Que No Soy Yo lo vive ahora mismo.
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Alrededor de estas palabras está la pantalla. Alrededor de la pantalla, el afuera de la realidad. Afuera, por cierto, llueve. Alrededor de la lluvia están las palabras.
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Escribir aquí la palabra aquí no deja de tener su allá.
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El mundo, tal y como lo conocemos, no es más que esta cruel y cotidiana (y por ello “natural”) conspiración contra la escritura. Porque cuando la escritura es, cuando se alcanza a sí misma, cuando se da, es puro anti-mundo. Es radical vértigo.
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El que escribe, registra. El que registra, archiva. El que archiva, olvida.

lunes, marzo 24, 2008

Muchos perros, pocos huesos



Diario Milenio-México (24/03/08)
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La guerra de las tribus entretiene a la izquierda nacional, pero incluso las tribus más primitivas tienen sus normas éticas. Hasta donde se sabe, no suelen entenderse a mordidas.
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1 Un poco de biología
Cualquiera que conviva con un perro tiene una cierta idea de cuánto vale un hueso, pero hay que cohabitar con más de uno para saber qué tanto puede cotizarse. De ahí que en esos casos la experiencia aconseje contar con más de un hueso y preferentemente darle a cada uno el suyo, en lugares distintos y separados. En mi caso lo supe muy temprano, cuando por defender un hueso que creyó amenazado, un perro callejero me acomodó certera tarascada cerca del ojo izquierdo. Tres mordidas más tarde, a los canes les tengo más respeto que miedo, aunque menos respeto que simpatía. Disfruto especialmente regalarles galletas y dulces, o sostener el mango de la paleta helada mientras la van lamiendo hasta tocar palo (cada paleta de un lado, no sea que se engorilen y acabemos los tres damnificados), pero lo que ellos más aprecian es recibir el hueso, que si tiene la talla y el diámetro idóneos les durará por horas, o hasta días, durante cuyo transcurso no habrá monomanía más absorbente y plena.
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No recomendaría a ningún visitante que intentara quitarle un hueso a mis chuchos, entre cuyas mandíbulas —habituadas a quebrar huesos de buey— durarían seguramente poco las falangetas de un imprudente, pero yo puedo hacerlo y conozco el resultado: el can me seguirá por todas partes, echándome en la viva piel de la conciencia su mirada de chantajista aventajado. Pero no va a morderme, ni siquiera a gruñirme. Nos conocemos de arriba abajo, confiamos en el otro como difícilmente confiaríamos en uno de la misma especie. Compartimos espacio sin los celos y envidias que entre los nuestros suelen ser poco menos que reglamentarios, y es a veces a fuerza de observarnos que entendemos mejor nuestra naturaleza compartida. Los distraídos que se asombran porque un perro los muerde por defender un hueso tendrían que reparar en la cantidad de incautos que se dejan matar por no ser asaltados. ¿Qué vale más, el hueso o la cartera? Si he de ser democrático, tengo perdida la votación en un hogar donde soy minoría, y si atiendo a las evidencias éstas son contundentes. Conozco bien los tacos de tuétano, y hasta hoy ningún chucho me ha mordido la cartera.
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2 Suavecito de roer
Comparar a políticos con perros es para los primeros encomio desmedido y para los segundos crueldad innecesaria, pero el término es viejo y elocuente. Lo que en otros ambientes se conoce como empleo, trabajo o chamba, entre la burocracia mexicana se le llama hueso. Un puesto mal pagado pero tan auspicioso que muy difícilmente querrá su dueño desprenderse de él, y es probable que gruña, muerda y arranque extremidades antes de permitir que se lo quiten. Y ello le viene cómodo a quien le dio ese hueso. ¿Quién no querría tener sus órdenes a un incondicional agradecido y, si fuera preciso, combativo? ¿No es por cierto ése el pan de cada día de la gentuza que se dedica a transformar perros fieles en fieras peligrosas? Ahora bien, si el solo encuentro de dos pit-bulls y un solo hueso parece de por sí espeluznante, imaginemos a una legión de ellos rondando a una decena de huesos fresquecitos.
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Abusemos ahora de la imaginación y veamos al árbol de los huesos rodeado por legiones de pit-bulls golosos, posesivos y rehacios a cualquier negociación. Una escena de suyo disuasiva donde tanto hacia afuera como hacia adentro de cada horda menudean las traiciones y los oportunismos más desfachatados, así como un profuso surtido de coartadas morales edificantes. He ido muy lejos, claro. Bastaba con los perros y el árbol de los huesos para hacer lo increíble imaginable, pero ya la caricatura de unos pit-bulls hipócritas, serviles y aviesos pecaba de grotesca. Aun el pit-bull, que es creación humana —un bull terrier traumado, en realidad— tiene su pundonor de especie: ataca cuando ataca, no se anda con lamidas por defender un hueso.
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3 No hay progreso sin hueso
No hay, sin embargo, simulación que valga para quien recién ha perdido un hueso. Se les mira de lejos el abismo. Recordemos los rostros perdedores de elecciones pasadas. Unos desencajados, otros rabiosos, cada quien incapaz de sobreponerse al dolor y el berrinche por el hueso perdido, eligiendo culpables, conspiradores y traidores que ayuden a explicar lo inexplicable. Porque claro, hay de huesos a huesos. Los grandes, por ejemplo, permiten repartir innumerables huesos y huesitos, y ese es negocio aparte. Cuando se pierde un hueso de buen tamaño, en realidad se viene abajo todo un osario. Y si se gana, a veces, también, pues cierto es que los traficantes de huesos —esto es, los dueños de las piezas mayores— acostumbran comprometerse a entregar muchos más de los que tienen. Si alguien pudiera un día hacer la cuenta por las expectativas guajiras que genera una sola elección partidista en la autocalificada izquierda mexicana, tal vez entenderíamos la rabia con la que se destazan. Han repartido muchos huesos virtuales, ninguno de sus clientes va a quedarse contento con un papel que dice Vale por un hueso.
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Misantropías aparte, la superioridad moral de los canídeos se comprueba a partir de su actitud hacia el hueso. Lo quieren, por supuesto. Mueven la cola para obtenerlo y pelan los colmillos para defenderlo, pero no tienen que engañar a nadie, ni necesitan recurrir a trampas vetustas para arrebatárselo. Nadie ha visto a un pit-bull administrando y repartiendo los huesos de acuerdo a muy oscuras conveniencias, aunque en nombre de cierta causa inconsecuente. Menos aún se les vería peleando a muerte por la prerrogativa de repartirlos. Llego, pues, a las últimas líneas arrastrando los restos de la metáfora, pues ya me siento en deuda con los pit-bulls, que de entrada jamás prometen ser decentes y pacíficos y democráticos, ni aseguran hacer lo suyo en nombre de mayoría o minoría alguna. Por lo demás, y hasta donde se sabe, los perros no persiguen huesos de dinosaurio. Es decir, para dinosaurio. Izquierda rancia, pues. Hay que ir a la prehistoria para explicarla.

domingo, marzo 23, 2008

"…Sobre una nube de claveles rojos"

Bajo el Sol
Roberto Martínez Garcilazo (Diario E-Consulta Puebla-23/03/08)
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Son las 09h 58m del viernes 21 de marzo en el atrio del templo de San José, en la 18 oriente y la 2 norte, de la ciudad de Puebla. En esta mañana de luz brumosa de manera insólita y ecuménica coinciden los calendarios astronómico (inicio de la primavera), político (nacimiento de Juárez) y religioso (viernes santo).
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Mundos simultáneos ocurren este día en la Pirámide de Cholula, la Avenida Juárez y el centro histórico de la Ciudad de Puebla. Cada uno de ellos con su propia cosmovisión, liturgia y dramatis personae.
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De los astrales alternativos que vestidos de blanco alzan los brazos hacia el sol en busca de la energía celeste y, de los políticos que vestidos de negro, que montan guardia en el republicano monumento, nada escribiré. Sí, en cambio, de los católicos -70 mil según la eclesiástica contabilidad) que este día caminan por las calles de Puebla rezando y pidiendo perdón al cielo por sus pecados (otro es el cielo y el sol de los católicos, no los mismos de los albos paganos de Cholula).
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Son las 10h 00m en el atrio de san José. Los miembros de la Cofradía de Jesús Nazareno son cientos; tal vez incluso lleguen a ser mil. Son adultos mayores, jóvenes y niños, todos ellos vestidos de negro con una faja morada y, todos también, de marcial y rápida disciplina.
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Cuidadosamente organizados por jerarquías se distribuyen tareas según sus rangos y edades: banda de música, valla, escolta y mandos.
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Suenan las trompetas y los saxos, gimen el dramático "¡Perdón, indulgencia…" Un silencio cargado de tensión brisa las banderas moradas y los pendones del atrio.
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Justo en el centro de las lajas centenarias de la explanada, está la litera con capelo en la que el Señor de las Maravillas hará el recorrido de la procesión.
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Este año, los cofrades de esta congregación, irán por Él a su templo y lo traerán hasta aquí para que junto al Jesús Nazareno, tomen camino hacia la Catedral. Mientras, por el lado opuesto de la ciudad, se desplazarán entre ayes de dolor y penitencia las esculturas magníficas de La Virgen de la Soledad y La Dolorosa, y otro tanto hará –atravesando el río- El Padre Jesús de Analco.
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Las 10h 15m. Al pie del portón cerrado del templo de san José, en terrible ostinato, otra banda toca una música lamentosa cuya desgarrada melodía se repite delirantemente. Los feligreses se amontonan dócilmente y en silencio esperando que salga el Nazareno hacia la muerte predestinada, cíclica, trágica, centenaria.
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Quema el sol. Son las 10h 21m. Dieciséis hombres de negro levantan la litera del capelo y marchan hacia el templo del Señor de las Maravillas. Una cohorte de niños va tras ellos, bajan la escalera y se forman sobre la 18 oriente para esperar; llevan en sus manos cruces huecas de madera equipadas con manivelas que al girar hacen graznar insospechadas matracas.
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Muros devastados por el tiempo. Frágiles casas de los hombres bajo la luz del día. Una anciana de gesto agrio y bastón de plástico camina con dolorosa dificultad; un niño de tres años ríe, corre, cae de bruces y llora buscando a su madre.
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10h 55m. La gente habla quedo y con la cabeza baja.
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Silencio roto por el redoble de tambores que omisos anuncian la inminencia del sacrificio.
Graznan siniestras las matracas y llega, cargado en vilo –de miel y dorado- el Señor de las Maravillas y los fieles apelotonados lloran ante la visión del caído. Rezan, aplauden.
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Son las 11h 01m y sale, vestido de guinda y oro, Jesús Nazareno hacia la muerte caminando sobre una nube de claves rojos y la conmoción hermana al rebaño de almas que lloran y se hincan al paso del que morirá por ellos.
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Baja las escaleras la víctima del destino providente y los ojos de todos lo miran.
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Baja las escaleras y no es uno, son miles de hombres y mujeres los que bajan los escalones de piedra en busca del milagro que nimbe la miseria de sus días.
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Hoy morirán todos.
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Hoy todos serán abandonados por el Padre en la cruz de la agonía.
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Y es un río de gladiolas, claveles y crisantemos.
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Y es una riada bronca de miles de hombres y mujeres y niños y ancianos.
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Es un brazo de mar del pueblo pobre y doliente.
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Son los miserables, son los condenados de la tierra, son los que nada tienen, son los que entrarán sin duda al reino de los cielos; los que caminan, se detienen, rezan, lloran, van cantando bajo el sol hacia la muerte…

martes, marzo 18, 2008

Traducciones del frío



Diario Milenio-México (18/03/08)
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El frío me da frío. El frío me hace exclamar cosas inauditas. Amenazante y acorazado, el frío siempre se aproxima. Blanco. Silencioso. Cuando llega aquí, que es mi alrededor, se introduce hasta la médula de los huesos sin pedir permiso y, luego, se niega a salir. El frío me llama, susurrante. Hay un hueco en un lugar recóndito del cerebro que, en su presencia, se paraliza, estupefacto. Rostro de alabastro. Guiño encantador. Acaso por eso suelo salir a su encuentro, al encuentro del frío, tanto como puedo. Acaso por eso regreso, exhausta. Precavida. El frío queda en las afueras del mundo: de eso estoy segura. El frío siempre está un poco más allá, justo en ese lugar a donde no llega la mano o el entendimiento. El frío me hace pensar en vocablos como Jrastilavc, Schilenrik, Jreghjubern. ¿Cómo traducir, entonces, esa experiencia que siendo tan íntima como imponente también escapa, con singular habilidad, a los recovecos lenguaje?
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Algo parecido debió haber pensado, presuntamente mientras se bañaba, Gianinna Reyes Giardello, estudiante de posgrado en el departamento de Español de la Universidad de Wisconsin-Madison. Interesada en participar, como lo había hecho en años anteriores, en La Inquietante (e Internacional) Semana de las Mujeres Traducidas, Giannina se propuso traducir su experiencia con el frío para todos aquellos que ya por fortuna o ya por desgracia no vivimos junto a cuatro lagos congelados durante un invierno que dura no menos de siete meses cada año. Acaso como el hielo justo en los últimos meses del otoño, la idea se extendió con suma rapidez por el campus universitario y, pronto, estudiantes de Alemania, Lituania, Camerún, Chipre, China, Cuba y Canadá, entre otros tantos, mandaron los textos que no tardaron en aparecer, como las primeras nevadas, en www.semanamujerstraducidas.blogspot.com, el blog oficial de la Internacional Semana que, como en años anteriores, fue cuidadosamente organizado por la poeta Amaranta Caballero Prado.
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Todo habría quedado así, que ya era suficientemente bueno, si Giannina Reyes Giardello no hubiera entrado en contacto con Paloma Celis-Carbajal, la bibliotecaria encargada de la colección Ibero-Americana de la Memorial Library. Pero Giannina se puso en contacto con Paloma y, entre las dos, con envidiable energía, se dieron a la tarea de ubicar recursos y encontrar ayuda (el diseño gráfico fue de Dan Joe; las relaciones públicas corrieron a cargo de Don Jonson; la página web quedó en manos de Tony Krier; las traducciones y la edición fue de John Burns) para organizar una exposición de estos y otros textos del frío en la entrada del recinto universitario y para convertir lo expuesto en una plaquette que pronto ya verá la luz. Así, entre el ir y venir en los cortísimos días del invierno, los estudiantes del lugar han podido detenerse aunque sea por un momento para reflexionar, junto con sus colegas de otros lares, sobre ese término entre bizarro y exacto que es el Wind Chill Factor, el nombre con el que oficialmente fue inaugurada la exposición el 11 de marzo pasado*.
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Giannina Reyes lo explica todo en “Érase que se era…”, el texto con el que participa en esta exposición-libro: “La definición de frío cambiaba cada día, incluso cada hora. Me descubría en las calles pensando que lo que sentía era, ahora sí, el verdadero frío; pero al día siguiente, cuando el termómetro bajaba un poco más, volvía a decirme lo mismo. Arrebatando sustantivos dejé el clima de muchos días sin nombre. Comencé a utilizar términos en inglés para los cuales aún no encuentro un equivalente aceptable. Un buen ejemplo es carámbano que parece más un término de billar y no un pedazo de hielo que cuelga de las puertas y ventanas. Otro, mi favorito, es wind chill factor. La traducción, temperatura aparente o temperatura de sensación, no define ni de lejos algo que podría explicarse como: estúpido viento matador que congela hasta el blanco de los ojos”. De difícil traducción, en efecto, el wind chill factor nos recuerda, de manera ineludible, que el frío siempre es peor de lo que parece.
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Hay un mundo allá afuera, dicen estos textos con alarma o convicción, donde ocurren cosas incomprensibles. Por eso Saylín Álvarez, originaria de Camagüey, Cuba, aprovecha la invitación para escribir una carta con consejos y lecciones dirigida a su hija recién nacida en las tierras del invierno. Por eso Kristina Puotkalyte-Gurgel describe con sumo cuidado en lituano y en inglés esos “lugares vulnerables” que son las primeras víctimas del frío: “algún lugar alrededor del cuello”, por ejemplo. Por eso Vanesa Fitzgibbon, de Sao Paulo, dirá que su deseo más grande era, el acento es sobre la conjugación en tiempo pasado, pasar una navidad blanca. Por eso el texto de Tianlin Wang, de China, se reduce (o se expande) a un “¿Por qué?”, repetido tres veces entre signos de exclamación y signos de interrogación. ¿Por qué?
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Algo parecido me preguntaba yo mientras daba mis primeros pasos, entre mesiánica y atónita, sobre la superficie congelada de un lago. “Esa”, me decían mis anfitriones señalando un leve promontorio sobre la capa de hielo, “fue alguna vez una ola en movimiento”. “Aquellos”, continuaban con el dedo índice escapándose rumbo al horizonte que formaban las espaldas encorvadas de una docena de hombres que sostenían unas cañas de pescar entre las manos inmóviles, “son los pescadores del invierno”. “Esto”, el énfasis caía ahora justo sobre los pies que, poco a poco, se acercaban a una grieta, “es la señal de que se acerca la primavera”. Entonces el hueco ese en el lugar recóndito del cerebro que suele quedarse paralizado ante la llegada del frío, se llenó de una suerte de melancolía absurda, de algo así como un paradójico pre-duelo, ante la inevitable aproximación del mundo normal. El mundo de los de adentro.
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* Wind Chill Factor. Translations of the Cold. University of Wisconsin-Madison International Students

Mi mamá me programa



Diario Milenio-México (17/03/08)
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1. La herencia configurable
Hará un par de años que los ingleses Paula Garfield y Tomato Lichy engendraron a Molly, su primogénita, alborozados por el que ambos consideraron un motivo especial de alegría: igual que ellos, la niña nació sorda. Todavía en el hospital la madre se contuvo, pero ya en casa se entregó a celebrar la noticia con el marido. “Ser sordo”, ha declarado recientemente Lichy, “no tiene que ver con ser discapacitado, o médicamente incompleto; tiene que ver con formar parte de una minoría lingüística. Estamos orgullosos no del aspecto médico de la sordera, como del lenguaje que empleamos en la comunidad donde vivimos. Estamos contentos de poder compartir eso con nuestra hija a medida que va creciendo.” Hoy, Paula y Tomato han decidido tener otro bebé, y en vista de que Paula ha rebasado la cuarentena, necesitan de un método in vitro, que de acuerdo a la ley inglesa debe dar prioridad a los genes que estén libres de limitaciones físicas. Por más que así lo intente, la pareja no podrá decidir tener un hijo sordo. A esto lo consideran un atropello.
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En la televisión, Garfield y Lichy se expresan con vehemencia en torno a sus derechos. No son, al fin y al cabo, los primeros ni los últimos padres que se enorgullecen —¿o se reconfortan?— de compartir limitaciones con sus hijos. Se preguntan, con vehemencia indignada, qué harían dos padres con oídos sanos si fueran obligados a concebir un niño sordo. “Queremos igualdad”, insisten, y comparan su situación con la de quienes son discriminados por prejuicios raciales. Para ellos, nacer sordo es virtualmente la misma cosa que nacer amarillo o pálido u oscuro en el lugar equivocado; de ahí que valga más formar parte de la comunidad que ser capaz de oír. Una vez más, Paula Garfield mueve las manos para insistir en lo poco que le hace falta el oído. Afortunadamente, hay una intérprete que va pasándolo todo a palabras. De otro modo, muy pocos se enterarían de que la mujer no tiene problemas para comunicarse.
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2. Iguales, ni los huaraches
La cultura de los igualitarios conoce dos estratos evidentes: igualadores e igualables. Parecerían los mismos, pues unos hablan siempre en nombre de los otros, pero siempre es más cómodo igualar a los otros, a que sea otro quien lo venga a uno a igualar. Aunque claro, nacemos igualables. Desde el mismo hospital se nos iguala a los sujetos de las otras cunas, y ya en la escuela estamos listos para sufrir toda suerte de vejaciones en teoría igualitarias y en verdad disparejas a ultranza. Resiste uno las hormas como puede. ¿Hay acaso una etapa de la vida más plena de injusticias y desigualdades que la infancia, cuando somos tratados en igualitaria manada y muy pocas de nuestras preocupaciones parecen dignas de ser tomadas en serio? Todavía hoy me horroriza el ejercicio de ponerme en el lugar de esos hijos de padres igualadores que inevitablemente crecen rodeados de las expectativas más egoístas, autoritarias y estúpidas, pues no sólo se espera que el hijo comparta y desarrolle los intereses y capacidades de los padres, como que igual comparta sus limitaciones. “No nos defraudes”, ruegan o exigen, igual que otros al pensamiento propio lo llaman traición.
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Desde el momento en que la perfecta igualdad es por definición inalcanzable, no hay límite posible para el chantaje de un igualador. Su chamba es infinita, sus oportunidades inagotables, su autoridad la del patriarca que por definición no puede equivocarse. El sabihondo ante el cual siempre se es niño y no se tiene nunca derecho a réplica, pues como ya hemos visto no es lo mismo ser igualable que igualador. Nada disgusta más al que se encarga de igualar al rebaño que tener que lidiar con ovejas desobedientes. Gente igualada, pues.
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3. El mundo es un corral
Cuando un igualador nos informa que somos iguales a él, podemos creer que cumplimos con dos requisitos: pensar como él (esto es, después de él) y en todo lo demás conservarnos iguales entre nosotros. Es decir, igualarnos los unos a los otros. Vivir con la lija en una mano y la lima en la otra, no sea que algún borde nos desiguale. Hablar a coro, como en una misa de cuerpo presente. Que se escuche el estruendo de la opinión unánime como lo que el poema llama el sermón monocorde de las armas. Teme el igualador que sólo así podrá pagarse el lujo de distinguirse en medio de un rebaño que le está en deuda eterna, como sería el caso del hijo que nunca acabará de agradecer a sus padres por el detalle de decidir por él que fuera sordo. Me pongo en el lugar del nonato y descubro que no me angustia la perspectiva de que mis padres sean sordos, o mudos, o ciegos, sino que sean fanáticos y quieran ofrendarme a su altar de certezas. Que comiencen por endilgarme un nombre que implica esas certezas y sólo existe para publicitarlas. Que me laven el coco hasta que acabe dándoles la razón. Que me corten las manos y me pidan que aplauda.
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Unos se reproducen, otros quieren clonarse. Habrá sin duda más de un par de ciegos que ansían tener hijos ciegos, pero de ahí a incluir la alternativa entre las opciones de configuración hay tanta distancia como entre querer morirse y matarse. Cualquiera se ha querido morir cien veces y ninguna pensó en meterse un tiro. Son legión quienes se complacen por la carencia ajena, y afortunadamente son menos quienes la ocasionan a propósito —no pocas veces presas de cierta comezón igualadora, inaplicable sólo a sí mismos—. Es de creerse que a los igualadores les gustaría ponerse al mando de un mundo cien por ciento configurable donde nada escapara a su control, incluyendo los buenos pensamientos de todos esos igualables que jamás osarían igualarse con un igualador; si bien la perspectiva de poder elegir un hijo ciego o sordo o cojo me parece no menos espeluznante que la de mutilarlo después de nacido. Con anestesia, claro. Con cariño. Que nadie diga que no quiere el diablo a su hijo.

domingo, marzo 16, 2008

Querido blog VII (o volviendo a la vida)

16 de marzo de 2008, 10:47 pm
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Nuevamente sentando en el mismo lugar escribiendo. Escribir es buscar. ¿Y qué busco? Nunca lo he sabido y espero seguir así, porque las certezas le pertenecen a los poderosos y sabios. En cambio, mi aspiración es la escritura y mi único objetivo es plantear más preguntas, seguir buscando y morir en ello. No me interesa saber la verdad, prefiero morir en el intento.
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Es naturaleza humana buscarle un por qué a las cosas, como cuando niños, es error humano dejar de hacerlo, ello acaba con nuestra creatividad, proceso que convierte a la mayoría en adultos. El adulto cree que la maduración se alcanza cuando se dejar de preguntar y se aceptan las cosas como son, aprender a obedecer sin preguntar por qué y para qué. En cambio, la inmadurez es desobedecer todas las convenciones impuestas, creídas, creadas o imaginadas por el humano adulto. Preguntar se vuelve defecto.
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La mejor opción es quedarse en el estadio de la niñez. Al menos la alegría nunca se me quitará.

viernes, marzo 14, 2008

Querido blog VI (o unas líneas antes de virar mi destino)

14 de marzo de 2008, 5:42 pm
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Ayer cumplí tres años y tres meses de soltería. Qué patético recordar el día exacto cuando una mujer decide deshacerse de uno, y qué deprimente es estarlo escribiendo en un espacio que cualquiera va a poder leerlo. Una absoluta conmiseración personal. Qué ganas de dar lastima.
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Hoy fue un día diferente, por primera vez conocí a una Violetta, que no es Violetta, pero se hace llamar Violetta, un mucho por el color y otro tanto, aunque lo niegue, por el personaje. Y son de esos momentos que son agradables repetir, porque están poblados de naturalidad y no son partícipes de ese desfile de antifaces que propone Fernando Delgadillo.
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He terminado de leer El fin de la locura de Volpi, una grandilocuente novela. Una radiografía interesante del México intelectual y político antes y después de grandes eventos como el 68 de Tlatelolco y el tristemente célebre Septiembre de 1985, además del famoso fraude del 88. Una lectura amena e interesante. Por la noche empezaré con No será la tierra del mismo autor.
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No sé si regrese por la noche a escribir nuevamente.
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Se supone tengo que mantener despejada la mente y relajarme. Mañana tengo cita con el destino y no sé qué me deparará. En mi naturaleza no está ningún síntoma Violettesco, porque nací Pig y vivo como tal. Pero, a pesar de ello, mañana me aventaré de hipotético avión decidido a estrellarme, esperando sobrevivir.
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Ayer alguien me dijo que el chiste de la vida es saber mezclarse, confundirse, sin perderse. Buscar la naturaleza de un camaleón, espero encontrarla.

jueves, marzo 13, 2008

Popo

Diario Milenio-Puebla (13/03/08)
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El sábado anterior, el 8 de este mes, cuando la tarde caía, me asomé a la azotea de mi casa para reparar una avería que —involuntariamente, dijeron— provocaron mis amigos del servidor que tengo para la internet. Ahí andaban trepados en sus escandalosas escaleras rojas muy cerca de los postes. Pero yo pensé que se trataba de un desperfecto en mi cableado, lo que sucede con cierta frecuencia, así que me trepé hasta lo más alto que tengo allá arriba.
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Y en esas estaba cuando me di cuenta que el Popo lanzaba una fumarola impresionante. Sin pensarlo dos veces, bajé rápido por la pequeña cámara digital de un modelo atrasadísimo que, por cierto, no tenía baterías.
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Entonces corrí hasta la tienda de la esquina y compré un paquete de pilas “doble A”, porque lo único que por mi cabeza pasaba era conseguir una foto del Popo con su fumarola que, según el Cupreder, fue de poco más de un kilómetro.
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Lo interesante de esas cosas, de esas pocas experiencias que a uno le va dando la vida, es que al extenderse la fumarola fue formando, como si fuera intencional, una mano que señalaba primero hacia el lado de Tlaxcala y luego al infinito.
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Me vino a la memoria una mano que está adelante de la luz proyectando la sombra en la pared. Una mano como la de Dios: al infinito y más allá…
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El Sol se hallaba ya atrás del volcán, así que la visibilidad era perfecta.
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Inmediatamente pensé en lo que esas estampas del volcán, con la quietud de una tarde que se iba amortiguando lenta, pausada, pudo haber provocado en mucha gente. No lo sé. Yo guardé la foto y la mandé a todos mis contactos. Las respuestas no tardaron en llegar. Yo —lo aclaro— no soy fotógrafo. No tengo la mínima idea de la fotografía. Entonces por lo mismo me cuidé de escribir antes de enviarla algo así como esto: “estimados amigos: ésta es una foto que tomé con mi humilde cámara de pobre aficionado”. Y ya: va, la mandé.
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Una vez, en la carretera, me tocó la suerte de ver un espectáculo semejante, pero aquella vez sólo fue una fumarola pequeña que se dispersó demasiado rápido por el viento.
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Por lo que a mí respecta, ese paisaje de la memoria, ese cráter lanzando una fumarola, me hizo sentir vulnerable y triste. No sé por qué me vino a la cabeza la idea de la muerte.
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¿Alguien me lo puede explicar? Creo que no, nadie puede hacerlo. Sin embargo recibí comentarios en los que dicen algunos de mis amigos y amigas que les agradó la foto; otros muy razonables como este: “eres mejor columnista de Milenio que fotógrafo”, etcétera.
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Uno más que decía: “al ver esa fotografía destapé una lata de cerveza”. Y otro: “Gracias por hacernos apreciar la naturaleza”.
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El coloso impone, viéndolo de cerca impone. Lo tenemos acá cotidianamente y quizá pocos nos hemos percatado de su gran poder.
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No estuvo entre las maravillas naturales de TV Azteca, porque lo despreciaron. Yo no dejo de admirarlo. Y aquí lo tengo ante mis ojos todo el tiempo.

martes, marzo 11, 2008

Los conversadores profesionales


Diario Milenio-México (11/03/08)
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El conversador nace así. Los hay, por supuesto, de distinta estirpe pero la misión del conversador es siempre la misma: que la conversación siga.
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De la misma manera en que los que saben matar se contratan como mercenarios, los que saben historiar se contratan (cuando les va bien, claro) como investigadores en instituciones académicas, o los que saben manejar trabajan como taxistas o choferes, los escritores que, con frecuencia inusitada y acaso paradójica, gustan de discurrir, a veces hasta jocosamente, sobre temas varios, deberían contratarse como conversadores profesionales.
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A veces, como a Jorge Ibargüengoitia, me da por imaginar oficios imposibles.
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El conversador, se sabe, nace así. No hay otra escuela más que la práctica ni otro entrenamiento más que la interacción. Social por naturaleza y amable por afición, el verdadero conversador se sienta a la mesa y, sin imponer tema alguno, aunque sí sugiriéndolo, aborda la plática de la misma manera en que un nadador, por ejemplo, se inmiscuye en la corriente del río. Ese tipo de contacto. Ese tipo de complicidad. Sabe, también por instinto, cuando hay que agregar el chiste que evitará el aburrimiento o la decepción y cómo evadir asuntos que siempre terminarán en disputa o en un mal sabor de boca generalizado. Los hay, por supuesto, de distinta estirpe —más o menos virulentos, más o menos escandalosos, más o menos murmurantes— pero la misión del conversador es siempre la misma: que la conversación siga. Nada más. Un cuarto lleno de murmullos. El ritmo de esa cosa que se comparte y se va. Vuelo de la vocal en vilo.
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Del conversador nato, que nos alegra las cenas y nos intriga con sus conocimientos varios, al conversador profesional, no hay tantos pasos.
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Veamos la siguiente situación claramente hipotética.
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1) El Posible Anfitrión Profesional se encuentra con el siguiente anuncio en una prestigiada revista de circulación más bien restringida: “Grupo de conversadores profesionales ofrecen sus servicios para realzar sus eventos sociales. Los temas incluyen pero no están limitados a: cine contemporáneo, identidades fronterizas, amenazas ecológicas varias, las dudosas virtudes del éxito, libros recientes, cinismo hoy (con cultas referencias a Sloterdijk), filosofía francesa (con énfasis en Derrida y Cixious), El Estado Actual de Todas las Cosas del Mundo. Vestuario Incluido. Costo por hora o por evento. Contacto en la siguiente dirección electrónica: xxx@xxxx.xxx.xx”.
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[aquí se esconde el paso
del tiempo]
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2) Los que hasta ese momento han sido solamente Conversadores Natos reciben esa oferta electrónica por medio de la cual se convierten, al menos formalmente y con más titubeos que firmeza, en Conversadores Profesionales. Enfrentados de manera irremediable con asuntos éticos (¿es moralmente correcto “vender” una conversación?, ¿me transforma esto en un mercenario de la palabra hablada?), los conversadores deciden experimentar. Al menos una vez, dicen.
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3) Una no-tan-módica cantidad llevará, entonces, al grupo conversador hacia el sitio del evento. Ataviados para la ocasión, ahora todo es cuestión de diseminar estratégicamente conversaciones sobre, digamos, la teoría del caos, las identidades contemporáneas o las vicisitudes del arte y el mercado. Y cuestión de apostarse en distintos puntos del lugar para que la conversación general fluya. Cuestión de tomar la copa de martini o la flauta champañera con naturalidad mientras se discurre, con sincera pasión, incluso con encono, sobre El Estado Actual de Todas las Cosas del Mundo.
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4) ¡Ah, la satisfacción del anfitrión al escuchar, ya en el momento mismo del evento o algunos días después del mismo, que sus reuniones son amenas, sofisticadas y muy cool-tas!
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5) Y todo esto por una no-tan-módica (insisto en el negativo) cantidad que sacaría de apuros a muchos, combatiría el desempleo cultural, y promovería, para colmo de bienes, aquello de que hay que gozar de verdad con el trabajo propio.
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La idea es, por supuesto, dominguera y, por lo tanto, posible. Después de todo no fue hace mucho que oficios tan singulares como, por ejemplo, sacar a pasear una docena de perros o cuidar de gatos (y/o serpientes y/o pericos, etc.) mientras el dueño se va de viaje, parecían más producto de la imaginación de un diletante que posibilidades reales. Como lo atestiguan los parques de las metrópolis más diversas o las paredes donde se cuelgan anuncios de empleo, estos trabajos se han convertido en elementos más bien cotidianos de la vida contemporánea. Así las cosas, no debe haber mucho trecho entre imaginar células conversatorias varias interesadas en contribuir al diálogo social y ser testigo presencial de la formación de ese primer sindicato universal a cargo de proteger los derechos de los últimos conversadores humanos. Faltaba más.

lunes, marzo 10, 2008

Voto a Dios que me espanta esta grandeza…

Bajo el Sol
Por Roberto Martinez Garcilazo
Diario E-Consulta (09/03/08)
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(Fasto vulgar del político)
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Fue la semana pasada, en la sala de lectura de la Biblioteca José María Lafragua de la BUAP. La doctora Raquel Gutiérrez Estupiñán y el doctor Enrique Pérez Castillo presentaron el libro Rehén de la fortuna, el cautiverio honroso y el cautiverio infamante en la obra de Miguel de Cervantes Saavedra de la doctora Margarita Peña.
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Allí, la más destacada especialista mexicana en literatura del Siglo de Oro, acompañada de dos de nuestros más respetados académicos universitarios disertaron sobre el Rehén de la fortuna, en lo particular (los cautiverios de Cervantes en Argel y en Sevilla), y, además, por petición expresa del público, sobre la vigencia de la obra de Cervantes, en lo general (su paradójica vocación antibélica, el encomio de la libertad, la positiva ponderación de la virtud, la meditación sobre los oscuros engranajes del destino de los hombres y, ante todo, la crítica al poder).
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Cuando a esto se llegó, la doctora Margarita Peña citó el soneto Al túmulo de Felipe II, que enseguida reproduzco:
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Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla;
porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?
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Por Jesucristo vivo, cada pieza

vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y nobleza.
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Apostaré que el ánima del muerto

por gozar este sitio hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente.
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Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto

cuanto dice voacé, señor soldado.
Y el que dijere lo contrario, miente."
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Y luego, incontinente,

caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.
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En la sala de lectura de la Biblioteca Lafragua se dijo que esta obra expresa cierto desdén estoico de los fastos del poder, - esa grotesca gesticulación que se opone al paso del tiempo- , que es ironía ante el vulgar despliegue de poder, y, que Cervantes sigue y seguirá siendo motivo de estudio y admiración estética, no así Felipe II, el fanático, el déspota, el de la falsa virtud.
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En este libro, cuya presentación organizó el maestro Manuel de Santiago, dice Margarita Peña, citando a Buytendijk que "…hay en la novela algo dado y una disposición. Lo dado reside en el mundo, en la historia de los hombres y en las estructuras y en los sucesos, en el dominio psicológico y social del conocimiento discursivo. La disposición estriba en el modo en que el propio autor existe, en el objeto de su existencia y, por lo mismo, en cierto sentido de su antropología" Y añade: Existirá, claro, una reelaboración de lo dado y de la disposición; del mundo y de la forma que el autor la vive. De la eficacia de esta reelaboración derivará la obra genial o algún producto mediocre…
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Llama la atención el hecho de que este recurso metodológico de análisis de la obra literaria valga también para juzgar ciertas circunstancias de la prosaica vida cotidiana, tales como las hipótesis explicativas de ciertas decisiones individuales -que sólo tienen consecuencia en el ámbito personal- como de otras decisiones –las de naturaleza política- cuyos efectos incumben a al comunidad: La vida como trama literaria y el hombre como personaje de su vida. Dicho de otra manera: la teoría literaria como teoría de vida del hombre.

Hombrecillos



Diario Milenio-México (10/03/08)
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1. Fermentando el rencor
Suele menospreciárseles, y eso a menudo tiende a fortalecerlos. Dominan las diversas tácticas del despecho, en especial la que transforma el menosprecio en desprecio (duele menos el odio que la indiferencia). Pobre del miope o el desmemoriado que se cruce con ellos en un pasillo y no salude, pues no habrá forma ya de que le olviden. Tienen una memoria privilegiada cuando se trata de archivar agravios y una intuición aguda para el funambulismo. Ellos se consideran felinos naturales, pero más de uno afirma que son simples rastreros invertebrados. Los hay, al fin, de todas las tallas, pero un ojo avezado los encuentra en mitad de un parpadeo. Poco se significan, por eso mismo. Buscan la protección de un jerifalte cuyo ego se deje masajear por sus habilidades adulatorias y esa tendencia al mimetismo trepador, tan propia de ellos. De ahí el alto peligro de menospreciarlos. Puede uno declararle la guerra a un mal hombre, y hasta al peor de los hombres, pero jamás a un hombrecillo. Nadie cobra una afrenta con la saña tenaz del hombrecillo.
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Se equivoca quien piensa que el hombrecillo es necesariamente un perdedor, o un subordinado. Las cucarachas también llegan al techo y no por eso dejan de ser cucarachas. Veamos el ejemplo recentísimo del comandante Daniel Ortega, ese hombrecillo ilustre cuyas más personales mezquindades son moneda corriente entre propios y extraños. Un día, el presidente de Nicaragua rompe sonoramente relaciones con el gobierno de Colombia, para seguro beneplácito del duce bolivariano; al otro día recula, no bien su duce cambia de opinión. Por más que en sus soflamas incendiarias trata de hacerse pasar por hombre, se advierte fácilmente que el comandante ocupa cojones prestados. Ayer los de Fidel, hoy los de Hugo, mañana los del próximo jerifalte —Tirofijo, tal vez— al que le sea preciso un oficioso a modo. Un papelón para cualquier hombre, un Papel en la Historia para un hombrecillo.
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2. Se vende apodo bonito
Una metamorfosis familiar es la que hace del hombrecillo un hombrezuelo. Puesto que no son pocos los que están a la venta, y ojo: en barata. Todo aquel que se piensa un gran hombre sabe que necesita legiones de hombrecillos dispuestos a creer y hacer creer tamaña ocurrencia. El comandante Ortega cuenta con hombrecillos oficiosos como él, expertos casi todos en justificar su vida de gran burgués, amén de las ruindades y traiciones que la han hecho posible. ¿Quién, sino un hombrecillo inopinante, puede justificar que el hombrecillo mayor lance oscuras campañas llenas de las calumnias más infames contra sus ex aliados? ¿Y qué bajo respeto por sí mismo debió tener ese hombrecillo, una vez encumbrado de vuelta a la presidencia de su país, para atrasar por horas su toma de posesión y la agobiada espera de los invitados con tal de que la ceremonia recibiese la bendición del duce bolivariano? Habituados a ostentarse como los portadores naturales de las más altas órdenes, los hombrecillos tienen una noción elástica de soberanía, por eso la defienden con garras y colmillos ante cualquiera que no sea cliente.
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Entre las ocurrencias más abyectas del lambiscón se cuenta esa tendencia asquerosa al sobrenombre adulador. Raudos y maliciosos, casi siempre malévolas caricaturas verbales, los apodos existen para el sarcasmo de propios y extraños, y con cierta frecuencia sirven para hacer de un amigo un enemigo. Deformar la naturaleza cabulera de los apodos y transformarlos en elogios baratos es quehacer de hombrecillos abyectos y cortesanos de piruja estofa. Los vemos en los mítines políticos, haciendo hagiografía en el micrófono para hablarle a la multitud fidelísima del gran hombre que está a punto de iluminarles con sus palabras. “El abuelo sabio”, llama Evo Morales a Fidel Castro, insinuando que tras sus dotes de agitador callejero se oculta en alma tierna y cortesana de un hombrecillo lambiscón.
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3. Don’t hombrecillo me
Según afirma el duce bolivariano, George W. Bush —ese hombrecillo ex briago y ex putañero que ahora va por la vida con la cruz en alto— es el demonio, tanto que su presencia deja un rastro de azufre. ¿Qué hombrecillo, por renacido al cristianismo que se jure, no se mira adulado cuando alguien lo confunde a propósito con la instancia más alta del inframundo? A saber si no Bush en el fondo ve a Chávez como su hombrecillo, igual que Chávez elegiría antes a Rajoy que a Zapatero, a quien desde sus botas de mandón millonario le considerará un hombrecillo. Pues como todas las clasificaciones humanas, la de hombrecillo es meramente relativa. Nunca sabremos quiénes nos han puesto en su lista de hombrecillos, como no lo sabrán los de la nuestra. Víctima del complejo que le escuece por dentro, el hombrecillo insiste en ignorar la entraña democrática del menosprecio (pues de éste al menos hay para todos).
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Abundan los mandones habituados a pensar que quienes no llevamos pistola o guardaespaldas estamos destinados a vivir y morir como hombrecillos. Capos, sicarios, narcos, asesinos, lenones, secuestradores, tiranos, demagogos, torturadores, genocidas: suman varios millones y a sus ojos yo debo de ser una cucaracha. Ahora bien, me tienen que matar para demostrarlo, y ni así lograrían los eventuales matones evitar encajar en las clasificaciones más sensatas como meros remedos de hombrecillo, peones entre los peones de un ajedrez voraz conducido por adversarios cocainómanos. O petrodependientes, que son parecidos.
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La cocaína es al hombrecillo lo que el petróleo al duce bolivariano, que por su intercesión va repartiendo dólares entre los hombrecillos del continente. Dinero nuevo y fresco que transforma a hombrecillos en hombrezuelos. Me zumba una palabra: mujerzuela, pero temo que viene corta a estos propósitos. Las mujerzuelas conocen dignidades que el hombrezuelo no ha escuchado nombrar, y pocas son las que antes fueron mujercillas. De hecho, no sé qué sea una mujercilla, conozco en realidad a muy pocas mujeres capaces de llenar los zapatos o el diván del hombrecillo, y ninguna las botas de Daniel Ortega. Para bien y descanso de todos.

domingo, marzo 09, 2008

La voz que no está

Hace un mes, justo antes de salir a las vacaciones de verano, en una de las aulas abandonadas de la preparatoria puedo jurar que tuve el sexo más tremendo del mundo. Roberto es tan experimentado, los cinco años que me saca de diferencia creo si han servido de algo. Es un poco tonto, cierto. No puedo negarlo. Aún juega a las luchitas como si estuviera en la primaria, el colmo sería verlo jugar a la guerra con una pistola friccionaría creada por su mano. Lo peor de todo, es que es capaz. Pero sus manos lo borran todo, acarician de una manera que no puedo describir. A pesar de que abarcan mis diminutas, pero firmes bubis; no lo hacen con brusquedad, si no lentamente. Y si a esa ternura le agrego la adrenalina que me provocaba el peligro de ser descubiertos, la sensación aumentaba más. Supongo que es la misma cosa que ha de sentir un asesino cuando se encuentra apunto de finalizar su fechoría en algún lugar público. Quizá eso expliqué el por qué existen tantos violaciones y asesinatos.

***
Hoy es el regreso a clases. Empieza el quinto semestre de preparatoria y nos han avisado que la profesora que nos daba literatura se ha jubilado. Entonces algo inimaginable sucedió o tal vez no tanto. El Director fue a presentarnos al nuevo sustituto. Dijo que se llama Ignacio, que ha publicado cuentos en diversas revistas del país y que hace unos años estudió en la misma preparatoria a la que ahora asisto. El tal Ignacio realmente es equis, ni guapo ni feo, vaya ni siquiera simpático. Se cree un sabelotodo. Nunca creí que mi sueño de saber jubilada a esa bruja se volvería realidad tan pronto. Pero tampoco espere que la fueran a reemplazar con un páyasete de tal calaña. Caray, ni la pendejita de Lorena me caía tan mal como nuestro nuevo profesor. Sin embargo, hay algo que me llama mucho la atención de él. No sé qué.

***
Ya van tres meses de clases con nuestro nuevo profesor, que prefiere le hablemos de tú. Según lo intimida más el trato de usted. Tengo que reconocer que sabe mucho de literatura, aunque me sigue cayendo mal. No puedo creer que odie tan fervorosamente a Edgar Allan Poe, tanto que me fascina a mí. Si me gusta leer es gracias a los cuentos de Poe que me regaló alguna vez mi padre. Es inaudito, no puede despreciar a Poe, así porque sí. Si al mismo Roberto, que no pasa de comprar revistas de viejas semi-encueradas, dice que a mi me ama, que a ellas sólo se las quiere coger mentalmente, goza de las tardes de sábado cuando recostados en el sofá de mi casa, le leo algún cuento de Poe.

***
Falta poco para salir a las vacaciones de diciembre. Ignacio propuso en el salón un intercambio de libros. Qué cursi, pero al menos no tan estúpido como el intercambio de tasitas, boxercitos o tanguistas. Él también entro en el intercambio. Me va a dar un libro a mí según el papelito y el gasto es mayor de ciento cincuenta y menor de doscientos. Libre elección y el día pactado es el dieciocho de diciembre.
Ha llegado el dieciocho de diciembre y él me ha regalado dos libros, uno de corte policíaco: A sangre fría de Capote, cuya dedicatoria decía: para que leas una verdadera novela basada en hechos reales, la ficción de Poe, es buena, pero es más difícil hacer que la ficción se confunda con la realidad, y otro de un autor cuyo nombre se me hace muy raro: Nabokov, según dice el libro, y Lolita es el título, a este sólo le escribió: Aquí la historia de una niña que como el propio autor dice: “tiene una piel suave como el marfil”. Los libros se ven prometedores, espero leerlos en estas vacaciones.

***
En viernes tres de enero y en tres días regresamos a clases, es otro semestre, el número seis y último, después la Universidad. Aún no sé qué estudiar. He terminado de leer el segundo libro que me regaló el maestro Ignacio, es fascinante. Una niña de unos trece años enamorada de un profesor que vive en su casa y que le triplica la edad. La niña es sensual y tierna, creo es propio de la edad. Ahora entiendo por qué mi padre me protegía tanto a esa edad. Seguramente temía que me pasará lo mismo que a esa niña. Lastima que no paso, hubiera sido tan extravagante esa experiencia. El de Capote o lo he leído, su dedicatoria se me hizo demasiado retadora. Quién se cree para hablar así de Poe.
Ayer me vi con Roberto creo me he empezado a aburrir de él. No estoy segura, pero sus caricias ya ni siquiera me gustan. Espero sea tan sólo una etapa. No me imagino mi vida sin él, sería tan aburrida. Quizá sea la sensación de haberlo visto todos los días. Seguramente al regresar a clases y volver al ritmo de antes, de vernos sólo los fines de semana, todo vuelva a la normalidad.

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Ya van dos días de haber iniciado las clases. Me fascinan los temas que vamos a ver. Erotismo es por el que más curiosidad siento. Ignacio nos ha prometido ver a escritores que dice son buenos: Sade, el que más recuerdo entre los tantos que nombró y dijo que también veríamos el de Lolita. Pienso proponerle que me de chance de exponer sobre el tema que trata el libro. Me gustó mucho. Roberto dice que a eso se le llama proyección. No sé, quizá tenga razón. Su mayoría de edad casi siempre impone. Pero mejor debería preguntarle a Ignacio, al fin y al cabo, él sabe más sobre esta materia. Roberto lo único que ha leído son los libros de texto que le dieron en la escuela.

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Vienen las vacaciones de Semana Santa y el sexo con Roberto es más aburrido de lo que creí. Sus caricias nunca tuvieron gracia. Me excitan más las escenas que leemos en las clases de literatura de Ignacio que los bruscos besos que me da Roberto. En lugar de besarme, parece que me quiere comer como a una hamburguesa. Puede ser que ayude mucho la forma con lee Ignacio los fragmentos eróticos, le pone tanta pasión que es imposible no sentir.

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Por fin encontré la definición exacta para expresar lo que últimamente significan mis encuentros íntimos con Roberto. Ignacio en la semana después de las vacaciones santificadas, nos leyó unos poemas de un tal Bukowsky. Sólo habla de coger con viejas. De tratar a la mujer como un objeto y no como una persona. Creo siempre he sido eso para Roberto. Inclusive tiene más privilegio en Bukowsky el acto de tomar cerveza que el de tener sexo con una mujer. Al menos eso he entendido. Pobre poeta borracho y pinche novio caliente el mío, seguro serían amigos del alma si se hubieran conocido.
Mañana le pediré tiempo a Roberto. Mi madre me dijo que los borrachos siempre son mala influencia en la vida, y que todos los borrachos también son mujeriegos.

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No fue difícil pedirle distancia a Roberto, lo asumió con demasiada naturalidad. Dijo que no había ningún problema que entendía y me iba a esperar el tiempo necesario. Sin embargo, me siento vacía. No tengo ganas de ir a clases, pero tampoco me quiero perder mi clase de literatura. Ignacio confía mucho en mí, tal vez sea por mi excesiva atención que pongo a su clase. Lo mamoncito no se le ha quitado, pero su dulce y sensual voz es lo que me agrada, al menos cuando leemos textos eróticos.
Leímos a un autor que dicen es bueno, solía llamar Julio Cortazar, está bien muerto. No recuerdo cuantos años, pero lleva demasiados. Subraye un fragmento que me gustó demasiado: “…entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas, entre hipos y un ronquido quejumbroso que duraba interminablemente.", está ubicado en la página 153 y pertenece al capítulo 5 de una novela que tiene el nombre de un juego de niños: Rayuela, según dice una anotación en las copias de los fragmentos que nos dio Ignacio. Cuando lo leyó, no sé si fue coincidencia o al propósito, pero lo hizo cerca de donde yo estaba, sentí que se dirigía a mi. Si no fuera mi maestro en ese momento me hubiera parado a darle un beso. Hace tiempo que su voz me viene causando una sensación extraña, novedosa. Hoy fue la culminación. Su voz me enamora. Él no lo se ha de imaginar cuánto, porque creo para él sólo soy una alumna más. ¿Y sus sonrisas hacía mí no significarán nada? Espero que sí, sería como revivir lo escrito por Nabokov.

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En la noche me hablo Roberto, dice que ya casi es mayo y sigo sin darle alguna noticia mía. Que ya no sabe qué hacer sin mí. Dice extrañar cada parte de mi cuerpo. Hasta tuvo el atrevimiento asqueroso, aunque un poco sexy tengo que reconocer, de contarme cómo se masturbo una de sus tantas noches de desesperación mirando una foto mía en la que aparezco en bikini. Su relato se me hizo un poco innecesario, pero me hizo sentir una sensación de poder, supremacía sobre él.
Desde luego, le pedí perdón y le dije que ayer soñé con él, obvio que le mentí. Realmente mi sueño era con Ignacio. Me lo imagine acostado en mi cama leyéndome algún fragmento literario, mientras yo lo empezaba a desvestir lentamente.

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Mañana se termina el curso y temo que mi vida se vuelva inmensa e invariablemente aburrida. Roberto ha dejado de buscarme, creo se canso. Ignacio nos agradeció la oportunidad de haber podido trabajar con nosotros y que ojalá y mantuviéramos el contacto todos con él, que le mandemos mails para contarle de México, pues en un mes se irá a Alemania a estudiar una maestría en filosofía nietzscheana.
No aguante más y le escribí una carta excesivamente sincera. Le escribí que lo amaba, que soñaba con él y que su voz me provocaba muchas sensaciones que ni yo entendía.
Nunca me respondió. Seguramente me tiro a loca, o pensó: otra más que cae.
Al mismo tiempo que Ignacio se va a estudiar a Alemania, yo ingresaré a la Uni, me decidí por arquitectura, dicen que es lo más cercano a la escultura, bueno según mi padre.
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Qué curiosa es la vida. De mi vida salió un Ignacio, pero ha llegado otro. Este sí tiene cuerpo, cara bonita y viste bien. Al igual que Roberto es un poco tonto, pero no tiene vicios o al menos no tan marcados como Roberto. Lo malo es su voz, tan sin chiste. Tenemos más de un mes saliendo como amigos. Pero ayer me dijo: Claudia me gustas demasiado y una chica como tú, o sea yo, es difícil de encontrar. Dijo que mis labios se le antojan por la frescura que irradian. Si supiera que han besado ya bastantito. Le dije que sí, es obvio que seré su primera novia. El pobre temblaba como venado bebé cuando empieza a caminar. No podía ni verme a los ojos. A lo más que atinaba era a acariciarme la mano, que tierno se me hizo, pero asqueroso también, la mano le sudaba, parecía que traía al mismísimo diluvio en su mano.

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La ventaja de este Ignacio es demasiada. Es inexperto en el sexo, así que por fin puedo tener el control absoluto de la situación. Podré enseñarle cómo acariciarme: con la brutalidad con que lo hacia Roberto, agregando la dulzura con que leía mi primer Ignacio.La voz sigue siendo el inconveniente. Pero si la literatura es capaz de hacer sentir lo que Roberto no pudo lograr, seguramente el recordar la voz de Ignacio I me haga disfrutar más el sexo primerizo y dulce con este mí Ignacio II.

jueves, marzo 06, 2008

Inicia el Festival Cultural en Zacatecas

Diario Milenio-Puebla (06/03/08)
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Acompañada del pintor Manuel Felguérez, de David Eduardo Rivera, director del Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde” y de Fernando Macotela, director de la XXIX Feria Internacional del Libro (FIL), la gobernadora del estado, Amalia García Medina, ofreció una rueda de prensa el jueves 28 de febrero a los medios nacionales, en la Galería de Rectores del Palacio de Minería y en el marco de la Feria del Libro. Ahí habló del programa del XXII Festival Cultural, que inicia el próximo 12 de marzo y concluye el 28 del mismo mes.
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Zacatecas fue el estado invitado este año en la Feria del Libro que organiza la Universidad Nacional Autónoma de México. Dijo la gobernadora Amalia García que Zacatecas es un estado que ha dado importantes nombres que han destacado en el arte.
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En el programa del festival, escribe Amalia García que “Zacatecas tiene una bien definida vocación: ofrecer belleza, cultura y libertad para todas las personas que por la razón que fuere hayan decidido tener su estancia de descanso, fiesta y libertad en esta noble ciudad a la que han cantado y celebrado y elogiado tantas y tantas voces, tantas y tantas plumas”.
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Durante la rueda de prensa estuvieron el pintor Juan Manuel de la Rosa, el fotógrafo Pedro Valtierra y el poeta Víctor Hugo Rodríguez Bécquer, entre otros artistas del estado invitados a la Feria de Minería.
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La gobernadora detalló que este festival contará con una inversión de 18 millones de pesos. Sobresale la mesa redonda en torno de la obra de Manuel Felguérez, en la que participará Raquel Tibol y el propio Felguérez. Este acto tendrá lugar en el museo que lleva el nombre del pintor el viernes 14. Concebir a la cultura como una inversión es un gran acierto de la gobernadora Amalia García.
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El viernes 21, a partir de las 20 horas iniciará su recorrido por el Centro Histórico la Procesión del Silencio, un evento que, entre la cantera rosa iluminada y las calles que son “una broma pesada”, como dijo López Velarde, luce verdaderamente majestuoso.
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Dentro del programa académico del festival destaco la presentación del libro de Abel García Huízar Y codiciarán los bienes comunales… el jueves 21 ,y Germen del desasosiego de Luis Miranda. También habría que estar en la exposición de Jesús Reyes Cordero “Transfusión del paisaje”, misma que será inaugurada el 14 de marzo en punto de las 20 horas en el vestíbulo del Teatro Calderón. En la Plaza de Armas estarán Gloria Gaynor (lunes 17), Cesaria Evora (domingo 23), y por supuesto la esperada presentación del cantante de Rock/Folk Bob Dylan el 25 de marzo.
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Para mayores informes, y por si quiere usted visitar esa hermosa ciudad de Zacatecas, visite la página electrónica http://www.zacatecas.gob.mx. Este Festival, que llega a su versión XXII, tiene ya un sitio preponderante entre los que se organizan en la República Mexicana. Mucho éxito.

Las Humanidades en la BUAP

Bajo el Sol (Diario E-consulta 05/03/08)
Por Roberto Martínez Garcilazo
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Fue hace dos semanas cuando la comunidad de Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) eligió al que será su director académico durante los próximos años.
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De manera contundente Alejandro Palma se impuso a Antonio Robledo. El primero es doctor en letras; maestro en filosofía el segundo. Fue un proceso electoral ordenado y transparente.
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Llamó la atención la pluralidad y calidad del equipo de campaña de Alejandro Palma: Fernando Morales Cruzado, José Carlos Blazquez, Miguel Ángel Burgos, Célida Godina y Diana Hernández.
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Una vez terminado el proceso, y a unos cuantos días de la ceremonia de asunción del nuevo director, tal vez sería pertinente recordar que de manera recurrente –en tiempos de elección de autoridades académicas- se ha planteado, por generaciones de universitarios, la propuesta de que llegado el día se elija de entre planillas.
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que contengan los nombres completos de los que serían titulares de las secretarías de investigación, académica, administrativa y particular, para que, de esta manera, la comunidad al votar supiera cabalmente que opción estaría seleccionando.
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Además, esta es otra vieja consigna, de aplicar un criterio de representación proporcional de la (s) minoría (s) en los órganos de dirección, regidos por el argumento de que nuestra comunidad es una esencialmente académica en la que la divergencia es mérito, no defecto.
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La campaña de Alejandro Palma tuvo la virtud de crear grandes expectativas de renovación de la naturaleza humanística de la FFyL.
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En esta apuesta por la actualización de los orígenes de nuestra alma mater (reflexión crítica sobre la condición humana; investigación sistemática de las transformaciones del mundo cultural) fueron particularmente valiosos los perfiles tanto del candidato (un investigador que además escribe poesía) como el de su colaborador cercano Fernando Morales Cruzado (maestro en estética y docente de larga trayectoria y experiencia educativa).
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Desde su época de profesor del Instituto de Artes Visuales, Morales Cruzado ha sido un apasionado defensor de las Humanidades, mismas que concibe –así lo dice en sus clases- como un ejercicio de la libertad de pensamiento y de creación en pluralidad y dialogo permanente.
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Esta elección de director académico de la FFyL nos recuerda que las Humanidades son parte constitutiva de la universidad porque son las disciplinas que al hacer posible la crítica y la soberanía individual, también establecen norte para la reforma social.
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Pero además nos recuerda que las Humanidades son el continente de la vida espiritual del hombre y la trinchera de resistencia en contra de la vulgaridad del mercado y de la política pragmática.
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Por ello, no sólo debe seguir existiendo la FFyl; debe fortalecerse con el trabajo y la dirección de sus mentes más lúcidas y generosas.

martes, marzo 04, 2008

Prosa en poema



Diario Milenio-México (04/03/08)
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En una de las escenas de The Monkey´s Mask, la novela versal que la australiana Dorothy Porter publicó en 1994 con el sugerente subtítulo de “An Erotic Murder Mystery”, la detective Jill Fitzpatrick intenta concertar una cita con el poeta Bill McDonald, uno de los sospechosos del asesinato de Mickey Norris, la jovencita de 19 años que, a decir de su padre, gusta de vivir “dentro de su cabeza”. Reacio al encuentro, el poeta McDonald contesta la llamada y, aclarándose la garganta, pregunta: “¿Qué quieres?// Sólo platicar/ acerca de algunos poemas.// ¿Mis poemas?//” Antes de seguir adelante, antes de contestar que esta vez no se trata de sus poemas, sino de los poemas poco discretos escritos por la chica asesinada, la detective Fitzparick no puede evitar intercalar el comentario: “¿Mis poemas?// ¡dame a un novelista modesto!// No, hombre, no esta vez/. Los poemas de Mickey.”
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Hay algo de esa energía irónica y descreída, de ese suspicaz comentario de último minuto y al margen, en las relaciones que guardan el párrafo y el verso, la narrativa y el poema a lo largo de las páginas de The Monkey´s Mask —una novela detectivesca, en efecto, en la que se entremezclan el sexo y el asesinato y, por supuesto, la escritura. Respetando los principios del género, la anécdota gira en torno al misterio que oculta y expone —las dos cosas a la vez— el cadáver, apenas descubierto a medio enterrar, de una joven mujer que ha leído demasiada poesía, tal vez no de la mejor calidad, y que ha intentado escribir la propia. El detective es, aquí, una detective de pelo corto, cigarro en boca, pose de gamberro, con una propensión acaso mórbida por la Mujer Equivocada. Los sospechosos: un par de poetas en un medio intelectual que produce abundantes lecturas de poesía en las que importan más la socialización y los contactos y la próxima publicación que las palabras mismas. Todo esto se desarrolla en breves capítulos que, funcionando a la perfección como poemas aislados, conservan, sin embargo, la tensión narrativa entre ellos. La pregunta aquí, naturalmente, es ¿por y para qué? ¿Por qué y para qué escribir una novela en verso si es posible, de hecho, si es esperable, hacerlo de otra forma? ¿Qué le agrega o le quita a la forma de la novela la escritura en verso?
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Decía Dorothy Porter, una de las autoras australianas contemporáneas más innovadoras de su generación, que no otra cosa sino la vanidad —la vanidad de poder ver libros de poesía en los anaqueles de las librerías, la vanidad de ser leída— es lo que se encuentra en la raíz misma de su interés por escribir novelas en verso. Sarcástica y certera a la vez, Porter anuncia así que su experimentación con la combinatoria de géneros se debe menos a un afán hermético o puramente libresco, y más a la necesidad de expandir los alcances de los libros en poema. Creyente en una poesía lúcida (y lucida), es decir, aquella en la que la urgencia de la enunciación va de la mano con “la cuidadosa e incluso amorosa selección de un lenguaje a través del cual la luz brille”, Porter también cree que “la poesía arde por más tiempo que la prosa” y es por eso que escribir, y leer, novelas versales constituye, en su opinión, una experiencia singular que bien puede contribuir a que los libros de poesía trasciendan el coto más bien estrecho, más bien selecto o elitista, del lector de especializado, para llegar a donde la poesía —a donde los libros en general— deben de llegar: el mundo de los lectores que buscan trastocar sus vidas. ¿Y qué mejor que una novela escrita en verso, evidencia en sí misma de trastocamientos de género, para trastocar los sentidos y las prácticas de los lectores?
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En esa exploración de los orígenes modernos del poema en prosa que es The American Prose Poem. Poetic Form and the Boundaries of Genre, Michel Delville señala la relevancia de, entre otros, Baudelaire (Paris Soleen), Wilde (Poems in Prose) y James Joyce (Ulises) en tanto antecedentes necesarios de una corriente que más bien define como “una plataforma para varias negociaciones intergenéricas que promueven un intercambio dialéctico no sólo entre varias tendencias y modos de la poesía contemporánea sino también con un número de discursos extraliterarios u otros modos de representación”. En todo caso, se trata, según DelVille, de una “subversión consciente de la tradición prosística”. Es de esa manera que Delville introduce sus análisis específicos de autores como Gertrude Stein, Sherwood Anderson, Kenneth Patchen, Robert Bly, Charles Simic, para concluir con los representantes más reconocidos de la Language Poetry, especialmente con aquellos comprometidos con el así llamado nuevo poema en prosa.
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Es en el contexto de este tipo de discusión y análisis que la novela versal de Porter —un ejemplo de prosa en poema, más que de poema en prosa— se vuelve un artefacto más escurridizo e interesante. Impredecible y lúdica, The Monkey´s Mask en efecto hace patente, y luego entonces cuestionable, las nociones de estructura y manejo de lenguaje que con frecuencia se asocian a las novelas escritas en prosa. Sin embargo, la obra de Porter es capaz de capturar al lector más por lo que apropia y congrega que por lo que niega u opone. La anécdota y el desarrollo narrativo están ahí, cumpliendo las funciones para las cuales fueron creados; tal y como lo están, también, y esto con todas las de la ley, los poemas y los versos que componen a esos poemas. La obra se lee, y esto lo pueden atestiguar una gran diversidad de lectores tanto en su Australia natal como en el mundo de habla inglesa, de una sentada. Más interesante que difícil, más inteligente que complicada, The Monkey´s Mask es un libro lúcido en tanto se sirve de formas aceptadas para, en perpetua colisión, producir un cierto tipo de intercambio, al que Porter gusta de llamar “entendible”, entre la poesía y la prosa.

lunes, marzo 03, 2008

Querido blog V (o una búsqueda en el otro, el que lee, de alguna respuesta)

03 de marzo de 2008, 10:30 pm
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Sentarme cada noche enfrente de un monitor se ha vuelto una rutina más que necesaria, indispensable. Saber que me encontraré alguna o algún cómplice con la misma desviación social que yo: creer que aquí uno puede obtener un cierto tipo de vida. Pero realmente este acto es un sinónimo de absoluta soledad y escasa vida social. Parece tan aburrido afuera, quizá, en la misma magnitud que aquí sentado mientras el mundo gira sin mi consentimiento.
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Esta semana termina el ciclo de mis prácticas docentes. Un mes bastó para que me encariñara con el grupo y me acostumbrara a ese proceso de desviar mi ruta para ir a parar al Bachillerato José Sánchez Villaseñor a impartir y compartir, o al menos intentarlo, los conocimientos que tengo sobre narración, ensayo, diálogo y signos de puntuación. Porque eso me tocó dar. Después de este jueves volveré a ver las mismas caras que llevo observando cada día del año, durante los cuatro que llevo aproximadamente estudiando en el Collhi. De nuevo a la amargura diaria.
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Por lo pronto, mañana es martes y tengo que preparar mi clase para el miércoles las bases para el análisis de un texto literario.
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¿Y luego qué? ¿Resignarme a vivir bajo la sombra de entes nada agradables como los que hay en su mayoría en esa facultad de supuestos humanistas?