jueves, febrero 07, 2008

Ciudadanía o vasallaje

Bajo el Sol-Diario E-consulta (07/02/08) y Diario Cambio (08/02/08)
Roberto Martínez Garcilazo
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Trabajar por el desarrollo de las competencias cognitivas de apreciación estética y de valoración crítica de la realidad es obligación de las instituciones.
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El martes 5 de febrero, durante la celebración del XCI aniversario de la promulgación de la Constitución del 1917, la magistrada Elba Rojas reflexionó, entre otros aspectos de la Ley Fundamental, sobre la garantía constitucional que significa el 3º. Constitucional, que por cierto –y esto yo lo afirmo, no la magistrado- además del trascendente valor jurídico que posee es una emotiva pieza literaria. Además, la juez disertó sobre la relación dialéctica que existe entre los movimientos armados y la consagración de las conquistas sociales en el estado de derecho.
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Bien, hipotéticos lectores míos, pues la efeméride nacional suscitó la siguiente especulación.
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Es el modo de vida el que educa integralmente a los hombres y a las mujeres.
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Es la manera, el procedimiento, que utilizan los miembros de una comunidad para satisfacer sus necesidades vitales de salud, empleo y educación la que determina su condición de libertad y dignidad personal. Su condición de realización y felicidad individual.
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Por otra parte, la calidad del servicio de los gobiernos, el respeto a las leyes por parte de individuos e instituciones, la transparencia electoral, las prácticas políticas de los partidos, el profesionalismo del periodismo que ejercen los medios forman parte del entorno educativo de la sociedad.
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Es evidente que, en esta perspectiva de educación para la ciudadanía, las escuelas y los profesores son sólo un factor más del proceso general.
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Aun en contra de la dureza de los datos empíricos, el ideal de un ciudadano que posea conciencia de su pasado cultural y, además, nociones de justicia y de bien social debe actualizarse permanentemente mediante la reflexión y el planteamiento de propuestas de acción porque, de otra manera, estaríamos condenados a sufrir la atrofiante pasividad de las mayorías agobiadas por la rapacidad de los grupos que para el peculado exitosamente se organizan.
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Trabajar por el desarrollo de las competencias cognitivas de apreciación estética y de valoración crítica de la realidad de los ciudadanos es obligación de las instituciones públicas de educación y cultura.
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Cumpliéndola cabalmente se honra la naturaleza republicana de nuestra organización social.
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Evadiéndola se propicia la discapacidad ciudadana de la población, el vasallaje de facto de millones de mexicanos que, por causa de la ofensiva y secular desigualdad, son reducidos a la condición de mayorías de miserables que malbaratan su voto a cambio de ínfimas prebendas.

La Filec en Tonantzintla



Diario Milenio-Puebla (07/02/08)
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La doctora Alma Carrasco Altamirano ha enviado ya la información necesaria a los medios de comunicación para que este 2008, como los años anteriores, los habitantes de esta ciudad de Puebla participemos todos –la invitación es amplia y abierta– en la Feria Internacional de la Lectura, a celebrarse los días que van del 14 al 17 de febrero en Tonantzintla.
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Alma Carrasco Altamirano ocupa la Presidencia del Consejo Puebla de Lectura, y año con año y con el mismo entusiasmo organiza esta feria que tiene como objetivo, más allá de la venta del libro –como es obvio– el fomento a lectura, el derecho y el no derecho a la lectura y la vinculación de la ciencia con la literatura.
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Hace un año estuvo Julieta Fierro dictando una conferencia para un público infantil. Es por eso que este año el evento adquiere mayor importancia, porque se llevarán a cabo varias actividades que tienen que ver con el encuentro de los libros. Hay que decir que la Feria Internacional de la Lectura se organiza en colaboración con el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (Inaoe) desde el año pasado, y que el Consejo Puebla de Lectura (CPL) es una asociación no lucrativa conformada por un grupo de personas que tienen en común la promoción de la lectura, la escritura y la ciencia.
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La Filec se ha visto enriquecida con el trabajo de estudiantes de servicio social de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, del Colegio Americano y del Centro Freinet Prometeo. Sin duda este 2008 la Filec será, como lo ha sido, un éxito.
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Ahora se reunirán, en las diversas actividades, un grupo de cuentacuentos, investigadores, editores, científicos y especialistas en la lectura. El encuentro con los libros –ha dicho Alma Carrasco– debe ser festivo.
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Otro de los propósitos de la Filec es acercar al público para que se conozcan las instalaciones del Inaoe. Por lo mismo se tienen programadas visitas guiadas a los telescopios, ahora con la novedad de que se podrán conocer los telescopios provenientes de la Universidad Nacional Autónoma de México.
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El poder de convocatoria de Alma Carrasco es envidiable: se instalarán más de sesenta stands en un área de mil metros cuadrados. Ahora también se llevará a cabo la noche astronómica, donde se podrá observar el cielo a través de los telescopios, al tiempo que habrá espectáculos al aire libre y en el auditorio.
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Se espera que ahora, este 2008, la cifra de visitantes supere los 13 mil registrados el año anterior. Yo espero que así sea. Destaco la participación y dedicación del compañero José Luis Santillán Palacios en la organización de la Filec.
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La cita es en el Inaoe (calle Luis Enrique Erro número 1/ Centro de Tonantzintla). Habrá constancias de participación.
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Felicitamos a Alma Carrasco por su iniciativa al organizar la Filec. Para mayores informes va este correo electrónico: cplectura@puebla.megared.net.mx
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Pues todos a Tonantzintla. Y mucho éxito. Va.

miércoles, febrero 06, 2008

Calle Sexta (El Mundo)


Diario Milenio-México (06/02/08)
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Para observar mejor Calle Sexta (El Mundo) , la pintura longitudinal de Héctor de Hoyos (Austin, 1962), es preciso elevar el mentón y arquear, aunque sea sutilmente, la espalda. Los brazos cruzados quedan a elección del espectador. Súbitamente empequeñecido frente a los dos bastidores superpuestos de manera vertical, el cuerpo queda listo así para recibir la acechanza, o el eventual impacto, del avasallamiento. ¿Y de qué otra cosa, sino del avasallamiento, se trata, a final o principio de cuentas, Tijuana?
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Pocos de entre los muy interesantes exponentes del arte visual y plástico de la frontera que se han dado a la tarea de reencantar (en el sentido benjamineano del término, claro está) Tijuana para un público transfronterizo y globalizado han optado por el estilo figurativo y, todavía menos, han elegido el realismo, y aún el hiperrealismo, para tratar con pasión y paciencia, con entrega y devoción los avatares de la vida cotidiana en la esquina más izquierda del país. Nacido en Austin, Texas, pero criado en San Bernardino, California, Héctor de Hoyos no llegó a Tijuana sino hasta después de años de vida en el centro de México y otros tantos en San Diego. De su encuentro cataclísmico con la vida fronteriza, experimentada en el cruce diario de la línea pero también en el laberinto del barrio que queda fuera de los binoculares de la moda, dan cuenta una serie de pinturas al óleo ejecutadas con la precisión del dibujante que sabe de líneas y perspectivas, y con la imaginación desatada de quien vive bajo cielos pavorosamente azules y entre gigantes que, brotando de la nada, acechan o protegen el cielo colindante de Tijuana.
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Acaso no es del todo azaroso que sea en el bastidor superior, en el bastidor del norte, donde galope, desbocado, el caballo blanco sobre el cual una bailarina encuentra un equilibrio fugaz, y bajo el cual un hombre, en apariencia joven, esté perdiendo El Mundo, la carta de lotería fielmente introducida en la composición. Y acaso es de suyo significativo que sea en el bastidor inferior, en el bastidor del sur, donde aparezcan las amplias avenidas tijuanenses, coronadas de cables de electricidad (presuntamente ilegales), por donde transitan y transan y trafican los hombres y mujeres de todos los días. Hay palmeras, en efecto, y los caseríos caen sobre las lomas que a veces, en un buen año, reverdecen en invierno. En medio de todo eso, partiendo en dos una composición que sigue siendo una, se extiende el limbo de lo real: se trata de un par de centímetros vacíos, hechos de pura pared, que ocupan el lugar de la tierra de nadie que es la frontera.
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Pero nada es sencillo o fácil de explicar o dicotómico en el mundo visual de De Hoyos: siendo hiper-realista, nada es, por supuesto, real. Como un Gulliver posmo que atraca o aterriza en tierras de dimensiones sorprendentes, De Hoyos plasma con estridente realismo escenas urbanas o celestes para luego introducir, en el momento menos pensado, en el ángulo acaso imposible, el animal o la persona que reta el sentido de la escala de lo cotidiano. De ahí que, en Calle Sexta (El Mundo) el monumental caballo del norte amenace con salir del cuadro para brincar, o peor: para chocar, contra la cabeza del espectador, y que la diminuta aunque musculosa niña esté a punto de perder el paso desde el lomo enfurecido del cuadrúpedo. Como junto a las esculturas ya colosales o ya pequeñísimas pero siempre hiperrealistas del australiano Ron Mueck, o como en las crónicas swiftianas que llevaban al doctor Lemuel Gulliver de Lilliput a Brobdingnag, o como ante las figuras de papel maché y resina que constituyeron la firma del escultor español Juan Muñoz, el que observa una obra de De Hoyos se desestabiliza y se desorienta. Su realismo, puntilloso y demencial, cuestiona siempre lo que toca o, mejor, lo que trastoca. De Hoyos trae al interior del cuadro la silueta de lo que está ahí pero violenta de tal manera sus dimensiones que configura así mapas inéditos, mapas inquietantes y críticos, mapas fronterizos de la frontera.
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Su frontera, por lo mismo, va más allá de la imagen normalizadota y comercial del laboratorio. La frontera de De Hoyos cruza la línea como lo hacen tantas otras cosas y mercancías y personas, pero se adentra luego en las colonias donde se vive la vida de todos los días, ahí donde Tijuana se produce y se reproduce atenta pero ajena al torbellino del estereotipo. Esta no es la Tijuana del glamour neoliberal, nocturna por naturaleza y trasgresora por principio, sitio de violencia televisada para el escándalo o agrado del espectador en turno. La de De Hoyos es una Tijuana que, no por diurna y cotidiana, es menos escalofriante o más poshumana. Ahí vive doña Aurora, quien acaba de llegar de Arizona a ocupar la casita que construyó con sus ahorros. Por ahí ronda el Chamachirri, el albañil con cierta proclividad a invitar las cervezas. Ahí pasan los chavos que van a la universidad pensando en otras nuevas inéditas maneras de decir Tijuana. Por sus calles bajan los transas y los que se dejan, los que se encomiendan a la virgencita de esto o aquello, y los que blasfeman contra dios. Ahí también hay balas. La Calle Sexta de De Hoyos no se detiene en la Estrella (tropo inmortalizado en la cartografía personal del escritor Luis Humberto Crosthwaite en el libro del mismo nombre) y ni siquiera registra la existencia del Dandy´s, lugar de moda entre artistas y visitantes. Entrañable y nimbada por el terror, más-que-real, cejijunta y bronca y anodina, La Calle Sexta (El Mundo) invita a la consideración del monstruo que se pervive en lo real, y que se exacerba, onírico y disoluto, en el hiper-real. Una verdadera lástima que la única manera de apreciar ésta y otras obras de De Hoyos sea, hasta ahora, la colección personal de Jean Francois Piché, director de la Alianza Francesa de Tijuana.

lunes, febrero 04, 2008

Querido blog II (o una conversación entre una maquina y un hombre, donde el lector sólo lee)

Se ha ido al carajo el primer mes del año dos mil ocho y hemos comenzado desde el pasado viernes el segundo mes. Las clases no me han defraudado, quizá una se torna muy rutinaria como lo es Morfohistórica, la clase de Introducción a la Filosofía promete mucho aprendizaje, pero el grupo augura demasiada hueva, mientras que Tendencias contemporáneas 2 y Seminario de Novela Política se tornan demasiado lectoras, y serían extremadamente interesantes, pero temo que los alumnos de cada grupo no tienen ganas de polemizar. El Collhi está acostumbrado a respetar a las “vacas sagradas” de la literatura con el mismo fundamentalismo que profesa Bush u Osama Bin Laden.
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El primer día de este mes, trajo a mi vida el reencuentro con una amiga que conocí el primer año en mi amada preparatoria Emiliano Zapata de la BUAP y que partió primero a Toluca para después ir a vivir a tierras Norteamericanas. Mónica Natalia, Nataly para los amigos y el recuerdo, no ha cambiado mucho, sigue siendo la misma mujer tierna que conocí. Su percepción del mundo sí. Ella partió a tierras gringas 1 años después a los atentados del 11-S. Ahora que regreso y en un café del centro me habló de un Estados Unidos distinto, de poblados en los cuales la tecnología no ha sido capaz de terminar con sus estilos de vida, de estampas naturales que uno cree sólo suceden en las películas: autos parándose para ceder el paso a patos o venados, primaveras que nacen luego terminado el invierno, por aquí se derrite la nieve y ya están los tulipanes formando parte del adorno natural. Luego de ese rico café, nos dispusimos ir al cine a ver El Orfanato, una película por demás exquisita, que buscar hacer pensar al espectador, así como juega un tantito con su sentido de la percepción. Una película en la cual debes seguir todos los detalles, para realmente hilar todos los hechos relatados. En fin, fue un lindo viernes.
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Luego vino el sábado nada relevante más que el termino de la lectura de la novela Morelos, morir es nada de mi mentor y amigo Pedro Ángel Palou. Esta novela pertenece a una triología, quizá tetralogía, denominada: Sacrificios históricos, la cual busca desmitificar lo existente alrededor de personajes como Zapata (primer personaje de su novela perteneciente a esta triología) y ahora Morelos, luego sigue Cuauhtémoc. Los dos primeros, al menos, tienen una hermandad: fueron desde cualquier perspectiva los auténticos revolucionarios de cada movimiento, Zapata de la Revolución Mexicana y Morelos del Movimiento de Independencia. Ambos se encargaron de armar ejércitos en la zona sur de México que se basaban más en armar una estrategia para la guerra y en mucho corazón, que en la multitud y las armas sofisticadas. Pero de la novela hablaré de forma detallada en otra entrada. Terminada Morelos, me dispuse a leer Batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, una novela por demás formidable. Ágil en su lectura y que se lee en menos de dos horas, pero profunda en su crítica a una sociedad mexicana que se encontraba en una profunda evolución. Un valioso testimonio de un México que hoy se antoja casi lejano, por no decir inexistente.
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Ayer empecé a leer En busca de Klingsor de Jorge Volpi. Una novela que venía persiguiendo desde hace años y por fin la tengo en mis manos, desde el diciembre del año que se fue hace no mucho al olvido. Es una novela que por lo que llevo está perfectamente estructurada y bien escrita, quizá algo rígida, pero es parte del estilo que buscó el narrador, sin dejar a un lado su típico sarcasmo, ya estampa personal del propio Volpi en cada una de sus novelas.
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Así van los días. A ver qué sucede en los próximos.

Postales del Carnaval



Diario Milenio-México (04/02/08)
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1.Vade Retro, Cuaresma
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Si en el resto del mundo el año se termina en diciembre 31, en Rio de Janeiro hay que esperar al nunca mejor llamado Miércoles de Ceniza. Por lo pronto y hasta entonces, difícilmente existe ciudad preferible (aun si los especialistas en carnavales reivindican festines paralelos como el de Salvador de Bahía y el pernambucano de Recife). Entre el humor carioca —de por sí relajado, gozador, gostoso— y la ocasión extraordinaria por excelencia, las calles bullen del mismo entusiasmo que transpira su música el año entero, multiplicado por la expectativa de trescientos sesenta días de ilusiones. Así las cosas, duele mirar al cielo y preguntarse si hoy, el domingo grande, la lluvia va a parar.
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De Vinicius a Caetano, de Cartola a Cazuza, de Jobim a Ana Carolina, todos tienen al mismo protagonista. El Carnaval es el comienzo y el fin, el centro y las orillas, el origen de toda la música y la danza, la coartada primera de la alegría. De ahí que la cuaresma sea aquí más cuaresma —tiempo muerto y de muerte— que en el resto del mundo. Sólo que ahora llueve, la cuaresma está a tres días de caernos encima y Rio de Janeiro parece un niño a punto de quedarse con media fiesta de cumpleaños. Si en el sertón la lluvia se recibe entre bendiciones y alabanzas, el litoral la sufre como un castigo, mismo que se convierte en divino si cae a medio Carnaval: la única fiesta que da sentido al año, y por ende a la vida. Ayer mismo, con el sol hasta arriba y el termómetro fijo el el 35, la fiesta se extendía por las calles, conducida por un batuque omnipresente y alebrestada por miles —millones, ya haciendo cuentas— de piernas en vaivén permanente. Como si la ciudad y los cariocas y los turistas vueltos cariocas mostrasen una misma sonrisa interminable. La sonrisa carioca: nadie que se la tope la sabrá resistir a corazón helado.
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2. Amorosos malandros
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Recuerdo a Salvador de Bahía —la más africana de las ciudades brasileñas— 0como una batucada sin orillas, en las semanas previas a la fiesta grande. Mas lo que aquí sucede en estos días no se parece a ninguna otra cosa, empezando por el lugar común del Carnaval-de-Rio, cuya fama no alcanza para pintar con precisión alguna el sentimiento de libertad ancha que en otros sitios sólo se consigue durante algún Mundial de futbol —¿y qué sería de ellos sin el batuque verde-amarelho?—, aunque nunca con esta intensidad. Lo que los gringos llaman know how: solamente unos cuantos pueblos privilegiados tienen —tenemos, me parece— sapiencia semejante para el buen desmadre. Ser mexicano en Rio, durante el Carnaval, es tornarse carioca en cinco minutos.
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Hace un rato, el taxista me hablaba de los malandros, usufructuarios de esa misma sonrisa carioca que casi siempre toma desprevenido al turista indefenso y amigable. Luego de haber caído en otras ocasiones, uno sabe que pueden venderle cualquier cosa a cualquier precio si comete el error de tropezar en ese gesto en tal modo amigable que hay que ser un canalla para desdeñarlo. Y ahora que es Carnaval no queda más defensa que salir a la calle con un par de billetes medianos ocultos hasta dentro de los bermudas. Cualquier otro accesorio —a excepción de pelucas y antifaces— acusa algún riesgoso exceso de equipaje. Tal vez la diferencia entre estos malandros y los de diferentes latitudes sea que sólo aquí sonríen antes de cometer la fechoría. Quienes han padecido estas sorpresas están generalmente de acuerdo en ese punto: ya sentían quererlos cinco segundos antes del abrochón.
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3. La entraña del festín
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No hay gran festín sin bajas, por supuesto, pero es sólo en las grandes ocasiones cuando se vuelve a la guarida con un zapato de menos, y eso cuando menos. La idea es que ha llegado un festín cuya preparación tomó doce meses, y aun si lloviera es preciso llegar hasta el final. Soltar una por una, y eventualmente todas a la vez, las amarras de la rutina y el recato, que en Rio de por sí suelen ser pocas. Y eso lo saben aún mejor los visitantes, no es tan raro ver una rueda de gringos bailando en calzones en Copacabana, perdidos en la turbamulta que sigue con fervor a los batuqueiros por una u otra calle camino a nadie le importa dónde. Todavía ayer —hoy que llueve es domingo—, en vísperas del gran evento en el sambódromo, hervían las calles de propios y extraños resueltos a cobrarle tributo a la vida, como si en adelante no quedara ya nada sino fiesta. Me queda la creciente impresión de que no es muy plausible comprender el sentido íntimo de la música brasileña es necesario hacerse la idea completa de los días de alta ligereza que preceden a la cuaresma.
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“La favela no es fruto del marginal, la favela es un problema social”, reza una canción de Seu Jorge, dedicada a aquellos apóstoles de la miseria que encuentran pintorescas y rentables las carencias ajenas. Y allá está la favela de Vidigal, unos cientos de metros más allá de la playa de Leblon donde ayer mismo acontecía uno de esos desfiles espectaculares, tras los cuales se llega de regreso a la cama con los tambores aún retumbando en el cerebro. Sin todas estas fiestas, la favela sería un infierno nihilista donde no habría siquiera la ilusión de torcer por una escuela de samba, igual que luego, el resto del año, se hace lo propio en nombre del Botafogo o el Vasco da Gama. Por lo demás, sin la devoción ciega de la favela tampoco el Carnaval tendría sentido, ni alcanzaría tamañas estaturas. Hoy por hoy, por lo pronto, dentro o fuera de la favela, no hay quien no mire al cielo esperando el milagro del retorno del sol. ¿Quién querría cargar con el recuerdo amargo de las nubes negras por los próximos trescientos sesenta días? ¿Cómo no tener fe en San Jorge, Nuestra Señora Aparecida, Yemanyá y los demás, cuando nadie sino ellos parece suficiente para rescatar a la madre de todas las fiestas?

viernes, febrero 01, 2008

Alarido nocturno

Estar sentado con un montón de hijos de la chingada, que aseguran ser tus amigos y están preparándose para emborracharte y así hacerte olvidar aquellos tragos amargos que la vida da cuando un hombre se topa con una mujer, sobre todo si ésta aparenta ser la indicada. Y mientras ellos ordenan las bebidas que prometen hacerte olvidar tu realidad por un instante y de pronto te da por pensar en ella: su voz, sus delgados y finos labios, sus manos recorriendo tu grotesca, accidentada y velluda piel, y tus ojos que la miran, tierna y candorosamente, jurando amarla con la misma intensidad de hace años, cuando la viste por primera vez en los pasillos de tu Universidad. Entonces pensaste que si existían bellezas como ella, no había duda que Dios existía. Dios y el amor son idénticos, hay que creer en ambos con mucha devoción, aunque nunca lo lleguen a ver en vida. Ambos son empresas que prometen eternidad. Y tú siempre ansiaste cada noche desde que te la topaste con la eternidad de sus besos.
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Es una foto la que siempre te ha acompañado durante los años que llevas en la Universidad. El día más feliz de tu vida fue cuando ella, Verónica, asistió acompañada de sus amigos eternos a la librería en la cual trabajas, para poder leer de forma gratuita los libros que nunca podrás comprar y de paso, conocer a un que otro escritor. Era una noche de viernes, lucía espectacular. A su morena piel siempre le ha ido bien el color rojo y el negro. Ese día iba tal y como te gusta verla vestida, deseabas ser tú el motivo. Pero en el fondo sabías que ella vistió así para ese amigo escritor de ella que tanto te molesta la pupila, porque además de ser un pésimo escritor, es un mamón.
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La oportunidad nunca toca a la puerta dos veces, dicen un dicho, si la memoria no te falla. Ese viernes, sin duda, era tu oportunidad. Ahora o nunca, pensaste. Pero la timidez empezaba como siempre a invadirte. Fuiste a la mesa de bocadillos y bebidas que se puso con motivo del evento, pediste una copa de vino para tomar valor, siempre es mejor un tequila, pero ante las circunstancias cualquier cosa servía. Entonces recordaste que, según las investigaciones que mandaste a hacer, a ella le gusta mucho el café capuchino con rompope y un toque de tequila, como pudiste lo mandaste a comprar a una de las cafeterías que en tu ciudad abundan como peste en plena Edad Media. Después mandaste el café con uno de tus compañeros de trabajo y agregaste en la servilleta una nota que decía: este café que espero te guste, es sólo para decirte que muero por un día besar tus labios que prometen el paraíso que nos ha sido negado por culpa de una serpiente.
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El café ha sido entregado, la reacción es una sorpresa obvia e inmediata. En seguida tu compañero le aclara que dicho café ha sido enviado por aquél caballero, entonces te señala, y agrega que a dicho café va anexada una nota explicando el motivo de tan simbólico detalle. Verónica, lee la nota con atención y conforme va avanzando el color de su piel se va tornando roja. Luego una sonrisa y continua observando atentamente la intervención de su escritor favorito. De nada ha servido el café, te dices y continúas trabajando en la mesa que oferta los libros del escritor en cuestión.
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El evento ha terminado y acto seguido viene el brindis, la luz de la vela esperanzadora sigue prendida en tu interior. Esperas que se acerque a la mesa improvisada para la venta de los libros a comprar uno, pero inmediatamente la desilusión te empieza a carcomer al observar que tan indeseable escritor le ha regalado el libro, y ella muy emocionada lo ha recibido, y como agradecimiento le ha dado un abrazo que nunca recibirás tú, al menos no con la misma intensidad. Pero todo posible hundimiento otorga la oportunidad de usar una balsa para recobrar la esperanza de vida y equilibrar el estatus quo. Y la tuya llegó cuando recibiste el recipiente donde anteriormente había café, y ahora vacío, pero que alrededor del envase de unicel había una nota que decía: gracias por tus palabras tan valientes acompañadas de un rico café. Te espero el siguiente viernes en el parque de las ninfas para conocernos más. Con afecto, Verónica. Entonces tu día valió la pena.
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Llego el viernes y con este la realidad. La historia nuevamente se volvía a repetir. Otra vez era un parque el escenario y tú por enésima vez actuabas en el papel del hombre que siempre sabe esperar. Ella jamás llegó. Tu devoción te hizo justificarla y decidiste olvidar el mal momento, asegurando que esta vez habría una explicación a tu espera.
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Las semanas transcurrieron y a ti el hecho se te había olvidado, la vida ya te había moldeado ante ese tipo de situaciones. Tu vida se había tornado normal, el tiempo y la rutina habían ejercido a la perfección su tarea, hasta que alguien te vino a comentar que, aquel día que la espera volvió a ser tu tormento, la habían visto por los rumbos de tu trabajo caminando enlazada de un compañero de tu facultad.
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Toda decepción amorosa conlleva una enfermedad y la tuya lleva meses de haberse vuelto un cáncer. A pesar de que ella jamás te explico la razones de tu cita para dos que terminó siendo cita para uno, tu has seguido intentando acercarte a ella. Te has vuelto amigo de sus amigos, sueles preguntar por ella a sabiendas de que no obtendrás mucha información, hasta que al relacionarte con uno de ellos, descubriste que ella moría por tu amiga y que a diferencia de ti, él nunca se atrevería a expresarle sus sentimientos. Te animaste a hacerle una oferta que consistía en que él te pasaba fotos en las que apareciera Verónica y tú le donabas las que tenías donde aparece tu amiga.
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La imaginación del humano puede llevar a cualquier a lugares insospechados, la tuya, te trae cada noche a Verónica desnuda susurrándote al oído con su candorosa voz lo que piensa hacerte, sus delgados y finos labios cubriendo tu cara, sus manos recorriendo tu grotesca, accidentada y velluda piel, y tus ojos que la miran, tierna y apasionadamente, jurando amarla, mientras su vagina recibe a tu pene, para hacerse uno. Ambos jugando a ser dioses y pintando por un momento el firmamento en la piel del otro a un ritmo inigualable.
Todo acto tiene un fin. El tuyo termina con el alarido que pide satisfacción y grita soledad, esperando alguna respuesta, pero nadie te oye.

jueves, enero 31, 2008

Hace 25 años nació la Secretaría de Cultura de Puebla

Bajo el Sol-Diario E-consulta Puebla (31/01/08)
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Para los trabajadores de la SC
Para la vieja guardia de promotores culturales
Para el maestro Pedro Ángel Palou Pérez
Para el profesor Roberto Reyes Garrido
Para el poeta Gilberto Castellanos
Para el sueño que soñaron
Este homenaje

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Roberto Martínez Garcilazo
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La cultura es, ha sido, nunca dejará de ser, un instrumento político. No existe política cultural neutra. Siempre implica una determinada concepción de ciudadano y, luego entonces, una específica noción de filosofía de la historia.
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Ahora bien, si de identidades culturales se trata, tornase evidente el factor ideológico que constituye a la política cultural.
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Lo anterior a propósito de los preliminares de los aniversarios de la Independencia y de la Revolución mexicanas.
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El pasado martes 29 de enero, el ex gobernador Guillermo Jiménez Morales –quien por cierto, el 1 de febrero del 1983 creó la Secretaria de Cultura de Puebla- recibió, del gobernador Marín, el nombramiento de presidente ejecutivo de la Comisión Coordinadora del Estado de Puebla para la Conmemoración del Bicentenario del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del Inicio de la Revolución Mexicana.
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Lo anterior ocurrió en la ceremonia realizada en el patio principal de los que fue el Hospital de San Pedro, y tal como lo relata el maestro Gabriel Sánchez Andraca, en su Pulso Político, fue una reunión de la clase política poblana:
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“Había de todo, desde jóvenes funcionarios o aspirantes a serlo, hasta viejos políticos, algunos ya en retiro y personas representativas de todos los sectores sociales… Fue como un reencuentro de la clase política priísta de Puebla.”
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Del discurso que el ex gobernador Guillermo Jiménez Morales pronunció, después de rendir protesta, citó el siguiente fragmento:
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“Esta conmemoración revivirá en la memoria social el valor de nuestra historia, la construcción de nuestra identidad cultural, comprender muy bien lo que somos, mirar con claridad el futuro que deseamos y consensuar nuestras formas de organización y trabajo para lograr la nación que merecemos … Más allá del festejo y la celebración, es el momento para pensar a fondo en los valores recibidos como legado y que dan continuidad histórica a nuestra Entidad para divulgarlos y darles el sentido de contemporaneidad necesario para la consecución de Puebla a la altura de los retos del siglo XXI”.
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Rescato tres conceptos cardinales que, desde mi punto de vista deben orientar las futuras acciones conmemorativas: nuestra identidad cultural (aquí debemos reflexionar sobre la condición multiétnica y plurilingüe de Puebla); la nación que merecemos (¿proyecto social de bienestar para todos o México sólo para los plutócratas?) , y, el más importante, los valores recibidos como legado y que dan continuidad histórica a nuestra Entidad (Es evidente que en este pasaje se está aludiendo al viejo conflicto entre la Puebla liberal y la Puebla Conservadora).
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No sólo fiesta y celebración, también estudio y reflexión en un espacio de pluralidad y libertad de pensamiento. Y política, claro está, pero concebida como el ámbito del procesamiento civilizado de las diferencias ideológicas de los ciudadanos.
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Rafael Tovar y de Teresa, el pasado 18 de septiembre del 2007, fecha en la que fue designado, por el presidente Calderón, Coordinador General de los Festejos del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución Mexicana, declaró que: “El propósito de recordar nuestros orígenes, reforzar nuestros vínculos y lograr una unidad como sociedad se cumplirá en el momento en que cada mexicano, con el pleno respeto que significa su pensamiento en el entramado de nuestra diversidad, conozca de mejor manera nuestra historia y así pueda valorarla a cabalidad”.
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Es decir: sin libertad de pensamiento y sin pluralidad no puede existir conmemoración alguna de nuestros grandes movimientos de reforma social.
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Pero la memoria –la personal y la social- es selectiva. ¿Qué debemos recordar y celebrar? ¿Qué?

Tiempos difíciles



Diario Milenio-Puebla (31/01/08)
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Cada inicio de año es lo mismo. La "cuesta de enero" es quizá una de las causas de que el Montepío se encuentre al tope. He visto un reportaje en la TV en donde pasaron como escenas del viejo celuloide, sólo que con la moda del 08, a muchas personas con cara de aflicción.
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El DF es un lugar donde no cabe, desde hace muchos años, la mínima sensibilidad. Cuando yo leía con gusto a Carlo Coccioli en las páginas de la Revista Siempre! él –en uno de sus más lúcidos artículos— escribía que le provocaba una ternura infinita ver las arrugas de sus semejantes al lado de los ojos. Ese simple hecho, luego lo confirmé en mi propia experiencia, le hacía sentir compasión en el mejor sentido budista: “sufrir con”.
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Este 2008 no sólo comenzó violento por los hechos que se han dado a conocer a nivel nacional. Es ya violento porque hay mucha gente que se levanta por las mañanas y no tiene ni para comprarse una naranja. Luego entonces, van al Montepío y dejan en prenda los juguetes que les habían comprado a sus hijos para los Reyes. Ahí en la larga cola de espera llevaban bicicletas y hasta una que otra patineta.
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Tiempos difíciles porque hemos perdido la sensibilidad para sentir compasión por el otro, como quería Coccioli. Tanto es así que, me acabo de enterar que desde su alma de “poeta”, un viejo amigo, exmilitante del PCM, se ha puesto del lado de la patronal –complaciente, sin decir “esta boca es mía”— para que treinta trabajadores de una conocida empresa en Puebla cobren su salario, al que por ley tienen derecho, a través de una firma, no me acuerdo cómo se llama, con el fin de que los verdaderos dueños de esa empresa no paguen impuestos y sí obtengan pingües ganancias. Qué espanto, ese personaje “poeta” es el mismo que hace treinta años se sabía de memoria las canciones del Llanero Solitito y que cantaba en las marchas “No nos moverán”, “A desalambrar”, “La Internacional” y “Me gustan los estudiantes” de Violeta Parra.
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Así las cosas. Mientras mucha gente va al Montepío, otro “poeta” (examigo mío) traiciona a quien le dio la mano y se dedica a jugar sucio para quedarse en un importante cargo –en otra importante empresa— en el que no permanecerá ya mucho, sólo el tiempo que le ocupe terminar ese “encarguito”, para hacer referencia al libro de Guillermo Sheridan.
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Estos “poetas” de los que hablo parecen estar muy satisfechos presenciando el sufrimiento humano. Es muy probable que mis lectores piensen –y quizá con toda razón—que he enloquecido y que hablo sólo para mí. Bueno, querido lector, a lo mejor usted sí sabe a quiénes me refiero, y si no tómelo entonces como un juego: ponga como referencia a la primera empresa que a usted le venga a la cabeza. Ponga también en su cabeza a dos poetas que haya leído por ahí. Queda igual de claro el ejemplo. Es decir: son los “poetas” que están y que trabajan para el y sólo para el Poder. Así, Poder con Mayúscula.
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Y lector, no piense para nada en la gente que visita el Montepío, ya para qué. ¡Ah!, este poeta de hoy lejos está del que cantaba “A parir madres latinas/ a parir más guerrilleros…” Qué se le va a hacer. ¡Ah!, también decía el poeta que “Los tiempos están cambiando”. Je, je, como se ríe Pulgoso. Sí, ya lo veo.

martes, enero 29, 2008

La distancia extraña



Diario Milenio-México (29/01/08)
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Hay de distancias a distancias, por supuesto. Desde la distancia que se presume nula cuando el referente es el yo lírico y el asunto en cuestión resulta ser la experiencia no mediada (sic), especialmente visibles (esto también se asume) en artefactos culturales que van de la autobiografía al talk show, hasta la distancia, calificada de elegante, cuando, a partir del desprendimiento de emociones descritas como básicas, se logra producir el reino del así llamado lenguaje puro, con frecuencia asociado a una cierta conciencia meta-lingüística. Lo anterior es, por supuesto, una exageración. Ni el debate, que es largo y lleno de detalles, se reparte de manera tan categórica en dos, ni dentro de cada una de las vertientes aludidas se toman en cuenta la totalidad de elementos que las componen. Otra manera de decir lo mismo es decir que existen, de hecho, libros personalísimos, libros de una intimidad acaso desbordada que, sin embargo, logran transmitir la experiencia aquella a la que se refería María Negroni cuando enunciaba, cejijunta, “la idea es una emoción del pensamiento”. Y hay libros tan distanciadamente elegantes, o tan distanciadamente, a secas, que terminan por provocar o bostezo o indiferencia o, como se dice en los exámenes de opción múltiple, todas las anteriores.
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Yo debo confesar que si un libro no se me acerca tanto como para conmocionarme, no me interesa, pero también debo decir que para conmocionarme, en el sentido más pueril y sentimental del término y en el sentido también más sofisticado y político del mismo, ese libro debe saber guardar su distancia –una distancia no necesariamente elegante sino más bien extraña. Entre la cercanía atronadora y la remota impasibilidad, supongo, cada libro debe saber producir su distancia propia, la distancia exacta. No hablo, por supuesto, de encontrar el muy afamado punto medio (nunca nadie me agarrará haciendo un argumento a favor de la templanza o de la moderación) o, como se dice, de buscar una posición ni muy muy ni en lo tán tán. Hablo, lo sospecho así, de la utilización más o menos explícita de estrategias textuales que transforman al libro, y a la lectura del libro, en algo extraño aunque todavía legible. Hablo, pues, de la construcción de un borde ante el cual es necesario detenerse, aunque sea momentáneamente, aunque sea sólo por el tiempo suficiente para volver la cabeza hacia atrás y hacerle un guiño al lector, ahí, justo antes de saltar.
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Para hablar sobre la distancia, sin embargo, habría que empezar por aclarar que tanto la distancia nula como la distancia elegante son estrategias textuales, es decir, artificios de escritura. Todo el que escribe la palabra yo sobre una página participa de una convención cultural y política, uno de cuyos objetivos es producir un cierto efecto de intimidad: el hacer-como-si el autor y, por lo tanto el lector, estuviera en contacto directo con la experiencia. Todo el que escribe la palabra yo sabe que también, y al mismo tiempo, escribe la palabra tú, su punto ciego. Su zona de nubosidad. Todo el que escribe la palabra él, la palabra ella, participa, a su vez, de una cierta convención que asegura, con frecuencia a través de una suerte de ocultamiento programado, la distancia que algunos encuentran cómoda o deseable. Escribir, en todo caso, involucra una serie de decisiones que son estéticas y que también son políticas. El que interrumpe y disgrega la escritura en repeticiones varias, persigue algo muy distinto al que congrega en una página ciertos párrafos alrededor de la fuerza centípeta de una anécdota. El que distrae y se pierde y, al perderse, nos pierde, lleva a cabo una relación con la escritura, y con la lectura, que difiere, insisto, tanto en términos estéticos como en términos políticos, de aquel que aglomera y concatena y resuelve.
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Charles Bernstein, el teórico par excellence de la así llamada Language Poetry clasificó a estas series de estrategias como absorbentes y antiabsorbentes (o impermeables) en “El artificio de la absorción”, un texto paradigmático que publicó en 1992. Sin establecer abismos innecesarios entre ambas, puesto que no es poco común utilizar mecanismos de impermeabilidad para provocar efectos de absorción, Berstein distingue así entre el tipo de texto que produce un efecto de familiaridad con el lector: el típico yo-he-estado-ahí, el afamado yo-reconozco-este-lugar-o-esta-emoción, el ¡eureka!; y el tipo de texto que ya por balbuceante o estrafalario u oscuro ocasiona el molesto no-reconozco-esto, la irritante ¿pero-qué-es-lo-que-estoy-leyendo? Consciente de sí y entrometido, huraño y poco presto a la complacencia fácil, el texto impermeable sabe guardar una distancia extraña (en resumen: una distancia poco elegante) que, a su vez, produce ese efecto de extrañeza al que también se le conoce como sentido crítico.

lunes, enero 28, 2008

Entre eurosis y eurastenia




Diario Milenio-México (28/01/08)
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Más barato por millón
Hasta hace poco casi nadie sabía quién era Jérôme Kerviel, un operador financiero francés de 31 años recientemente acusado por sus empleadores, el banco Société Générale, de maquinar e instrumentar a solas el desfalco bancario más grande de la historia: poco menos de cinco mil millones de euros que hasta hoy nadie sabe dónde están. Felonía por la cual el responsable puede ser castigado hasta con siete años de cárcel. De modo que si hacemos cuentas necias concluiremos, por ejemplo, que el estafador pagaría más o menos un día de cárcel por cada dos millones de euros sustraídos. Una ganga de acceso restringido a los ladrones de altos vuelos, si bien valdría empezar por preguntarse qué puede hacer cualquiera con un botín de casi ochenta mil millones de pesos, que solamente depositados en el banco pagarían quinientos millones de dólares anuales por intereses simples. ¿Quién podría esconderse con esa cantidad? ¿Quién va a creer que un solo empleado pueda ser lo bastante idiota para soñarse así de rico y encima transparente?
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“Poco menos de cinco mil millones” quiere decir: cien millones menos. Poco en comparación. Aún así, cualquiera que posea de un día para otro cien millones de euros tiene papel de sobra para volverse loco. No muy lejos de la noticia sobre la historia de Kerviel —que con toda justicia se llevó los titulares del día— todavía en primera plana leí que en un concurso llamado Eurobote se ofrecía un premio de 73 millones de euros, bajo una condición suculenta en teoría: “un único acertante puede ganar”. No sé hasta dónde deba parecer extraño que las uñas de un solo broker subrepticio sean capaces de sustraer el presupuesto anual de una nación pequeña, pero en definitiva me escandaliza que haya quien pueda prometer tamaña cantidad como una bendición del cielo, cuando ya la centésima fracción de ella basta para cambiarle la vida a cualquiera.
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2
A mí mis euros
Es seguro que el industrial Tomás Delgado Bartolomé no imaginó que la mañana del viernes 25 de enero despertaría compartiendo los titulares de la primera plana de El País con la noticia sobre el ahora famoso forajido financiero francés, y acaso aún ahora se pregunte cómo es que una pequeña demanda civil —20,000 euros, por daños y perjuicios— puede rivalizar con cantidades tan estruendosas como los miles de millones de Kerviel y los 73 del Eurobote. Pero he aquí que lo más notorio de los veinte mil euros de marras está precisamente en su modestia: tal es la cantidad que reclama el ciudadano español Tomás Delgado Bartolomé como indemnización por el quebranto sufrido en su bonito Audi A8 el 26 de agosto de 2004, cuando atropelló y mató al ciclista Enaitz Iriondo, de 17 años. De prosperar su petición, la cantidad tendría que ser pagada por los padres de Enaitz, que si viviera tendría veinte años.
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Para un hombre como Tomás Delgado Bartolomé, veinte mil dólares son poca cosa. Él lo acepta, además: no le hacen falta, pero no tiene por qué renunciar a ellos. Los de la compañía, reconoce, le han dicho que para ser indemnizado tiene que demandar a los padres de la víctima, y ha procedido a ello en busca de justicia. “Soy la primera víctima”, señala ante las cámaras, e incluso se compara ventajosamente con sus demandados: “Yo tengo más hijos”. También tiene más coches, pero ya en la demanda exige seis mil euros por el tiempo que pasó su vehículo inutilizado, al cual él “ha necesitado para su trabajo”. Es decir que la más grande injusticia, a ojos de Tomás Delgado Bartolomé, consiste en haber puesto demasiada atención al dolor de los padres de Enaitz y muy poca a su pena como dueño de un Audi destrozado, condenado con ello a moverse en automóviles que con toda seguridad no reflejan con tal exactitud sus logros en la vida. “Ellos ya cobraron”, se defiende, en referencia a los 33 mil euros que la aseguradora pagó a los padres de la víctima. ¿Y a él, cuándo?
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3
Levántate y Audi
No sin razón, los familiares de Enaitz Iriondo exigen ahora más de lo que en su momento pudieron pedir, pues entonces creían que el pobre conductor cargaría ya con su propia cruz, y ahora que le han visto la cola al nahual traen a cuento una nueva cifra espectacular: los 160 kilómetros por hora a los que conducía el dueño del A8 cuando el ciclista le cayó en el parabrisas. Más los puntos que registró Delgado en el alcoholímetro, atribuidos por él a un samaritano que, pasado el accidente, le ofreció un trago de whisky con Coca-Cola. Para los nervios, claro. Hay que tener un Audi de ese tamaño para saber lo que se siente verse privado de él las próximas semanas. O calcular la bronca que será cobrar la cuenta por las refacciones, más los gastos en hojalatería y pintura. ¿Cómo iba a maliciar el inocente de Tomás Delgado que aun a estas alturas del siglo XXI la mezquindad extrema alcanza para hacerse noticia?
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Con los euros que desapareció Jérôme Kerviel, alcanzaría para indeminizar a un cuarto de millón de hijos de puta como el del Audi. Y uno sólo querría que todos los canallas fuesen así de ruines y de imbéciles, de manera que nadie pudiera confundirlos. Según Saint Just, los asesinos deberían ser condenados a vestirse de negro el resto de su vida. Por veinte mil euros que con seguridad no va a cobrar, el malvado del Audi se arriesga a ir la cárcel por homicidio, y encima ha sido ya condenado a llevar por el resto de su vida el sambenito de villano execrable. Habrá quien lo señale, por las calles, y de paso quien haga chistes sobre el tema y hasta use su nombre para apodar a otros hijos de puta. Y si todo eso lo hacen veinte mil euros, qué no harán no sé cuántos millones.

domingo, enero 27, 2008

Una frase, una.

"Curiosa naturaleza la del fuego: si se está muy cerca de él quema, como si se estuviera en el infierno. Si el cuerpo se aleja demasiado el frío se vuelve insoportable".
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Pedro Ángel Palou
Morelos, morir es nada (Libro primero, Marionetas del deseo 1765-1810).

viernes, enero 25, 2008

Simulación cultural y desigualdad social

Columna Bajo el Sol
Sin alfabetización no hay política cultural (2ª. Parte).
Por Roberto Martínez Garcilazo
(Diario Cambio de Puebla 24/01/08 y E- consulta/Puebla 25/01/08)

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"Basta recordar esa idea oprobiosa de Metrodoro de Kíosegún la cual todas las cosas son lo que uno piense de ellas. Cuántos gobernantes lo citaron para justificar infamias. Cuántos lo citan hoy. Sobran ejemplos lamentables"
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La Muerte del filósofo, Vicente Herrasti
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Pareciera asunto de evidente y urgente necesidad en un país con desigualdades sociales profundas como México retomar el paradigma vasconceliano que une cultura y educación en una sola acción de política pública. Sin embargo no emerge tal idea en la mente burocrática, no ocurre tal acción política, en beneficio de los oprimidos, en el territorio nacional.
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I.
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Sergio Vela es un modelo. Es parte de una nueva generación de políticos profesionales que se han formado básicamente en las oficinas de los altos mandos del gobierno sin contacto alguno con la vida social del país y que actualmente medran en todos los niveles de gobierno y en todas las entidades federativas. Es un burócrata sin ideología, ni moral social. Nunca ha tenido militancia partidista. Su programa es la preservación de sí mismo en la burocracia dorada y la obsequiosidad irrestricta al jefe en turno.
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Según la pagina de la presidencia de la república: Habla, lee y escribe en español, inglés, alemán, italiano y francés, y traduce otras lenguas. Es autor de diversos ensayos sobre arte y humanidades, como Donde se dice que el sol es nuevo cada día (glosas heraclitianas); Celebración del arte fausta (cuestiones etimológicas); El arte lógica (notas sobre estética a partir de Heidegger); Recensión a manera de pre-ludio (comentarios sobre estética a partir de Schiller); Otras Noches Áticas; Glosa mínima a Arístides y Kant; Res Severa uerum gaudium: "The Visitors" de Carlos Chávez; El sibarita o del champaña; Goethe y la música; Irene ancilla sophiæ, e Isagoge y cincuenta cuestiones a vuelapluma en torno al arte y el ácido desoxirribonucléico, a cincuenta años de un fasto inmarcesible, entre otros.
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Hace mas de un año, este director de ópera que estudió en Viena, Aspen y Chicago, declaró, antes de arribar al cargo, que consumía sus horas leyendo La Muerte del Filósofo de Vicente Herrasti. Tal vez, mera especulación, lo hacía esperando hallar en las páginas de la novela la sabiduría necesaria para asumir el cargo que hoy detenta.
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Copio el siguiente párrafo de la cuarta de forros de La muerte del filósofo:
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"… es una terrible fábula sobre el precio de la lealtad en un mundo de realidades endebles, conspiraciones y dobles juegos (de las palabras y las cosas, del amor y la filosofía)"
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II.
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Dice el adagio que A confesión de parte, relevo de prueba. Copio un fragmento del reportaje "Vela, esceptico en la revisión del TLCAN" de Judith Amador Tello, aparecido en PROCESO1624, del 16 de diciembre del 2007:
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"Para Sergio Vela, presidente del CONACULTA, el Programa Nacional de Cultura presentado el pasado 10 de diciembre en el Museo Nacional de Antropología no es el descubrimiento del hilo negro, ni significa que a partir de este cambie el funcionamiento de las instituciones"
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III.
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Según el académico de la Universidad Nacional Autónoma de México Rogelio Castillo, en la actualidad persisten cerca de 35 millones de personas mayores de 15 años en situación de rezago educativo. De ellas, de seis millones no saben leer ni escribir y otras tantas no han concluido su educación básica. La población de México es de 120 millones de habitantes.
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El académico universitario detalló que el analfabetismo y el rezago educativo afectan de manera importante a una nación, porque constituye una gran pérdida de capitales cultural y productivo; e impacta de manera directa en la economía al provocar un quebranto de mano de obra calificada.
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Por otra parte, Allan Herrera Moro, académico de la Universidad de las Américas Puebla (UDLA) afirma que: En México la distribución del analfabetismo es geográficamente desigual, debido a que el 52 por ciento de esta población se concentra en Veracruz, México, Chiapas, Puebla, Oaxaca y Guerrero. El analfabetismo es un problema que debe erradicarse de manera urgente, ya que un país con gente sin preparación, es un país que está sometido a los intereses y voluntades de otros. El no saber leer ni escribir atenta contra uno de los derechos que tenemos como ciudadanos ya que coarta la libertad y hace de esa persona una posible víctima de abusos.
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Informa, además que, de acuerdo a un análisis que se hizo a nivel municipal, el 50 por ciento de la población analfabeta radica en 274 municipios entre los que destacan, por concentrar el mayor número, ciudades importantes como León, Acapulco, Puebla, Culiacán, Guadalajara, Toluca, Irapuato, Naucalpan, Morelia y el municipio de Ecatepec.
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El derecho de las niñas y los niños a una educación de calidad, como un derecho en sí mismo y habilitador de otros, es un aspecto fundamental para el desarrollo de México. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que todos los mexicanos tienen derecho a una educación básica gratuita, que incluye el nivel preescolar, primario y secundario. Las principales causas para no ingresar o abandonar la escuela están relacionadas con la pobreza y el trabajo infantil: 58% de los niños menores de 18 años viven en hogares pobres. La niñez indígena es la población con menores índices de asistencia escolar. El 40% de la población indígena de 15 años y más no ha terminado la escuela primaria.
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El incumplimiento de los derechos básicos de los niños indígenas también se refleja en su bajo nivel de logros educativos. Se estima que la tasa de analfabetismo entre los pueblos indígenas es cuatro veces más alta (más de 40% de la población de 15 años y más) que el promedio nacional (8.5%). Según datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) de 2005, apenas el 13 % de los estudiantes del 6to. grado de primaria en las escuelas indígenas se encuentra en el grupo más alto en términos de comprensión lectora, comparado con el 33% de promedio nacional. El 51% se encuentra en el nivel más bajo (el promedio nacional es de 25%).
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IV
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¿Cómo hablar de política cultural, ignorando la realidad social? ¿Para qué citar La patria es continuidad y nosotros obreros de su grandeza, de Jaime Torres Bodet, en un escenario de creciente depauperación material de los mexicanos? ¿Qué significa esa declaración de Vela de "situar a la cultura en la búsqueda del desarrollo humano sustentable como objetivo nacional, es decir, convertirla en un poderoso factor del desarrollo", sin hacer referencia a la desigualdad social y al analfabetismo? ¿Ignorancia, simulación, cinismo o demagogia?

jueves, enero 24, 2008

Trabajos de expresión literaria del Cereso


Diario Milenio-Puebla (24/01/08)
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Un trabajo encomiable es el que está llevando a cabo el maestro Roberto Martínez Garcilazo, director de la Casa del Escritor del gobierno del estado, quien imparte un taller de crítica y creación literaria para un grupo de personas que se reúnen una vez a la semana en el Cereso de San Miguel, gracias a la iniciativa del lic. Primo y del lic. Betancourt del Departamento de Pedagogía.
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En diciembre pasado se editaron algunos trabajos en el suplemento de cultura "Catedral", mismos que fueron leídos por sus autores en un evento que congregó a los interesados en el patio central. El taller se ha identificado con el nombre de Amicus (Grupo de Expresión Literaria del Cereso de Puebla). En la presentación, Martínez Garcilazo explica que Amicus proviene de la voz latina que significa “Amigo”.
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De Juan Hernández Morales he leído el poema “Te vuelvo a ver”, un poema nostálgico donde no existe el rencor y sí la esperanza en la vida. Un poema bien trabajado, de una notable expresión.
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“Cuento para un niño” es el texto que ha entregado José Galindo Vargas, un relato muy apropiado para la época de fin de año, ya que aborda la presencia de un hijo y de Santa Claus dentro de la imaginación como algo que antes hubiera pasado por un hecho irreal.
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Cesáreo Ramírez Campos publica un texto que es una "Carta a Dios", donde el personaje reflexiona sobre la vida; Alfonso Loyo B. escribe un poema dedicado a su hija. Poema emotivo donde resalta un verso: “Tú eres lo que piensas que eres”.
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En "Catedral" encuentro un texto narrativo de Joel Beltrán, quizá el más extenso de todos, que no deja de lado la reflexión sobre la vida y sobre el mundo.
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El poema de Rul 007, “Un cielo, un universo”, se compone de versos que se van entretejiendo poco a poco, hasta alcanzar un tono bien logrado.
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Pepe Coin nos entrega un poema de siete epitafios que nos recuerdan la mejor tradición de la brevedad de la poesía: “Y fue lo que nunca quiso ser”.
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Dejo constancia aquí del poema de Jesús Gutiérrez Castro, “Miedo a perderme en el miedo”, un título que lleva en sí mismo un juego de palabras. “Canto de Navidad” es un texto de Pedro Lira Galván, dedicado a la posteridad y que nos regresa al tema de la Navidad.
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En este suplemento encontramos la presencia de la ficción breve, como en el caso de José Becerril Rivas: “Mi linda esposa”, un texto íntimo y lleno de sensibilidad.
-No por ser menos importantes, sino porque he respetado el orden de aparición como en los créditos de las películas, José Luis Sánchez Escalante publica un breve poema, “Un favorcito”, mismo que transcribo: “Porque en mi soledad no sé/ qué hacer con mi amor/ por eso te pido/ que me lo guardes”. Y agrego a la lista el texto de José de Jesús Ramírez Saavedra, “Libertad”, una especie de poema en prosa donde el autor se detiene en el camino para ponerle alas al concepto mismo.
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Mucha suerte y adelante.

miércoles, enero 23, 2008

Lo Inconcebible



Diario Milenio-México (22/01/08)
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Suelo sentir una zozobra incontenible, una especie de metafísica congoja frente a la gente que obtiene lo que quiere. ¿Cuántas horas o minutos les tomará, me pregunto mientras los observo todavía con el premio en las manos o el ascenso o el nuevo amor o justo antes de partir a la otra ciudad, para sentir todo dentro y todo junto eso que el filósofo francés Nicolás Grimaldi denomina como el desencanto? La situación es bastante común: un buen día un hombre o una mujer desea algo. Luego, de preferencia ese mismo día, de preferencia inmediatamente después de desear, ese hombre o esa mujer se dedica a tratar de conseguir ese algo con disciplina y con ahínco y, si se puede, con pasión. Otro día, tal vez un día bueno, eso que era el porvenir, eso que era pura imaginación, se transforma en el presente, se vuelve percepción. El deseo, como se dice, se convierte en realidad, y el hombre y la mujer, en lugar de brincar de alegría o, para ser justos, apenas unos instantes después de hacerlo, se quedan mirando hacia el horizonte a través de la ventana —la boca abierta, las manos en alto, la interrupción. ¿Así que de esto se trataba todo?
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Dice Nicolás Grimaldi, en ese hermoso libro que responde al nombre de Breve tratado del desencanto, traducido del francés por Juan Montelongo, que “el camino de la imaginación a la percepción pasa siempre por la decepción”. Esto no se debe, claro, a que ese hombre o esa mujer que un buen día deseó algo no obtenga lo que deseó, sino precisamente al hecho contrario: “el presente es tanto más decepcionante cuanto más se parece a lo que nos habíamos imaginado”. Según Grimaldi, la explicación habrá que buscarla en al menos dos sitios: por un lado, la naturaleza misma de la conciencia humana a la que define como una pura espera, una densa mediación y, por otra, a la relación desigual que el presente o lo real establece con el porvenir o la imaginación. Sobre la conciencia se ha dicho demasiado, así que lo dejamos por ahora en que la consciencia es “su propia falta y su propia deficiencia” y, siguiendo a Sastre y Schopenhauer, digamos que “es porque la consciencia es deseo que no puede jamás poseer lo que desea. Es porque es voluntad que no encuentra jamás lo que quiere”. Pero sobre la relación entre la imaginación y la percepción, entre el porvenir y el presente, sobre eso Grimaldi tiene un par de cosas que decir. Primeramente, argumenta que a pesar de que las apariencias dicten que el presente es finito y cerrado en sí mismo, y el porvenir infinito y, luego entonces, amplio espacio de la libertad, en realidad sucede todo lo contrario. De hecho, según Grimaldi “es precisamente la infinita riqueza de lo real la que me hace sentir su precariedad y, correlativamente, la infinita pobreza de lo imaginario la que me hace sentir sus consistencia”. El presente, que no es una inmediatez sino un soporte de interminables mediaciones, está tan plagado de posibilidades que, para empezar, es difícil siquiera percibirlo—una consciencia, recuérdese, es su propia falta y su propia deficiencia. De ahí, por cierto, que todo conocimiento de lo real pueda existir sólo en retrospectiva, sólo volviendo hacia atrás. Es la capacidad de reducir a un número manejable las alternativas de la imaginación lo que hace aparecer al porvenir como más libre o más intenso que el presente. Por ello, insiste Grimaldi, “estamos ciertos de lo que imaginamos, pero inciertos de lo que vivimos”.
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Este estatuto paradójico de la imagen está pues estrechamente relacionada al desencanto que el hombre o la mujer que un buen día deseó algo siente el otro, acaso no tan buen día, en que lo obtiene. Porque, ¿quién en su sano juicio podría cambiar la intensidad y el dominio de la imaginación —la intensidad que acaso resulta del dominio que se ejerce sobre la imaginación— por la desorientación y bombardeo de eventos que se suceden en el presente? ¿Quién en lugar de tenerlo todo elegiría optar por algo? Cuando el hombre o la mujer que obtuvo lo que deseaba avanza con los hombros caídos y la mirada gacha rumbo al baño —tiene una necesidad imperiosa de darse a sí mismo la cara o tiene vergüenza o le embargan unas ganas enormes de llorar— lleva ya sobre sí la marca del tedio, la saña del aburrimiento que significa tener entre las manos lo que sabía que algún día, un día acaso no tan bueno, tendría.
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¿Significa eso, al decir de Grimaldi, que la vida es un círculo vicioso de desencanto y que más nos valdría no desear o, si el deseo se ha cometido ya, más nos valdría olvidarnos de él o postergarlo indefinidamente? Tal vez. Tal vez no. Se trata en todo caso, parece decir el filósofo Grimaldi, de un círculo vicioso al que sólo puede romper la presencia “más densa” que es la presencia de la sorpresa. “Un principio de sabiduría”, concluye Grimaldi, “consistiría entonces en no esperar como una fiesta el advenimiento de lo que habíamos imaginado, sino en regocijarnos como de una sorpresa de aquello que no esperábamos y no habríamos podido ni siquiera imaginar”. Más de uno habrá sentido el relámpago de la alegría básica, el hachazo de primario gusto, el apabullante susto del alma y/o de la deficiencia ésa que es la conciencia, que se experimenta al obtener, inmerecidamente siempre, lo que no se esperaba. Eso, cualesquiera cosa que eso sea, es Lo Inconcebible: lo que no se puede planear, invitar, obtener. Lo que aparece, en toda su magnificencia, en el presente. Lo que toma, literalmente, por sorpresa (de preferencia por la cintura). Esa forma de felicidad es, por supuesto, entre otras pocas cosas, otro nombre de la escritura.

jueves, enero 17, 2008

De hueva nuestro país donde Nunca pasa nada.

Los días, todos, son iguales. Ir y venir en horarios determinados a la facultad donde uno permanece, ya no por convicción, sino por orgullo, tanto tiempo invertido no se puede aventar a la basura así porque sí.
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Mientras uno se deja encapsular por el tiempo. Marioneta empieza a ser la profesión más segura a la cual uno puede aspirar. Es sencillo y triste a la vez, sólo consiste en comportarse como una maquina que actúa bajo programación, apuntar números y letras, según lo indique un tercero. Es una solución muy rápida y amena, útil para evitar todo tipo de preocupación. Estar alerta y con los sentidos en su máxima expresión, y usando al pensamiento como bandera de vida, es inconveniente. Porque la realidad es tan maldita que al estar alerta, uno sólo busca amargarse más y más. La vida con su ritmo te vuelve un ser infeliz.
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Todo es negro. Las cosas agradables y buenas, se han convertido en un Santo Grial, se cree o se tiene la de fe de que existe, pero nadie lo ha visto, y quien jura tener felicidad, ni la presta ni la enseña, sólo crea fantasías y codicias alrededor de ella.
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México cada día se pudre más. Y no tenemos la capacidad para detener el efecto. Cada día hay más descabezados. Ya ni el deporte se puede disfrutar y para prueba lo denunciado por Ana Gabriela Guevara, por mucho nuestra deportista más importante que hemos tenido a lo largo de la historia mexicana deportiva, que decidió retirarse porque nadie quiso atenderla. Incluyendo al pendejo ratero y puto mocho Calderón.
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Y para colmo de males en estos días Carmen Aristegui, lo único que valía la pena en radio, fue expulsada por la puerta trasera del noticiero que condujo por cerca de dos años. Según que por problemas editoriales en la forma de manejar el noticiero. Pero los que saben de esto, enarbolan la idea de que se trata de un asunto más de violación a la libertad de expresión.
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Pero estás cosas sólo pasan en México. La lucha de los justos es tan interesante como ver un día entero el programa de Barney, el dinosaurio rosadamente puto.
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En fin ya ni llorar ni reír y mucho menos mentar la madre sirve.
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Nos seguimos leyendo, y si por aquí pasa una chica guapa, sería agradable saber sus datos personales, para después ir por un café.

Simulación cultural y desigualdad social

Sin alfabetización no hay política cultural (1ª. Parte).- Por Roberto Martínez Garcilazo (Diario E-consulta-Puebla 17/01/08)
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Para Spencer, Q. E. P. D.
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Después de conocer el texto de la presentación del Programa Nacional de Cultura 2007-2012 que leyó Sergio Vela, en el Museo Nacional de Antropología, el pasado 10 de diciembre del 2007, surge la certeza de que estamos ante un vergonzoso caso de simulación cultural.
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Ese día, frente a su jefe, y después de citar nerviosa y demagógicamente a Jaime Torre Bodet -La patria es continuidad y nosotros obreros de su grandeza- Sergio Vela expuso lo que chabacanamente llamó la índole y el sentido de sus aportaciones a ese gran esfuerzo histórico por la cultura.
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Verdades a medias, mentiras completas y jerga de burócrata cultural fueron sus palabras: mecanismos de participación ciudadana… consulta popular… ejercicio de reflexión… diagnóstico cultural… planeación estratégica… agenda de prioridades… ampliación de la cobertura cultural… etcétera… etc.
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El objetivo central del Programa Nacional de Cultura 2007-2012, según Sergio Vela, es situar a la cultura en la búsqueda del desarrollo humano sustentable como objetivo nacional, es decir, convertirla en un poderoso factor del desarrollo.
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Y las tres estrategias cardinales para alcanzar lo anterior: fortalecimiento de las instituciones culturales; puesta al día de la infraestructura cultural nacional; y gestión corresponsable de la cultura.
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No hay una idea rectora. No existe una propuesta de nación. No hay la postulación de un perfil ideal de ciudadano. No existe pasión cultural alguna de ese aburridísimo documento.
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En cambio, lo que abunda es la bastarda obsecuencia oficial para con la plutocracia, tan de moda, que hoy bajo el nombre de promoción del mecenazgo pretende privatizar el patrimonio cultural en franca violación de la Constitución de la Republica que confiere condición pública a los servicios educativos y culturales que provee el Estado.
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Por otra parte, el agotamiento del actual modelo oficial de gestión cultural (sustentado en la organización de espectáculos, en el eurocentrismo, y en la desvinculación de las labores educativas formales) exige de una revisión conceptual y operativa que beneficie a las clases populares, no a los empresarios ni a los magnánimos millonarios.
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Para que sea liberadora, para que enriquezca críticamente la condición ciudadana de los electores de la República, debemos partir de la idea de que la cultura forma parte de la educación.
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Coincidiendo con Adolfo Castañon, afirmo que es imposible concebir y ejecutar política cultural alguna, si está divorciada de la política educativa.
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Si, como es público y notorio, la educación en México está en bancarrota luego entonces también es un desastre nacional la cultura.
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Porque es innegable que existe una relación orgánica entre el nivel de aprovechamiento escolar y la capacidad de apreciación estética. Las capacidades de razonamiento lógico y de pensamiento abstracto son las herramientas para la contemplación artística.
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Según cifras de la UNESCO en México se lee un promedio de medio libro por habitante al año. Esto nos coloca en el penúltimo lugar de una lista de 108 países. Por otra parte, de manera complementaria, apuntemos que los datos del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes 2006 (PISA), perteneciente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dados a conocer a finales de 2007 establecen que en tres años, entre 2003 y 2006, los estudiantes mexicanos superaron la media en matemáticas.
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Sin embargo, en los rubros de lectura y ciencias la media descendió. De acuerdo a las cifras de desempeño en la escala global en ciencias, materia a la que se le dio énfasis en 2006, México ocupa el lugar 49 de los 57 países participantes con una media de 410.
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Situado justo arriba del límite, entre los niveles 1 y 2, México está en la frontera del mínimo nivel adecuado para desempeñarse en la sociedad contemporánea.
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Según la descripción genérica de los niveles de desempeño, el nivel 1, junto con el nivel 0, son niveles de desempeño insuficientes para acceder incluso a estudios superiores.
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Para ilustrar la gravedad de la situación consignemos que en la escala internacional de aprovechamiento educativo Finlandia encabeza la lista con 563 puntos y México la termina, es el último de los 32 países de la OCDE, con 410 puntos.
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La verdad salta a la vista. Una política cultural que no considere la realidad educativa será sólo simulación cultural.
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¿La patria es continuidad? –Si, pero del desastre.
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¿Somos los obreros de su grandeza? No. Será, acaso de su miseria.
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Aunque en la repartición de las culpas, sin duda, la mayor de ellas será para el burócrata que se ha constituido en pernicioso obstáculo institucional para la política pública cultural.

Para Guillermo Spencer


Diario Milenio-Puebla (17/01/08)
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Debió de haber sido casi al finalizar el año de 1978, durante el segundo periodo de Luis Rivera Terrazas como rector de la Universidad Autónoma de Puebla, que se contrató a Mario Orozco Rivera (el último de nuestros muralistas, como él mismo decía) para que diseñara y pintara un mural que cubriera la bóveda y las paredes de la Sala Carlos Marx en la Escuela de Filosofía y Letras.
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Sobre la 3 Oriente transitaban los autos y los camiones y a los alumnos se nos dificultaba a veces escuchar con claridad a los maestros. Así fue como en 1981, a través de las gestiones del rector Rivera Terrazas con el ayuntamiento, la calle se hizo peatonal y se sembraron los frondosos árboles que hoy encontramos a la mitad de la calle, entre la 4 y la 6 Sur, a un costado del Edificio Carolino. Inmediatamente después esa calle fue –y es— la Plaza John Lennon.
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El edificio que albergaba a toda la comunidad de Filosofía y Letras es el San Jerónimo. Casi toda la parte de abajo la ocupaba la Escuela de Psicología, quienes finalmente y debido a su crecimiento natural se quedaron en el San Jerónimo. Arriba cabían, en los pequeños cubículos, los pocos alumnos que se inscribían a Filosofía, a Letras o a Historia, una comunidad realmente mínima.
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En el San Jerónimo, subiendo los escalones de cantera, en la parte alta y a mano derecha se halla la Sala Carlos Marx. En realidad no sé si se siga conociendo con ese nombre, porque con el tiempo pasó a ser biblioteca.
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El mural lo terminó Mario Orozco Rivera. Ya no recuerdo la fecha en que lo concluyó, pero es un mural que tiene como tema la conquista y la fundación de la ciudad de Puebla. Es enorme e imponente; por lo menos en aquel tiempo me lo parecía.
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De todo esto me acuerdo porque el colaborador de ese mural, quien trabajó cerca de Mario Orozco, fue Guillermo Spencer Moya. También colaboraron Nuria Castells y José Arenas, el Pepe, el “Pepe Man” como cariñosamente lo conocemos.
-El domingo anterior, el domingo 13 de enero, me dieron la ingrata noticia de que Spencer había muerto. Lo he lamentado y lo primero que se me vino al recuerdo fue el pasillo de la Escuela de Filosofía y Letras y Guillermo Spencer removiendo las pinturas pacientemente, hasta alcanzar los tonos adecuados.
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Egresado de San Carlos, Guillermo Spencer trabajó durante muchos años en el departamento de diseño de la Universidad Autónoma de Puebla. Fue grabador, pintor y caricaturista. Siempre tenía una nueva idea que defender en su cabeza.
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El mural de Mario Orozco que permanece en la ahora Facultad de Psicología tiene algo de él, mantiene su huella.
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Va desde acá un abrazo cariñoso a Nuria, a Mariano y a Pablo.
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Descanse en paz nuestro querido amigo Guillermo Spencer, quien sólo se nos ha adelantado un poco en el viaje. Allá lo alcanzaremos, de eso todos estamos seguros.

martes, enero 15, 2008

Dar la cara



Diario Milenio-México (15/01/08)
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Pocas cosas tan extrañas como ver un rostro. Es fácil bajar la vista cuando, entre el maremoto de presencias que obnubilan el contacto interfacial en la vida cotidiana, emerge, desnuda y abierta, vulnerable y promiscua, la cara. En el rostro es que el ser humano está más desnudo, escribió tantas veces el filósofo Emmanuel Levinas. Ante su presencia es fácil experimentar el escalofrío, de clara raigambre platónica, y sus acompañantes: el espanto y el sudor. Nunca nadie está preparado para tal visión y, simultáneamente, pocas cosas son más esperadas que ese espacio de intimidad cuatro-ojos, como lo denomina Peter Sloterdijk, del rostro que ve otro rostro: del rostro que, viendo, se sabe también mirado. Ya con la lujuria efímera del que captura una faz al pasar por la calle o ya con el cuidado medroso del amante que se pierde una y otra vez en una cara que conoce y al mismo tiempo quiere conocer, la mirada que se topa con la superficie de un rostro no tiene otra alternativa más que entrar en él —en la rasgadura del rostro, en la vulnerabilidad del rostro— produciendo ese espacio de alterada intimidad que, según Sloterdijk, es definitivamente redondo.
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En Esferas, esa triología monumental en la que Sloterdijk se dedica a explorar la redondez con espesor interno que es un dónde particular, un espacio vivido y animado y compartido dentro del cual, y entre las cuales, florece, cuando así pasa, la vida cotidiana, el filósofo alemán asegura que es “por la apertura del rostro —más que por la cerebralización o la formación de la mano— que el hombre se convirtió en animal abierto al mundo o, lo que importa más aquí, abierto al prójimo”. El rostro es una puerta. El rostro conecta, sin remedio. Un hacia-afuera: el rostro. Un hacia-ti. De ahí que “los rostros humanos se crean en cierto modo recíprocamente; florecen en un círculo oscilante de apertura lujuriosa recíproca”. No por nada en el párrafo con el que cierra la introducción de la triología se dice: “Si hubiera, pues, de colocar mi lema a la entrada de esta triología éste habría de rezar: Manténgase alejado quien no esté dispuesto de buen grado a elogiar la transferencia y a rebatir la soledad”.
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Acaso por eso retraer la cara, esconder el rostro, se ha convertido en signo de cobardía o pusilanimidad. Ante la falta de agallas aparece, con razón, el reclamo furioso que azuza a dar la cara y no son pocas las ocasiones en que se conmina al canalla a encarar los hechos. Hablar con alguien cara a cara suele ser cosa seria. Porque la cara, esto también lo decía Levinas, la cara requiere. La cara clama. La cara, por el mero hecho de existir, precisa de una respuesta: ésta: la presencia: “el movimiento gratuito de la presencia”. ¿Y cómo no pensar en los rostros que tan bien supo capturar (¿inventar? ¿producir?) la lente de Ingmar Bergman en esa película inolvidable que es Persona? ¿Cómo no creerle a Liv Ullman cuando declaraba que su rechazo a la cirugía plástica se debía a la curiosidad que tenía de ver el rostro que dios tenía reservado para ella en su vejez? ¿Cómo no recurrir al recuerdo de las caras de los campesinos mexicanos que a bien tuvo reinventar Francisco Vargas en El violín, su ópera prima? En un movimiento paradójico que enuncia el retraimiento pero encarna la apertura, en esa aparente contradicción que consiste en volverse visible precisamente ante la oscuridad: ahí está la poesía. Ahí está el dar más ineludible y el más radical: la cara que se abre. Acaso el ser de la poesía no consista más que en dar la cara y, de ser necesario, en ofrecer la otra mejilla. La poesía no se impone, decía Paul Celan, se expone. Pero esas son cosas menores. Porque encarar, es, sobre todo, encarar a la muerte. Colocarse en pos de lo desconocido o, lo que es lo mismo, lo oscuro. En esa actitud ética y estética de la exposición que abre y, al abrir, vulnera, ahí donde surge con singular apremio la certeza de que la muerte, independientemente de su circunstancia, es una violencia, ahí, en ese camino, tanto el rostro como la poesía van solos. Están solos.
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“La interfacialidad”, sin embargo, y esto también lo decía Sloterdijk, “no es sólo la zona de una historia natural-social de la afabilidad. Desde tiempos muy tempranos la historia de los encuentros con el extraño fue también una escuela visual del terror…la máscara es el escudo facial que se levanta en la guerra de las miradas”. Y la máscara bien puede ser un artefacto que, sobrepuesto al rostro, atrae o repele; pero igual puede ser un gesto que, nacido de las facciones mismas de la cara, espanta o lacera. A veces, en esas tristes ciertas veces, el rostro sólo se abre para mostrar el candado que lo conforma. A veces, en esas vergonzosas ciertas veces, alguien se burla y, por hacerlo, le ve la cara al otro, sin consecuencias, sin ambición. Sin marca. Y están también las otras veces, esas mal habidas ciertas veces, esas arteras y canijas ciertas veces, en que cartera mata carita, ciertamente. Ni modo, hay cosas, como decía un amigo, hay cosas que ni que.

lunes, enero 14, 2008

El paso de los megas



Diario Milenio-México (14/01/08)
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1
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Del tamaño del muerto es el revival
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Es curiosa esa propensión decimal a contar los períodos a partir de ceros. Definimos estilos, sentimientos y logros de acuerdo a décadas, siglos y milenios, debemos de ser muchos los millones que esperamos y de hecho empujamos los cambios a partir del arribo de uno o más ceros. Como si hubiera la oportunidad —y a partir de ella la responsabilidad— de renovar estilos y preferencias, pues a pocos les gusta que los señalen como estancados en otra década. Bastan dos años del nuevo periodo para que el anterior comience a parecer patético, como lo es el recuerdo de la niñez en el comienzo de la adolescencia. Entregarse al idilio con una nueva década —o siglo, o milenio— supone recibir una infusión de vida que evoca, aunque de lejos, la frescura de los primeros amores, cuando toda la música que sonaba en la calle parecía compuesta a la medida del hechizo en turno. El amor de mi vida, decía uno.
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Amistarse al extremo de la pertenencia con un determinado grupo de años supone enemistarse con otros, a los cuales se mira como antípodas. Quien vivió los ochenta con pasión debió hacerlo a despecho de los sesenta, que a su vez subvirtieron los estándares propios de los cuarenta. Cuando una década tiene la suerte de brillar por razones consideradas cool en su momento y parias a partir de su oficiosa estigmatización, ésta promete ser a tal extremo ruda en sus desdenes que ya entonces anuncia un revival no menos calcinante. Hará hoy siete años que un devoto tardío de los años noventa me aseguró que los ochenta habían sido en tal modo espantosos que nadie iba a poder recordarlos sin revolcarse de la vergüenza. Y ahí está la cuestión con el revival, cuyas funciones típicamente afrodisiacas valoran altamente a la vergüenza. Que ni hablar, es cachonda.
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2
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Alta indefinición
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“¿No vibras la energía?”, me preguntó una chica con carita de iluminada cyber a las siete de la mañana en el Ajusco, durante un ancho rave donde quien aspiraba a sentirse normal tenía que meterse mucho más que una mojigata bebidita energética. La recuerdo gritando entre dos grandes baffles, que al retumbar debían de alborotarle las hormonas recientemente sensibilizadas por efecto de alguna tacha con gran poder de convincimiento. Supongo que tenía que haberle respondido preguntando si no sentía la energía que a esas horas irradiaba mi cama, en cuyo caso habríamos llegado a un arreglo, pero me limité a plantarle esa jeta ochentera correspondiente a la del animal urbano que incluso a medio cerro se pregunta por qué no hay mesas y meseros. ¿Por qué exagero? Porque prendo un canal de videos en high definition y observo que esa osada tecnología me transporta a un lugar curiosamente afín a los años ochenta. Veo un video del nuevo álbum de Pink con una nitidez ideal para ofrecer sabroso banquetazo al rumiante voraz que habita en la añoranza. Pues ella también tiene high definition, y de hecho con mejores efectos especiales.
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Como tantos, no conseguí amistarme con los años noventa por sus fiestas, ni por sus vibraciones, sino por el arribo de internet, que realizó el milagro de transformar en monjas a tantas putas. Sin embargo, no pocas veces fui acusado por amigos cercanos y noventeros de perpetrar mi sitio en internet con una delatora estética ochentosa —que es el término-estigma usado en estos casos—, si bien con un sentido de la ironía que cuando menos, creo, les permitía aún dirigirme la palabra, como una deferencia especial.
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3
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As bytes go by.
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Afortunadamente los tiempos no regresan. Ni parecen posibles, a la distancia. Cuesta trabajo creer que a estas alturas haya degenerados capaces de afirmar que existió vida antes del fax y el e-mail. Las historias de un mundo en el que los apuntes escolares se copiaban mano porque no había copias fotostáticas pertenecen ya al repertorio de los nuevos abuelos, que han corrido como una carrera con obstáculos el camino que media entre el Atari y el Wii, que equivale a la diferencia entre asistir a una película de ciencia ficción y despertar un día dentro de ella. Los ochenta llegaron acompañados de la primera prótesis recreativa, conocida ya entonces como Walkman. Cada uno de los adminículos personales que le han seguido no ha hecho sino colaborar al feliz ensimismamiento que hoy día ya se mide en pixeles y gigabytes. Que es como al fin medimos el paso del tiempo. Rara vez olvida uno cuándo compró una prótesis.
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Al principio de los años noventa, tenía una computadora sin disco duro cuya capacidad total —dos floppies— equivalía a un tercio de canción en formato mp3. Luego compré otra con doscientos megas de memoria que no me imaginaba en qué podía ocupar. Hace nueve años tuve el primer celular, si hoy lo viera me torcería de risa. ¿Cómo no iban a parecer novedosos los ochenta, si para recordarlos hay que acudir a discos, cassettes y cintas betamax? Ahora mismo, no obstante, escucho el álbum de Pink en el I-Tunes de la computadora —cuyos 160 gigabytes de memoria me parecen apenas suficientes— y el programa toca también The Pink Opaque, joya ochentera de los Cocteau Twins. Dudo entonces que tanto tiempo haya pasado, pero están los cadáveres para certificarlo. Genesis. Playstation. CyQuest. Compaq. Vaio. Motorola. Toshiba. Mitsubishi. Yamaha. Puedo ubicar, casi en todos los casos con día y hora exactos, el momento en que los compré. Y casi ya ninguno sirve para nada, como no sea de estorbo en el cuarto de triques que uno quería cuarto de juguetes. En fin, siermpre da pena deshacerse de la Olivetti con Windows 95 donde pasó uno tantas noches completas, contrayendo adicciones que aún no se sacude. Ojalá el tiempo mismo fuese tan piadoso.
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Recuerdo a los ochenta como una época de hombreras largas y canciones cortas, ninguna por encima de los cinco megas. Por entonces, el walkman tenía entrada doble para los audífonos. Uno sabe que han vuelto los ochenta cuando aquella vetusta ridiculez le parece de nuevo de lo más cool. Aunque claro, sería mejor en bluetooth.

miércoles, enero 09, 2008

Segunda persona del singular



Diario Milenio-México (08/01/08)
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Dar cuenta de uno mismo es contar una historia del yo, en efecto, pero es también, sobre todo, y por lo mismo, contar una historia del tú. El yo, argumenta la pensadora norteamericana Judith Butler en ese tratado de filosofía moral que es Giving an Account of Oneself, un libro formado por una serie de lecturas ofrecidas en la Universidad de Ámsterdam, es difícilmente esa estructura unitaria y hermética que forma parte de un contexto más o menos estático dentro del cual gravita, rozando apenas otras entidades parecidas. Siguiendo a Adriana Caverero y en contraste con una visión Nitzcheana de la vida, Butler establece que “yo existo en importante medida para ti, en virtud de tu existencia. Si pierdo de perspectiva el destinatario, si no tengo un tú a quien aludir, entonces me he perdido a mí misma. Es posible contar una autobiografía sólo para otro, y uno puede referenciar un ´yo´ sólo en relación a un ´tú´: sin el tú mi historia es imposible”. Pero estar antecedido, y luego entonces constituido, por el otro no solo establece un lazo de ineludible dependencia con el tú—contigo—sino también constituye un testimonio de la radical opacidad del yo para consigo mismo. De ahí que el yo, más que una entidad, sea en realidad una rasgadura.
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Una autobiografía, un recuento de uno mismo, tendría por fuerza que enunciarse en una forma narrativa que diera testimonio de tal modo relacional de la vulnerabilidad humana. Una autobiografía, en este sentido, tendría que ser sobre todo el testimonio de un desconocimiento. Una autobiografía, en este sentido, tendría que ser siempre una biografía del otro tal como aparece, en modo enigmático, en mí. Tres títulos para consideración: La autobiografía de Alice B. Toklas, de Gertrude Stein; La autobiografía de mi madre, de Jamaica Kinkaid; Autobiografía de Rojo, de Anne Carson. Las autobiografías de supermercado—esos recuentos lineales que detectan de forma evolutiva la formación de un yo excepcional y aislado—definitivamente escapan a esta noción de escritura íntima y ajena del extraño que se aproxima.
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Si todo esto es cierto, cosa que tiendo a creer, entonces el escritor de autobiografías, el autor de recuentos del yo que son en realidad recuentos refractados del tú, se enfrenta a retos que son estéticos, pero que son también, porque se originan en esa articulación fantasmática entre el yo y el tú que le da forma, fundamentalmente políticos. Veamos. Por un lado, la rasgadura que es el yo, argumenta Butler, no es narrable. No es posible dar cuenta de esa rasgadura a pesar de que, o precisamente porque, estructura cualquier relato posible del yo. Las normas que me vuelven legible ante los otros no son del todo mías y su temporalidad no coincide con la temporalidad de mi vida. De la misma forma, la temporalidad del discurso con el cual, o dentro del cual, se pretende enunciar una vida no embona con la temporalidad de la vida vivida en cuanto tal. Este desfase, que es en realidad una interrupción, es lo que hace de mi vida, y el recuento de mi vida, algo posible. Traer esa interrupción a la narración del yo, al recuento de sí mismo, constituye un reto sin duda estético. Butler lo dice así: “La vida es constituida por medio de una interrupción fundamental, incluso es interrumpida antes de cualquier posibilidad de continuidad. Luego entonces, si una reconstrucción narrativa tiene como objetivo aproximarse a la vida que intenta transmitir, la narrativa debe quedar sujeta a esa interrupción”.
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Por otra parte, el recuento del yo no sería un recuento propiamente dicho si no estuviera dirigido a otro: esto quiere decir que el recuento se completa si y sólo si es efectivamente exportado y expropiado por el otro. “Es sólo en la desposesión que puedo y doy un recuento de mí”, asegura Butler. Y si esto es cierto, y tiendo a creer que lo es, entonces la autoridad narrativa de ese relato del yo se encuentra en relación opuesta al yo que la narrativa misma conjura. Imposible estructuralmente y ajena porque le pertenece estrictamente a otro, toda narrativa del yo carece, en sentido estricto, en sentido singular, de autor. Y este ceder al tú, ceder a mi opacidad y al desconocimiento de mí constituye, sin duda, un cuestionamiento a las jerarquías autoriales del relato, que no es sino otra manera de cuestionar las relaciones de poder que lo hacen posible. Cosa de política.
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Entendido de esta manera, dar cuenta de uno mismo a través de un relato del yo deja de ser un ejercicio narcisista apegado a la autenticidad de la experiencia, y la emoción de la experiencia, que lo suscita, es decir, el canto del yo lírico, para convertirse en una ex–céntrica excursión por la opacidad—ese corazón de tinieblas—que eres tú en mí.