Parte 1
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Parte 2
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Parte 4
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Parte 5
Espacio del Poeta superfugado, hijo de Hugh Grant y sobrino flaco de Federer.
viernes, octubre 24, 2008
jueves, octubre 23, 2008
Historias de insomnio
Diario Milenio-Puebla (23/10/08) ---
No hay una receta para escribir. Hay manías, muchas. Cada escritor cuenta con una. He sabido de gente que sólo puede escribir de noche, otros en la madrugada, hay quienes lo hacen mejor si está nublado, y también hay quienes sólo lo logran si se fuman media cajetilla de Raleigh.
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Ahora que estoy leyendo una novela de Stephen King, La milla verde (el pasillo de la muerte) me doy cuenta que, aparte de confesar una manía da también un práctico consejo para quienes sufrimos de insomnio o de ansiedad. Lo bueno de todo esto es que no se requiere ser precisamente un escritor para seguir el buen consejo.
Ahora que estoy leyendo una novela de Stephen King, La milla verde (el pasillo de la muerte) me doy cuenta que, aparte de confesar una manía da también un práctico consejo para quienes sufrimos de insomnio o de ansiedad. Lo bueno de todo esto es que no se requiere ser precisamente un escritor para seguir el buen consejo.
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Dice Stephen King que sufre, desde hace mucho, de insomnio. Y yo entiendo (lo he padecido) que el insomnio es una de las cosas más terribles que le pueden pasar a uno. La mayoría de la gente no haya qué hacer: se levantan, miran por la ventana, se toman un té de azahar, encienden el televisor, etcétera. Y Stephen King explica que ante el insomnio ideó una buena manera de combatirlo.
Dice Stephen King que sufre, desde hace mucho, de insomnio. Y yo entiendo (lo he padecido) que el insomnio es una de las cosas más terribles que le pueden pasar a uno. La mayoría de la gente no haya qué hacer: se levantan, miran por la ventana, se toman un té de azahar, encienden el televisor, etcétera. Y Stephen King explica que ante el insomnio ideó una buena manera de combatirlo.
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Tener una historia en mente fue el remedio. Se cuenta a sí mismo, mientras está acostado, en la total oscuridad, una historia que escribe mentalmente como lo haría en la máquina de escribir o –lo dice— en el ordenador. Explica que con frecuencia vuelva atrás y modifica todo. Y vuelva a modificar las construcciones, elimina frases, agrega otras, suplanta y termina cuando se va quedando dormido. Al cabo de un tiempo se ha aprendido todo de memoria, después de la quinta o la sexta noche, y es entonces capaz de aprenderse párrafos enteros. “Puede que esto parezca una locura, pero resulta relajante… y como forma de matar el tiempo, es infinitamente mejor que contar ovejas,” termina diciendo.
Tener una historia en mente fue el remedio. Se cuenta a sí mismo, mientras está acostado, en la total oscuridad, una historia que escribe mentalmente como lo haría en la máquina de escribir o –lo dice— en el ordenador. Explica que con frecuencia vuelva atrás y modifica todo. Y vuelva a modificar las construcciones, elimina frases, agrega otras, suplanta y termina cuando se va quedando dormido. Al cabo de un tiempo se ha aprendido todo de memoria, después de la quinta o la sexta noche, y es entonces capaz de aprenderse párrafos enteros. “Puede que esto parezca una locura, pero resulta relajante… y como forma de matar el tiempo, es infinitamente mejor que contar ovejas,” termina diciendo.
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Pero también advierte que las historias pueden desgastarse con el tiempo, que ya no son las mismas y que llega así el momento de buscar otra historia que espera que lleguen en las largas temporadas de insomnio, ya que las horas se vuelven eternas. Así fue que Stephen King trabajó La milla verde (el pasillo de la muerte), una novela que se desarrolla en una penitenciaría de Cold Mountain cuando los condenados a muerte aguardaban el momento de ser conducidos a la silla eléctrica: “una pavorosa radiografía del horror en estado puro”.
Pero también advierte que las historias pueden desgastarse con el tiempo, que ya no son las mismas y que llega así el momento de buscar otra historia que espera que lleguen en las largas temporadas de insomnio, ya que las horas se vuelven eternas. Así fue que Stephen King trabajó La milla verde (el pasillo de la muerte), una novela que se desarrolla en una penitenciaría de Cold Mountain cuando los condenados a muerte aguardaban el momento de ser conducidos a la silla eléctrica: “una pavorosa radiografía del horror en estado puro”.
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Así, en todo caso, el recurso de Stephen King es aprovechado para la creación. Que duerma menos el autor y que nos siga entregando sus magníficas novelas que he leído con tanto gusto.
Así, en todo caso, el recurso de Stephen King es aprovechado para la creación. Que duerma menos el autor y que nos siga entregando sus magníficas novelas que he leído con tanto gusto.
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Pero ese gran consejo de Stephen King se puede extender a todos los oficios: el ingeniero puede reconstruir sus carreteras aprovechando el insomnio, el carpintero sus mesas y sus sillas, el agente viajero sus formas de presentarse, el maestro clarificar sus clases y el perverso a perfeccionar su perversión. Y los que sufren de un poco de ansiedad también se pueden contar historias, si es que no duermen bien.
Pero ese gran consejo de Stephen King se puede extender a todos los oficios: el ingeniero puede reconstruir sus carreteras aprovechando el insomnio, el carpintero sus mesas y sus sillas, el agente viajero sus formas de presentarse, el maestro clarificar sus clases y el perverso a perfeccionar su perversión. Y los que sufren de un poco de ansiedad también se pueden contar historias, si es que no duermen bien.
miércoles, octubre 22, 2008
“Contra los poetas”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 22/10/08)
Como una crítica a las viejas e inoperantes estrategias de difusión y producción editorial, nació Tumbona Ediciones, que goza de cabal independencia en el medio editorial y se ha preocupado por reunir diversos creadores artísticos, quienes buscan hacer de la lectura una experiencia estética, a través de estrategias ingeniosas y activas por medio. Aparte de ser una editorial contestaria ante el monopolio de las grandes editoriales, ésta ha desarrollado ediciones integrales y divulgación de los géneros más desatendidos por el medio: cuento, ensayo, aforismo; de igual manera buscan rescatar aquellos libros que han ido a parar al sótano del olvido y también le dan espacio a los creadores inéditos de calidad probada que pronto le darán forma a los territorios del pensamiento y la literatura. Una editorial que quiere ser heterodoxa e irreverente. Esta editorial fue fundada por dos escritores de calidad probada, pero que el medio no ha sabido valorar del todo: Luigi Amara y Vivian Abenshushan.-
Dicha editorial tiene nueve colecciones, una de ellas y de reciente creación es Versus, dirigida por Julián Etienne y Pablo Duarte, cuya propuesta es reivindicar las pequeñas discrepancias y las opiniones insalvables que sacan de quicio, describen nuestras manías y terminan por caracterizar nuestra personalidad.
Dicha editorial tiene nueve colecciones, una de ellas y de reciente creación es Versus, dirigida por Julián Etienne y Pablo Duarte, cuya propuesta es reivindicar las pequeñas discrepancias y las opiniones insalvables que sacan de quicio, describen nuestras manías y terminan por caracterizar nuestra personalidad.
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“Contra los poetas”, número 5 de dicha colección, es un ensayo desmitificador de Witold Gombrowicz que reúne dos conferencias: la primera dictada el 28 de agosto de 1947 en Buenos Aires, Argentina en una sala del Centro Cultural Fray Mocho; la segunda denominada “Contra los poetas”, apareció publicada originalmente en 1951 dentro del suplemento polaco editado en París: Kultura en su número 10 y por último aparece una “Coda”, conferencia que fuera dictada en francés el 22 de julio de 1969.
“Contra los poetas”, número 5 de dicha colección, es un ensayo desmitificador de Witold Gombrowicz que reúne dos conferencias: la primera dictada el 28 de agosto de 1947 en Buenos Aires, Argentina en una sala del Centro Cultural Fray Mocho; la segunda denominada “Contra los poetas”, apareció publicada originalmente en 1951 dentro del suplemento polaco editado en París: Kultura en su número 10 y por último aparece una “Coda”, conferencia que fuera dictada en francés el 22 de julio de 1969.
Libro que llevara al lector, de una manera muy amena, sencilla y profunda, a sumergirse en una crítica a los viejos vicios que han adquirido los poetas que escriben “poesía pura”. Aquí uno se encontrará con las siguientes frases, que aspiran a verdades absolutas: “El escritor no es un profesional. Para escribir hay que tener personalidad y un grado superior de espiritualidad”.
Texto que critica al poeta y al escritor que por pura pose dice ser maduro y reconocido, él prefiere al que se presenta como candidato a artista: “¿Y los poetas? ¿Pasan la prueba sus poemas cuando caen en manos del enemigo y no de un amigo-poeta, sino en manos de un no-poeta? Como cualquier otra forma de expresión, un poema debería ser concebido y realizado de manera que no deshonrara a su propio creador, aun en el caso de no gustar a nadie. Es más, es preciso que el poema no deshonre al creador ni siquiera cuando a él mismo no le guste. Porque ningún poeta es exclusivamente poeta, y en cada poeta vive un no-poeta que no canta y a quien no le gusta el canto; ser hombre es algo más vasto que ser poeta”. Gombrowicz ataca a aquel poeta o escritor que adopta la actitud de pensar que su palabra tiene un significado decisivo para el mundo y que se entrega a la fe de su Misión Poética, lanzando anatemas y que exclamando se agita en el vacío, pero dice que lo grave es que jamás tendrá la capacidad para reconocer ante sí que no consigue expresarse de manera libre y natural, debido a las herencias de otros poetas que carga dentro de sí; por ende aburre.
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Libro que a muchos hará reflexionar y al lector divertirá.
martes, octubre 21, 2008
La historia del amor / y II
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Cada que aparece, el amor aparece por primera vez. Tal vez su astucia, la astucia del amor, consista precisamente en eso: en aparecer en repetidas ocasiones haciéndose pasar en cada una de ellas, sin embargo, como un fenómeno a la vez eterno e irrepetible, es decir, como una experiencia sin historia. Yo no sé si los historiadores que convergen en La más bella historia del amor, la serie de conversaciones sobre el amor que la periodista Dominique Simonnet ha transformado en un libro, han repetido las palabras “nunca antes” y “nunca después” como lo suelen hacer los enamorados justo al dar por iniciado (o terminado) el trance amoroso, pero lo cierto es que su exploración de documentos en los archivos más diversos ha puesto de manifiesto que, en tanto experiencia eminentemente histórica, el amor es más un activísimo campo de negociación y conflicto que el nirvana impoluto construido por la memoria selectiva de todos los enamorados. Así las cosas, todo parece indicar que para poder existir, para poder seguir adelante, ni los caballeros, ni las damas, ni, sobre todo, el amor, deben recordar.
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Pero memoria, sobre todo una memoria colectiva y polifónica, es lo que estos historiadores y especialistas franceses tratan de construir en las conversaciones con Simonnet. Tal vez después de leerlo no nos enamoraremos ya más o tal vez insistamos en enamorarnos aunque sea de otra manera, pero el libro, que va dividido en tres grandes actos—el matrimonio, el sentimiento, el placer—, nos recuerda que cada gesto, cada ademán, cada epifánico e irrepetible momento es un momento que ha sido debatido y negociado por hombres y mujeres que también creyeron, en su día, ser únicos e irrepetibles en su enunciación del “nunca antes” y el “nunca después”.
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También nos recuerda el libro que, contrario a estereotipos mediáticos del mundo actual, el amor y la revolución suelen hacer mala pareja—baste recordar, como lo señala Mona Ozuf, la historiadora y especialista en mujeres en la época revolucionaria, que los jacobinos desarrollaron una reticencia bastante marcada ante lo que interpretaban como flaqueza, cuando no fanatismo, femenino. En su ideal social, más apegado a nociones de virilidad espartana, había poco espacio para el amor y las percibidas como sus aliadas naturales: las mujeres. De hecho, continúa Ozuf, “las mujeres se volvieron hostiles a la Revolución. ¡Decepcionadas, asqueadas, volvieron a la casa, deseando que la política no llegase a su hogar!”.
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Del siglo XIX heredamos, a decir de Alain Corbin, el miedo hacia la mujer, algo que se nota en el surgimiento de una separación cada vez más marcada entre la zorra y el ángel doméstico—los dos lentes a través de las cuales se interpreta el comportamiento femenino en relación, claro está, a la ansiedad que provoca entre los bienpensantes la fuerza particular asociada a los miembros de la Comuna y, en general, de las crecientes clases menesterosas. El otro gran legado del siglo encorsetado es, por supuesto, el territorio mismo de la sexualidad, cuya fecha de nacimiento se ubica hacia 1838, fecha en la cual se utiliza por primera vez el término scientia sexualis para designar aquello que está sexuado y con el que, años más tarde, se hablará de todo aquello que se refiera a la vida sexual. El flirteo, producto de la embestida urbana y de la aparición de oportunidades más variadas de socialización, no sólo les permitió a los jóvenes conciliar la virginidad, el pudor y el deseo sino que, acaso de mayor importancia, su énfasis en las miradas oblicuas y las caricias discretas dictó el inicio de una nueva época: una en que, por poner atención a las preliminares, se valoriza el placer femenino y en la que, por consecuencia, se erotiza a la pareja conyugal. La puerta del placer propiamente dicho, pues, se abrió poco a poco con las miradas lánguidas y los roces apenas perceptibles sobre la vestimenta. El flirteo, en apariencia inocuo o ingenuo, resultó ser más peligroso que cualquier otra proclamación.
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La primera gran mutación que ofreció el siglo XX fue, de acuerdo a Anne Marie Sohn, el fin del matrimonio concertado. Lejos de ser un lujo o una anomalía, el amor se convirtió de esta manera en un motivo de orgullo y en la base misma de la felicidad de la pareja. De mano, pues, del amor, y no en su contra, se desarrolló una sexualidad bucal no reproductiva que, además de subrayar la necesidad de la higiene, ya no sólo se concentró en formas de placer masculino. De hecho, la liberación sexual que muchos ubican, como lo hace Pascal Bruckner, hacia la década de los sesenta, contribuyó a traer de regreso el idea masculino de la sexualidad a través de la hegemonía, cuando no la dictadura, del orgasmo. “De pronto”, asegura Bruckner, “el sexo se volvió terrorista. El placer estaba prohibido. Ahora se vuelve obligatorio. El ambiente corresponde a la prohibición, no ya por la ley sino por la norma”. En este contexto pansexual el amor se volvió, en efecto, obsceno.
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La última parte de La más bella historia del amor le corresponde a la novelista Alice Ferney. El amor, desde su punto de vista, se ha convertido ahora en un trabajo. Más que una irrupción divina o una inexplicable y súbita emoción, más que una liberación o una redención, el amor es “una acción, una voluntad, una atención”. Definido como aquello que “existe entre dos individuos que son capaces de vivir juntos sin matarse”, en una época en que todo parece posible a cada quien le toca inventarlo.
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Se me antoja, después de leer esta versión francesa del amor, enterarme de la historia de la experiencia amorosa en Latinoamérica: de las palabras de matrimonio coloniales a los corridos revolucionarios que, aparentemente a contrapelo de los jacobinos, enunciaron y pusieron en primer lugar al amor y sus desajustes (Adelita, después de todo, sí se fue con otro, y no sabemos si Valentina se enteró de la pasión que dominaba al cantante), sería bueno contar con una conversación informada y amena entre historiadores de este lado del mundo que al fin nos aclare por qué, ante cada decepción amorosa, el deber del mexicano prescribe, entre otras cosas, un regreso directo y unívoco a las canciones de José Alfredo Jiménez.
lunes, octubre 20, 2008
La lengua inoportuna
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1 Lástima de fotogenia
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Son legión los que asisten al espectáculo de un debate entre candidatos, o en su caso preguntan después por él, con una sola duda cosquilleante: quién gana. No hay tiempo ni interés para ir más lejos. Se siente que se sabe lo bastante para olvidar el punto una vez que aparezca el marcador. Pero hay más, de repente. Una fatalidad netamente casual que se atraviesa en el camino de uno de los involucrados y tiene los efectos de un huracán. Un titubeo, una mueca, un lapsus indiscreto y allá va la campaña, en camino al olvido junto a las ambiciones de sabrá el diablo cuántos. A uno, ciudadano, le divierte que pasen estas cosas, tal vez por esa deuda sistemática que, a decir de su muy personal entender, los políticos tienen con nosotros. Especialmente aquellos por los que no votó, ni votaría, pues verlos tropezar y descalabrarse confirma de algún modo su noción de justicia, siempre supersticiosa y encima sesgada.
Son legión los que asisten al espectáculo de un debate entre candidatos, o en su caso preguntan después por él, con una sola duda cosquilleante: quién gana. No hay tiempo ni interés para ir más lejos. Se siente que se sabe lo bastante para olvidar el punto una vez que aparezca el marcador. Pero hay más, de repente. Una fatalidad netamente casual que se atraviesa en el camino de uno de los involucrados y tiene los efectos de un huracán. Un titubeo, una mueca, un lapsus indiscreto y allá va la campaña, en camino al olvido junto a las ambiciones de sabrá el diablo cuántos. A uno, ciudadano, le divierte que pasen estas cosas, tal vez por esa deuda sistemática que, a decir de su muy personal entender, los políticos tienen con nosotros. Especialmente aquellos por los que no votó, ni votaría, pues verlos tropezar y descalabrarse confirma de algún modo su noción de justicia, siempre supersticiosa y encima sesgada.
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No es justo, por supuesto, que alguien caiga en desgracia por un mero desliz sin importancia, como sería el hecho de perder fotogenia un solo instante y verse al día siguiente en todos los periódicos precisamente entonces, cuando quiso el azar que la foto dijera lo que uno jamás dijo. Desconfío, por cierto, de esos autonombrados connoiseurs en imagen pública, cuyos clientes son lo bastante ambiciosos para aprender a comportarse como marionetas con tal de firmar pacto con el señor de la cola y los cuernos. Será por eso que al reírme —con lástima, al final— del último tropiezo de John McCain, no he podido evitar imaginar las caras de sus expertos asesores al mirar lo que registraron las cámaras: tras un Barack Obama sobrio y expedito, trastabilla el candidato republicano con las manos abiertas y crispadas, la boca abierta y la lengua de fuera. Una mueca grotesca que encajaría mejor en algún personaje de William Hannah y Joseph Barbera.
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2 Vísceras indiscretas
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Cuando la gente vota, suele hacerlo en uno u otro sentido por motivos no siempre vinculados con su capacidad de análisis. A ver ahora quién va a querer votar por un héroe de guerra que en el momento decisivo de su vida profesional saca la lengua de tan fea manera. Porque hasta en eso hay modos. No todo el mundo sabe sacar la lengua como Mick Jagger, quien se esmera además en recordarnos que es cosa voluntaria. Y a McCain lo hemos visto en un momento de total descontrol, quién garantiza a los sensibles votantes que ya en la presidencia no estirará la pata por culpa de un arroz encarrerado laringe abajo. Se trata de una foto tramposa, pues nada dice de lo debatido, solamente señala hacia un hombre en apuros: el perdedor que todos estaban esperando. El que quería salir en plan de Charlton Hes-ton y las fotos lo muestran como un pastiche pobre de Jerry Lewis. ¿Cómo podría estar, por otra parte, la información completa sin esa nota chusca donde no es el discurso ni el eslogan, sino la humanidad patética de un candidato que se mira como héroe pero se hace mirar como comediante? Una calamidad, un error, una tos más que nunca inoportuna y el infeliz ha caído fulminado por las cámaras. ¿Quién querría seguir hablando del debate, cuando la foto no se cansa de gritar?
Cuando la gente vota, suele hacerlo en uno u otro sentido por motivos no siempre vinculados con su capacidad de análisis. A ver ahora quién va a querer votar por un héroe de guerra que en el momento decisivo de su vida profesional saca la lengua de tan fea manera. Porque hasta en eso hay modos. No todo el mundo sabe sacar la lengua como Mick Jagger, quien se esmera además en recordarnos que es cosa voluntaria. Y a McCain lo hemos visto en un momento de total descontrol, quién garantiza a los sensibles votantes que ya en la presidencia no estirará la pata por culpa de un arroz encarrerado laringe abajo. Se trata de una foto tramposa, pues nada dice de lo debatido, solamente señala hacia un hombre en apuros: el perdedor que todos estaban esperando. El que quería salir en plan de Charlton Hes-ton y las fotos lo muestran como un pastiche pobre de Jerry Lewis. ¿Cómo podría estar, por otra parte, la información completa sin esa nota chusca donde no es el discurso ni el eslogan, sino la humanidad patética de un candidato que se mira como héroe pero se hace mirar como comediante? Una calamidad, un error, una tos más que nunca inoportuna y el infeliz ha caído fulminado por las cámaras. ¿Quién querría seguir hablando del debate, cuando la foto no se cansa de gritar?
-Dificílmente alguien que diga estar en su sano juicio confesará que va a votar por el demócrata por lo fea que está la lengua del republicano, pero hay cosas que nadie quiere ver. Escenas que convocan al pudor colectivo en sus facetas más irracionales. Dice uno, y a menudo lo cree, que actúa siempre a partir de reflexiones. No está mal, además, que quienes diariamente tratan contigo crean que incluso tus reacciones menos presentables son fruto de una forma reflexiva de asumir y desempeñar la vida. Que no osen sospechar, y menos enterarse, que una parte importante de tus decisiones emana de las vísceras: esa zona escondida y vergonzante donde no se conoce el autocontrol. Haberle visto esa lenguaza a McCain al final del debate —congelada en la foto, como una tira cómica— equivale a mirarlo por dentro, donde hay ruidos y olores que se adivinan duros de compartir. No es, en todo caso, la clase de show por el que alguien quisiera pagar. Y tal es la función de los electores. La gente vota para que los votados puedan mover los hilos y cobrar sus cheques. De preferencia sin sacar la lengua.
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3 Diafragmas mentirosos
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Uno se queja siempre cuando alguien saca sus palabras de contexto de manera que digan otra cosa, pero ante las fotografías no hay defensa. Supuestamente dicen la verdad e incluyen el contexto, pero tal no es sino una forma aventajada y artera de mentir. Debe de haber infinidad de puntos en los cuales McCain es objetivamente débil, pero la foto es por sí misma elocuente. ¿Cuántos, entre quienes simpatizamos con Obama, encontramos profundamente antipáticas esas fotos de la señora Clinton con los ojos saltones, convencida quizá de que esa mueca desfortunada la hacía parecer más confiable, u honesta, o lo que fuera? Y no eran más que imágenes aisladas. La gente sobrestima el valor de las fotos, más ahora que todo el mundo trae algún aparato que permite tomarlas. Pensándolo dos veces, no se entiende que aún no sintamos horror ante las cámaras. Como será tal vez el caso de McCain.
Uno se queja siempre cuando alguien saca sus palabras de contexto de manera que digan otra cosa, pero ante las fotografías no hay defensa. Supuestamente dicen la verdad e incluyen el contexto, pero tal no es sino una forma aventajada y artera de mentir. Debe de haber infinidad de puntos en los cuales McCain es objetivamente débil, pero la foto es por sí misma elocuente. ¿Cuántos, entre quienes simpatizamos con Obama, encontramos profundamente antipáticas esas fotos de la señora Clinton con los ojos saltones, convencida quizá de que esa mueca desfortunada la hacía parecer más confiable, u honesta, o lo que fuera? Y no eran más que imágenes aisladas. La gente sobrestima el valor de las fotos, más ahora que todo el mundo trae algún aparato que permite tomarlas. Pensándolo dos veces, no se entiende que aún no sintamos horror ante las cámaras. Como será tal vez el caso de McCain.
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“Lo que usted ve no es más que una instantánea; de ninguna manerarepresenta un suceso, cuantimenos lo narra o le da explicación.” Si el mundo fuera justo, cada fotografía publicada incluiría una leyenda similar, pero entonces creeríamos que el editor nos trata como imbéciles. Se supone que somos personas educadas, al menos lo bastante para que no nos tengan que aclarar obviedades. Vuelvo, no obstante, a ver la foto de McCain y me debato entre la compasión y la risa. No sabe uno ver fotos, parece que le gusta que le mientan. Por lo pronto, ni modo: McCain invita.
jueves, octubre 16, 2008
Un poeta ecologista
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Mi amigo Víctor Contreras Toledo, poeta y ensayista, profesor universitario, me ha hecho llegar (y ha hecho circular) una carta que inicialmente va dirigida a comunidad internacional y a las autoridades del estado, en donde manifiesta su preocupación por lo que ocurre en La Calera.
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Reproduzco (editada por mí) parte de la carta fechada en julio de este mismo año. Escribe Toledo que en el tramo de bosque que queda en La Calera, rodeado por un paisaje poderoso y dramático de México como lo es La Maliche y El Pico de Orizaba. Debido al crecimiento de la mancha urbana –sigue explicando el autor de la misiva—este bosque tiende a desaparecer y con él una flora y una fauna sorprendentes y únicas en el mundo.
Reproduzco (editada por mí) parte de la carta fechada en julio de este mismo año. Escribe Toledo que en el tramo de bosque que queda en La Calera, rodeado por un paisaje poderoso y dramático de México como lo es La Maliche y El Pico de Orizaba. Debido al crecimiento de la mancha urbana –sigue explicando el autor de la misiva—este bosque tiende a desaparecer y con él una flora y una fauna sorprendentes y únicas en el mundo.
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Sigue el doctor Toledo explicando que este bosque de La Calera es oro y de un asombro extraordinario. La vegetación creció con los siglos, por eso sería terrible que alguien la borrara del mapa de repente.
Sigue el doctor Toledo explicando que este bosque de La Calera es oro y de un asombro extraordinario. La vegetación creció con los siglos, por eso sería terrible que alguien la borrara del mapa de repente.
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“Se irían para siempre los insectos que de seguro quedaron varados de una época prehistórica: avispas rojinegras, que de tan gigantes apenas si pueden volar a metro y medio de altura, como pequeñas brujas. Grandes hormigas como ositos de peluche, las más hermosas del mundo (…). Los biólogos, las gentes cultas y sensibles, la sociedad en general, de Puebla, de México y del mundo deben de acudir a socorrer este lugar, esta fantasía vital”.
“Se irían para siempre los insectos que de seguro quedaron varados de una época prehistórica: avispas rojinegras, que de tan gigantes apenas si pueden volar a metro y medio de altura, como pequeñas brujas. Grandes hormigas como ositos de peluche, las más hermosas del mundo (…). Los biólogos, las gentes cultas y sensibles, la sociedad en general, de Puebla, de México y del mundo deben de acudir a socorrer este lugar, esta fantasía vital”.
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Comparto la preocupación de Víctor Toledo por los desastres ecológicos que puede traer la destrucción de un bosque como este. Según lo advierte Toledo, ya una constructora inició la “urbanización” donde se encuentra un rancho del siglo XIX, mismo que debería preservarse como un pequeño museo.
Comparto la preocupación de Víctor Toledo por los desastres ecológicos que puede traer la destrucción de un bosque como este. Según lo advierte Toledo, ya una constructora inició la “urbanización” donde se encuentra un rancho del siglo XIX, mismo que debería preservarse como un pequeño museo.
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Parece ser –dice Toledo— que nunca se oficializó el que fuera decretado zona ecológica este último pulmón de Puebla. Sin embargo habla de alguna ley que pueda proteger los bosques.
Parece ser –dice Toledo— que nunca se oficializó el que fuera decretado zona ecológica este último pulmón de Puebla. Sin embargo habla de alguna ley que pueda proteger los bosques.
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De seguir así entonces “la predicción de los libros sagrados mayas del fin del mundo, para el año 2012, se adelantará y quedará irónica y trágicamente como superstición”.
De seguir así entonces “la predicción de los libros sagrados mayas del fin del mundo, para el año 2012, se adelantará y quedará irónica y trágicamente como superstición”.
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Ojalá aún se pueda evitar la paulatina destrucción de este pequeño pero grandioso bosque.
Ojalá aún se pueda evitar la paulatina destrucción de este pequeño pero grandioso bosque.
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Yo no sé a quien le corresponda dar una respuesta. Lo que sí sé es que Víctor Toledo ahora está pidiendo apoyo a nivel internacional y que ya hay grupos ecologistas en México que han buscado información sobre el caso.
Yo no sé a quien le corresponda dar una respuesta. Lo que sí sé es que Víctor Toledo ahora está pidiendo apoyo a nivel internacional y que ya hay grupos ecologistas en México que han buscado información sobre el caso.
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Por lo pronto espero que, a través de esa carta que ha enviado a los medios, el poeta Víctor Toledo logre algo.
Por lo pronto espero que, a través de esa carta que ha enviado a los medios, el poeta Víctor Toledo logre algo.
miércoles, octubre 15, 2008
“El Gran Vidrio de Mario Bellatin”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 15/10/08)
“Los protagonistas del último libro que he publicado, curiosamente se siente satisfechos con la obra. Creo que quedan muy mal librados, pero no parecen darse cuenta de ser ellos los personajes retratados. Pienso que tal vez poseen una ingenuidad infinita o que no suelen leer los libros como es debido”, parte del inicio con el cual arranca la segunda novela "La verdadera enfermedad de la Sheika" que contiene la novela más reciente de Mario Bellatin: “El Gran Vidrio”, que lo llevó a ganar a principios de este 2008 el Premio Nacional de Literatura convocado por el Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, dotado con 80 mil pesos. El jurado que tomó la decisión estuvo integrado por Vicente Leñero, Juan Villoro y José Agustín. El titulo de la novela de Bellatin, coincide con el de un cuadro hecho por Marcel Duchamp, mejor conocido como “La mariée mise a nu par ses célibataires, meme”, obra clave de su producción, además de ser considerada una obra de arte imprescindible para entender el arte moderno.-
La novela de Bellatin ha sido subtitulada como Tres autobiografías, pues está compuesta por los siguientes textos: “Mi piel luminosa", "La verdadera enfermedad de la Sheika" y "Un personaje en apariencia moderno", conformando así, un todo, al mismo tiempo que cada uno de ellos goza de cabal independencia. Son tres novelas escritas con la exactitud y pulcritud propias de Bellatin.
La novela de Bellatin ha sido subtitulada como Tres autobiografías, pues está compuesta por los siguientes textos: “Mi piel luminosa", "La verdadera enfermedad de la Sheika" y "Un personaje en apariencia moderno", conformando así, un todo, al mismo tiempo que cada uno de ellos goza de cabal independencia. Son tres novelas escritas con la exactitud y pulcritud propias de Bellatin.
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Narraciones que maravillan y espantan al mismo tiempo, por su humor negro, su densidad y su composición oculta, hermética.
Narraciones que maravillan y espantan al mismo tiempo, por su humor negro, su densidad y su composición oculta, hermética.
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Tres son las temáticas que uno encontrará en la novela: la primera habla de una madre que exhibe rutinariamente los grandes genitales de su hijo, la segunda novela trata del destazamiento paulatino de un cerdo para sobrevivir, mientras que la tercera es el retrato de un joven con lentes cuadrados que soñaba con tener una novia alemana, pero al mismo tiempo en la segunda y tercer novela hay un vaso comunicante: en el cual se narra tanto en voz femenina y como en masculina: la incansable búsqueda de un Renault 5.
Tres son las temáticas que uno encontrará en la novela: la primera habla de una madre que exhibe rutinariamente los grandes genitales de su hijo, la segunda novela trata del destazamiento paulatino de un cerdo para sobrevivir, mientras que la tercera es el retrato de un joven con lentes cuadrados que soñaba con tener una novia alemana, pero al mismo tiempo en la segunda y tercer novela hay un vaso comunicante: en el cual se narra tanto en voz femenina y como en masculina: la incansable búsqueda de un Renault 5.
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La cuarta de forros de esta novela edita por Anagrama y distribuida por Colofón anuncia al lector la temática principal: “El Gran Vidrio” es una fiesta que se realiza anualmente en las ruinas de los edificios destruidos en la ciudad de México, donde viven cientos de familias organizadas en brigadas que impiden su desalojo. El hecho de habitar entre los resquicios dejados por las estructuras quebradas representa un símbolo mayor de invisibilidad social, es quizá por eso que cuando deciden pertenecer al resto, cuando carnavalizan de alguna manera su situación, deciden llamar “El Gran Vidrio” a su celebración más importante.
La cuarta de forros de esta novela edita por Anagrama y distribuida por Colofón anuncia al lector la temática principal: “El Gran Vidrio” es una fiesta que se realiza anualmente en las ruinas de los edificios destruidos en la ciudad de México, donde viven cientos de familias organizadas en brigadas que impiden su desalojo. El hecho de habitar entre los resquicios dejados por las estructuras quebradas representa un símbolo mayor de invisibilidad social, es quizá por eso que cuando deciden pertenecer al resto, cuando carnavalizan de alguna manera su situación, deciden llamar “El Gran Vidrio” a su celebración más importante.
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Pero existen, a mi parecer, dos temáticas más, ubicadas en el trasfondo de esta reunión: la primera recae en buscar retratar su pasión por la invisibilidad y la decadencia social, algo que siempre le ha fascinado al autor, razón única que le permite sobrevivir en el Df, -comentario que recuerdo me hizo alguna vez estando en Puebla para presentar el número 6 de la revista Revuelta -; y la segunda es plasmar entre líneas su postura ante la literatura: escribir sólo por escribir. No como una opción, sí como un castigo.
Pero existen, a mi parecer, dos temáticas más, ubicadas en el trasfondo de esta reunión: la primera recae en buscar retratar su pasión por la invisibilidad y la decadencia social, algo que siempre le ha fascinado al autor, razón única que le permite sobrevivir en el Df, -comentario que recuerdo me hizo alguna vez estando en Puebla para presentar el número 6 de la revista Revuelta -; y la segunda es plasmar entre líneas su postura ante la literatura: escribir sólo por escribir. No como una opción, sí como un castigo.
martes, octubre 14, 2008
Un link, un link.
Linkeado en la página de Prensa del Fondo de Cultura por la reseña que hice de libro de ensayos, La Novela según los Novelistas, coordinado por Cristina Rivera Garza:
La historia del amor / I
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El beso en la boca, ese acoplamiento aparentemente natural y, además, eterno, data, sin embargo, de tiempos más bien modernos —al menos en su versión popular y pública. De acuerdo con las investigaciones de la historiadora francesa Anne-Marie Sohn, todavía en 1881 existían legislaciones (el edicto de la Corte de Casación) que consideraban al beso en la boca como constitutivo del crimen de atentado al pudor. Pero tanto el beso en la boca como el inédito flirteo que despertaron hacia finales del siglo XIX acompañaron el desarrollo gradual de la sexualidad bucal, que ponía menor énfasis en la reproducción de la especie y mayor en la búsqueda del placer, y fueron también mano en mano con la erotización de la pareja conyugal que, hasta inicios del siglo XX, por ahí de la década de los 20 de hecho, se había basado en matrimonios concertados por la conveniencia económica, no por el sentimiento. Pero para llegar hasta ese sitio, para que la pareja pudiera hacer del lecho un lecho de amor, el amor y el placer tuvieron que librar una larga batalla que empezó, si le creemos a Jean Courtin, especialista en prehistoria y director de investigación en el Centro Nacional de Investigación Científica, con el Cro-Magnon, hace unos 100 mil años en África y Cercano Oriente, y hace unos 35 mil años en Europa. Fue entonces que el delicado Homo Sapiens dejó las primeras huellas del apego a sus semejantes a través de sus ritos funerarios. Así, según Courtin, “el sentimiento amoroso va a la par con la consideración que se tiene por los muertos, con el sentido de la estética y la ornamentación”.
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Muchas veces me he preguntado por qué si los historiadores en general tienen un acceso privilegiado a datos fascinantes, usualmente encontrados en viejos expedientes que llenan los estantes de los archivos más diversos, se les lee tan poco. La pregunta me ha surgido en más de una ocasión, sobre todo cuando los oigo platicar con singular pasión y conocimiento de causa acerca de hechos que no por encontrarse en el pasado dejan de tener sus conexiones extrañas y firmes con la vida contemporánea. En algo parecido habrá pensado Dominique Simonnet cuando decidió llevar a cabo conversaciones más bien informales y acaso por ello más atractivas con historiadores y ensayistas acerca de uno de los temas que, ya sean tiempos de crisis o de violencia o de bonanza, no dejan de ejercer su cuota de fascinación: el amor. En La más bella historia del amor, pues, el lector encontrará las entrevistas que la redactora en jefe de la revista francesa L´Express condujo con los historiadores Jean Courtin, Paul Veyne, Jacquees Le Goff, Jacques Solé, Mona Ozouf, Alain Corbin y Anne-Marie Sohn, y los escritores Paul Bruckner y Alilce Ferney. Sin el molesto uso del lenguaje excesivamente especializado y respondiendo de manera más bien directa, cuando no amena (por ejemplo, cuando Simonnet le pregunta a Veyne por la pasión legendaria entre Antonio y Celpatra, éste responde: “!Es difícil no amar a una reina que te ofrece todo el Oriente! Uno se enamoraría por mucho menos”), a preguntas concretas sobre las características y transformaciones del sentimiento amoroso desde la prehistoria hasta nuestros días, estos historiadores emprenden una plática rica y también luminosa sobre las múltiples maneras en que hombres y mujeres de diversas épocas han vivido y padecido y celebrado en su caso el amor. Como si se estuviera alrededor de una mesa, con café o copa de vino de por medio, las entrevistas cubren un considerable campo cronológico sin por ello perder la atención por el detalle nimio: “En la famosa gruta de Grimaldi se encontraron los esqueletos de un hombre de unos veinte años, muy grande (1.94 cm) y de una mujer de unos 30 años en posición replegada, ambos estrechamente entrelazados uno en el otro, con adornos de caracolas como lo preconizaba el uso…De hecho, probablemente se trata de un atlético cazador que debía hacer voltear la cabeza de las bellas de la costa de la Liguria hace 30.000 años…”
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El mundo romano que pinta Paul Veyne dista mucho del que figuró, no hace tanto, la imaginación de Fellini. Lejos de las orgías tumultuosas y el placer a toda prueba, los romanos que, según Veyne, inventaron a la pareja puritana, veían en el matrimonio una función cívica, aunque molesta, a través del cual se aseguraba la reproducción de la especie. Nada de amor entre los cónyuges que, por otra parte, incluían a mujeres que carecían de derechos. Además, “ningún poder público controla el matrimonio. No se pasa por el equivalente de un juez de paz o un cura, no se firma ningún contrato, salvo un compromiso de dote si la hay”. Para el placer y el sexo del varon romano estaban, por supuesto, los cuerpos de esclavas y esclavos, con quienes podía sostener concubinatos de largo plazo. Así las cosas, hacia el año 200, en la época de Marco Aurelio, todo se endureció: se argumentó contra el aborto, se estigmatizó a las viudas (hasta entonces una posición privilegiada entre las mujeres romanas), se castigó la homosexualidad. La transición hacia la edad media, en la cual la carne se convirtió en pecado, trajo, sin embargo, algunos beneficios para las mujeres: “el cristianismo en cierto sentido”, asegura Jacques Le Goff, “hizo progresar el estatus de la mujer mediante esa idea revolucionaria del consentimiento mutuo”. De esa manera habría que interpretarse la implantación de las amonestaciones en el cuarto concilio de Letrán de 1215: la iglesia quiso contrarrestar el poder del linaje y el peso de las familias y, a la vez, dió ocasión para que los desposados pudieran, si así lo ameritaba su caso, anular el matrimonio.
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“En materia de sexualidad”, asegura Jacques Sole, “el renacimiento fue menos iluminado y más inhumano que la edad media”. La represión y la fiscalización de la pareja fue en aumento, de ahí que la invención propiamente dicha del matrimonio por amor le haya correspondido a la pareja campesina. Mientras los integrantes de las clases económicamente poderosas todavía percibían al matrimonio como un negocio o como un deber, aquellos que poco tenían que perder o ganar con dicha institución se dejaban guiar más por la atracción física y, en su caso, por aquello denominado como amor. Plebeyo por naturaleza, sin embargo, el amor (“esa relación no preparada, no negociada, espontánea, que puede poner todo patas arriba”, según Ozouf) se convirtió en el gran enemigo de la revolución.
lunes, octubre 13, 2008
El coñazo de Rajoy
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Vergüenzas esperpénticas
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Tal vez lo más penoso de la adolescencia sea verse arrastrando todavía ciertos terrores propios de la infancia, como es el caso del miedo al ridículo. Es tan fácil hacerlo, en esos años, que basta con así temérselo para darse infaliblemente a escenificarlo. Un tropezón, algún tartamudeo, cualquier síntoma de torpeza o timidez sería suficiente, témese el aterrado en cuestión, para hacer su autoestima picadillo y su reputación puré. Un estigma que muy difícilmente sobrevivirá por más de dos o tres años, pero entonces los años pesan como lápidas, más aún cuando tienes la sospecha de que habrás de pasártelos provocando la risa discreta o descarada de las bocas que sueñas con besuquear. Sientes, y con razón, que no hay tiempo para esperar. ¿Cómo va a haberlo, pues, si noche y día es uno perseguido por comezones que no hay uñas bastantes para socorrer, y que aparte es preciso conservar ocultas, so pena de sufrir quemón y trauma en un mismo paquete?
Tal vez lo más penoso de la adolescencia sea verse arrastrando todavía ciertos terrores propios de la infancia, como es el caso del miedo al ridículo. Es tan fácil hacerlo, en esos años, que basta con así temérselo para darse infaliblemente a escenificarlo. Un tropezón, algún tartamudeo, cualquier síntoma de torpeza o timidez sería suficiente, témese el aterrado en cuestión, para hacer su autoestima picadillo y su reputación puré. Un estigma que muy difícilmente sobrevivirá por más de dos o tres años, pero entonces los años pesan como lápidas, más aún cuando tienes la sospecha de que habrás de pasártelos provocando la risa discreta o descarada de las bocas que sueñas con besuquear. Sientes, y con razón, que no hay tiempo para esperar. ¿Cómo va a haberlo, pues, si noche y día es uno perseguido por comezones que no hay uñas bastantes para socorrer, y que aparte es preciso conservar ocultas, so pena de sufrir quemón y trauma en un mismo paquete?
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Qué descanso sería para el imberbe avergonzado ante el espejo público entender que el temor al ridículo no sólo se irá pronto, sino que en su lugar vendrá la opción de prolongar la adolescencia a fuerza de empeñarse en desafiarlo. “Osos”, en español; “micos”, en portugués. “panchos”, en mexicano. Bochornosos mamíferos cuyo autor los encuentra simpáticos, casuales o inexistentes, dependiendo de su particular criterio, pues nadie ignora que el sentido del ridículo —igual que la vergüenza, socia y cómplice suya— es por naturaleza único, personal e intransferible. No es que cualquiera hoy día se desprenda sin más del miedo al adefesio, sino que su ocurrencia depende cada día menos del responsable. A saber cuántas cámaras y micrófonos ya nos habrán captado en los instantes menos recomendables, cuando creíamos que estábamos a salvo de la curiosidad ajena. Si hace diez años a un adolescente se le estigmatizaba en todo el vecindario, hoy se le hace pedazos en YouTube, de modo que el canijo desprestigio abarque el rango entero de sus conocidos, así se hayan mudado al Turquestán.
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La estrella del desfile
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La edad adulta a veces nos ayuda a olvidar esa ley infalible de la adolescencia según la cual tenerle miedo al ridículo es el modo más eficaz de llamarlo. Ya se sabe, además, cuánto gusta la gente de ensañarse con los tiesos una vez que los mira empezar a pandearse. Mal se doblan aquéllos que hasta ayer presumían de inflexibles. Como es el caso del español Mariano Rajoy, que apenas anteayer permitióse uno de esos comentarios privados que solíamos soltar durante la adolescencia, cuando daba prestigio renegar en público de todo aquello que fuera o pareciera tedioso. “Mañana tengo el coñazo del desfile”, comentó por lo bajo en un acto público, y todavía añadió: “en fin, un plan apasionante”. ¿Quién le iba a decir al tieso de Rajoy que sus palabras eran transmitidas en vivo por la radio, merced a algún micrófono que nadie apagó a tiempo? Para mayor bochorno, pasa que un año atrás, en vísperas de las celebraciones del 12 de octubre, el líder del Partido Popular había pedido a los españoles “algún gesto que muestre lo que guardan en su corazón”. Mencionó incluso el término franqueza.
La edad adulta a veces nos ayuda a olvidar esa ley infalible de la adolescencia según la cual tenerle miedo al ridículo es el modo más eficaz de llamarlo. Ya se sabe, además, cuánto gusta la gente de ensañarse con los tiesos una vez que los mira empezar a pandearse. Mal se doblan aquéllos que hasta ayer presumían de inflexibles. Como es el caso del español Mariano Rajoy, que apenas anteayer permitióse uno de esos comentarios privados que solíamos soltar durante la adolescencia, cuando daba prestigio renegar en público de todo aquello que fuera o pareciera tedioso. “Mañana tengo el coñazo del desfile”, comentó por lo bajo en un acto público, y todavía añadió: “en fin, un plan apasionante”. ¿Quién le iba a decir al tieso de Rajoy que sus palabras eran transmitidas en vivo por la radio, merced a algún micrófono que nadie apagó a tiempo? Para mayor bochorno, pasa que un año atrás, en vísperas de las celebraciones del 12 de octubre, el líder del Partido Popular había pedido a los españoles “algún gesto que muestre lo que guardan en su corazón”. Mencionó incluso el término franqueza.
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Cuando niño, muy pocas perspectivas me entusiasmaban tanto como la de asistir a un desfile militar, pero mi padre aborrecía la idea. No pensaba tal vez que fuera un coñazo, pero sí una joda y una hueva, que juntas equivalen sobradamente al rajoyano exabrupto. “Pago por no ir”, se rindió mi papá en la mañana de un 16 de septiembre, aquejado por cierta súbita jaqueca que no me conmovía en absoluto, y sólo así, pagando, logró librarse de la agenda que el infeliz Rajoy padece de manera inexorable, pues aun después de dar su opinión al respecto con franqueza indudable tendría que estar ahí de todas formas, soplándose el coñazo y además el ridículo de ir a exhibirse como cínico vergonzante y tieso retorcido. Un plan apasionante para sus malquerientes.
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De la fama a la infamia
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Quien pretende curarse del malestar de la vergüenza ajena no necesita más que compartirla. A la gente le encanta enterarse de los tropiezos de los demás, en especial aquellos que sólo imaginarlos produce marejadas de repelús. No es que uno se halle libre de metidas de pata iguales o mayores, pero saber que le han pasado a otro —todavía mejor: a otro que le cae mal— es un poco creerse más allá del alcance de la lotería de la desgracia. “Le tocó a él y no a mí”, respira quien se ha puesto de manera fugaz en el lugar del triste tatemado y regresa triunfante al reino de sí mismo.
Quien pretende curarse del malestar de la vergüenza ajena no necesita más que compartirla. A la gente le encanta enterarse de los tropiezos de los demás, en especial aquellos que sólo imaginarlos produce marejadas de repelús. No es que uno se halle libre de metidas de pata iguales o mayores, pero saber que le han pasado a otro —todavía mejor: a otro que le cae mal— es un poco creerse más allá del alcance de la lotería de la desgracia. “Le tocó a él y no a mí”, respira quien se ha puesto de manera fugaz en el lugar del triste tatemado y regresa triunfante al reino de sí mismo.
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Siempre he compadecido a aquellos personajes públicos que por su investidura precisan asistir a un número insultante de ceremonias, discursos y equivalentes plomos protocolarios. A algunos esas cosas nos recuerdan las horas invertidas en cientos de solemnes eventos escolares donde las opiniones se daban a bostezos y nadie en realidad estaba donde estaba. Un lujo que un político no puede pagarse sin asumir el riesgo de ser captado por alguna cámara, y entonces pasar lista en el Hall of Shame. Tanto tener que dar la cara para nada, o para expresar mucho y decir nada, debe seguramente dejar secuelas en la vida privada del sujeto. Y si el tipo resulta que es Mariano Rajoy, figura regañona y a menudo indigesta de razón, patriota irreprochable por propio decreto, imaginemos cuánto le fastidiará tener que entrar día tras día en ese personaje para el que es complicado caerle bien a nadie que no comulgue en la misma parroquia. ¿Cómo se hace para desempeñar cada día un papel en tal modo demandante sin convertirse en cínico, misántropo, sociópata y otros extremos no menos esdrújulos?
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Se cuenta que Juan Carlos de Borbón se expresa en un lenguaje demasiado desenfadado para un rey, y eso le da licencias que otros no consiguen. Vamos, yo en su lugar hablaría peor que una furcia manadera. Pensaría, al final, que más ridículo hacen los desfiles.
jueves, octubre 09, 2008
Sociedad ovípara-Israel León O´Farril-(La Jornada de Oriente de Puebla-09/10/08)
Trabajando con ciertos libros me di cuenta de que citaban constantemente al Popol Vuh, ese libro colonial escrito por los mayas quiché, y que narra su versión de la creación del mundo, las peripecias de los gemelos divinos Hunahpú e Ixbalanqué, y una genealogía fenomenal de este pueblo. Al tratar de corroborar los datos citados en los textos que revisaba contra la versión del Popol Vuh que tengo, me encontré con que faltaba lo citado, o que estaba, pero con modificaciones. Al revisar la bibliografía correspondiente encontré que la traducción citada pertenecía a Adrián Recinos, publicada allá por los años 60 del siglo XX.
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La que sostenía en mis manos es de Ermilo Abreu Gómez y fue publicada unos años antes. En el prólogo, Abreu comenta que hizo una traducción menos críptica y más sencilla para acercar a las nuevas generaciones al conocimiento de tan valioso libro, es decir, le quitó y le puso para que a los muchachos de ese momento (los 50, si no me equivoco), no les pesara tanto la lectura, llena de referencias diversas y quizá un tanto confusas a dioses y personajes de la historia quiché.
La que sostenía en mis manos es de Ermilo Abreu Gómez y fue publicada unos años antes. En el prólogo, Abreu comenta que hizo una traducción menos críptica y más sencilla para acercar a las nuevas generaciones al conocimiento de tan valioso libro, es decir, le quitó y le puso para que a los muchachos de ese momento (los 50, si no me equivoco), no les pesara tanto la lectura, llena de referencias diversas y quizá un tanto confusas a dioses y personajes de la historia quiché.
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Imaginé una punta de muchachos granosos llenos de hormonas diciendo, “¡qué hueva!, este libro es una jaladota”, o algo así, pues no sé cómo se expresaban en esos años. Lo anterior nos lleva a reflexionar sobre la validez de tal acción: adaptar los textos antiguos para el consumo de las generaciones presentes pues, o el lenguaje ha muerto con todo lo que implica (mentalidad, idiosincrasia, ideología, religión), o es que se nos murieron a nosotros las neuronas para poder analizar algo así. Recuerdo, por cierto, que en la secundaria me dejaron leer precisamente la versión de Abreu, y que ahora que me encuentro escribiendo sobre el particular, me resulta corta e insuficiente.
Imaginé una punta de muchachos granosos llenos de hormonas diciendo, “¡qué hueva!, este libro es una jaladota”, o algo así, pues no sé cómo se expresaban en esos años. Lo anterior nos lleva a reflexionar sobre la validez de tal acción: adaptar los textos antiguos para el consumo de las generaciones presentes pues, o el lenguaje ha muerto con todo lo que implica (mentalidad, idiosincrasia, ideología, religión), o es que se nos murieron a nosotros las neuronas para poder analizar algo así. Recuerdo, por cierto, que en la secundaria me dejaron leer precisamente la versión de Abreu, y que ahora que me encuentro escribiendo sobre el particular, me resulta corta e insuficiente.
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¡Chale!, en verdad me sentí bastante basto e ignorante, aunque al conseguir leer la versión de Recinos, me enteré que también es otra traducción y que existen otras varias debido a la dificultad de traducir un lenguaje tan complejo y las referencias que pueden tener significados distintos. Bien, menos mal, pero sigo sin convencerme de que Abreu haya hecho bien. No hace mucho, cuando estaba esperando en una librería poblana, se acercó un chico de secundaria a pedir un clásico y cuando se lo dieron –sólo publicado por Porrúa en una edición de ésas que tiene dos columnas por página– el chico palideció de asombro y preguntó si tenían la versión resumida. Afortunadamente, de ese texto en particular no hay, y el chico se fue, con libro en la mano y cara de terrible resignación, a enfrentarse con la inmensa hueva de leer. ¡Más chale, y más chale!
¡Chale!, en verdad me sentí bastante basto e ignorante, aunque al conseguir leer la versión de Recinos, me enteré que también es otra traducción y que existen otras varias debido a la dificultad de traducir un lenguaje tan complejo y las referencias que pueden tener significados distintos. Bien, menos mal, pero sigo sin convencerme de que Abreu haya hecho bien. No hace mucho, cuando estaba esperando en una librería poblana, se acercó un chico de secundaria a pedir un clásico y cuando se lo dieron –sólo publicado por Porrúa en una edición de ésas que tiene dos columnas por página– el chico palideció de asombro y preguntó si tenían la versión resumida. Afortunadamente, de ese texto en particular no hay, y el chico se fue, con libro en la mano y cara de terrible resignación, a enfrentarse con la inmensa hueva de leer. ¡Más chale, y más chale!
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¿Acaso dentro de 100 años alguien habrá de hacer una nueva versión de Cien Años de Soledad pues resultará ininteligible para los jóvenes del momento?
¿Acaso dentro de 100 años alguien habrá de hacer una nueva versión de Cien Años de Soledad pues resultará ininteligible para los jóvenes del momento?
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En todo caso, imaginé a mis alumnos, y pensé que no podrían meterse a leer estos textos en sus versiones originales. Inmediatamente caí en la cuenta de mi error: estaba subestimando a los muchachos igual que lo hizo Abreu. Si ellos hubieran tenido una preparación mejor, podrían leer sin problema textos incluso más complicados y nos darían tres vueltas a los que decimos enseñarlas. Y es que con las últimas tendencias educativas –recientemente se habla de lo innecesario del docente, y se le da el horrible epíteto de “facilitador”, lo que me lleva a pensar que “facilitas” el cuerpo– donde se dice que hay que evitar enseñar a los jóvenes con libros complejos pues su cultura es por entero visual. Eso subestima a los muchachos, que no son tarados; al contrario, flaco favor les hacemos al no compartirles la enseñanza de textos tan interesantes, al pasarlos por el tamiz de la simplicidad para que “supuestamente” puedan entenderlos sus “supuestas” mentecillas inferiores. ¡Qué pedantería!
En todo caso, imaginé a mis alumnos, y pensé que no podrían meterse a leer estos textos en sus versiones originales. Inmediatamente caí en la cuenta de mi error: estaba subestimando a los muchachos igual que lo hizo Abreu. Si ellos hubieran tenido una preparación mejor, podrían leer sin problema textos incluso más complicados y nos darían tres vueltas a los que decimos enseñarlas. Y es que con las últimas tendencias educativas –recientemente se habla de lo innecesario del docente, y se le da el horrible epíteto de “facilitador”, lo que me lleva a pensar que “facilitas” el cuerpo– donde se dice que hay que evitar enseñar a los jóvenes con libros complejos pues su cultura es por entero visual. Eso subestima a los muchachos, que no son tarados; al contrario, flaco favor les hacemos al no compartirles la enseñanza de textos tan interesantes, al pasarlos por el tamiz de la simplicidad para que “supuestamente” puedan entenderlos sus “supuestas” mentecillas inferiores. ¡Qué pedantería!
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Lo único que estamos formando son generaciones de holgazanes, haraganes –huevones pues–, que huyen despavoridos a la más leve insinuación de la lectura. No dudo de las legítimas intenciones de un Abreu, pero de no ser por ellas quizá no habría tenido que leer otra versión del mismo libro; tampoco quiero decir que se oculta en la decisión de Abreu un perverso plan para joder a varias generaciones posteriores con el objeto de que no lean y no piensen... No de él, pero sí de muchas otras personas –políticos y empresarios– que sólo ven en lo económico y lo fugaz el progreso de nuestras latitudes.
Lo único que estamos formando son generaciones de holgazanes, haraganes –huevones pues–, que huyen despavoridos a la más leve insinuación de la lectura. No dudo de las legítimas intenciones de un Abreu, pero de no ser por ellas quizá no habría tenido que leer otra versión del mismo libro; tampoco quiero decir que se oculta en la decisión de Abreu un perverso plan para joder a varias generaciones posteriores con el objeto de que no lean y no piensen... No de él, pero sí de muchas otras personas –políticos y empresarios– que sólo ven en lo económico y lo fugaz el progreso de nuestras latitudes.
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Es como si tuviéramos a la gallina del cuento, pero en lugar de huevos de oro, pusiera huevos de harina o confeti, vacuos y llenos de cosas superfluas.
Es como si tuviéramos a la gallina del cuento, pero en lugar de huevos de oro, pusiera huevos de harina o confeti, vacuos y llenos de cosas superfluas.
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Ya hay un Huevo Cartoon, cosa que me parece maravillosa; hay hasta un Hueboli, y no le pongo reparos; pero huevones mentales... bueno, eso es algo que debe preocuparnos a todos, no sea que al rato, con aquello de “facilitarles” la vida, se nos olvide comentarles que para vivir hay que comer, o lo que es peor, respirar... es que les puede dar hueva, pobrecitos...
Ya hay un Huevo Cartoon, cosa que me parece maravillosa; hay hasta un Hueboli, y no le pongo reparos; pero huevones mentales... bueno, eso es algo que debe preocuparnos a todos, no sea que al rato, con aquello de “facilitarles” la vida, se nos olvide comentarles que para vivir hay que comer, o lo que es peor, respirar... es que les puede dar hueva, pobrecitos...
Pondera Jorge Volpi la función de la literatura en la sociedad-(Diario Intolerancia de Puebla-09/10/08)
La literatura es una de las pocas cosas que permite seguir construyendo a partir de la obra otra identificación imaginaria, que es capaz de sentir lo que se lee, puntualiza el autor de En busca de Klingsor --
Notimex
Foto José Pozos
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La literatura tiene una función en la sociedad, que permite por un momento que el lector se ponga en el lugar del otro en diferentes circunstancias, afirmó hoy aquí el escritor mexicano Jorge Volpi, autor de " No será la tierra".
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Al dictar una conferencia dentro del ciclo Los Fabuladores y su entorno, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el también director del Canal 22 añadió que la literatura permite al lector "la identificación con lo humano, de estar cerca del dolor, la alegría, tormento o felicidad" , señaló. Además la literatura es una de las pocas cosas que permite seguir construyendo a partir de la obra otra identificación imaginaria, que es capaz de sentir lo que se lee.
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"Es algo que la literatura refuerza, esa es una función clara entre muchas otras con la sociedad, no solamente por el goce estético, sino por la posibilidad de profundizar ese otro", expresó.
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Respecto a la relación de literatura y Derecho, carrera de la que es egresado por la UNAM, Volpi expuso que "mis novelas tienen que ver con este ejercicio del poder, es decir cómo funciona el poder y cómo el poder afecta la vida de las personas comunes".
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También dijo que una cosa es estudiar literatura y otra leer o escribir, y lo que alguien puede aprender en Derecho es tan útil e importante como la psicología o la filosofía.
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"Para un escritor es importante haber estudiado leyes, aunque no estoy despreciando a la literatura y de aquellos que estudiaron en una escuela de literatura", aclaró.
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Aclaró que para él ha sido muy importante haber estudiado primero Leyes, porque ello le permitió comprender qué es el ser humano, tener una visión amplia de los personajes.
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"Recuerdo que cuando era aún estudiante en la carrera recibí una propuesta de trabajo, que fue de asesor en el Gobierno del Distrito Federal, y luego durante dos años y medio terminé siendo secretario del Procurador General de Justicia del Distrito Federal y después del Gobierno Federal. Ese es mi oscuro pasado", dijo Volpi.
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Apuntó que ahora las nuevas generaciones de escritores no tienen o no cuentan con una carrera de Leyes, "pero de mi generación aún algunos estudiaron esta carrera, antes de publicar su primera obra literaria, por lo cual considero que es muy importante para el narrador, porque es un complemento esencial".
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Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) es un escritor mexicano perteneciente a la llamada "Generación del crack" autor de "A pesar del oscuro silencio" (1993), "La paz de los sepulcros" (1995), "El temperamento melancólico" (1996) y "En busca de Klingsor" (1999). También, de "El fin de la locura" (2003) y "No será la tierra" (2006).
El Güero Téllez, según Garmabella
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El "Güero" Téllez fue un gran reportero de policía. No fue el clásico periodista que se basaba solamente en los boletines de prensa, sino que investigaba el caso a manera de los buenos detectives. José Ramón Garmabella, uno de los más famosos criminólogos de México, ha publicado un amplio material donde da a conocer los casos más relevantes del "Güero" Téllez. La editorial es De bolsillo, en su colección Best Seller.
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Este libro –se explica en la cuarta de forros– se edita en el marco de le celebración de los cuarenta años de José Ramón Garmabella “en el fiel cumplimiento de una vocación: el periodismo”.
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En el prólogo se narra el fascinante oficio del reportero de policía. Cuenta Garmabella que hace años los jóvenes que aspiraban a ser reporteros eran asignados a la fuente policiaca. Debo decir que durante un tiempo corto cubrí la nota roja de un diario de circulación local. Y en efecto: a veces uno recolectaba la información, pero no podía firmarla porque se era principiante. Sin embargo, tal como lo cuenta el autor de este libro, a los reporteros de la fuente se les interrogaba de una clásica manera. Transcribo el diálogo:
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“¿Cómo era el asesino?/ Torvo/ ¿Y la pistola?/ Una pavorosa 45./ ¿Y el puñal?/ Filoso y descomunal. / ¿Y la suicida cómo era?/ Bella y otoñal mujer”.
“¿Cómo era el asesino?/ Torvo/ ¿Y la pistola?/ Una pavorosa 45./ ¿Y el puñal?/ Filoso y descomunal. / ¿Y la suicida cómo era?/ Bella y otoñal mujer”.
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Quizá lo que arrojan esas preguntas y esas respuestas sean sólo los lugares comunes que vemos a diario en la nota roja de todos los diarios. Y precisamente el mérito del "Güero" Téllez es haber transformado la manera de tratar la nota roja.
Quizá lo que arrojan esas preguntas y esas respuestas sean sólo los lugares comunes que vemos a diario en la nota roja de todos los diarios. Y precisamente el mérito del "Güero" Téllez es haber transformado la manera de tratar la nota roja.
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Garmabella lo describe de esta forma: “Si alguien afirmó que para ser torero lo primero que se necesitaba era parecerlo, lo cierto es que Eduardo Téllez Vargas bien parecía periodista de cuerpo entero: alto, vestido con saco y corbata, tocado con sombrero de ala ancha sin que faltara, por supuesto, el indispensable cigarro.”
Garmabella lo describe de esta forma: “Si alguien afirmó que para ser torero lo primero que se necesitaba era parecerlo, lo cierto es que Eduardo Téllez Vargas bien parecía periodista de cuerpo entero: alto, vestido con saco y corbata, tocado con sombrero de ala ancha sin que faltara, por supuesto, el indispensable cigarro.”
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Los casos que trató el "Güero" Téllez fueron los que causaron más impacto en el entonces tranquilo Distrito Federal de los cincuenta. Entre otros, se narra el asesinato de Trotsky, el del Estrangulador de Tacuba, Goyo Cárdenas y el suicidio de Miroslava.
Los casos que trató el "Güero" Téllez fueron los que causaron más impacto en el entonces tranquilo Distrito Federal de los cincuenta. Entre otros, se narra el asesinato de Trotsky, el del Estrangulador de Tacuba, Goyo Cárdenas y el suicidio de Miroslava.
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También encontramos en el libro de Garmabella, en otros casos del "Güero" Téllez, el asesinato de Guty Cárdenas, el caso de Blanca Estela Pavón y un pasaje que nos recuerda la noche en la que cayó el ángel de la Independencia luego de un temblor en 1957.
También encontramos en el libro de Garmabella, en otros casos del "Güero" Téllez, el asesinato de Guty Cárdenas, el caso de Blanca Estela Pavón y un pasaje que nos recuerda la noche en la que cayó el ángel de la Independencia luego de un temblor en 1957.
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El Güero Téllez fue uno de los más sobresalientes reporteros de policía que ha dado México. La crónica negra –y roja– de los cincuenta se la debemos a él.
El Güero Téllez fue uno de los más sobresalientes reporteros de policía que ha dado México. La crónica negra –y roja– de los cincuenta se la debemos a él.
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Buen libro de José Ramón Garmabella, donde narra los casos que cubrió el "Güero" Téllez. Una buena lección sobre el ejercicio periodístico.
Buen libro de José Ramón Garmabella, donde narra los casos que cubrió el "Güero" Téllez. Una buena lección sobre el ejercicio periodístico.
miércoles, octubre 08, 2008
“La novela, según los novelistas”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 08/10/08)
El Fondo de Cultura Económica (FCE) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) editaron hace no mucho este libro que coordinó magistralmente la novelista, poeta y cuentista Cristina Rivera Garza, éste se encuentra dentro de la colección Biblioteca Mexicana, que dirige el historiador mexicano Dr. Enrique Florescano, y pertenece a la serie Historia y Antropología. -
“La novela, según los novelistas” reúne las plumas de distintas escritoras, así como de escritores, quienes a través de sus diversas y amplias voces hacen reflexiones sobre lo que para ellos significa escribir novelas.
“La novela, según los novelistas” reúne las plumas de distintas escritoras, así como de escritores, quienes a través de sus diversas y amplias voces hacen reflexiones sobre lo que para ellos significa escribir novelas.
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Aquí el autor podrá acercarse a plumas reconocidas a nivel nacional e internacional como son: Jorge Volpi, Mario Bellatin, Ana Clavel, Álvaro Uribe, Eduardo Antonio Parra, Xavier Velasco, Rosa Beltrán, Ana García Bergua, Adriana Díaz Enciso, Guillermo Fadanelli, Pablo Soler Frost, Mario González Suárez, Patricia Laurent Kullick, Susana Pagano y Francesca Gargallo. Todo lector que se acerque a este libro leerá las reflexiones, ideas, los conceptos y motivos que provienen de la parte que genera las novelas y no de esa parte dura, cuadrada que tiene la literatura, me refiero a los encargados de hacer teoría y academia. Aquí son los novelistas se encuentran hablando de su proceso, de sus dudas, de las certezas a la hora de crear las historias que después veremos publicadas, pero también están las manías, los clichés y los ritos que cada uno de ellos tiene a la hora de ponerse el disfraz de escritor.
Aquí el autor podrá acercarse a plumas reconocidas a nivel nacional e internacional como son: Jorge Volpi, Mario Bellatin, Ana Clavel, Álvaro Uribe, Eduardo Antonio Parra, Xavier Velasco, Rosa Beltrán, Ana García Bergua, Adriana Díaz Enciso, Guillermo Fadanelli, Pablo Soler Frost, Mario González Suárez, Patricia Laurent Kullick, Susana Pagano y Francesca Gargallo. Todo lector que se acerque a este libro leerá las reflexiones, ideas, los conceptos y motivos que provienen de la parte que genera las novelas y no de esa parte dura, cuadrada que tiene la literatura, me refiero a los encargados de hacer teoría y academia. Aquí son los novelistas se encuentran hablando de su proceso, de sus dudas, de las certezas a la hora de crear las historias que después veremos publicadas, pero también están las manías, los clichés y los ritos que cada uno de ellos tiene a la hora de ponerse el disfraz de escritor.
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Ensayos que han sido escritos de forma cuidadosa y perfectamente literaria, los cuales no buscan definir a la novela, si acaso entenderla desde las distintas perspectivas que aquí se presentan. Pocos libros hay en el ámbito editorial que reúna a tantas y tan variadas plumas para hablar, casi conversar, sobre un tema que de una u otra forma sólo interesa a los mismos novelistas y aquellos lectores que gozan de tener un acercamiento a la forma de pensar de los escritores. Es un libro que junto con Las seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino sirven para ir entendiendo que la teoría literaria no es el arma definitiva para analizar las novelas, también están las propuestas valorativas que uno encuentra en los libros ya nombrados.
Ensayos que han sido escritos de forma cuidadosa y perfectamente literaria, los cuales no buscan definir a la novela, si acaso entenderla desde las distintas perspectivas que aquí se presentan. Pocos libros hay en el ámbito editorial que reúna a tantas y tan variadas plumas para hablar, casi conversar, sobre un tema que de una u otra forma sólo interesa a los mismos novelistas y aquellos lectores que gozan de tener un acercamiento a la forma de pensar de los escritores. Es un libro que junto con Las seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino sirven para ir entendiendo que la teoría literaria no es el arma definitiva para analizar las novelas, también están las propuestas valorativas que uno encuentra en los libros ya nombrados.
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Una antología que, como bien dice Cristina Rivera Garza en la introducción a este libro, es rara, contemporánea, y no busca ser normativa, ni objetiva, ni preceptiva, ni representativa, tampoco es una identificación, resolución o una acumulación, pero si excluye, deforma oscurece, contravine, desobedece y traspasa. Es, al fin y al cabo, a- pesar del propio-, un libro que se circunscribe dentro del gran aro del No.
Una antología que, como bien dice Cristina Rivera Garza en la introducción a este libro, es rara, contemporánea, y no busca ser normativa, ni objetiva, ni preceptiva, ni representativa, tampoco es una identificación, resolución o una acumulación, pero si excluye, deforma oscurece, contravine, desobedece y traspasa. Es, al fin y al cabo, a- pesar del propio-, un libro que se circunscribe dentro del gran aro del No.
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Una antología, dice Rivera Garza, que “es un fluir de contextos o una discontinuidad de habitaciones desde o en los cuales algunos narradores y narradoras de México Practican la novela. Hay confesiones y preguntas. Hay genealogías. Hay denuncias y declaraciones. Hay metáforas con pezuña y advertencias inadvertidas. Hay sospechas. Hay, sobre todo, el detalle que, justo en el costado del tiempo y en el costado del espacio y en el costado del cuerpo nos invita a entrar en esas habitaciones donde los y las novelistas ven a la novela y se ven verla y nos ven verlos mientras la ven y, de reojo, vuelven a verse.”
Una antología, dice Rivera Garza, que “es un fluir de contextos o una discontinuidad de habitaciones desde o en los cuales algunos narradores y narradoras de México Practican la novela. Hay confesiones y preguntas. Hay genealogías. Hay denuncias y declaraciones. Hay metáforas con pezuña y advertencias inadvertidas. Hay sospechas. Hay, sobre todo, el detalle que, justo en el costado del tiempo y en el costado del espacio y en el costado del cuerpo nos invita a entrar en esas habitaciones donde los y las novelistas ven a la novela y se ven verla y nos ven verlos mientras la ven y, de reojo, vuelven a verse.”
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La recomendación está hecha, querido lector. Nos vemos dentro de una semana.
La recomendación está hecha, querido lector. Nos vemos dentro de una semana.
martes, octubre 07, 2008
Atoyatempan:un párroco víctima-(Diario “El Columnista” de Puebla- 07/10/08)
Los acusadores ahora acuden a iglesias a otros municipios
Fabricaron "alborotadores" acusaciones en Atoyatempan
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Quienes acusaron a Severiano Méndez, párroco de San Salvador Atoyatempan, de pederastia, exorcismo y lucro ahra son sujetos de un "Pena Latae Sententiae", por lanzar falsas acusaciones, por lo que ahora no pueden participar en el culto ministerial, ni recibir los sacramentos
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I
Crónica de los hechos
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Martes 26 de agosto
El Columnista informaba como tema de portada que pobladores de San Salvador Atoyatempan denunciaron ante la Arquidiócesis de Puebla, que comanda aún Rosendo Huesca Pacheco, a un sacerdote por los delitos de pederastia, exorcismo y lucro. Su nombre: José Severiano Méndez Hernández.
Crónica de los hechos
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Martes 26 de agosto
El Columnista informaba como tema de portada que pobladores de San Salvador Atoyatempan denunciaron ante la Arquidiócesis de Puebla, que comanda aún Rosendo Huesca Pacheco, a un sacerdote por los delitos de pederastia, exorcismo y lucro. Su nombre: José Severiano Méndez Hernández.
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Se dijo que el padre Severiano los llevó a El Tentzon (cerro del poblado) porque aseguraban, el padre en cuestión, afirmaba que ahí se encontraba el demonio al igual que en algunas de las personas del pueblo y había que sacarlo.
Se dijo que el padre Severiano los llevó a El Tentzon (cerro del poblado) porque aseguraban, el padre en cuestión, afirmaba que ahí se encontraba el demonio al igual que en algunas de las personas del pueblo y había que sacarlo.
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En ese mismo reportaje Noé Ramírez García al ser entrevistado comentó que el padre lo drogó en un evento que supuestamente iba a ser una sanación. Aseguraba que 40 personas, incluyendo niños, quedaron inconscientes, inclusive a una niña la tuvieron que atender por supuesta sicosis.
Mientras la Sra. Imelda Martínez, sin pruebas en mano, comentó que hace casi cuatro años mientras el padre confesaba a su hija: Rosalía Juárez, este le propuso que se acostarán, logrando así que la hija, que ahora tiene como 16 años, quedará traumada. Pero afirmaba la madre que no denunciaron por no querer hacer alarde de la situación.
En ese mismo reportaje Noé Ramírez García al ser entrevistado comentó que el padre lo drogó en un evento que supuestamente iba a ser una sanación. Aseguraba que 40 personas, incluyendo niños, quedaron inconscientes, inclusive a una niña la tuvieron que atender por supuesta sicosis.
Mientras la Sra. Imelda Martínez, sin pruebas en mano, comentó que hace casi cuatro años mientras el padre confesaba a su hija: Rosalía Juárez, este le propuso que se acostarán, logrando así que la hija, que ahora tiene como 16 años, quedará traumada. Pero afirmaba la madre que no denunciaron por no querer hacer alarde de la situación.
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Estas denuncias se dieron a conocer ante Rafael Amador Tapia Zúñiga, vicario de la Arquidiócesis. Verónica Ortiz Méndez era quien comandaba al contingente de cuarenta personas que reclamaba justicia.
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Miércoles 27 de agosto
Este diario informaba que el padre en cuestión quien oficiaba misas en la parroquia de San Salvador Atoyatempan, que cuenta con aproximadamente siete mil habitantes, había huido del pueblo sin dar aviso alguno, pues el lunes 25 de agosto el Arzobispo Rosendo Huesca decidió removerlo de la parroquia.
Estas denuncias se dieron a conocer ante Rafael Amador Tapia Zúñiga, vicario de la Arquidiócesis. Verónica Ortiz Méndez era quien comandaba al contingente de cuarenta personas que reclamaba justicia.
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Miércoles 27 de agosto
Este diario informaba que el padre en cuestión quien oficiaba misas en la parroquia de San Salvador Atoyatempan, que cuenta con aproximadamente siete mil habitantes, había huido del pueblo sin dar aviso alguno, pues el lunes 25 de agosto el Arzobispo Rosendo Huesca decidió removerlo de la parroquia.
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También se informaba que las opiniones dentro del pueblo estaban divididas. Florentino Peláez quien tiene una hija, contemporánea de aquella que recibió la propuesta indecorosa del parte del padre, se desempeñaba como acólita y nunca sufrió una propuesta de ese tipo. Ángeles González, en el mismo tono, decía a éste diario que el padre Severiano Méndez ha sido lo mejor que ha tenido ese pueblo y aseguraba que ella era capaz de juntar seis mil personas que sí quieren al padre aún en su parroquia contra las cincuenta o ciento cincuenta que no.
También se informaba que las opiniones dentro del pueblo estaban divididas. Florentino Peláez quien tiene una hija, contemporánea de aquella que recibió la propuesta indecorosa del parte del padre, se desempeñaba como acólita y nunca sufrió una propuesta de ese tipo. Ángeles González, en el mismo tono, decía a éste diario que el padre Severiano Méndez ha sido lo mejor que ha tenido ese pueblo y aseguraba que ella era capaz de juntar seis mil personas que sí quieren al padre aún en su parroquia contra las cincuenta o ciento cincuenta que no.
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También se informaba que el padre Severiano pertenecía a una asociación denominada: Rey de Reyes, constituida en 1957 por el misionero Borinquen Baptist Church, cuyo objetivo es evangelizar y educar en la fe cristiana, además de organizar misiones, ésta sostiene una afiliación de corte corporativo con la Convención Bautista del Sur.
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Jueves 28 de agosto
El Columnista publicaba que en entrevista con Elfego Galindo, presidente del Consejo Parroquial del mismo nombre, afirmaba que la familia Ortiz, encabezada por Verónica y Gloria, están catalogadas en el pueblo como personas conflictivas que desde años atrás han querido manejar la iglesia del pueblo, buscando un beneficio personal. Además, comentaba, están coludidas con el PRD, específicamente hablando, con el excandidato Antonio Herrera, quien perdió y además ni nativo del pueblo es.
También se informaba que el padre Severiano pertenecía a una asociación denominada: Rey de Reyes, constituida en 1957 por el misionero Borinquen Baptist Church, cuyo objetivo es evangelizar y educar en la fe cristiana, además de organizar misiones, ésta sostiene una afiliación de corte corporativo con la Convención Bautista del Sur.
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Jueves 28 de agosto
El Columnista publicaba que en entrevista con Elfego Galindo, presidente del Consejo Parroquial del mismo nombre, afirmaba que la familia Ortiz, encabezada por Verónica y Gloria, están catalogadas en el pueblo como personas conflictivas que desde años atrás han querido manejar la iglesia del pueblo, buscando un beneficio personal. Además, comentaba, están coludidas con el PRD, específicamente hablando, con el excandidato Antonio Herrera, quien perdió y además ni nativo del pueblo es.
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Gloria Ortiz acusaba al padre Severiano de quedarse con casi todos los montos económicos que se recolectaban en los “retiros”, en esta culpa acompañaban al padre los señores Elfego Galindo, Vicente Castillo y Emilio Hernández, todos ellos miembros del Consejo Parroquial; por otro lado, uno de los acusados, Vicente Castillo comentaba que el padre Severiano jamás estuvo presente en aquel evento donde algunos aseguraban haber sido víctimas del padre al ingerir una droga que les provocaba sicosis.
Gloria Ortiz acusaba al padre Severiano de quedarse con casi todos los montos económicos que se recolectaban en los “retiros”, en esta culpa acompañaban al padre los señores Elfego Galindo, Vicente Castillo y Emilio Hernández, todos ellos miembros del Consejo Parroquial; por otro lado, uno de los acusados, Vicente Castillo comentaba que el padre Severiano jamás estuvo presente en aquel evento donde algunos aseguraban haber sido víctimas del padre al ingerir una droga que les provocaba sicosis.
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Por otra parte, Froylán González, secretario particular de Rosendo Huesca, decía a los medios que el Arzobispo ya estaba tomando cartas en el asunto.
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Lunes 1 de septiembre
En entrevista con este medio Rosendo Huesca calificó de error garrafal la invitación que el padre Severiano hizo a Victoriano Ramírez Madrigal, miembro de la congregación Rey de Reyes. Agregó que mientras no hubiera una denuncia formal ante la Curia Parroquial ni ante el Ministerio Público este caso no tendría que pasar a mayores.
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Viernes 19 de septiembre
El Columnista informaba que la Arquidiócesis anunciaba que el padre Severiano fue exonerado al no haberle encontrado pruebas fehacientes que lo involucrarán con pedofilia, exorcismo o lucro. Doscientas personas exigían su regreso, el cual le fue otorgado según palabras de Eugenio Lira Rugarcía, que funge como vocero, condicionaba que ahora era decisión del padre Severiano.
Por otra parte, Froylán González, secretario particular de Rosendo Huesca, decía a los medios que el Arzobispo ya estaba tomando cartas en el asunto.
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Lunes 1 de septiembre
En entrevista con este medio Rosendo Huesca calificó de error garrafal la invitación que el padre Severiano hizo a Victoriano Ramírez Madrigal, miembro de la congregación Rey de Reyes. Agregó que mientras no hubiera una denuncia formal ante la Curia Parroquial ni ante el Ministerio Público este caso no tendría que pasar a mayores.
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Viernes 19 de septiembre
El Columnista informaba que la Arquidiócesis anunciaba que el padre Severiano fue exonerado al no haberle encontrado pruebas fehacientes que lo involucrarán con pedofilia, exorcismo o lucro. Doscientas personas exigían su regreso, el cual le fue otorgado según palabras de Eugenio Lira Rugarcía, que funge como vocero, condicionaba que ahora era decisión del padre Severiano.
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II
Detrás de los hechos, la verdad oculta
Detrás de los hechos, la verdad oculta
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A mis manos, a través de una vía de confianza y credibilidad, he recibido más información acerca del tema, pero por miedo a represalias por parte de “los alborotadores”, los informantes me han pedido omita sus nombres, pues temen tanto por su vida como la de sus familiares y allegados sentimentales.
A mis manos, a través de una vía de confianza y credibilidad, he recibido más información acerca del tema, pero por miedo a represalias por parte de “los alborotadores”, los informantes me han pedido omita sus nombres, pues temen tanto por su vida como la de sus familiares y allegados sentimentales.
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Atoyatempan es un pueblo que consta de una población de nueve mil habitantes, de los cuales el 80%, profesa fervorosamente la religión católica. Dentro de los católicos, se encuentran una veintena de vividores, encabezados por Francisco Ortiz Bonilla, las hermanas Verónica y Gloria Ortiz Méndez, seguidas por Imelda Martínez Gregorio, madre de Rosalía Juárez Martínez, presunta ofendida por el padre, al recibir la propuesta de irse a la cama, pero se me comenta que ambas mujeres gozan de una reputación muy dudosa y son mal vistas por el pueblo. También, los esposos Omar Ramírez García y Claudia Téllez León, se encuentran en esta lista de alborotadores, además de Margarita García, Samuel Ramírez Mateo y Francisco Luna.
Atoyatempan es un pueblo que consta de una población de nueve mil habitantes, de los cuales el 80%, profesa fervorosamente la religión católica. Dentro de los católicos, se encuentran una veintena de vividores, encabezados por Francisco Ortiz Bonilla, las hermanas Verónica y Gloria Ortiz Méndez, seguidas por Imelda Martínez Gregorio, madre de Rosalía Juárez Martínez, presunta ofendida por el padre, al recibir la propuesta de irse a la cama, pero se me comenta que ambas mujeres gozan de una reputación muy dudosa y son mal vistas por el pueblo. También, los esposos Omar Ramírez García y Claudia Téllez León, se encuentran en esta lista de alborotadores, además de Margarita García, Samuel Ramírez Mateo y Francisco Luna.
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Los anteriormente nombrados, que fungen como los actuales opositores a la permanencia, y por ende al regreso del padre Severiano, que como ya lo narré, lo acusan entre otros hechos de haber cometido un delito en el ejercicio de sus funciones y que según El Código de Derecho Canónico, expedido en Roma el 25 de enero de 1983, está sancionado por el cánon 1387, con la pena de suspensión de sus funciones clericales y que puede llegar hasta ser expulsado de la Iglesia, y desde luego excomulgado, pero como ya el citado párroco, fue exonerado de las acusaciones por parte del Arzobispo, por no haber recabado la Iglesia Católica prueba alguna, ni haberlas presentado sus acusadores.
Los anteriormente nombrados, que fungen como los actuales opositores a la permanencia, y por ende al regreso del padre Severiano, que como ya lo narré, lo acusan entre otros hechos de haber cometido un delito en el ejercicio de sus funciones y que según El Código de Derecho Canónico, expedido en Roma el 25 de enero de 1983, está sancionado por el cánon 1387, con la pena de suspensión de sus funciones clericales y que puede llegar hasta ser expulsado de la Iglesia, y desde luego excomulgado, pero como ya el citado párroco, fue exonerado de las acusaciones por parte del Arzobispo, por no haber recabado la Iglesia Católica prueba alguna, ni haberlas presentado sus acusadores.
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Bajo tales hechos, ahora son, “los alborotadores” quienes son sujetos de un “Pena Latae Sententiae”, a la que se hicieron acreedores ipso facto, por el sólo hecho de haber lanzado las falsas acusaciones contra el párroco y según el cánon 1314, esta pena no es necesario sea declarada por tribunal o autoridad eclesiástica alguna, la pena es con motivo del delito de falsedad por haber acusado sin fundamento o prueba alguna a un confesor y que según el cánon 1387, incurren en “Entredicho Latae Sententiae”, lo que los hace sujetos a las prohibiciones enumeradas en el cánon 1331, esto es: que no pueden participar en el culto ministerial, ni recibir los sacramentos.
Bajo tales hechos, ahora son, “los alborotadores” quienes son sujetos de un “Pena Latae Sententiae”, a la que se hicieron acreedores ipso facto, por el sólo hecho de haber lanzado las falsas acusaciones contra el párroco y según el cánon 1314, esta pena no es necesario sea declarada por tribunal o autoridad eclesiástica alguna, la pena es con motivo del delito de falsedad por haber acusado sin fundamento o prueba alguna a un confesor y que según el cánon 1387, incurren en “Entredicho Latae Sententiae”, lo que los hace sujetos a las prohibiciones enumeradas en el cánon 1331, esto es: que no pueden participar en el culto ministerial, ni recibir los sacramentos.
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Aún más grave que la “Pena Latae Sententiae”, existe la “Pena Ferendae Sententiae”, y esta última es la que ya declara una autoridad o tribunal eclesiástico (ver cánon 1314), esto significa, que si los falos acusadores se sostienen, pueden ser juzgados por la Iglesia católica e irremediablemente condenados a la excomunión, ¿se atreverá a sancionarlos el Arzobispo?
Aún más grave que la “Pena Latae Sententiae”, existe la “Pena Ferendae Sententiae”, y esta última es la que ya declara una autoridad o tribunal eclesiástico (ver cánon 1314), esto significa, que si los falos acusadores se sostienen, pueden ser juzgados por la Iglesia católica e irremediablemente condenados a la excomunión, ¿se atreverá a sancionarlos el Arzobispo?
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“Los alborotadores” tienen metida en la cabeza la idea de la próxima llegada de un nuevo párroco al pueblo, otra mentira más de ellos, pues dicen que el Arzobispo les prometió que ellos mismos lo recibirán. El supuesto próximo sacerdote deberá cumplir con cada uno de los caprichos que tengan, si no, también se le armará la de Troya, afirmaban estos “héroes del pueblo”.
“Los alborotadores” tienen metida en la cabeza la idea de la próxima llegada de un nuevo párroco al pueblo, otra mentira más de ellos, pues dicen que el Arzobispo les prometió que ellos mismos lo recibirán. El supuesto próximo sacerdote deberá cumplir con cada uno de los caprichos que tengan, si no, también se le armará la de Troya, afirmaban estos “héroes del pueblo”.
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Mis informantes, afirman que por cuenta y boca propia, dichos revoltosos, han comentando entre el pueblo que han dejado de ir a las iglesias ubicadas en Ahuatepec, Tepeyahualco y Huacaltzingo, además de la parroquia de Atoyatempan, pues aseguran que están malditas. Ahora se han ido a recibir los sacramentos a las parroquias de los municipios circunvecinos, como son la de Sta. Isabel en Tlanepantla, La Natividad en Tochtepec, La Asunción en Molcaxac, Sto. Tomás en Hueyotlipan, Sn. Francisco en Mixtla y Sn. Francisco, pero de Tecali; donde los padres que ofician deberán tener sumo cuidado, si no, seguramente correrán con la misma suerte del padre Severiano Méndez, pero cabe recalcar que estos padres al admitirlos en el culto católico, por desconocimiento de su “Pena Latae Sententiae” , están incurriendo en un delito grave que los puede llevar a incurrir en “Entredicho” (ver cánon 1378).
Mis informantes, afirman que por cuenta y boca propia, dichos revoltosos, han comentando entre el pueblo que han dejado de ir a las iglesias ubicadas en Ahuatepec, Tepeyahualco y Huacaltzingo, además de la parroquia de Atoyatempan, pues aseguran que están malditas. Ahora se han ido a recibir los sacramentos a las parroquias de los municipios circunvecinos, como son la de Sta. Isabel en Tlanepantla, La Natividad en Tochtepec, La Asunción en Molcaxac, Sto. Tomás en Hueyotlipan, Sn. Francisco en Mixtla y Sn. Francisco, pero de Tecali; donde los padres que ofician deberán tener sumo cuidado, si no, seguramente correrán con la misma suerte del padre Severiano Méndez, pero cabe recalcar que estos padres al admitirlos en el culto católico, por desconocimiento de su “Pena Latae Sententiae” , están incurriendo en un delito grave que los puede llevar a incurrir en “Entredicho” (ver cánon 1378).
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En un artículo especial que escribí para este diario, el pasado 29 de agosto, dije que el pueblo nunca miente, sobre todo cuando una multitud lo respalda. Así como “los alborotadores” se plantaron afuera de la Curia, el pueblo que sí quiere al padre Severiano llevó en una primera instancia cinco camiones llenos, como doscientas personas; para una segunda visita juntaron ocho camiones, cerca de trescientas sesenta personas y pudo haber una tercera visita con quince camiones llenos, pero mi fuente afirma que el padre Severiano les pidió ya no seguir insistiendo, quizá la prudencia o la resignación de saberse sin el apoyo del Arzobispo lo invitó a desistir. Estas gentes exigen que “los alborotadores” reconozcan que han incurrido en una falta y pidan perdón de forma pública a las autoridades eclesiásticas, de lo contrario, podrían recibir una censura grave, cuyo castigo podría llegar hasta la excomunión, como ya comenté líneas arriba, se señala que se le debe aplicar dicha pena a todo aquel que acuse a un sacerdote de un delito, sin tener una declaración o sentencia formal, como viene estipulado en El Código de Derecho Canónico.
En un artículo especial que escribí para este diario, el pasado 29 de agosto, dije que el pueblo nunca miente, sobre todo cuando una multitud lo respalda. Así como “los alborotadores” se plantaron afuera de la Curia, el pueblo que sí quiere al padre Severiano llevó en una primera instancia cinco camiones llenos, como doscientas personas; para una segunda visita juntaron ocho camiones, cerca de trescientas sesenta personas y pudo haber una tercera visita con quince camiones llenos, pero mi fuente afirma que el padre Severiano les pidió ya no seguir insistiendo, quizá la prudencia o la resignación de saberse sin el apoyo del Arzobispo lo invitó a desistir. Estas gentes exigen que “los alborotadores” reconozcan que han incurrido en una falta y pidan perdón de forma pública a las autoridades eclesiásticas, de lo contrario, podrían recibir una censura grave, cuyo castigo podría llegar hasta la excomunión, como ya comenté líneas arriba, se señala que se le debe aplicar dicha pena a todo aquel que acuse a un sacerdote de un delito, sin tener una declaración o sentencia formal, como viene estipulado en El Código de Derecho Canónico.
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La duda que surge al que esto escribe, es saber cuál es la verdadera intención del Arzobispo. Con esta información que tengo no veo más que humo, no hay nada claro. Realmente tendrá la firme intención de resolver el caso o estará simplemente jugando a la política, total, ya mero se va, ¿no?
La duda que surge al que esto escribe, es saber cuál es la verdadera intención del Arzobispo. Con esta información que tengo no veo más que humo, no hay nada claro. Realmente tendrá la firme intención de resolver el caso o estará simplemente jugando a la política, total, ya mero se va, ¿no?
Tinta verde

Diario Milenio-México (07/10/08)
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Todo esto sucede en Madrid, en uno de esos días luminosos y de temperatura perfecta que, me dicen, abundan en septiembre. Caminaba por el Paseo La Castellana, nada más porque tanto el Paseo como yo nos encontrábamos ahí, en Madrid, cuando descubrí que observaba los árboles –frondosos, de un verde casi delicado– sin decirme “aquí voy, por el Paseo La Castellana, observando estos árboles, frondosos, de un verde casi delicado”. La sorpresa fue tanta que al detenerme, como se dice, en seco, solo tuve tiempo de observar a una mujer joven, vestida de azul celeste, con la que evite chocar en el mas último de todos los momentos. “Nunca seré como ella”, me dije, y continué pasmada ante el acceso directo que, segundos antes, había conseguido tener con los árboles de la Castellana. Creí, de manera por demás malsana, que el Algo Interno –eso que, con frecuencia, denomino como mi Alienígena—que describe sin parar todo lo que veo y, aún, sobre todo quizá, lo que no veo, finalmente se había cansado. En eso estaba cuando tuve que aceptar, con un horror que sólo puede ser provocado en este mundo por los Alienígenas venidos de otros, que en realidad lo que pasaba era más complejo que un cansancio cualquiera. Mi así llamado acceso directo a los árboles septembrinos de La Castellana no se debía, claro está, al fingido cansancio de mi Algo Interno, sino a la aparición, acaso súbita, acaso planeada con mucha antelación, de un tercer Alienígena que ahora, aprovechándose de su propia proclividad al silencio y la ironía, me veía a mí y al Algo Interno Original con suma atención y, tal vez, con un poco de misericordia. Temí, como es natural, que los Alienígenas estuvieran en una etapa de feroz multiplicación y, por eso y no por otra cosa, me introduje en el ABC Serrano, un centro comercial que, en esos instantes, me pareció el último refugio en el mundo contra la invasión rapidísima y, debo añadir, inmisericorde, que estaba sufriendo.
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Entré, dije, al ABC Serrano creyendo que ahí encontraría la paz de Lo Real. Pronto, sin embargo, pude comprobar que pocas cosas en eso Real merecen el apelativo de pacifico.
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Paso a explicar.
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Me entretuve un rato frente a los aparadores sabiendo, de manera radicalmente anticapitalista, que no compraría nada, hasta que no tuve alternativa y lo vi. Ahí estaba el nombre, a un lado de unas tres o cuatro plumas fuentes de diseños lejanamente orientales, sobre frascos octagonales de tinta verde: Omas. Dejé de respirar, lo juro, y luego, como en realidad mis opciones no eran muchas, volví a hacerlo. Eso. Respirar.
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–Así que tú existes– exclamé con cierto resentimiento en una voz lo suficientemente audible para comunicar mi mensaje y lo suficientemente baja para no llamar la atención de los otros clientes.
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Meses atrás, lo recordé todo esto de inmediato, había yo inventado a un tal Martynov N. Omas para uno de los capítulos de una novela que escribía en internet. Martynov había presenciado, de niño, el lánguido caminar de tres mujeres en la playa de algún innombrable Mar del Norte. Ese día, un día de luz por demás densa aunque débil, Martynov N. Omas había decidido escribir, una tarea de la cual había huido con inigualable destreza hasta el momento en que, muchos años después, le contaba toda esta historia a un psiquiatra argentino que trabajaba en Nueva York. Hasta ayer, por supuesto, yo creí que Martynov N. Omas era sólo un producto de mi imaginación. Presa de este golpe bajo de Lo Real, me apresuré a preguntarle a la presunta dueña del lugar –quien, por cierto, no me ponía la menor atención estando como estaba coqueteando descaradamente con un jovencito lleno de acne– por la historia de la compañía Omas.
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– Son de Italia –me dijo con el desenfado de quien no sospecha, no tiene la menor idea, de que Lo Real me golpeaba con una furia desatada–. Una isla –murmuró mientras ensayaba una cierta mirada soñadora que colocaba, tal vez sin saber, de manera automática sobre el rostro del seguramente desdichado jovencito.
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Le pedí, tratando de ocultar mi desesperación, un catálogo, alguna dirección, cualquier cosa que me ayudara a aproximarme a los Omas. Y ella me lo dio, así, como si nada. Puso dicho documento sobre mis manos y yo, sintiendo cómo Lo Real continuaba burlándose arteramente de mí, no tuve otra alternativa más que pagar por un frasco octagonal de tinta verde y, sin esperar el cambio, salir corriendo.
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Iba otra vez sobre La Castellana, ahora sin tener acceso alguno, nidirecto ni indirecto, con los árboles del Paseo, cuando volví a casichocar con La Mujer Que Nunca Seré (la reconocí por el vestido azul celeste). En esos momentos sospeché y, luego, casi de inmediato, estuve segura, que se trataba de una miembro más del clan de los Omas que llegaban a Madrid para recordarme que hasta la imaginación tiene un límite. Que nadie le puede ganar a Lo Real. Yo, como es obvio, tuve que introducir mi dedo meñique en la tinta verde para comprobar que nada de eso era, como se dice, cierto. Corrí, pues, hasta la habitación del hotel, donde recibí una misteriosa llamada. De otro lado del auricular, una mujer hablaba portugués y su acento, que asocié de manera por demás irracional con una playa solitaria en Brasil, me recordó a La Mujer Que Nunca Seré.
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–Eduardo Tarttoni –murmuró. Yo le pedí que repitiera el nombre. Ella lo hizo. Le dije que estaba equivocada, que ahí no se encontraba ningún Eduardo y mucho menos un Tarttoni, pero ella no me creyó.
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–Esta vez no me vas a engañar –dijo en un firme pero claramente fingido portugués de alguna costa lejanísima y más que solitaria de Brasil–. Esta ve me vas a oír.
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Colgué, por supuesto. Colgué y corrí las cortinas de la habitación. Colgué sabiendo, con una certeza que sólo puede ser provocada por Las Alienígenas venidos de otros mundos, que pronto oiría el timbrar algo aletargado, algo triste, de un teléfono que me comunicaría con los Omas.
lunes, octubre 06, 2008
Los monstruos del extremístico
Diario Milenio-México (06/10/08)
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Llamémoslos extremísticos. Son en esencia individuos celosos, tanto que si pudieran cancelarían hasta las últimas rendijas que permiten mirar hacia cielos distintos. ¿Quién podría querer enterarse de más, cuando lo que yo sé lo explica todo?, se preguntan, atónitos, momentos antes de dar libre curso a su rabia de viejos cazadores de brujas. Acostumbrados a confundir el parabrisas con el espejo retrovisor, miran hacia adelante con la mente atascada en el pasado. Gracias a su oportuna rigidez de estándares, pueden calificar a cualquier individuo distinto a ellos como un monstruo y llamar a la guerra en contra suya. Conocemos sus voces, son las que flotan durante días o años en la memoria de algún linchamiento. Voces acostumbradas a fustigar al diablo por su nombre. Voces autorizadas, afirman ellos mismos, que en nombre de su celo celestial se permiten los últimos extremos. Hoy que la inestabilidad planetaria plantea numerosos escenarios de horror, unos y otros extremísticos ya corren a echar mano de su menú de monstruos recurrentes. Antiguamente los llamábamos valores.
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1. La razón. Un extremista comienza a convertirse en extremístico desde el primer momento en que se ve asistido por la razón. Si en el ambiguo espacio de los hechos la razón como tal es menospreciada y ridiculizada por los extremísticos, sobre la tierra firme de las palabras cada uno se afana en subrayar su importancia, como lo haría el dueño de un perro de caza que jamás ha salido de su casa. En inglés, las personas están en lo correcto. En español, tenemos la razón. Si peleamos, será por conservarla: alguien que no la tiene nos la quiere quitar. Sentimos celos de ella, en el fondo. ¿Alguien sabe de algún ataque de celos razonable? Para los extremísticos, toda discusión es parte de la misma cruzada. Perderla es ya pecado; negociarla, herejía.
1. La razón. Un extremista comienza a convertirse en extremístico desde el primer momento en que se ve asistido por la razón. Si en el ambiguo espacio de los hechos la razón como tal es menospreciada y ridiculizada por los extremísticos, sobre la tierra firme de las palabras cada uno se afana en subrayar su importancia, como lo haría el dueño de un perro de caza que jamás ha salido de su casa. En inglés, las personas están en lo correcto. En español, tenemos la razón. Si peleamos, será por conservarla: alguien que no la tiene nos la quiere quitar. Sentimos celos de ella, en el fondo. ¿Alguien sabe de algún ataque de celos razonable? Para los extremísticos, toda discusión es parte de la misma cruzada. Perderla es ya pecado; negociarla, herejía.
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2. La opinion. Según los extremísticos, no existe. En todo caso lo hace como la mera sombra de la convicción. Y si la convicción nace naturalmente de la luz, se entiende que sus sombras no puedan conocer la independencia. Nada parecería enfadar a un extremístico tanto como esa vieja sapiencia liberal según la cual en gustos se rompen géneros, si a sus ojos fiscales es en el pantanoso terreno de las opiniones donde pelean a diario el bien y el mal. Entusiastas de un paraíso hipotético donde la gente está toda de acuerdo y nadie tiene nada que ocultar, los extremísticos sólo acreditan la presencia innegable de la opinión cuando ésta es unánime y les favorece. Decidido a eludir las probables sospechas de sus hermanos, el extremístico sólo opina mientras reza.
2. La opinion. Según los extremísticos, no existe. En todo caso lo hace como la mera sombra de la convicción. Y si la convicción nace naturalmente de la luz, se entiende que sus sombras no puedan conocer la independencia. Nada parecería enfadar a un extremístico tanto como esa vieja sapiencia liberal según la cual en gustos se rompen géneros, si a sus ojos fiscales es en el pantanoso terreno de las opiniones donde pelean a diario el bien y el mal. Entusiastas de un paraíso hipotético donde la gente está toda de acuerdo y nadie tiene nada que ocultar, los extremísticos sólo acreditan la presencia innegable de la opinión cuando ésta es unánime y les favorece. Decidido a eludir las probables sospechas de sus hermanos, el extremístico sólo opina mientras reza.
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3. La lógica. Desde los mismos años escolares aprendimos que aun y sobre todo las ideas más inspiradas pueden volverse objeto de estigma. Parte del espectáculo del extremístico consiste en dar saltitos y saltotes hacia fuera de la lógica estricta, unas veces para desesperar al adversario y otras para acabar de blindar a su rebaño contra cualquier posible contagio inteligente. Si se les ve entusiastas repitiendo una enorme y evidente burrada, ya puede uno inferir el poder que se oculta detrás de tanta beatitud gratuita. ¿Y no es éste, por cierto, un argumento digno de Caifás y Anás? El extremístico sabe que la solución más lógica se convierte en la más ilógica, si es que se le ha sabido estigmatizar.
3. La lógica. Desde los mismos años escolares aprendimos que aun y sobre todo las ideas más inspiradas pueden volverse objeto de estigma. Parte del espectáculo del extremístico consiste en dar saltitos y saltotes hacia fuera de la lógica estricta, unas veces para desesperar al adversario y otras para acabar de blindar a su rebaño contra cualquier posible contagio inteligente. Si se les ve entusiastas repitiendo una enorme y evidente burrada, ya puede uno inferir el poder que se oculta detrás de tanta beatitud gratuita. ¿Y no es éste, por cierto, un argumento digno de Caifás y Anás? El extremístico sabe que la solución más lógica se convierte en la más ilógica, si es que se le ha sabido estigmatizar.
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4. La neutralidad. Igual que a la razón, a todos esos traidores en potencia que se dejan llamar neutrales el extremístico los menosprecia con tanta energía como la que se gasta en cortejarlos. Una vez seducido y reclutado, no se espera por fuerza que quien era neutral deje de serlo, en la medida en que esta neutralidad coincida totalmente con la visión cerrada del extremístico en turno. El extremístico se dice neutral con la sola intención de joder la báscula, pues a su juicio ella menos que nadie tiene derecho a la neutralidad.
4. La neutralidad. Igual que a la razón, a todos esos traidores en potencia que se dejan llamar neutrales el extremístico los menosprecia con tanta energía como la que se gasta en cortejarlos. Una vez seducido y reclutado, no se espera por fuerza que quien era neutral deje de serlo, en la medida en que esta neutralidad coincida totalmente con la visión cerrada del extremístico en turno. El extremístico se dice neutral con la sola intención de joder la báscula, pues a su juicio ella menos que nadie tiene derecho a la neutralidad.
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5. La tolerancia. Parece cuando menos extravagante que un solo hombre echara por sus pistolas a no sé cuantos mercaderes instalados en el templo, y aun más raro sería creerse que después no volvieron a seguir con la vendimia, pero a los extremísticos les excita esta parte del evangelio, tanto como la imagen de Judas Iscariote colgando de la soga. Prohibir y castigar son verbos populares entre los extremísticos, para quienes el verbo tolerar es siempre sospechoso de complicidad. Siempre que el extremístico exige tolerancia, lo hace dando a entender que no tolera más que la obediencia.
5. La tolerancia. Parece cuando menos extravagante que un solo hombre echara por sus pistolas a no sé cuantos mercaderes instalados en el templo, y aun más raro sería creerse que después no volvieron a seguir con la vendimia, pero a los extremísticos les excita esta parte del evangelio, tanto como la imagen de Judas Iscariote colgando de la soga. Prohibir y castigar son verbos populares entre los extremísticos, para quienes el verbo tolerar es siempre sospechoso de complicidad. Siempre que el extremístico exige tolerancia, lo hace dando a entender que no tolera más que la obediencia.
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6. El respeto. Nadie mejor que un extremístico se ufana de estar al día en cuanto a quién merece su respeto, que no pasa de ser un visto bueno transitorio, y quiénes propiamente le brindan el suyo, más similar a la reverencia. Entre una y otra forma de respeto, el extremístico y sus seguidores reconocen toda suerte de jerarquías, establecidas según el tamaño del compromiso y la fidelidad de cada cual. No es casual, por lo tanto, que quienes tienen fama de rezar en voz alta disfruten asimismo del respeto que algunos extremísticos sólo conceden a quien muere en combate. Cuando se ve forzado a ofrecer su respeto a quien no considera digno del mismo, el extremístico lo hace con el rictus de asco remojado en horror que acusa la presencia de un monstruo personal. Si por él fuera, le prendería fuego.
6. El respeto. Nadie mejor que un extremístico se ufana de estar al día en cuanto a quién merece su respeto, que no pasa de ser un visto bueno transitorio, y quiénes propiamente le brindan el suyo, más similar a la reverencia. Entre una y otra forma de respeto, el extremístico y sus seguidores reconocen toda suerte de jerarquías, establecidas según el tamaño del compromiso y la fidelidad de cada cual. No es casual, por lo tanto, que quienes tienen fama de rezar en voz alta disfruten asimismo del respeto que algunos extremísticos sólo conceden a quien muere en combate. Cuando se ve forzado a ofrecer su respeto a quien no considera digno del mismo, el extremístico lo hace con el rictus de asco remojado en horror que acusa la presencia de un monstruo personal. Si por él fuera, le prendería fuego.
7. La dignidad. Antes de haber pensado en referirse a ella, el extremístico ya ha dividido al mundo entre dignos e indignos. Si sucede que uno forma parte, a su juicio, de los segundos, así sea esto por causa de un arranque de dicterios coléricos y arbitrarios, entonces tiene poco o nulo derecho a dignidad alguna, y desde luego que un buen extremístico se consideraría a sí mismo indigno de vivir si se dignara compartir valores con personas indignas de toda dignidad. No compartir valores con aquellos que no parecen meritorios, y entonces no aceptarlos, ni respetarlos, ni perdonarlos: en términos paganos, he ahí una licencia para matar.
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