jueves, noviembre 06, 2008

Una calavera Kultural

Diario Milenio-Puebla (06/11/08)
---
Pasa muy rápido el tiempo. Hace poco las lluvias eran frecuentes y molestas. Ahora se ha adelantado el invierno. Pronto estará acá el año nuevo y ya, otro más y otro menos en la vida de todos. A uno el tiempo le sirve porque va coleccionando cosas, recuerdos, anécdotas.
-
Estuve revisando los diarios estos días que los mexicanos hablamos de los muertos. No quise asomarme por el panteón, porque hay demasiada gente. Tampoco pude ir a Huaquechula, como lo hago cada año.
-
Me quedé trabajando y leyendo en casa. Vi las ofrendas que el ayuntamiento organizó en el Zócalo de la ciudad. A la Casa de la Cultura no puede entrar: me engento, qué neurosis la mía.
Leí muchos periódicos, muchas calaveras (unas escritas por mi amigo Manuel de Santiago) realmente buenas.
-
La de Manuel de Santiago estuvo dedicada a Ulises Ruiz. Las así conocidas como “calaveras” quedarán para el registro de la historia.
-
Si echamos un ojo por las hemerotecas podríamos enterarnos de la mofa y la opinión de la gente hacia los personajes de la vida en México de los años cincuenta y más allá.
-
Yo generalmente regalo los diarios a las hemerotecas, luego de que se me han acumulado.
-
No los conservo, porque me podría morir entre papel en lugar de quedar bajo la tierra. Recorto lo que me interesa y de lo demás me voy deshaciendo con los días.
-
Me acordé de una novela de Román Revueltas, creo, en donde el personaje, un marido ofendido, se va de la casa porque su esposa no lo aguanta leyendo periódicos atrasados.
-
En su sano juicio, nadie guardaría en su casa tanto papel. Para eso entonces están las hemerotecas.
-
Este año quiero reproducir aquí, ya que sé que para muchos lectores pudo pasar desapercibida, una calavera dedicada al Señor de los Pendones.
-
Ahora resulta que así se le conoce al dizque secretario de Cultura, porque tiene todas las áreas llenas de pendones. ¿Quién los hace? No es difícil saberlo, pero hay más pendones que libros editados.
-
Pues el Sr. de los Pendones fue motivo de una maravillosa calavera firmada por Polo Noyola, que lo retrata fielmente.
Cuando alguien pregunta por el Sr. de Pendones (es decir por el secre Montiel), nadie sabe quién es, nadie lo conoce.
-
Gocé por lo pronto la calavera a ritmo de Pérez Prado. Apareció en el suplemento llamado "Matria" Nº 21 de (obvio) noviembre de este aún 2008. Va y con ésta me despido: “Disfrazada de turista/ una calaca sin piel/ desapareció a Montiel/ sin dejar ninguna pista/ Un desastre natural/ no sé qué haremos sin él/ ¿Dónde está este perro fiel/ que gobernaba tan mal?/ Hay problemas de a montones/ Phillip Class ya canceló/ qué hiciste, pregunto yo/ con los 18 millones/ Sin esta noble criatura/ ya nunca será lo mismo/ pues pensaba que el turismo/ abarcaba la cultura/ Hay muertes de todo tipo/ esta me enchina la piel/ ¡Qué solo acabó Montiel/ que nunca formó un equipo!”
-
Y yo que me había propuesto no ocuparme de este oscuro personaje. Ni modo, la ocasión lo amerita.

miércoles, noviembre 05, 2008

“Esto no es una antología poética”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 05/11/08)

18 de diciembre de 2004: se podía leer en un blog el nacimiento de un proyecto de amplia envergadura enfocado a la poesía. Tal proclama era escrita a manera de prosa poética: “(…) Lucrecia y sus juegos. 13 libros. Cuenta regresiva. Cada poema muere bajo su propia muerte. Y reconquista su propia vida. 13 libros en un periodo de tres años y medio. Cuenta regresiva para evitar la burocracia del dinero y la necesidad de pedir fiado al gobierno. Tres años y medio para no morir en el intento. Sólo autores nacidos en los setenta. Sólo latinoamericanos. Lucrecia y sus curvas prodigiosas, o las tetas y nalgas de todas nuestras madres. Sólo la mejor y más auténtica poesía de los chavales nacidos al ritmo fogoso de Gloria Gaynor y Violeta Parra. Sólo lo mostro, lo machazo, lo más candinga. 13 libros que harán historia en la Historia de la Poesía de toda Latinoamérica”. Entradas más adelante El Billar de Lucrecia se definía de la siguiente forma: “un concepto verdadero de generación. Una generación que hemos denominado La Generación Picapica, conformada por poetas de alto riesgo y alta tensión que con sus poemas aplicados sobre la piel de los otros causarán gran irritación y comezón”. Hasta la fecha llevan 11 bolas poéticas que han sido lanzadas. Quien tiene el taco es la poeta y editora Rocío Cerón, cofundadora del colectivo MotínPoeta.
-
La bola 11 es una antología que bajo el título de “Nosotros que nos queremos tanto. Poesía contemporánea de México”, reúne a los siguientes poetas: Lumbreras / Faesler / Plascencia Ñol / Reynosa / Castillo / Herbert / Cabrera / Caballero / Fabre / Nepote / Ríos / Cerón / Ortuño / Sánchez. La antología es presentada por Marcelo Pellegrini –chileno destacado, nacido en Valparaíso en 1979, se desempeña en la vida como Poeta, traductor, profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Wisconsin-, y a su vez cada poeta es antecedido por otro presentador nacido en cualquier país de Latinoamérica, menos en México. Se plantea como una enemiga de los clichés a la hora de realizar antologías y dice diferenciarse de sus antecesoras desde la “Antología de la poesía mexicana moderna” conceptualizada por el grupo de Los Contemporáneos” pasando por “Poesía en movimiento” encabezada por nuestro Nobel mexicano: Octavio Paz, hasta terminar con “El manantial latente. Muestra de poesía mexicana desde el ahora: 1986-2002” de Ernesto Lumbreras, sin olvidar “Asamblea de poetas jóvenes de México” de Gabriel Zaid. Antologías que son reconocidas como las más significativas en el ámbito mexicano. Entre este mar y fuera de compadrazgos, aparece esta bola 11 para reírse de las de su género, según Pellegrini. Quien más adelante explica la gestación de ésta: “los poetas que conforman el consejo editorial de El Billar de Lucrecia, fueron invitados por Rocío Cerón, su directora, a participar en la antología; a su vez, ellos tenían la misión de invitar a otro u otra poeta a formar parte de la muestra. Después de eso, cada uno invitó a un poeta latinoamericano para que escribiera una breve presentación crítica de su obra”.
-
Una antología cuyo candado es respetar la ideología de la editorial –nada más cuerdo que eso- : sólo autores nacidos en los setenta y nacidos en Latinoamérica. Pero quizá sea la primera antología que establece un discurso interno, como si se conformara un poemario, en lugar de una muestra poética. Es sarcástica, irónica, burlona, cínica y celebra la amistad. Hacer obvio lo que las demás antologías hacen es, sin duda, la mejor crítica. Esto no es una antología poética, es una postura crítica y burlesca ante el mar de antologías poéticas.
-
La invitación
--
El viernes 7 de noviembre a las 6 de la tarde en Casa del Escritor (5Ote #201) se llevará a cabo la lectura de Escritores Inéditos, participan alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras-BUAP, del Colegio de Artes del Estado y de la Escuela de Artes-BUAP. Habrá bocadillos y vino de honor, vayan. Invita la Facultad de Filosofía y Letras-BUAP, la Dirección de Literatura de la Secretaria de Cultura del Estado y la Fuga Literaria.

martes, noviembre 04, 2008

La Novela Neo-catastrofista


Diario Milenio-México (04/11/08)
---
El conocimiento que producen las ciencias naturales se trasmina de maneras tan interesantes como masivas en nuestras interpretaciones más básicas de la vida cotidiana. Tal es el caso, por ejemplo, de las visiones newtonianas del universo que, extirpando el caos del sistema solar, nos entregan a la tierra como el componente singular de una maquinaria perfecta y auto-regulada —el universo— cuyos cambios sólo ocurren en largos periodos de tiempo. Lo mismo sucede con nociones darwinianas de la evolución que, borrando los grandes saltos de la cadena evolutiva, nos hacen pensar en el cambio, en cualquier proceso de cambio, como algo gradual y sujeto a una lógica progresiva que, de manera natural por encontrarse en condiciones competitivas, favorece la selección de los más fuertes. Tal como lo demostraron los más diversos ideólogos de la revolución industrial y, en México, los astutos miembros de la elite porfiriana a finales del siglo XIX e inicios del XX (aunque nunca solamente ellos), una selección estratégica de estas ideas, en general ancladas en nociones de progreso dentro de sistemas cerrados, ha sido fundamental para legitimizar la implantación de prácticas de vida y relaciones de poder que han beneficiado históricamente a una minoría con características de clase y raza bastante específicas. Si esto es cierto, como parecen atestiguarlo una plétora de estudios en el campo de la historia de las ideas y, más específicamente, de la historia social de la ciencia, entonces sería lógico argumentar que cualquier transformación, especialmente si ésta es radical, en el conocimiento que producen las ciencias naturales influenciará, a través del corrosivo de la crítica más que de la mimesis convencional, interpretaciones distintas de la vida social. Esta es la premisa básica que motiva la sección denominada “Ciencias Extremas” del libro Dead Cities, publicado por Mike Davis en 2002, traducido como Ciudades Muertas. Ecología, catástrofe y revuelta, y publicado por la editorial Traficantes de Sueños en el 2007.
-
Los neo-catastrofistas, en palabras de Davis, atacan las bases mismas de la geología victoriana proponiendo, en cambio, una geocosmología que parte, para empezar, de una visión abierta del universo para enfatizar la estrecha e histórica relación que une a la superficie terrestre con la celeste, construyendo así “una tierra existencial formada por la energía creativa de los cataclismos”. Lejos de las nociones gradualistas, y por ende conservadoras, de la evolución darwiniana y apegados a una lógica no linear que no teme desasociar causa y efecto, los neo-catastrofistas pintados por Davis parecen tener una visión más o menos benigna de las grandes catástrofes y están listos, por lo tanto, para reemplazar “el lento avance temporal lineal de la micro-evolución con las explosiones no-lineales de la macro-evolución”. No es coincidencia, por supuesto, que una propuesta que señala con tanta vehemencia el papel generativo del cataclismo haya resultado de interés para un pensador que, como Mike Davis, se ha dedicado por mucho tiempo al análisis de las fuerzas políticas y sociales que constriñen la experiencia humana hasta volverla casi imposible en cuanto tal, así como de las fuerzas revolucionarias que, liberando tal experiencia, la posibilitan. No es coincidencia tampoco, claro está, que esté yo ahora tratando de generar un vínculo entre esa visión que, desde el centro de la tierra y desde el marco referencial del cielo, rechaza con tanto vigor la mera posibilidad de una tierra lineal, y linealmente explicada, dentro de un universo de mecanismos tan regulares como perfectos, con una cierta manera de componer estructuras lingüísticas y propuestas estéticas a las que denominamos, por falta de mejor término, como novelas. Si lo que sigue es mínimamente fructífero, será posible pensar a las así (¿mal?) llamadas novelas experimentales menos como anomalías o meros ejercicios de decoración excesiva y más como procesos de conocimiento y de cuestionamiento allegados a una visión cataclísmica de la historia y del tiempo, y del lugar de la agencia humana entre ellos.
-
Darwiniana en su fe en el cambio gradual y progresivo que conduce a la supervivencia del personaje mejor delineado, y newtoniana en su aspiración aislacionista que reproduce movimientos regulares y, por lo tanto, predecibles y armónicos, es decir, entendibles, la novela convencional ratifica, independientemente del contenido de su trama, el estado de las cosas. Conservadora por antonomasia —y esto, repito, independientemente de las características de su anécdota— la novela convencional se construye poco a poco, siguiendo la lógica de la microevolución, hasta que una epifanía revelatoria explica, es decir, aclara, el meollo de su propia historia. Evitando el “extraño vals entre la tierra y sus cometas apocalípticos”, la novela convencional es clara y familiar, produciendo así las respuestas emocionales que, en nombre de otro científico por cierto, se denominan como pavlovianas.
-
En claro contraste, la novela neo-catastrofista, justo como la teoría geocosmológica de la que proviene la terminología, rechaza cualquier noción de causa-efecto, favoreciendo, en cambio, causalidades estructurales que emanan de “extraños loops de retroalimentación compleja”. Si los neo-catastrofistas vinculan, a través de “interacciones resonantes”, a los fenómenos del cielo y de la tierra, presentándolos como resultados altamente singulares de “emparejamientos de osciladores” dentro de un caos más o menos determinado, la novela que comparte ese nombre está dispuesta a recibir el impacto que abrirá, de repente y con gran fuerza y no necesariamente con una explicación lógica, “innumerables caminos posibles de evolución partiendo de la misma situación inicial”. Contingente e inexplicable, productora y producto de su propio proceso de producción, la novela neo-catastrofista nos enseña que, así como “el universo no está preñado de vida ni la biosfera de vida humana”, la escritura sólo en raras ocasiones contiene las condiciones únicas y acaso irrepetibles para dar a luz a la novela —esa composición histórica y política que rompe, porque ésa es una de sus posibilidades, con el estado de las cosas.

lunes, noviembre 03, 2008

El drama es el marcador

Diario Milenio-México (03/11/08)
---
Quimeras que dan sed
-
Una vez que la crisis dice aquí estoy, al cronista se le junta la chamba. No hay una gran catástrofe sin un sin fin de historias al respecto. La gente quiere que le cuenten lo que pasa, o hasta mejor que le hablen de otra cosa, pero el silencio se soporta mal. ¿Cómo iba a alimentarse la fe de nadie sin el relato de la dicha y la desdicha ajena? Fulana se sacó una casa en un sorteo. Zutano se metió un tiro en la boca. La familia Mengánez amaneció con sus muebles a media calle. Historias más o menos inexactas que exigen ser contadas, aunque para lograrlo haya que reinventarlas. Historias que se anuncian revolviendo el estómago de quien recién se entera, como la de esa niña somalí que fue muerta a pedradas por desdecirse de una acusación de estupro tumultuario. Historias que divierten a la inmensa mayoría plebeya, como las opiniones de la reina Sofía, un tanto sorprendentes para quien piensa que sus reales privilegios no incluyen el derecho a abrir la boca más que para comer y lavarse los dientes. ¿Qué sentido tendría preñar cada domingo a los televidentes de competencias y largometrajes, sino saciar esa sed de quimera que en los tiempos difíciles se multiplica? ¿Quién aguanta el domingo sin siquiera una dosis de ardores impunes?
--
Un domingo en las carreras
-
Pocos planes parecen tan suculentos a los ojos de un niño como el de que lo lleven a las carreras de autos. Un espectáculo particularmente aburrido para quien no comparte la mística que abunda en derredor suyo. En rigor, no se entera uno de nada. No a tiempo, cuando menos. Ni del todo, ni con exactitud. Se ven pasar los coches y con trabajos llega uno a saber quién entre los punteros va adelante. Y eso porque la gente lo repite, de modo que es frecuente dar por bueno el rumor infundado y celebrar o lamentar en falso. Situación muy propicia para absorber ese halo de fatalidad que acostumbra rondar dondequiera que alguien se juega la vida en público. Aun con la desventaja propia de su tamaño y el escaso respeto que su corta experiencia convoca, un niño en las carreras acaba por enterarse de todo. No en balde está presente donde crece la mística que más tarde lo hará envidiable a los ojos de sus iguales. Atrapado por ese permanente torneo que es la edad infantil, el niño vuelve de las carreras con la emoción de quien recién corrió en la pista de sus sueños. Ya el puro olor del combustible quemado le da una sensación de persona-de-mundo que ningún otro juego le proveería.
-
Son asuntos de niños, las carreras de coches. Pocas rabietas hay tan infantiles como las protagonizadas por los pilotos que acaban de chocar y se aprestan a darse con el casco. Pero el drama está allí, por hueco que parezca a los extraños. Toma aún más trabajo adelantar al primer piloto que pelearse con él a cuchilladas (aunque estas en teoría sean un poco más emocionantes). Ello explica que quienes asistimos al Gran Premio de Brasil —en la televisión, donde una multitud de cámaras intrépidas y datos duros lo convierten a uno en lector omnisciente— entrásemos en una suerte de trance colectivo durante las últimas cinco vueltas al circuito. Mientras allá todo era confusión, uno podía asistir a los detalles íntimos de la carrera, como en aquellas tomas desde el monoplaza, donde incluso se escuchan los diálogos entre el piloto y sus técnicos...
--
El drama y la parálisis
-
La carrera es dramática por los números que viene arrastrando. Para llevarse el campeonato mundial, Felipe Massa debe quedar en el primer lugar, y además esperar que Lewis Hamilton termine en el sexto. Pero viene en el quinto. Faltan ya cinco vueltas y comienza a llover. La mayoría apuesta por lo más sensato, que es gastarse unos cuantos segundos en cambiar llantas. Cuando esto ha sucedido, a tres vueltas del fin, uno de los punteros, el alemán Timo Glock, ha resuelto jugársela con las mismas ruedas, y esto lo deja en el cuarto lugar. Otro alemán —Sebastian Vettel— tampoco se conforma y consigue quitarle el quinto puesto a Hamilton. En la vuelta final, mientras Massa cruza la meta en el primer lugar, la lluvia arrecia y Timo Glock lo reciente, de modo que en la última curva es rebasado por Hamilton. La pantalla muestra a los dos equipos —Ferrari y McLaren— celebrando, así como el momento del derrumbe, cuando el padre de Massa observa el monitor y encuentra que su hijo no será el campeón.
-
El director de cámaras sabe muy bien qué hacer en estos casos. Entiende que nosotros estamos todavía con la respiración cortada, presas de un pasmo intenso que muy pocas noticias nos merecen. Por eso elige los close-ups a la cara de Massa, que está arriba del podio celebrando lo incelebrable, pues ganó la carrera y perdió el campeonato. Ya le brillan los ojos por las lágrimas, nos enteramos de cada uno de sus rictus. Somos, junto a él, una pandilla de niños aturdidos por emociones que nos rebasan. Hemos viajado abordo de su mismo vehículo y escuchado las mismas palabras que él. Más que en sus zapatos, conseguimos meternos en su cabina y verla pista desde donde él la ve. Unos somos Felipe Massa, otros Lewis Hamilton, pero también pudimos ser Kimi Raikkonen, y Fernando Alonso, y Heikki Kovalainen. ¿No es eso acaso a lo que nos gustaba jugar cuando niños, ser otros y con ellos sentirnos héroes, cambiar de identidad a cada nuevo juego, e incluso a la mitad del que jugábamos?
-
Cuentan que al terminar la ceremonia de premiación en la pasada final de Wimbledon —la más dramática y reñida de la Historia— Roger Federer lloró largamente en el vestidor. Y he ahí la ventaja de quien se pone en el lugar del niño. Cuando el juego termina y el domingo amenaza con pintarse de desconsuelo, uno cambia el canal y apaga la tele. Fin de la historia. Es hora de arrancarse con otra.

viernes, octubre 31, 2008

Cuasi poesía

Los poetas leen poesía entre poetas,
“cuasi poetas”, tal vez “poetas”,
pero nadie escucha,
sólo leen de noche
a la luz de una lúgubre lámpara,
en un recinto antiguo y frio,
y se dedican “poesía”,
probablemente, piensan,
que así el público y el colega,
pondrán atención.
-
Cerca de los poetas
están los ritualistas de la cerveza,
que es bebida y acompañada
con un cigarro,
seguramente, hablan de los poetas
que leen “poesía”:
“éste es bueno”, “no, aquél es mejor”,
“calla, tonto, el canoso es tremendo”.
-
La poesía es un rito,
requiere, en primera instancia,
de un poeta que escriba poesía,
luego la publicará,
para después ser leída
con la enjundia y el tono
que el poema exige,
ante un público repleto,
seguramente de poetas.
-
Los maestros, ahora leen
verdadera poesía,
que cala, penetra y se esfuma,
es poesía.
-
Los aprendices de poeta
escucha poesía,
atentos esperan descifrar
y desentrañar las claves
del arte de la poesía,
y antes, desde luego,
convertirse en poeta,
la pose importa mucho.
-
“Salud”-dicen en el fondo-
“por la poesía”, brindan,
siempre es un buen motivo
brindar por la poesía.
-
Los aprendices escuchan
y asienten cada verso
que el poeta lee,
lo valida, pero ¿lo comprenden?
-
Y la poesía evoca a los muertos
un día antes de los días
que se dedican a la muerte.
-
La muerte que danzaba
a media tarde, luchando
para no ser desterrada, exiliada,
desplazada por la cultura de la calabaza.
-
Por cierto, hoy lo poetas
hablaban del exilio, o al menos,
bajo el exilio otorgado y/o buscado.
El exilio, es una variante de la muerte.
-
Días atrás, un poeta se quejaba
de la pose y la excesiva abundancia
de “poetas” en la tierra,
y yo como poeta, escribo poemas,
no poesía, jugando a imitar
a un viejo amigo, que como yo,
está en igualdad de circunstancias.

Una foto de poetas

Una de las mesas de lectura del IX Cngreso de Poesía y Poética, dedicado esta ocasión al exilio.
En esta imagen aparecen de izd a derecha: Julieta Cortés, Javier Zuñiga, Saúl Irbagoyen, Renato Prada, Raúl Renán, Ldmila Biriukova.

Critica Palou García las poses poéticas-(Intolerancia diario/Cultura-Federico Vite 30/10/08)

Durante la presentación del poemario Ciudadela de Miguel Maldonado, Pedro Ángel Palou dio una cátedra acerca de porqué la literatura se ha vuelto una mercancía.
---
La presentación del poemario Ciudadela de Miguel Maldonado sirvió de pretexto para que el narrador, ahora investigador de la Sorbona de París, Pedro Ángel Palou García diera una cátedra de por qué la literatura se ha vuelto una mercancía.
-
El pasado miércoles por la noche, el auditorio de San Pedro Museo de Arte fue testigo de una de las presentaciones de libro más concurridas en Puebla, pues ante cien personas, los escritores José Prats, Fritz Glockner y Pedro Ángel Palou García disertaron acerca de la poesía nacional. Tomaron como referencia el libro Ciudadela para comentar las mil y una poses que los poetas nacionales tienen.
-
El tercero en turno, como plato fuerte fue Palou García, quien inició su comentario hablando de la facultad de los jóvenes escritores por ser poetas. “Todo joven que escribe quiere ser poeta, pero no entienden que lo más difícil es hacer poesía”, dijo. Maldonado, agregó, ha dicho en conferencias de prensa que su libro es un testimonio de ser indocumentado, pero este poemario trata una experiencia que se vuelve literatura al confrontarse en el papel. “Maldonado sabe que escribir también significa ser despiadado con las experiencias, traducirlas en documentos literarios, en hacer terrorismo con el lenguaje”, expuso.
-
En México, afirmó, como en varios países de lengua española hacer literatura se ha vuelto una forma de mercancía, se manejan los libros como un producto, no como una planta nuclear que genera su propia energía. “En este poemario descubrimos eso, es un libro que genera su propia energía, nos recuerda que escribir es una forma de nombrar indirectamente, como lo hizo Shakespeare”, explicó.
-
Cuando uno escribe, aleccionó, debe de desechar las frases viejas, las poses, la forma casada de escribir.
-
Los comentarios de Glockner estuvieron relacionados con la fortaleza de leer un poemario que aunque aborde la fragilidad humana, potencia la vitalidad del ser humano.
-
Por su parte, Prats mencionó que tras la primera edición de Ciudadela, la cual obtuvo el premio Gutierre de Cetina 2006, tiene una nueva forma de leerse, un diálogo dentro del propio libro.
-
Maldonado agradeció la presencia del público. Leyó algunos fragmentos de su libro e invitó a que el público que deseara platicar con los comentaristas y el autor lo hiciera durante el brindis de honor.

jueves, octubre 30, 2008

Fuga a la muerte

Diario Milenio-Puebla (30/10/08)
---
El título completo de este libro del investigador Alejandro Padilla es El primer paso y fuga a la muerte, la historia de Pablo Alvarado Barrera, edición que fue presentada en Puebla en días pasados por Rubén Aréchiga y el periodista Alfonso Yáñez Delgado.
-
Sólo tres investigadores, luego de 35 años, han dedicado espacios para hablar del asesinato de Pablo Alvarado Barrera, ocurrido en Lecumberri la noche del 4 de diciembre de 1971.
-
En algunos momentos de la lectura, uno piensa que está ante una novela por la manera en que Alejandro Padilla se dedica a narrar los hechos.
-
Padilla supo de la muerte de Alvarado Barrera desde el primer momento; él era entonces estudiante de la primera generación del CCH Oriente. El libro que pudimos conocer y leer es el producto de muchos años de entrevistas e investigación acerca de la extraña muerte que rodeó al personaje. Aunque poco se conoce de la vida de Pablo Alvarado, en El primer paso… hay pistas que nos van guiando hacia él. Resulta interesante saber por qué nadie quiso hablar nada después de los sucesos de esa noche en El Palacio Negro de Lecumberri; y por qué, quienes han investigado el Movimiento Popular Estudiantil de 1968 no le han dedicado una sola línea. Es más, dice el autor del libro, “no aparece en el registro de ningún índice onomástico”.
-
Enigmática personalidad la de Alvarado Barrera: no tenía familia. Hijo único, cuando fallece su madre (no conoció a su padre) se dedica con poca fortuna al magisterio en la Sierra de Chihuahua, de donde era originario. Alvarado Barrera había nacido en Santa Eulalia, lugar donde se explotó hasta que sus vetas quedaron vacías, la plata.
-
Al parecer, el asesinato de Pablo Alvarado Barrera se trató de un plan bien elaborado para quitarse de en medio a un luchador social que se presume estuvo vinculado un tiempo a la Ugocem. Ante el pretexto de que pretendía fugarse junto con otros dos internos, le dispararon cuatro tiros, todos a quemarropa y en la cocina de Lecumberri a las 10.45 de la noche.
-
Narra el autor que, ante el sentido que le alertaba de algún peligro inminente, Pablo Alvarado se negó a ir a la cocina, desde lo estaban llamando para ultimarlo.
-
En los anexos de El primer paso… podemos ver parte de su vida: un maestro con mucha inconsistencia, un hombre que no le gustaba permanecer en un solo lugar, un hombre que se interesaba por los demás y desapegado a los bienes materiales.
-
Un misterio sigue cubriendo la muerte de Pablo Alvarado. En efecto: no perteneció a movimiento político alguno, no militó en las filas de ningún partido político y fue violentamente asesinado en Lecumberri en 1971.
-
Alejandro Padilla realizó la investigación con recursos propios. El libro, no está de más decirlo, fue rechazado por dos editoriales, por lo que se decidió una impresión de autor. El libro está en las Gandhi y ahí puede conseguirse, si al lector le interesa conocer esta historia que fue parte de la Guerra Fría.

miércoles, octubre 29, 2008

El re-encuentro y la presentación

En la foto, dos personas que son parte importante de mi vida: Carmen Barranco, mi adorada y querida novia, y Pedro Ángel Palou, el eterno amigo y maestro.

“Contra las buenas intenciones”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 28/10/08)

Cual cartel de box, la portada del libro número 6 de la colección “Versus” de Tumbona Ediciones, anuncia al lector que se encontrará con dos ensayos antipáticos que pelean contra las nuevas variantes de una vieja afición: meter las narices en lo que no nos incumbe. Un alemán y un mexicano escriben contra el apapacho y los entrometidos, respectivamente.
-
El primero en abrir la pelea con el texto “¿Todo bien?”, es Hans Ulrich Gumbrecht (Würzburg, 1948), quien ha escrito “Producción de presencia” y “Elogio de la belleza atlética”. Dicho ensayo aparece escrito a manera de carta y con un humor sarcástico y negro, el autor hace una breve reflexión crítica-comparativa del comportamiento del europeo y del californiano. Critica la excesiva felicidad californiana y añora al mismo tiempo la frialdad europea, pero también hace un claro énfasis en el daño que hace el extremo de cada postura y termina por optar por una sana indiferencia, pues así uno se podría librar de hacer preguntas socialmente correctas y sinceramente falsas: ¿está todo bien?, cuando en realidad es un mero formalismo, pues al ejecutor seguramente no le interesa saber los detalles de tu vida que te hacen comportarte de una u otra forma, la indiferencia serviría para alejarse de ser víctima de un sermón que busca regresarlo a uno por el buen camino de la conducta adecuada dentro de la sociedad.
-
“Los entrometidos”, segundo alegato en cuestión, es escrito por Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976), quien recientemente fue finalista del Premio Herralde de Novela 2007 con su obra “Recursos Humanos”, entrega, ahora, al lector este divertido ensayo que hace una reflexión sardónica sobre una experiencia que tuvo al asistir a un taller literario en el cual se intentaba hablar de una obra que no habían leído y sobre la cual antes que entender el mensaje de la propia novela, si es que lo tiene, buscaban ver si la obra había tomado aspectos de la realidad mundial o quizá estaba basada en una experiencia de vida del novelista. Pero Ortuño, dice, y lo hace bien, que esto es imposible pues “escribir no es mostrarse, sino ocultarse y mutar”. Y le pide al lector que deja de pensar que el escritor hace novelas para ahorrar la paga de un psicoanalista y pide al crítico literario estudiar a la obra bajo la lupa de la estética si es que se piensa abordarla desde el aspecto de la construcción, pero si uno quiere ponerle énfasis al contexto, entonces se debe hacer desde la análisis del fenómeno literario.
-
El diván sentimental
-
Querido Mario Alberto: a nombre de mis padres, Marcelino Godínez y Silvia Pérez, de mi novia, Carmen Barranco y a título personal, te enviamos a través de estas palabras, un sincero y fraternal abrazo, acompañado de amplios y francos deseos para que pronto encuentres la paz y el ánimo para seguir adelante. Una vez más, querido amigo y hermano, para ti de todo corazón recibe un abrazo y ósculo de paz.
--
Invitación
-
Este miércoles a las 19:00 horas en Museo de Arte San Pedro se presenta el poemario “Ciudadela” de Miguel Maldonado. Lo acompañarán Pedro Ángel Palou, Fritz Glockner y José Prats

martes, octubre 28, 2008

La consagración de la pangea

Diario Milenio-México (28/10/08)
---
Un “cúmulodepalabras” pasa ahora mismo sobre la página. A través de la ventana es posible ver la “monumental M” de la montaña. La tormenta que se avecina será, sin duda, “una precipitación de palabras fundamentales”. La península es un tumor. Después, cuando todo acabe, quedará la “mancha en el asfalto. Fuera de foco/ lúbrica la visión del mecánico”. El firmamento, arriba; la fragancia de ciertos jardines, abajo; en medio: ese estado mental dentro del cual surge, con definitividad temeraria, la visión: “la distancia entre Liechtensein y Uzbekistán es un mar”.
-
De aquí hacia allá: la mirada en el telescopio.
-
De allá hacia acá: la mirada en el microscopio.
-
Entre una y otra: la tecnología del lenguaje sideral.
-
De la cintura del continente al registro de los cráteres que contienen “el alma lunar”, el Transterra de Gerardo Villanueva abraza el globo terráqueo en su amplitud más majestuosa y también en la más humana. Activan el ojo, es cierto, pero sus palabras van dirigidas, sobre todo, al pie. Levántate y anda, murmura su Lázaro privado. Toca. Percibe. Elévate y, luego, húndete aquí, nada (de nadar). Nubosidad variable. Sobrevive. Esto es una grieta. Aquí se abre una cartografía privada. El meridiano de la ansiedad se escribe así. La altitud. El viento. Las fronteras. ¿Sientes el palpitar de la geografía bajo la palma de la mano o en el rabillo del ojo? Más que agente globalizador, ese Lázaro que repta iconoclasta en las páginas transterrenas de Villanueva es, para utilizar la terminología de la teórica y crítica literaria Gyratri Spivak, un sujeto planetario. La diferencia entre uno y otro es estética, ciertamente, pero también es política. La diferencia, en todo caso, va más allá de la terminología y tiene que ver con los lazos que vinculan—ya con melancolía o con silencio, ya con celebración o movimiento—a los unos con los otros—al uno con el otro: la naturaleza y la consciencia, el paisaje y la ciudad, la historia y el cosmos.
-
En Transterra, quiero decir, las grandes derivas no son abstractas. Aquí la historia se escribe con la mayúscula de las dimensiones estelares y con la minúscula del cuerpo. Telescopio y microscopio al mismo tiempo, el sujeto planetario entiende que la alteridad, en efecto, “nos contiene y nos arroja fuera de nosotros mismos” al mismo tiempo; que, como también lo afirmaba Spivak, “lo que está por encima y más allá de nuestro alcance no es un continuo con nosotros ni es, de hecho, una discontinuidad”. Aquí el sujeto, en efecto, se sujeta: a la superficie terrestre, al devenir de la historia, a la memoria personal, al otro. El ser es una criatura, aquí. La fuerza de la gravedad. Divino y terreno a la vez, en continua retroalimentación con lo que lo rodea, el sujeto planetario se desliza con singulares poderes de percepción sobre esa “tierra existencial”, como la denominara el crítico social Mike Davis, “formada por la energía creativa de sus catástrofes”
-
Atenta a la superficie terrestre y a sus fenómenos tanto naturales como humanos, la poesía de Villanueva hace eco de los postulados de una geología contemporánea afincada en una reconsideración puntual de la catástrofe. Contrario a los universos aislados y predecibles que configuraron las imaginaciones de Newton, Darwin y Lyell, la tierra que imaginan unos cuantos científicos conocidos como neo-catastrofistas—entre los que se cuentan Kenneth Hsu en China y Mineo Kumazawa en la Universidad de Nagoya—no es inmune para nada al caos astronómico. Al contrario, parte singular de un sistema solar histórico que no parece preñado de vida a la menor provocación, la tierra es la corteza donde convergen, y esto continuamente aunque a escalas de tiempo distintas, eventos terrestres y procesos extraterrestres cuya evidencia más dramática aparece, precisamente, en forma de impactos monumentales de los cuales se generan las catástrofes. En Transterra, Gerardo Villanueva produce las palabras de esa geocosmología: una amplitud descomunal, una precisión casi científica, el guiño del humor, el fluir constante. Sus náufragos “llegan a Islas Galápagos,/ encuentran un nativo/ sin lenguaje para celebrar/ la recepción. Sus vouyeristas meditan: “Los cúmulos globulares vistos de lejos/ parecen supernovas./ ¿Acaso se trata de un nudo electromagnético, un triángulo amoroso, o/ una galaxia irreverente ? Lo mismo da./ Aquí, las leyes de Kepler se enredan, mientras en el televisor/ la pornografía sigue”. Sus radioescuchas (castellanos o panamericanos o simplemente americanos) le dan pie para invitar a Severo Sarduy: Yo diría que Artaud fue a la Sierra Tarahumara para escuchar.
-
De una cierta contraesquina del Pacífico (Tijuana) a la cintura del continente (Oaxaca), de la urbe finisecular (la Ciudad de México) al triángulo de la Polinesia, el sujeto planetario Transterra, que es sólo otra forma de decir “se mueve en el lugar más hondo que es el aquí”. Fuera, pues, del discurso abstracto de la globalidad y enraizado, al contrario, en el más concreto de los posicionamientos errantes, este Transterra transita e inventa un planeta nervioso y herido, cejijunto, socavado. Vivo.
-
* Nota introductoria para el libro Transterra, de Gerardo Villanueva (Guadalajara: Litoral, 2008).

Recuento de los daños

Día: 27 de octubre de 2007, 7:14 horas, apróximadamente.
Lugar. hogar del accidente, este, es el que escribe.
Acción: el portón de mi casa se cayó encima de mi.
Resultado: dedo meñique de la mano izquierda lastimado.
Condición: pellejo levantado, harta sangre y mucho dolor.
Método de curación: lavado especial, lunes y miércoles, gasa permanente en la herida. Y buscar vacuna contra el tétanos.

lunes, octubre 27, 2008

Teología de Birján

Diario Milenio-México (27/10/08)
---
Las crisis traen mala suerte
-
Casi todos creemos poder establecer las fronteras entre conocimiento, fe y superstición, pero hay días en que ellas se establecen solas. A los .naturalmente optimistas nos acomoda creer que esto es bueno, aunque para lograrlo tengamos que pisar los territorios de la superstición. Cuesta trabajo creer que unos cuantos cupones pueden valer millones de dólares, y ya entrados en desconfianza debería costarnos igual tragarnos el cuento de que un millón de dólares vale efectivamente un millón de dólares. Espeluzna pensar en todas las variables que esa constante acepta, y todavía más verse rodeado de ellas. Tener que vivir años en los que nadie sabe lo que vale nada y los pesos jamás pesan igual. Descubrimos muy tarde que, vistas las manazas entre las cuales se hallaba despatarrada la economía norteamericana, un dólar no valía tanto como un dólar. Añadamos a ello esas decorativas planillas de cupones que a tantos los han hecho sentir millonarios aun en la mera víspera de su ruina. Tarde se entera uno de que la fe que puso en sus conocimientos no pasaba de ser superstición.
-
“Yo le habría pagado más”, opinó cierta vez un amigo aspirante a financiero en torno al sueldo anual de Lee Iacocca, luego de haber salvado a Chrysler. Sonaba por entonces a mucho dinero: veinte millones de dólares. Pero a mi amigo y buena parte de sus colegas les parecía poco. A saber si Iacocca mismo no se consideraba estafado. El asunto es que ahora, cuando ya nadie sabe lo que vale un dólar, nos enteramos de ciertos ejecutivos cuyos sueldos anuales pasaban de doscientos millones de dólares. ¿Pensarían también que merecían más, albergarían esperanzas al respecto? ¿Quién pondría su endiosado dinero en un banco cuyos lobos y jerifaltes reciben sueldos de ese tamaño —síntoma de que el juego ya dejó de ser serio— sin sospechar que al cabo va a acabar siendo él mismo quien tenga que formarse para pagarlos? Si la superstición se define como aquella tendencia inexplicable a creer en algo a ciegas y contra la razón, no andará muy errado quien concluya que incluso los más civilizados aterrizan en el siglo XXI con el ímpetu de una turba de idólatras. Muy mal anda la fe cuando ni los más fieles pueden establecer el valor de su dios.
--
Por unos denarios más
-
Según decía mi maestra de catecismo, el pecado mayor de Judas Iscariote había consistido en comulgar sin antes confesarse. Un cargo procesal más bien tedioso, comparado con la noticia a ocho columnas donde se habla del hombre que vendió a Jesucristo. Es muy extraña, la gente normal. Se sienten complacidos de saber que también matones y traidores guardan algún respeto por las normativas. ¿No es justamente dentro del reino de la norma que un dólar vale un dólar y, excomunión aparte, treinta denarios son treinta denarios? Ignoro por supuesto de qué color se ve la realidad desde un sueldo mensual de veinte millones de dólares. ¿Qué se hace con ocho millones de pesos diarios? Se vuelve uno loco, por supuesto. Se hace a la idea de que el mundo es suyo. Valdría preguntarse quién es el cocainómano terminal que ha puesto las finanzas del universo en manos de unos nuevos ricos silvestres capaces de vender tres veces al género humano y comprarlo más tarde por una bicoca. Creer en esa alquimia como un timo posible no parece mucho menos supersticioso que forrarse de dinamita con clavos y estallar en pedazos esperando que al próximo instante su alma se entregará a deleites sensuales profundos y cuantiosos. Claro que en este caso se espera aterrizar en un colchón de dólares, que de cualquier manera algo tendrán que valer.
-
Desde un punto de vista desapasionado, el pecado de Judas no es contra Jesucristo —que bien lo vio venir, sin esquivarlo— ni la suma total de la cristiandad —entonces no más grande que un fan club— sino contra el mercado. Ponerle precio a la cabeza de un Miembro de la Santísima Trinidad es una felonía que desquicia el espíritu de las cotizaciones, desde el momento en que osa cotizar en moneda corriente a un Igual del Espíritu Santo. Si aún hoy para algunos el señor Iscariote es referente nefasto, sobran quienes encuentran en su ejemplo una justificación de la naturaleza humana, a la cual ya se entiende que ahora menos que nunca son ajenos. Cuando supuestamente se cuelga de un árbol, Judas consagra el triunfo de los administradores de la justicia sobre los administradores de la libertad. ¿Cómo creer, no obstante, en unos u otros sin volverse un supersticioso de mierda?
--
La ficción quebradiza
-
Lo divertido de las crisis económicas es que cada quien tiene una teoría muy lógica al respecto. Soporta uno la crisis, no así que insista ésta en ser inexplicable. Y como pasa que ésta no se está quieta, toda teoría se convierte en superstición en cosa de horas. La verdad es que nadie sabe la verdad, si a cada instante sus protagonistas van dejando de serlo porque en el río revuelto abunda antes que nada la competencia. Ya no la de productos, como la de farsantes y profetas baratos, usualmente los grandes ganadores tras una crisis de gran tamaño. ¿Cómo va a cocinarse alguna fe, allí donde no duran ni las supersticiones? Casi tanto como la crisis en sí, fastidia la certeza de los iluminados que claman comprender a fondo sus intríngulis, de un modo extrañamente favorable a su causa.
-
Desde un punto de vista literario, una crisis es similar a una novela cuyo argumento se nos cae. De una página a otra, el escritor nos ha decepcionado. Se fue por la salida más sencilla, no podemos seguirle dando crédito. No era que no gustásemos de ser engañados, es que a nadie le gusta desengañarse. Cuantimenos así, en tropel planetario. Tal vez no cambie el mundo, pero sí que lo harán ciertas supersticiones, no bien los inventores de la ficción en boga las eleven al rango de conocimientos.

domingo, octubre 26, 2008

Contigo MAM

Este blog, tarde, pero de forma sincera me uno en tu perdida, querido amigo Mario Alberto Mejía, te mando un sincero abrazo y deseo encuentres pronta recuperación, así como la paz y ánimo necesarios para continuar con la vida.
Desde acá te envio un ósculo de paz y un abrazo fraterno.
Mi hermano y amigo.

"Ciudadela" de Miguel Maldonado

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes invita:

Presentación del libro
Ciudadela de Miguel Maldonado

Presentadores:
Pedro Ángel Palou
Fritz Glockner
José Prats

29 de octubre a las 19 hrs.
Museo de Arte San Pedro. 4 norte 203 Col. Centro.

jueves, octubre 23, 2008

Historias de insomnio

Diario Milenio-Puebla (23/10/08)
---
No hay una receta para escribir. Hay manías, muchas. Cada escritor cuenta con una. He sabido de gente que sólo puede escribir de noche, otros en la madrugada, hay quienes lo hacen mejor si está nublado, y también hay quienes sólo lo logran si se fuman media cajetilla de Raleigh.
-
Ahora que estoy leyendo una novela de Stephen King, La milla verde (el pasillo de la muerte) me doy cuenta que, aparte de confesar una manía da también un práctico consejo para quienes sufrimos de insomnio o de ansiedad. Lo bueno de todo esto es que no se requiere ser precisamente un escritor para seguir el buen consejo.
-
Dice Stephen King que sufre, desde hace mucho, de insomnio. Y yo entiendo (lo he padecido) que el insomnio es una de las cosas más terribles que le pueden pasar a uno. La mayoría de la gente no haya qué hacer: se levantan, miran por la ventana, se toman un té de azahar, encienden el televisor, etcétera. Y Stephen King explica que ante el insomnio ideó una buena manera de combatirlo.
-
Tener una historia en mente fue el remedio. Se cuenta a sí mismo, mientras está acostado, en la total oscuridad, una historia que escribe mentalmente como lo haría en la máquina de escribir o –lo dice— en el ordenador. Explica que con frecuencia vuelva atrás y modifica todo. Y vuelva a modificar las construcciones, elimina frases, agrega otras, suplanta y termina cuando se va quedando dormido. Al cabo de un tiempo se ha aprendido todo de memoria, después de la quinta o la sexta noche, y es entonces capaz de aprenderse párrafos enteros. “Puede que esto parezca una locura, pero resulta relajante… y como forma de matar el tiempo, es infinitamente mejor que contar ovejas,” termina diciendo.
-
Pero también advierte que las historias pueden desgastarse con el tiempo, que ya no son las mismas y que llega así el momento de buscar otra historia que espera que lleguen en las largas temporadas de insomnio, ya que las horas se vuelven eternas. Así fue que Stephen King trabajó La milla verde (el pasillo de la muerte), una novela que se desarrolla en una penitenciaría de Cold Mountain cuando los condenados a muerte aguardaban el momento de ser conducidos a la silla eléctrica: “una pavorosa radiografía del horror en estado puro”.
-
Así, en todo caso, el recurso de Stephen King es aprovechado para la creación. Que duerma menos el autor y que nos siga entregando sus magníficas novelas que he leído con tanto gusto.
-
Pero ese gran consejo de Stephen King se puede extender a todos los oficios: el ingeniero puede reconstruir sus carreteras aprovechando el insomnio, el carpintero sus mesas y sus sillas, el agente viajero sus formas de presentarse, el maestro clarificar sus clases y el perverso a perfeccionar su perversión. Y los que sufren de un poco de ansiedad también se pueden contar historias, si es que no duermen bien.

miércoles, octubre 22, 2008

“Contra los poetas”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 22/10/08)

Como una crítica a las viejas e inoperantes estrategias de difusión y producción editorial, nació Tumbona Ediciones, que goza de cabal independencia en el medio editorial y se ha preocupado por reunir diversos creadores artísticos, quienes buscan hacer de la lectura una experiencia estética, a través de estrategias ingeniosas y activas por medio. Aparte de ser una editorial contestaria ante el monopolio de las grandes editoriales, ésta ha desarrollado ediciones integrales y divulgación de los géneros más desatendidos por el medio: cuento, ensayo, aforismo; de igual manera buscan rescatar aquellos libros que han ido a parar al sótano del olvido y también le dan espacio a los creadores inéditos de calidad probada que pronto le darán forma a los territorios del pensamiento y la literatura. Una editorial que quiere ser heterodoxa e irreverente. Esta editorial fue fundada por dos escritores de calidad probada, pero que el medio no ha sabido valorar del todo: Luigi Amara y Vivian Abenshushan.
-
Dicha editorial tiene nueve colecciones, una de ellas y de reciente creación es Versus, dirigida por Julián Etienne y Pablo Duarte, cuya propuesta es reivindicar las pequeñas discrepancias y las opiniones insalvables que sacan de quicio, describen nuestras manías y terminan por caracterizar nuestra personalidad.
-
“Contra los poetas”, número 5 de dicha colección, es un ensayo desmitificador de Witold Gombrowicz que reúne dos conferencias: la primera dictada el 28 de agosto de 1947 en Buenos Aires, Argentina en una sala del Centro Cultural Fray Mocho; la segunda denominada “Contra los poetas”, apareció publicada originalmente en 1951 dentro del suplemento polaco editado en París: Kultura en su número 10 y por último aparece una “Coda”, conferencia que fuera dictada en francés el 22 de julio de 1969.

Libro que llevara al lector, de una manera muy amena, sencilla y profunda, a sumergirse en una crítica a los viejos vicios que han adquirido los poetas que escriben “poesía pura”. Aquí uno se encontrará con las siguientes frases, que aspiran a verdades absolutas: “El escritor no es un profesional. Para escribir hay que tener personalidad y un grado superior de espiritualidad”.

Texto que critica al poeta y al escritor que por pura pose dice ser maduro y reconocido, él prefiere al que se presenta como candidato a artista: “¿Y los poetas? ¿Pasan la prueba sus poemas cuando caen en manos del enemigo y no de un amigo-poeta, sino en manos de un no-poeta? Como cualquier otra forma de expresión, un poema debería ser concebido y realizado de manera que no deshonrara a su propio creador, aun en el caso de no gustar a nadie. Es más, es preciso que el poema no deshonre al creador ni siquiera cuando a él mismo no le guste. Porque ningún poeta es exclusivamente poeta, y en cada poeta vive un no-poeta que no canta y a quien no le gusta el canto; ser hombre es algo más vasto que ser poeta”. Gombrowicz ataca a aquel poeta o escritor que adopta la actitud de pensar que su palabra tiene un significado decisivo para el mundo y que se entrega a la fe de su Misión Poética, lanzando anatemas y que exclamando se agita en el vacío, pero dice que lo grave es que jamás tendrá la capacidad para reconocer ante sí que no consigue expresarse de manera libre y natural, debido a las herencias de otros poetas que carga dentro de sí; por ende aburre.
-
Libro que a muchos hará reflexionar y al lector divertirá.

martes, octubre 21, 2008

La historia del amor / y II

Diario Milenio-México (21/10/08)
---
Cada que aparece, el amor aparece por primera vez. Tal vez su astucia, la astucia del amor, consista precisamente en eso: en aparecer en repetidas ocasiones haciéndose pasar en cada una de ellas, sin embargo, como un fenómeno a la vez eterno e irrepetible, es decir, como una experiencia sin historia. Yo no sé si los historiadores que convergen en La más bella historia del amor, la serie de conversaciones sobre el amor que la periodista Dominique Simonnet ha transformado en un libro, han repetido las palabras “nunca antes” y “nunca después” como lo suelen hacer los enamorados justo al dar por iniciado (o terminado) el trance amoroso, pero lo cierto es que su exploración de documentos en los archivos más diversos ha puesto de manifiesto que, en tanto experiencia eminentemente histórica, el amor es más un activísimo campo de negociación y conflicto que el nirvana impoluto construido por la memoria selectiva de todos los enamorados. Así las cosas, todo parece indicar que para poder existir, para poder seguir adelante, ni los caballeros, ni las damas, ni, sobre todo, el amor, deben recordar.
-
Pero memoria, sobre todo una memoria colectiva y polifónica, es lo que estos historiadores y especialistas franceses tratan de construir en las conversaciones con Simonnet. Tal vez después de leerlo no nos enamoraremos ya más o tal vez insistamos en enamorarnos aunque sea de otra manera, pero el libro, que va dividido en tres grandes actos—el matrimonio, el sentimiento, el placer—, nos recuerda que cada gesto, cada ademán, cada epifánico e irrepetible momento es un momento que ha sido debatido y negociado por hombres y mujeres que también creyeron, en su día, ser únicos e irrepetibles en su enunciación del “nunca antes” y el “nunca después”.
-
También nos recuerda el libro que, contrario a estereotipos mediáticos del mundo actual, el amor y la revolución suelen hacer mala pareja—baste recordar, como lo señala Mona Ozuf, la historiadora y especialista en mujeres en la época revolucionaria, que los jacobinos desarrollaron una reticencia bastante marcada ante lo que interpretaban como flaqueza, cuando no fanatismo, femenino. En su ideal social, más apegado a nociones de virilidad espartana, había poco espacio para el amor y las percibidas como sus aliadas naturales: las mujeres. De hecho, continúa Ozuf, “las mujeres se volvieron hostiles a la Revolución. ¡Decepcionadas, asqueadas, volvieron a la casa, deseando que la política no llegase a su hogar!”.
-
Del siglo XIX heredamos, a decir de Alain Corbin, el miedo hacia la mujer, algo que se nota en el surgimiento de una separación cada vez más marcada entre la zorra y el ángel doméstico—los dos lentes a través de las cuales se interpreta el comportamiento femenino en relación, claro está, a la ansiedad que provoca entre los bienpensantes la fuerza particular asociada a los miembros de la Comuna y, en general, de las crecientes clases menesterosas. El otro gran legado del siglo encorsetado es, por supuesto, el territorio mismo de la sexualidad, cuya fecha de nacimiento se ubica hacia 1838, fecha en la cual se utiliza por primera vez el término scientia sexualis para designar aquello que está sexuado y con el que, años más tarde, se hablará de todo aquello que se refiera a la vida sexual. El flirteo, producto de la embestida urbana y de la aparición de oportunidades más variadas de socialización, no sólo les permitió a los jóvenes conciliar la virginidad, el pudor y el deseo sino que, acaso de mayor importancia, su énfasis en las miradas oblicuas y las caricias discretas dictó el inicio de una nueva época: una en que, por poner atención a las preliminares, se valoriza el placer femenino y en la que, por consecuencia, se erotiza a la pareja conyugal. La puerta del placer propiamente dicho, pues, se abrió poco a poco con las miradas lánguidas y los roces apenas perceptibles sobre la vestimenta. El flirteo, en apariencia inocuo o ingenuo, resultó ser más peligroso que cualquier otra proclamación.
-
La primera gran mutación que ofreció el siglo XX fue, de acuerdo a Anne Marie Sohn, el fin del matrimonio concertado. Lejos de ser un lujo o una anomalía, el amor se convirtió de esta manera en un motivo de orgullo y en la base misma de la felicidad de la pareja. De mano, pues, del amor, y no en su contra, se desarrolló una sexualidad bucal no reproductiva que, además de subrayar la necesidad de la higiene, ya no sólo se concentró en formas de placer masculino. De hecho, la liberación sexual que muchos ubican, como lo hace Pascal Bruckner, hacia la década de los sesenta, contribuyó a traer de regreso el idea masculino de la sexualidad a través de la hegemonía, cuando no la dictadura, del orgasmo. “De pronto”, asegura Bruckner, “el sexo se volvió terrorista. El placer estaba prohibido. Ahora se vuelve obligatorio. El ambiente corresponde a la prohibición, no ya por la ley sino por la norma”. En este contexto pansexual el amor se volvió, en efecto, obsceno.
-
La última parte de La más bella historia del amor le corresponde a la novelista Alice Ferney. El amor, desde su punto de vista, se ha convertido ahora en un trabajo. Más que una irrupción divina o una inexplicable y súbita emoción, más que una liberación o una redención, el amor es “una acción, una voluntad, una atención”. Definido como aquello que “existe entre dos individuos que son capaces de vivir juntos sin matarse”, en una época en que todo parece posible a cada quien le toca inventarlo.
-
Se me antoja, después de leer esta versión francesa del amor, enterarme de la historia de la experiencia amorosa en Latinoamérica: de las palabras de matrimonio coloniales a los corridos revolucionarios que, aparentemente a contrapelo de los jacobinos, enunciaron y pusieron en primer lugar al amor y sus desajustes (Adelita, después de todo, sí se fue con otro, y no sabemos si Valentina se enteró de la pasión que dominaba al cantante), sería bueno contar con una conversación informada y amena entre historiadores de este lado del mundo que al fin nos aclare por qué, ante cada decepción amorosa, el deber del mexicano prescribe, entre otras cosas, un regreso directo y unívoco a las canciones de José Alfredo Jiménez.

lunes, octubre 20, 2008

La lengua inoportuna

Diario Milenio-México (20/10/08)
---
1 Lástima de fotogenia
-
Son legión los que asisten al espectáculo de un debate entre candidatos, o en su caso preguntan después por él, con una sola duda cosquilleante: quién gana. No hay tiempo ni interés para ir más lejos. Se siente que se sabe lo bastante para olvidar el punto una vez que aparezca el marcador. Pero hay más, de repente. Una fatalidad netamente casual que se atraviesa en el camino de uno de los involucrados y tiene los efectos de un huracán. Un titubeo, una mueca, un lapsus indiscreto y allá va la campaña, en camino al olvido junto a las ambiciones de sabrá el diablo cuántos. A uno, ciudadano, le divierte que pasen estas cosas, tal vez por esa deuda sistemática que, a decir de su muy personal entender, los políticos tienen con nosotros. Especialmente aquellos por los que no votó, ni votaría, pues verlos tropezar y descalabrarse confirma de algún modo su noción de justicia, siempre supersticiosa y encima sesgada.
-
No es justo, por supuesto, que alguien caiga en desgracia por un mero desliz sin importancia, como sería el hecho de perder fotogenia un solo instante y verse al día siguiente en todos los periódicos precisamente entonces, cuando quiso el azar que la foto dijera lo que uno jamás dijo. Desconfío, por cierto, de esos autonombrados connoiseurs en imagen pública, cuyos clientes son lo bastante ambiciosos para aprender a comportarse como marionetas con tal de firmar pacto con el señor de la cola y los cuernos. Será por eso que al reírme —con lástima, al final— del último tropiezo de John McCain, no he podido evitar imaginar las caras de sus expertos asesores al mirar lo que registraron las cámaras: tras un Barack Obama sobrio y expedito, trastabilla el candidato republicano con las manos abiertas y crispadas, la boca abierta y la lengua de fuera. Una mueca grotesca que encajaría mejor en algún personaje de William Hannah y Joseph Barbera.
--
2 Vísceras indiscretas
-
Cuando la gente vota, suele hacerlo en uno u otro sentido por motivos no siempre vinculados con su capacidad de análisis. A ver ahora quién va a querer votar por un héroe de guerra que en el momento decisivo de su vida profesional saca la lengua de tan fea manera. Porque hasta en eso hay modos. No todo el mundo sabe sacar la lengua como Mick Jagger, quien se esmera además en recordarnos que es cosa voluntaria. Y a McCain lo hemos visto en un momento de total descontrol, quién garantiza a los sensibles votantes que ya en la presidencia no estirará la pata por culpa de un arroz encarrerado laringe abajo. Se trata de una foto tramposa, pues nada dice de lo debatido, solamente señala hacia un hombre en apuros: el perdedor que todos estaban esperando. El que quería salir en plan de Charlton Hes-ton y las fotos lo muestran como un pastiche pobre de Jerry Lewis. ¿Cómo podría estar, por otra parte, la información completa sin esa nota chusca donde no es el discurso ni el eslogan, sino la humanidad patética de un candidato que se mira como héroe pero se hace mirar como comediante? Una calamidad, un error, una tos más que nunca inoportuna y el infeliz ha caído fulminado por las cámaras. ¿Quién querría seguir hablando del debate, cuando la foto no se cansa de gritar?
-Dificílmente alguien que diga estar en su sano juicio confesará que va a votar por el demócrata por lo fea que está la lengua del republicano, pero hay cosas que nadie quiere ver. Escenas que convocan al pudor colectivo en sus facetas más irracionales. Dice uno, y a menudo lo cree, que actúa siempre a partir de reflexiones. No está mal, además, que quienes diariamente tratan contigo crean que incluso tus reacciones menos presentables son fruto de una forma reflexiva de asumir y desempeñar la vida. Que no osen sospechar, y menos enterarse, que una parte importante de tus decisiones emana de las vísceras: esa zona escondida y vergonzante donde no se conoce el autocontrol. Haberle visto esa lenguaza a McCain al final del debate —congelada en la foto, como una tira cómica— equivale a mirarlo por dentro, donde hay ruidos y olores que se adivinan duros de compartir. No es, en todo caso, la clase de show por el que alguien quisiera pagar. Y tal es la función de los electores. La gente vota para que los votados puedan mover los hilos y cobrar sus cheques. De preferencia sin sacar la lengua.
--
3 Diafragmas mentirosos
-
Uno se queja siempre cuando alguien saca sus palabras de contexto de manera que digan otra cosa, pero ante las fotografías no hay defensa. Supuestamente dicen la verdad e incluyen el contexto, pero tal no es sino una forma aventajada y artera de mentir. Debe de haber infinidad de puntos en los cuales McCain es objetivamente débil, pero la foto es por sí misma elocuente. ¿Cuántos, entre quienes simpatizamos con Obama, encontramos profundamente antipáticas esas fotos de la señora Clinton con los ojos saltones, convencida quizá de que esa mueca desfortunada la hacía parecer más confiable, u honesta, o lo que fuera? Y no eran más que imágenes aisladas. La gente sobrestima el valor de las fotos, más ahora que todo el mundo trae algún aparato que permite tomarlas. Pensándolo dos veces, no se entiende que aún no sintamos horror ante las cámaras. Como será tal vez el caso de McCain.
-
“Lo que usted ve no es más que una instantánea; de ninguna manerarepresenta un suceso, cuantimenos lo narra o le da explicación.” Si el mundo fuera justo, cada fotografía publicada incluiría una leyenda similar, pero entonces creeríamos que el editor nos trata como imbéciles. Se supone que somos personas educadas, al menos lo bastante para que no nos tengan que aclarar obviedades. Vuelvo, no obstante, a ver la foto de McCain y me debato entre la compasión y la risa. No sabe uno ver fotos, parece que le gusta que le mientan. Por lo pronto, ni modo: McCain invita.

jueves, octubre 16, 2008

Un poeta ecologista

Diario Milenio-Puebla (16/10/08)
---
Mi amigo Víctor Contreras Toledo, poeta y ensayista, profesor universitario, me ha hecho llegar (y ha hecho circular) una carta que inicialmente va dirigida a comunidad internacional y a las autoridades del estado, en donde manifiesta su preocupación por lo que ocurre en La Calera.
-
Reproduzco (editada por mí) parte de la carta fechada en julio de este mismo año. Escribe Toledo que en el tramo de bosque que queda en La Calera, rodeado por un paisaje poderoso y dramático de México como lo es La Maliche y El Pico de Orizaba. Debido al crecimiento de la mancha urbana –sigue explicando el autor de la misiva—este bosque tiende a desaparecer y con él una flora y una fauna sorprendentes y únicas en el mundo.
-
Sigue el doctor Toledo explicando que este bosque de La Calera es oro y de un asombro extraordinario. La vegetación creció con los siglos, por eso sería terrible que alguien la borrara del mapa de repente.
-
“Se irían para siempre los insectos que de seguro quedaron varados de una época prehistórica: avispas rojinegras, que de tan gigantes apenas si pueden volar a metro y medio de altura, como pequeñas brujas. Grandes hormigas como ositos de peluche, las más hermosas del mundo (…). Los biólogos, las gentes cultas y sensibles, la sociedad en general, de Puebla, de México y del mundo deben de acudir a socorrer este lugar, esta fantasía vital”.
-
Comparto la preocupación de Víctor Toledo por los desastres ecológicos que puede traer la destrucción de un bosque como este. Según lo advierte Toledo, ya una constructora inició la “urbanización” donde se encuentra un rancho del siglo XIX, mismo que debería preservarse como un pequeño museo.
-
Parece ser –dice Toledo— que nunca se oficializó el que fuera decretado zona ecológica este último pulmón de Puebla. Sin embargo habla de alguna ley que pueda proteger los bosques.
-
De seguir así entonces “la predicción de los libros sagrados mayas del fin del mundo, para el año 2012, se adelantará y quedará irónica y trágicamente como superstición”.
-
Ojalá aún se pueda evitar la paulatina destrucción de este pequeño pero grandioso bosque.
-
Yo no sé a quien le corresponda dar una respuesta. Lo que sí sé es que Víctor Toledo ahora está pidiendo apoyo a nivel internacional y que ya hay grupos ecologistas en México que han buscado información sobre el caso.
-
Por lo pronto espero que, a través de esa carta que ha enviado a los medios, el poeta Víctor Toledo logre algo.

miércoles, octubre 15, 2008

“El Gran Vidrio de Mario Bellatin”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 15/10/08)

“Los protagonistas del último libro que he publicado, curiosamente se siente satisfechos con la obra. Creo que quedan muy mal librados, pero no parecen darse cuenta de ser ellos los personajes retratados. Pienso que tal vez poseen una ingenuidad infinita o que no suelen leer los libros como es debido”, parte del inicio con el cual arranca la segunda novela "La verdadera enfermedad de la Sheika" que contiene la novela más reciente de Mario Bellatin: “El Gran Vidrio”, que lo llevó a ganar a principios de este 2008 el Premio Nacional de Literatura convocado por el Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, dotado con 80 mil pesos. El jurado que tomó la decisión estuvo integrado por Vicente Leñero, Juan Villoro y José Agustín. El titulo de la novela de Bellatin, coincide con el de un cuadro hecho por Marcel Duchamp, mejor conocido como “La mariée mise a nu par ses célibataires, meme”, obra clave de su producción, además de ser considerada una obra de arte imprescindible para entender el arte moderno.
-
La novela de Bellatin ha sido subtitulada como Tres autobiografías, pues está compuesta por los siguientes textos: “Mi piel luminosa", "La verdadera enfermedad de la Sheika" y "Un personaje en apariencia moderno", conformando así, un todo, al mismo tiempo que cada uno de ellos goza de cabal independencia. Son tres novelas escritas con la exactitud y pulcritud propias de Bellatin.
-
Narraciones que maravillan y espantan al mismo tiempo, por su humor negro, su densidad y su composición oculta, hermética.
-
Tres son las temáticas que uno encontrará en la novela: la primera habla de una madre que exhibe rutinariamente los grandes genitales de su hijo, la segunda novela trata del destazamiento paulatino de un cerdo para sobrevivir, mientras que la tercera es el retrato de un joven con lentes cuadrados que soñaba con tener una novia alemana, pero al mismo tiempo en la segunda y tercer novela hay un vaso comunicante: en el cual se narra tanto en voz femenina y como en masculina: la incansable búsqueda de un Renault 5.
-
La cuarta de forros de esta novela edita por Anagrama y distribuida por Colofón anuncia al lector la temática principal: “El Gran Vidrio” es una fiesta que se realiza anualmente en las ruinas de los edificios destruidos en la ciudad de México, donde viven cientos de familias organizadas en brigadas que impiden su desalojo. El hecho de habitar entre los resquicios dejados por las estructuras quebradas representa un símbolo mayor de invisibilidad social, es quizá por eso que cuando deciden pertenecer al resto, cuando carnavalizan de alguna manera su situación, deciden llamar “El Gran Vidrio” a su celebración más importante.
-
Pero existen, a mi parecer, dos temáticas más, ubicadas en el trasfondo de esta reunión: la primera recae en buscar retratar su pasión por la invisibilidad y la decadencia social, algo que siempre le ha fascinado al autor, razón única que le permite sobrevivir en el Df, -comentario que recuerdo me hizo alguna vez estando en Puebla para presentar el número 6 de la revista Revuelta -; y la segunda es plasmar entre líneas su postura ante la literatura: escribir sólo por escribir. No como una opción, sí como un castigo.

martes, octubre 14, 2008

Un link, un link.

Linkeado en la página de Prensa del Fondo de Cultura por la reseña que hice de libro de ensayos, La Novela según los Novelistas, coordinado por Cristina Rivera Garza:

La historia del amor / I

Diario Milenio-México (14/10/08)
---
El beso en la boca, ese acoplamiento aparentemente natural y, además, eterno, data, sin embargo, de tiempos más bien modernos —al menos en su versión popular y pública. De acuerdo con las investigaciones de la historiadora francesa Anne-Marie Sohn, todavía en 1881 existían legislaciones (el edicto de la Corte de Casación) que consideraban al beso en la boca como constitutivo del crimen de atentado al pudor. Pero tanto el beso en la boca como el inédito flirteo que despertaron hacia finales del siglo XIX acompañaron el desarrollo gradual de la sexualidad bucal, que ponía menor énfasis en la reproducción de la especie y mayor en la búsqueda del placer, y fueron también mano en mano con la erotización de la pareja conyugal que, hasta inicios del siglo XX, por ahí de la década de los 20 de hecho, se había basado en matrimonios concertados por la conveniencia económica, no por el sentimiento. Pero para llegar hasta ese sitio, para que la pareja pudiera hacer del lecho un lecho de amor, el amor y el placer tuvieron que librar una larga batalla que empezó, si le creemos a Jean Courtin, especialista en prehistoria y director de investigación en el Centro Nacional de Investigación Científica, con el Cro-Magnon, hace unos 100 mil años en África y Cercano Oriente, y hace unos 35 mil años en Europa. Fue entonces que el delicado Homo Sapiens dejó las primeras huellas del apego a sus semejantes a través de sus ritos funerarios. Así, según Courtin, “el sentimiento amoroso va a la par con la consideración que se tiene por los muertos, con el sentido de la estética y la ornamentación”.
-
Muchas veces me he preguntado por qué si los historiadores en general tienen un acceso privilegiado a datos fascinantes, usualmente encontrados en viejos expedientes que llenan los estantes de los archivos más diversos, se les lee tan poco. La pregunta me ha surgido en más de una ocasión, sobre todo cuando los oigo platicar con singular pasión y conocimiento de causa acerca de hechos que no por encontrarse en el pasado dejan de tener sus conexiones extrañas y firmes con la vida contemporánea. En algo parecido habrá pensado Dominique Simonnet cuando decidió llevar a cabo conversaciones más bien informales y acaso por ello más atractivas con historiadores y ensayistas acerca de uno de los temas que, ya sean tiempos de crisis o de violencia o de bonanza, no dejan de ejercer su cuota de fascinación: el amor. En La más bella historia del amor, pues, el lector encontrará las entrevistas que la redactora en jefe de la revista francesa L´Express condujo con los historiadores Jean Courtin, Paul Veyne, Jacquees Le Goff, Jacques Solé, Mona Ozouf, Alain Corbin y Anne-Marie Sohn, y los escritores Paul Bruckner y Alilce Ferney. Sin el molesto uso del lenguaje excesivamente especializado y respondiendo de manera más bien directa, cuando no amena (por ejemplo, cuando Simonnet le pregunta a Veyne por la pasión legendaria entre Antonio y Celpatra, éste responde: “!Es difícil no amar a una reina que te ofrece todo el Oriente! Uno se enamoraría por mucho menos”), a preguntas concretas sobre las características y transformaciones del sentimiento amoroso desde la prehistoria hasta nuestros días, estos historiadores emprenden una plática rica y también luminosa sobre las múltiples maneras en que hombres y mujeres de diversas épocas han vivido y padecido y celebrado en su caso el amor. Como si se estuviera alrededor de una mesa, con café o copa de vino de por medio, las entrevistas cubren un considerable campo cronológico sin por ello perder la atención por el detalle nimio: “En la famosa gruta de Grimaldi se encontraron los esqueletos de un hombre de unos veinte años, muy grande (1.94 cm) y de una mujer de unos 30 años en posición replegada, ambos estrechamente entrelazados uno en el otro, con adornos de caracolas como lo preconizaba el uso…De hecho, probablemente se trata de un atlético cazador que debía hacer voltear la cabeza de las bellas de la costa de la Liguria hace 30.000 años…”
-
El mundo romano que pinta Paul Veyne dista mucho del que figuró, no hace tanto, la imaginación de Fellini. Lejos de las orgías tumultuosas y el placer a toda prueba, los romanos que, según Veyne, inventaron a la pareja puritana, veían en el matrimonio una función cívica, aunque molesta, a través del cual se aseguraba la reproducción de la especie. Nada de amor entre los cónyuges que, por otra parte, incluían a mujeres que carecían de derechos. Además, “ningún poder público controla el matrimonio. No se pasa por el equivalente de un juez de paz o un cura, no se firma ningún contrato, salvo un compromiso de dote si la hay”. Para el placer y el sexo del varon romano estaban, por supuesto, los cuerpos de esclavas y esclavos, con quienes podía sostener concubinatos de largo plazo. Así las cosas, hacia el año 200, en la época de Marco Aurelio, todo se endureció: se argumentó contra el aborto, se estigmatizó a las viudas (hasta entonces una posición privilegiada entre las mujeres romanas), se castigó la homosexualidad. La transición hacia la edad media, en la cual la carne se convirtió en pecado, trajo, sin embargo, algunos beneficios para las mujeres: “el cristianismo en cierto sentido”, asegura Jacques Le Goff, “hizo progresar el estatus de la mujer mediante esa idea revolucionaria del consentimiento mutuo”. De esa manera habría que interpretarse la implantación de las amonestaciones en el cuarto concilio de Letrán de 1215: la iglesia quiso contrarrestar el poder del linaje y el peso de las familias y, a la vez, dió ocasión para que los desposados pudieran, si así lo ameritaba su caso, anular el matrimonio.
-
“En materia de sexualidad”, asegura Jacques Sole, “el renacimiento fue menos iluminado y más inhumano que la edad media”. La represión y la fiscalización de la pareja fue en aumento, de ahí que la invención propiamente dicha del matrimonio por amor le haya correspondido a la pareja campesina. Mientras los integrantes de las clases económicamente poderosas todavía percibían al matrimonio como un negocio o como un deber, aquellos que poco tenían que perder o ganar con dicha institución se dejaban guiar más por la atracción física y, en su caso, por aquello denominado como amor. Plebeyo por naturaleza, sin embargo, el amor (“esa relación no preparada, no negociada, espontánea, que puede poner todo patas arriba”, según Ozouf) se convirtió en el gran enemigo de la revolución.

lunes, octubre 13, 2008

El coñazo de Rajoy

Diario Milenio-México (13/010/08)
---
Vergüenzas esperpénticas
-
Tal vez lo más penoso de la adolescencia sea verse arrastrando todavía ciertos terrores propios de la infancia, como es el caso del miedo al ridículo. Es tan fácil hacerlo, en esos años, que basta con así temérselo para darse infaliblemente a escenificarlo. Un tropezón, algún tartamudeo, cualquier síntoma de torpeza o timidez sería suficiente, témese el aterrado en cuestión, para hacer su autoestima picadillo y su reputación puré. Un estigma que muy difícilmente sobrevivirá por más de dos o tres años, pero entonces los años pesan como lápidas, más aún cuando tienes la sospecha de que habrás de pasártelos provocando la risa discreta o descarada de las bocas que sueñas con besuquear. Sientes, y con razón, que no hay tiempo para esperar. ¿Cómo va a haberlo, pues, si noche y día es uno perseguido por comezones que no hay uñas bastantes para socorrer, y que aparte es preciso conservar ocultas, so pena de sufrir quemón y trauma en un mismo paquete?
-
Qué descanso sería para el imberbe avergonzado ante el espejo público entender que el temor al ridículo no sólo se irá pronto, sino que en su lugar vendrá la opción de prolongar la adolescencia a fuerza de empeñarse en desafiarlo. “Osos”, en español; “micos”, en portugués. “panchos”, en mexicano. Bochornosos mamíferos cuyo autor los encuentra simpáticos, casuales o inexistentes, dependiendo de su particular criterio, pues nadie ignora que el sentido del ridículo —igual que la vergüenza, socia y cómplice suya— es por naturaleza único, personal e intransferible. No es que cualquiera hoy día se desprenda sin más del miedo al adefesio, sino que su ocurrencia depende cada día menos del responsable. A saber cuántas cámaras y micrófonos ya nos habrán captado en los instantes menos recomendables, cuando creíamos que estábamos a salvo de la curiosidad ajena. Si hace diez años a un adolescente se le estigmatizaba en todo el vecindario, hoy se le hace pedazos en YouTube, de modo que el canijo desprestigio abarque el rango entero de sus conocidos, así se hayan mudado al Turquestán.
--
La estrella del desfile
-
La edad adulta a veces nos ayuda a olvidar esa ley infalible de la adolescencia según la cual tenerle miedo al ridículo es el modo más eficaz de llamarlo. Ya se sabe, además, cuánto gusta la gente de ensañarse con los tiesos una vez que los mira empezar a pandearse. Mal se doblan aquéllos que hasta ayer presumían de inflexibles. Como es el caso del español Mariano Rajoy, que apenas anteayer permitióse uno de esos comentarios privados que solíamos soltar durante la adolescencia, cuando daba prestigio renegar en público de todo aquello que fuera o pareciera tedioso. “Mañana tengo el coñazo del desfile”, comentó por lo bajo en un acto público, y todavía añadió: “en fin, un plan apasionante”. ¿Quién le iba a decir al tieso de Rajoy que sus palabras eran transmitidas en vivo por la radio, merced a algún micrófono que nadie apagó a tiempo? Para mayor bochorno, pasa que un año atrás, en vísperas de las celebraciones del 12 de octubre, el líder del Partido Popular había pedido a los españoles “algún gesto que muestre lo que guardan en su corazón”. Mencionó incluso el término franqueza.
-
Cuando niño, muy pocas perspectivas me entusiasmaban tanto como la de asistir a un desfile militar, pero mi padre aborrecía la idea. No pensaba tal vez que fuera un coñazo, pero sí una joda y una hueva, que juntas equivalen sobradamente al rajoyano exabrupto. “Pago por no ir”, se rindió mi papá en la mañana de un 16 de septiembre, aquejado por cierta súbita jaqueca que no me conmovía en absoluto, y sólo así, pagando, logró librarse de la agenda que el infeliz Rajoy padece de manera inexorable, pues aun después de dar su opinión al respecto con franqueza indudable tendría que estar ahí de todas formas, soplándose el coñazo y además el ridículo de ir a exhibirse como cínico vergonzante y tieso retorcido. Un plan apasionante para sus malquerientes.
--
De la fama a la infamia
-
Quien pretende curarse del malestar de la vergüenza ajena no necesita más que compartirla. A la gente le encanta enterarse de los tropiezos de los demás, en especial aquellos que sólo imaginarlos produce marejadas de repelús. No es que uno se halle libre de metidas de pata iguales o mayores, pero saber que le han pasado a otro —todavía mejor: a otro que le cae mal— es un poco creerse más allá del alcance de la lotería de la desgracia. “Le tocó a él y no a mí”, respira quien se ha puesto de manera fugaz en el lugar del triste tatemado y regresa triunfante al reino de sí mismo.
-
Siempre he compadecido a aquellos personajes públicos que por su investidura precisan asistir a un número insultante de ceremonias, discursos y equivalentes plomos protocolarios. A algunos esas cosas nos recuerdan las horas invertidas en cientos de solemnes eventos escolares donde las opiniones se daban a bostezos y nadie en realidad estaba donde estaba. Un lujo que un político no puede pagarse sin asumir el riesgo de ser captado por alguna cámara, y entonces pasar lista en el Hall of Shame. Tanto tener que dar la cara para nada, o para expresar mucho y decir nada, debe seguramente dejar secuelas en la vida privada del sujeto. Y si el tipo resulta que es Mariano Rajoy, figura regañona y a menudo indigesta de razón, patriota irreprochable por propio decreto, imaginemos cuánto le fastidiará tener que entrar día tras día en ese personaje para el que es complicado caerle bien a nadie que no comulgue en la misma parroquia. ¿Cómo se hace para desempeñar cada día un papel en tal modo demandante sin convertirse en cínico, misántropo, sociópata y otros extremos no menos esdrújulos?
-
Se cuenta que Juan Carlos de Borbón se expresa en un lenguaje demasiado desenfadado para un rey, y eso le da licencias que otros no consiguen. Vamos, yo en su lugar hablaría peor que una furcia manadera. Pensaría, al final, que más ridículo hacen los desfiles.