martes, septiembre 16, 2008

Los nietos de Ulrich y Agathe

Diario Milenio-México (16/09/08)
---
Según Mario Perniola, el profesor de estética de la Universidad de Roma que publicó en 1991 Del sentir, apenas traducido al español este año por Pre-Textos, en la era estética en la que vivimos pocos se libran de ser los nietos de Ulrich y Agathe, los personajes del Hombre sin atributos, el célebre libro del austriaco Robert Musil. Ya sea como neoescépticos o como neocínicos, ya como contestatarios o como rendidores, todos albergan “el mismo desprecio por la moneda inerte, por una realidad unívoca, por un modo de ser propio y que se decide de una vez por todas”. Otra vez de acuerdo a Perniola, Musil atendió con presteza las lecciones de su maestro Ernst Mach, especialmente al reconocer que “las emociones y los afectos ya no pertenecen en ningún caso a una conciencia, a un yo, ni mucho menos a un sujeto: todas estas seudoentidades son tan inestables y provisionales como los cuerpos materiales”. Y así, explorando esa posibilidad, una posibilidad “enraizada en la experiencia de extrañeza con uno mismo, en un repetido no reconocerse y en la desaparición de la identidad personal” logró aproximarse a las maneras de sentir de una época en que el sentir se ha convertido, sobre todo, en lo ya sentido.
-
Ubicando el inicio de la era propiamente estética en la década de los sesenta, este experto en la Internacional Situacionista –tema sobre el cual también ha escrito un libro– argumenta que así como la política o economía dominaron, en tanto campos estratégicos, los siglos XVII y XVIII, “hoy nada es ajeno al sentir”. El sentir sobre el que Perniola discurre no es, por supuesto, el lacrimógeno o alucinado o exaltado eco que producen, en el interior del sujeto singular, los objetos, las personas o los sucesos. Al contrario, impersonal, anónimo y socializado, el sentir de la era estética desbarata la noción de la primera persona, arrasando también con ideas de la subjetividad heroica o romántica. “Para nosotros”, añade Perniola, “los objetos, las personas y los sucesos son algo ya sentido, que nos absorbe con una nota sensorial, emotiva y espiritual determinada de antemano”. Así, los nietos de Ulrich y Agathe no sienten tanto como re-sienten (y recuérdese que en español resentir es otra manera de decir flaquear o de referirse al enojo). Lejos de ser las almas bellas que se dejan atormentar por cualquier cosa mundana, los que sienten ahora cuentan ya con un repertorio de sensaciones y afectos ya sentidos que sólo tendrán que repetir o reproducir a conveniencia o placer. Nadie se enamora, ya lo decía yo, por primera vez. Nadie siente en directo. Acostumbrados a “formas de un sentir extrañado que no está allí para ser compartido ni imitado, sino subrayado, reproducido, copiado”, los nietos de Ulrich y Agathe ya no se preguntan quién siente, sino “quién administra y gestiona la circulación de lo ya sentido”.
-
Perniola no cree, sin embargo, que el predominio de lo ya sentido conduzca, por necesidad, a la merma del sentir o la proliferación exclusiva de sentires fríos. Haríamos mal en imaginar a los nietos de Ulrich y Agathe como seres forzosamente ligeros o indiferentes. Entre sus contemporáneos se cuentan, en efecto, a los neo-cínicos y a los rendidores expertos en los mundos de la tecnología y la informática, pero también merodean por ahí, y esto de manera bastante visible, los fundamentalistas de los 90s y los contestatarios que heredaron toda una tradición de oposición generada en prácticas y discursos de la década de los sesenta. Habrá que aceptar, además, que fuera de la asfixia del yo y libre de las ataduras fincadas en nociones fijas de identidad, la parentela musiliana está en la posibilidad de elegir como objeto de reflexión “qué es ser murciélago o piedra y, en términos más amplios, qué es el ser de otro ser, o lo que es lo mismo, qué es un sentir que prescinde del sentir en primera persona”. Alterada de raíz, la pregunta altera, es decir, saca de sí. Arroja. Libera.
-
Si la sensología —el neologismo que utiliza Perniola para emparentar a la socialización de lo ya sentido con el concepto de ideología— se ha erigido en un nuevo tipo de poder que impone un universo afectivo socializado, ¿quiere esto decir que, en efecto, ya no habrá nunca nada personal? El italiano, como pocos, parece optimista en este aspecto. Para salir de lo ya sentido no hay nada como hacerse sentir, es decir, en “ofrecerse para que algo pueda encontrar en nosotros una posibilidad de estar en el mundo. La experiencia de hacerse sentir equivale a un darse, a un entregarse para que a través de nosotros lo otro, lo diferente se vuelva realidad, suceso, historia”. De entre los dos sentires que contempla como alternativa potencial para el mundo sensológico contemporáneo—el cósmico y el teátrico—yo me quedo en definitiva con el segundo: “un ofrecerse con entusiasmo a ser poseídos por fuerzas cuya dinámica resulta enigmática y contradictoria, o, en cualquier caso, extraña a la tranquila identidad del sujeto individual”. Los nietos de Ulrich y Agathe podrán así experimentar, aunque sea por un momento, el prodigio de eso que, contra toda expectativa, irrumpe e ilumina el cielo de todos los días.

lunes, septiembre 15, 2008

Bájale al homenaje


Diario Milenio-México (15/09/08)
---
1 De oficiosas sepulturas
--
Por razones que deberían ser obvias, tanto los homenajes como sus socias, las conmemoraciones, se parecen frecuentemente a los sepelios. Escudados en las mejores intenciones, los resucitadores terminan enterrando justo aquello que pretendían revivir, no exactamente con el mayor talento, y a veces ni siquiera con un poco de instinto. Por eso la memoria de las cosas que un día valieron la pena, y muy probablemente aún la valen, tiembla con cada nuevo aniversario, que ya de por sí entraña una oportunidad para echarle unos puños de tierra encima. Diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, cincuenta años: qué difícil dejar pasar ocasión semejante sin darse a homenajear al autor, los autores, la corriente, el inicio o la consagración de lo que sea. Más aún si se trata de instancias oficiales, cuya existencia y supervivencia se creen comprometidas con el sacro deber de rendir homenaje a todo cuanto les parezca homenajeable. Es decir, cualquier cosa. Basta una colección de almanaques de los últimos cincuenta años para contar con una fuente infinita de coronaciones póstumas, útiles más que nada para el lustre social y la buena conciencia de los oficiosos.
-
¿Cómo es posible, lloriquean los ávidos de sepelios, que pasen cincuenta años de tal evento y no se rinda el homenaje pertinente? Si el mundo homenajeara todo aquello que en teoría debe conmemorarse, difícilmente quedaría ya tiempo para hacer otra cosa que mirar al pasado y aplaudirle, con tal de que ya no se atreva a vivir. ¿O es que acaso a los deudos les complacería que intempestivamente el muerto saliera del cajón y animara el velorio con su regreso? ¿Quién que viera venir al querido cadáver le daría la mano emocionado, en lugar de correr despavorido y sospecharse no menos difunto? Hay un curioso pacto de hipocresía entre quienes se aplican a rendir homenaje oficial a quien un día ignoraron, menospreciaron o combatieron; no son, por cierto, escasas las ocasiones en que también hay prisa por despacharlo. Entre más adjetivos y encomios se hacen presentes en los discursos, mayor es el impulso por olvidar el tema y pasar a otra cosa. Dichosa la memoria de aquel que sobrevive a sus homenajes.
--
2 Menuda postrimería
-
2008 es el año en que varias instancias oficiales brasileñas celebran el primer medio siglo del bossa nova. Si a mí también me diera por homenajear, diría que he tenido la suerte de asistir a dos eventos asociados a esta conmemoración, pero sigo pensando que más que buena suerte ha sido mala pata. No en balde la canción de Zeca Baleiro habla de la saudade como una película en blanco y negro que el corazón quisiera ver colorida. Hará ya un par de meses que, no bien me enteré de una exposición conmemorativa por el cincuentenario del bossa, corrí literalmente al parque de Ibirapuera, en São Paulo, donde el Museu da Oca albergaba lo que creí un acervo suculento para quienes por razones geográficas y temporales no estuvimos allí, de manera que más que conmemorarlos, apenas procuramos enterarnos de buena parte de esos esplendores, con una ingenuidad quizás equivalente a la de aquellos tiempos.
-
Para un bossanovero voraz, cualquier vestigio de los años dorados resulta atesorable, pero la sed nacida de la nostalgia raramente se colma con recuerdos vagos. La exposición de marras contenía películas, portadas, canciones, recortes y toda suerte de memorabilia expuesta al público mediante alardes de tecnología fallida. Entre bocinas y mamparas omnipresentes, uno asistía a cada proyección o audición sin conseguir librarse del sonido proveniente de las otras, de forma que al final no quedaba en el coco sino un ancho pastiche de interferencias irritantes. ¿Debe uno suponer que quienes se encargaron de armar la muestra no asistieron a ésta ni siquiera para probar su eficacia? ¿Será que ya la pura ostentación del hi-tech les dejó satisfechos por el deber cumplido? Nada parece al cabo más primitivo que la alta tecnología cuando no funciona, y eso lo sabe cualquier usuario de computadoras personales a quien se le ha borrado el disco duro. Me recuerdo saliendo de la expo en Ibirapuera comido por la triste certidumbre de haber estado en una fiesta que inexplicablemente degeneró en sepelio. Ya puedo imaginar las sentidas palabras de los funcionarios encargados de darle sepultura al bossa nova…
--
3 Abajo el enterrador
-
Más patéticas aún que las conmemoraciones suelen ser ciertas obras conmemorativas, inspiradas no tanto por los originales como por el deber de homenajearlos. Es el caso de Os desafinados, una de esas películas pergeñadas con intenciones inmejorables y resultados que se antojan harto difíciles de empeorar. Producido por TV Globo, este homenaje fílmico cuenta la historia de cinco músicos cuyas vidas resumen, a los ojos estrábicos de sus creadores, los destinos de tantos otros cultivadores del que bien podría ser el ritmo más sabroso del que exista memoria. Me gustaría decir que esta triste película filmada por estricto compromiso es comparable a una telenovela, pero la mera estupidez del guión —saturado de elipsis intempestivas y situaciones gratuitas— impide compararla con nada que no sea una plena inmundicia. Sólo un providencial sentido del humor le permite a uno llegar hasta el final con alguna sonrisa entre los labios, de modo que termina uno congratulándose de que el bendito Antonio Carlos Brasileiro de Almeyda Jobim no alcanzara a vivir para hacer el berrinche consecuente. Antes de los idiotas se prefiere el desprecio que el homenaje.
-
Que yo sepa, no existe más sentido y provechoso culto al bossa nova que el acto de escucharlo, recrearlo y continuarlo. Hoy mismo son legión los músicos que extienden sus dominios y le rinden vivísimo tributo. Más allá de sus dignos descendientes naturales —Bebel Gilberto, Danilo Caymmi, María Rita— y la presencia casi fantasmal del sumo sacerdote Joao Gilberto, menudean los músicos jóvenes que cultivan el bossa con vigor envidiable y renovador. Solamente el catálogo de marcas como Grama y Biscoito Fino agrupa tal catálogo de tentaciones en clave bossa que cualquier homenaje sale sobrando. No se entierra a los vivos sin riesgo de uno mismo terminar sepultado por las arenas movedizas del ridículo.

domingo, septiembre 14, 2008

Breves notas dominicales, después de ser casi asesinado por un boiler

Escribir en antesalas al día pre-patrio y al mero día patrio (porque esta columna la empiezo a escribir desde el domingo) es extraño, de no ser por el regreso del fútbol, después de quince días y por los veinticuatro ejecutados en Ocyoacac, Edo. de México –aunque parece ser algo normal-, todo transcurre en densa calma.
-
Un puente larguísimo y ansiado para los que estamos estudiando. De repente saber que uno se encuentra corriendo los últimos doscientos metros en la licenciatura, torna todo más pesado y desesperante. La sesión de estar vislumbrando, ya, la meta es una tortura extraña. Alegría y desesperación se juntan. Aunado a los seminarios de profundización, donde uno realmente sí aprende, pues en las materias de nivel básico, a veces, la calidad y dedicación tanto de maestros como de alumnos es deplorable.
-
Este breve descanso, que para los del Collhi inició el viernes, lo pensaba aprovechar para ponerme al corriente con mis lecturas de Sherlock Holmes, así como de los libros que pienso reseñar en esta columna: Cuauhtémoc. La defensa del quinto sol de Pedro Ángel Palou y La novela según los novelistas de Cristina Rivera Garza, pero el pasado viernes al intentar prender el boiler de mi casa, me explotó levemente provocándome una quemada leve en la mano derecha y que las cejas, pestañas y bigotes se medio quemaran. Asunto que inmovilizó mi mano por un par de días, pues al ponerme la pomada para remediar la quemadura, no tenía otra opción que tenerla recostada, sin hacer nada, pues todo lo que tocaba con la derecha -mano principal para mí-, lo manchaba y dejaba como pegajosito. Algunas cosas las llegaba a hacer con la izquierda, pero era incomodo, extraño.
-
Cuando estuvieron por esta ciudad de Puebla Cristina Rivera Garza y Álvaro Enrigue comentábamos que en estos tiempos salir sin el celular era como estar sin el brazo que más llegamos a ocupar, ya derecho ya izquierdo, y que estar sin internet es casi similar a la incomunicación. Pero, ahora que tengo semi-inutilizada la mano derecha debido a la quemadura, reviro, para decir que no tener celular no es para nada similar a no usar un día o dos la mano derecha por unos ratos, uno se llega a sentir inútil, estorbo o bulto. Cuando uno está “incomunicado”, al menos la vida puede seguir de una u otra forma.
-
En la semana que se fue, interrumpí la lectura de novela de Palou, para avanzar con Sherlock Holmes, deje a la mitad el primer libro Estudio en escarlata, el cual ya hubiera terminado de no haber sido por lo que renglones arriba relaté. Debo decir que el libro es bueno, su estilo es curioso, interesante, aunque efectivamente hay lapsos de la novela se van tornando pesados, debido a la descripciones excesivamente detalladas. Aunque es un problema que me encuentro muy seguido con obras que no son escritas recientemente. Digamos de Faulkner, Capote, Nabokov en adelante. Pero eso, no le quita la calidad. Cuando uno está acostumbrado a las narraciones agiles que van directo al grano, se dejan de tanta descripción y crean imágenes narrativas muy portentosas que si no las entendiste tienes que regresarte al principio, para no perder el hilo de la novela; cuando te topas con novelas que a veces te otorgan al privilegio de saltarte descripciones, sin necesariamente perder el sentido de la novela, el conflicto literario, suele ser muy fuerte.
-
Al parecer hoy será mi último día con la pomada para aliviar el daño sufrido por la quemadura. Antes de dormir, me lavaré, esperando ahora sí tener ganas y tiempo para poder leer, aunque sea, 10 páginas de Holmes o de Palou.
-
El viernes pasado en el canal 22 dentro de un programa llamado Página Cero y que conduce Javier Aranda Luna, entrevistaron a Sergio Pitol, el verlo, ahí, hablando, me alegro la noche que ya se estaba tornando pesada debido a que llevaba toda el transcurso de ese viernes por la tarde y toda la noche con la mano cubierta de pomada. Aunque mucho de lo ahí contado, ya lo había escuchado de viva voz, cuando tuve la oportunidad de compartir con él, el pan y la sal, el año pasado, siempre es un deleite escucharlo hablar. Espero poderlo ver pronto. Es un personaje del que es imposible no encariñarse.

Carmen y yo en dibujos (alimentando el lado fantástico y narcisista)

La imagen que muestro, como se ve, es de un lobo, el cual según Carmen, mi amada, linda, hermosa y adorada novia, le hace recordarme.
-
El dibujo pertenece a un ilustrador de nombre Boris Vallejo.
-
-
Y la que sigue, es ella, también del mismo autor. El personaje es Lilith.
-

“Ícaro de Sergio Pitol”-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 10/09/08)

Hace no mucho, tres años para precisar, salió al mundo la editorial Almadía, originaria de Oaxaca, que busca apostar por nuevos autores y propuestas literarias; se interesan en los géneros de poesía, cuento, ensayo, novela y cuento infantil, además de recuperar libros valiosos y traducir las mejores voces de otras culturas. Aunado a esta búsqueda están sus costos relativamente bajos y el arte que consigo trae cada libro: una cubierta como de cartón, la cual trae adherido y para desprenderse un separador alusivo al libro adquirido. Todo lo anterior con el fin de crear nuevos lectores.
-
Es bajo este sello y dentro de la colección Mar abierto, narrativa contemporánea, que el año pasado se publicó “Ícaro” de Sergio Pitol. Un libro más que se anexa al inmenso mar de obras que tienen la firma de este autor maravilloso. El arte de éste estuvo a cargo de Francisco Toledo.
-
“Ícaro” es una antología hermosa en la cual el lector verá textos que han aparecido en anteriores obras de Pitol. “El oscuro hermano gemelo”, “Chéjov, nuestro contemporáneo”, “Vindicación de la hipnosis”, son textos que aparecen originalmente en “El arte de la fuga”; “Los papeles de Aspern” y “Conrad, Marlow, Kurtz” se encuentran en “Adicción a los ingleses”; otros textos que acompañan a esta antología son: “La pantera”, “Nocturno de Bujara”, “De reconciliaciones”, “De cómo escribí mis primeras novelas”, “Cementerio de Tordos”, “De cuando Enrique conquistó Asjabad y cómo la perdió” e “Ícaro”. Textos que fueron acomodados por Pitol de una manera plausible, como caracteriza a toda la obra de Pitol.
-
Ícaro es hijo del arquitecto Dédalo, constructor del laberinto de Creta, y de una esclava. Fue encarcelado junto a él en una torre de Creta por el rey de la isla, Minos. El mito griego de Ícaro aborda temas como las relaciones padre-hijo y el deseo del hombre de ir siempre más lejos, aún a riesgo de tener que encontrarse cara a cara con su condición de simple ser humano. Tal vez sea por eso, que Sergio Pitol titula así a su nueva antología, que incluye relato, cuento, memoria y ensayo, pues va llevando al lector por un viaje a través del cual conocerá las experiencias literarias que dicho novelista tiene con la literatura rusa y la inglesa; se divertirá con sus experiencias al lado de Vila-Matas o Vlamata; entenderá acerca del proceso de escribir y de leer. Como bien dice la contraportada al libro: En esta antología se encuentra el mapa de una forma literaria, un viaje iniciático a la gran literatura. Pitol como acostumbra en sus textos, lleva al que se tope con sus libros de la realidad a la ficción en un santiamén. Es un mapa que ayudará más a los teóricos, críticos y lectores de Pitol para comprenderlo y entenderlo.
-
Al leer esta nueva antología de Pitol, caro lector, podrá comprender el arduo trabajo y el gran arte que implica leer y escribir. Sin duda, es un libro que debe tener en sus manos.
-
Aquí un fragmento que aparece en “De cómo escribí mis primeras novelas”: "Cuando escribo algo referente a mi autobiografía -crónicas de viajes, ciertos acontecimientos en que por propia voluntad o puro azar fui testigo, presencias de amigos, maestros, escritores o artistas a quienes he conocido, y, sobre todo, las frecuentes incursiones en el imprevisible magma de la infancia-, sospecho que el ángulo de visión nunca ha sido adecuado, que el entorno es anormal, a veces por una merma de realidad, otras por un peso abrumador de detalles".

viernes, septiembre 12, 2008

Santas escatologías-Israel León o’Farril (La Jornada de Oriente 11/09/08)

Los que siguen son textos del que fuera tallerista de Carmen "La Mary" Barranco y de Alan "el profe negro" Arroyo; ambos, ahora en el Collhi.
-------
Mientras leía el texto de Solange Alberro El Águila y la Cruz, orígenes religiosos de la conciencia criolla, buscando información sobre los mitos creadores de la nacionalidad en México, entre los que se cuenta el mito de Guadalupe y el fundacional –ése del nopal con el águila y la serpiente–, tuve una revelación cuasi religiosa: aquí y allá se mencionaba el término escatología.
-
Más adelante sucedió lo mismo con el texto de Jacques Lafaye Quetzalcóatl y Guadalupe, la formación de la conciencia nacional; y con el de Enrique Florescano Memoria mexicana. En todos ellos se mencionaba la palabra escatología. Sin salir de mi estupor, corrí al diccionario de la Real Academia, para confirmar que escatología se refiere a todo lo relativo a los excrementos y suciedades, pipí, popó, punes, mocos, en fin, todo aquello que el cuerpo desecha. ¿Qué demonios tenía que ver con lo sacro?
-
Más adelante me llevé tremenda sorpresa al descubrir que también se refiere al “conjunto de doctrinas relacionadas con el destino último del hombre y el universo”. La relación entre los dos términos me pareció deliciosamente perversa, y ese escuincle que todos llevamos dentro empezó a elucubrar un sin fin de juegos de palabras. Lo primero que me vino a la mente fue el joven maravilla, ñoñazo patiño de Bruno Díaz en el más ñoño aun programa televisivo basado en la historia del DC Comics, diciendo: ¡Santas Mierdas, Batman! Algo que jamás hubiera aparecido en nuestra sacrosanta televisión, dicho sea de paso.
-
Claro que no me detuve ahí. En los libros anteriormente mencionados se relacionaba a la escatología con la construcción de la identidad criolla a manos de un tal Bachiller Miguel Sánchez que publicó en 1648 un elogio a la aparición de la virgen de Guadalupe, de nombre tan largo que no cabría en este artículo. Baste decir que basaba su argumentación en que la virgen era la viva imagen de la mujer del Apocalipsis según san Juan. Si releemos ese texto, vemos que la mujer de la que habla habrá de dar a luz al niño, que es Jesús, que será tomado por los ángeles para ser llevado a los cielos, y que el demonio, representado por un monstruo en forma de reptil, ataca a la mujer frustrado por no poder devorar al niño; entonces, los ángeles le regalan a ella un par de alas de águila para que pueda escapar de la bestia. Los investigadores comentan que no hace falta mucha imaginación para encontrar un simbolismo mestizo en esa imagen, mezcla entre el catolicismo y un mito prehispánico: la virgen por un lado y el águila en el nopal devorando a la serpiente por el otro, reptil por cierto que representa al demonio que es vencido. Empezaba el mito de lo nacional, fundamentado en la imagen de Guadalupe que habría venido a evangelizar mucho tiempo antes que los españoles; incluso, que el mismo San Juan la habría profetizado.
-
Y entonces, el maligno se apodera de mí, y reflexiono maliciosamente sobre el tema. ¿Es pues que el Bachiller realizó todo un prodigio de imaginería escatológica sobre el origen y destino divino de los mexicanos, o es que estaba lleno de lo que la otra escatología analiza? Si se trata de la segunda, la artificialidad de los mitos nacionales caería tan bajo como las excrecencias más detestables del ser humano y toda esa construcción no es otra cosa que boñiga; o quizá nuestro nacionalismo no resiste una brisita y cual ventosidad (oséase gas) se esparce hasta perderse en la nada. Digo lo anterior pues sorprende la facilidad con la que nos hacemos de nuevos héroes en nuestra sociedad, especialmente la televisión. Recientemente, durante las olimpiadas chinas, al ver que nuestros atletas de plano no daban el ancho de acuerdo al nivel de expectativas que siempre manejamos, las dos televisoras se colgaron de las medallas del anfibio Phelps, hasta transformarlo en un dios del Olimpo. De esa manera, hasta un pedacito de las salpicaduras de tal santidad nos cayó. Por supuesto, me refiero a la escatología decente, no a la otra. Algo muy semejante pasó con el criollo Bachiller y sus seguidores, entre los que se cuenta Sigüenza y Góngora: justificarnos en espejismos.
-
De la misma forma, no se requiere ser muy suspicaz para entender que nos aferramos a cualquier cosa para sustentar nuestro ser mexicano, así sea usurpando conocimientos indígenas y mezclándolos con concepciones occidentales para crear lo propio. Es quizá la máxima representación de la piratería, pues transformamos dos purezas, en impurezas que luego encumbramos en nuestro muy propio adoratorio particular, y terminan siendo purezas.
-
La reflexión podría seguir y seguir, pero he de controlar al maldoso escuincle que llevo dentro, pues quizá y hasta termino diciendo que la Independencia de nuestro país fue puro pun, y que la Revolución Mexicana se fue directamente a la popó; incluso que Villa y Zapata nomás la hacían de flatulencia y que, como al que obra mal, se les pudrió el conducto excretor. Digo, nomás por aquello del bicentenario y centenario, respectivamente. Podría concluir que este artículo me salió de pura deposición.
----
¿Crisis alimentaria o crisis lectora?-Israel León o’Farril (La Jornada de Oriente 27/08/08)
--
Tanto Charles C. Cumberland, en su libro Madero y la Revolución Mexicana, como John Womack Jr., en su Zapata y la Revolución Mexicana, y Friedrich Katz en su biografía de Pancho Villa informan que previo a la revolución maderista, por allí de 1906, México vivía una crisis económica derivada de la caída de los precios del maíz y del azúcar, lo cual redundó en los años posteriores en una crisis alimentaria. Coinciden también en los altos niveles de corrupción y en los constantes abusos de hacendados, empresarios y líderes políticos, que aprovechando sus lazos con el poder central hacían y deshacían a su antojo. El campo y las minas estaban a merced de la especulación de unos cuantos, y las empresas transnacionales, principalmente de los Estados Unidos, sacaban sus capitales sin que nadie pudiera decir nada. Es ahí que dos o tres simpáticos gandallas (los Terrazas, los Creel, los Limantour) medraron instalados en las posibilidades oligárquicas que propició el régimen porfirista. Los libros de historia citados con anterioridad dan cuenta de éstos y otros abusos, y en sus páginas existe la comprensión de una época determinante para nuestro país.
-
Pero no sólo la historia se encarga de exponer estas realidades. La literatura, en voz de muchos escritores geniales, como Agustín Yañez, con Al Filo del Agua, o Bruno Traven, con su ácida novela La Rebelión de los Colgados, exponen los antecedentes en diferentes regiones. Hurgan en la psicología y el comportamiento de la explotación, se deleitan al exponer la avaricia de los aserraderos de maderas preciosas en Chiapas, o de la lujuria contenida en un pueblo del norte de México gracias al control irrestricto de un párroco sobre las costumbres del lugar, caldo de cultivo para cualquier rebelión.
-
Y uno se pregunta: ¿crisis alimentaria?, ¿los Creel?, ¿un clero activo, conservador y al oído de Los Pinos?, ¿un campo prácticamente eliminado y en manos de unos cuantos? ¡Noooo!, ¡¿De nuevo?! Y sí, lo que sucede es que nunca se fueron, simplemente durmieron el sueño de los justos y esperaron a que llegara de nuevo su momento. Y llegó con la instauración del modelo a principios de los 80.
-
Hoy tenemos problemas muy similares a los que se vivían hace 100 años, y recientemente más de uno ha vaticinado un nuevo levantamiento social en el país. No quiero ser un nuevo agorero del Apocalipsis, pero me cae que es difícil no optar por esa tesis cuando las cosas siguen y siguen igual. Sin embargo, a la par de las deficientes políticas públicas con respecto al campo mexicano que han instrumentado numerosos gobiernos, priistas primero y panistas ahora, se suman deficientes políticas con respecto a lo educativo.
-
Hemos reducido el analfabetismo real, pero, al no profundizar, nos hemos quedado con millones de analfabetas funcionales que saben leer y escribir, pero poco más. Nos hemos quedado con la cómoda imagen que nos proporciona el cine, esa imagen que inauguró la película Allá en el Rancho Grande, de Fernando de Fuentes: ese ranchero dicharachero, bonachón y cantador que es rete bueno, y rete comprensivo con sus trabajadores, casi como un padre; esa imagen es continuada por la ranchera chida, una Sara García personificando a la dura abuelita de Los Tres García, de Ismael Rodríguez, y hasta nuestros días con el churro televisivo ése de Fuego en la Sangre que no hace más que modernizar al ranchero chido hasta volverlo una burla de sí mismo, y que resulta un alimento más para la calentura de las féminas de cualquier edad.
-
¿Qué hubiera sucedido si los textos arriba citados hubieran llegado en lugar de esas imágenes? Quizá otro asunto estaríamos contando en este momento, y quizá no se hubiera firmado tan a la ligera ese famoso TLC, sobre todo en el apartado del campo. ¿Será también que las elites que nos gobiernan tampoco los han leído? Quién sabe en esta administración, pero de la anterior no cabe duda. Por tanto, me parece que nuestro problema no está sólo en la falta de frijoles, maíz y lácteos, sino de lectores, lectores de libros que analicen en la historia, en el presente y a partir de la novela los diferentes vaivenes de la política en el país. Puede parecer ingenuo pensar que unos cuantos libros habrán de crear consciencia, pero, ante el panorama... la verdad es que no se vislumbra mejor solución.

jueves, septiembre 11, 2008

Trastornos de lo cotidiano

Diario Milenio-Puebla (11/0908)
---
La hipocondría es un serio desequilibrio de la personalidad que afecta a muchísimas personas en el orbe. Inicio esta nota al estilo de las páginas que uno abre en el buscador de Google. Me ha dicho mi querido neurocirujano, el doctor Ignacio Galindo, que tengo prohibido entrar a la Internet y buscar ahí páginas que hablen de enfermedades. “Lo siento, doctor”, le dije y rematé con un “no volverá a suceder”. Lo que sucede es que al adentrarme a las páginas que tratan temas de asuntos del cerebro y demás, me fue entrando un ligero vértigo que terminó por tirarme en la cama. “No más, doctor”, se lo remarqué.
-
Pero al igual que los fumadores o los bebedores empedernidos que se esconden para satisfacer lo que el organismo les exige yo, en contra de las instrucciones del doctor, estuve a punto de volver sobre los pasos. “¡No!”, como en las terapias grupales: “¡No!, no por estas veinticuatro horas”. Así que ya no quise saber más sobre la hipocondría: me conformo con los conocimientos que adquirí en la escuela de psicología.
-
Cuando un fumador o un bebedor –se dice– deja de serlo, podrá con facilidad caer en las garras de otra dependencia. La hipocondría –¿esto pasa desapercibido a los trabajadores de la salud?– nos viene provocada por los grandes males que atañen a la sociedad y –finalmente– termina por hacernos daño. ¿Un hipocondriaco a dónde dirige sus pasos? Al vacío.
-
Recuerdo la famosa frase del doctor Freud al referirse a una paciente de manera conmovedora: “Yo la saqué de su miseria espiritual para enfrentarla a su triste miseria material”. Era, sin duda, un cargo de conciencia.
-
En suma: la antipsiquiatría (un movimiento generado en los años sesenta en Italia y en Inglaterra casi simultáneamente) mantenía un postulado que me parece aún básico para entender parte del comportamiento humano: ¿si a alguien se le llama paranoico porque se siente perseguido, cómo se puede denominar a la persona que es realmente acechada por alguien o por algo?
-
Trasladando ese postulado a la hipocondría: al hombre o la mujer que sufre —y la siente y la lleva— una enfermedad imaginaria se le etiqueta simplemente así: “es un irremediable hipocondriaco”. ¿Y quién quiere compartir la vida con un hipocondriaco? Sólo otra personalidad desafinada, trastornada, chueca. O sólo otra personalidad hipocondriaca.
-
¿Y qué pasa entonces con aquellos que sufren de un serio desajuste emocional provocado por la irracionalidad de la vida cotidiana? A ésos debemos enfocar nuestra atención. Siempre hay alguien que sufre, aunque no sepa bien a bien por qué.
-
La vida cotidiana, señoras y señores, provoca grandes males. Esto que afirmo no es el descubrimiento de nada. Basta detenerse en las tragedias que leemos en los diarios. Basta sabernos inseguros y con miedos. Basta con mirar al otro que nos regresa unos ojos agresivos. Bastan los rostros de miradas vacías en un transporte público. Basta la conciencia –infundada o no– de la sola posibilidad perder el mañana.

martes, septiembre 09, 2008

De casa en casa

Diario Milenio-México (09/09/08)
---
Es bien sabido que, junto con la pérdida de un ser amado o la falta de empleo, mudarse de casa es una de las actividades que suelen producir más estrés. Una mudanza implica, desde luego, el cierre de un ciclo, la descontextualización y eventual recontextualización de una vida, el inicio de algo que, si es cierto que es un inicio, es algo en sentido estricto desconocido. El entusiasmo y el duelo se confunden así para producir aquella poderosa sensación que Heidegger definiera como el dolor que produce la cercanía de lo lejos: la melancolía. El que se muda ya no está, pero todavía no llega. El que se muda observa su alrededor pero en realidad ve hacia atrás. Sublime retrospectiva. En entredicho permanente, el mudante observa, calcula, descuelga, empaca. Pero, sobre todo, el mudante palpa: los objetos convertidos, por obra y gracia del cambio, en historias condensadas que la mano descifra. Braille sentimental. Supongo que la tensión y el cansancio de la mudanza están íntimamente relacionados a esa súbita animación de los objetos. Esa taza que. Aquella repisa. La superficie de la mesa donde. ¿Te acuerdas de los zapatos? Esta cortina. Sobre la punta del mítico alfiler, el mudante ocupa un centro alrededor del cual el pasado danza.
-
Es así como surge la casa.
-
Justo como la respiración, la casa suele pasar desapercibida en su recurrente estar-ahí. Uno se acostumbra a entrar en ella, a deslizarse por sus pasillos o chocar contra sus paredes como si tal entrar o tal chocar fueran actos naturales. Cosas de la vida diaria. Uno abre o cierra sus puertas en realidad sin pensar. De conocerla tanto, pues, uno la olvida. Aún en el proceso de remodelación o fraguando el diseño de sus cuartos, uno olvida sus planos internos, los que permiten o no permiten la existencia de una salida. Pero con la lista de enseres y las cajas de cartón a cuestas, el mudante recapacita: uno es, después o antes de todo, el espacio que le da forma, la casa que lo oprime o lo arropa, la ventana por la que se puede mirar. Tengo la impresión de que es por eso, por la existencia a la vez explícita e invisible de esos inamovibles planos internos, que uno visita las casas de sus escritores favoritos. Más allá de la huella anecdótica de su presencia, lo que uno busca es el puente que va, y esto de manera por demás íntima, de la habitación a la página. Un principio de composición. Una arquitectura privada que, estando a la vista de todos, es, sin embargo o por lo mismo, invisible. El escritor vive, en el sentido más material del término, de la misma manera en la que escribe, y viceversa. Sólo los habitados narran.
-
Es así como surge la página.
-
En 1844, Edgar Allan Poe escribió The Purloined Letter, un relato en el que el prefecto de París pide ayuda a Auguste Dupin para encontrar una carta robada. Las autoridades saben quién la robó (un ministro con ojos de lince) y, en general, el lugar donde el objeto puede encontrarse (la casa del ministro). Sin embargo, después de una búsqueda minuciosa, acaso exhaustiva, los policías no pueden dar con ella. Dupin, quien está al tanto de que el ladrón es, además de ministro, poeta y matemático, llega a la conclusión que la carta no está escondida, cuando menos no de la forma convencional. Lejos de buscar el objeto en cajones secretos o en el hueco de las patas de la mesa, Dupin la rastrea en un lugar distinto: no en la profundidad de los escondites extraordinarios, sino en la superficie. Y ahí es, precisamente, donde la encuentra. A la vista de todos. La carta arrugada y puesta de revés parece otra, pero es la misma.
-
Unos cien años más tarde, Jaques Lacan analizó este relato en su famoso seminario de los miércoles, curiosamente en la misma ciudad donde Poe situó su relato original. La lettre volée. Al psicoanalista le preocupaba, entre otras cosas, promover el siguiente principio: “que en el lenguaje, nuestro mensaje nos viene del Otro y, para anunciarlo hasta el final: bajo una forma invertida”. También se planteaba desde ahí la siguiente pregunta: “si el hombre se redujera a no ser más que el lugar de retorno de nuestro discurso, ¿no nos regresaría la pregunta de para qué dirigírselo?” Tal vez. Es muy posible que al psicoanalista, en realidad, le interesaran muchas más cosas pero, tal como él mismo lo afirmó a menudo, la verdad sólo puede ser enunciada a medias. En todo caso, no sugería Lacan dejar cosas a la vista para esconderlas mejor, sino llamar la atención sobre el hecho básico de que nada “por muy lejos que venga una mano a hundirlo en las entrañas del mundo, puede estar escondido en él, puesto que otra mano puede alcanzarlo allí”. El misterio es simple y raro al mismo tiempo, tal como lo había enunciado Poe.
-
Hacia el final de la primera parte del seminario, después de verse confirmado en el rodeo por el objeto mismo que lo lleva a él, Lacan sentenciaba que una carta siempre llega a su destino o, en otras palabras, que el lenguaje entrega su sentencia a quien sabe escucharlo.
-
Es así como surge la mudanza.

lunes, septiembre 08, 2008

Señores del tolete

Diario Milenio-México (08/09/08)
---
Y si no fueran todos los que están?
-
Siempre que uno escribe o lee una parrafada, espera que le lleve a un destino final; a diferencia de la realidad, las palabras escritas prometen, por el sólo hecho de hallarse ahí, alguna conclusión más o menos plausible. Tres semanas atrás, realicé en estas páginas algo muy parecido a un ejercicio ciudadano: quería preguntarme qué razones tendría una persona intrépida para volverse policía en la ciudad de México, pero al cabo no di con una sola. Sólo la sinrazón, o el afán manifiesto de corromperse, concluí no exactamente por mi gusto, podía llevar a cualquiera por un camino en tal modo sembrado de despropósitos. Más que una conclusión, parecía la ausencia total de conclusiones. Una ficción, al cabo, pues lo cierto es que la ciudad está repleta de policías, de modo que por pura ley de probabilidades parece fantasioso aventurar la idea de que no existe un solo policía honesto, o de perdida bienintencionado; si bien lo cierto es que éstos, dondequiera que estén, la tienen tan difícil que bien merecerían el calificativo de héroes.
-
Si uno sensatamente se pregunta por la eficacia real de nuestra policía y se asoma a las cifras al respecto, acabará por no salir a la calle, o hacerlo acompañado de esa clase de paranoia que a la postre consigue imantar las desgracias que pretendía evadir. De ahí que algunos prefiramos confiar en las destrezas del ángel de la guardia, y a veces sumergirnos en el consuelo de la novela negra, donde mínimo existe un principio y un fin, amén de que es posible asomarse a las motivaciones de los participantes. Queda, no obstante, la sensación de haberse paseado por un parque temático o un planeta distante cuando se vuelve de una de esas novelas de Henning Mankell donde los peores crímenes son meras excepciones del comportamiento y las instituciones justicieras no nada más funcionan de una manera óptima, sino además sus miembros trabajan permanentemente preocupados por la impresión que causan en los ciudadanos. A lo largo de varios cientos de páginas, el lector es un sueco que paga sus impuestos y exige que éstos se administren como es debido. No faltaba más, pues.
--
Regla mata excepción
-
¿Qué razón tuvo en un principio Kurt Wallander, el ultrachambeador detective de Mankell, para volverse policía? Según éste confía al niño de once años que le hace la pregunta, su motivo es tan simple como el que debería tener cualquiera que se aboque a emprender un oficio determinado: creía que podía ser un buen policía. En cualquier sociedad que pretenda llamarse a sí misma civilizada, ese parecer basta para lanzarse a buscar suerte en la profesión, y en alguna medida encontrarla. Nada, en la vida cotidiana del policía Wallander, conspira contra ese propósito fundamental, como no sean los propios criminales, que como es de esperarse querrían demostrarle lo contrario. Ministros, funcionarios y leyes trabajan dentro de los límites razonables para que las personas vayan y vengan por las calles sin jamás esperar que el sistema pudiera traicionarlos, y acaso se encomiendan a la Providencia contra el curioso azar que los haría víctimas de una excepción.
-
La última vez que descendí de una novela de Mankell hacia la realidad cruda y pelona, fue aterrizando en las imágenes de Tropa de élite, del brasileño José Padilha. Es ahí donde el protagonista, policía entrenado para operativos especiales donde matar no es ni con mucho una restricción, encuentra y se repite que el sistema de justicia no está allí para proteger a los ciudadanos, como a sí mismo. ¿Qué de extraño tendría que policías, funcionarios y políticos se coludieran con los criminales, cuando todos son parte del mismo sistema? Más raro, a todas luces, parecería que los socios se combatieran a sí mismos, especialmente cuando buena parte de los ciudadanos que los pusieron ahí no tienen cuando menos la educación bastante para alzar la voz y exigir cualquier cosa. Frente a una policía pobre y corrompida y un hampa siempre mejor provista, pagada y armada, toda esperanza de justicia queda en manos de un batallón de cien mercenarios incorruptibles y asimismo inconmovibles, expertos no ya en investigar sino en hacer la guerra contra el crimen. Una guerra perdida de antemano, que no obstante compensa a sus combatientes con unas cuantas cabezas sangrantes. Uno se refocila así en la certidumbre del personaje, cuando éste afirma que todo aquél que mata a un miembro de su batallón firma su propia sentencia de muerte. A como van las cosas, se diría que en una hipotética policía eficaz sólo cabrán dementes y fanáticos.
--
Cínicos y contentos
-
Aún sin entender cómo hace un policía inmerso en un sistema corrompido y disfuncional para llevar a cabo su trabajo, salto a otra muestra de violencia extrema: Ángeles del sol, también brasileña, dirigida por Mauricio Gonçalves. Noventa escalofriantes minutos dedicados a contar la historia de una niña nordestina secuestrada y forzada a prostituirse en una mina de oro de la Amazonia. Apenas una muestra insignificante de las cien mil niñas y adolescentes que, según se estima, viven hoy día en esta situación, solamente en Brasil. Secuestradas, violadas y esclavizadas, no pocas veces para el deleite de ciertos turistas, llegados de países civilizados donde esas canalladas son impensables, o quizá excepcionales. ¿Sirve de algo pensar que en mi país tal vez no sean cien mil?
-
Me cuesta imaginar a un policía digno percibiendo un salario de mierda. Habría que ver quién logra combatir al crimen desde la indignidad y la miseria. Pero más que ponerme en el pellejo de uno de ellos —dudo que sea posible, por lo demás— me meto en los zapatos de un escritor de novelas negras y nomás no consigo eludir la sombra de ese sistema dado al autoblindaje y la inconsecuencia. Lo peor, me temo, es que la mera idea de un policía local incorruptible provocaría risas en el público lector. Entonces me pregunto si no será esa suerte de cinismo impotente la más grande esperanza de los criminales en uno y otro bando. ¿Es posible creer en una policía eficaz a la que nadie logra respetar? Henning Mankell, al menos, concluiría que no.

Breves notas

He terminado por fin de leer Ícaro de Sergio Pitol (Almadía, 2007), es sin duda una antología que sorprende y fascina. Leer a Pitol es un privilegio, es un autor que sabe llevar al lector de la mano, hace con éste lo que mejor le plazca y convenga, le narra sus procesos de escritura y lectura, le platica de sus aventuras al lado de otros escritores, le cuenta de la admiración que siente hacia lo escritores rusos e ingleses, lo lleva de la realidad a la ficción. Todo esto hace que sus libros sean indefinibles, pues mezcla relato, cuento, memoria, ensayo, a veces hasta noveleta. Y no queda otra mejor definición que antología. Antología de experiencias y conocimientos. Esta semana, si no pasa otra cosa, podrán ver un breve comentario acerca del libro en mi columna El guardián del diván.
-
Ahora, leo con agrado la novela más reciente de mi maestro amigo Pedro Ángel Palou: Cuauhtémoc, la defensa del quinto sol. Novela que viene a cerrar su trilogía histórica que busca responder el por qué de las derrotas que ha sufrido este país desde la antigua Tenochtitlán hasta la Revolución Mexicana. Las primeras cincuenta páginas me han fascinado, sin duda, Pedro Ángel ha encontrado su voz narrativa, esa que lo define, como se dice en los talleres literarios, uno puede borrar el nombre del autor en la portada de la novela y se sabrá quién la escribió. En cuanto acabe, la comentaré brevemente en mi columna que escribo para El Columnista.
-
Este domingo fue fatal, todo el día lloviendo desde las 4 de la mañana hasta las 7 de la noche aproximadamente. Carmen, mi novia adorada, ya me paso esa extraña costumbre de querer ir al baño cuando llueve, fui 5 veces en este día, ¡por dios! Hablando de Carmen y cosas personales, en este día lluvioso, fui a imprimir unas de las tantas fotos que tengo. Las fotografías no sólo sirven para buscar conservar algo de la memoria e historia personal, también son un instrumento que nos ayudar a darnos cuenta qué afortunados podemos ser. Tuve que elegir una foto con Carmen de cómo 25 que ya tenemos, también imprimí otras donde aparezco con Juan Villoro, Margo Glantz, Ignacio Solares, Sergio Pitol, Álvaro Enrigue y Cristina Rivera Garza, pura luminaria y estrella de la literatura.
-
En la tarde de este lluvioso domingo estuvimos reunidos con parte de la familia de mi madre para festejar el cumpleaños de una prima. Es curioso, en eso que le llamamos sobremesa, se prestó la discusión acerca de lo pésimo que es Amanditititita, decían mis familiares: eso es algo que no debiera existir. Ofende al oído y el gusto musical. Pero ¿dónde dejamos a RBD, Tokio Hotel, Simple Plan, todos los de la Academia, el refrito mal hecho de Timbiriche, etc? No sé, mientras el populacho familiar asegura que Amanditititita apesta, en el canal 22 del CONACULTA uno se puede enterar que dicha cantante se codea con Monsiváis, Pitol, J. E. Pacheco, Poniatowska, además ¡los ha leído! Ya quisieran muchos disque artistas tener ese bagaje literario, además de la herencia, es ni más ni menos que hija del extinto Rockdrigo González. Y mientras nos poníamos a debatir de música, mis adentros lamentaban que no estuviera presente Carmen, quien seguro me hubiera ayudado a darles una amplia lección sobre oído y gusto musical.
-
Mañana es lunes y de nuevo a la friega semanal, espero traiga mejores cosas. Ya se empieza uno a hartar de secuestros, descabezados, asesinatos, jóvenes imprudentes que se matan y matan a otros por ir a toda velocidad y ebrios, de políticos rateros que prometen el cielo y nos meten más a los inframundos de Dante, etc.

jueves, septiembre 04, 2008

Variaciones sobre la violencia

Diario Milenio-Puebla (04/09/08)

---
Me he puesto a revisar ahora que he tenido tiempo, algo sobre la bibliografía literaria que contiene como tema la violencia y la impunidad. La condición humana es compleja, en verdad compleja. ¿Quién va a detener a quienes matan, violan, roban o atentan contra la inocencia, etcétera? A lo largo de la historia hay registros múltiples de grandes mentes psicópatas. Pero esas mentes se forman lentamente, en silencio y sin manifestaciones que prendan un foco rojo. Una primera condición: una mente así no sabe lo que es la culpa: no sabe lo que es el arrepentimiento y ve a sus víctimas como si fueran todo, menos personas. Y para eso no todos estamos preparados.
-
En un reportaje que transmitieron en la televisión, vi el recuento que hicieron sobre la lucha que los gobiernos de México y de otros países han dado en contra de la delincuencia. Y las cosas siguen igual en el mundo. ¿Corresponde a la parte animal del hombre? Quizá.
-
En realidad, como lo han comentado varios articulistas en los medios impresos, hace falta más –mucho más— que una marcha para terminar con el miedo –el miedo legítimo— que siente ya cualquier persona al salir a la calle.
-
Muchos factores se reúnen para desembocar en el umbral del horror. Estamos viviendo en la zozobra, mucha gente se despierta por la mañana; es probable que salga a conseguir para comprar algo de pan y no creo con esto estar exagerando. Leo la página roja de los periódicos y me encuentro casos donde alguien asesina por una cantidad irrisoria de dinero, por celos infundados, por sospechas paranoicas. Cafres que sin precaución terminan con la vida ajena sin que nadie les ponga límites. Ésa es también la otra forma de la violencia. La impunidad cobra vida donde sea. Basta echarle entonces una ojeada a los medios, sólo basta eso. Algo tiene que suceder, me lo dicen las propias condiciones del país. No entiendo cómo se resolverían las cosas, pero me uno a ese ¡ya basta!, que se ha convertido en un clamor popular.
-
Tomé el libro Los casos que más conmovieron a México (Ed. Populibros “La Prensa, 1978), y ahí se incluyen páginas terribles. Una pregunta que se hacen los especialistas investigadores: ¿cuántos delitos no se denuncian por miedo? Muchos, deben de ser muchos.
-
En este volumen está el caso (el famoso caso) de las solteronas hermanas Villar Lledías, quienes tenían una fortuna en su casa. Al entrar a robarlas los malhechores arremetieron con todo, de ahí el dicho popular “se llevaron hasta el perico”. Este fue un hecho que estremeció a la sociedad mexicana de los años cincuenta.
-
La violencia y la impunidad crecen como la mala hierba y no hay poder humano que logre detenerla. Sigo pensando que una manifestación simultánea para iluminarnos contra la violencia para algo ha de servir.
-
Yo así lo espero. Ojalá en la reedición de Los casos que más conmovieron a México aparezca ya aquí el caso del notario que despacha cerca del Puente de Ovando y del pillo abogadete que me han defraudado. Y deseo que la violencia, el delito y la impunidad dejen de serlo algún día.

martes, septiembre 02, 2008

San Diego Alternativo / II



Diario Milenio-México (02/09/08)
---
A los visitantes más tradicionales de San Diego de seguro los mandarán a merodear por La Jolla, donde las vistas del Pacífico son, sin duda, fantásticas. Pero con excepción del extraño espectáculo que ofrecen unas focas okupas que hace años tomaron por asalto la entonces llamada playa de los niños y el Déjà vu que remitirá a escenas cruciales de El amante del teniente francés, en versión de Meryl Streep más que de John Fowles, resultado de la caminata por la estrecha vereda de piedra que se adentra en el mar, en realidad el paseo ofrece pocas singularidades. La Jolla está repleta del tipo de cafés y galerías cuyo objetivo parece ser no distinguirse un ápice de sus pares y filiales en otras latitudes costeras. Hay que ir, por supuesto, pero no hay demasiadas razones para quedarse mucho tiempo ahí.
-
Para vistas conjuntas del Pacífico y de la Bahía de San Diego yo prefiero Point Loma, especialmente el área que se extiende más allá de las bases militares y que rodea al faro que se inauguró con bombo y platillo en 1845, sólo para ser sustituido por otro mejor ubicado apenas unos 36 años después. Cosas extrañas suceden cuando uno le da la espalda a la tierra desde ese punto preciso del globo. Una novela, por ejemplo. La cresta de Ilión. El océano es apabullante de lo inmenso. El horizonte se pierde al parpadear. Hay algo de definitivo en la manera en que el agua toca los bordes del continente justo ahí, bajo el faro ciego. Si uno no vuelve el rostro, si uno logra controlar el vértigo o la ansiedad que provoca la inmensidad marina y no vuelve la mirada a tierra firme en busca de refugio o consuelo, entonces algo tiene que pasar por fuerza. Algo extraño. Algo como la frase no tener asidero. Algo como la imaginación.
-
Para los neo-hippies, o los jóvenes con aspiraciones retro, no hay, sin embargo, mejor elección que Ocean Beach –cercada por comercios locales (y no la tradicional cadena de homogeneas trasnacionales que domina muchas de las playas no sólo de San Diego sino del mundo entero) y una plétora de pequeños restaurantes que van desde las hamburgueserías con decoración de los 50 hasta los todo-es-orgánico-aquí, este pueblo playero carece de pretensiones y de onomatopeya. Los militantes de causas sociales, los cazadores de antigüedades, los surfistas convencidos, los fumadores de mariguana y/o de tabaco, los pacifistas, los buenos para nada, los eskateros, los que huyen de las cadenas de la realidad, los dueños de perro (hay desde 1972 una playa para perros en esta área), todos ellos se sentirán comodísimos en un espacio que se mueve a contracorriente de los designios de la moda o el capital. A mí me gusta caminar por el largo muelle de madera donde se apostan los hombres con sus cañas de pescar a esperar a que pique la cena de la noche. Paralíticos o con sospechosos aromas a alcohol barato, los pescadores de Ocean Beach no son deportistas que pasan el rato sino personas con apetito. Alguien que pase las manos sobre el barandal de madera del muelle, podrá sentir las escamas que quedan después del ritual despedazamiento de los peces.
-
A los turistas con familia de seguro los enviarán a Sea World o al muy famoso zoológico de San Diego. He aquí, sin embargo, dos alternativas para los que sospechan de las virtudes de los espectáculos del amaestramiento o para los que tienen bolsillos más bien pequeños. El acuario de la Universidad de California en San Diego es relativamente pequeño, pero guarda una variada colección de vida marina de la región, además de gozar de una de las vistas más hermosas del océano. Los niños se divertirán, además, tocando las estrellas de mar o el coral o el sargazo que se dejan a su alcance en pequeños contenedores en la terraza. El museo que documenta con textos, imágenes y objetos la historia de la oceanografía en UCSD también debe resultarles de interés. Claro que si todo falla, siempre queda la posibilidad de dar el salto que depositará a la familia entera en las arenas de la playa nudista donde, sin duda, nada será aburrido (al menos la primera vez).
-
La segunda opción involucra un deslizamiento (inevitable) hacia la frontera. Se trata del estuario del río Tijuana –un sitio en apariencia olvidado (las oficinas muestran empolvadas aves disecadas que han conocido, no sé cómo decirlo de otra manera, mejor vida) que, sin embargo o por lo mismo, se ha convertido en el blanco de diversos grupos ecologistas. Lugar de descanso para aves migratorias, el estuario contiene también los estanques vernales donde se encuentran algunas especies en peligro de extinción, entre ellas la menta de Otay Mesa y los camarones de San Diego. Es del todo justo, o así me lo parece, terminar un recorrido alternativo de un San Diego eminentemente fronterizo con un paseo por un lugar que es, en sí mismo, signo de liminalidad y cruce. En el estuario embocan, es decir, se besan, las aguas del río y las aguas del mar. El estuario es entrada y abertura y grieta. Por ahí sobrevuelan las aves sin papeles que nos llevan, con fortuna, al otro lugar. A todos los lugares.

lunes, septiembre 01, 2008

Arde Manifestópolis


Diario Milenio-México (01/09/08)
---
Del odio a la extorsión
-
Escribo estas palabras lejos de mi ciudad y todavía en ascuas en torno a la marcha ciudadana del sábado pasado. Podría salir en busca de alguna conexión a internet y enterarme por vía del periódico, pero dudo que las próximas líneas necesiten de tal información, y hasta es plausible que sirviera de estorbo. Varios, entre quienes nunca antes hemos marchado por las calles en demanda de reivindicación alguna, sentimos todavía la cosquilla por hacerlo cuando parece haber un motivo apremiante y no asoman pastores a la vista. En un par de ocasiones lo intenté, mas he aquí que la presencia escandalosa de líderes en pos de arrebañar al personal hacía de la ocasión un despropósito espeluznante, ciertamente lejano del ideal de salir a las calles a manifestarse. Por no hablar de ese lastre indignante de los acarreados, toda esa pobre gente que marcha y se une al coro gobernante porque fue extorsionada desde el poder y no le queda más remedio que asistir. Dan ganas de marchar contra esas marchas donde los líderes, fascistas naturales, exigen protestar contra el fascismo, mientras la mayoría de los marchantes no acaban de saber para qué exactamente están ahí.
-
Es común que en las marchas que se quieren “combativas”, los contingentes se detengan frente a la embajada norteamericana y prendan fuego a una bandera de barras y estrellas, sin más móvil que un odio abstracto, simbólico y estúpido que ya en la práctica no sirve para nada. Se entiende a quien protesta, no a quien odia. La promoción del sentimiento enfermizo por excelencia difícilmente sirve para demostrar más que la frustración y la escasez de ideas de esos agitadores callejeros de quienes nunca hemos oído una sola propuesta constructiva y viable, pues lo suyo es pedir airadamente lo imposible, para luego poder seguir protestando, que su negocio. Que esa gente se haya hecho con el monopolio de la inconformidad ciudadana es una humillación para los ciudadanos y una ofensa flagrante al raciocinio, amén de una razón para marchar, sólo que de verdad. Sin pastores, ni tortas gratuitas, ni infelices pasando lista a los presentes.
--
Se alquilan inconformes
-
No fue extraño que cuatro años atrás el caudillo del odio —LoLo, que lo llama Luis González de Alba en sus artículos de cada lunes, esos sí combativos, suculentos y valientes—, en su papel de jefe de Gobierno, despreciara a los cientos de miles que marcharon, al igual que anteayer, contra la ineficiencia policial y gubernamental. ¿Cómo le iba a gustar al señor de las marchas que una de ellas osara escapar a su control y, el colmo, que los marchantes acudieran por propia iniciativa, sin un solo pastor que los iluminara? Corría el final de junio de 2004 cuando aquellas imágenes me pescaron a solas en un cuarto de hotel, sólo para llenarme de una regocijada envidia porque no había podido estar ahí, aunque igual celebraba ante la pantalla y ya me preguntaba si aquél sería el principio de un verdadero movimiento ciudadano, toda vez que el poder hacía cuanto podía por minimizar tales avalanchas de espontaneidad cívica. Tampoco sería extraño, finalmente, que más de uno entre los convocantes fuera oportunamente cooptado por el poder local y convertido en su propagandista.
-
Más de una vez se ha hablado de la necesidad de designar una zona específica de la ciudad como manifestódromo, cual si fuese posible acorralar a tantos contingentes de inconformes, genuinos u obedientes, cuya meta a menudo no es resolver problemas como exacerbarlos. De ahí que el arma favorita de los fascistas revolucionarios locales no sea ya la marcha, sino el plantón, que es una suerte de berrinche colectivo cuyo precio pagamos todos, menos la autoridad en teoría responsable. Será tal vez por todos ir detrás de esa caricatura de contraimperialismo que a nadie se le ocurre proponer una solución tan simple y democrática como la que permite a los gringos manifestarse a favor o en contra de lo que sea preciso, sin por ello tener que atropellar los derechos de nadie: la obligación civil de circular, pues en rigor nadie tiene el derecho de apropiarse de los espacios públicos, aun siguiendo la causa más noble. Ya quiero ver los rostros escandalizados de nuestros radicales conservadores ante una propuesta que les retiraría el santo privilegio del chantaje.
--
La impostura al poder
-
Pocas cosas me gustarían más que ahora mismo narrar lo sucedido en la noche del sábado, pero de poco serviría tanto entusiasmo si después es preciso esperar otro cuatrienio para que los pequeños ciudadanos volvamos a asumir nuestra mayoría de edad. Una ciudad donde la gente sólo se manifiesta cuando es arrebañada por pastores oportunistas, zafios y autoritarios no merece llamarse democrática, y desde luego no es gobernada por la izquierda, sino tiranizada por impostores anteayer genuflexos frente al poder priísta y hoy postrados ante un santón pedestre cuyos designios son inescrutables.
-
No dudo que la marcha del sábado pasado sea aún la noticia del día, pero al fin las noticias van y vienen, camino del olvido. Es también de esperarse que unos y otros pretendan llevar a partir de ella agua a su molino. La pregunta sería, en todo caso, qué va a pasar con tanta indignación ciudadana. ¿Permitiremos, de aquí en adelante, que el fascismo amarillo siga ejerciendo el monopolio de la protesta, hasta que por fin surjan los otros fascistas, con sus debidos paramilitares, y quedemos nosotros en medio? Suena hasta demagógico decirlo: “permitiremos”. La protesta obediente ya nos ha acostumbrado a esos oradores que se empeñan en no permitir nada, como si tal fuera su atribución. Esos que antes estaban en el poder tricolor que aglutinaba a todas las mafias sindicales son los mismos que ahora juegan a las consultas populares y se entienden a las mil maravillas con personajes cuyos solos apellidos lo dicen todo: Bartlett, Murat, Camacho, Muñoz Ledo, vástagos todos del poder que ahora dicen desafiar mientras sueñan con un golpe de Estado que les devuelva el poder absoluto.
-
Y en fin, ya me manifesté. Quiero seguir pensando, aunque sea por unos cuantos días, que soy sólo uno entre millones de inconformes que ya no se contentan con pantomimas.

domingo, agosto 31, 2008

Una cita, una cita.

"Cuando escribo algo referente a mi autobiografía -crónicas de viajes, ciertos acontecimientos en que por propia voluntad o puro azar fui testigo, presencias de amigos, maestros, escritores o artistas a quienes he conocido, y, sobre todo, las frecuentes incursiones en el imprevisible magma de la infancia-, sospecho que el ángulo de visión nunca ha sido adecuado, que el entorno es anormal, a veces por una merma de realidad, otras por un peso abrumador de detalles".
-
Sergio Pitol, De cómo escribí mis primeras novelas (Ícaro, Almadía, 2007).

Breves notas personales

La escritura sigue durmiendo el sueño de los justos, esperando que la experiencia que me otorgará mi vida, me dé la visión o un recuerdo para tomarlo y sobre éste empezar a ficcionalizar, según Pitol en El oscuro hermano gemelo. Y hace mucho que no blogueo de manera correcta. Las actividades me han absorbido demasiado.
-
Como muchos se habrán dado cuenta, en días pasados, estuvieron en Puebla Cristina Rivera Garza y Álvaro Enrigue. Oírlos hablar acerca de su proceso de escritura y luego sobre sus novelas más recientes fue todo un deleite. Convivir con ellos fue igual de rico que beberse una nieve de limón nadando en una coca-cola.
-
Estos días han traído cambios. El blog no lo sabe, porque no he podido escribirlo, pero tengo 4 meses y un cachito de tener novia; eso le ha dado un rumbo a mi vida inexplicable. De repente todo se torna de un color alegre, atrás quedó el sepia que iluminaba mi cotidiana vida.
-
Israel partió rumbo a la sierra poblana, a cinco horas de Zacatlán, para impartir clases, un interinato. La fuga cada vez se vuelve más fugaz, que no extinta, más bien, se esparce.
-
Académicamente estoy entrando en los últimos 100 metros de la carrera. Los seminarios que he escogido son llamativos, sumamente literarios, con Raquel Gutiérrez Estupiñan leeremos unas escritoras argentinas descocidas para mí: Paulina Movsichoff y María Rosa Lojo, mientras que con Prada Oropeza el asunto de analizar las novelas policiacas, detectivescas –o como él dice, de detección- será algo entretenido y con Gambetta pues lo interesante son las diatribas y vacilaciones que se presentan a la hora de confrontar el discurso historiográfico con la narrativa y la Historia.
-
Mientras me peleo con la universidad y sus tareas leo el más reciente libro de Pitol, con la admiración natural que un niño pueda tener cuando empieza a descubrir el mundo, Ícaro se llama y fue editado por Almadía, a la cual le prometí reseñarlo en mi columna. Espero en esta semana poder terminarlo para así cumplir con mi palabra. En espera inmediata para leer está el libro de cuentos: Ningún reloj cuenta esto de la tremenda Rivera Garza, al libro de Pitol le antecedió Vidas perpendiculares de Enrigue, un libro que me ha dejado anonadado con su limpia y espectacular construcción narrativa, un bello monstruo narrativo.
-
Como disciplina, intentaré, al menos cada viernes y sábado, estar subiendo un texto ya narrativo, poético o personal. Por lo pronto parto a seguir deleitando la pupila con cada una de las frases que Pitol hilvana de manera extraordinaria.

viernes, agosto 29, 2008

-El lapsus brutus de Rosendo Huesca, en el caso de Severiano Hernández(Diario “El Columnista” de Puebla- 29/08/08)

El escándalo más reciente bajo el cual se ha visto envuelta la iglesia católica poblana, en manos del arzobispo (nótense las minúsculas al propósito) Rosendo Huesca Pacheco tiene que ver con el acto de imputarle los cargos de pederastia, exorcismo y santería al padre Severiano Hernández Méndez, quien hasta hace unas horas se desempeñaba como sacerdote de San Salvador Atoyatempan.
-
Lo que causa asombro es la incapacidad y falta de criterio que tiene nuestro arzobispo. Ineptitud sería la palabra más correcta para adjetivar. Mientras al sacerdote Nicolás Aguilar Rivera, a quien sí se le comprobó el delito de pederastia, se le perdonó y sigue ejerciendo su sacerdocio. Severiano Hernández hace unas horas fue destituido de dicho pueblo. Aquí la contradicción es que cerca de 6 mil personas de ese mismo pueblo están dispuestas a protestar para exigir se le regrese a dicho pueblo, en palabras de Ángeles González, entrevistado en este medio el pasado miércoles. Luego las notas este jueves han manejado que la bronca es índole política.
-
Citó a Selene Ríos, reportera de Cambio:
-
"A decir del presidente del Consejo Parroquiano, el problema de Severiano Méndez —hoy instalado con su familia en la capital poblana— surgió en un retiro llevado a cabo a mediados de julio dirigido por el presbítero Victoriano Ramírez, quien en pleno sermón pidió orar por los políticos que están pugnando por la ley del aborto y de la eutanasia. Incluso en una de las cartas a favor de Severiano se establece: “Lo que queremos manifestarle es que solamente participaron dos matrimonios de los manifestantes en dicho retiro. A nuestro parecer el problema no ha sido lo que argumenta, sino que al finalizar el retiro, el predicador pidió a los asistentes orar por el partido que está promoviendo el aborto y la eutanasia.” Dicha postura política generó molestia entre los perredistas de la región, asegura Élfego Galindo, por lo que días después expresaron ante la Catedral del municipio que la familia de un joven enfermo de epilepsia argumentó que la culpa era del sacerdote.
Élfego Galindo aseguró que Severiano Hernández jamás hizo un acto de exorcismo en la comunidad, porque en esa región “no se presentan ese tipo de problemas”, además de que el padre carece de autorización de Rosendo Huesca para tales situaciones".
-
Más adelante cita la misma Selene:
-
"Al menos media docena de cartas y más de 300 firmas recabó la Comunidad Parroquial para exigirle a Rosendo Huesca la restitución del sacerdote. Una de las cartas firmada por la Comunidad Parroquial y que le fue remitida a Huesca ayer mismo dice: “No nos corresponde a nosotros juzgar a nadie, lo único que pedimos a su señoría es que vea el trasfondo que persigue este grupo de personas (…) asesorados por Antonio Herrera, excandidato del PRD a diputado por Tepexi. “Respecto a las a acusaciones que versan el grupo de personas que se han manifestado, es mentira que nuestro párroco sea pederasta, divulgador de pecados, satánico y exorcista (…)” Y dicen más. Los religiosos de Atoyatempan lanzan una queja contra la Arquidiócesis: “Lamentamos que nuestro vicario general no nos hubiera escuchado, ya que la versión que obtuvo por parte de las personas que llegaron a manifestarle le dio crédito a ellos y a nosotros no nos dejó manifestar la nuestra. Quiera Dios nuestro señor reconsidere su decisión y nos conceda la restitución de nuestro párroco".
-
Con esas citas bastan para darse cuenta de que Rosendo Huesca está pasando por un lapsus brutus tremendo, mientras un sacerdote ha sido destituido por “supuesta pederastia, exorcismo, magia negra”, otro sacerdote y hay que nombrarlo: Nicolás Aguilar Rivera, sigue caminando como si nada, a pesar de que él sí tiene cargos imputados.
-
¡Qué pena es ver la incapacidad de una persona que se supone representa de forma recta a la iglesia católica poblana!
-
Para rematar, el que esto suscribe es un liberal declarado, se ha alejado de las prácticas religiosas. Sin duda, ahora la iglesia imita las prácticas gubernamentales y ha obtenido su chivo expiatorio para calmar las aguas y él, Rosendo Huesca, irse en paz. ¿Podrá estar en paz ante tal atropello?
-
Algo que siempre me ha caracterizado es salir en defensa de las personas que son cercanas a mi vida. Severiano Hernández es un sacerdote por el cual acepté hacer la primera comunión, desde los diez años, yo estaba desencantado de la iglesia, pero él siempre sabía cómo hacer a un creyente entrar en razón. Ahora la iglesia, desde mi perspectiva, le ha dado la espalda.
-
Y como en el futbol, ante la duda, no se marca la falta. Aquí hay duda, incertidumbre y la falta se marcó sin llevar el asunto a un análisis extenso. Severiano Hernández es acusado de cargos que difícilmente se van a corroborar. Pero una verdad universal es que el pueblo nunca miente, aquí son 300 contra cuántos ¿50? El pueblo, la gente del campo no es como la citadina, es limpia, no sabe mentir. Esto queda para la reflexión.

jueves, agosto 28, 2008

Contra la delincuencia, contra la impunidad



Diario Milenio-Puebla (28/08/08)
---
No sé hasta dónde pueda tener un buen final la convocatoria de Verónica Mastretta Guzmán en la organización de la marcha en contra de la impunidad y de la delincuencia, que partirá de El Gallito este próximo 30 de agosto a las 19: 00 horas.
-
Señora Verónica Mastretta: quiero decirle que yo con gusto me sumaré a la marcha y, como usted lo ha dicho, estaré cerca de gente que a lo mejor sólo veré esa única vez en mi vida. Me sumaré porque he sido víctima de la otra forma de la delincuencia, la de de cuello blanco. Independientemente que siga un proceso legal, he de manifestarme porque los delincuentes que andan por ahí merodeando a sus víctimas son menos peligrosos que los que están atrás de un pulcro escritorio. Es más fácil que a uno lo despojen de lo que es suyo (y que con trabajos logró reunir) en veinte minutos, en un despacho notarial, que en la oscuridad de la calle o afuera de la cantina más siniestra.
-
En el 2004 adquirí un departamento ubicado justamente atrás del Centro Escolar. Yo fui al notario que me recomendó el vendedor, un abogado sin escrúpulos que presta a rédito. Quizá fue un error mío porque el Notario, mientras se llevaba a efecto la transacción, me mostró documentos apócrifos. Es decir, se prestó (¿por cuánto?) a una maniobra.
-
En su momento he de darlos a conocer con sus nombres y apellidos. Sus frases favoritas son “hágale como quiera” y “tenga cuidado”.
-
El señor licenciado que me vendió el departamento (lo supe luego, claro) es un hombre que “presta para arrebatar”. Por la grandiosa suma de 14 mil pesos (tengo el expediente del caso) se lo adjudicó, a través de un juez, cuando los intereses le habían crecido al deudor. Entonces me lo vendió “libre de gravámenes”. Cuando fui por mis escrituras, el notario me explicó que el departamento carga con un embargo y que él no tiene nada que ver, que me regresaría lo que le pagué para que otro notario, a su vez, se encargara de hacer los trámites correspondientes. Quiere decir entonces que él dio fe, simple y llanamente, de un fraude. Todo esto se lo haré llegar por escrito a las autoridades competentes en su momento. Baste saber ahora que he leído la Ley de Responsabilidades del Notario Público y sé que se cometieron actos y omisiones indebidas. ¿Alguien más estará padeciendo lo que yo a causa de este Notario de abolengo? Tengo entendido que un acto semejante, en contra de la delincuencia organizada, se llevara a cabo simultáneamente en otras partes del país. El notario que se prestó a tal maniobra que he descrito despacha cerca del Puente de Ovando, y el licenciado agiotista lo hace en San Manuel. Y como ya lo dije: responsables son de lo que me pueda ocurrir. Por lo pronto, mis familiares y amigos los tienen bien ubicados.
-
Sumémonos a este esfuerzo. La delincuencia y la impunidad han crecido en todas partes. Sumémonos a este acto. Algo debe de lograrse.
-
Yo me cuido. No quiero amanecer en el Atoyac. Nos veremos en la marcha.

martes, agosto 26, 2008

San Diego alternativo / I



Diario Milenio-México (26/08/08)
---
No es Nueva York o Chicago, por supuesto, pero tiene lo suyo. Además, para formar fronteras se necesitan dos. San Diego es un poco más que el hermano gemelo aburrido de Tijuana. Conservadora y bajo la presencia ominosa de las bases militares, San Diego es una ciudad fronteriza casi a pesar de sí misma: es del todo posible, de hecho, vivir ahí sin tener mucha conciencia de la vecina otredad que la conforma gracias, sobre todo, a las veintitantas millas que la separan de las garitas. San Diego suele atraer al turismo familiar que busca los grandes parques de diversiones, como Sea World o incluso el zoológico, o que va en pos de la temporada de ofertas de sus malls. Pero más allá de la arquitectura de réplica del Parque de Balboa o de los bares de Hillcrest (el barrio gay) o de las vistas espectaculares de la Jolla, se extiende una activa vida de migrantes que da al traste con la aparente insularidad de esa ciudad limpia y de amplias avenidas que alguna vez fuera una misión. Para descubrir al San Diego acentuado de todos los días, ahí donde uno habla en español con la cajera del supermercado y negocia con un mecánico afgano después de hacer un trato con un vendedor de autos paquistaní, basta con alejarse de las rutas establecidas por el turismo oficial y dejarse llevar por los aromas de los pequeños restaurantes o los ecos de las conversaciones de los migrantes.
-
Ninguna agencia de viajes le aconsejaría al trotamundos que se internara, por ejemplo, en City Heights—el barrio en cuya escuela preparatoria pública se hablan, según informan los reportes oficiales, 16 idiomas distintos aproximadamente. Además de la población hispana que está en todos lados, hasta ahí han llegado los expulsados de Eritrea o de Vietnam, conformando una comunidad cosmopolita signada por una fuerte vida urbana repleta de pequeños negocios familiares. Por eso, si se quiere comer comida auténtica hay que manejar por tres arterias fundamentales de la ciudad: Adams, El Cajón y Avenida Universidad, sobre todo entre el 805 y la 15. Es precisamente por ahí, en ese rectángulo de la alteridad, que se encuentra el que para mí es el mejor restaurante de San Diego: un lugar de comida vietnamita que responde al nombre de Saigón. Sin más decoración que una gran pecera rectangular que cubre lo que alguna vez fuera la puerta principal, los delgadísimos meseros del Saigón reciben al comensal con un menú bilingüe de casi diez páginas laminadas. I´ll be with you in a minute, hon, dirá alguno. Si uno no sabe qué pedir, y los meseros que hablan sólo con dificultad el inglés no serán de mucha ayuda en este aspecto, será suficiente con señalar lo que otros comen ya en la mesa vecina para dejarse sorprender por la delicadeza de las sopas o el sabor indescriptible de las ensaladas. No hay pierde en el Saigón. Desde los rollos vegetarianos hasta las ancas de rana, pasando por el vermicelli y la sopa de tripa, todo es rico (en el sentido más literal de la palabra) en sus platos. Además, entre bocado y bocado, mientras el comensal se pregunta con insana insistencia qué buena acción ha hecho en el mundo para merecerse tal manjar desconocido, podrá divertirse tratando de adivinar el tema de conversación, en apariencia de vida o muerte, que entretiene a la familia vietnamita de al lado o siguiendo las sesudas disquisiciones de los jóvenes neo-hippies que llegan en bicicleta al lugar.
-
Las compras en este San Diego alternativo no se llevan a cabo en las grandes plazas comerciales y ni siquiera en los outlets que, como el de Las Américas, se desbordan ya por la línea fronteriza. Cualquier Sandieguino experimentado sabe que cuando hay algo de dinero extra hay que dirigirse a esos neurálgicos centros de reciclado que son las así llamadas Thrift Stores o las famosas Segundas. Entre todas ellas reina, justo sobre el Pacific Highway, la de los AmVets. Es posible vivir años enteros en San Diego sin saber de su existencia, pero llegará el momento en que algún compasivo del lugar lo mirará a uno con suspicacia y, luego de pensárselo un rato, le brindará la información necesaria para identificar la bodega de dimensiones generosas que, de tan anónima, puede pasar desapercibida con facilidad. Ya más de cerca, y con los códigos en mano, uno se puede llegar a explicar, y esto con la irónica sonrisita del caso, qué hacen estacionados uno junto a otro la troca del año del caldo y el mercedes lujosísimo a la orilla de la vieja carretera de dos carriles. Porque, es cierto, todo el mundo va al AmVets. Los inmigrantes pobres y los dueños de negocios de antigüedades, las señoras de buena cuna y los punketos que se visten a la retro, los solteros y los casados y los que acaban de rentar un departamento. Enormes cargamentos de objetos peculiarísimos llegan durante todo el día, y esto a intervalos reducidos, al almacén. Y ahí, además de los tradicionales zapatos y muebles y aparatos electrodomésticos, el visitante alternativo de San Diego podrá adquirir también los libros más variados. Yo me he topado en sus anaqueles con libros de Kathy Acker y de Gogol, de Jack Spicer y de Gabriel García Marquez, en español. Mi hallazgo favorito ha sido, sin duda, la obra completa de García Lorca, editada por Aguilar y publicada en pasta de cuero, adquirido por la irrisoria cantidad de $4.99.
-
Las librerías de segunda más suculentas se encuentran, sin embargo, sobre Adams (igual, entre la 805 y la 15). Un paseo típico de los recorridos alternativos de San Diego tendría que incluir por fuerza una caminata por la sección denominada como histórica de esta larga calle. Habría que iniciarlo todo justo bajo el gran anuncio de Normal Heights, el nombre del barrio, tomando un buen café en el negocio local y no en el de la cadena transnacional que se encuentra justo en la contraesquina. Después de un par de horas entre librerías y negocios de antigüedades y cigarrerías egipcias y tiendas de viejos LP´s, sería del todo sencillo detenerse a comer en la fondita fenicia o en el restaurante vegetariano precedido por una gran fotografía del Dalai Lama. Después de una película en el Kensington, uno de los dos cines de arte de San Diego, no estaría del todo mal empezar la noche en uno de los bares irlandeses de la Adams tratando de descifrar, una vez más, el contenido de la conversación de los koreanos y los árabes y los kenyanos que se dan cita en el lugar mientras uno se pregunta, también de manera insistente, qué de normal hay en Normal Heights.

lunes, agosto 25, 2008

Funcionarios de fe



Diario Milenio-México (25/08/08)
---
El Divino Erario
-
Algo falta al pasado que no lo deja a uno comprenderlo, aun si lo vivió e incluso lo recuerda. Lo que era muy difícil parece tan sencillo que no faltan las ganas de tachar a sus protagonistas de imbéciles, empezando por uno, que nunca se dio cuenta de todo lo que ahora le parece evidente. Me pregunto, con cierto pudor de mortal en proceso de ser descontinuado, qué opinarán los seres del futuro remoto cuando observen que aún en esta época se le rendía culto al funcionario público. Peor todavía, que ese culto era democráticamente sufragado por quienes se encargaban de pagar su sueldo, y orquestado por ellos, más varios batallones de incondicionales, cómplices y paleros a sueldo de los mismos contribuyentes. Será quizá por mero pundonor de especie que uno espera que al menos esos seres, ojalá superiores, se topen asimismo con algún documento donde se constate que no todos nos entendíamos con esa lógica cortesana y gaznápira, cuantimenos la respaldábamos, aun si el fruto de nuestro trabajo irremediablemente iba a parar a las temidas manos de aquellos venerados e intocables subalternos.
-
Hace unos días, en estas mismas páginas se publicaron varias cartas de Elena Garro cuya lectura, no me cabe duda, dejó a muchos pasmados por causas tan diversas como escandalosas. Habrá seguramente agrias discusiones en cuanto al porcentaje de crédito que pueda merecer la remitente, extendido o regateado según la convicción o conveniencia de cada cual, pero a mí me ha pasmado algo irrebatible: aquella espeluznante dependencia de los recursos del Estado, en las personas de sus funcionarios. Leer a Elena Garro suplicando literalmente un hueso es también dibujarse en la cabeza un panorama literario dividido, a sus ojos terminantes, entre cortesanos y pordioseros, donde tal vez serían más y mejores los personajes que los autores. En el mundo que pintan esas cartas, donde la palabra hambre se repite con una mezcla de exageración, narcisismo y sarcasmo, el bendito Clark Kent no es periodista, sino funcionario. Habrá quien diga, con por lo menos algo de razón, que para una mujer en su situación de apestada, no quedaba otra opción que la mendicidad; como hay quienes opinan que eso y más merecía. Más allá de esos cálculos, extraña y sobrecoge que una artista con semejante talento tuviera que postrarse ante un funcionario y mendigarle el hueso susodicho. Qué difícil leerlo desde el siglo XXI sin expropiar vergüenza retrospectiva…
--
Patos de caza
-
En uno de sus estruendosos artículos semanales, publicados por la revista brasileña Veja, el escritor Diogo Mainardi afirmó, con el colmillo de un agitador, que si él pudiera optar entre repartir apoyos económicos a escritores y dejar que todo ese dinero se lo llevara algún político ladrón, elegiría el segundo percance, pues era en su opinión el que haría menos daño a la sociedad —cuando menos, argumentó Mainardi, no evitaría la profesionalización de los autores—. Ahora bien, esta disyuntiva no es posible en la vida real, pues pocas cosas le son tan precisas al político en cuestión, para legitimarse y mejor camuflar sus negocios alternativos, como la cercanía de aquellos cortesanos instruidos, que luego exigirán su parte del botín. Todo en función del culto al funcionario, que es quien hace posibles las bondades del patriarcado selectivo.
-
Todavía hoy se dice que los patos disparan contra las escopetas cuando un subordinado intenta hacerse con la autoridad de su superior y, el colmo, ejercerla en su contra. Cada vez que recibo una nueva de esos intrépidos y obedientes funcionarios públicos que oficialmente aman las bicicletas, las pistas de hielo y el estudio del náhuatl, puedo escuchar los tiros de esos patos, empeñados en diseñarse su fan club a partir de esa imagen de Hugo, Paco y Luis a la búsqueda de un beneficiario para su próxima buena obra del día. De ahí a convertirse en Santa Claus, el funcionario no precisa sino de un pase mágico. Nada que no dominen sus achichincles —excuse my nahuatl—, algunos de ellos verdaderos expertos en golpes de efecto y técnica avanzada de simulación. Cuando se rinde culto a un funcionario, se está orgulloso o cuando menos satisfecho de ayudar a pagar por ese maquillaje. Como habrá sucedido en años escolares, cuando ya eran capaces de endiosar al más duro entre sus compañeros, ciertos admiradores darían cualquier cosa por ser de su pandilla.
--
Ventrílocuos del pueblo
-
El culto al funcionario presupone que éste ha de ser carismático, como si su designación dependiera de un casting donde sólo es honrado y competente aquél que tiene o pone cara de serlo. En buena parte de las ocasiones, los achichincles logran que el funcionario parezca y en efecto se sienta carismático. No por otra razón celebran como grandes ocurrencias sus chistes más idiotas y callan al unísono frente a sus desmesuras menos defendibles. No sé cuántos crecimos mirando así hacia el mundo de los adultos, suponiendo aterrados que cuando fuéramos grandes nos iríamos pareciendo a esos popularísimos funcionarios de los que nadie hablaba mal en público y medio mundo echaba pestes en privado. Sea o no, pues, Mister Simpatía, el funcionario asume su culto como si nadie fuera a resistírsele. Va por la vida cantando buenas obras, ganando fotogenia, conquistando escenarios, ensanchando su corte a costillas de la empresa.
-
Esta última palabra la uso porque sé que no cabe en el culto al funcionario. Insinúa la posibilidad de rendir cuentas, un verdadero insulto para Santa Claus. El pueblo, alzan la voz, como quien se recobra teatralmente de un golpe de pecho. Su pueblo es esa empresa en quiebra permanente y orgullosa, cuyos accionistas se pelean por rendir culto a sus administradores, a su vez decididos a controlarlo todo en nombre de un puñado de abstracciones curiosamente afines a su ambición de más y más control. Regreso, no sin vértigo, de las cartas de Elena Garro. Es como si acabara de leer El proceso. No entiende uno nada, pero ya entiende todo. La pesadilla de un infierno administrado por diablos carismáticos y fotogénicos era inevitable, pero al menos el susto ya pasó.

domingo, agosto 24, 2008

Un fragmento, un fragmento

"(...)Qué son los crestianos. Las arrugas infinitas de su csa se reconfiguraron en un gesto grotesco que prentedía representar sorpresa. De dónde eres, me preguntó. De la Decápolis, de Filadelfia. ¿Y no tienen crestianos por ahí? Yo creo que no. Se alzó de hombros: pues ya tendrán, son una plaga; de haber sabido, nada mas hubiéramos degollado en los calabozos al pobrecito rabí nazareno. Qué rabí nazareno. ¿Tampoco has oído hablar de él? Se rió estertóreamente, y dijo representando pompa: Rabí Yesu Nazaretitas, el Cresto, rey de los Judíos e hijo de Yavé, y se volvió a reír (...)."
--
Álvaro Enrigue, Vidas perpendiculares, pág. 144.