lunes, agosto 04, 2008

Impensable, descentralizar la cultura-(Diario Intolerancia/Cultura 03/08/08)

Roberto Martínez Garcilazo, director de la Casa del Escritor, señaló en entrevista que el hecho de que varios poblanos hayan llegado a Bellas Artes alimenta el nefasto núcleo cultural del país.
Fernando Sánchez Clelo
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Al término de la lectura que quince creadores jóvenes de Puebla brindaron en la sala Ádamo Boari de Bellas Artes, el director de la Casa del Escritor, Roberto Martínez Garcilazo, se pronunció a favor los talleres que se brindaban en Casa de Cultura en los tiempos del entonces secretario de Cultura, Pedro Ángel Palou; también señaló que es casi imposible luchar contra el nefasto centralismo cultural del país, motivo por el cual es indispensable que en la ciudad de México haya presencia poblana.
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Hipersacralizado
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Martínez Garcilazo comentó para Intolerancia Diario el simbolismo que representó introducir la literatura poblana al centralismo cultural.
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—¿Qué objetivo se cumplió?
—Es un intento de venir al centro del país para alimentar el nefasto centralismo cultural, político y económico de México. “Yo creo que jamás se va a descentralizar la vida política y cultural de este país, pero si nos sentamos a esperar la descentralización y la emergencia de nuevos centros culturales de los estados y de las regiones, nos vamos a quedar sin hacer nada.
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“Pero se trata de venir al espacio ‘hipersacralizado’ e ‘hipersimbólico’ de la cultura nacional, que es Bellas Artes, a hacer una lectura de la literatura que se está haciendo en Puebla actualmente, de los narradores y poetas jóvenes, en búsqueda de un foro nacional y de publicaciones”.
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—¿Cómo piensan lograrlo?
—Invitamos de manera deliberada a los responsables del Fondo Editorial Tierra Adentro. Insistiré que estén en contacto con los que están creando en Puebla porque es una manera de proveer de oportunidades a los autores que están trabajando en nuestra ciudad, porque ni siquiera es en nuestro estado, es en el municipio de Puebla.
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“Son quince escritores muy respetables, maduros en sus voces, muy cabrones. Si se cumplió el objetivo, todavía no lo podemos saber. Yo creo que la semana próxima tendremos los elementos para hacer un balance.”
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—¿Por qué no se buscó antes un evento como éste?
—No sé, la verdad. Se hizo ahora por iniciativa del gobierno de Puebla, y la segunda parte de esta acción es una serie de lecturas que vamos a realizar en la Casa de la Lectura de la Condesa. Esto lo tratamos cuando todavía estaba Silvia Molina como directora de Literatura, después hablamos con la maestra, quien mantuvo el ofrecimiento y lo vamos a tomar.
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—¿A futuro, tienen nuevos proyectos?
—Hace unas horas le envié una propuesta a la Dirección Cultural del INBA para realizar las primeras lecturas de inéditos. Ahora serán los inéditos poblanos porque de los narradores que hoy se presentaron, casi todos tienen libros publicados o han publicado en suplementos o revistas.
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“Los jóvenes que vamos a traer a partir de la última semana de agosto, son los inéditos poblanos, mucho más jóvenes.”
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—¿Por qué inéditos?
—El objetivo es fortalecer las vocaciones o desaparecerlas, en caso de que sean falsas, así de simple.
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“Traemos a los más jóvenes a la Casa de la Lectura de la Condesa a hacer sus lecturas y algo tiene que pasar, yo creo que es parte de la promoción cultural promover y fortalecer vocaciones y clausurar otras.
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El Collhi, proveedor
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—¿Qué significa que la mayoría de los narradores que se presentaron hayan pertenecido al taller de Samperio?
—Es interesante descubrir que la mayoría son del taller de Samperio. Pero también hay otro rasgo interesante, la mayoría son del Collhi, y es significativo porque su plan de estudios no tiene ninguna batería curricular orientada hacia la creación literaria.
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“Incluso algunos profesores del Collhi se esfuerzan por hacerles entender a lo alumnos que si entran con la esperanza de ser creadores literarios, que mejor se salgan de la escuela porque ellos forman investigadores y docentes de bachillerato. Afortunadamente no se salieron y están acá, haciendo una lectura de su obra.”
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—¿El Collhi debería de tomar nota de esta presentación?
—Es interesante, tal vez esto debería ser suficiente para modificar los planes curriculares del Colegio de Lingüística y Literatura e introducir los talleres de creación literaria.
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“Tal vez hasta las formas de titulación por medio de obra creativa, como se hace por ejemplo en la Ibero, donde te puedes titular con un libro de cuentos o un poemario.”
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Samperio, ineludible
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—Siete de los ocho escritores que se presentaron pertenecieron al taller de Guillermo Samperio, por lo que el siguiente tema es ineludible.
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—¿Se ha pensado abrir talleres de creación literaria como los que se tuvieron hace algunos años?
—Esto es una comprobación factual, empírica, de la pertinencia de lo acertado que fue en tiempos de Pedro Ángel Palou impulsar esos talleres con Guillermo Samperio, con el poeta Vicente Anaya y con Daniel Sada.
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“Los frutos del taller de Sada están a la vista, del taller de Anaya el grupo de Alí Calderón, y del taller de Samperio son éstos, un árbol frondosísimo.”
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—Entonces los talleres fueron exitosos.
—Pienso que en conjunto son una comprobación de que fue una política acertada y que se debería de volver a hacer.
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“Deberíamos retomar esa experiencia exitosa y volver a hacer talleres de ese tipo porque ya vimos que sí funciona.”
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Para esos momentos, las luces de la sala Ádamo Boari se fueron apagando gradualmente para dar por concluida la sesión, no sin antes invitar a la siguiente sesión de literatura hecha en Puebla, en la que participarían Granda Estephania, Moisés Rojas, Víctor Benítez, Karen Rojas, Guillermo Carrera, Monserrat Morales, Gina Lizeth y Valeria Guzmán.
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La antesala de Bellas Artes fue el espacio donde se saludaron los narradores y los asistentes que se acercaron a despedirse al concluir este hecho sin precedente para Puebla.
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Sin precedente
La presentación de la obra literaria de ocho jóvenes narradores poblanos, esto con la finalidad de difundir la literatura hecha en Puebla, ocurrió a las 19:00 horas del pasado miércoles. Martínez Garcilazo dio apertura a este acto sin precedente alguno, señalando que el rango de edad de los escritores oscilaba entre los 19 a los 34 años, representando a dos generaciones de escritores poblanos.
-Por su parte, al presentar a los participantes, Yussel Dardón agradeció al Instituto Nacional de Bellas Artes su interés en esta presentación, además de dedicar la lectura a “Pepe Momoxpan”, quien recientemente fue golpeado por un grupo de judiciales.
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“La muestra que aquí tenemos es significativa porque hay muchas tendencias y queremos mostrar la diversidad literaria existente en Puebla”, explicó.
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Los jóvenes creadores se presentaron en dos rondas, en la primera participaron Judith Castañeda, Alejandro Badillo, Ricardo Cartas y Fernando Sánchez Clelo. En la segunda ronda hicieron lo propio Rodrigo Durana, Javier Dorantes, Guillermo Garay y Yussel Dardón.
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Entre los diversos comentarios de los escritores, aclararon que ellos son sólo una pequeña muestra de la literatura hecha en Puebla, pero que esperan que pronto existan nuevas oportunidades para que otros creadores puedan presentar su obra.
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También se mencionó que sólo se pueden referir al caso de Puebla por ser su espacio inmediato, pero que están seguros de que en cada estado, en cada ciudad, hay escritores, artistas gráficos, músicos o cineastas que pasan desapercibidos, que no son apoyados y que lamentablemente de algunos de ellos nunca se conocerá su obra.
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Por ello, hicieron un reconocimiento a los que permitieron que se llevara a cabo esa presentación para dar a conocer su obra, con la esperanza de que sólo sea el inicio de un “estallido” de la literatura poblana.
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Tiempos de Palou
“Siete de los ocho escritores que se presentaron pertenecieron al taller de Guillermo Samperio, por lo que el siguiente tema es ineludible. Esto es una comprobación factual, empírica, de la pertinencia de lo acertado que fue en tiempos de Pedro Ángel Palou impulsar esos talleres con Guillermo Samperio, con el poeta Vicente Anaya y con Daniel Sada. Los frutos del taller de Sada están a la vista, del taller de Anaya, el grupo de Alí Calderón, y del taller de Samperio son éstos, un árbol frondosísimo”.
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Pequeña muestra
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De entre los diversos comentarios de los escritores, aclararon que ellos son sólo una pequeña muestra de la literatura hecha en Puebla, y esperan que pronto existan nuevas oportunidades para que otros creadores puedan presentar su obra en la capital del país.

jueves, julio 31, 2008

Ámbitos no transferibles

Diario Milenio-Puebla (31/07/08)
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Los anecdotarios funcionan a veces para las páginas de un diario. ¿Cuántas veces he suspendido mi muy humilde Minutario? Muchas y por causas distintas.
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Sin embargo, pese a que hay días, horas y minutos que no he registrado ahí, me ha llegado la testaruda idea en la cabeza de terminarlo este mismo año.
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He estado en una especie de examen reflexivo sobre muchas cosas y parece que todo está funcionando bien.
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Le doy las gracias de nuevo a mi amigo y poeta psicoterapeuta Efraín Bartolomé, quien me ha despejado muchas dudas que mantenía sobre la ansiedad y la angustia, los grandes males de nuestro tiempo.
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La angustia, el miedo y la ansiedad provocan nocivos efectos en el organismo.
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Quizá estas líneas vayan con la idea de que cualquier lector que esté pasando por una experiencia similar busque de inmediato la ayuda necesaria.
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No trato de escribir textos de autoayuda: no soy el padre Galván, que curaba paralíticos a través de los mensajes que enviaba en una estación radiofónica.
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Yo no recuerdo si alguna vez dije que, cuando me costaba conciliar el sueño, me arrullaba escuchando al Padre Galván y a los locutores de la T Grande de Monterrey.
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Yo por esa estación supe que en Puebla estaban los Laboratorios Mayo, y que uno podía pedir sus productos al Apartado Postal 1000.
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Ya esa estación radiofónica no llega hasta donde vivo, y no sé si pueda encontrarse en la Internet.
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He buscado todos los temas que tengan algo que ver con el asunto.
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Por ejemplo, apenas leí un libro que había visto desde hace mucho tiempo y al que no le presté la menor atención.
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Es un libro que se llama La vida después de la muerte, editado por Hermes / Sudamericana de Arnold Toynbee y Arthur Koestler.
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Aquí –es una lástima– los autores no tocan ni de pasada la Ley del Karma. Menciono esta lectura, porque muchos reaccionan con angustia y ansiedad ante la sola idea de la muerte.
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En 1993 se reimprimió La vida después de la muerte, pero no ha perdido actualidad.
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Hay algo que me llama la atención y que los autores tocan muy de pasada: la muerte no es algo doloroso.
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La agonía es una película en blanco y negro que nos proyecta nuestra vida. Aquí traigo las palabras de Alan Watts: la muerte es el gran acontecimiento.
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Hoy mismo abriré mi página del Minutario para dar cuenta de lo que Arnold Toynbee y Arthur Koestler piensan de ese asunto solitario que es la muerte.
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Aunque estemos rodeados de personas, hemos de morir solos. Es un principio que hay que tomar en cuenta.
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Dice una de las páginas de este libro del que he hablado que la experiencia de la muerte no es traumática, como mucha gente lo piensa.
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Yo no lo sé, ésa es una experiencia que nadie puede compartir. Pero he de dejar un registro de esa lectura en mi Minutario, que he de retomar tan pronto me sea posible.
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A lo mejor no es nada traumática si reproducimos el sonido de la lluvia, o redactamos un minutario. Quién puede saberlo. Por lo pronto, dicen los psicoterapeutas, hay que vivir el presente, porque el ayer ya se fue y el mañana aún no existe. No puedo rebatir esa idea.

Tovar y Palou García, beneficiados por el Fonca 2008-(La Jornada de Oriente-31/07/08)

El Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) dio a conocer la lista de seleccionados para 2008. En ella figuran dos poblanos: Juan Tovar y Pedro Ángel Palou García.
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Ambos fueron beneficiados con una beca durante tres años. El primero es un dramaturgo conocido en el escenario nacional, aunque actualmente ya no radica en el estado, y el segundo es el polémico escritor, miembro de la generación del Crack y ex rector de la Universidad de las Américas, que actualmente es profesor–investigador de La Sorbona, de París.
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El Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) tiene como finalidad fomentar y apoyar la creación artística individual y su ejercicio en condiciones adecuadas, así como contribuir a incrementar el patrimonio cultural de México. Acorde con esto, el Conaculta ofrece en cada convocatoria apoyos económicos a los creadores de talento y excelencia.
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La selección de 73 creadores en arquitectura, artes visuales, composición musical, coreografía, letras, medios audiovisuales y teatro, fue avalada por el Consejo Directivo y serán incorporados al SNCA a partir del 1 del agosto.

miércoles, julio 30, 2008

Corte de caja (Exfuturos-Diario “El Columnista” de Puebla- 28/07/08) por Pedro Ángel Palou

A punto de escribir mi propio Cuaderno de retorno a un país natal, unas semanas antes, me pregunto qué me llevo de la Francia que me tocó en suerte vivir. El recuento no es muy halagüeño, pero está lleno de aprendizajes:
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1.-Europa está en agonía. El modelo mismo de Europa –que los irlandeses recién rechazaron- estaba basado en una serie de ideas que buscaban hacer sobrevivir un mito, el del humanismo occidental y sus bondades. La concepción misma del hombre –libre, igual, fraterno- que lo sostenía dio pie a los últimos verdaderos estados de bienestar. A eso se sumaron en una última utopía los países que decidieron hacer una “comunidad europea” (pero el adjetivo los traiciona, “económica”) y da al traste al final con el proyecto mismo: hoy parece que sólo se trata de hermanar a un grupo de consumidores potenciales. En este sentido, y sólo en ese, puede entenderse que la conquista social mayor de ese estado de bienestar, la semana de 35 horas, haya sido echada por tierra hace apenas unas semanas.
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2.- Como todos los países desarrollados, los europeos necesitan de la migración. Son los migrantes, como dijera el clásico Chente (Fox, no Fernández), “los que hacen los trabajos que nadie quiere hacer”. En el caso de Francia, además, hay una culpa no aceptada con sus colonias. Francia, como toda Europa no sabe cómo vivir su multiculturalidad. Un filósofo reciente ha bautizado por ende la tríada: “libertad, fraternidad, discriminación”. Otra vez la reciente directiva del regreso para los migrantes es una humillación terrible. Los países europeos la han aceptado unánimemente. El drama de son “sin papales” en Francia es una herida cotidiana que no hace sino ahondarse. La escuela pública, uno de los bastiones de lo que queda de la cultura francesa es también la prueba –no sólo en banlieu, sino aquí mismo, en el corazón burgués de París- de que el modelo no funciona, de que hoy por hoy la educación no llevará a la igualdad de oportunidades sino que sancionará con sus notas a quienes ya su origen y su dinero ha castigado de siempre.
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3.-El europeo actual es uno de los seres más egoístas del planeta. Está dedicado a todas las formas del onanismo, sin que el placer le provoque orgasmos. Se embarca en un nuevo mito que había denunciado Nietzsche, el del orientalismo –sus masajes, sus músicas, sus ritos, hasta sus deportes-; no es raro ver en el Jardín de Luxemburgo a un maestro chino moviéndose con extrema delicadeza y lentitud mientras un grupo de veinte franceses – que también van a la Sorbona a aprender el idioma por las tardes, después del té de moda- que lo imitan con la torpeza de un orangután. Viaja una vez al año, vive solo o sola (hay ciento cincuenta mil divorcios al año en Francia y apenas diez mil matrimonios más, así que háganse las cuentas), consume productos de belleza y cuidado personal y otro puñado de etcéteras. Está metido, como los norteamericanos en ese enloquecido “ideal de felicidad”, aunque los términos cambien. ¿Y a todo esto, no es esa palabra, felicidad, la que el capitalismo democrático usa para referirse a su proyecto económico y disfrazarlo, no es esa la crítica ideológica más feroz a hacer, la única que nos queda, a la felicidad como búsqueda insaciable?
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4.- El cine y la literatura franceses están de capa caída. Coincido con un titular del Time, que se preguntaba sin sorna, con dolor, por qué ha muerto la cultura francesa. Los anteriores tres puntos responden tímidamente a algunas de sus causas. No hay nada genuinamente nuevo, original, revolucionario en el arte francés –ni en el arte europeo, si a esas nos vamos. Se terminó el mito que la generación perdida norteamericana y el boom latinoamericano nos crearon en el imaginario. Ni aparece la Maga, ni Rocamadur se muere, ni Oliveira escribe los fragmentos de Rayuela. El síndrome de Ulises, la novela de Santiago Gamboa, retrata fielmente ese Paris que ya tampoco sabe vivir feliz todas las patrias. Hay unas islas, pequeñas. Pienso en los tres gatos que hacen una revista semestral, Ligne de risque, en algunos escritores retirados del circo, que anhelan volverse invisibles y silenciosos, como Pascal Quignard. Nada más. Todo lo otro lo engulló el mercado y lo devoró devolviéndonos a sus hijos espurios. Rimbaud ya lo sabía y por eso se fue a tratar con esclavos a Abisinia: ¡La vida está en otra parte!, gritó desesperadamente. Verlaine alcanzó a dispararle su pistolita casi de juguete. Un rasguño para que había abandonado la poesía.
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5.-En ese contexto el CEAQ (Centro de Estudios para lo Actual y lo Cotidiano) que coordina Michel Maffesoli es un oasis. En él se describe esta realidad evanescente, no se la intenta comprender, porque es en sí misma incomprensible. El cambio del sistema-mundo, nos dice el sociólogo francés, es de tal dimensión que no nos toca todavía comprenderlo ni estudiarlo. No existen los elementos. Allí se discute y se dialoga lo mismo sobre Harry Potter que sobre la techtonick, un baile basado en música electrónica de las zonas marginales de Paris, sobre Carl Schmitt y la teología política que sobre ese engendro de las democracias publicitarias y sus campañas, nuevo Frankenstein, Sarkolene, Jano extraño en el que todos los candidatos dicen lo mismo para los compradores-votantes: la política como mercancía vaciada de sentida. Allí se sabe que lo que queda de Francia es “la República de los Buenos Sentimientos”, la llena de esa necesidad absurda de ser políticamente correctos que no lleva a nada, que implica una nueva discriminación, velada. Allí hay otro cambio para la crítica ideológica, en la doble moral del doble género –mexicanos y mexicanas, votantes y votantas,- que tanto nos estropeó la vida en México el sexenio pasado.
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6.- Y así, me regreso a México con una noticia que como dice Monsiváis, mejora mi optimismo: mi número de celular ya es portable. ¡Qué frágil es la pinche vida, me cae!

martes, julio 29, 2008

Bienvenido el cataclismo


Diario Milenio-México (29/07/08)
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La palabra, en sí misma, provoca inquietud. Uno no espera un cataclismo como quien espera la lluvia. Uno, en sentido estricto y en honor a la verdad, no espera un cataclismo; el cataclismo ocurre, de preferencia sin anuncio alguno. Sin más: he aquí una transición cataclísmica. Repentino y visceral, el cataclismo aparece, inaugurando así el espacio “de la nada” (o, en inglés, del azul). El cataclismo, en todo caso, está aquí para cambiarlo todo. Revolución estructural. Limen definitivo. Inexplicable. ¿Doloroso? Uno por lo general no dice “fuiste un cataclismo en mi vida” con una sonrisa en la boca. El cataclismo, sin embargo, interrumpe el estado general de las cosas y, al hacerlo, causa angustia pero también gusto, ambos presuntamente desmedidos (de otra manera no serían cataclísmicos). Tanto la ciencia como la narrativa modernas nos han enseñado a ver al cataclismo con suspicacia. El darwinismo lo domesticó con lentas gradaciones en contextos de intensa competitividad; la novela decimonónica lo redujo a momentos de revelación que, construidos poco a poco a través de una anécdota, normalizaban, porque lo explicaban, el estado de las cosas. Táctica de conservación.
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Según Mike Davis, el feroz crítico social que ha tocado con singular acidez tanto los límites posibles como los casi imposibles de las grandes metrópolis modernas (desde Ciudad de Cuarzo. Excavando el futuro en Los Ángeles, hasta Ciudades Muertas: Ecología, catástrofe y revuelta) así como también las consecuencias humanas de los cambios climáticos y la destrucción ecológica de nuestros tiempos (Ecología del miedo: Los Ángeles y la imaginación del desastre y Los últimos holocaustos victorianos: El Niño y la creación del Tercer Mundo), los recientes cambios en el campo de la geología se basan y, a su vez, resultan en una apreciación mucho más benigna de esos grandes cambios con consecuencias inéditas a los que solemos denominar como cataclismos. ¿Somos, pues, danzantes cósmicos en el escenario de la historia? Éste es el titulo del capítulo que Davis le dedica a la sección de “Ciencias Extremas” en el libro Ciudades Muertas.
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Contrario a los universos aislados y predecibles que configuraron las imaginaciones de Newton, Darwin y Lyell, la tierra que imaginan unos cuantos científicos conocidos como neo-catastrofistas –entre los que se cuentan Kenneth Hsu en China y Mineo Kumazawa en la Universidad de Nagoya¬– no es inmune para nada al caos astronómico. Al contrario, parte singular de un sistema solar histórico que no parece preñado de vida, la tierra es la corteza donde convergen, y esto continuamente aunque a escalas de tiempo distintas, eventos terrestres y procesos extraterrestres cuya evidencia más dramática aparece, precisamente, en forma impactos monumentales de los cuales se generan las catástrofes. El caso que le permite a Davis una lectura social de los hallazgos de la geología contemporánea es un debate –la relación de los asteroides y los impactos de cometa en eventos de extinción masiva– que no hace mucho se reavivó a nivel popular con la identificación del cráter de Chicxulub en la península de Yucatán y su vinculación con la extinción de los dinosaurios, científicamente conocida como la Extinción masiva del límite K/T o la extinción del Cretáceo-Terciario (lo que uno aprende conviviendo con personas de entre 8 y 12 años).
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Siguiendo principalmente los trabajos de Herbert Shaw (Cráteres, cosmos y crónicas: una nueva teoría de la tierra) y de Ross Taylor (La evolución del sistema solar: una nueva perspectiva), ambos libros publicados en la última década del siglo XX, Davis señala la importancia epistemológica de la puntual incorporación de la catástrofe como un evento no ocasional sino fundamental en sus nuevas visiones de la tierra. De la misma manera, Davis demuestra el papel estratégico de ese tipo de tierra dentro de un sistema solar concebido como un bricolage. Izquierdista convencido, Davis advierte en ese giro no linear de la geología, que escapa además a las estructuras causales de la explicación científica más convencional, una revaloración del cataclismo como una fuerza que condensa procesos temporales –permitiéndonos así pensar el cambio en formas que no obedecen a una lógica gradual y linear– y que garantiza el aumento exponencial de energía al que se le deben, parafraseando las palabras que Edmund Halley dirigió a la Real Sociedad en 1694, “la sucesión de mundos”.
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Aunque los neo-catastrofistas son bastante escépticos acerca de la posibilidad de vida más allá de la tierra, aduciendo que las condiciones que facilitaron tal existencia son raras en el universo tal como lo conocemos, ellos generalmente creen en el poder creativo de la destrucción última. Aseguran, así, justo como lo hace Stephen Jay Gould, que las extinciones masivas son en realidad un proceso de “evolución por lotería” donde se asegura la supervivencia no del más fuerte sino del más suertudo. Contrario a la doxa micro-evolucionista de la selección natural, un neo-catastrofista como Michael Rampino asegura que los cataclismos son saltos no lineales de macro-evolución que rompen el estatismo de los ecosistemas. Revolucionarias, pero indiferentes, las catástrofes.
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Mientras los científicos discuten y esgrimen evidencia de uno u otro campo—ya para establecer a la catástrofe como un hecho más o menos aislado de baja frecuencia en el universo o para presentarla como el motor mismo detrás de las tendencias hacia una creciente diversidad biológica –los mortales que caminamos sobre esa peleada superficie terrestre haríamos bien en volver la cara al cielo con mayor frecuencia. Ya sea para agradecer o para pedir clemencia, ese simple movimiento de cabeza demostraría que creemos, también, “en una tierra existencial formada por la energía creativa de sus catástrofes”.

lunes, julio 28, 2008

La mafia abanderada

Diario Milenio-México (28/07/08)
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Todo por no ser de aquí
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A ojos distraídos, el incidente es insignificante. Hanibal Gaddafi, vástago número cuatro del pintoresco dictador libio, intenta escarmentar a sus sirvientes, una mujer de Túnez y un hombre de Marruecos, en una habitación del hotel President Wilson, en Ginebra. Los golpea, se escuchan sus gritos y aparecen los guardias del hotel, que tal como lo manda la ley suiza se llevan de inmediato preso al agresor. Dos días más tarde, su hermana Aisha promete a los suizos que su país se cobrará la afrenta de acuerdo con la Ley del Talión. En Libia, entre tanto, dos ejecutivos suizos son acusados de “inmigración ilegal” y se les encarcela ipso facto, al tiempo que las calles son invadidas por turbas furiosas que alzan por estandarte la fotografía de Gaddafi Junior. El régimen anuncia sanciones numerosas contra el gobierno suizo.
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“Pleito ratero”, suele llamarse a la actitud del acusado que de la nada se asume acusador y exige airadamente la reparación de su honra. No es la primera vez que Hanibal Gaddafi protagoniza escándalos en Europa, pero esta vez los libios han comprado la bronca y ya la llevan lejos. ¿Cómo es posible, se preguntarán, que un incidente meramente doméstico trascendiera de modo semejante? ¿No es ello prueba contundente del desprecio europeo hacia el mundo árabe? Lo leo y lo no creo. Que en pleno 2008 un heredero pueblerino la emprenda a golpes contra sus empleados, vaya a dar a la cárcel y miles de achichincles se lancen a apoyarlo en las calles parece un exabrupto anacrónico y estúpido, como acostumbran serlo las manifestaciones públicas de los nacionalistas furibundos. Gente de piel sensible, claro está, como es el caso de tantos acomplejados prestos a transformar el mínimo desacuerdo en agravio, y a hacer de cada agravio una afrenta ardorosa. ¿Cómo van a entender que piense uno distinto sin asumir que así les menosprecia, seguramente por cuestiones de origen?
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Trípoli V.I.P.
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“Es Serbia allí donde hay serbios”, repetían a coro Slobodan Milosevic y Radovan Karadzic cuando había que acudir a la fórmula mágica que acabaría avalando exterminios masivos. Sin siquiera pensárselo, bajo el auspicio de un torcido sentido común, Gaddafi Junior y sus valedores intentan aplicar la misma fórmula para legitimar el derecho global de los gañanes. ¿Cómo se atreven las autoridades helvéticas a considerar que la suite donde duerme un Gaddafi es aún parte de Suiza, y no orgulloso territorio libio? ¿Qué les lleva a creer que la dinastía que gobierna despóticamente a cinco y medio millones de libios va a comportarse con elemental civilidad, sólo porque visita un país donde las leyes no están para servirles?
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Según la turba acicateada por jerifaltes y merolicos oficialistas, Libia tendría que ser aquel lugar donde hay libios, aunque todos entiendan que tal salvoconducto sólo opera si el ciudadano en cuestión se apellida Gaddafi, o en su defecto cuenta con la protección directa o indirecta de un Gaddafi. La sola imagen de los pulcros oficiales suizos irrumpiendo en la suite del hotel de Ginebra, es motivo de horror metafísico para todos aquellos privilegiados que diariamente pisan territorio libio sin tener que pagar los mil trescientos dólares que cuesta cada noche de hospedaje en el President Wilson. ¿Dónde hemos visto una conducta similar? ¿Cómo se llaman esas organizaciones solidarias que encubren y protegen a sus más nocivos elementos en el nombre de un vínculo de sangre? ¿A quién le sirve el término “nacionalismo”, cuando es más que bastante la palabra mafia?
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Pecadillos de sangre
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Sin haber puesto alguna vez pie en Libia, suelo reconocer a los nacionalistas furibundos por las mafias que los integran y cobijan. No vayamos más lejos, en mi país abundan estos pueblerinos, desde siempre ligados a mafias burocráticas en el nombre de ciertos principios abstractos, interpretados oportunamente por el líder en turno. “Nacionalistas revolucionarios”, se hacen llamar, pero habemos algunos —mayoría, por cierto— que los vemos como una mera mafia. Ya imagino alguna consulta ciudadana donde nos preguntaran si queremos que nuestro petróleo siga en manos de la misma mafia. No fue en balde que un día llegaran al extremo cursi de bautizarse como familia revolucionaria. Corrección pertinente: famiglia.
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Una familia es mafia cuando sus integrantes consideran que lo que se hace a uno se hizo a todos. El honor que envanece a cada quien y el desaire que deja a todos airados, uno y otro son la moneda corriente que a su entender da valor a la estirpe. Quien consigue amistarse con uno se habrá ganado así la buena voluntad de los demás, pero si un día pelean tendrá como enemigo al clan entero. Una ley tan estricta que no admite mayor interpretación, ni por supuesto está sujeta a debate. ¿Cómo no van a enfurecerse los nacionalistas en el curso de cualquier discusión, cuando sus argumentos son tan argumentables como la última orden de su patriarca? ¿Qué decir a las turbas de paleros afectos a Gaddafi sobre las leyes suizas, cuando cada uno de ellos considera que aquello que le hicieron los suizos a su hijito se lo hicieron en carne propia a cada libio?
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¿Qué hacía Hanibal Gaddafi en Ginebra? Llevaba a su mujer a dar a luz a un niño Swiss made, acaso intimidado por la nada remota posibilidad de que alguna malvada enfermera búlgara inoculara en su bebé el virus de inmunodeficiencia humana. ¿Cuántos entre los miles de incondicionales de su padre no darían cualquier cosa por viajar a Suiza como sus criados y hospedarse con él en el President Wilson —imaginemos el tamaño de la cuenta—, aun sujetos a sus peores arranques? Muy poca cosa, al fin, comparada con el honor de acompañar al crío del mandamás y ser con él un poco tirano, igual que tantos cacachicas de la mafia. Sacrificar la dignidad personal, incluyendo el derecho al pensamiento propio, en aras del buen nombre de la manada: he ahí la virtud del mafioso con causa. Que al cabo tantos hay…

viernes, julio 25, 2008

Desde Vasconcelos el gobierno no ha tenido una política cultural: Avilés Fabila (La Jornada de Oriente-25/07/08)

René Avilés Fabila se presenta como escritor. La única profesión en la que pensó desde niño. “No me vi como político. No me vi como empresario. No. Me vi como escritor”, dice con tono amable. “Incluso muy pronto me encontré con mis compañeros de generación. Desde la secundaria, por ejemplo, José Agustín y yo empezamos a hablar de literatura, a escribir, a intercambiar libros, textos. De tal suerte que sí: soy escritor”. Su labor como profesor universitario, sin embargo, es la que ha subsidiado su literatura en un país donde se lee poco y el gobierno adeuda, dice, una política cultural donde haya una participación real de la sociedad civil.
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“El gobierno mexicano, yo podría decir que nunca ha tenido una política cultural. O quizás en la época de Vasconcelos, que era caótica, desordenada, violenta, pero había por lo menos un intento. Si había un artículo tercero en la Constitución y ese artículo decía que la educación era obligatoria, ¿por qué no lo que sigue, que es la cultura?”,
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–¿Cree que las dos últimas administraciones federales le han hecho más daño a esta política cultural?
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–El PAN, como partido, no tiene vínculos con la cultura. No tiene vínculos con los intelectuales. Si hacemos una lista de distinguidos intelectuales panistas, se me acaba con Francisco Paoli. Pero realmente es un partido muy distante de la cultura. No la entiende. No sabe para qué sirve.
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“El PRI tenía los vínculos con los intelectuales, pero nunca los consideró. Sólo utilizó a los intelectuales (…) y ellos se dejaron utilizar. Había una cierta complicidad. Pero creo que eso se empezó a quebrar en el 68. Ahí empezó a haber una pugna con los intelectuales que no estaban dispuestos a seguir acompañando a los gobiernos priistas en una aventura demencial”.
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Los intelectuales en México
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Eterno crítico de Octavio Paz, el intelectual mexicano por antonomasia –a quien no deja de reconocerle su enorme lucidez–, se le pregunta si después de él existe algún otro intelectual orgánico. “Depende de qué gobierno estemos hablando. Ahora el PRD los tiene con Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, entre muchos otros. Esto nos lleva a un problema muy debatido: ¿qué tanto el intelectual debe mantener la distancia con el poder?”
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“Muchos piensan que esa distancia no ayuda al mismo Estado, pues éste no puede comprender bien los fenómenos sociales sin ayuda. Yo sí creo que el intelectual debe estar distante del poder. No que rompa completamente, pero sí debe estar distante. Yo he tratado de permanecer al margen lo más posible. Escribo en periódicos de tal manera que es fácil saber si he elogiado o no al poder. Jamás lo he hecho. No sé si sea esto sea muy cursi, pero sí trato de serle útil al país en los tiempos que corren”.
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En tiempos de encono y rabia social, el escritor se muestra optimista. “La confusión política la veo como algo natural después de pasar una dictadura de prácticamente 70 años. Yo pienso que, probablemente en un sexenio más, el país empezará a encontrar su verdadero cauce hacia la democracia, hacia la lucha de partidos y hacia gobiernos muchos más estables, razonables, coherentes que consideren las demandas de la población”.
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Y remata: “Yo veo que el país empieza a madurar, a ser más reflexivo, a considerar más las cosas pero esto no se debe a los partidos políticos. Los partidos políticos son casi un estorbo”.
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La caja tonta
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–¿Existe libertad de expresión actualmente en el país?
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–(Ríe) Todo mundo dice “sí, como no. Después de 2000”. Por ejemplo, la censura no está ya en Los Pinos, pero sí está en cada medio de comunicación. Yo he tenido cualquier cantidad de problemas y hasta cauteloso me he hecho porque hay figuras que definitivamente no se pueden tocar. No, creo que sigue habiendo no sólo censura sino autocensura, que finalmente es prima hermana de la primera.
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“Yo puedo decir que habrá libertad de expresión en este país cuando los canales de televisión y las radios del estado permitan la crítica al propio gobierno, a los funcionarios. Yo, por ejemplo, fui expulsado del Instituto Mexicano de la Radio (IMER) después de 11 años porque era muy crítico del hoy paladín de la libertad de expresión que es Santiago Creel, y que entonces era secretario de Gobernación”.
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–Y hablando de medios públicos, ¿qué opina sobre los nuevos directores de Canal Once y Canal 22?
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–Jorge Volpi con el 22 está haciendo un trabajo más interesante que Sariñana con el Canal Once. Todo consiste en que no se hunda en el glamour del rating y que entienda que estos canales tienen una función social. Lo que no implica hacer programas de güeva. No tiene por qué ser la televisión cultural un receptáculo de conferencias y conferenciantes aburridos, tediosos-
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“Quizás con un poco de atención y de criterios amplios, inteligentes, agudos podríamos convertir tanto al Once como al 22 en elementos extraordinarios para desarrollar la cultura. Porque, nos guste o no, la información y la diversión de los mexicanos está concentrada en las pantallas”.
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–Y a Televisa y a TV Azteca, ¿les ve alguna esperanza?
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–¡Ay, no! (ríe). Bueno, sí. Que alguien les baje el switch. Ésa es mi esperanza y que usemos esa espléndida estructura que tienen en otro tipo de cosas. ¡Es infame! Parte de la estupidización del mexicano se debe principalmente a Televisa, porque finalmente TV Azteca es el clon de Televisa. Entonces eso pido desde aquí: ¡que le bajen el switch a esos cabrones! (risas).
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(Alonso Fragua)

En busca de un fetiche literario

Está ahí sentando buscando escribir la ansiada novela que lo sacará del anonimato, y quizá, si le va bien, le alcanzará para comer o simular que come, mientras planea otra idea para escribir otro libro que lo consolidará como un escritor destacado. Ha dado de vueltas por toda la casa. Se para. Se vuelve a sentar frente al monito, su fiel monitor, llevan juntos cerca de una década, juntos han visto por primeros intentos literarios del próximo novísimo novelista.
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Toma su manual de escribir y encuentra que su escritor afamado recomienda hacerle caso a los fetiches, el afamado novelista cuenta que para empezar a crear su nueva novela, que hace no mucho ganó el PREMIO, salió a comprarse una botella de Vodka, un juego de naranja y unos puros cubanos. Al terminar ingerir un vaso de vodka y fumarse su primer puro cubano es como le vino a la mente la primera frase.
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Ahí está el meollo del asunto, dice para sus adentros, no tengo ningún fetiche. Acto seguido sale de su casa para dirigirse a la gran librería donde le pregunta a uno de los trabajadores: disculpe, ¿tendrá acaso un libro donde los escritores expliquen sus fetiches que tienen antes de ponerse a escribir? Quien atiende la recomienda un sinfín de libros que se pueden adquirir en esa misma tienda, son cerca de cien libros donde novelistas y poetas de varios países explican sobre sus procesos de creación. Después saca la cartera, compra todo los libros que le recomendaron y regresa feliz a casa, seguro de que pronto podrá conseguir su fetiche para lograr crear su primera línea narrativa.
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Pasan los meses y los libros han sido leídos, fueron días con sus noches de constante e incansable lectura. De lo leído entiende que a veces un escritor define su fetiche como las cosas que más le gusta beber y comer, además de aquello que lo incentive comúnmente a leer y escribir. Decide revisar sus diarios ahí están plasmadas algunas de sus experiencias personales. Al término de esa exhaustiva revisión, enlista sus fetiches: tomar una taza de café, pues siempre es bueno entrar en calor antes de proceder a empezar con una empresa tan complicada; tener una botella de coca-cola llena y sin abrir, para que al terminar un párrafo entero se tome un vaso como recompensa a su esfuerzo; una fotografía de su escritora admirada, para que recuerde el nivel al cual piensa llegar; una película pornográfica para lograr plasmar las escenas eróticas; y por último un letrero que dice: tú eres el escritor más grande del universo.
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Ahora sí tiene todo lo necesario para escribir su primera novela que lo dará a conocer en el complicado mundo de la literatura. Empieza a escribir su primera línea: -¿Cómo se convierte uno en confidente de presos? Dentro de la mente de José Domínguez hay un temor que no lo deja dormir en paz. Tanta información lo aturde y le preocupa. Cualquier ruido lo espanta, lleva seis noches seguidas sin poder conciliar el sueño, se imagina que es alguien de la mafia viniendo por él a jurar su eterno silencio, o quizá, alguno de los enemigos buscando cuál es el precio más alto para compartir el mismo secreto. De pronto le viene un silencio en su mente, bloqueo se le llama en el lenguaje literario.
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Pasan semanas enteras y un día en la gran librería encuentra la más reciente novela de su autora, casi amada, decide comprarlo. Lo lee con detenimiento y pasión tremenda. Goza de cada línea. Al término del libro, regresa a su página escrita para continuar con obra en crecimiento, pero se da cuenta que su estilo es muy similar al de su escritora admirada. Quema las hojas que ha escrito y se mete a bañar, para después ponerse una loción carísima, tomar el primer avión con destino al ombligo de su país, donde irá a buscar a su amada escritora para proponerle matrimonio. Y es que si él no puede ser un escritor, al menos será el esposo de una gran escritora.

¡Ay, Puebla! (columna "Exfuturos"-Diario “El Columnista” de Puebla- 21/07/08) por Pedro Ángel Palou

1.- En estos meses fuera de Puebla –cuya vida y vicisitudes he seguido por los periódicos- me he dado cuenta que infinita flojera debe darnos la vida cotidiana en esa urbe. Si un extraterrestre solo tuviera esos documentos que yo he leído como muestra de nuestra historia recientes estaría convencido de varias cosas que a continuación enlisto:
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2.- La política en Puebla es una lucha sin cuartel por una única posición que parece importante, la de gobernador. Nadie piensa en otra cosa. Todos viven en ese coro infinito, apoyando a uno y denostando a otro por los mismos méritos o defectos, es lo de menos.
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3.- La prensa se ha asalariado a alguno de esos prepreprecandidatos. Los periodistas parecen fanáticos viendo un juego de fútbol, no hay en ese sentido imparcialidad alguna.
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4.- Los derechos humanos no existen.
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5.- La transparencia no existe.
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6.- Las necesidades de los habitantes de Puebla no existen.
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7.- Sólo existen un número muy pequeño de prohombres y promujeres que pueden llegar a ser gobernadores, lo que en el México postpresidencial y casi yo diría antiparlamentario significa nuevos caciques estatales.
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8.- Puebla es un tablero de ajedrez en que los aspirantes, suspirantes, pero NUNCA inspirantes, mueven sus piezas. Nadie importa, no existen los seres humanos, sólo esos pocos inmortales que pueden competir por el ansiado puesto.
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9.- Es como en el cine, cuántos grandes fotógrafos o actores se han perdido porque quieren, a fuerza, ser directores, como si ese fuera el único oficio digno dentro de la industria cinematográfica.
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10.- Hubo una época en la que ser senador era el máximo honor al que podía aspirar un ciudadano. Era equivalente a ser algo así como padre o madre de la patria. Hoy es un trampolín para lanzarse a ese salto vacío, guerra a muerte que se llama ser gobernador.
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11.- No hay una sola propuesta interesante para Puebla que nos hable, por ejemplo, de cómo ser competitivos –ya no mediantes la industrialización, pero sí mediante la economía terciaria, nuestra vocación última. Nadie se ha detenido a preguntarse y preguntarle a expertos cuál puede ser la vocación económica y cultural de Puebla en el siglo XXI.
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12.- Nadie se ha preguntado, tampoco, cuántas Pueblas existen, porque es más fácil hablar de Puebla en singular. ¿Y la Puebla indígena? ¿Ya la de la planta industrial carcomida por el contrabando chino? ¿Y la de los cafetaleros que con una hectárea de tierra prefieren que se pudra su cosecha? ¿Y la de la pobrísima Sierra Negra? ¿Y la Puebla de los comerciantes? ¿Y la del comercio informal? ¿Y la de Simitrio, porque sigue habiendo, aunque no nos gustes, una Puebla de Simitrio y una de Antorcha Campesina, y otra muy distinta de los jueces y magistrados y de los casi inservibles diputados? Revisen los periódicos: el ochenta por ciento de las notas son sobre el municipio de Puebla (existen otros 216, por cierto, de los que sólo se habla cuando hay una tragedia). Piénsese, por ejemplo, en la literatura. Hay un loco que habla de literatura poblana al referirse a tres escritores que escriben en dos colonias de la ciudad de Puebla y deambulan por un café de los portales de la mucha veces heroica ciudad de sus amores. ¡Luis Cabera y Manuel M. Flores, por sólo citar a dos, se morirían de nuevo!
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13.- En medio de estas preguntas y muchas otras que el ciudadano de a pie se hace los políticos no ayudan en nada. Y los periodistas, salvo escasas veces, muy escasas, casi invisibles veces, sólo refuerzan esa visión desde lo que Christopher Hutchins, siempre crítico (sobre todo de sí mismo, sin lo que no sirve la crítica) llama periodismo de hotel ese que puede hacerse -¿lo podríamos llamar periodismo de Starbuck´s?- con cualquier línea de Internet pues repite lo que otra página electrónica que será o no impresa al día siguiente ya opina, ve y dice. Esa uniformidad me aterra tanto o más que la política, porque ha renunciado a la crítica ideológica y entonces ya no ve nada.
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14.- Preferimos encabezar y fundar patronatos, comisiones, premios y cuanto sucedáneo exista para hablar de nuestro pasado. Es más cómodo. Déjenme decirlo de una vez por todas: desde el quiebre de la cultura católica en la Guerra de Reforma Puebla no ha sabido cómo recomponerse. Dentro de poco habrá más miembros del Consejo de la Crónica que ciudadanos en la ciudad. ¡Viva el pasado, nuestro territorio de felicidad! ¡Viva la infelicidad de ser poblanos en el 2008 sin saber qué demonios queremos!

jueves, julio 24, 2008

¿Vas al súper o a la Gandhi? (si vas a la Gandhi, cuídate)

Diario Milenio-Puebla (24/07/08)
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Aunque ya estoy más o menos educado en la psicoterapia racional de Albert Ellis, debo dejar constancia de este pequeño hecho (casi insignificante) pero que como a mí, les puede ocurrir a otros. Hecho nimio, quizá, pero que no deja de ser molesto. ¿No se supone que las librerías Gandhi tienen gente especializada en su trabajo y que conocen de títulos y autores? Bueno, eso creía yo también.
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No sé si esto que voy a narrar aquí sea sólo un hecho aislado, ojalá así sea. ¡Ah!, y no son cincuenta pesos en los que me fijo, no, sino en el hecho en sí.
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Fíjese bien lector: tengo aquí un ticket donde consta que le regalé cincuenta pesos a la Librería Gandhi.
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Estoy interesadísimo en la obra del medievalista Jacques Le Goff y vi, en el catálogo de Paidós, el libro Una historia del cuerpo en la Edad Media. Lo busqué en varias librerías sin resultado. Y es que a veces las mismas personas que atienden dicen, luego de buscarlo en el sistema, “No, no tengo ese título” y ahí está el libro a ojos vista. Pues me dirigí a la Gandhi de la zona de Angelópolis. Según mi ticket, fui el 5 de junio de este año y dice ahí que es válido hasta el 15 de diciembre; es decir, faltan por transcurrir casi seis meses. Pero ya de nada sirve ahora.
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Voy a la historia: como no tenían en ese momento el libro de Jacques Le Goff, me dijeron que podrían pedirlo y yo acepté. Me dijeron que en un plazo de diez o quince días ellos me hablarían a un celular que les proporcioné. Nunca lo hicieron. Si por alguna razón no escuché la llamada o tenía el teléfono apagado, etcétera, jamás escuché un mensaje de voz que me dijera: “Aquí de librería Gandhi, tenemos su libro de Jacques Le Goff”. Nada me dijeron nunca. Y como no recibí la llamada, regresé hasta allá. Para mí, que ya Plaza Dorada se vuelve límite (casi no salgo del Centro Histórico), me es difícil y latoso desplazarme hasta allá. Pero todo sea por Le Goff, pensé.
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Al preguntar si tenían el libro que dejé apartado con cincuenta pesotes, me dijeron que sí, que iban por él. Esperé. Lo buscaron en un anaquel y en otro hasta que dijo la persona que me atendió: “ese libro se vendió porque usted no vino”. Le respondí que habían quedado de llamarme y que no lo hicieron. Dijo entonces la encargada del mostrador: “Espere, vamos a ver el registro de llamadas”. Luego de un rato dijo: “Parece que sí le llamaron, busque en sus llamadas perdidas.” Imposible, le dije: no lo hicieron, además, ¿cómo iba a encontrar, de acuerdo al cálculo que ellos tenían, una llamada perdida de quince días atrás?
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Para evitar cualquier tipo de discusión y terminar con todo eso, le solicité a la señorita que me hiciera la devolución de mi dinero. Ya con eso pago el taxi, me dije. “Sí, sí, cómo no –dijo la dependienta— anóteme aquí al reverso su nombre, dirección, teléfono, RFC, tipo de sangre, CURP, color de ojos, peso y estatura”. Exagero, pero sí me pidió mis generales. Casi quería la copia de mi credencial de elector. Le dije que esos datos ya los tenían desde que hice el pedido y me dijo: “Lo siento, sin esos datos no le regreso su dinero, es política de la empresa.” Tomé el ticket y le dije que podían quedarse con el dinero pero que esto lo contaría yo luego como una mala anécdota, cosa que hago ahora. Prometo enmarcar el ticket como un recordatorio para no volver a la Gandhi, mejor me voy al súper.

miércoles, julio 23, 2008

Nuevo decálogo del novelista-(columna "Exfuturos"-Diario “El Columnista” de Puebla- 14/07/08) por Pedro Ángel Palou

0.- La novela es un género internacional. Un arte compartido por todos los países y en donde las influencias se dan por doquier. Pensar en una novela latinoamericana o peruana o –Mein Got!-, poblana como leí recién en Jaime Mesa- es como pensar en la equitación protestante. ¿Por qué Chejov es tan distinto a su amigo Lev Nikolayevich Tolstoi? El primer nos lo dice cuando escribe sobre una visita del autor de Guerra y paz el 16 de abril de 1897 al hospital en el que Anton se recuperaba de una dolencia. “Todas las nubes tienen un recubrimiento plateado…Tuve una visita en la clínica de Lev Nikolayevich, y tuvimos una conversación excepcionalmente interesante. Al menos para mí, porque escuché en lugar de hablar. Él acepta la idea de inmortalidad en el sentido kantiano, que propone que todos nosotros –humanos, animales- continuaremos viviendo en algún estado primario – razón, amor- propósito cuya esencia se nos escapa, por supuesto. Para mí, sin embargo, este estado primario o es fuerza no es más que una informa masa gelatinosa en la cual mi yo, mi ser, será absorbido. No tengo ninguna necesidad de inmortalidad si pienso en esa forma sin forma”. Ambos luchaban, sin embargo, para conseguir lo mismo: esa forma –perenne o no, eso no nos importa-, tarea en la que el novelista se pasa la vida. Prefiero a Chejov, porque odio en sentimentalismo. El sentimentalismo mata a los novelistas. Los novelistas con sentimientos como los novelistas con ideas no me interesan.
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1.- No existe novela con adjetivos. No hay novela histórica, novela erótica, novela policiaca. La verdadera novela es un organismo fagocito. Todo lo engulle y lo devuelve trastocado. Por eso mismo El Quijote no es una novela de caballerías o Alicia en el país de las maravillas no es una novela fantástica.
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2.- Una nueva novela que sea en sí misma verdaderamente nueva re-escribe hacia atrás todo la tradición novelística. Porque en la literatura, como en la vida, las cosas se viven hacia adelante y sólo se comprenden en retrospectiva.
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3.- Nada más pernicioso que el nacionalismo –un adjetivo europeo, por cierto- para la novela, que ya lo dijimos sólo respira sin adjetivos. Porque el nacionalismo es una mentira y la novela odia, aborrece la mentira. La novela entraña una búsqueda de la verdad literaria. Dentro de sus páginas todo lo que ocurre es absolutamente verdadero.
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4.-Una buena novela resiste una mala traducción porque lo que la novela ha demostrado sin decirlo todos los siglos es que el estilo no es una sintaxis, ni una semántica, es una visión. Tolstoi leyó a Lawrence Sterne en francés, y expurgado por su traductor moralista: aún así pudo ver que era radicalmente distinto gracias al Tristam Shandy. Y obró en consecuencia.
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5.- Machado de Assis, en Brasil, leyó también la misma traducción y produjo esa maravilla, las Memorias póstumas de Bras Cubas, otro hijo shandy.
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6.-Dice Adam Thirlwell y los suscribo. La historia de la novela es, simultáneamente, la historia de una forma artística internacional altamente elevada y también la historia de sus errores. Una historia del desperdicio. ¡Nabokov, ayúdame!
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7.-Los estilos novelescos son sistemas de operación dentro del leguaje para una búsqueda de efectos extralingüísticos, son por ende máquinas. Y estas máquinas estilísticas son portables. Como los celulares y los coches, o las máquinas de escribir, pueden importarse y llevarse a donde sea.
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8.- Los seres humanos son más imples de lo que creemos. Puede parecer poco delicado cuando un novelista así lo afirma de sus personajes. – Sancho y don Quijote son una muestra patente-, pero por ello un gran novelista requiere pocos trazos para dibujarlos. No hay que explicar, ese es el gran aprendizaje del narrador. Puede parecer poco justo para la especie humana, pero es una verdad de novelista irrefutable. Los clichés son divertidos tanto en la vida real como en la literatura, por eso conviene burlarse.
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9.-Europiccola, llamaba Joyce a Trieste. Le gustaba el cosmopolitismo. Porque sabía dos cosas como novelistas: el escritor es siempre un exiliado. Es el exiliado por excelencia, sólo en ese reino es posible escribir algo decente. Y el cosmopolita es alguien que dejó ya de tener patria., esa desfachatez decimonónica inventada por los estados de la nación, otra mentira europea. Pero también por algo más fundamentales, más profundo: porque supo que el provinciano es alguien vacío, carente de contenido. Esta verdad es más corrosiva, más letal. El provinciano se ancla en la nostalgia porque no tiene nada. El cosmopolita, habiéndolo perdido, lo tiene todo: es dueño del mundo, ancho y siempre ajeno. Es nuestro, dice Borges, ese novelista de pequeños cuentos-ensayo, como El aleph, acaso la mejor novela argentina de todos los tiempos, es nuestro sólo aquello que hemos perdido.
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10.- Miguel Torga dixit. Lo universal es lo local, sin los muros. Alabado sea.

El superhéroe se pregunta

Diario Milenio-México (22/07/08)
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Sólo los piojos nos extrañarían, asegura el periodista Alan Weisman en El mundo sin nosotros, el libro en el que visualiza de manera devastadora el proceso entrópico en que entraría el mundo una vez que los humanos lograran extinguirse a sí mismos de la faz de la tierra. Sólo los piojos, pues, y algunas 200 especies de bacterias guardarían algo parecido a un luto por una especie que ha sido, en sí misma, la mayor amenaza para todo ser vivo en su entorno. De hecho, son tantas y tan profundas las catástrofes provocadas por la invención humana que éstas continuarían, en ocasiones incluso agravándose, tan pronto como la última persona emitiera el respiro final. En el recuento de daños de Weisman, esto resulta claro, la humanidad no sale bien parada. Si el lector de este libro se encontrara por pura casualidad en el muy probable escenario de esos días postreros seguramente entraría en un verdadero dilema. Salvar a la humanidad. Dejarla perecer. Salvar. Perecer. La margarita de los tiempos. Algo parecido les sucede, habiendo leído a Weisman o no, a los superhéroes de las películas de este verano.
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Acaso sean los altos precios de la gasolina o la mera posibilidad de elegir a un presidente negro pero todo parece indicar que los Estados Unidos, y Hollywood en particular, se han sumido en un trance introspectivo no exento de humor, autocrítica e, incluso, algo de lucidez—tres adjetivos que no suelen aparecer juntos (y ni siquiera por separado) en las reseñas de las películas hechas para pasar el verano sin meditar ni poco ni demasiado. Este año, tres películas anunciadas como de entretenimiento familiar, es decir, dirigidas sobre todo a un público infantil, comparten superhéroes desencantados, en colores no convencionales, para quienes “luchar por la justicia” lejos de ser un lema de acción constituye, más bien, un principio de duda. ¿Por qué arriesgarse por una humanidad que no entiende o de plano desprecia el trabajo del superhéroe? ¿Para que salvar a una raza de perezosos irresponsables, pagados de sí mismos que, además, estigmatizan la diferencia que representa, en virtud de sus propios poderes, el superhéroe? ¿Atravesaría alguien los cielos para rescatar a la persona que, luego, le escupirá la cara o lo tachará de freak? La respuesta a esta interrogante en el verano del 2008 es, únicamente, tal vez.
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El escenario lo establece Pixar, con habitual maestría, en Wall.e, La fecha: 700 años después de que el último ser humano abandonó la tierra. El personaje: un robot workhacólico que, durante esos muchos años, no sólo se ha dedicado a reciclar basura sino también a seleccionar, entre el cúmulo de objetos desechados, aquellos que por extraños o únicos merecen formar parte de su colección privada. Las condiciones: montones de basura que, literalmente, conforman edificios monumentales en un mundo dominado por el color del óxido y las tolvaneras súbitas. En medio de todo eso, Wall.e, el solitario historiador de la cultura material desarrolla, además, una debilidad: la película Hello, Dolly, y el sueño de la compañía que, pronto, se volverá una posibilidad en el personaje de Eva, el robot aparentemente diseñado por Apple con quien se embarcará en una aventura integaláctica hasta llegar a Axiom—esa portentosa nave donde sobreviven, sentados y casi sin estructura ósea, unos seres humanos que han volcado su sentido de voluntad en las máquinas que ahora los dirigen. Wall.e, por cierto, no se propone salvar a humanidad alguna. Lejos de hacerse una pregunta tan insensata, una pregunta de hecho inconcebible, el adicto al trabajo se concentra mejor en su romance sideral. Si en algo contribuye al retorno de Los Sin Esqueleto a la tierra es más producto de la coincidencia que de su deseo. Su deseo es tomar a otro robot de la mano.
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Igual de solo que Wall.e sobre la faz de una tierra que todavía sostiene a la raza humana más o menos en pie, Hancock pone tanto empeño en su consumo de alcohol como Wall.e en su proceso de trabajo. Sin uniforme distintivo y sin empatía alguna por una especie que lo deplora, Hancock pasa sus días semidormido sobre bancas públicas o chocando contra las aves con las que comparte el populoso espacio aéreo de la época. Malagradecidos y aprovechados, los hombres y mujeres e incluso los niños con los que Hancock tiene contacto sólo comprueban una y otra vez sus sospechas: no valen la pena. Aunque Peter Berg se vale de una improbable vuelta de tuerca en el desarrollo de la anécdota para domesticar a Hancock y justificar, de paso, la soledad que lo singulariza, el neo-superhéroe puede volver a explotar.
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Menos solo, pero presa también de la duda fundacional del superhéroe del verano 08, el Hellboy de Guillermo del Toro está cerca en más de una ocasión de darle la espalda a aquellos que, después de servirse de sus poderes, no hacen más que estigmatizarlo como freak o acusarlo de intenciones que suponen perversas. Antes de ser domesticado por la paternidad, el niño del infierno opta por la cerveza, las canciones cursis y la desobediencia.
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Solos y tanáticos, más próximos a Frankestein que a Superman, el neo-superhéroe se pregunta y, al hacerlo, se atormenta. De ahí el trabajo o el alcohol. De ahí la caída, tan espectacular como interrumpida. Mucho me temo que, de no tener que recuperar los costos de producción que salen, esto se sabe, de los bolsillos de los humanos que van a verse al cine, los neo-superhéroes no dudarían tanto. De ahí esa manera compasiva y torva y crepuscular con la que saludan a los piojos y a todas y cada una de esas 200 especies de bacterias que, según Weisman, sí nos extrañarían.

martes, julio 22, 2008

Las noches se me van versificando tus labios,
en horario matutino hago un ensayo acerca de tus cabellos,
y en el vespertino intento encontrar el camino correcto,
para lograr novelar el lugar exacto
donde encuentro la vida y la muerte al mismo tiempo.

La misión fracasa, en lugar de novelarte,
práctico, a pesar de ti, para mis días de explorador.

La naturaleza da enseñanzas que jamás deben olvidarse,
hoy aprendí que donde hay una caverna,
a veces se halla una montaña y que de toda montaña
comúnmente nace un río de aguas frescas

Decálogo encubierto-(Crítica junio-julio de 2008-N°127) por Pedro Ángel Palou

1.- Hoy existen escritores contables y escritores notarios. Para unos existe sólo la cifra (y cifra es, finalmente, cero) y para los otros el registro, la maniática voluntad de dar fe. Lo que Mallarmé ya entreveía: “la función numeraria fácil y representativa de la literatura”. Vivimos subordinados a las pulsiones de la cifra, reina soberana de nuestros días. Contar, contar, contar: antes y después y siempre, contar. Evaluar, tasar, pesar. Nada se puede con el estado computable del mundo, que lo empobrece: incluido en lenguaje. El lenguaje sobre todo un útil para relacionar, comunicar: un medio, simplemente. El lenguaje nos da órdenes, nos ofrece necesidades, como las de la publicidad, estudiados mensajes según el público y rigurosos estudios de mercado que, antes, ya nos han también convertido en estadística. ¡Viva el reino universal de la mercancía y su soberana cifra!
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2.- Esta época ha conseguido que el nihilismo se lleve a cabo por doquier. Con violencia pero con cálculo, con frialdad vivimos en este momento una época que bien podríamos llamar de nihilismo activo: ya no es un estado de espíritu, una actitud. No es más que la forma que reduce todo lo que toca y lo convierte en NADA. El nihilismo activo evalúa, mide, tasa: determina el valor. Y el valor es hoy, siempre, una equivalencia: puro valor de cambio. (Lo que no sea susceptible de convertirse en cifra, lo invaluable, es INÚTIL).
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3.- El inmenso mercado de valores donde la cotización decide qué es realidad (aquí los notarios sustituyen a los contables) y la producen en cantidad suficiente hasta que hay que cambiar la tendencia.
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4.- Hay que actuar en lo inestable: subirse a la CUERDA FLOJA, devolverle a la literatura su carácter de peligroso. Y la literatura es más una sintaxis que una semántica, como ya lo explicaba Benveniste de los actos de enunciación. Es preciso buscar la PALABRA DEL DESPERTAR, LA PALABRA DET´RAS DE LA PALABRA.
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5.- Hay que buscar, simultáneamente –los tiempos así lo exigen-, una reserva del lenguaje que es una reserva del ser. Atravesar la puerta de la nada de la mano de los griegos (me on), de los chinos (wu, Kong, hsü), de los budistas (shunya), del pensamiento filosófico veda (Nirriti, shunya), interrogar en Heidegger,, arribar así a una nueva época del verbo, desde la nueva conciencia de neustro Apocalipsis: “En el principio era el verbo y luego el verbo se hizo cifra”. Si esa es la realidad y la cifra comprime al mundo, lo fabrica a su medida, hace plano –en el peor sentido- un globo redondo, hay que buscar un TIEMPO DE INCUBACIÓN donde pueda volver a pensar (se).
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6.- Pensar en el nihil del nihilismo, poner la cabeza en libertad. Un cerebro paralelo es necesario, obligatorio. Si la palabra es sólo instrumento, funcional y planetaria, deja de ser seminal. La verdadera palabra HABLA después de ESCUCHAR. La literatura es eso: palabra que circula dentro del círculo de la palabra. En medio de la devastación hay una reserva del lenguaje (Rimbaud allá, pero Huidobro y Gorostiza acá).
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7.- A condición de RECLACIFICAR LA BIBLIOTECA. Todos los textos de todas las épocas de todas las lenguas están disponibles, como en ningún otro momento de la historia. Cuerpos disponibles. Lo único que importa, sin embargo, es el VACÍO entre esos cuerpos. Allí hay que actuar. Ni lengua ni tradición propias se han muerto, pero tampoco mezcla babélica. Lengua particular en tanto muestra un nuevo relieve de las lenguas. El verdadero escritor hoy sólo puede ser leído por su traductor (él lo lee como lee la posteridad). Si queremos que la literatura tenga un cierto papel en esta nueva época, aunque no será nada de lo que era antes, hay que LLEVARLA DENTRO DE LA LITERATURA, irse a sí misma: es una escucha del lenguaje. Quien habla por ella no lo hace sino como répondant, habla desde la memoria de la palabra. EL ARTEFACTO Maldoror-Poesías, de la teoría de plagio del conde de Lautrémont, el visionario Isidore Ducasse. Toda frase nueva pasa por la prueba de venir de la escucha o es pura palabrería: el fuego sólo puede provenir de las cenizas.
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8.- Voltear al revés el dictum final de Wittgenstein: de lo que no se pude hablar hay que hablar, buscar el verbo nuevo que lo haga hablable, que escuche su sustrato. “Donde se es hablado la palabra no termina”. (Heidegger). Es nada más y nada menos que una REVOLUCIÓN ESPIRITUAL dentro del lenguaje mismo: DESINTEGRA LA SUBJETIVIDAD Y SUS ASIDEROS METAFÍSICOS, como anticipó Joyce al escribir Finnegans Wakey, y darse cuenta del carácter necesariamente esotérico de este momento. Hay que formar la secta, hablar en lenguaje cifrado, sí: pero iniciar a los adeptos.
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9.- “Darle vida a la palabra”, como un cabalista judío hace con las letras, no darle muerte, como hace el mundo contemporáneo. Y ESTO SÓLO SE PUEDE HACER RADICALIZANDO LA POSTURA, no por mera vecindad con la nada. Hay que ser un poco sofista, creer en Gorgias y voltear también el proyecto filosófico de Parménides, y por tanto de Occidente, diciendo muy claro que la nada sí puede pensarse porque de lo que se trata, ni más ni menos (hoy que la literatura no tiene que ver con ningún ABSOLUTO, con ningún SUJETO, e incluso nada que ver con la HUMANIDAD), es preparar el terreno para una nueva relación entre el ser humano y el lenguaje que escape a los corsés de la metafísica occidental, que anuncie una nueva forma de pensar que desborde los límites de la lógica.
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10.- “En dos siglos hemos convertido en nada todo lo que habíamos heredado”, dice Ravése, una persona de Valentín Retz, y agrega: “nos hemos empeñado en destruir la verdad como unos forzados en contra de la roca y hemos devaluado todo lo que teníamos de ella. Hemos incluido en todas nuestras creaciones la perspectiva de la ruina y lo hemos arruinado, efectivamente, el conjuntos de nuestras creaciones”. Inventamos, por un lado, una prosa-tequila, una prosa-nieve de melón, y por otro lado, nos empezamos a servir con desparpajo de una prosa globalizada olvidándosenos de lo que decía el escritor portugués Miguel Torga: “lo universal es lo local pero sin los muros”. De lo que se trata es de trabajar en el lenguaje contra los árbitros del sentido común y los policías de su ciudad; rechazar las frases usadas, las frases ancianas, las frases adversas e ir a la búsqueda de la nueva frase. Escribir libros que sean otra cosa que libros, MÁQUINAS DE DEMOLICIÓN, viviendo el lenguaje como el combate espiritual que se imaginaba Rimbaud. Libros vivos, que producen su propia energía, como centrales nucleares. HAY QUE DESPERTAR como hacen todos los personajes de las novelas de Kafka, pasar de la muerte a la vida tomando a la literatura como EXPERIENCIA.
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11.- En todo decálogo que se precie debe haber un undécimo mandamiento: Si la literatura no es ella misma una experiencia y se contenta con refugiarse en el reportaje y la no-ficción o con referir anécdotas, pierde su DIMENSIÓN POLÍTICAS Y POR ENDE SU DIMENSIÓN HISTÓRICA. De lo que se trata es de despertar para dejar de ser sólo aquello que despierta en un juego budistas que va de la violencia a la calma (la violencia sin la calma es sólo cólera, e imita, como todos eso ENERGÚMENOS ASALARIADOS POR EL CONSORCIO). Toda la biblioteca debe reclasificarse, ya lo dije. Quizá la intuición de Rimbaud sea la guía, lo que él llamaba “saltos de armonía desconocidos”, nos debe guiar a modificar toda la tradición. Este programa es, pues, radical: implica una absoluta desaprobación allí –o aquí-. Donde todo lo subjetivo está ya muerto no hay posibilidad de producir y vivir una experiencia sino mediante la más compleja DESUBJETIVACIÓN, en las regiones donde el cuerpo nada tiene que ver con el yo. Allí donde el lenguaje es coeficiente de libertad (la retórica literaria se defiende siempre que se busca una tal máquina de demolición, deleitándose en sus efectos de estilo, Ideología de control que convierte a la literatura en nostalgia, dialecto patético. El amor consume, no conserva. Nostalgia y reacción son una y la misma cosa. Hay que detestar a las plañideras del pasado, a los sobrevivientes, como a quienes creen que se trata de pulverizar la tradición, neorreaccionarios ellos mismos, demasiado democráticos para sumergirse en eso que llamamos nosotros palabra nueva del despertar. Hay que ser más chino que occidentales, más sutiles, pues. LA MÁQUINA DE PLAGIAR, de Lautrémont –que es, por otra parte el Quijote de Pierre Menard en Borges-, es más efectiva. Escribir literatura implica formular ese desierto que grita implacablemente dentro de los cuerpos humanos, atrapar el nervio mismo del nihilismo allí donde surge como una bestia el no-mundo.

lunes, julio 21, 2008

Dos poemas de Palou García, dos.

El poeta y narrador José Prats Sariol que hace unos años radica en Puebla ha sacado junto con el Grupo literario de las Américas la revista Instantes, cuya finalidad es publicar literatura sin afán de lucro, pero sí buscando dar a conocer nuevas voces.
A continuación transcribo dos poemas publicados por Pedro Ángel Palou, su parte póética muy escondida y que comúnmente sólo muestra cada que cumple un año más de vida.
En estos días iré publicando algunos textos que han aparecido en espacios locales, como preparativo y salutación, siempre amistosa y cariñosa, a su regreso a tierras poblanas.
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Azules (publicado en Instantes 1)
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Después de contemplar los seis volúmenes de Jacques Mathurin Brisson, Ornithologia, sive synopsis methodica sistens avium divisionem in ordines, De 1760
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Siempre he sentido envidia de los naturalistas aficionados:
con sutil precisión de orntólogos bautizan sus hallazgos.
Yo me solazo en las páginas de un antiguo volumen coloreado
y en las palcas de Martinet que ya había ilustrado a Buffon
como si entrara en un aviario. Escucho todas sus canciones.
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Salgo de la biblioteca, aturdido por la falta de silencio.
Me siento en una banca. Entre la anorexia del cíprés
y la astuta bulimia de una araucaria, sembrados por un idiota.
Un árbol sin nombre en mi memoria m saluda o me increpa.
En su interior un ave canta de nuevo y para mí, curioso,
por vez primera. Una niña camina con sus lágrimas.
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Sus hermosos tenis negros salpicados de margaritas,
pies llenos de alegría para un semblante de angustia.
Me pregunta en su idioma si he oído cantar al ave escondida.
Le respondo que sí, y pronuncia dos palabras que la nombran.
Le otorga existencia en medio de su llanto incontenible.
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Miro sus pies cubiertos de flores. Le digo que tal vez dess
volar. O se lo pregunto. Pétalos blancos que son alas.
Otra vez el pájaro que nos interrumpe con su sonata.
Me miran sus ojos azules, transparentes. Ojos de fantasma.
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Tristes son las melodías de las aves migratorias, afirma
la niña mientras se seca las lágrimas también azules.
Asiento. No sé de aves, perosí de mudanzas y dolores.
Saca dos caramelos del bolsillo y me regala uno.
Toda ella es ese gesto. Los dos chupamos y lamemos
nuestros dedos pegajosos. No sabemos qué hacer
con la envoltura. Ella sonríe. Vuelve el ave.
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Ahora un canto solemne emerge de su garganta.
Un réquiem por la tarde que se extingue, el crepúsculo
que nos abandona. Oscurece. Desaparecen la niña
y el pájaro. Qué sola se queda la noche azul oscuro
qué solas mis mano de azúcar y de miedo. Qué solos
mis oídos en medio del prolongado sueños de las aves.
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Duermen ya todas las cosas menos mi cuerpo y su memoria.
Y la luna: la forma permanece siempre despierta.
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De la Parvada (publicado en Instantes 2)
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Han venido a recogerme y allí están, frescos:
estela de un rocío inesperado y limpio:
agitan sus seis alas como manos y me llaman.
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No saben si han venido por el despojo inane
de su padre, o es que son aún en cuanto
pedazos desprendidos, costillas y extremidades
de su carne, parte de ese otro que los mira.
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Ojos de asombro, como los de su madre
que llora del otro lado del grueso cristal que
nos oculta y transparenta y aún separa.
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La banda no se mueve. Otros han llegado
también por su equipaje, largo y pesado,
de viajeros inmóviles. Virtud mía la del
nómada. El mío es ligero y casi inexistente.
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Regresamos en tren a casa. Los cinco enloquecidos.
Nos tocamos como si fuésemos irreales.
Nos besamos porque nos sabemos todavía verdaderos.
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Ellos me enseñan las estaciones de paso en las
que no nos detenemos. Los largos tres quietos.
Los vagones presas del graffitti como un polvo
oscuro de la inquina. La infinita soledad del túnel.
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Hay algo de magia en nuestro abrazo. En sus alas
que señalan sus asombros y en sus ojos que miran
a los míos y se reconocen. Estamos al fin todos.
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Ahora duermen. No les he traído alimento terrestre
alguno. Nada que no sean mi cuerpo y sus cuidados.
Hoy ya no verifican las cerraduras de la vieja puerta.
Están tranquilos, como si su padre fuera un muella
donde al fin atrancan sus pesadillas. O un árbol alto
y frondoso que los protege siempre de otras aves
y del dolor de sus propias máscaras. Acaso sueñen.

Soy totalmente censura

Diario Milenio-México (21/07/08)
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Media un trecho entre promover el consumo y hacer una propuesta editorial. Los editores del Libro Amarillo, de El Palacio de Hierro, no parecen capaces de recorrerlo
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La invitación
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Hay llamadas que nunca deberían atenderse. Aquélla venía de una tal Edith Oropeza, que para mi sorpresa me pedía un artículo para el Libro Amarillo —guía de estilo (sic) de El Palacio de Hierro—, del cual se presentó como editora. Me negué de inmediato. No me veía pontificando sobre “estilo” en un catálogo de modas. Pero ella proponía algo más osado: quería que abundara en mis opiniones sobre el concepto publicitario “Soy totalmente Palacio”. Insistí: no era yo la persona indicada. “Escribe lo que quieras”, persistió, “se te va a respetar cualquier crítica, sin restricciones”.
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Al fin me convenció. Cuando, semanas más tarde, le envié el artículo de marras, intitulado Cómo perder el juicio en nombre del estilo, respondió textualmente: “ya leí tu texto... me gustó mucho y me reí otro tanto”. La semana siguiente cambió de opinión: una vez revisado el texto “en petit comité”, prefería que le escribiera otro en su lugar. “Para no herir susceptibilidades.” A lo cual le aclaré que no estaba dispuesto a cambiarle una sola coma. Días más tarde, me hizo saber que el artículo no se publicaría “pero de todos modos se te va a pagar”. Gracias pero no, gracias. Sigo creyendo que al trabajo se le respeta y se le defiende, aunque haya quien opine diferente. Lo reproduzco aquí. Totalmente.
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El texto
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—Soy virtualmente batracio —le explicó el joven príncipe, a orillas del estanque.
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—Soy tontamente fenicia —lamentó la princesa, ya de espaldas, mientras abandonaba la escena en la fiel compañía de su abogado. Esa misma semana, el dique del palacio estrenó cocodrilos.
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Para desdicha de tantos sapos sin corona y demás animales insolventes, las princesas del siglo XXI resultan sintomáticamente desafectas a las moralejas, especialmente si éstas —el colmo del mal gusto— las desfavorecen. Ahora bien, nunca los trámites fueron tan sencillos para adquirir el título antaño codiciado y hoy día poco menos que reglamentario. Según las nuevas reglas, princesa es toda aquella que sabe transformar a un hombre en sapo; y a veces, muy a veces, viceversa.
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No hay que ser exorcista para entender que la Mujer Totalmente Palacio (en adelante MTP) aspira a caminar, llena de gracia, por esa fina línea que separa a la hechicera de la bruja. Difícilmente un inquisidor habría en su momento pasado por alto la alevosía implícita en las palabras de una MTP, con las que uno se ha ido habituando a convivir en unas reincidentes nupcias cotidianas, no exentas de causales de divorcio. Imposible no oírla, o evitar que sea ella quien pronuncie la última palabra.
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Cínica, autoritaria, narcisista, metalizada, frívola, tramposa, cruel, aunque también dotada de un ingenio especial para hacerse querer a pesar de sí misma, la MTP sabe que uno no se enamora de las mujeres que le convienen, toda vez que ir detrás de la que más inconveniente le parece una gesta principesca que soporta cualquier estado de cuenta. Ya lo dice aquel personaje de Maitena, una mujer forrada de marcas y etiquetas en especial costosas, cuyo cónyuge más que un esposo, es un sponsor. Y por raro que pueda parecer, hay en los cromosomas másculinos información curiosamente favorable a la tendencia de encontrar allí alguna forma de romanticismo. Un día, de la nada, el sapo cobra la forma de héroe de folletín y se lanza a salvar a la princesa de las garras plebeyas del dragón.
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“Uno nunca conoce a una mujer”, escribe Norman Mailer, “hasta que la enfrenta en un juicio de divorcio.” Cada vez que decido ya no mirar hacia los espectaculares donde aparecen sus palabras terminantes, alguien adentro me aconseja no incomodar a los feroces abogados de una MTP, que como ya ella misma reconoce lleva en la identidad un totalitarismo que se asume magnético y punto. No discute, ni piensa demasiado las cosas. Es, de pronto, superficialmente profunda, pero lo disimula gracias a que es profundamente superficial; condición que, por cierto, comparte con los besos, y a lo mejor por eso se les parece tanto. Cada vez que se expresa, en público y a gritos pero haciendo la mueca de hablar en secreto, la MTP insinúa la rara suculencia de un besito sutilmente traidor. “Yo soy Madame Bovary, y tampoco tengo qué ponerme”, creerán acaso las generaciones futuras que dijo un día un tal Gustave Flaubert.
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Cuando un hombre se entrega a aquilatar la hermosura de una determinada mujer, suele hacerlo a pesar de sus vestimentas. Lo ideal, claro, sería poder juzgar sin estorbos. Imparcialmente. Las mujeres, en cambio, ven el conjunto entero. Ello explica que de repente encuentren guapísima justamente a la menos favorecida de las damas presentes. “Mira qué bien se viste”, dice una, observando detalles en teoría importantísimos que a la libido masculina suelen traerle sin el menor cuidado. “¡Y qué bonito cutis!”, le replica la otra, con una envidia a todas luces inexplicable. ¿Le importa a uno realmente que la mujer deseada tenga un cutis ligeramente menos rozagante que el de su tía, que cada año se gasta una fortuna en cremas y tratamientos? Ahí es donde interviene la MTP. Debe de ser una presión especial ser mujer y toparse con uno de esos anuncios espectaculares que le recuerdan cuán amenazadora es la opinión probable de las demás mujeres. La responsabilizan, a ojos de sus demonios interiores. “Allá tú si prefieres ser un esperpento”, sentencia sin palabras la MTP.
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Si lo que se desea es insultar a una mujer de la peor y más baja manera, no hay más que sugerirle que está gorda. Lo de menos es si la chica en cuestión está realmente pasada de kilos, pues hasta a la más flaca le basta con creer que hay un solo lugar donde le sobra grasa para que cargue con la cruz del miedo a que algún miserable le note lo gordita. Así, en diminutivo, que es como más le duele porque denota cierta compasión. ¿Tendría algo de raro descubrir que más de uno entre los grandes seductores acostumbra echar mano de la táctica artera de llamarlas a todas Flaquita? Nadie consigue ser totalmente flaca, ni totalmente hermosa, ni totalmente Palacio; intentarlo, o siquiera pretenderlo, es al menos ponerse un poco a salvo de lo que diga la MTP interior.
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Soy letalmente Palacio, declara la MTP en los sueños del tacaño. Soy frugalmente Palacio, le promete a su novio cuando recibe el anillo. Soy papalmente Palacio, se excusa con la vista perdida entre los cielos cuando le hablan de clases de tejido. Soy brutalmente Palacio, se reprende al final de una venta nocturna. Soy fatalmente Palacio, le explica al abogado de su futuro ex para justificar el monto de su pensión.
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Se equivoca quien piensa que a una MTP se le quiere en virtud de sus cualidades. Pues todo lo contrario, y tal como sucede en los resbalosos territorios del hechizo afectivo, no se enamora uno tanto ni tan sabroso de las virtudes —al final ordinarias: patrimonio de todos— como de los defectos —apropiables como las líneas de un poema—. El dedo chueco, la discreta bizquera, el gramaje indeseado que sin embargo tiene lo suyo. Tal vez el gran encanto de la MTP no radique en su ausencia de defectos, que por supuesto es inacreditable, como en su modo de disimularlos y hacer como si nunca hubieran existido. Pretender inclusive que no es una MTP: pasaba por allí cuando a un sapo asqueroso le dio por perseguirla. Qué horror, con esas fachas.

sábado, julio 19, 2008

Entre la imprenta y el 'zapping'

REPORTAJE: CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA
El País-Suplemento: Babelia,-España (19/07/08)
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El libro persiste pero la catástrofe educativa amenaza a la novela. Y al no existir los llamados dramáticos en el camino a Damasco ("Saulo, Saulo, ¿por qué no me apagas de vez en cuando?"), se difuminan las posibilidades televisivas de constituir otra vanguardia del comportamiento, afirma Carlos Monsiváis
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En la América Latina de hoy, ¿qué papel desempeñan la novela, el teatro, el ensayo, la poesía? Funciones muy diferentes a las ejercidas hace apenas una generación. Ante el Internet, el predominio de las imágenes, la proclamación (falsa) del fin de la Era de Gutenberg, y el vigor del analfabetismo funcional, el público se recompone, se amplía, se reduce. Y a los diagnósticos al respecto los acompañan el pesimismo y su complemento directo, el triunfalismo, confiados tan sólo en las fuerzas del mercado.
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Lo más señalado de este momento es la globalización de la literatura y de las artes en general, pero este proceso, iniciado en el siglo XIX, lo obstaculizan las devastaciones sucesivas de los países. Cito algunas:
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- La caída incesante de la economía en la que a las mayorías toca (un caso de "abismo revolvente").
- Las crisis políticas sobredeterminadas por el mundo financiero.
- El neoliberalismo que incorpora a las naciones a "la obsolescencia planeada".
- El imperio de los medios electrónicos.
- El fracaso reconocido en forma unánime del proceso educativo (público y privado), hecho a un lado por el culto a la tecnología y por la sobrevaloración del éxito económico, la única prueba aceptada de acceso a la educación...
- El tipo del tipo de best sellers que se definen como "los libros que le gustan a quienes no gustan de la lectura". (Por fortuna, lo light no es el único campo de los best sellers).
- La tendencia académica de las especializaciones absolutas que suele ignorar el placer de la escritura y la lectura.
- La gran importancia formativa del cine que lleva tiempo desplazando a la literatura como criterio de modernización.
- El abandono creciente de la fe en la imaginación individual, hecho a un lado por la manipulación tecnológica. ("En donde estuvo la conciencia, aparecen los efectos especiales").
- El peso de la demografía y el tamaño de las ciudades.
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En este panorama, muy poco del legado típico parece firme, la repetición de fórmulas hace las veces de ánimo crepuscular, y las demandas de la educación media representan a la tradición. Ahora, el mayor peligro para la novela no es el culto de las imágenes (que obliga en demasiados sitios a sólo considerar novela a la telenovela), ni el desdén tecnológico por la letra escrita, ni siquiera la incomunicación cultural entre los países latinoamericanos, sino la catástrofe educativa, robustecida por el desplome de las economías y el desprecio neoliberal por las humanidades. El neoliberalismo es, por definición rápido, el encumbramiento de una minoría depredadora, y por ello se privilegia a la educación privada al margen de los niveles de calidad, y allí, con énfasis, la aptitud tecnológica es la cima, lo que se traduce en el menosprecio por el humanismo, la adopción ornamental de la cultura, y la burocratización en materia educativa.
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Persiste el impulso cultural de una minoría, se vigoriza el fin de las prácticas mnemotécnicas en la educación primaria (el gusto por la poesía se inicia en su memorización), sigue el deterioro de la profesión magisterial, desaparece la mayoría de los contextos culturales, que habían sido el idioma compartido de los países de habla hispana. Ahora, quien desee la difusión masiva deberá en cada libro incluir los niveles informativos prevalecientes. Si se acude a los conocimientos culturales "de antes", deben explicarse de inmediato porque los diccionarios son sitios del destierro. Los niños y los jóvenes no incluyen por lo común la lectura entre sus aficiones básicas, sin que esto consolide en lo mínimo a las profecías desoladoras sobre el exterminio de la lectura. El libro persiste pero ha pasado de necesidad pública a demanda de sector, salvo casos excepcionales, precisamente ahora en su expansión posible.
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En la educación sentimental y sexual, sin embargo, el rock, el sonido de la modernización, el hip hop, el rap y las infinitas variantes de la tecnología aplicada jamás desplazan del todo a la cumbia, la salsa, el vallenato, el tango, el bolero, la canción ranchera. Más allá de la calidad de parte del rock y de las promociones industriales permanece el canon de modelos de vida, de mitos que ajustan las sensaciones de éxito y de fracaso, de pautas de la conducta consideradas impensables unos años o unos minutos antes.
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¿Qué reemplaza a las guías tradicionales de las metamorfosis individuales y colectivas, a la poesía, la novela, el teatro? Con lo anterior no insinúo siquiera que la poesía y la narrativa hayan perdido sus facultades liberadoras y creativas; por el contrario, de la literatura continúan desprendiéndose las grandes atmósferas formativas, lo que certifican por ejemplo la trilogía de los Anillos de Tolkien, la poesía de Sylvia Plath y Jaime Sabines, las novelas de Coetzee y García Márquez. Sin embargo, en lo que a las mayorías se refiere, el influjo mítico de los libros se ha evaporado en buena medida, concentrándose en los sectores minoritarios que no se expanden según los ritmos de la demografía, aunque sí determinan las adaptaciones de cine y televisión.
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Al irrumpir las leyes del Mercado, los géneros fílmicos y televisivos se modifican con rapidez. El cine-cómic que inicia la serie de Star Wars seduce profusamente en el mundo entero, pero ya tienen nombre los atributos de su fascinación, los efectos especiales, anuncio de la jubilación inevitable de la magia que atrapa a cada generación infantil. En la mayoría de los filmes de éxito desbordado, el hechizo radica en la alta tecnología, y la belleza o la obviedad de las imágenes son la substancia de la dependencia de la pantalla.
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En su turno, los efectos de la televisión, ante profundísimos a corto plazo y por acumulación, suelen carecer del brillo del prestigio íntimo, aunque esto ya se transforma gracias al muy buen nivel de las series sobre la vida cotidiana, abordada desde la franqueza o desde la derrota de la censura como se quiera (los primeros "clásicos": Sex and the City, The Sopranos, 24 horas, Queer as Folk, Oz, Six Feet Under). Y lleva tiempo que los productos latinoamericanos no permiten que las personas, aun las menos críticas, consideren a la televisión su cómplice ideal: "Si en el mismo espejo se contemplan todos mis vecinos y mis parientes, yo no puedo ser Narciso". Y al no existir como antídoto a la televisión los llamados dramáticos en el camino a Damasco ("Saulo, Saulo, ¿por qué no me apagas de vez en cuando?"), se difuminan las posibilidades televisivas de constituir otra vanguardia del comportamiento.
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Todavía se cumple el apotegma de Marshall McLuhan: "El medio es el mensaje", pero casi siempre el medio es también la moraleja. -
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Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 1938) ha publicado recientemente en México El Estado laico y sus malquerientes. Debate / UNAM.

viernes, julio 18, 2008

Tú,
eres el producto de mi sana locura,

lo nuestro
es una soberana verdad

y siempre será sobre nosotros de ahora en adelante

jueves, julio 17, 2008

Ricardo "Pajarito" Moreno

Diario Milenio-Puebla (17/07/08)
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Cuando terminé de escribir mi novela Ojos de entonces había visto, en un diario, una nota pequeñita que dedicaba esas mínimas líneas a explicar que Ricardo "El Pajarito" Moreno vivía en Durango y de la caridad en unos baños públicos donde le permitían dormir sobre cajas de cartón. Años antes, supe que Ricardo Moreno quemó por imprudencia una casa del Centro Histórico de Zacatecas.
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Traté de seguir la secuencia porque precisamente era un personaje de mi novela y, aunque los capítulos estaban cerrados, me interesaba la vida de Ricardo "El Pajarito" Moreno: un boxeador que tenía fama de carnicero, según sus contrincantes.
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No poseía técnica, lo que lo hacía vulnerable, pero pegaba como patada de mula. Yo tuve la oportunidad de conocerlo en un café del centro de Zacatecas en 1987. Casi no hablaba con nadie. Entraba al café, veía un poco la televisión, comía algo y se iba. A veces me pedía un cigarro y ya. Lo recuerdo con una pelota de esponja que rebotaba contra el piso para hacer un round de sombra a petición de los meseros.
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Le perdí la pista. Luego, mucho después, supe que el excampeón nacional de peso pluma andaba por Durango.
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De su estancia en un sanatorio mental del Distrito Federal me enteré mucho después. Yo recuerdo al "Pajarito" con su caminar aprisa y a saltitos, apoyando la punta de los pies al dar el paso. Nunca perdió la agilidad de los buenos boxeadores.
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El pasado 25 de julio, el Esto publicó la noticia en primera plana de que Ricardo Moreno había muerto un día antes. Sí: la noche del 24 de julio escuché adormilado la noticia en los deportes de Televisa. Una noticia escueta: “Murió el 'Pajarito' Moreno”.
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En los años cincuenta gozó de gran fama. Era un carnicero. Hay muchas anécdotas de Ricardo Moreno: que se paseaba en un Cadillac con tapones de oro, que tenía una enorme casa en el Pedregal, que alimentaba a sus cachorros con chuletas de primera y que encendía los cigarrillos con billetes de alta denominación. No se arrepintió jamás. En una de sus últimas entrevistas lo dijo: "gocé lo que tuve".
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El "Pajarito" Moreno nació en Chalchihuites, Zacatecas, en 1937. Por eso era conocido también como "El barretero de Chalchihuites". Decía que su madre le había puesto el mote de "El Pajarito" desde chamaco. Filmó varias películas con Viruta y Capulina, Resortes, Ana Bertha Lepe y Teresa Velázquez. Y como tantos boxeadores que llegan a la cumbre, luego de sus excesos, lo perdió todo.
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Hay varias anécdotas que ilustran su carácter humanitario: se dice que fue un hombre muy generoso, bastante generoso. Es cierto que se iba de parranda en su yate particular, y que se jactaba ante la prensa de todos sus excesos.
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Pero hay muchos testimonios que lo muestran como un hombre más que generoso: se quitaba la camisa para dársela a otro. Quizá la historia de Ricardo Moreno sea la misma que la de otros muchos boxeadores que luego de la fama lo dilapidaron todo, igual que el "Toluco" López y otros más.
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El "Pajarito" Moreno terminó su carrera cuando disputó –y perdió— el título mundial pluma frente a Hogan "Kid" Basey, el nigeriano que dijo: "gracias a Dios no tiene técnica, pero nadie me había pegado así". El "Pajarito" terminó en la lona en el tercer round, en Los Angeles en 1958. Murió el "Pajarito", pero su recuerdo se mantiene en muchos aficionados al boxeo.