lunes, junio 30, 2008

Siniestros ambidiestros



Diario Milenio-México (30/06/08)
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1. Se vende valle de lágrimas
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No sé por qué soy de esos ingenuazos que piensan que la izquierda tendría que ser moderna, decente y respetuosa. Mis abuelas creían asimismo que los curas eran por fuerza píos, bondadosos e incorruptibles. Para ser cura, es preciso ingresar a un seminario y ordenarse, varios años después, mientras que para ser de izquierda no hace falta otra cosa que proclamarlo. Ser de izquierda, en los tiempos de mis abuelas, era un camino raudo al desafío y la liberación de los diversos traumas adquiridos durante el catecismo y sus secuelas, aunque no pocas veces conducía a catacumbas equivalentes. Hoy, a estas alturas, cuesta creer que ciertos personajes de José Revueltas estén hablando en serio. Más increíble aun parece desde aquí que todavía en 1970 Revueltas estuviera en la cárcel, básicamente por pertenecer a una izquierda que ya lo había excomulgado. A otros, en cambio, les preocupa que el mundo tenga menos de esos colores tétricos. ¿Quién diría que esas personas son de izquierda?
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Remontarse a las épocas de la derecha golpista y antisemita enfrentada a la izquierda conspiradora y clerical debería ser nada más que una travesía fugaz al reino del absurdo, pero está visto que hay quienes prefieren vivir allí. Tal vez toda la idea de no olvidar el 2 de octubre tenga que ver con pretender que desde entonces nada ha cambiado, y se entiende que no habrá cambios reales si no son ellos quienes hacen la chamba. Si no recuerdo mal, por esa misma pista andaban las ideas de los curas, en cuya autorizada opinión nadie se salva de ir a dar al infierno sin el patrocinio de su abogada, la Santa Madre Iglesia. Tampoco andan muy lejos estas ideas de las de aquellos comentaristas políticos abominables, capaces de encontrar una conspiración comunista en cualquier pensamiento ajeno al suyo. Si entonces, entre guerras o ya en la guerra fría, esos bichos autoritarios hacían ya el triste papel de anticuados y antipáticos, que papelón no harán quienes replican esas mismas actitudes desde lo que sólo ellos y sus antípodas se atreven a llamar izquierda, no exactamente para prestigio de la izquierda.
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2. Extremismo y herrumbre
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El enemigo del extremista herrumbroso es el mismo que aún desvela a los curas. No está en una trinchera, ni en el infierno, ni en el poder, sino precisamente adentro del usuario. Entonces, cuando menos, imperaba la clandestinidad. La paranoia, aliada permanente, podía llegar a salvarle a uno la vida, puesto que el enemigo, poderoso o proscrito, atacaría también clandestinamente. Si este enemigo era cobarde y tramposo, razonaba cada uno desde su bando, había que serlo tanto o más que él. ¿Cómo no convertirse en el peor enemigo de sí mismo, luego de contraer aquellas mañas que hasta hace poco hacían de su antípoda un sujeto perverso y despreciable que merece el infierno en la tierra? Pues tal era el lenguaje que por entonces empleaban los adversarios políticos, conscientes de que había más de un camino para callar al otro, o encerrarlo, o exterminarlo. Palabras empeñadas en encajarse como cuchillos, o en hacer estallar pedazos de enemigo. Más que palabras, órdenes al pelotón.
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Uno de los aprendizajes más difíciles para el extremista herrumbroso consiste en comprender que al adversario no se le puede matar. Ni encerrar, ni anular, por más que desde el púlpito se le envíe a podrirse en los infiernos. Si el catecismo que enciende sus flamas le dice que los otros son quienes se oponen a que él conduzca su rebaño al edén, a ver quién va a evitar que se comporte como un cruzado; menos habiendo tantos infieles por ahí. No es que concretamente se proponga matar a nadie, pero el asco ideológico no le permite concederle al otro el derecho a vivir. Tampoco a dialogar, o siquiera a expresar un punto de vista, pues el inquisidor asume que todo lo que salga de boca del impío es por fuerza palabra de Satanás. ¿Cómo va a hablarle sin amenazarlo?
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3. La izquierda no se santigua
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La sola idea de una izquierda clerical parece un disparate para quienes creemos que entre los compromisos naturales de quien dice ubicarse a la izquierda política o social debería contarse el de no combatir estupidez con estupidez, llámese ésta racismo, clasismo, autoritarismo o gangsterismo. Simpatizar con una izquierda gangsteril equivale a aceptar que el señor cura se dedique a la trata de blancas, si así puede apoyar a los pobres. Es decir, apoyarse en los pobres. Lo que tanto nos fastidió una vez que hicieran ciertos hombres de sotana hoy lo vemos rehecho en las manos de los profetas de la historia, que heredaron esa vieja facilidad para estigmatizar a los demás y absolverse a sí mismos en un solo conjuro. Que es lo que alcanza a hacerse en el curso de una guerra santa, cuando no queda tiempo para juicios y hay que venderse por entero a la fe. Hace ya muchos años que nadie les declara la guerra, pero es que ellos no saben vivir en otro estado. Su negocio es pelear, pues una vez inmersos en la batalla se autorizan a hacer toda clase de trampas y patanerías, al fin que son en contra de la derecha. ¿Está de más decir que todos los demás somos, en su opinión, parte de esa derecha?
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Recuerdo al catecismo como algo parecido a la promoción de un igualitarismo celestial autoritario que antes o después me sometería al temido Juicio Final, donde seguramente no pararían de rechinarme los dientes. Tener ideas de izquierda es —o en fin, tendría que ser— una puerta hacia afuera de la superstición y el oscurantismo, más que la misma sopa con otro condimento. ¿Qué tanto les asusta que esta clase de izquierda llegue al poder y pase por encima de los que prometió apoyar? ¿No es justo lo que hacía la vieja derecha, con sus botas y sus obispos regañones? ¿No se decía de izquierda el responsable del 2 de octubre y el 10 de junio? ¿Quién informa a las huestes del autoritarismo mesiánico que la izquierda no está arriba y adelante?

viernes, junio 27, 2008

Ser poeta

I
Escribir desparpajado
a punto de emprender
un viaje
en busca del poeta
que deseo ser.
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II

Analogías baratas,
metáforas comunes
y símiles inservibles
es la poesía que escribo.
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III

Sufro de hepatitis literaria.
Un libro es la vacuna,
no escribir, el resultado.
Y sin embargo, a mi lado
tengo la compañía de una mujer
morena-música-poesía,
a pesar de la probabilidad.
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IV
A veces, pienso, la poesía
no se escribe, se besa y,
quizá, el poeta es un mísero ser,
mientras inventa un poemario
para su musa, siempre lejana,
yo amo a mi mujer, de carne y hueso, siempre.
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V
Si ser poeta es estar sin amor,
prefiero amar y dejar a un lado
mi sueño de ser el poeta
más grande de México.

jueves, junio 26, 2008

Estampas de San Luis (I de II)

Diario Milenio-México (26/06/08)
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Estoy mirando hacia allá desde el séptimo piso del Hotel Panorama, en la Avenida Venustiano Carranza, en el Centro Histórico de San Luis Potosí.
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Trato de ubicarme y de ubicar a los populares personajes que la pasada administración del ayuntamiento ha dejado en bronce en sus principales plazas y jardines.
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Muy cerca del Palacio del Ayuntamiento está el Señor de las Palomas. Hace más de diez años que no visitaba San Luis Potosí. Lo halló preservado, limpio: un centro hermoso, peatonal, de cantera rosa y de calles estrechas.
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Los visitantes acostumbran fotografiarse con el Señor de las Palomas, un hombre que era parte del paisaje cotidiano y que ahora sigue siéndolo en bronce, igual que Juan del Jarro, en otra plaza cerca de ahí.
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Uno de los cronistas de la ciudad de San Luis me informó que Juan del Jarro era un hombre clarividente y que su vida fue un verdadero misterio: vivió hacia el siglo XIX y corren dos versiones acerca del jarro que cargaba en su saco; una, que lo usaba para darle agua a los indigentes; y la otra, que ese jarro lo traía consigo porque era incontinente.
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Sólo son versiones de la gente, porque no hay un registro; ni siquiera se conoce su nombre real.
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Es, para todos, Juan del Jarro. Quizá ése sea un ejemplo que debieran seguir todas las ciudades del país: preservar en bronce (al igual que a los héroes) a sus personajes que forman parte del paisaje cotidiano. Se nota que el movimiento cultural aquí es hiperactivo.
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El presidente municipal, el licenciado Jorge Lozano Armengol, ha dado a conocer, a través de la Dirección de Cultura, de la que está al frente mi amiga Laura Elena González, una serie de ediciones con la producción de los jóvenes poetas y cuentistas potosinos.
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Además, se han dedicado a organizar cada año el Festival Internacional de las Letras, que este 2008 ha llegado a su cuarta versión con tres buenos motivos: la entrega del Premio “San Luis” al Mérito Literario que, de acuerdo a la lectura del acta del jurado, recayó merecidamente en el poeta José Emilio Pacheco, ganador del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por su libro No me preguntes cómo pasa el tiempo, que el año próximo cumple 40 años de haber sido editado.
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Dentro de estas jornadas se le rindió un merecido homenaje al poeta potosino Félix Dauajare, expresidente municipal y animador de la cultura en el estado.
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El otro motivo ha sido la entrega del Premio “Joaquín Antonio Peñaloza” al Mérito Editorial que recibió José de Jesús Sampedro (mi hermano), por su trayectoria de más de treinta y cinco años dedicados a la Revista Dosfilos, única revista independiente que aparece en el Árbol Hemerográfico de la Literatura Mexicana de Christopher Domínguez Michael. José de Jesús Sampedro obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1975 con Un (ejemplo) salto de gato pinto.
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El primer número de la revista Dosfilos se editó en 1974, y el año pasado pudimos conocer la edición del número 100.
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No se puede dejar de recorrer las calles de esa ciudad tan impregnadas de Manuel José Othón…

martes, junio 24, 2008

De Cortazar desde el más allá, para Carmen del más acá

"Me va la vida en ello" de Luis Eduardo Aute



Un pequeño presente para mi vampirita consentida tan fan de Aute.

"El re-encantamiento del mundo" Michel Maffesoli (6ta parte)

"El re-encantamiento del mundo" Michel Maffesoli (5ta parte)

"El re-encantamiento del mundo" Michel Maffesoli (4ta parte)

"El re-encantamiento del mundo" Michel Maffesoli (3era parte)

"El re-encantamiento del mundo" Michel Maffesoli (2da parte)

"El re-encantamiento del mundo" Michel Maffesoli (1era parte)

Dorotea / Doroteo



Diario Milenio-México (24/06/08)
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Cuando ser Doroteo o Dorotea da lo mismo, justo ahí, Rulfo trastoca, y aquí de manera fundamental, nociones perentorias u oficialistas de lo que es la identidad de género
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Hay un gran momento queer en la literatura mexicana y es éste. Se trata del fragmento número 34 de Pedro Páramo, el libro que Juan Rulfo publicó en 1955. Juan Preciado, el personaje que ha llegado acá, a Comala, buscando a su padre, un tal, acaba de morir debido a la falta de aire provocada por la canícula de agosto o por el miedo.
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“No había aire”, explica el personaje principal en el fragmento 33. “Tuve que absorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre.” Todo parece indicar que la explicación ha terminado, pero después de un punto y aparte, emerge, certera, diríase que fulminante, la repetición: “Digo para siempre”.
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Así, justo después del espacio en blanco, en uno de esos múltiples cortes a través de los cuales la novela se aleja de desarrollos lineales o cronologías terrestres, surge casi de manera natural la voz que increpa la explicación proveída anteriormente.
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“–Quieres hacerme creer que te mató el ahogo, Juan Preciado?”, interroga esa voz sin presentación alguna, en la primera línea del fragmento 34. Intempestivamente. Y, desde la sepultura, mientras abraza o es abrazado por otra presencia, Juan Preciado responde larga, sinuosamente, inmiscuyéndose de esa forma en un diálogo con innumerables consecuencias:
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“–Tienes razón, Doroteo”, murmura, titubeante, sólo para preguntar luego, “¿Dices que te llamas Doroteo?”.
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“–Da lo mismo”, le responde la voz, aclarando apenas un minuto después: “Aunque mi nombre sea Dorotea. Pero da lo mismo”.
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Cuando ser Doroteo o Dorotea da lo mismo, justo ahí, Rulfo no sólo consigue cuestionar cualquier entendimiento fijo o sedentario de lo que es la identidad en general, sino que también trastoca, y aquí de manera fundamental, nociones perentorias u oficialistas de lo que es la identidad de género. Que esa identidad sea inestable y fluida, tal como lo sugiere la mera posibilidad de que un personaje pueda ser una u otro, y que además esa posibilidad “dé lo mismo”, no se debe, claro está, a posición ideológica alguna o a vanguardismos extemporáneos, sino que obedece a la naturaleza liminal del lugar donde toma lugar la novela así como al carácter fantasmagórico de todos sus personajes. El cuerpo sexuado de Dorotea puede ser Doroteo porque, después de todo, la voz le pertenece a un muerto o a un fantasma o a un espectro. Se trata, además, de un muerto tan insignificante, tan pequeño, que es en realidad “algo que no le estorba a nadie” y que, por lo tanto, cabe “muy bien en el hueco de los brazos [de Juan Preciado]” aunque, en característico movimiento oscilatorio, también se pregunte si no debería ser ella la que lo abrazara a él. Así, abrazados (¿abrasados?), en una cercanía que se antoja tan sexual como la compartida, no sin culpa, por Donis y su hermana, Doroteo/Dorotea y Juan Preciado platican desde la estrechez del sepulcro final sin preocuparse, o de plano trasgrediendo, nociones terrenas de lo que debe ser un hombre o una mujer. Que esto haya sido escrito en 1955, apenas cinco años después de que Octavio Paz publicara su Laberinto de la soledad, libro con el que contribuyera, entre otras tantas cosas, a la definición poco flexible de los linderos de la feminidad y la masculinidad en México, no es un hecho menor. Leído a inicios del siglo XXI, ese momento de intermitencia genérica que, además, incluye la descripción de un sueño bendito y un sueño maldito, propicia, sin duda, una lectura alternativa, una lectura queer, de los cuerpos de la modernidad mexicana desde uno de sus textos fundadores.
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Rulfo se refirió varias veces a Pedro Páramo como “una novela de fantasmas que toma vida y después la vuelve a perder”. También llegó a asegurar, especialmente cuando se le invitaba a elaborar sobre la referencialidad de la misma, que “lo único real [era] la ubicación”, comentario que por sí mismo azuza toda una serie de elucubraciones sobre los nexos que van de Rulfo como paisajista, tanto en términos verbales como visuales, a Rulfo como un autor no realista. Dijo también en más de una ocasión, sobre todo cuando discurría sobre la estructura de Pedro Páramo que, de ese libro, había eliminado todas “las moralejas”, acaso el vocablo que utilizara para denominar el contenido o lo meramente tramático de la novela. Así, entre una cosa y otra, decidiendo a contracorriente de una tradición literaria realista, fincada en la referencialidad histórica y en las bondades de la anécdota, Rulfo extrajo el cuerpo de la cárcel de sus muchos deberes para, en cambio, hacerlo dudar y, sobre todo, para hacerlo decirse y enunciarse (¿anunciarse? ¿denunciarse?) de otra manera. Experimental en el sentido en el que lo son aquellos libros que establecen sus propias reglas, Pedro Páramo saca a la modernidad mexicana de la historia como realmente pasó, de la historia como contexto o como continuum, para llevarla al espacio líminal donde, a fuerza de convivir con fantasmas, los cuerpos de esa historia pueden ser y dejar de ser y ser una vez más en su propio terror o en su sueño alucinado o en su interrupción redentora.

lunes, junio 23, 2008

El blog desobediente



Diario Milenio-México (23/06/08)
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1
Peligro: focos subversivos
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Antiguamente, había sólo una clase de foco, que cuando se fundía se reemplazaba sin más polémicas. Se hablaba, en todo caso, del tema de los watts. Cierta noche, mi padre advirtió un resplandor inusual escapando de mi recámara de niño. ¿Quién había cambiado el foco de la lámpara de mi buró? Todavía orgulloso del increíble timo que el día anterior había llevado a cabo, le aclaré a mi papá que el foco se lo había trocado a un amigo… ¡El muy idiota me dio uno de 100 watts a cambio de uno de 25! Luego de una paciente explicación que puso en claro quién era el más idiota, recibí de sus manos un nuevo foco de 40 watts, que tenía la virtud de alumbrar mi recámara sin quemar la pantalla de la lámpara ni dejar viendo estrellas a las visitas, pero al fin me dormí pensando triunfalmente que había salido ganando 15 watts.
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Hoy día, la discusión se ha complicado tanto que casi no se puede hablar de focos sin caer en desacuerdos. Sin ir más lejos, en la Cuba de hoy las antiguas bombillas son poco menos que la encarnación del diablo. Que lo diga, si no, Yoani Sánchez, la bloguera superstar que ha despertado la ira de Fidel Castro por escribir sobre una cotidianidad por cuyos incontables intersticios se asoma una autocracia infumable que anula toda forma de privacidad, y que en su más reciente entrega se refiere precisamente al tema de los focos. Desde que el régimen envió trabajadores sociales a reemplazar las viejas bombillas brillantes por nuevos focos lúgubres —cuya luz no permite distinguir los detalles, si bien ahorra grandes montos de energía—, en una terminante operación casa por casa, la bombilla se ha convertido en un objeto subversivo y desafiante. Quien la tenga o la use es oficialmente un antipatriota y un traidor.
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2
Prohibido decidir
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Tengo dos de estos nuevos focos en mi casa. Uno alumbra el garage, el otro el baño de mi recámara. De ese modo, si me despierto a media madrugada, puedo entrar y salir como el vampiro de su sarcófago, sin que un deslumbramiento majadero acabe de una vez de espantarme el sueño. Pero ya he dicho que esto de los focos se presta a discusiones. A ojos femeninos, por ejemplo, un baño con la luz mortecina es el peor enemigo de un buen maquillaje, o siquiera un arreglo personal aceptable. Nada que, ya en la convivencia, no pueda ser resuelto con dos focos distintos, cada uno en su lámpara. Democráticamente. Por eso Yoani Sánchez no necesita hablar en concreto sobre dictaduras para exhibir a aquella que la oprime en todos los rincones de la vida cotidiana, si para eso ya basta con tratar sobre focos en su blog y recordar que tiene uno escondido; luego atreverse a la temeridad de fotografiarlo, y además enfrentar a los sumos sacerdotes de la ideología con palabras sencillas a extremos sacrílegos: “Necesito creer que al menos puedo decidir bajo qué tipo de luz leo, ceno o veo la tele”.
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Necesitar creer que al menos puede decidirse algo es el estado usual de quienes viven bajo férreo cautiverio. Prisioneros, esclavos, perturbados mentales. En el caso de Cuba, ciudadanos. Es decir, algo menos que compañeros. Uno, ingenuo, cree que tiene derechos; el otro sólo sabe de sus obligaciones. Hasta hace poco, en Cuba, ganaban todos el mismo sueldo, independientemente de su desempeño, aunque los siempre dóciles compañeros siempre han tenido acceso a prerrogativas inaccesibles a esos díscolos ciudadanos que se creen con derecho a elegirse una vida a su gusto y alumbrarse como les venga en gana. Ahora, cuando ya el esclavismo en el poder han observado que el igualitarismo salarial tenía el defecto de fomentar la indolencia y disminuir la productividad, los compañeros deben disciplinarse y alinear su opinión con ideas que hace un par de semanas eran objeto de persecución. Tal vez el único atenuante para los antiguos tratantes de esclavos fuera que no esperaban que éstos opinaran como ellos en todos los temas, ni que se delataran los unos a los otros, ni que aplaudieran al paso de sus dueños.
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3
Los celos tienen barbas
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Cuando empecé a pergeñar estos párrafos, el texto de Yoani sobre los focos había merecido poco más de 3,300 comentarios. Ahora que lo actualizo, ya van 3,700. No tantos, comparadas con los casi cinco mil que mereció otro de sus textos recientes. Si yo fuera Fidel, me darían unos celos del carajo; y si fuera su hermano, es seguro que la noticia me espantaría el sueño. Pues si tal es el número de las opiniones, habrá que imaginar las decenas de miles o quizás más lecturas silenciosas de quienes cada día se asoman a la Cuba de hoy mismo por la ventana Generación Y —así se llama el blog de Yoani Sánchez, ganador de ese Premio Ortega y Gasset que tantas comezones le provocó a Fidel—. ¿Cómo esperar que el anatema del dictador pudiera contribuir a mejor cosa que hacer crecer la bola de nieve tropical en que se ha convertido Generación Y?
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Alguna vez le pregunté a Wendy Guerra si su empeño en permanecer en Cuba respondía a los deseos de la persona y se oponía a los de la escritora. “Al contrario”, repuso, como si fuese obvio, “la escritora es quien no puede perderse lo que está sucediendo en Cuba”. Y claro, es obvio. Quien lo dude no tiene más que asomarse a Generación Y, donde un foco apagado basta para encender toda suerte de animosidades, hasta hace poco tiempo impensables para un régimen cuyos esbirros temían al envío de un e-mail no supervisado como a la fuga de un reo peligroso. Hay una libertad poco menos que envidiable en esa isla dentro de la isla, conectada a su vez con muchas otras, donde darse a escribir sobre las cosas simples es alzar esa voz ciudadana que tanto quita el sueño a los compañeros.

jueves, junio 19, 2008

Yo quiero que haya mundo. 50 años... ¿solamente?* de Felipe Galván

Elena Garro es una hechicera. Con esta definición arranca Víctor Hugo Rascón Banda el núcleo del prólogo en la edición pensada, convocada, potenciada y ejecutada por Patricia Rosas Lopátegui para el corpus de 653 páginas puntillosamente aglomeradas en 42 líneas de alrededor de 100 golpes en letra Times New Roman de 10 puntos. Con esta magnitud de obra prioritariamente ensayística sobre la producción literaria de la poblana–igualtecacapitalina y ciudadana del mundo, por supuesto que le da la razón a nuestro actual presidente de escritores mexicanos.
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Elena hechizó a Patricia Rosas Lopátegui como hechizó a los estudiosos de su narrativa, su dramaturgia, su poesía, su memoria, su periodismo, su vida y su leyenda; como hechizó a sus intérpretes y a sus creadores propositivos. Sin embargo, hablar de la autora como hechicera y quedarnos ahí es ver la superficie por entre la posibilidad de cala oculta y resguardada por el olvido, el desinterés o el cuasi delincuente academicismo que la escondió por décadas. Al presente trabajo editorial que sellan la editorial Porrúa y la Universidad Autónoma de Puebla le ha tocado ser un grito contenido durante muchos años, un estudio omitido en décima de quinquenios, un concentrado que viene a omitir un silencio ominoso de medio siglo.
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¿Quién es Elena Garro? Cuando esta pregunta me fue formulada en 1998 por una periodista local un día después de su fallecimiento contesté: es la mayor escritora nacida en este territorio desde los tiempos de Juana de Asbaje. Así se publicó y no faltaron los críticos mordaces que comentaron sobre lo escandaloso de Galván. Tenían razón en lo escandaloso que suelo ser, a veces, pero no en las implicaciones sobre nuestra Elena. Hoy, a 10 años de haberlo externado, lo veo impreso y firmado por René Avilés Fabila en el libro que nos ocupa esta tarde. En estos 10 años lo he repetido varias veces con mi querida maestra Maite Colchero y ella, que es bastante más cauta que yo, sonríe con un gesto alegre que interpreto como ¡sí! Pero lo dices tú. Creo que académicamente el tiempo va dando la razón a la escandalosa afirmación del 98 en el siglo pasado.
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Elena Garro hechiza, pero no por ser una maga, una bruja, una chamana o manejadora de artes metafísicas; su capacidad de hechizar la da su inventiva, su ficcionalidad, su contundente imaginación al desarrollar sus planteamientos dramatúrgicos y narrativos, principal pero no exclusivamente. Es ahí, en su obra, donde brota la maestría, la seducción, la elevación del espíritu del receptor que accede a la propositividad literaria de la autora; más, mucho más allá de lo que la leyenda negra o las leyendas negras que empantanan el acercamiento al corpus de su creación.
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¿Por qué hablar de la esposa de Paz y elucubrar alrededor de una relación abortada después de años cómplices y tormentosos? ¿Por qué discernir alrededor de una vida señalada, perseguida y empobrecida? ¿Por qué llorar por una mujer que vivió el exilio en la casi miseria? Por supuesto que son factores interesantes para la creación de la leyenda, de la heroína, de la otredad en una propuesta narrativa o dramática; es válido. Pero para fines de análisis de la obra sólo será la obra misma la que debe hablar y en esto se debe centrar el estudio alrededor de la autora que provoca esa hipótesis de trabajo de ser la más grande en nuestro territorio desde sor Juana. Con esto hay para trabajar décadas y seguramente siglos.
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Los señalamientos sobre su vida llevan a señalamientos automáticamente asumidos alrededor de la obra que alejan del rigor e impiden la profundización en cala. Hace algunos años en Lylle, Francia, durante un panel sobre teatro del 68, escuchamos a un investigador calificar la obra dramática póstuma de la Garro, Sócrates y los gatos, como una obra reaccionaria por los ataques implícitos al Partido Comunista. Mi reacción incluso fue grosera pues mandé al investigador a leer las Memorias de España, haciéndole hincapié en la descripción solidaria de trotskistas y anarquistas perseguidos por los comunistas españoles. Elena Garro, le dije, está no sólo en retardataria contraposición a los comunistas sino, por el contrario, parece ubicarse en una izquierda más allá del comunismo ortodoxo que reclama los calificativos de arte reaccionario, entre otros.
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De momento me vino muy bien para zanjar la discusión sobre el supuesto reaccionarismo de Elena en esa obra, e incluso me permitió afinar el artículo sobre ideología en el teatro del 68 mexicano, ¿pero realmente estaba Elena Garro más a la izquierda del PCM? Interesante cuestión para la provocación creativa alrededor de la Garro, pero ociosa cuestión para el análisis de su obra. A nadie se le ocurrió analizar la influencia de la mano perdida en Lepanto sobre la génesis de don Alonso Quijano, pero muchos quieren ver la obra de Elena Garro desde la perspectiva de mujer o ex mujer de Paz o aliada política de Carlos Madrazo o perseguida por la pobreza, el priismo y el comunismo mexicano.
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Yo quiero que haya mundo. Elena Garro, 50 años de dramaturgia abre el espectro sobre la obra de Elena con planteamientos de toda la ocurrencia amigable, curiosa, solidaria, analítica estructural, interpretación poética, política o de naturaleza múltiple que viene a subsanar el gran vacío alrededor de una de las obras de mayor envergadura en la literatura mexicana del siglo XX. Hay que agradecerle a Rosas Lopátegui el señalamiento de cualquier línea de trabajo que se quiera abordar y profundizar sobre la autora; a partir de la edición será ésta la referencia obligada y plataforma de innumerables trabajos por venir.
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La aportación poblana es contundente no sólo por la coedición firmada por la universidad pública de la entidad y apoyada por el municipio recién superado cronológicamente. Héctor Azar, María Teresa Colchero, Olivia Hernández, Ana María del Gesso, Aída Gambetta, Diana Hernández, Araceli Toledo, Ligia Rivera, Tanya González, Sara del Valle, María del Carmen Santibáñez, Blanca Estela Santibáñez, Mario Calderón y Rosa María Farfán acompañan a la originalmente poblana Elena Garro en la antología de Patricia Rosas Lopátegui. Esto no es casual porque, si bien Elena es un personaje de la cultura de habla hispana, bastaría con Un hogar sólido para corroborar lo anterior de quien hemos hipotetizado que es la más grande desde Juana de Asbaje. Nadie podrá refutarnos que es la mayor escritora de la historia de Puebla, y esto no es hipótesis, es axioma. Por supuesto que en , donde la autora tiene su nicho original, biológicamente hablando, tuvo, tiene y tendrá su centro de interés de investigación primigenio. Las Jornadas latinoamericanas de investigación teatral organizadas en Puebla por la Universidad de Tennessee y Espacio 1900 de Manuel Reigadas, ahora apoyado por la comunidad cultural y académica local, desde principios de los 90 del siglo XX inició en su primera versión precisamente con un homenaje, reflejado en trabajos de investigación, a Elena Garro. Ahora Patricia Rosa Lopátegui fuerza con su entrega, su amor y dedicación a nuestra autora a que profundicemos cotidianamente en la tarea de conocer más a Elena, estudiar más a la Garro, reflexionar más sobre la obra de nuestro autor mayor, trabajar más sobre el trascendente corpus heredado
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¿Qué podemos hacer en Puebla alrededor de la obra de Elena? Apunto algunas posibilidades
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Se ha mencionado que Pedro Páramo marca el inicio del bien o mal llamado realismo mágico, lo cual se traduce como que éste tiene padre y su apelativo es Juan Rulfo, podemos decir en esa misma dirección que Un hogar sólido es el inicio dramatúrgico en la misma línea, esto quiere decir entonces que también tiene madre, y se llama Elena Garro. A partir de la anterior observación, cabría establecer relaciones, semejanzas, interculturalidades, coincidencias y contradicciones estilísticas entre una y otra obra.
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Los recuerdos del porvenir nos transporta a la cristiada y su control en el hipotético poblado de Ixtepec, que muchos decodificadores ubicamos en la Iguala guerrerense; durante los 20 tardíos la tropa llega a tomar la población relacionándose con las pobladoras principalmente. El lado de las relaciones humanas en el marco de una guerra absurda y poco estudiada, porque el discurso hegemónico priista lo impidió durante años. Novelas diversas como Los cristeros, de De Anda, permanecieron en el ostracismo por definición del poder. Los recuerdos del porvenir pasan sin censura, y aunque es cierto que su recepción pareció ser limitada y lenta, también es obvio que tiene características que la diferenciaron de otros corpus que abordaron una temática coincidente. Tampoco son aún los 80, cuando Chao Eberguenyi publica De los altos primero y Matar al manco después, que vuelan de las librerías, entre otras cosas, sospechas aparte, por abordar una temática hasta entonces “prohibida”. De esto surgen varias preguntas, entre éstas: ¿cómo es que 20 años atrás la novela de Garro no sufrió ningún contratiempo? ¿Qué diferencias existen entre el corpus de Los recuerdos... y novelas anteriores (o posteriores) sobre la misma temática?
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Finalmente, un comentario: hace algunos años editamos el primer tomo del Catálogo de la obra de Emilio Carballido, un trabajo enorme de Socorro Merlín por lo cuantitativamente contundente que fue la producción de nuestro clásico dramaturgo recién fallecido. Patricia Rosas Lopátegui apunta en su arduo trabajo el catálogo de la obra de Elena Garro; está su narrativa, su dramaturgia, su memoria, su poesía, su periodismo. Es la primera y a la mano tarea que claramente podemos, debemos y tenemos que abordar. Con lo de esta edición, lo ubicado en los archivos de Escenología, del CITRU, de la UNAM, de Puebla, de Tennessee, de la Universidad de Guadalajara y de entrevistas directas ya nos estamos dando a la tarea de construir el catálogo de la obra de Elena Garro, un catálogo necesario para el acercamiento básico a nuestra gran autora de la postrimerías del siglo XX pero que, sin lugar a dudas, crecerá cada vez más como lo ha hecho en los diez que lleva de ausente, pese a los innumerables “Salieris” que tanta sombra le hicieron en vida y a los cuales ya no les quedan pasillos palaciegos, páginas de diarios o chismes boca a oído, sino lo único que las postrimerías pueden escuchar: la solidez artística de las obras. Y en eso la poblana–igualteca–chilanga ciudadana del mundo lleva bastante buen ritmo, algo de lo que nos informamos por obviedad gracias a Rosas Lopátegui.
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*Texto leído por Felipe Galván ayer, durante la presentación del libro Yo quiero que haya mundo. Elena Garro, 50 años de dramaturgia, de Patricia Rosas Lopátegui, editado por la Universidad Autónoma de Puebla y editorial Porrúa.

Producciones ultracostumbristas

Diario Milenio-Puebla (19/06/08)
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El movimiento literario Ultracostumbrista proviene de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla. Sus miembros (todos ellos egresados del Colegio de Lingüística) son conocidos bajo esa denominación gracias a Édgar List, poeta hijo del estridentista poblano don Germán List Arzubide. Ellos –los Ultracostumbristas— no se han autoincluido en ninguna ridícula generación inexistente: trabajan con modestia, sólo eso.
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Bajo la atinada conducción del doctor Carlos Contreras Cruz, director de Fomento Editorial de la UAP, dos miembros del movimiento Ultracostumbrista han publicado parte de su obra. Me refiero a Rodrigo Durana y Ricardo Cartas Figueroa, ambos académicos de la Preparatoria Emiliano Zapata. Los dos escriben sin alardes y en silencio, como se debe hacer con el ejercicio literario. El resultado de su trabajo, como todo en la vida, lo marcará el tiempo. Por lo pronto, ellos nos han entregado un libro de cuentos y una novela. El libro de cuentos de Rodrigo Durana El calzón de Margarita (sugestivo título) aparece en la colección “Alejandro Meneses”; y la novela de Ricardo Cartas Los suplicantes, en la colección Asteriscos del catálogo editorial de la UAP. Una muy buena decisión –hay que recalcarlo— del doctor Contreras Cruz. Las ediciones de la Autónoma de Puebla tienen un muy buen reconocido sitio a nivel nacional e internacional
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Durana y Cartas no son improvisados en la materia; ellos fueron miembros del taller de cuento que impartió Guillermo Samperio en Puebla, además de que ejercen el oficio desde hace tiempo.
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He leído con mucho placer El calzón de Margarita, libro donde encuentro en sus textos la imaginación desbordante de Rodrigo Durana. Sólo con imaginación se hace la verdadera ficción narrativa. Si no la hay, los resultados serán siempre magros, nulos. Debo confesar, sin embargo, que algunos de los cuentos ya los conocía desde que Durana había trabajado los originales, caso de “La isla II. El Mico” y de “Brave”. Y debo confesar que me han sorprendido de la misma manera que la primera vez.
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La novela de Ricardo Cartas lleva una cuarta de forros de René Avilés Fabila, donde asienta que “Los suplicantes brilla por sus personajes y su trama inteligente”. No he de contar la trama, para que los lectores la busquen. Lo prometo: no se van a arrepentir.
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René Avilés Fabila, un crítico con enorme autoridad, describe Los suplicantes como una novela donde el narrador se mete en sus personajes para hacerlos verosímiles, y su desenlace es intenso e inesperado: es en “el entierro de los muertos” donde se pierde la inocencia y se levanta el enigma. Felicidades a los Ultracostumbristas Durana y Cartas por la edición de estos volúmenes, que sí serán leídos dentro de treinta años con el mismo gusto de hoy y en su movimiento que defienden con orgullo. Viva entonces el agua de horchata, como ellos mismos lo proclaman.

martes, junio 17, 2008

Juntos

Y permanecer en tu regazo,
para morir de locura contigo,

después

revivir en el calor de tu abrazo.

Luego, juntos, caminar hacia
la calma.

Y al final, antes de volvernos fantasmas,
engendrar un retoño
para ser recordados.

El guiño de lo real / y II



Diario Milenio-México (17/06/08)
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La novela histórica captura y detiene la realidad con una especie de guiño, ese gesto entre seductor e incompleto con el cual se evoca y se invita a lo que no está ahí.
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Fragmento y Collage: conocimiento como choque y revelación.
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Este entendimiento de la imagen como invocación de la muerte tiene su corolario en el énfasis que Walter Benjamin siempre puso en el fragmento —el fragmento que usualmente denominó como altamente significativo—. Los objetos de conocimiento no eran, dentro de esta acepción, fenómenos que una vez desdoblados en la línea ascendente del tiempo progresivo podrían ser cooptados en formas políticas que, para un Benjamin que trataba de huir de Europa, estaban firmemente reflejados en los efectos perniciosos del fascismo. Se trataba, en cambio, de pedazos, trozos, cachitos, donde la historia se inscribía y, para conocerlo/as, era necesario actualizar tal imagen, es decir, hacerla presente, rompiendo el mito de continuidad y del progreso. No es extraño, entonces, que haya optado –e incentivado a su vez a tantos más– a utilizar el collage como una forma narrativa capaz de capturar tal ruptura. Presentando imágenes desiguales y, con frecuencia, contradictorias, Benjamin aspiraba a escenificar el choque del cual podría emerger la revelación del conocimiento –ese instante para el que siempre utilizó la metáfora del flash. Y desde aquí, si me lo permiten, regreso al quehacer de la narrativa histórica.
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Nueva historia social/cultural
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Otra vertiente que podría ayudar a comprender el realismo peculiar de la nueva novela histórica viene, por supuesto, de cambios ocurridos en el campo mismo de la historia. Usualmente catalogada como un recuento de nombres y fechas, la escritura de la historia ha sufrido transformaciones importantes en las últimas décadas. Hay, por ejemplo, un mayor énfasis en lo que se ha dado en llamar una historia “desde abajo”, es decir, una historia que funcione con interpretaciones horizontales, y no verticales, del poder. Hay, también, una preocupación mayor por el significado del dato, más que en el dato mismo, cuyo proceso es analizado por medio de tensas negociaciones, más que claras imposiciones, culturales. De ahí el interés en la vida cotidiana de personajes anodinos que nunca llegaron a nada, pero que se inscribieron de maneras más sutiles, tal vez menos aparatosas, en la historia. Finalmente hay, también, una preocupación más íntima, un tanto afiebrada, con los mecanismos narrativos y de representación, como se atestigua en los trabajos de Hayden White.
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Este tipo de preocupaciones en el campo de la historia han dejado su marca en la novela histórica no sólo en obras cada vez menos interesadas en las vidas personales de los grandes personajes notables y/o famosos y, consecuentemente, cada vez más atraídas por las epopeyas cotidianas de los comunes y corrientes, sino también en un cierto afán por eludir el había-una-vez de las narraciones lineales que pretenden dar cuenta de lo que realmente pasó. Y en esto creo ver una cierta similitud entre el reto que la fotografía presenta a interpretaciones fáciles del realismo y las acusaciones de estrecho “realismo” muchas veces hechas en contra de la novela histórica.
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La nueva novela histórica y la fotografía
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Hasta aquí algunas de las vertientes que, a mi entender, influyen en la creación de esos textos alquímicos y heterogéneos que son la nueva novela histórica.
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Si bien la peculiaridad de este tipo de narrativa radica en el uso abierto de documentos como referente externo, creo que las conexiones entre la narración y el referente son menos directas y más oblicuas de lo que se cree. No creo, por ejemplo, que esta referencialidad sea reflejo directo de una falta de imaginación, sino, como en la fotografía, de un uso peculiar del proceso de esa creación de imágenes. La nueva novela histórica, por ejemplo, no mira la realidad con los ojos abiertos que capturan y reproducen todo e indiscriminadamente a su paso. Eso, por otra parte, ni existe ni ha existido nunca. La novela histórica captura y detiene la realidad con una especie de guiño, ese gesto entre seductor e incompleto por medio del cual se evoca y se invita a lo que no está ahí, esos fantasmas y esas sombras que, al decir de Benjamin acerca de la fotografía, habitan en los datos más concretos. No se trata pues, o no solamente en todo caso, de textos que buscan rescatar silencios o revelar ausencias, sino de producir nuevas realidades en el vaivén mismo que va del documento a la narración basada en éste. Parafraseando la frase de Goethe con que inicié este texto, si todos los hechos son ya imaginados, si son imaginación concreta, esto quiere decir que el realismo de la novela histórica, como el realismo de la fotografía, es menos “realista” de lo que usualmente se supone. Asimismo, si la imagen no se concibe como un proceso de creación subjetiva, sino como expresión objetiva, reproducir el lenguaje de los objetos, o de los hechos, o de lo real, en el lenguaje mismo es un reto mayor, y altamente imaginativo, del realismo.

lunes, junio 16, 2008

"Repulsión" de la mala


Diario Milenio-México (16/06/08)
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El reciente documental de HBO sobre el acoso judicial norteamericano contra Roman Polanski logra que sus acusadores den incluso más miedo que sus villanos
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Duro contra el polaco
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“Pienso que tiene un lado sombrío. Un ángulo triste. Una vertiente oculta. A partir de su infancia, lleva una relación con la vida y la muerte de la que no puede hablar. Tiene dentro de sí una poderosa visión de la muerte y la tristeza, pero con esa energía, esa fuerza para el trabajo, ese deseo de hacer cosas extraordinarias, al fin él prevalece.” Estas palabras de Pierre-André Boutang podrían describir a muchos artistas, inclusive aspirar a constituirse como una definición válida de lo que es un artista, mas he aquí que las ha pronunciado en torno a quien mejor las encarna, que es su amigo Roman Polanski. Difícilmente puede llegar a envidiarse una vida azarosa como la del autor de El inquilino —natural candidata al título de la más perturbadora película de horror jamás filmada—, donde increíblemente se han alternado tragedias devastadoras y golpes de fortuna bastantes para hacer del relato de su vida una historia entre fascinante y aterradora. Su mismo nombre, empleado como título de su autobiografía francesa de 1984, funciona con el doble sentido perfecto. Sólo a él podía pasarle vivir de esa manera y llamarse Novela.
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Mucha gente jamás se enteró de la aparición de Roman par Polanski, ni aun de la traducción que por una vez le permitió presentarse ante el público norteamericano más allá de la insidia de esa prensa que encontró buen negocio en lapidarlo tras el asesinato de su esposa, y sepultarlo pocos años después, a lo largo de un caso judicial más apegado a los parámetros del show-biz que a las leyes vigentes. Algo turbio tenía que esconderse tras las maneras suaves y gentiles de ese polaco menudo, cuyas películas quitaban el sueño y sugerían, a los ojos de una opinión pública famosa por pacata e ignorante, tratos siniestros con poderes ocultos. Siempre hay una manera de descalificar el talento ajeno, y de paso vengarse por la escasez del propio.
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El FBI acusa, Hollywood paga…
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Roman Polanski, Wanted and Desired, se llama el documental donde Marina Zenovich explora paso a paso ese raro incidente de 1977 en casa de Jack Nicholson, mismo que hasta hoy cuelga del apellido Polanski como estigmata a la medida de sus malquerientes. Siempre es reconfortante contar con algún mal ejemplo hacia el cual apuntar con el dedo flamígero de quien así de paso barre la propia casa. Hace más de tres décadas que los americanos, y no sólo ellos, se refieren al caso de Polanski como una “violación”, usando todo el peso que el término supone para cómodamente ponerse por encima de él. Degenerado Violador. Drogadicto. No se sabe que quien emplea a mansalva esos calificativos tenga la obligación o al menos la inquietud de probarlos, pues al contrario, bastan para anular la autoridad moral de quien súbitamente los encarna. Perseguido por unos, deseado por otros: a Zenovich le basta el caso Polanski para contar una historia de horror judicial que desemboca en ópera bufa, y al mismo tiempo exhibe a la opinión pública y sus manipuladores como herederos de la tradición de Salem.
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En su American Tabloid, James Ellroy se mete en los zapatos de J. Edgar Hoover, quien patrocina por debajo del agua una revista de chismes llamada Hush-Hush, donde sus mercenarios se encargan de echar lodo encima de quien se ofrezca, asumiendo cuán frágil puede ser la reputación de una estrella de cine para quien decidió convertirse en el nuevo Witch Finder General de Hollywood. ¿Dónde, si no en el ambiente auspicioso y permisivo de la industria del espectáculo, se encuentran los ideales chivos expiatorios, de cuya vida poco recatada casi cualquiera puede dar cuenta? Existe un fondo ilimitado de crédito para cualquier patraña que tenga que ver con personajes públicos hasta ayer envidiados, y en tanto plenamente envilecibles a los ojos de los espectadores. ¿Cómo va a ser decente la famosa Fulana, si para estar ahí tuvo antes que haberse ofrecido y vendido? Hay quienes nunca logran entender los éxitos ajenos sin alguna coartada que explique sus fracasos.
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…y el rebaño aplaude
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Cuesta algo de trabajo indignarse sin luego reírse cuando el fiscal del caso Polanski —un mormón que, a decir de sus colegas, era el único que jamás se había ido a la cama con una menor— describe cuál ha sido su metodología para entender la psique del acusado: no bien supo que en un cine cercano se proyectaba un ciclo de películas de Polanski, acudió día tras día a documentarse en las obsesiones del director, hasta hacerse con un concepto redondo que, a su entender, no dejaba ya duda sobre la culpabilidad del acusado. De acuerdo a esas sesudas especulaciones, fácilmente elevables al rango de prueba contundente, Polanski no había hecho con la menor de edad otra cosa que poner en escena sus obsesiones. ¿No la había fotografiado dentro de un jacuzzi, en coincidencia con esas películas donde siempre hay escenas sucediendo en el agua, o por encima de ella?
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Calumniar a un artista y escarmentarlo en público es también un intento burdo y palurdo de borrar su trabajo, o cualquier cosa buena que pueda haber hecho, no porque al morbo público no le interese el tema, sino porque es más fácil digerir la basura, y más interesante propagarla. ¿Para que va uno a ver la película, si ya cree conocer las aficiones íntimas del director? Y eso es, curiosa aunque no sorprendentemente, lo que realmente fastidia a Polanski, quien llegado un momento pregunta a un entrevistador monotemático si hay por ahí algún tema de su persona o su obra que le interese, además de esa conocida predilección por las mujeres jóvenes. Pero evidentemente no es así, pues al cabo la gente acabará creyendo lo que prefiera. Lo más fácil, lo más escandaloso, lo que mejor la deje conformarse con jamás haber sido lo que un día soñó ser.

domingo, junio 15, 2008

Taibo II y Palou sobre Villa y Zapata, respectivamente, en entrevista con Aristegui (Parte III)

Taibo II y Palou sobre Villa y Zapata, respectivamente, en entrevista con Aristegui (Parte II)

Taibo II y Palou sobre Villa y Zapata, respectivamente, en entrevista con Aristegui (Parte I)

Xavier Velasco habla de su novela "Éste que ves" (video que baje de You Tube, pero que es producción de Alfaguara)

Ahí están

Ahí está sola y escuchando algún tango de Gardel, qué más se puede hacer cuando uno está sin compañía en una noche de lluvia, diluvio.
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Él permanece lejos, al otro lado del mundo estudiando los factores del cambio climático, quiere comprender la tierra, para entender mejor la actitud del humano. El corazón del humano cuando está enamorado se asemeja al centro de la tierra, a esa lava incandescente, que en algún momento saldrá para arrasar con todo de forma intempestiva. Esa teoría es lo obligo a salir fuera de México para irse a instalar a tierras alemanas. Vaya ironía, en uno de los lugares más fríos del mundo se va comprender las razones de calor insoportable.
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Pero ella yace, ahí, en su cama, sola, esperando el regreso de su amado. Aunque eso le lleve toda la vida.
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Él se fue en busca del Nobel, ella prefiere la pobreza con tal de que él, su amado, se encuentre envuelto en sus brazos y los senos de ella friccionen a cada rato con el flaco pecho de su querer. Antes pobre que sola.
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Sin embargo está sola.
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Pero siempre hay un remedio, a veces un amigo, otra veces el amor propio. Está noche de aniversario, 3 años de estar juntos, pero 2 de ellos a través del internet; prefiere la compañía de su presencia metafísica de él. Total si ella puede crear en sus novelas grandes escenas de erotismo, podrá imaginarse que él está, ahí, con ella.
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Una caricia, luego una lamida, otra caricia, después la penetración.
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Al final, la gloria.

sábado, junio 14, 2008

Efectos que una droga debe provocar, según Carmen.

  1. Debe hacerte alucinar de lo lindo.
  2. Aunque al principio te resistes a ella, terminará atrapándote.
  3. Siempre que no hay, darías lo que fuera por conseguir un poco más.
  4. Realmente no te molestaría morirte a la mitad del viaje al que te indujo.
  5. Y de hecho, piensas: porqué no me muero ahora?

Una manera extraña de perder el tiempo productivamente, escribiendo.

Mantener un blog no es cosa sencilla, ya me lo había dicho alguna vez Pedro Ángel Palou. Y vaya que es cierto. Subir textos de autoría propia no es tarea fácil. No siempre se tiene la disciplina o el tiempo suficiente. Aunque también la necesidad y las ganas de aprovechar para vivir las pocas oportunidades que nos otorga nuestra existencia son un motivo de absoluta distracción. Quizá en una de esas encuentre uno la oportunidad de obtener el material suficiente para crear la novela deseada, el poema o el cuento anhelados.
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El asunto de tener un blog, dicen algunos, tiene que ver con una necesidad de expresión (muy cierto), pero también es un monumento al Narciso, nada lejano de lo posible. Pero yo prefiero irme por la idea que alguna vez el mismo Pedro me expreso: es la necesidad de alcanzar una omnipresencia. Un ejercicio por demás narrativo-existencial que nos hace sentir lo que un Dios siente. Uno al escribir ya novelas, cuentos, poemas o blog se vuelve creador de vidas y mundos. Dios creó al mundo, según reza el Antiguo Testamento, en 7 días. He ahí la desventaja, un escritor puede tardarse en crear el texto esperado 7 semanas, 7 meses, 7 años, etc. Lo que carnaliza al escritor y lo aleja de una posible divinidad. Sin embargo, la posibilidad de alcanzar la divinidad terrenal es la que mantiene a tantos escribiendo novelas, cuentos o poemas. Aunque claro, también es motivo de grandes ausencias de expresión, pues el escritor escribe porque es lo único que sabe -o cree- hacer mejor. El escritor es el ser más tímido que pueda existir sobre la tierra.
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Posmodernidad. f. Movimiento artístico y cultural de fines del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social. (Según la RAE).
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A esa definición quizá deban agregarse una serie de características, con el fin de ampliar la definición, que en clase con el poeta Alí Calderón llegamos a encontrar:

1. Nace después de la 2da Guerra Mundial,
2. es una convivencia de visiones del mundo,
3. es el dominio de los mass-media,
4. es un absoluto desencanto del mundo,
5. existe una ruptura del eurocentrismo,
6. hay simultaneidad,
7. hay incertidumbre,
8. es excéntrico,
9. es absurdo,
10. existe una pérdida de centro y
11. está llena de contrastes
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Peco -creo- de ser posmodernista, entonces. Soy absurdo, excéntrico, estoy desencantando del mundo, no tengo un centro (aunque, algunos dicen que, narrativamente se llama Crack), considero que la televisión, el internet y demás tecnologías son algo maravilloso, sin esto me sentiría incomunicado, pero estoy consciente que causan dependencia, adicción. Además que mientras escribo esto, escucho a Filio cantando Brazos de Sol, platicó con Carmen –mi mujer morena a la que amo, que no pide nada, o casi nada, y no soy Silvio, pero da igual-, chateo con otro amiga: Jennifer Mi Felicidad Kim Cancián, que para más posmodernidad, ella, pues nació en Brasil, es de Paraguay, vive en México en estos momentos y tiene ascendencia coreana y argelina, y para acabarla de amolar me encuentro buscando imágenes de Martha Higareda.
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A mi lado tengo una novela que se anuncia como monstruosamente posmoderna, La muerte me da de Cristina Rivera Garza.
Una muestra, texto ubicado en la página 140:
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39
El abandono en que me tuvo se lo cobro caro

No quiero hablar de él.
No me interesa.
Tenía años sin verlo.
El abandono en que me tuvo, se lo cobro caro.
Imperdonable. Inconmovible. Irreversible.
Así se ha de haber portado.

No quiero hablar de mi hijo.
No quiero.

Tengo un hijo muerto. Eso es todo.
Pero ya estaba muerto desde antes.
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¿Por qué se anuncia posmoderna? No sé, pero supongo que si el posmodernismo es la simultaneidad, los contrastes y lo excéntrico, será por eso, porque esta novela es ensayo, poesía, y claro, por supuesto, una novela.
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Y bueno, ya me canse.

El narrador presenta su nuevo libro Novela, mentiras verdaderas: Volpi

Diario Milenio-México (14/06/08)
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Editado por Páginas de espuma, la obra destaca la función de ese género narrativo.
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Alguna vez Umberto Eco predijo la muerte de la novela. El escritor estadunidense Paul Auster, cuando ganó el Premio Príncipe de Asturias, dijo que era muy feliz con la escritura de novelas “porque no servían para nada”.
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Jorge Volpi responde, sin así pensarlo desde el origen, en un libro de ensayos que tiene como propósito principal destacar la importancia que tiene la novela en la sociedad contemporánea: Mentiras contagiosas (Editorial Páginas de espuma, 2008).
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“Es un libro que me ha acompañado a lo largo de los años. Lo estructuré de una manera que fuera capaz de dar cierta unidad a una reflexión sobre novelas, novelistas y el papel de la novela en la sociedad, mediante ensayos que tienen siempre algún elemento de ficción”, explica el escritor a MILENIO.
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Los ensayos parten de una idea, al mismo tiempo problema, central: nunca se han publicado tantas novelas como en nuestro tiempo y tampoco se han leído tantas, pero esa multiplicación viene de lo que llama como la “novela virus”, mientras el núcleo de lectores de “la otra novela, llámese profunda, artística o como se quiera”, se ha mantenido constante en el mundo.
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“Están las novelas que te infectan como el virus de la gripe, que las lees y te entretienes durante ese tiempo y después no te vuelves a acordar de ellas. En el otro lado, están aquellas novelas que lees y luego sus personajes, sus temas o sus problemas, siguen presentes, contaminan tu imaginación durante semanas, meses o toda la vida. Estas son las que importa escribir, aunque no siempre se logre.”
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A su parecer, se debe reflexionar sobre el fenómeno para tratar de ampliar a los lectores dentro de esa especie de huevo estrellado, según la metáfora de Alessandro Barico, para quien la clara es el espacio en el que se expanden los lectores de la novela banal, aunque los de la yema, donde se encuentran los lectores de obras complejas, se mantienen igual.
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“No es fácil y tampoco es algo que vaya a ocurrir necesariamente. Lo importante es que la yema sea capaz de multiplicarse y en lugar de pensar en una estructura central, de una yema y una clara, lograr que pueda dividirse y se logre una relevancia social cada vez mayor.”
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Acercamiento al ser humano
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Sin hallar una explicación clara, Jorge Volpi reconoce que en sus novelas siempre ha querido romper los límites con el ensayo; ahora, Mentiras contagiosas se nutre con elementos de ficción, sea en la creación del tema, del personaje o en guiños de otro tipo.
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A lo largo de los años, el también director de Canal 22 ha pensado sobre el significado de dedicarse a la escritura de novelas, de “contar mentiras de la manera más burda”, y cómo esas historias se han vuelto significativas y contribuyen a la creación de otras verdades: “cómo tienen una función real en la sociedad actual”.
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“Si la especie humana ha sido capaz de crear el arte de la novela es porque tiene una función clara en todos sentidos: para enfrentarnos unos a otros, para conocer lo que significa ser humano.
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“Pocos instrumentos permiten a las personas, durante unos cuantos momentos, creer que son capaces de comprender o acercarse a la conciencia, a las decisiones, los problemas de otros, como con la lectura de la ficción y eso ya es una función importante de la novela.”
-Él mismo encontró en la novela la herramienta para investigar al ser humano, en el contexto general del conocimiento y de lo que el mismo ser humano ha sido capaz de generar para tratar de comprenderse.
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“Quisiera que quien leyera mis novelas pudiera identificarse con ciertos personajes o sentirse cercano a ellos, involucrarse en las decisiones que toman, en los problemas que tienen, en lo que sufren, en lo que los perturba y, a partir de ahí, resulte para ellos una experiencia humana interesante, apasionante y también perturbadora.”
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Con una visión, un tanto lúdica, por comprender la novela en el contexto de conocimiento humano, los dos ensayos centrales del libro son los que relacionan la novela con biología y con la física, de los cuales han surgido sus novelas En busca de Klingsor y No será la Tierra.
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“No me parece que la novela, como género, esté en vías de extinción. Resulta reduccionista pensar que las nuevas tecnologías, la brevedad que exigen y la rapidez a la que estamos sometidos, sea contradictoria con la existencia de las novelas clásicas, decimonónicas, que en algún sentido parecen casi dinosaurios pero aún tienen una enorme capacidad para sobrevivir.”
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México. Jesús Alejo, seccion("Cultura").
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La novela no morirá: Jorge Volpi
Juan Solís
El Universal-Cultura-México (14/06/08)
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Con el libro Mentiras contagiosas, el escritor intenta develar los secretos de este género
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Hay novelas virus, como El código Da Vinci, que se extienden como epidemia entre millones de lectores. Hay novelas híbrido, surgidas de la mezcla cromosómica de diversos géneros, pero también hay novelas complejas, cuyo ADN no es nada fácil descifrar.
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De todas ellas escribe Jorge Volpi en su más reciente libro Mentiras contagiosas. El tomo editado por Páginas de Espuma contiene una selección de textos que mezclan el ensayo con la ficción, pero cuyo común denominador es la intención de pensar la novela.
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“No solamente hay que escribir novelas sino tratar de saber para qué sirven, cómo funcionan y cuál es su tradición. Esta serie de ensayos intentan reflexionar —de una manera lúdica— sobre el arte de la novela, su relación con otras ciencias y algunos momentos clave de la tradición novelística latinoamericana”, dice en entrevista el director de Canal 22.
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Terra Nostra, de Carlos Fuentes; Pedro Páramo, de Juan Rulfo; Guillermo Cabrera Infante y La Habana para un infante difunto son algunas de las paradas obligadas de Volpi en su travesía, en la que, sin embargo, hay una ausencia: Borges, y una constante: El Quijote, considerada la primera novela moderna, pero que en el primer ensayo del libro marca la muerte de la novela.
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“Yo no creo que vaya a morir la novela en ningún sentido. El núcleo de lectores de novela artística es lo que no crece, frente a la banalidad de tantas novelas que no buscan otra cosa que el entretenimiento. No creo que ocurra la muerte de la novela. Nunca se han publicado ni leído tantas novelas como ahora.”
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El éxito del género se debe en parte a novelas como El código Da Vinci, de Dan Brown, autor que, a decir de Volpi, “incluyó material genético proveniente de otros lados, como el tema de lo femenino en la religión católica, las conspiraciones.”
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“Si se juntas estos elementos en una envoltura de novela, se gesta este virus capaz de contaminar a millones de lectores. Esto raras veces pasa con una novela artística, es el caso de Cien años de soledad, que es producto de una mutación de muchas cosas.”
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Volpi es un lector confeso de novelas. Abrevó más en la tradición rusa del siglo XIX, que en la francesa, que es la que le inculcaba su padre. Y como a todo buen lector, hubo novelas a las que le costó trabajo entrar, como Ulises, de James Joyce.
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Desde que es director de Canal 22, Jorge Volpi escribe en las mañanas. En octubre presentará una novela breve, El jardín devastado.
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“El novelista es un dios limitado por el lenguaje y por muchas cosas. Más que Dios, es un dictador, en la medida en que cualquiera que escribe un libro lo que está buscando en realidad es que sus ideas contaminen al mayor número posible de lectores. Siempre que uno escribe comete un acto de soberbia que se asocia con lo divino.”
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Cada ficción es un ensayo
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Intorelancia diario-Puebla (14/06/08)
Juan Carlos Castellanos
Foto: Jorge González
México
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Con voz suave y hablar sereno, el escritor Jorge Volpi comentó que su libro "Mentiras contagiosas" se puede leer de corrido o por partes saltadas, "porque cada fracción es un ensayo completo y único".
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El libro, que ya circula en el mercado, será presentado ante el público el 4 de julio próximo en la Biblioteca Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica (FCE), en el Centro Cultural Bella Epoca, por sus homólogos Juan Villoro y Martín Solares, informó Volpi.
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En entrevista, el también director del Canal 22 de Televisión subrayó que el volumen se integra de ensayos de reciente factura y de hace años, en los que el hilo conductor es la novela, con sus aristas y sus protagonistas.
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"Mentiras contagiosas", explicó, "aborda el tema de la novela, su arte, novelistas latinoamericanos y otros aspectos en torno a ese género literario, a través de ensayos que reuní y editó la casa española Paginas de Espuma".
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A lo largo del libro, dijo, se puede encontrar una mezcla de elementos de ficción en los temas, las tramas y todos los apartados que conforman el texto. Sin embargo, aclaró que el libro es de lectura accesible para todos.
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En los artículos, indicó, se hace algunas preguntas, como ¿qué son las novelas?, ¿para qué sirven? o ¿cuál es su papel dentro de la sociedad?, a las que haya respuesta y las expone en el volumen que se encuentra a la venta en librerías.
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Un todo literario
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La selección de textos sobre novela y arte escritos por el autor se rigió bajo un criterio de crear un todo literario, aunque cada uno de sus capítulos y ensayos puede ser disfrutado de manera aislada, y en conjunto hacen una reflexión magistral.
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En sus páginas, el volumen presenta ensayos sobre libros, editores, libreros y escritores; algo de novela física; El Quijote y la forma como lo abordó Orson Welles en el cine; así como la misma obra cervantina y su posible existencia real. También, los nuevos novelistas latinoamericanos, explicó el autor.
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Al respecto, precisó que algunos de los autores comentados, y sus obras, son Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, Sergio Pitol y otros de esta región continental, de quienes habla de su trayectoria y su desarrollo en las letras.
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El libro, que se presentará también en la próxima Feria del Libro en Guadalajara, luce en su portada una espléndida fotografía de Lola Alvarez Bravo, titulada "Uno suben y otros bajan", imagen emblemática de esa artista de la lente.
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Desmenuza límites de la novela
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"Mentiras contagiosas" reúne textos que exploran los límites de la novela y desmenuzan sus múltiples posibilidades de supervivencia, desafiando a quienes la consideran un entretenimiento inútil o certifican su inevitable y próxima extinción.
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Llama la atención, al leer el libro, la referencia de que desde la publicación de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", las novelas "infectan y contagian y a veces se convierten en auténticas epidemias".
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Jugando de modo provocador con este enfoque evolutivo, Volpi coloca estos organismos literarios bajo la lente del microscopio, a fin de estudiar su naturaleza y revelar su enorme poder de adaptación.
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En su reflexión sobre la genealogía de la narrativa latinoamericana, desde Rulfo hasta Pitol y desde Fuentes hasta Roberto Bolaño, Volpi se declara enemigo de toda clase de fronteras y se arriesga a imaginar la suerte de las generaciones futuras.
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"Frente a la plaga de novelas banales que nos invade es necesario combatir por la novela compleja, aquella que no se rinde a la imitación, que desafía las convenciones, que busca superarse a sí misma.
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"A lo largo de los siglos el arte de la novela ha sido una de las mayores fuentes del conocimiento humano: Nos corresponde mantenerlo con vida", puntualiza el autor en el volumen.

jueves, junio 12, 2008

Gustavo Sainz hoy aquí

Diario Milenio-Puebla (12/06/08)
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Gustavo Sainz es uno de los escritores más representativos de México que comenzaron a publicar su obra a mediados de los sesenta.
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“Gazapo”, su primera novela apareció bajo el sello de Joaquín Mortiz en 1965.
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Contemporáneo de José Agustín, Gerardo de la Torre, René Avilés Fabila y Parménides García Saldaña, a Gustavo Sainz nunca le agradó que lo encasillaran en lo que Margo Glanz marcó para siempre como la generación de la Onda.
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Sin embargo muchos de sus críticos, pese a todo, lo identifican en la Onda.
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Explica Reinhard Teichmann en su libro “De la Onda en adelante” que la Onda no era un movimiento literario con fines ideológicos o estéticos, sino de un grupo de jóvenes (incluye a Gustavo Sainz) que se dedicaron a escribir en su propio lenguaje y de manera casual y que esa etiqueta de la Onda les fue impuesta sin ser cabalmente aceptada por ellos, quienes siempre la consideraron limitada.
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Los temas de la Onda están marcados por el jazz, el rock, el existencialismo y el caló de la generación.
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Hoy Gustavo Sainz estará en Puebla invitado por la editorial Atemporia y la Revista Broca.
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La dinámica organización ha corrido a cuenta de Yussel Dardón, quien ha enviado la invitación a todos sus contactos.
-Nacido en la ciudad de México en 1940, Sainz ha publicado, aparte de su clásico “Gazapo” otros títulos como son:
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“Obsesivos días circulares”, “Compadre Lobo”, “La princesa del Palacio de Hierro” y “Fantasmas aztecas”.
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De acuerdo al Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México, Gustavo Sainz Estudió leyes y filosofía y letras en la UNAM.
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Ha sido asesor editorial de la SEP; fundador de la colección SEPSetentas, el calendario Ramón López Velarde y La Semana de Bellas Artes; profesor en la FCPyS de la UNAM y la University of New Mexico; jefe del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UNAM.
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Asimismo, conductor y director de programas de televisión; director literario de la editorial Grijalbo; director de literatura del INBA; jefe de redacción de “Visión”; fundador y director de “Eclipse y Siete”; editor de “Caso Clínico”; director artístico de la “Revista de Bellas Artes”; asesor de “Últimas Noticias”.
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Hoy estará en la Casa del Escritor (5 Oriente 201) a las 17:00 horas, para hablar de su más reciente novela “El tango del desasosiego (Perplejidad)”, editada por Atemporia, editorial de Coahuila creada en el 2006 básicamente por jóvenes dedicados a la expresión literaria.
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La novela trata el tema de un profesor de literatura francesa que quiere escribir una historia de amor y en el proceso va perdiendo la confianza original y su inocencia.
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La ciudad es la mujer o, como se dice en la cuarta de forros, “ojos nuevos, hechizo, abandono, rechazo (…) las palabras hacen su aparición para cuidar de un interior que gime”.
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Si quiere dialogar con el autor de “Gazapo” ahí nos veremos.

martes, junio 10, 2008

El guiño de lo real / I



Diario Milenio-México (10/06/07)
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En el mundo posmo que nos rodea, donde todo ser pensante sospecha de las meta-narrativas y la posibilidad misma de lo real, resulta realmente fácil atacar el realismo
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Everything factual is already theory Goethe. Frase también utilizada por Walter Benjamin, carta a Martin Buber, Febrero 23, 1927
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Decía Oscar Wilde que el misterio del mundo no se encontraba en lo invisible, sino en lo visible: en las apariencias. Quisiera retomar esta crítica implícita en contra de una visión dicotómica que separa y jerarquiza a lo invisible como lo profundo y, luego entonces, superior; y a lo visible como lo superficial y, en tanto tal, de menor status, para formular un alegato a favor de la peculiar forma de realismo que alimenta lo que podría llamarse nueva novela histórica. Utilizo, para llegar a ese punto, algunas ideas de Walter Benjamin sobre la fotografía como método de conocimiento histórico: una forma de desmitificación y, a la vez, de re-encantación de lo real; así como también algunas observaciones sobre el acenso de la historia social y la nueva historia cultural. Lo que me interesa es examinar ciertas interconexiones entre la fotografía y la narrativa que van más allá de los productos acabados —los artefactos que de hecho reciben el nombre de fotografía y narrativa— y se internan, en cambio, en los procesos de conocimiento de lo real y su representación que ambos campos comparten. Si estas anotaciones son mínimamente afortunadas, lograré al menos crear algunas inquietudes acerca del status de realismo que a veces de manera facilona y acrítica se le da tanto al quehacer fotográfico como a la novela histórica.
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En el mundo posmo que nos rodea, donde todo ser pensante sospecha de las meta-narrativas y la posibilidad misma de lo real, resulta realmente fácil atacar el realismo–una cierta forma de realismo. Entre las más comunes y válidas acusaciones, se cuentan: la división entre sujeto y objeto de conocimiento; la presuposición de que el sujeto tiene acceso sensorial al objeto y, luego entonces, a lo real; la creencia de que la representación del objeto —ocurrida dentro de la conciencia del sujeto— es, en términos generales, directa y mimética. En conjunto estas acusaciones atacan una noción rígida y transparente de la representación que, lógicamente, contribuye a crear, en términos sociales, el efecto de naturalidad del progreso, propiciando a su vez la elaboración de narraciones lineales en el sentido aristotélico —con principio, crisis y resolución— las cuales, al reflejar tal “progreso”, lo validarían. Resulta innegable que algunas novelas históricas, en su afán por reproducir lo que realmente pasó han padecido de estos, y otros, males; multiplicándolos a su vez. Pero es igualmente innegable que hay una plétora de novelas históricas cuyo vocación realista problematiza y escapa —escapa porque problematiza— tales presuposiciones. Pienso en las novelas de Michael Ondaatje o Anne Michaels —esta última sugerentemente titulada Piezas fugitivas— donde el regodeo realista con el detalle y el hecho histórico no produce, ni promueve, narrativas lineales ni aprobación de status quo alguno. Son éstas novelas que, partiendo del realismo más plagado de evidencias, conducen a la incertidumbre más que a la corroboración. Y lo logran porque antes que, o en lugar de, proponerse contar una historia de la manera en que pasó, lo hacen desde la óptica del estado de emergencia de todo lo que decae y desaparece. Lo hacen, en otras palabras, desde detrás de la cámara, en el justo momento de peligro que es toda iluminación del flash. Esta manera de contar en estado de emergencia ha promovido mayor reflexión sobre los estilos narrativos; sobre lo que realmente implica contar, más precisamente: narrar, una historia. En este sentido no sería equivocado tratarlas, como lo hacen los teóricos del poscolonialismo, como novelas meta-históricas.
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La imagen de lo real: lo que conoce la fotografía
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Una de las preocupaciones más evidentes en los escritos de Walter Benjamin era el tratar de llegar a lo que el denominaba la más suprema de la concreciones o lo concreto supremo. Para hacerlo, Benjamin se propuso leer el lenguaje de los objetos –un lenguaje que al ser objectual, tal como lo había argumentado Goehte, era ya teórico, aserción con la que liquidaba la separación entre sujeto y objeto de estudio. Llegar a lo real se convertía entonces, por lo mismo, una tarea ardua que se basaba más en el detenimiento del pensamiento que en el desdoblamiento de una idea. De ahí que haya utilizado en muy variadas ocasiones metáforas fotográficas para explicar su método de conocimiento. A Benjamin no le interesaba conocer el pasado, o lo real, tal como había sucedido; al contrario, su interés radicaba en capturarlo —detenerlo y actualizarlo— en el momento de peligro iluminado por el flash. En sus estudios sobre la reproducción mecánica del arte, dentro de los cuales privilegiaba al fotográfico como el momento inaugural de la modernidad, Benjamin insistía —como también lo haría después Roland Barthes— que la fotografía no era una reproducción de lo que estaba ahí, sino de lo que no estaba. La fotografía lograba capturar, de hecho, el no-estar-ahí de las cosas. En otras palabras: la imagen era un largo luto; la imagen era una ausencia; la imagen era un anhelo. Estudiosos de la obra de Benjamin han denominado su proceso de conocimiento como una hermenéutica alternativa: es un proceso que no busca lo que hay debajo o detrás de lo que aparece, sino que intenta detenerse ahí, en esa superficie tersa, claramente objectual, aún cuando, o precisamente porque, ese ahí es el preciso lugar de su desaparición.
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Si la fotografía captura lo que no está o, para decirlo con los propios términos de Benjamin, captura lo que sabemos que pronto no estará ahí; si más que reproducir anuncia, y de hecho evoca, la muerte y la ausencia de lo fotografiado, entonces la imagen se convierte en la tumba de los muertos vivientes y, como tal, cuenta su historia —una historia de fantasmas y sombras. En este sentido, la calca de lo real que frecuentemente se le achaca al realismo narrativo y a la fotografía, se torna, luego entonces, en la tarea menos “realista” posible.
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Y en esto, Benjamin se parece mucho al Michel Foucault de Arqueología del saber, donde hace un llamado a detenerse en las prácticas discursivas —al discurso tratado como y cuando ocurre— en lugar de andar merodeando sus alrededores, en el misterio del origen, en busca de teleologías facilonas y totalizaciones totalitarias. Y se parece mucho también a lo que alguna vez Susan Sontag defendió en su ensayo Contra la interpretación donde pedía que se dejara de buscar ese contenido misterioso de la obra artística y se pusiera un poco de atención en la forma que, de hecho, era la constancia más exacta de lo que contenía. La lista de teóricos podría crecer, pero lo que interesa aquí es remarcar esa continua problematización de lo real como lo que aparece, lo que es visible, y las maneras en que algunos autores han previsto accesos a eso. Si la apariencia es misteriosa, la reproducción de esa apariencia no puede ser una tarea realista ni en la fotografía ni en la literatura.

Nadal sobrenatural



Diario Milenio-México (09/06/08)
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Algo hay de esotérico en la raqueta épica de Rafa Nadal. Un drama de absoluta intensidad ante el cual sólo son sensatos los perplejos
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Narrar a golpe de aliento
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Quisiera uno escribir siempre sobre lo extraordinario, y hasta puede que escriba sólo por el prurito de encontrarlo. Nada parecerá ordinario a partir del momento en que el usuario de la pluma comience a secretar adrenalina por el puro pavor a no ser suficiente para atrapar esos instantes raros, trepado como está sobre esa ola de perplejidad que de cualquier manera lo rebasará. La gracia no radica en la proeza hueca de evitar despeinarse, como en darse a sudar en la certeza de que una sola distracción podría ser bastante para arruinar el final de la historia. Los detalles, los gestos, las palabras, los números, todo cuenta en el marcador abstracto que se alza frente a quien se ha propuesto estirar el espectro de lo creíble para intentar el juego de narrar lo inenarrable. Tiene, quien gusta de esta suerte de experiencias limítrofes, algún instinto para dar con ellas, si bien no se precisa un olfato esotérico para encontrarlas en la épica arrasadora de Rafa Nadal.
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Parecería que hablo de un narrador; no descarto que a su modo lo sea. Da hasta miedo pensar en un novelista capaz de aplicar dosis semejantes de poder animal en todas sus líneas, como si cada una fuera la última y de ella dependiese su pellejo. Es probable que crea, quien haya visto sólo sus números contra siete impotentes oponentes durante las últimas dos semanas, al extremo de virtualmente robarse su cuarto trofeo en Roland Garros, que semejante exhibición de poderío sucede en detrimento del drama narrativo, pero si he confundido a personaje con narrador es porque basta con mirarlo estallar en la cancha para asistir a un thriller de proporciones homéricas. Cuando no sofoclianas, como sería romperle ocho de once servicios al Soberano Federer y excluirlo virtualmente de la cancha durante una final de Grand Slam. Duele ver eso. Lastima incluso mirar hacia atrás y regatearle méritos a la perplejidad, si desde varios partidos atrás el Expreso Nadal anunciaba fatales dividendos para quien se atreviera a atravesarse en su carrera a la devastación.
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Puntillosa barbarie
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Bestia salvaje, lo apoda la tenista Mary Carrillo, a cargo de la crónica televisiva al lado de John McEnroe, que no pierde oportunidad para elogiar sus cualidades poco menos que sobrenaturales. En la primera fila, justo encima de la cabeza de Nadal, se aprecia la presencia ya mero fantasmal de Bjorn Borg, que hacía veintisiete años no pisaba el estadio. ¿Quién, que alguna vez haya participado de la taquicardia propia de asistir a un buen juego de tenis —experiencia dichosa, por sufrida— querría quedarse afuera de la pelea viva entre Nadal y Federer, a todo esto los dos más grandes de la historia? Extraña que otro rey, el de los españoles, no esté allí junto al sueco, injertado otra vez en Real Fan de Rafa. Vamos, yo en su lugar estaría ahí con la erre pintada a media jeta.
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Roland Garros es un torneo tortuoso. Los partidos son largos, la consistencia difícil, cada cancha de arcilla se convierte en arena para gladiadores entre el cuarto y el quinto set. No fue así para Borg, que en su momento barrió con quien se le puso enfrente; como no lo parece ya para Nadal, quien apenas en la semifinal ha tenido que emplear más de dos horas en ganar y nunca en el torneo ha sido derrotado o siquiera orillado a jugar un quinto set. Pero ni Novak Djokovic —quien durante algunos juegos, al final del partido, consiguió figurar sobre la cancha— pudo quitarle un set a esa bestia salvaje que los juega como una muerte súbita y pelea cada bola como un championship point. Once errores no forzados en tres sets: ya quiero ver qué bestia, salvaje o doméstica, es capaz de esa consistencia mental que armoniza poder devastador con sensibilidad defensiva, estrategia con intimidación, voracidad con toque, flash con foco. Técnicamente, un monstruo. Nada que hayamos visto o siquiera pensado. Nada que el mismo Federer pudiera predecir, pues en el ya tortuoso Roland Garros no hay destino más trágico y fulminante que tener que enfrentar a Rafa Nadal.
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Gladiador en jornada intensiva
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Si el papel del sentido común es considerar winners a las bolas que no aceptan respuesta, la gracia de las cosas extraordinarias se manifiesta a veces en su capacidad para hacernos reír a las costillas del sentido común. En el último punto de la semifinal contra Djokovic, éste le zorrajó a Nadal tres golpes contundentes que en cualquier otra circunstancia habrían sido winners, exceptuando el inenarrable caso de la raqueta que está en todas partes y dispara certeros escopetazos desde las posiciones más insólitas y comprometidas: juego, set y partido para Nadal. No exagera John McEnroe cuando lo imagina convertido en la estrella de un videojuego. Un contrincante que horas antes del juego ya está en el juego, de modo que al llegar a los casilleros corre, salta, choca con las paredes y se arenga a sí mismo para la pelea. A ver quién va a poder pelear contra eso.
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Todos hablan de profesionalismo. Mientras, Nadal lo está reinventando. Uno entre los tenistas entrevistados durante la transmisión televisiva, decía que la diferencia entre el profesional y el amateur consiste en que éste puede descuidarse unos juegos y aún así ganar el partido, mientras al otro le bastará con dejarse distraer un par de minutos para perder el set y muy probablemente el partido. “Nunca da un mal partido”, ha dicho Borg, luego de soportar con el estadio entero la pena de ver a Federer unir su nombre a los de Almagro, Nieminen, Djokovic y los otros tenistas importantes a los que Rafael Nadal ha hecho ver extraviados y hasta patéticos. “No quiere uno ni estar ahí”, observa McEnroe una vez que ve a Rafa arrebatar otros ocho juegos seguidos al todavía mayor tenista de la historia. Al noveno, se acaba el partido. El espectáculo es en tal modo despiadado que el vencedor ni siquiera celebra. Todos, incluso él, boquiabiertos. Al signo que precede a este pasmo sin nombre se le conoce como punto final.