domingo, mayo 11, 2008

Para que no se nos olvide

A continuación copio la columna de Jesús Manuel Hernández, que me hizo a bien llegar mi amigo y maestro Roberto Martínez Garcilazo:
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Mayo 9
Por Soleares
de Jesús Manuel Hernández
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El mes de Mayo de 1973 fue un periodo de convergencias y divergencias en el escenario de la política poblana. En ese quinto mes del año vio la luz primera la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, luego de una serie de vicisitudes que animaron a un grupo de empresarios, respaldados por el gobierno de la entidad y con el aval de la iglesia católica a darse a la tarea de crear una institución diferente en pensamiento y acción a la entonces única universidad de la ciudad, la UAP.
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Los antecedentes de la fundación de la UPAEP van muchos años atrás, aunque según sus protagonistas nunca hubo una intención clara, definida, es decir, no formaba parte de la agenda fundar una institución universitaria, fue producto de muchas casualidades, entre otras la llegada de Bautista al gobierno, quien había sido electo para Presiente Municipal, pero ante la ausencia de Moreno Valle, el original, doctor y general, el alcalde hubo de sustituirlo por un corto periodo, cayó y calló prácticamente a unas horas de la fundación de la UPAEP.
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Las casualidades empezaron a darse en 1956, derivadas del triunfo de la Revolución Bolchevique. Este evento sirvió, animó, a los miembros de las logias juveniles de la llamada Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF) a constituirse en 1929 en el Bloque Único de Estudiantes Socialistas del Colegio del Estado, posteriormente cambiaría su nombre por Confederación de Estudiantes Socialistas de México, una de las entidades filiales del Partido Comunista, aunque según los investigadores del tema –Juan Louvier, Manuel Díaz Cid y José Antonio Arrubarrena, en su libro Autonomía Universitaria, publicado en 1991- nunca dejaron la obediencia a las logias masónicas.
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La llegada de Maximino Ávila Camacho a Puebla como Gobernador en 1937 provocó la transformación del Colegio del Estado en la Universidad de Puebla y nombró como su primer rector a Manuel L. Márquez. Seis años después fue designado Horacio Labastida como rector, para los analistas citados él fue el primer promotor abierto del Partido Comunista, quien trajo a Puebla a refugiados españoles de filiación “roja”, es decir, republicanos, enemigos de Franco. Cabe citar que también en ese entonces a Puebla habían llegado familias completas de asturianos, principalmente, que habían huido de la Guerra Civil Española y traían muy en su interior la formación falangista de José Antonio Primo de Rivera.
Se atribuye Labastida la llegada de Luis Rivera Terrazas, quien posteriormente fuera rector de la institución.
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Héctor Silva Andraca en su libro Puebla y su Universidad, editado por la UAP en 1980 describe que fue el ingeniero Rivera Terrazas quien provocó la formación del Partido Comunista Mexicano en Puebla auxiliado por Mónico Rodríguez en 1952. Escribió Silva Andraca que las reuniones del naciente PCM se realizaban en el Mesón del Cristo en la 8 Oriente y que asistían Julio Glockner, Ignacio Hermoso y el propio Silva Andraca, además llegaban los jóvenes de la escuela secundaria Flores Magón, Enrique Pliego Pastor, Julio César y Guillermo Pacheco Pulido y Francisco Arellano Ocampo.
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Pocos años después se da otra “casualidad” previa la fundación de la UPAEP, en el Instituto Oriente se crea la primera preparatoria particular en 1952 y sus egresados llegan ala UAP a estudiar alguna carrera; esas generaciones fueron formadas por los sacerdotes Vértiz, Da Silva y Figueroa; los estudiantes encontraron, dicen, un escenario hostil a su formación y fue así como enfrentaron a quienes ya estaban en la UAP. ¿Nombres? Klaus Feldman, Mario Alberto Pujol, Ramón Plata Moreno –citado por Álvaro Delgado como uno de los jefes del movimiento denominado Yunque- Herbeto Rodríguez Concha, José Antonio Quintana y Gerardo García Golzarri, entre otros.
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Los Colegios Benavente y Humboldt siguieron el ejemplo del Oriente y crearon su nivel de Preparatoria, así que egresaron más jóvenes que buscaron estudiar una carrera en la UAP; todos ellos recibieron el mismo trato hostil de las anteriores generaciones. Era la época en que en Norteamérica el enemigo número uno del mundo era definido bajo la palabra “Comunismo”.
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Esas nuevas generaciones de egresados de colegios particulares se asociaron y formaron el Frente Universitario Anticomunista, mejor conocido por sus siglas FUA. La entidad vio la luz primera el 19 de abril de 1955 y su primer presidente fue Herberto Rodríguez Concha; tenían un lema “La fuerza de nuestro enemigo es nuestra cobardía”.
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Del otro lado los grupos que habían sido perseguidos por el gobierno lograron reagruparse y Luis Rivera Terrazas fue designado director de la Escuela de Físico Matemáticas. Alguno de los autores del citado libro le atribuye a él la formación de las células del PC.
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Las casualidades siguen dándose en los siguientes años, salpicadas de anécdotas, como el tiempo cuando la universidad estaba siendo llevada a continuar la línea de Fidel Castro en 1960; en aquella época los profesores Esteban González, “El Pachón”, Jesús Lara y Parra y Jorge Rubén Huerta, convocaron a estudiantes de la Flores Magón, la Venustiano Carranza y el Instituto Normal del Estado a una concentración en favor de Fidel y para solicitar que la UAP saliera en defensa de Cuba.
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A contra parte el movimiento conocido como FUA, ya para ese año dirigido por Manuel Díaz Cid, convocó siete días después, el 24 de abril de 1960 a otra concentración en apoyo al pueblo cubano, ajeno al castrismo.
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Se dio entonces un hecho que daría pie a muchas anécdotas; un grupo de choque, así llamaban a quienes reventaban los mítines, encabezado por Enrique Cabrera Barroso, se fue contra los oradores, se armaron alguno golpes y corretizas. Al día siguiente el propio Enrique Cabrera, Erasmo Pérez Córdoba y Zito Vera con estudiantes que habían participado en el apoyo a Castro fueron hasta el Colegio Benavente para “pedir cuentas”. La institución había sido advertida y en sus puertas se apostaron militares enviados por el general Ramón Rodríguez Familiar, pero los soldados no actuaron, sólo contemplaron, y los estudiantes arrojaron bombas molotov que no estallaron, así lo narró la prensa de la época.
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Las cosas se fueron complicando más a tal grado que el 10 de Mayo de 1962 el naciente Comité Coordinador de la Iniciativa Privada exigió al gobernador Fausto M. Ortega poner fin al clima de agitación, amenazas y acciones vandálicas que vivía la sociedad, el comercio y la industria de Puebla. Firmaron la petición en contra de los llamados “carolinos”, los Clubes Rotario y de Leones, la Cámara Junior, el Club Sembradores de la Amistad, el Club Automovilístico de Puebla y la Asociación de Charros de Puebla.
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El mes de Mayo de 1962 fue muy caliente, los empresarios llamaron a cerrar los negocios de 17 a 20 horas diariamente para protestar por el clima que se vivía.
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El 15 de Mayo el Arzobispo de Puebla, Octavio Márquez y Toriz publicó una Carta Pastoral sobre el Comunismo, lo que acabó de encender los ánimos de los llamados comunistas. Fue entonces cuando se unieron los miembros del llamado Comité Coordinador de la Iniciativa Privada, que luego cambiaría su nombre por comité Coordinador Permanente de la Ciudadanía Poblana y posteriormente Consejo Coordinador Empresarial de Puebla, con la Iglesia Católica y llamaron a una concentración el 4 de Junio de 1961, dicen que ha sido la más numerosa de la historia de la ciudad; acudieron además los monseñores Emilio Abascal y Salmerón y Luis Munive y Escobar. La firma de la concentración se englobaba bajo la premisa “Cristianismo Sí, Comunismo No”, una copia fiel de la frase posterior a la Guerra Civil Española “Franco Si, Comunismo No”.
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Las siguientes casualidades se fueron dando en varios escenarios, el de 1968 es de todos conocido. Llegarían después los eventos de 1971 donde Raúl Méndez “La Salerosa” y Joel Arriaga participarían con las consecuencias también de todos conocidas.
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La salida de Rafael Moreno Valle como Gobernador en 1972 hizo que Gonzalo Bautista O´farril dejara la Presidencia Municipal de Puebla y asumiera la gubernatura de forma interina.
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En aquella época Bautista había iniciado un negocio, fabricaba ladrillos sílico calcáreos, y el director de la planta era Gerardo Pellico Agüeros. En el intermedio hubo balaceras, asesinatos, investigaciones pero nunca culpables.
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El secuestro de autobuses -un asunto ligado a los intereses del gobernador-, de personas, balaceras, persecuciones, pintas, volantes, inseguridad, enfrentamientos y manipulaciones se dieron los siguientes meses.
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Mientras tanto los empresarios seguían participando en la formación de un bloque, presionaban al gobierno para poner fin a los disturbios.
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El 15 de octubre de 1972 apareció un desplegado firmado por la Asociación de Clubes de Servicio A.C. dirigido al Presidente Echeverría y al Gobernador Bautista exigiéndoles que “a la mayor brevedad y con firmeza y decisión se sirva usted disponer y ordenar la intervención de la fuerza pública y de usar los medios que nos otorga la constitución para enjuiciar y encarcelar a todos los que dentro o fuera del llamado edificio carolino (que no es la Universidad sino una verdadera Cheka Bolchevique –tribuna sangrienta-) están en diversas formas transgrediendo la ley con secuestros, tráfico de drogas, prostitución organizada, ataques a las vías de comunicación, perturbación del orden público, pornografía, pandillerismo y portación y acopio ilegal de armas...”(cita textual)
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¿Quiénes firmaban? La lista era similar a la que aparecía en los llamados anteriores, aunque claro se había ampliado: Federación de Barrios y Colonias, A.C. Asociación Nacional de Distribuidores de Automóviles, Centro Empresarial de Puebla, Colegio de Ingenieros Civiles de Puebla, Centro Bancario de Puebla, Centro Patronal de Puebla, Cámara Nacional de Comercio de Puebla, Colegio de Contadores Públicos. Asociación de Hoteles y Restaurantes de Puebla, Asociación de Charros de Puebla, Cámara de la Industria de la Transformación, Nacional de Hospitales y Sanatorios de Puebla, Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla, Cámara Nacional de la Industria de la Construcción, Cámara Textil de los Estados de Puebla y Tlaxcala, Cámara de la Propiedad Urbana, Asociación de Sanatorios y Clínicas Particulares del Estado de Puebla, Unión Ganadera Regional, Federación de Transportes del Estado de Puebla, Cámara Nacional de Comercio en Pequeño del Estado de Puebla, Unión Estatal de Padres de Familia, Cámara Harinera de la Zona de Puebla, Unión de Propietarios de Autotransportes de Puebla Cholula, Cámara de la Industria Maderera de Puebla, Colegio de Notarios de Puebla, Alianza de Camioneros de Puebla, Sociedad Mutualista de Dependientes, Colegio de Arquitectos, Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia de Puebla.
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Y siguieron dándose las casualidades. En 1961, como se ha dicho, apareció el Comité Coordinador de la Iniciativa Privada, en 1972 el organismo se amplió y se constituyó en el Comité Coordinador Permanente de la Ciudadanía del Estado de Puebla, bajo la presidencia de Gerardo pellico Agüeros, como integrantes aparecían: Francisco Javier del Castillo Guerrero, Abelardo Sánchez Gutiérrez, Ricardo Villa Escalera, Francisco Sánchez Díaz de Rivera, Eduardo garcía Suárez, José Antonio Arrubarrena Aragón, Javier Torres Leyva, José Antonio Tovía Arrioja, Urbano Ponce Osorio, Vicente Pacheco Ceballos, José Antonio Pérez Rivero, Santiago Bárcena Arriola, Rafael Taboada Marín, Carlos Villar Ibarra, Rogelio Ojeda Alanís, Alfonso Sobero Fernández, Francisco Casas Sánchez, Juan García Pineda, Enrique Estrada Cuesta, Antonio Elízaga y Ruiz Godoy, Eduardo Vigil Escalera, Ángel Zerón Rojas y Juan Aurelio Vigil Ávalos. Todos ellos se dedicaron a reflexionar sobre las soluciones al conflicto con la UAP que afectaba la vida de la ciudad y el Estado y llegaron a la conclusión de que la creación de una nueva universidad era la solución.
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En los siguientes meses los bandos intercambiaron denuncias y acusaciones, Sergio Flores Suárez, rector de la UAP y Gonzalo Bautista, Gobernador, fueron los protagonistas de los acontecimientos donde hubo muertos y lesionados, policías y estudiantes, asuntos no aclarados por la justicia. Al inicio de 1973 el edificio carolino lucía una bandera del Viet-Cong; el 26 del mismo mes fue asesinado el estudiante Josaphat Tenorio; el 31, los policías David Germán Morales Flores y José López fueron secuestrados y llevados al Carolino, López logró huir, y Morales fue asesinado.
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El 2 de Febrero del 73 el gobernador Bautista acusó al rector Sergio flores de encubrimiento por el asesinato del policía.
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A finales de abril el Partido Comunista Mexicano llamó a los obreros de la ciudad y del campo y a todos los trabajadores en general a “Un primero de Mayo combativo”, fundamentado en la acusación de los “intereses comunes entre Echeverría, Bautista y la burguesía asociada a los monopolios extranjeros principalmente yanquis”.
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El desfile del Primero de Mayo terminó con sangre, El Sol de Puebla publicó en su primera página “Tres muertos y doce lesionados graves. Balacera entre estudiantes y Policía”.
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El Gobernador Bautista acusó a las “células del Partido Comunista incrustadas en la Universidad de Puebla” como provocadoras de los incidentes. Bautista señaló que “los autores intelectuales de estos actos de subversión profesional ya han sido identificados y sus órdenes de aprehensión ya han sido turnadas a la Policía Judicial”. Y agregó en la nota publicada en El Sol de Puebla “Controlaremos todos los actos de subversión y vandálicos con tiros, si tiros son los que se lanzan por los grupos de choque, hasta instaurar el orden y las garantías a la ciudadanía en general”.
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La Presidencia de la República envió a dos investigadores de la PGR para precisar la responsabilidad de los hechos.
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Mientras tanto los empresarios asociados al Comité Coordinador Permanente de la Ciudadanía del Estado de Puebla continuaban sus gestiones para fundar la nueva universidad. Todo estaba listo para el 7 de Mayo, la ceremonia contaría con la presencia de las autoridades militares y gubernamentales, Bautista no asistió, pero sí lo hizo el Presidente Municipal Eduardo Cué Merlo, quien junto a Francisco Sánchez Díaz de Rivera y Gerardo Pellico Agüeros cortaron el listón de las primeras aulas en el edifico conocido como La Noria.
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Al día siguiente 8 de Mayo, Gonzalo Bautista O´farril cayó y calló. Los empresarios convocaron a un cierre de comercios y suspensión del transporte público en una fecha simbólica para el comercio, el 10 de Mayo, las cortinas bajaron y las calles permanecieron vacías en una fecha tan especial.
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Desplegados de diversas organizaciones, todas adheridas al comité sancionar los hechos, respaldaron a Bautista y acusaron al gobierno federal de Luis Echeverría de la destitución.
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El viernes 11 de Mayo de 1973 los organismos empresariales y la llamada Federación de Barrios llamaron a una concentración en el zócalo de la ciudad, bajo la premisa “Poblano Hoy es un día decisivo para la Historia de nuestro Estado y de MEXICO” (tomado textual).
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El texto que llamaba a los padres y madres de familia, a los jóvenes y señoritas, estudiantes, creyentes, burócratas, obreros, industriales, profesionistas, intelectuales y artistas, comerciantes, soldados, gobernantes y campesinos, hacía alusión a la caída de Bautista y cerraba así:
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Y todos nos preguntamos ¿Qué acaso la “Caída” del Dr. Bautista es para alarmarse tanto?
Sí. Y es motivo de profunda preocupación si todavía alguien no se ha alarmado porque es el resultado de la escalada comunista que aunque ejecutada por pocas personas, parece que tiene gran impacto en nuestras altas autoridades. El Dr. Bautista no regresará a la gubernatura y lo lamentamos. El principio de autoridad ha recibido un golpe gravísimo. Aceptamos la renuncia a regañadientes, enojados y humillados, y ano tiene remedio. Recibimos a nuestro nuevo Mandatario, uno más en muy pocos años. Pedimos que mantenga el orden y la tranquilidad, pero no nos hacemos muchas ilusiones –nos las han destruido desde arriba- en cuanto a su posible decisión de enfrentarse decididamente al Comunismo. Es por esto que NOSOTROS te esperamos en el ZOCALO. HOY VIERNES 11 DE MAYO A LAS 5 DE LA TARDE En PUNTO. Tu ausencia será considerada y perdona la expresión, como una COBARDIA, como una TRAICION A MEXICO
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Firmaban Federación de Barrios y Colonias A.C. y el Comité Coordinador Permanente de la Ciudadanía del Estado de Puebla A.C.
Los carolinos también convocaron a una manifestación. Por suerte Guillermo Morales Blúmenkron, gobernador entrante cuidó de los enfrentamientos y les cortaron el paso a ambos contingentes.
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Los fundadores
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A continuación la lista oficial de fundadores de la UPAEP hace 35 años
Administración de Empresas
Mario Iglesias García Teruel, Jesús Montiel Ponce, Héctor Díaz Cid, Ricardo Villa Escalera, Alfonso Lardizábal Díaz, Ramón Xílotl Ramírez, Germán González Martíñón, Enrique Fabre Moreno, José Manuel Priesca Mastretta, Oscar Salamanca Rossano, Miguel Sabino Armas, Jaime Brito Uriarte, Vicente Pacheco Ceballos Miguel Navarro Meza, Fernando Escondrillas Bohígas, Joaquín Emelhainz Naveda, Ignacio Kasusky Béistegui, Guadalupe Espinoza Romero, Alberto Figueroa Villegas, Juan Manuel Romero García, Sergio A. Moreno Vieyra, Alfonso Carrillo Villa, Arturo Cabañas Munguía, Edmundo Meza Rojas, David Rivera Marthel, José Rosario López Ponciano, Jesús A. Sandoval, José de Jesús Jiménez Vera, Jesús María Salazar Zacatecas, Héctor Rojas Linares, Adolfo Kuresyn Sadurní, Benjamín Cervantes Pérez, Venustiano Cervantes Pérez, Sergio Bojalil Gama yFrancisco Alvarez Arango.

Por Arquitectura
Carlos Vélez Prior, Horacio Morales Alanís, José Luis Romero Straffon, Vicente Pacheco Ceballos, Armando Ortiz Martínez, Fernando Rodríguez Concha, Gonzalo Montero Peña, Sergio Barrera Alejandre, José Eduardo Razo Cisneros, Manuel Salgado Carrillo, Everardo Morales Pardo, Roberto Martínez Guerra, Ramón Buergo Ferrari, Carlos Mastretta Cobel, Fernado Gómez Cantú, Javier Solana Rivero, Edmundo Rodríguez Concha, Sergio Zepeda Cornejo, Marco Aurelio Barocio Lozano, José Luis Ramírez Ibáñez, José Ismael Acevedo y Ponce de León, Guillermo Casados Guzmán, Fernando García Limón, Juan Cervantes Miramontes, José Manuel Villar González, José Antonio Tovia Arrioja, Francisco Javier Ramírez Sánchez, José Manuel Fernández Herrera, José Luis Hernández Cano, Miguel Pavón Rivero, Manuel Vergara Beltrán, Pablo Durán Guzmán, Félix Bueno Hernández, Jorge Loyola Molina, Faustino Pando Meléndez, Eduardo Fernández Winter, Urbano Ponce Osorio, María Elena de la Concha Maurer, José Miguel Gómez de Alvear, Agustín Aizpuru Gómez Jesús Corro Ferrer, Celestino Cabo Rodríguez, Mateo Razo Cisneros, Darío Morales Pérez, Jorge Martínez Flores, Salvador Rivero Ramírez y Manuel Orbezo Zepeda.
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*** POR HOY ESTODO, se acabó el espacio, desde la trinchera del Centro Histórico, seguiremos informando, tenemos una cita la próxima semana aquí mismo, en las páginas de El Sol de Puebla dirigido ahora por Serfín Salazar y Jorge Rodríguez Corona; El Heraldo de Puebla y periodicodigital.com.mx... Las Tertulias en la Radio lunes a viernes 11 horas en Radio Tribunas... Martes Las Tertulias se van a la tv en Megacable, 90 minutos a partir de las 21 horas canales 8 y 305... Los Periodistas, como siempre miércoles y jueves 21 horas mismos canales... Y Noche de Adultos, Canal 26 de Sicom, todos los jueves a partir de las 22.30 horas... jesusmanuelh@mexico.com

jueves, mayo 08, 2008

Rabia


Diario Milenio-Puebla (08/05/08)
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Pobre de mi novelista admirado. Publica una ficción con ese título que me recuerda una película en blanco y negro producida en los años sesenta. La diferencia es que aquella película sí logra atrapar la atención de los espectadores, mientras que esta Rabia* no logra mantener el interés del lector más allá de dos capítulos.
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No dejo de asombrarme, más aún cuando la trayectoria de su autor es tan grande, un escritor de éxito que vende por miles todo lo que produce.
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Es más: es un autor que firma contratos con las editoriales más importantes antes de escribir una obra porque la venta está más que garantizada. Eso sólo es privilegio de unos cuantos, muy pocos. Quizá Carlos Fuentes o Monsiváis en México. En realidad muy pocos escritores pueden vivir de lo que escriben. No es nada nuevo lo que digo y quizá por eso, porque al autor de Rabia le pagan un dineral las editoriales más exitosas que le aseguran la venta, la distribución y las traducciones a casi todos los idiomas, no dejé de sentir cierta decepción al terminar la lectura.
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El mismo autor ha dejado constancia de cómo debe escribirse una novela. Primero, dice, se trabaja el borrador para después pulirlo poco a poco como si se tratara de un trabajo de orfebre. Es lo mismo que sostiene Guillermo Samperio en su libro Después apareció la nave (Ed. Alfaguara, 2002). Dice Samperio que el texto literario es —recién escrito— como un bebé al que hay que limpiar, cuidar y alimentar.
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En realidad es algo curioso porque sucede que el texto nunca se concluye. Ya editado se ven otras cosas, sólo que desde ese momento ya no es un producto del autor, sino de los lectores.
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Muy a pesar de haber dado el consejo –¡ah, mi querido novelista!— tal parece que en Rabia le falló un poco la técnica. No digo que Rabia sea una mala novela, desde luego –y definitivamente— eso no podría yo decirlo.
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Su autor es una garantía. Sin embargo, en este caso, Rabia no llega a la altura de la obra a la que nos tiene acostumbrados. Siento que Rabia fue una novela que desaprovecha los propios recursos que comienza a manejar. La tensión del inicio se vuelve nimia y sus personajes se van cayendo de la boca a la punta de los zapatos, como decía Pablo Palacio, el cuentista ecuatoriano, cuando le incomodaban o le resultaban “chatos”.
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Rabia es entonces una novela más de un autor importante que para nada opaca su enorme producción. A manera de síntesis (no quiero contar la historia) ha escrito la crítica que en Rabia hay un terror psicológico en donde se descubren los sentimientos reprimidos en un clima de tensión donde también se hallan las situaciones límite.
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Rabia es, como se apunta en la solapa, un modelo de terror psicológico con el sello (con el inconfundible sello) del autor de Carrie, El Resplandor y Cujo.
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Pero Rabia de Stephen King no tiene por desgracia la consistencia y la fuerza de otras novelas como El Cuerpo o Misery aunque no deja de ser uno de los novelistas que con más placer he leído.
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Stephen King. Rabia. Ed. Roca, 1989.

XXIX

Mientras Edna le platica a Roberto su antigua relación amorosa tan llena de lugares comunes, piensa, en sus adentros, en este siglo que le ha tocado vivir a ella, todo lleno de eternos retornos, viciosos, enfermizos. Un barroco mal hecho. Un mundo en el cual se ha perdido un poco ese encanto por la simplicidad... donde uno ya no cree tan fácilmente en nada... (aunque no sabe por qué pluraliza la debacle... si debería hablar muy en lo particular) siempre –piensa- se sospecha de una conspiración en las palabras. Entonces la comunicación se vuelve una falacia, o peor: un enigma, y la Esfinge acecha en cada pasillo, en cada página, en cada frase dicha al oído o leída en una ventana de mensajería instantánea, así, no queda más opción que volver a la base donde se hallé un lenguaje en verdad efectivo, que no mienta, pero la búsqueda es difícil, tortuosa, aun las formas primigenias de comunicación se han contaminado ya con algo de mentira. Ya no hay pureza, y si la hubiera en algún lugar recóndito, para alcanzarla se debe estar en una especie de trance: quizá un tanto ebria o intoxicada.
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Postmodernismo le llamo Roberto. ¿Perdón?, dijo Edna. Eso que dijiste sobre la comunicación y sus dilemas, se llama postmodernismo, argumentó Roberto. ¿Cómo, pensé en voz alta? Sí, y no sólo eso, también fuiste muy expresiva, me enterraste las uñas en el brazo mientras te explicabas, contestó, Roberto, con un dejo de dolor. Edna sólo atinó a pedir perdón y regresar a la narración de su pasado dolorosamente aburrido.

miércoles, mayo 07, 2008

XXVIII

Estás sentado en tu lugar de costumbre esperando que los acontecimientos le vengan a la cabeza, mejor dicho, a la pluma; pero estos no llegan, la vida de tus personajes te han traicionado.
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El acto de escribir para ti siempre ha sido un ejercicio narcisista y ermitaño. Aunque también has disfrutado del acompañamiento de tus colegas de carrera. La escritura es buena compañera, pero pésima y patética solución a los problemas de tu vida. Se ha escrito en diversos libros y se ha dicho, y has escuchado, en varias oportunidades que el escritor necesita de las experiencias personales para crear, pero con el tiempo te has convencido a lo largo que llevas de vida, que ésta no sirve para nada. Al contrario corres el riesgo de plasmar todos los fantasmas y perversiones que te rodean en ese pequeño infierno dantesco imantado a tu cuerpo desde tiempos infinitesimales.
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Pero leer, leer es la mejor manera de escribir una vida. Uno es tantos libros, y tantos libros son uno, las bibliotecas, piensas, deberían tener otro nombre más acorde al narcisismo, ¿egoteca, quizá? Los escritores nacieron para retratar a los individuos de una sociedad cualquiera, ya existente o alterna.
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Estás sentando en tu lugar de costumbre esperando que los acontecimientos te vengan a la cabeza, mejor dicho, a la pluma; pero estos no llegan, la vida de ellos, tu vida te ha traicionado. Has dejado de ser escritor para volverte individuo y ser todos los personajes.

Sexto sueño


Diario Milenio-México (06/05/08)
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El libro, que responde al nombre de Sexto sueño, anduvo un par de meses, precisamente, en el sexto sueño. Me lo había llevado conmigo de viaje hacia la costa oeste pero, entre una cosa y otra, seguramente por la fascinación que sobre mí siempre ha ejercido el Pacífico, lo perdí. Se lo comuniqué a su autora; le dije a Marta Aponte Alsina con mucho de pena y otro tanto de remordimiento que había querido escribir algunos comentarios sobre su más reciente novela pero que, por desgracia, el libro se me había ido al sexto sueño. El comentario, a ella, la hizo reír y también la hizo considerar la posibilidad de escribir un cuento (al menos eso me dijo). Yo, por mi parte, anduve pensando con mesurada testarudez en el libro, tanteando la posibilidad de escribir algo sobre ese libro alucinante sólo con base en los recuerdos que se negaban a irse, en el eco refinado de algunas de sus frases, en la estructura explícitamente piramidal del relato, pero no logré decidirme. Lo último que le dije a Marta Aponte Alsina acerca de su libro fue, sin embargo, que estaba segura de que regresaría. Algo que no se va de la cabeza, imaginé, no tiene de otra más que regresar. De una o de otra manera, en el momento menos pensado, sé que encontrará su camino de regreso. Eso dije. Pasaron los días (porque lo propio de los días es pasar) y hoy, mientras colocaba libros y otras pocas pertenencias en un par de cajas de cartón con dirección a la próxima casa, lo encontré. Porque, como bien dice Aponte Alsina del sexto sueño, “No se deja buscar, pero se encuentra”.
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En efecto, el libro salió, azul y exacto, de un sobre amarillo, tamaño carta. Salió como un recién nacido de ese lugar del vientre que es el extravío. Recordaba, por supuesto, que una de las definiciones del sexto sueño era aquel estado nebuloso, propicio para la escritura, que se encontraba después del quinto sueño (un lugar ya de por sí bastante alejado de la realidad). En la novela, esto también lo recordaba con suma claridad, una abuela acusaba a su nieta, la protagonista de nombre Violeta Cruz, de encontrarse en el quinto sueño, sólo para que la nieta retobara con flagrante complicidad y estirándose con placer que no estaba en el quinto, sino en el sexto sueño. Allá. Lo que no recordaba, no había manera, era que Marta Aponte había escrito hacia final de la novela que “Si el sexto sueño fuera un lugar sería tu casa, lector cómplice”. Heme aquí, pues.
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“Soy cortadora de hombres y compositora de boleros”, dice Violeta Cruz de sí misma en las primeras páginas de esta novela. Tan directa como mordaz, tan sucinta como punzante, la anatomista de profesión avanza en su tarea con la exactitud del escalpelo: “traer del más allá uno de los seiscientos cadáveres que disec[ó] en [su] carrera”. Elegido a través de un método tan aleatorio (una serie de números aparecidos en una sesión espiritista) como del que se había servido el ahora cadáver para seleccionar a su víctima (un niño al que asesinaría con saña en el así llamado “crimen del siglo” a inicios del XX y en Chicago), Nathan Leopold se convierte en la ausencia que convocará a las palabras para producir, paso a paso, su vida. Resucitar es un verbo atroz. Se trata, en efecto, del sonado caso de aquel hombre que, junto con Richard Loeb, por aquel entonces ambos estudiantes de la Universidad de Chicago, recibiría una condena de por vida por asesinato, más noventa y nueve años por secuestro. Se trata del mismo hombre que, después de sobrellevar 33 años de prisión, decidió trasladarse, de entre todos los lugares de los Estados Unidos, a Puerto Rico, la isla donde según confirman documentos varios se casó con una florista y cultivó la filantropía hasta el día de su muerte en 1971. El tema, que ya ha fascinado a autores de tan variada estirpe como Alfred Hitchcock o Richard Wright, se transforma en un verdadero tour de force en la prosa lúcida y feroz de la puertorriqueña Marta Alponte Alsina. En la caja china de su propio abismo, con un sentido del humor que son en realidad muchos, “[e]n el sexto sueño los muertos se pasean por el cuerpo de los vivos. O, para expresarlo en palabras demasiado claras: se siente vivir a la muerte”. Esto, francamente, es cierto.
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En el epígrafe de María Zambrano que precede a la novela, hay una referencia explícita al momento que persigue la novela: se trata del instante último, del segundo imperecedero en el que se deshace “ese nudo que une aún a las almas de los recién muertos con el aire de la vida”. Y, para contar eso, ¿se le atrapa o se le deja ir? “Una novela no se descuartiza como un cadáver”, asegura la novela de Marta Aponte Alsina. “Se construye como las pirámides, escribió Flaubert”, añade, segura de sí misma. Sólida. Pero esta novela piramidal que es en realidad un sueño que está más allá del quinto, está narrada (al menos en una de sus instancias) por alguien que corta (aunque cortar no de derecho a contar). De capítulos breves y saltos en el tiempo, con súbitos cambios entre la primera y la segunda y la tercera persona, metanarrativa a ratos, autoimprecadora en otros, la novela es un cadáver descuartizado sobre una mesa que parece una pirámide. Cómplice lector: “Los muertos son amantes caprichosos”, eso también es cierto. En algún momento de la novela, justo después de que la doctora Cruz ha conocido a un hombre muy hermoso, la novela declara que “los hombres son vasos frágiles”. La misma novela ha dicho antes lo mismo, en voz del Resucitado, acerca de las mujeres. La idea del recipiente. Y ese vaso que, de acuerdo con Rilke, se rompe, como todo, dentro de las venas. Un estrépito. Así apareció Sexto sueño desde las entrañas de un sobre amarillo, tamaño carta, todavía con el aroma del Pacífico. Así se queda.
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Maria Aponte Alsina, Sexto Sueño (Madrid: Veintisiete Letras, 2007)

lunes, mayo 05, 2008

Mi reino por un rating



Diario Milenio-México (05/05/08)
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1 Personaje o personeja
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En la última parte de Tu rostro mañana, Javier Marías se sumerge en el que sus personajes describen como el Síndrome Kennedy-Mansfield, consistente en el horror narrativo a una muerte intempestiva y espectacular. Cree uno, lógicamente, que nadie quisiera ser recordado por los detalles sórdidos del día de su muerte, pero a veces la lógica sobra en estas cuestiones; más todavía si se toma en cuenta la poca relevancia que debería revestir a los ojos de un vivo cuanto suceda o no en este mundo no bien lo haya dejado para siempre. Ser recordado, ser pensado, ser reconocido. Por cualquier causa, con mérito o sin él. Con demérito, incluso; bochornosamente. Hay puñados de gente lista para matar o dejarse matar por eso. Que, a todo esto, es lo peor que les puede pasar. Pocos horrores narrativos parecen tan cercanos a la atmósfera reclusiva de las pesadillas como el que inspira el que marianamente se llamaría Síndrome Trevi-Tyson.
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Entre las toneladas de información chatarra que no recuerdo haber solicitado y para mi vergüenza tengo a la mano, sé que la aún famosa Gloria Trevi se ha declarado La Mejor Cantante del Mundo, aduciendo que sobre el escenario es “toda una show woman”. De entre los numerosos horrores narrativos que me provoca el caso de la Trevi —de quien no sé gran cosa, y aún así sé más de lo que habría querido— hay uno en especial espeluznante, y es justamente ese proceso de infatuación que lleva al personaje a reemplazar a la persona. ¿Cómo saber dónde quedó el primer Mike Tyson luego que el miserable peleador de barrio recibió decenas de millones de dólares y la atención bastante a nivel planetario para proclamarse El Hombre Más Duro del Mundo? ¿Qué le pasa a tamaño personaje una vez que le llega la hora de caer en desgracia? Una persona puede ser pisoteada y borrada, pero rara será la que acepte irse al limbo con todo y personaje.
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2 El clavadista estrella
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Édgar, se llama el niño. Es uno de aquellos gorditos que sufren toda suerte de burlas y bromas pesadas, de manera que basta esa inseguridad adicional para que se hagan torpes y pusilánimes. Cierto día, alguien lo filmó durante la clase de momento bochornoso en que la mala fe del burlón se combina con la torpeza del patiño, de forma que el video exhibe a Edgar parado y aterrado sobre un par de troncos, a la mitad del cruce de un riachuelo. Otro niño, que ya cruzó antes de él, se ríe de su miedo y levanta uno de los troncos, para amedrentarlo. Édgar se asusta más, se enoja, chilla, grita, insulta como puede al otro y en mala hora se aferra al tronco equivocado, que cae violentamente de las manos del otro niño, junto a Édgar que se da un golpe, resbala y va a dar hasta el agua. Luego llora e insulta una vez más, empapado y golpeado. ¿Cómo explicar que una escena tan estúpida pueda haber sido vista, según la información de YouTube, por más de ocho millones de personas?
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El niño Édgar tampoco se lo puede explicar, lo cierto es que el video de su desgracia supuso un raro giro de la fortuna, pues el gordito en un principio estigmatizado se convirtió en estrella de YouTube. Al día de hoy, hay en el sitio infinidad de videomontajes creados a partir de la vergüenza de Édgar, además de una entrevista en la televisión, donde el niño no oculta el orgullo que siente de ser famoso. Y ahora también está el comercial de galletas Gamesa donde aparece la escena del río, sólo que esta vez Édgar resulta el héroe, no porque sea más valiente que nadie, sino porque dispone de una cohorte de centuriones a su servicio que le dan trato de emperador y echan al otro niño y al camarógrafo al río. Luego de ver a Édgar tirarse solo al piso a solicitud de su entrevistador, vale dudar que YouTube le haya hecho más favor al niño clavadista que contagiarle el síndrome Trevi-Tyson.
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3 El fasto del mal gusto
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Por funestas que se revelen sus secuelas, son incontables los hijos de vecino que darían cualquier cosa por ser víctimas de un síndrome así. No en balde hoy día los argumentos de las telenovelas —que antes parecían exagerados, más que nada en el tema del mal gusto— palidecen frente a las incidencias en la vida privada de sus intérpretes. Si antiguamente los galanes telenoveleros debían esforzarse en sacar adelante el papel asignado, ahora el foro que cuenta es el de sus acciones más íntimas, sean éstas verdad o invención estratégica. ¿Para qué perder tiempo en clases de actuación o ensayos de solfeo, si el rating sube solo luego de que el galán de la televisión, ya en el gran escenario de la vida real, se le va sin pagar a la sexosierva o le planta una tunda a su mamá?
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Si pudiera, no sabría que el cantante Cristian Castro tiene un hermano que se llama Michelle —que es como ser francés y llamarse Micaela— y un hijo bautizado atrevidamente como Mikhail Zaratustra. Quiero creer que esos datos serían inverosímiles aun dentro del argumento de una telenovela, pero si abro un periódico o enciendo la tele me arriesgo a comprobar que son del todo ciertos, y eso no me conviene como espectador. Cuando niño, de noche y en la cama, jugaba a sospechar que mi vida no era más que una representación, y a mis espaldas todos estaban de acuerdo en desempeñar cada uno su papel para mí. A estas alturas, luego de tanto ver lo que los personajes son capaces de hacer con las personas que quizás antes fueron, me parece más cómodo sospechar, como entonces, que todo es pura farsa e invención. Telenovela sobre telenovela sobre telenovela, interpretadas por personajes de personajes de personajes. Gloria Tyson, Mike Trevi, Britney Castro, uno qué va a saber si ni la tele prende.

viernes, mayo 02, 2008

Fragmento doloroso, narciso y conciso

Tengo que confesarlo, Jenny la invisible y eterna Jenny, y por supuesto Pedro Ángel, tenían razón, tenía que leer La Región más transparente de Carlos Fuentes, llevo casi 200 páginas y no puedo ocultar la maravilla de texto que es.
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A continuación transcribo uno de los fragmentos que más me ha enamorado de la novela, ubicado en las páginas de 158-159 del capítulo dedicado a Rodrigo Pola (y perdonen la afectividad por el narcisismo y al mismo tiempo la impotencia de la soledad, así soy, y qué):
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Escribía afiebrado, tenso, sin saber muy bien qué las palabras caían sobre el papel, seguro de que, saliera lo que saliera, era importante. Importante porque el papel no era papel, ni las palabras palabras, ni escribir escribir: importante porque todo era la única manera de decir Aquí estoy. Yo. Yo que no soy todos, ni uno más. Yo que soy yo. Único. Ni Dios mismo me puede cambiar por otro. Si yo fuera otro, el mundo se vendría abajo. La luna sería sol, el día parte de otro astro. No me pueden cambiar por otro, ni a otro por mí. Leía a Garcilaso, y sentía que entraba en el mundo perfecto, en la armonía en que todos podrían amar, vivir, ver y ser vistos sin verngüenza y sobre todo sin excusas. Y cuando cayó en mis manos el tomo de Rimbaud, creí encontrar a mi verdadero hermano y amigo, al que sabría comprender, y compartir conmigo, el gan descubrimiento, la gran desdicha. Apretaba los dientes mientras escribía; le daba un manotazo a la luz eléctrica que colgaba del techo para sentir que mi cerebro bailaba con las sombras y que el cuarto no era ya un espacio ajeno a mi cuerpo, sino mi mismo cerebro, grande e ínfimo a la vez, ilumninado y oscuro, bailando con un rimto fatal y desordenado. Después caía rendido sobre la cama.

De mierda y ceniza

Volver al fondo y engullirse.
Abrir los ojos ante la mierda que me rodea,
protegerme,_______________________patalear de impotencia,
a-g-u-a-n-t-a-r la respiración.
¡Voy a reventar!
Buscar una salida, una maldita salida a todo, pero mi mundo es un pantano o es cómo la droga, mientras más intento por salir, más me hundo, más valgo madre.
Aún no me acostumbro a la oscuridad histórica que otorga el privilegio del secreto.
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Ayer nadaba en una burbuja de densa calma, mi vida quería ser anónima u olvidada por un rato, la foto que me tomé meses atrás estaba arrumbada en el bajo-fondo de mi cama, oculta. Necesitaba desprenderme de ella, para hacerlo de mí. El valor de la cobardía. Pero estamos hechos de instintos, al fin y al cabo animales, sin derecho a paraíso. Y un día, cuando menos yo me sentía y más parte de los otros presentía ser, un grito desesperado, incomodo, vino a retar a ese yo colgado en el closet del por lo mientras. Entonces los demonios salieron a darse su festín, tantas ganas tenían de probar humano a las brazas, y mi yo tantos deseos de complacer a esos pequeños demonios patéticos e inmunes a toda catástrofe por muy demoníaca y diocesana que sea. No hubo opción, elegir no era salida, muchos menos esperanza. Aceptar era condición de vida. Tome la pluma y escribí misivas con la misma facilidad con que Dios le dijo a Adán y Eva: fuera del paraíso, ahora perecerán y se ganarán el pan con el sudor de su frente.
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Un poeta dijo que era adicto al Imperio, yo también padezco la misma enfermedad. Un Imperio que debe ser particular, exquisito y conciso. Un Imperio lejano de toda izquierda contestaria. Un Imperio donde los andrajosos no tengan lugar, sí, peco de clasismo. No me simpatizan esos románticos que siguen creyendo que los escritores no pueden ni deben ejercer en la política, me purgan esos indios de mierda que critican al escritor que se vuelve burócrata, pero aman desenfrenadamente a Paz o a Fuentes y maman de la teta de esos escritores lejanos a todo grupo literario elitista y que no tienen postura ante nada y si la tienen, la ofrecen tardíamente, me cagan los pendejitos que escriben en la oscuridad de sus chozas y se dicen poetas o cuentistas natos, y no publican y no buscan becas, porque eso es de vendidos, dicen; pero eso sí, crean su esferita de mierda, su burbujita de ignorancia para mamarse los unos a los otros de forma inconmensurable por los siglos de los siglos, y no cabe el amén, porque ya es verdad absoluta. Me emputan mi miserable vida esos pascuatos que se dan sus baños de pureza y se cuelgan la medalla de la objetividad y la sinceridad plena y franca, que avientan la piedra y dicen: ese de ahí, es un vendido, un pinche ardido un rencorista, una escoria, y sin embargo, responden con cartas sin nombre y recados sin dueño a toda la mierda que dicen escupo sin misericordia. ¿Quién es más mierda entonces?
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Volver al fondo y engullirse.
Abrir los ojos ante la mierda que me rodea,
escupirla,_______________________erradicarla,
r-e-s-p-i-r-a-r.
Porque escribir requiere tener la capacidad enfrentar la mierda, tocarla, saborearla y cuando no sirva,
desecharla.
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Luego caminar por la ciudad, contemplarse pequeño ante la inmensa catedral, gritar hasta quedar afónico, pero al ir avanzando ésta me va callando, su grandeza me impone. ¿Quién soy ante ella?
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Regresar al principio de yo, buscar en algún balcón mis entrañas o quizá en una alcantarilla. Hallarlas y re-colocarlas con la habilidad con que un artesano crea un jarrón de Talavera poblana. -
Caminar re-construido buscando algo o alguien capaz de sobrellevar toda la carga que me rodea. Y me acuerdo que tengo gente, mucha gente capaz de hacerlo y que siempre lo ha hecho, pero la costumbre me invito a olvidar. Ya no bastan, hace tiempo que no bastan, soy ambicioso, necesito y deseo más. Quiero más.
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Abrir los ojos ante las certezas que me gobiernan,
conservarlas_______________________, r-e-s-p-i-r-a-r.
Porque vivir requiere tener la capacidad comprender la certeza y los errores.
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Re-inventarme con lo que hay y lo que está por venir.
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Tomar las venas y sacar vida para enfrentarla, valorarla.
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Usar el vaso vacío, llenarlo de coca-cola y buscar un ente que sepa del sabor que ésta produce en los labios y de la sensación que provoca en el interior.
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Y en lugar del ente, encontrar alguna criatura nocturna, seductora. Raptarla, escudriñarla, buscar en sus vacíos, en sus marcas o en sus colmillos, un espacio para quedarte.
Te gusta el fuego, quemarte es una costumbre, pero ahora es distinto. El objetivo es lograr una combustión plural. Quemarse o helarte, ahí la ecuación. Porque después del fuego vienen las cenizas que evolucionan en Fénix. Del hielo, sólo viene más futuro insoluto, incoloro e insoportable. El fuego duele, pero otorgar oportunidad de renacer.
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Abrir los ojos ante el quemazón,
disfrutarlo_______________________, r-e-s-p-i-r-a-r.
Porque ceniza eres y en ceniza terminarás.

jueves, mayo 01, 2008

Dosfilos 102


Diario Milenio-Puebla (01/05/08)
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Como lo hago cada domingo, leí el último número del suplemento de cultura de La Jornada Semanal y me topé con una ficha muy pequeñita que hace referencia a la revista Dosfilos.
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La reproduciré y a continuación haré un breve comentario. Ésta es la nota: "Es la Universidad Autónoma de Zacatecas la institución que auspicia esta revista, ya centenaria en cuanto a la cifra de sus entregas, y que coordina con buena mano el colega José de Jesús Sampedro.
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"Poemas, cuentos y ensayos conforman esta entrega, en la que desatacan la traducción de un texto de Kerouac, así como ‘Sin sustituto: los Who y su autenticidad extrema’, firmado por Benjamín Anaya." Listo. Eso dice el suplemento y al lado aparece la reproducción de la portada.
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Hace menos de un año estuve invitado a presentar el número 100 de Dosfilos en la librería Andrea y preparé para el caso un texto donde hablaba de los intereses temáticos de la revista: la antipsiquiatría, los movimientos de lucha social de los años sesenta, el Rock, Updike, la narrativa latinoamericana y la poesía. Eso ha sido Dosfilos a lo largo de su historia.
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Dije también que Dosfilos es una revista que ha persistido gracias a la publicidad, a las suscripciones, a la generosidad de sus amigos y lejos de las becas que, así lo expresé en aquella ocasión, pudieran atentar contra su línea editorial.
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Cuando hice mención a la historia de Dosfilos, recordé que los primeros números salieron del taller de linotipia de la Universidad Autónoma de Zacatecas.
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En resumen: Dosfilos se sigue manteniendo independiente y con una propuesta cultural sólida, de muchos años.
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No es fácil lograrlo, salvo la perseverancia de su director, José de Jesús Sampedro, quien ha luchado bastante para mantenerla.
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De todas aquellas revistas que en 1974, en diciembre de ese año, participaron en un encuentro nacional, sólo Dosfilos continúa.
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Ahora he recibido el nuevo número, el 102 que, en efecto, contiene en sus páginas un interesante texto sobre los Who firmado por Benjamín Anaya, quien entra como quien lanza una piedra al río: “Muy pocas bandas en la historia de la música popular pueden ostentar la capacidad de autodestruirse y regenerarse (…) ni sus integrantes han tenido tanta personalidad, pese al liderazgo de Pete Townshend: busquémosle por donde queramos, no hay ni habrá sustituto para los Who.” Todo el texto transita entre la autodestrucción como parte de la regeneración.
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Dosfilos 102 nos ofrece una investigación de Francisco Sánchez: “La número uno según cien”, que consiste en una “indagación a cien cinéfilos”. Rafael Aviña sostiene que su película favorita es El ceniciento de Gilberto Martínez Solares, 1951, y Daniel Sada opina que él prefiere Paris, Texas de Wim Wenders, 1984.
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Hay otros textos muy recomendables en Dosfilos 102 como el de Martiza M. Buendía “Cuando así se besa”.
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Pero qué mejor su opinión de buen lector. Dejaré ejemplares a doña Mago, para quienes se interesen por Dosfilos 102. Hasta pronto.

martes, abril 29, 2008

Anna que llora en la oficina



Diario Milenio-México (29/04/08)
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Después de dos matrimonios y un hijo, después de divorcios y tantas comidas a solas, a Anna sólo le interesa tener a alguien, a Lev, todas las noches cerca
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Nadie es de aquí. Todos nada más viven aquí. Por un tiempo. Después se cansan o se aburren, venden sus cosas y se van. Rápido. Sin fiestas de despedida y sin problemas. Las casas también aparecen y desaparecen como humo, un día están ahí y, al día siguiente, se desvanecen sin huella. Nadie las extraña. Los inquilinos sólo vivían ahí o los dueños no hacían otra cosa más que invertir su dinero. En la esquina hay un edificio que ha sido siete distintos restaurantes en los últimos tres años: Comida griega por un par de meses, tapas españolas en otros, Spaguetthi Mama Mía, y algunos todavía menos memorables. En cualquier caso, no importa. Debe ser porque no tienen estacionamiento o porque todos quieren ir, irse muy lejos, lo más lejos posible, como Anna.
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Anna, así con las dos enes porque si no se enfurece, habla mucho. Habla, como se dice, hasta por los codos. Todo porque aprendió ruso, alemán, francés, y otros idiomas cuando era niña y sus padres la llevaban en sus bolsillos a todos lados. Así, diplomático de segunda y todo, el padre de Anna ha estado en las tres cuartas partes del globo. Junto con la familia y junto con Anna, se entiende.
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—Un poco aburrido —dice—, pero con cierto encanto—. Si lo sabes encontrar, por supuesto.
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Anna no tiene amigos fuera la oficina y los de aquí, los de la oficina, en realidad no somos sus amigos. De cualquier manera Anna llega apresurada en las mañanas, ¿qué tenemos para hoy? Y después, sin esperar respuesta, se sigue con los desastres cotidianos de su casa, el hijastro que es una verdadera lata, la basura que se junta en la cocina, las hileras de latas de ravioli podridas, y las siestas que sólo puede tomar con la televisión encendida. Raro, ¿no?, pero cierto.
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Pero hoy es distinto. Anna arranca el emblema de su escritorio, ¿cuándo van estas gentes a entender que su nombre se escribe con dos ennes? Y se sienta junto a mi silla a llorar así, sin maquillaje y sin anteojos. Todo porque Lev, Lev Revin, su esposo, ya tiene seis semanas en Moscú después de haber jurado y perjurado que se quedaría dos únicamente. Y ella lo entiende, al fin y al cabo Lev está en su tierra y eso de querer quedarse no es tan extraño. Además ella sabe que está tratando de hacer negocios aprovechando todos los cambios. Y sí, necesitan el dinero, mucho. Ojalá que todo vaya bien con su venta de joyería barata —las moscovitas se volvieron locas los primeros días pero, bueno, con esa gente nunca se sabe.
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Pero las noches son muy largas, muy solas. Nadie con quien cenar en la cama, nadie con quien pelear sobra las finanzas de la casa. Nadie. Sólo el silencio y los recorridos angustiosos del perro. Pero Vladimir, como Anna misma, extraña mucho a Lev, y llora de cuando en cuando por las esquinas. No, eso no le ayuda para nada. Nada ayuda a decir verdad.
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—Y yo me casé —insiste—, para tener marido. No para andar como esa sarta de jovencitas que quieren conservar sus nombres y sus espacios —no, Anna no cree en todo eso. Después de dos matrimonios y un hijo, después de las casas solas desperdigadas en ciudades desconocidas, después de divorcios y tantas comidas a solas, a Anna sólo le interesa tener a alguien, a Lev, todas las noches cerca, aunque sea sólo para calentarse los pies o para comer ravioli de la misma lata.
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A Anna no le da pena hablar en voz muy alta porque ya sabe que nadie oye en los pasillos y que, si lo hacen, en realidad a nadie le interesa. Ella sólo quiere irse. Llevarse a Lev a vivir a otro lado. No a Moscú, no, aunque le convendría porque está estudiando la historia de los zares de Rusia, ella no quiere ir a perderse entre las nuevas reglas del mercado negro, las colas para obtener alimentos, el frío del invierno, la pobreza. No, ella quiere ir a otro sitio. Algún lugar tibio donde se pueda caminar por las calles y saludar a la gente a través de las ventanas, gente a la que no le costaría trabajo recordar que ella es Anna, la de las dos ennes. Gente con memoria. Gente con ganas de perder el tiempo en bares o cafés humeantes, consumiendo cocteles sin preocuparse por el cáncer o el colesterol o el sida o las calorías. Gente con familias y cuñados y nietos, con chismes, con historias. No esto.
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Anna mira el techo: —No esto— dice.
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Y después me mira. Ella quiere irse a la pequeña villa francesa donde alguna vez pasó un verano inolvidable. Algo así: un lugar con edificios viejos que hayan estado ahí antes que ella y que sigan ahí aún cuando se haya ido. Un lugar con gente chismosa y opresiva siempre haciendo preguntas inoportunas e indecorosas. ¿Así que esta es la esposa de su hijo? ¿Y dice que su marido es de Moscú? Un lugar donde todos se conozcan por sus hombres y por sus apellidos, y digan esta es Anna, la de las dos ennes, la mujer de Lev que llegó de los Estados Unidos, la que toma siestas todas las tardes después de beber un Bloody Mary con mucha pimienta porque es la única manera en que le gustan. Esta es Anna, la que tiende pantaletas blancas en los lazos, la que come pan con mantequilla y ajo, a la que no le gusta la lecha ni las aceitunas. Así, gente sabiéndola de cabo a rabo, gente con interés por sus detalles más íntimos, sus secretos, su pasado. Anna, la mujer de Lev, la que llegó para quedarse.
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Anna quiere un paraíso. Un paraíso con todo: personas, animales, cosas.
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Pero Anna sigue llorando en la oficina. No ha parado. Se incorpora a veces, da un par de pasos, y vuelve a sentarse mi lado. ¿Me entiendes? Un lugar por el que pasen trenes cargados de nostalgia, no de noche para que nadie los oiga y no interrumpan el tráfico, no, trenes de verdad, con pasajeros que dicen adiós por las ventanillas. Con rostros que uno recordará toda la vida. Así. Un lugar para extrañar, para pertenecer. Un lugar. Allá, muy lejos.
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Entonces se va calmando. Enciende un cigarro en la sección de no fumar, se limpia los ojos y los mocos, toma todas las cosas que ha regado sobre su escritorio y se va.
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Nadie es de aquí, Anna, todos solamente vivimos aquí. Por un tiempo, Anna. Quiero decirle eso.

Señora del cuartel



Diario Milenio-México (28/04/07)
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¿Que dice la señora que está usted arrestado? La idea es en tal modo elemental que lo realmente extraño ha sido la tardanza en concebirla
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1 Ministra, mariscala, mamá
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La imagen bien merece un rato de pasmo: una mujer embarazada gira órdenes a la tropa, que se le cuadra de manera unánime. Hasta hace poco tiempo, ideas semejantes pertenecían al dominio de esos chistes de género que tanto satisfacen a los acomplejados y sus grandes amigos, los malqueridos. Pero la imagen está en todas partes. Carme Chacón, de 37 años, pacifista y ajena a nacionalismos y estridencias afines, ocupa el Ministerio de Defensa español. El ejército entero a las órdenes de una mujer. Un bofetón limpísimo y por demás certero para las numerosas especies de misóginos, retrógradas y fanáticos que cada día retrata la prensa española. Del cura chantajista al mulá cobrador, del galán desairado al esposo abusivo, y en general del impotente al prepotente, deben de ser legión los ofendidos.
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Si yo fuera Hugo Chávez, tendría entre alfileres la fotografía de José Luis Rodríguez Zapatero. Muere, maldito, habría escrito en el reverso, con un odio aznariano que bastaría para marcar la imagen al otro lado —espeluznantemente, según serían mis cálculos—. ¿Qué cuentas podría entregarle el cacique mayor del bolivarianismo a su amigo Mahmud Ahmadineyad de su presunta afinidad con un hombre capaz de poner a una mujer al frente de las fuerzas armadas de su país? Ni hablar de esa estrambótica relación, no cabe allí otra cosa que el vudú. Es evidente que ambos agradecen antes contar con enemigos tan predecibles como la dinastía Bush que amistarse con el que podría resultar un demócrata de carne y hueso. Ya veo al iraní con los pelos parados ante el periódico, cual si en vez de la imagen de Carme Chacón apareciese en el periódico del día su primogénito saliendo de un bar gay en la ciudad de Qom. Lo que entre ciertos clanes de extrema ranciedumbre se entiende como una señal apocalíptica.
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2 Dura de pelar
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Si se mira con cierta calma presurosa, la idea de una ministra de Defensa parece simple y lógica, en estricto sentido. Hay demasiados hombres en esas cumbres para no requerir de una mujer capaz de meter orden, más allá de secretos poderes fácticos y presuntas intrigas de cuartel. Suena incluso a movida maquiavélica, ya quiero ver quién va a ser, al menos en principio, el mandón capaz de alebrestarse contra una superior con semejantes características sin perder el derecho al público respeto. A su vez, asumo que un ejército comandado por una mujer será naturalmente más confiable a los ojos de la población —especialmente la femenina, víctima popular entre la tropa— que aquél donde los hombres se solapan detrás de un pacto de silencio faccioso. Reflexiones al vuelo que nada significan, sino su mero derecho a existir sin tener que pasmar a nadie. En condiciones lo que se dice normales, ver a una mujer embarazada al frente de las Fuerzas Armadas Españolas tendría que parecer un hecho no menos ordinario que ver a un hombre a cargo de la cocina.
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No estoy seguro de que sea un privilegio para nadie desempeñar el cargo de Ministro de Defensa, ni imagino la cantidad de resistencias que una mujer encuentra para ejercer el mando en un ejército. Desde mi perspectiva de hombre de paz, me pongo en su lugar y elijo sabiamente la vida disipada, pero sé que hay personas que disfrutan de eso, y una de ellas debe de ser Carme Chacón. Quien, por cierto, se ha estrenado en el cargo restringiendo el acceso —frecuente, hasta hace poco— de las computadoras militares a los sitios web de noticias y transmisiones deportivas. Con alguna frecuencia, la llegada de un superior femenino no le deja al subordinado mejor opción que la de trabajar. Muy pocas tienen cara de querer corromperse, menos aún de aceptar que otros lo hagan bajo su férula. No sé si sea por algún resabio de machismo inconsciente, pero habemos algunos que encontramos indigno —amén de impredecible y nada caballeroso— tratar de sobornar a una mujer. Ya se sabe, además, cómo les dicen a las más sobornables.
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3 Jugando a los soldaditos
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Los autores de la matanza del 11-M no sabían lo que hacían. Sus valedores tenían a un Aznar resuelto a combatirlos con la habitual ineficacia de los antípodas, y a cambio ahora tienen a Zapatero, que es un infiel de vanguardia. Si los autocalificados izquierdistas de México y Cuba habilitan mujeres como carne de cañón para ejercer labores represivas a cambio de prebendas menores, el primer izquierdista de España pone a una pacifista al frente de las fuerzas armadas. Sin bombo ni platillo. Sin más ruido que aquella imagen de la ministra al frente del regimiento. Y eso, insisto, debe de enfurecer no únicamente a las huestes de la oposición, sino a esa parte de sus correligionarios oficiales que todavía cree en las bombas persuasivas y rinde culto a beatos matones.
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No vayamos más lejos. Aquí mismo la izquierda oficial cuenta con una Presidenta de la Cámara de Diputados, de la cual se avergüenza buena parte de sus integrantes, oficialistas de corazón y origen, naturalmente dados a identificar la falta de obediencia al gran cacique con la traición artera. Podrían valerse de ella para hacer su trabajo, pero como éste poco o nada tiene que ver con las cuestiones parlamentarias, prefieren bombardearla junto a todas las leyes que ayude a promulgar, excepto aquellas que les favorecen drásticamente. Puesto que están en guerra, según ellos. Usan simbologías revolucionarias y métodos mafiosos, con la coartada de una insurrección inminente. Se sienten un ejército, eso es lo que el cacique les recuerda, siempre sediento de unanimidad. Para ellos, lo que vale es ser la soldadera enamorada del sargento, aun y especialmente si ésta se halla en la presidencia de un poder tan sospechoso que sus miembros se eligen democráticamente. Algo me dice que si más de uno entre estos personajes se estrenara en el puesto de la ministra de Defensa española, ya habría hecho remozar el paredón.

viernes, abril 25, 2008

El Museo Bello y la Fundación Harp Helú



Diario Milenio-Puebla (24/04/08)
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La mentira es un riesgo humano permanente, dice Miguel Donoso Pareja en su novela Henry Black. Pero es un riesgo permanente –recalca— no para el que la dice, sino para quien la oye. En algunos estados de la República Mexicana, a partir de los años sesenta se comenzó plantear la necesidad de conservar los edificios y su historia.
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Según José Antonio Terán Bonilla, en una de sus investigaciones dice que Puebla comenzó a sufrir transformaciones en el Centro Histórico a partir de los treinta del siglo pasado y que nadie pudo pararlas. Y en algunos casos las sigue sufriendo. ¿Quién se encarga de regular este problema? No lo sé.
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Si Puebla es patrimonio de la humanidad, ¿por qué entonces no cuidar sus calles y sus edificios? Y más aún: ¿por qué no cuidar sus museos y sus bibliotecas, que no son exclusividad de nadie y sí de los poblanos?
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¿Se puede andar por la vida mintiendo a diestra y siniestra?
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Puebla tiene museos envidiables y bibliotecas únicas, como Lafragua y la Palafoxiana.
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Hace días algunos medios tocaron el tema del Museo Bello, que a partir del sismo de 1999 quedó severamente dañado. Y tal como lo hace en sus informes, quien se encarga del despacho de Casa Albisúa mintió otra vez diciendo que la fundación Harp Helú es un organismo que está apoyando la reconstrucción del museo con 10 millones de pesos. Mentira vil, según declaran las representantes de la fundación. Y quien hizo tal declaración no quiere dar explicaciones a nadie.
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¿Por qué el uso de la mentira ante algo tan delicado? ¿No se valora el patrimonio de la entidad? Ignorancia y mentira/ mentira e ignorancia.
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Dicen las representantes de la Fundación Harp Helú que se desconoce por qué se dio esa información.
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Muchas cosas, aparte del Bello, están en riesgo. El museo se debe defender porque es de los poblanos y de los mexicanos.
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Es muy probable que se haya solicitado el apoyo para su restauración, pero también es muy probable que tal solicitud nunca haya sido atendida. “Se apoyan otros proyectos –lo dice claramente para El Universal Gabriela Pascal–, pero no ese museo.”
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Es un asunto delicado. El museo debe recibir atención, cuidados y, acerca de su actual situación, no se deben permitir las mentiras. Ese museo puede desmoronarse como un polvorón de azúcar.
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Ojalá alguien pueda retomar seriamente el asunto y tratar de resolverlo lo antes posible. Pobre Museo Bello.
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Algo me pasa, a lo mejor todo es una terrible confusión mía debido al cambio de horario que me afecta tanto. Pero no, esta información sobre el Bello también se reprodujo en el recientemente creado El Columnista. No se trata de ninguna confusión entonces, es algo real: ese museo ya no es museo. Y la Fundación Harp Helú nada tiene que ver con su conservación. ¡Je!, así suelo despedirme a veces: ¡je!

miércoles, abril 23, 2008

Juan Gelman y la poesía

Bajo el sol- Diario E-consulta-Puebla (23/04/08)
Roberto Martínez Garcilazo
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Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte, dijo Gelman, en Alcalá de Henares frente al rey de España. Y también informó que en estos tiempos de mezquindad y penuria (Holderlin), muere cada tres segundos un niño menor de cinco años por enfermedades curables, por hambre o por pobreza.
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Habló de la vigencia de la poesía en estos días dramáticos en los que la muerte y la injusticia imperan, como leones rampantes, en el campo del escudo, desolado y oscuro por el sufrimiento, del siglo nuestro.
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Dones paradójicos y de prodigio tiene la poesía. Gelman recordó los versos de Cervantes: La Poesía puede pintar en la mitad del día la noche, y en la noche más escura el alba bella que las perlas cría.
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Y la esencia misma de Ella, también fue dicha por Juan Gelman, apoyado en el Viaje al Parnaso: Inescrutable, inscrutabilis, que no se puede saber, que no se puede averiguar; la poesía es inescrutable y vigente. Urgente en este mundo de niños muertos.
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La muerte, la penuria, la pobreza, pero también el analfabetismo conspiran contra la vida y la poesía. ¿Cómo leer poesía en un país donde el promedio de años escolares por habitante es de 7 años? ¿Cómo leer poesía en un país donde el número de pobres es superior a los 50 millones? ¿Cómo leer poesía en un país con los peores niveles de rendimiento escolar en lectura según los estudios de la OCDE? ¿Cómo, si la poesía está proscrita en las aulas de educación básica?
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Este país, es como dijo Sancho refiriéndose a su tiempo, valle de lagrimas, mal mundo donde apenas se halla cosa que este sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería. Aquí, según la OCDE y la Encuesta Nacional de Lectura 2006, se leen 3 libros al año por habitante y en Noruega 18. Y en Puebla 2. ¿Qué hacer? Es urgente darle rango de política social a promoción cultural. La solución no es un plan de etapas, sino otro de acciones simultáneas y permanentes. Finalmente, queda claro que este tiempo de maldad embuste y bellaquería es, en gran medida, fruto de la ausencia de una comprometida política educativa y cultural y, juntamente, de la omnipresencia de la televisión en los hogares mexicanos. La televisión, ese instrumento de degradación y esclavitud espiritual de las masas.
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¿Para qué poesía? Para recuperar la vida.

martes, abril 22, 2008

Gente que habla sola



Diario Milenio-México (22/04/08)
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Truman Capote decía sobre Nueva York algo que han dicho muchos sobre Nueva York pero que yo, ahora, extiendo a los Estados Unidos en general. Decía: Uno va a Nueva York para estar solo.
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Porque fui a Estados Unidos a estudiar un posgrado, sabía que el Estados Unidos al que me dirigía iba a estar demarcado por paredes blancas, estantes de libros, páginas. Sabía, y me seducía el prospecto, que pasaría muchas y más horas leyendo, otras tantas cavilando, otras más escuchando. Sabía, y le agradecía a los profesores que me aceptaron en el programa de historia de la Universidad de Houston, que tenía frente a mí mucho, mucho tiempo del silencio. Lo consideraba entonces, como todavía lo considero a veces, un verdadero privilegio. Esto: estar a solas, tener tiempo de callar, poder pensar. Tener, parafraseando a Virgina Woolf, una esquina propia. Vivir dentro.
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(Paréntesis de último minuto aunque verdaderamente necesario: Supongo que ahí, en ese silencio, se encuentran los tres o cinco años que siempre se me pierden cuando intento contar el número de años que pasé en Estados Unidos. Supongo que ahí están también, detenidos, todos esos años que mis amigos de México dicen que me faltan para que me vea como de la edad que en verdad tengo).
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Sabía, pues, lo que se podía saber desde lejos.
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Y, seguramente por eso, porque sabía-desde-lejos, es que los rostros de la gente que hablaba sola, ya frente a la ventanilla del autobús con aire acondicionado, ya frente a los productos del supermercado, ya junto a los perros o los gatos o los árboles de los parques más diversos, me sorprendieron. Al inicio llegué a pensar que se trataba de eventos esporádicos, actividades con las que me topaba debido a mi distracción o a mi entrometimiento. Luego, a medida que me convertí en un testigo regular de los hechos, tuve que aceptarlo: se trataba de una epidemia o de una forma de vida. En todo caso, lo que percibía no era extraordinario sino más bien cotidiano y regular.
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Yo, por supuesto, tenía la costumbre de hablar sola, algunas veces incluso por teléfono. Pero me había imaginado que esa conducta, de suyo sospechosa, le pertenecía por derecho propio a lectoras obsesivas, personas con imaginaciones desatadas y escritoras en ciernes. Hasta llegar a mi Estados Unidos privado, quiero decir, yo había considerado al hecho de hablar en voz alta con uno mismo como una excentricidad y no como un síntoma.
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Al inicio pensé que los hablantes-del-vacío se comunicaban con los fantasmas que les devolvía el reflejo de las ventanillas. Luego pensé que trababan conversación con el alma incandescente, y evidentemente real, de las latas o los envoltorios. También llegué a considerar que, habiendo trascendido el prejuicio humano-centrista, los hablantes-solitarios hacían algo de verdad radical cuando dialogaban con sus mascotas. Poco a poco, sin embargo, tuve que aceptarlo. Era la soledad. Un tipo de soledad que yo no conocía. Una manera de estar solo tan singular, tan sin salida, que convertía al silencio no en un privilegio sino en un castigo, una especie de amputación.
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—Estoy hablando contigo ¿me entiendes?—decían a veces, dirigiéndose a Nadie.
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Yo los escuchaba, no tenía alternativa alguna en la mayoría de los casos, pero evitaba verlos. Una especie de pudor también inédito me obligaba a volver el rostro hacia otro lado o a bajar los párpados rápidamente, actuando como si nada estuviera pasando. Fingiendo. Me daba vergüenza. Me daba lo que los mexicanos denominamos pena-ajena, que no es sino otra forma de decir pena-propia en el reflejo del de enfrente. Los hablantes solitarios me rompían en dos.
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Si es cierto que, como argumenta Judith Butler, al hablar hacemos una petición, la de ser reconocidos como enunciantes de esa habla, la de ser lo que seremos con la respuesta del otro, las peticiones de los hablantes para los que sólo hay respuesta en el espectro de las ventanillas o el maullido del gato se convierten en naufragios del yo, identificaciones a medias, soledades absolutas. Maneras de no ser. Y, sin embargo, al hacer audible la petición, al darle la sonoridad de la voz en el espacio público, el espacio así llamado exterior, los hablantes imposibles, ante los cuales bajaba la vista porque me partían en dos, insistían en su reclamo, en su solicitud. Insistían en su humanidad.
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—Estoy hablando contigo ¿me entiendes? —gritaban a veces, dirigiéndose a ti o a mí.
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Yo los escuchaba, es cierto, pero la mayoría del tiempo les daba la espalda y salía huyendo para internarme en la biblioteca o aquel cuarto blanquísimo donde abría libros y subrayaba oraciones.
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–Estoy hablando contigo, ¿me entiendes? –insistían, fuera de mí, y dentro. Dentro de mí.
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Las voces.
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Hablar a solas se parece mucho, después y antes de todo, a escribir.
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Escribir es sólo otra manera de hablar en voz alta con Todo lo Que No Existe.
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Esto descubrí: la soledad extraña que ataca a los hablantes imposibles de ese otro país, de esas otras ciudades, se parece mucho a la soledad que se requiere para escribir ciertos libros.
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Supongo que Truman Capote tuvo, una vez más, razón. Uno va a _______ para estar solo.

jueves, abril 17, 2008

Del triunfo a la humillación (cuarenta años después)

Diario Milenio-Puebla (17/04/08)
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Las coincidencias existen como la suerte o como los demonios interiores. Cuando me refiero a los demonios interiores, lo hago pensando en las imágenes que nos llegan desde allá, desde el tiempo que fuimos muy jóvenes, niños, adolescentes quizá. Son sentimientos dolorosos pero no ingratos. Yo, en lo personal, guardé muchos, tantos que a veces sólo cierro los ojos y vuelvo con facilidad a ellos.
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La semana pasada apenas revisé una edición que dedica sus páginas a la historia de las olimpiadas. Es un compendio, no es precisamente la historia completa porque se necesitaría una edición para cada una de las olimpiadas. Revisé muy rápidamente esa publicación ya que traía yo acá, muy cerca, rondándome como esos abejorros que se meten por las ventanas, la fotografía de los atletas estadounidenses que levantaron el puño con el símbolo del black power en el lejano México de 1968 cuando recibieron la medalla de oro y bronce. Esa imagen recorrió el mundo completo y los atletas fueron expulsados de la Villa Olímpica y les fueron retiradas las medallas. Y no sólo eso: al protestar contra la segregación racial del gobierno de los Estados Unidos, su vida se convirtió en una pesadilla. Desde hace exactamente cuarenta años, su vida es una gran pesadilla.
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Apenas había revisado el libro sobre la historia de las justas olímpicas cuando un diario nacional publicó la foto de Tommie Smith y John Carlos trepados en el podio luego de haber obtenido las respectivas medallas en la competencia de los 200 metros planos.
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El símbolo del black power ha dado otra vez la vuelta al mundo tras las declaraciones que los atletas hicieron para el Times, donde aconsejan a los atletas que competirán en Bejing que sigan su corazón. Y hablan del precio de la protesta.
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Ellos no olvidan, no pueden olvidarlo, que el símbolo de black power les trajo todos los problemas a sus vidas. Cuenta Tommie Smith que él no encontró trabajo a su regreso y John Carlos cuenta que su esposa se suicidó víctima del rechazo social.
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Pero no son los únicos casos de vidas que cambian de un momento a otro por una protesta como la de Smith y John Carlos. Dice también Smith que su madre murió de un infarto, al recibir en un sobre estiércol y ratas muertas.
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El libro que publica Muy Interesante no contiene estas páginas de la vida de Tommie Smith y John Carlos. Estas declaraciones las reproduce del Times La Jornada el domingo pasado y yo las traigo hasta ustedes porque –lo repito— es un hecho que tengo muy presente en la pantalla de una vieja televisión.
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Hace cuarenta años nunca me imaginé, por supuesto, que el levantar un puño con el guante negro tendría tantas repercusiones para esos atletas y sus familias. “Hagan lo que escuchen de su corazón,” han aconsejado a los competidores de Beijing. Pero el costo es muy caro, dijeron.
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“Hagamos lo que escuchemos del corazón,” parece una frase extraída de la filosofía Zen.

martes, abril 15, 2008

La semana de las mujeres



Diario Milenio-México (15/04/08)
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La inquietante (e internacional) semana de las mujeres desnudas está animada por un espíritu de diálogo que está muy cercano al espíritu irreverente del juego.
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Pensaba dejarlo todo por la paz aduciendo compromisos de trabajo, deberes familiares, errancias sin destino fijo, distracciones seriales. Pero bastó con que la pregunta se planteara en más de dos ocasiones en tres distintos rumbos del planeta para que todo volviera a empezar: ¿De qué va la Inquietante (e Internacional) Semana este año?
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Pequeños núcleos dispersos de hombres y mujeres esgrimieron sugerencias por aquí, allá y acullá, riéndose con su debida frecuencia y más que debido volumen ante ocurrencia varias. Al final, que suele ser el principio de todas las cosas, optamos por la desnudez. Es sólo una forma de decirlo, claro está. ¿Es desnudar, como decía la poeta argentina Alejandra Pizarnik, lo propio de la muerte? ¿Seguirá siendo cierto, como esgrimieron hace no mucho las integrantes del colectivo The Guerilla Girls, que sólo desnudas pueden entrar las mujeres en el MET? ¿Qué hace en realidad una mujer cuando, seductora, desliza el último tirante del fondo por sobre el hombro izquierdo mientras le manda un guiño recubierto de grueso rimel a la cámara? ¿Es lo mismo, ontológicamente hablando, por supuesto, desnudar que desnudarse? ¿Qué hace verdaderamente un hombre cuando se deshace de sus pantalones? ¿Me vuelvo tan invulnerable como una mercancía si me desnudo frente a ti? ¿Me vuelvo, de verdad, vulnerable? ¿No es desnudarse sólo otra manera de vestirse?
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Tan básico para los rituales del porno como para los propios de la intimidad, el desnudo es todo menos unívoco. Ya en duro mármol o fino celuloide o en trémula realidad frente a las manos, el cuerpo desnudo invita tanto al placer (una palabra a la que el plural siempre le viene bien) como a la comercialización. La Inquietante (e Internacional) Semana del 2008, pues, empieza a cobrar vida ya alrededor de estos ejes que son, en realidad, preguntas. ¿Y qué pregunta que se digne de serlo no es, en realidad, el inicio de una conversación?
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Habrá que empezar por recordar que cuando decimos mujeres (justo como pasaba antes cuando se utilizaba el vocablo “hombres”), queremos decir todas y todos. Así que no hay coartada ni justificación: aquí se desnuda todo mundo. ¡Nadie está desnudo hasta que todos estemos desnudos!
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Habrá que continuar por anunciar que ya la poeta tijuanoguanajuatense Amaranta Caballero Prado ha abierto el sitio de internet a donde irán a parar las colaboraciones que esperamos recibir a partir del mismísimo día de hoy: www.semanainternacionalmd.blogspot.com.
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Habrá que describir la naturaleza de las esas ya ansiosamente esperadas colaboraciones: manda a semanainternacionalMD@gmail.com un archivo que contenga una imagen y un texto que representen tu punto de vista respecto a los dones, los límites, los subterfugios y las pluralidades del acto de desnudarse. Justo como ha sucedido en las anteriores Inquietantes (e Internacionales) Semanas, tanto el texto como la imagen pueden ser de tu autoría o pueden ser citas textuales o artefactos intervenidos.
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Habrá que señalar que, este año, la Inquietante (e Internacional) se divide en cuatro zonas: la Zona Norte, animada por un entusiasta contingente de hombres y mujeres deseosos de analizar sesudamente (así se dice ahora) las políticas del desnudo contemporáneo desde el Wind Chill Factor de Madison, Wisconsin, queda a su comunicativa disposición a través del correo electrónico de Giannina Reyes Giardiello. La Zona Border, que siempre está a punto de ser otra cosa, recibe colaboraciones y/o sugerencias en la dirección electrónica de Amaranta Caballero. La Zona Ciudad Más Grande del Mundo (¿y puede ser eso otra cosa que no sea la Ciudad de México?) se conectará con todos nosotros a través de las actividades y comunicados de Susana Bautista. Por falta de mejor nombre, queda la Zona Partícula Errante, esa entidad siempre a punto de definirse y siempre, sin embargo, difuminada, que sí cuenta, sin embargo, con el correo electrónico a donde pueden llegar colaboraciones y/o comentarios. Ver todas las mencionadas direcciones electrónicas en el blog de las Mujeres Desnudas, por favor.
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Habrá que recordar que a ésta, como a todas las anteriores Inquietantes (e Internacionales) Semanas, la ánima un espíritu de diálogo que está muy cercano al espíritu irreverente del juego. Queremos dialogar y compartir y colaborar en procesos colectivos de pensamiento contemporáneo, eso es cierto, pero sobre todo y al mismo tiempo, queremos divertirnos. A menudo la pregunta más obvia es la que se vuelve transparente y la que, por lo tanto, se queda muda, ¿qué no?
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Habrá que concluir diciendo que, hacia finales del año, los distintos comités de las mencionadas zonas se harán cargo de elegir las mejores colaboraciones para organizar exposiciones en los distintos rumbos del planeta que habitamos. Es posible, pero esto todavía no lo podemos jurar con sangre, que haya por ahí un premio, pero eso, como las y los desnudos, está por verse.

lunes, abril 14, 2008

El español pestilente


Diario Milenio-México (14/04/08)
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Es tan limpio que apesta y tan hueco que asusta.
Es el lenguaje acartonado del robot.
Es español sin alma ni raíz.
Es desechable desde que viene al mundo.
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1 Frijolitos reciclados
Siempre sentí, en años escolares, que había alguna humillación implícita en el mero acto de copiar los apuntes de un compañero. O sería quizá la pura pereza, toda vez que robárselos parecía una opción menos incómoda. El hecho es que una vez, durante cierta clase, la maestra atrapó a uno de nosotros copiando los apuntes impecables de una chica aplicada. ¿Qué tenía de malo, se sorprendió el copista al mirarse acusado de copìón, que quisiera ponerse al corriente con el curso? “¿No te parece malo ser un comecaca?”, disparó la maestra, para la estupefacta hilaridad reinante. Luego dio un argumento que dejó al auditorio boquiabierto: el copión se aprestaba a digerir información previamente digerida. Es decir, alimento de segunda mano. ¿Cómo atreverse ya a pedir unos apuntes en préstamo? Lo dicho, era más digno robárselos. Ladrón tal vez, comecaca nunca.
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En rigor, el ejemplo imborrable de mi maestra era una flagrante inexactitud biológica. Sabido es que el desecho digestivo no incluye los nutrientes elementales, que a su vez ya retuvo el organismo, pero la sola idea de alimentarse de otro bolo alimenticio me parecía ya bastante deshonrosa, y sin duda explicaba el sentimiento humillatorio de marras. Si aquello no era exactamente embuchacarse los desechos de la comida de ayer, equivalía al menos a zampársela luego de que una boca menos perezosa le hizo a uno el favor de masticarla. He olvidado de qué trataba la clase, y ni siquiera estoy seguro de qué materia nos impartía la maestra, pero recuerdo nítidamente la lección. Había asistido al pedagógico espectáculo de la estigmatización del conformismo. De entonces hasta hoy, cada vez que al leer intuyo la presencia del español de segunda mano, veo saltar ocho letras al centro de una marquesina cintilante: c-o-m-e-c-a-c-a.
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2 El cadáver del manjar
Conocemos de sobra ese español. Está en los instructivos traducidos por analfabetos inescrupulosos, sin que por ahí pase un solo inspector de control de calidad. O en el doblaje neutro y mojigato del inglés de los dealers callejeros en un programa de televisión. O en el lenguaje acartonado y torpe de los personajes de la telenovela. Palabras despojadas de sus ingredientes básicos, capaces de llenar pero no de nutrir. Técnicamente, lo que el poema llama ‘mierda abstracta’. ¿Qué otra cosa podría ser ese instructivo cuya lectura —accidentada, resbaladiza, heroica— genera más dudas y confusiones de las que resuelve, si es que efectivamente resolvió alguna? El problema de origen del español de segunda mano es que quien lo pergeña cree estar llevando a cabo una labor aséptica, cuando hace exactamente lo contrario. Propagar un lenguaje vacío de carácter —si no de inteligencia, que se dan casos— equivale a distribuir desechos alimenticios y anunciar “carnes frías” en la etiqueta. ¿Cómo voy a creer que cierta telenovela no es una mierda, cuando tras un minuto de escuchar el idioma castrado y hueco de sus personajes ya sé que hablan un español de mierda, es decir, una mierda de español?
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Abundan quienes aúllan por los errores, y es seguro que tienen razón. Mas la ausencia de errores no resuelve gran cosa. Incluso un instructivo —y habrá hasta quien lo piense en primer lugar— se beneficia de un lenguaje por igual amigable con la inteligencia y la estupidez. Un español no menos ávido de empatía que el inglés de la versión original. De cuando en cuando brotan, como pústulas, iniciativas destinadas al fracaso anunciable de pretender reglamentar el uso del lenguaje, mas no hay quien se interese en elevar a un mínimo decoroso el estándar de calidad de las traducciones, de modo que quien compra tecnología de punta no deba resignarse a manejarla como un idólatra, sólo porque no entiende la versión en inglés de ese instructivo que por lo visto un chino tradujo al español. Pocas labores hay tan fatigosas como extraer sentido de un párrafo que nunca lo tuvo, igual que un muerto de hambre hurga en el basurero. ¿A quién puede extrañarle que un cuerpo permanezca infradesarrollado cuando se le alimenta de desechos orgánicos? Lo raro, para el caso, es que siga vivo.
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3 Eso sí, con cebolla
“A la gente le gusta así”, aseguran los cínicos, sin ocultar del todo cierta urgencia despectiva por ubicarse encima del rebaño. La gente siempre queda por debajo de quien habla en su nombre. Sólo que no a toda la gente, y ni siquiera a la mayor parte de ella, le apetecen los bocadillos masticados. Javier Marías, traductor acucioso y apasionado, observa que los clásicos ganan vitalidad con cada sucesiva traducción, y al propio tiempo van perdiéndola en el original, que permanecerá engarrotado por los siglos de los siglos. Hasta que el clásico cae en manos de un barbaján que lo traduce en dos semanas al español más hueco que se encuentra. “¿Y eso qué?”, se defenderá nuestro enemigo, alegando que “de todas maneras la historia se entiende”. No hay, para un autor escrupuloso, pesadilla más negra que discutir con un editor para el cual una palabra es igual a otra. “Mientras sean sinónimos”, explican.
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Cierta vez, la editora de una revista tuvo a bien efectuar cirugía mayor en el primer y último texto que le entregué, de forma que hizo a la historia saltar de la primera persona del singular a la primera del plural, asumiendo que donde cabe un yo sobra espacio para un nosotros. Todavía conteniendo el impulso homicida que con enorme esfuerzo conseguí transformar en amable pregunta, no pude ya por menos de pasmarme cuando la oí decir que era lo mismo. “Respeté tus ideas, si te fijas.” Y si para un supuesto editor cultural la expresión de una idea vale poco o nada por sí misma, y por tanto no existe ya el estilo, no digamos el ritmo o el color en un texto —horror de los horrores: poema y memorandum son la misma cosa—, puede uno imaginar la talla del desastre nacional. No es que seamos subdesarrollados, es que estamos mamando subdesarrollo. Por no decir comiendo lo incomible.

sábado, abril 12, 2008

Al volante y en serie


Diario Milenio-Puebla (10/04/08)
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He buscado en el anaquel de mi muy humilde biblioteca, donde resguardo los títulos cuyo tema se centra en las más grandes transgresiones que registra la historia, algo que me ayude a identificar algún otro caso como el que se ha dado a conocer estos últimos días, me refiero al caso del “Violador en Serie”.
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Creo que aquí mismo he mencionado que el término “asesino serial” lo acuñó el investigador Robert K. Ressler, agente del FBI, quien además desarrolló algunas técnicas del perfil criminológico.
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El asesino serial repite un modelo. Elige a su víctima, su radio de acción y la manera de ejecutar el acto. Son terriblemente escurridizos e inteligentes y la mayoría de las veces dejan rastros enigmáticos y muy a propósito para despistar a la policía. Pueden ser personas que, aparentemente, no arrojan ninguna patología. En México habrá que recordar los casos de Goyo Cárdenas, de el “Pelón” Sobera de la Flor, el Poeta Caníbal y el de Juana Barraza Samperio, la "Mataviejitas".
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La prensa local ha dado cuenta de un taxista que violó a ocho mujeres en un radio de acción que abarca Angelópolis, Las Palmas y San Manuel.
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Los compañeros reporteros lo reconocen ya como el “Violador en Serie”.
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Particularmente no me había topado con un caso semejante, reconozco en todo caso mi ignorancia y le doy el crédito que se merece al compañero Alfonso Ponce de León, quien ha dado cuenta detallada del “Violador en Serie”.
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Prometo enviarle esta nota a mi amigo José Luis Durán King, periodista de Milenio a quien le debemos puntualmente, los sábados, su columna “Vidas Ejemplares” –dedicada a los asesinos en serie– esta nota para que él me diga si conoce, dentro de los casos que trata, el de algún otro “Violador Serial”.
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Hace años, lo recuerdo bien, asoló a la zona de El Carmen un hombre que, protegido atrás de una máscara de luchador que seguramente adquirió afuera de la Arena Puebla, se dedicó a violar a muchas indefensas mujeres. No se le llamó un “Violador en Serie” pero sí fue conocido como “El Violador del Centro”, lo que me produjo un enigma mientras trajo en jaque a la policía.
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Con todo, hay algo de este “Violador en Serie” que linda con la más mala de las ficciones.
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En su declaración dijo que las mujeres lo provocaban y que él sólo obedecía a sus instintos. Y más: pregunta el reportero: “¿De qué manera te provocaban?” Respuesta: “Me hablaban coquetamente, me seducían”. Nueva pregunta del reportero: “¿Para que guardabas la ropa interior de tus víctimas?”. Respuesta: “Sólo las guardaba”. Pregunta: “¿Por qué las llevabas a parajes solitarios?” Respuesta: “Porque en otros lados hay muchas casas y carros y no era posible”.
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Al final reconoció el hombre su participación en los hechos, como escriben los cronistas de nota roja, y dijo que lo venía practicando desde enero. A la lista de la “Mataviejitas” y el “Poeta Caníbal” se agrega ahora el del “Violador Serial”. Según el testimonio de las víctimas, el “Violador Serial” citaba fragmentos de canciones de rencor contra el género femenino.
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Venganza contra Paquita la del Barrio, quizá.

martes, abril 08, 2008

Primera persona del singular



Diario Milenio-México (08/04/08)
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La escritura no es un medio de expresión (de algo sabido o investigado o resuelto), sino una práctica de producción, preferiblemente de un universo profundamente personal.
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Dar cuenta de uno mismo es cosa complicada, especialmente si ese Uno Mismo empieza por preguntarse ¿para qué? En una época en que la exhibición irrestricta del yo produce escandalosos programas de televisión, autobiografías light, confesiones a granel y convencionales novelas llamadas históricas, es decir, basadas en hechos denominados como reales, es casi superfluo, si no es que desvergonzado o, peor aun, ingenuo, abogar por una escritura que explore la materia y las limítrofes de la primera persona del singular. El yo lírico ha sido, se sabe, rebasado. El Autor, esto también se sabe, murió por ahí de finales del sigo XX y fue sustituido por efectos de autoría con los que poco tiene que ver el lavado emocional de esa ropa sucia que, según reza el dicho, debe llevarse a cabo en la mesurada privacidad del hogar. Así las cosas, no es del todo extraño que en los más diversos cursos de escritura “profesional” se abogue por establecer una distancia, descrita invariablemente como elegante, entre la experiencia personal y la experiencia propia de la escritura. Lo he dicho yo misma en varias ocasiones, a menudo a la menor provocación: la escritura no es un medio de expresión (de algo sabido o investigado o resuelto), sino una práctica de producción, preferiblemente de un universo, y preferiblemente de un universo profundamente personal. Y en la incorporación de esa última palabra, del adjetivo personal, se deduce luego entonces que el asunto, este asunto de una escritura que dé cuenta de uno mismo, es de suyo paradójico.
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Peter Sloterdijk, por ejemplo, recurre al concepto de la escritura nerviosa (una escritura marcada por tatuajes emocionales, también conocidos como engramas, que “ninguna educación es capaz de cubrir del todo y ninguna conversación logra esconder del todo”) para argumentar, apoyándose en la célebre cita de Paul Celan, que “la poesía no se impone, se expone”. Y el exponerse, al menos en el caso del Sloterdijk que escribió esa lección de Frankfurt que responde al título de La vida tatuada, ciertamente involucra el gesto de autodesnudamiento que pone en juego el tatuaje original y que es, desde un inicio, “un gesto de apertura, una victoria sobre la asfixia, un paso hacia delante, un exhibirse, un manifestarse y darse a oír, un sacrificio de la intimidad en aras de la publicidad, una renuncia a la noche y niebla de la privacidad en beneficio de una ilustración bajo un cielo común”. En el arte, continúa Sloterdijk, primero es el testimonio (la expresión) y luego la creación (la producción) puesto que, de otra manera, es decir, sin ese tatuaje primigenio que pone en movimiento al lenguaje, que con-mociona al lenguaje, el arte sólo “será ejemplo de transmisión de una miseria brillante”, es decir, una impostura. Después de todo, la poesía se expone, y en esto no podría estar más de acuerdo con Sloterdijk, para renovar un compromiso contra “la falsa sublimidad”, y se expone “contra los enteradillos de arriba, contra la autocomplacencia, contra el esteticismo, contra las señoras y señores de la cultura y contra esa cultura periodística, con todas sus posesiones y reglas de medir”.
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Un filósofo de ascendencia tan distinta como Michael Onfray parece estar abogando por algo parecido cuando decidió concluir su Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar, con una coda de título “Por una novela autobiográfica”. Sirviéndose de la obra de Luciano de Samóstata, el filósofo que guerrea contra los dogmáticos a fuerza de sarcasmo, Onfray trae a colación dos lecciones, a saber, que “los filósofos manifiestan un talento verdadero para construir mundos extraordinarios, pero inhabitables” y que “los filósofos enseñan unas virtudes que se cuidan mucho de practicar. Venden morales que se reconocen incapaces de activar”. De ahí que el pensador francés declare sin ambages que “una existencia debe producir una obra exactamente igual como, a su vez, una obra debe generar una existencia”. Dar cuenta de uno mismo en este caso no constituye un acto superfluo de exhibición personal, sino una estrategia retórica y moral que liga, diríase que de manera indisoluble, la idea profesada y la vida vivida. “La lección que podemos retener de los doxógrafos antiguos sigue siendo importante”, argumenta Onfray, “cuando la vida y la obra funcionan como el anverso y el reverso de la misma medalla, cuando, de manera fractal, cada detalle informa sobre la naturaleza del todo, cuando una anécdota recapitula toda una trayectoria, cuando la vida filosófica necesita, y hasta exige, la novela autobiográfica, cuando una obra presenta interés solamente si produce efectos en lo real inmediato, visible y reparable”.
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Porque, ¿quién, de verdad, puede conmoverse, es decir, conmocionarse, por la lectura de un libro elaborado dentro de la esfera de la así llamada Distancia Elegante? Y si no es para conmocionarme, es decir, para conminarme al movimiento, esto es, para afectar mi vida en lo inmediato y en lo visible, entonces ¿para qué leer?

lunes, abril 07, 2008

Al fin, todos millonarios



Diario Milenio-México (07/04/08)
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Por más que la ficción otorgue auspiciosas licencias al embustero, nadie creería una historia que comenzara así: “Había una vez un país donde los precios subían el 700 % diario…”
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1 Entre el papel moneda y el papelón
Cuando la gente apela al sentido común, suele olvidar que es un órgano elástico. Cada vez que la realidad extiende sus fronteras y posibilidades con la arbitrariedad que le caracteriza, el sentido común hace milagros para seguir creyendo que la engloba. Vayamos a los hechos: hace unos días que circula por el mundo la imagen de un billete de cincuenta millones de dólares, expedido por el Reserve Bank Of Zimbabwe. Lo más interesante del documento no es lo mucho, sino lo poco o nada que se puede comprar con él, pues su valor con trabajos rebasa el de un dólar americano. Ante esta situación, el gobierno de Robert Mugabe reconoce niveles de inflación lindantes con el cien mil por ciento, si bien se sabe que rebasa el doscientos cincuenta mil. Es decir que lo que hace un año costaba un ya de por sí pobre dólar de Zimbabwe, se vende ahora por dos mil quinientos —de cualquier forma escasos, frente a un desempleo del 80 %— y esto Mugabe lo ha venido resolviendo con la desaforada impresión de más y más dinero.
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Habemos quienes todavía creemos que la realidad puede modificarse desde una humilde imprenta, si bien no necesariamente para mejorarla. Imprimir todos esos millones de billetes que seis meses después valdrán menos de una milésima parte significa extender brutalmente las dimensiones del sentido común, en particular para quienes deben salir a la calle con costales de billetes para ir comprar frutas al mercado, y luego hacer los cálculos astronómicos indispensables para establecer cada equivalencia, con el riesgo de que en esos minutos el precio del producto suba al doble o el triple. Negocio incalculable para quienes controlan a capricho la cotización oficial del dólar de Zimbabwe, allí donde hasta el más barato de los automóviles se cotiza en millones de millones de dólares locales. Para quien vive en esas circunstancias, el sentido común se va transfigurando hasta tomar la forma de un adefesio, pues nadie en sus cabales conseguiría creer, desde otra latitud, lo que para uno es moneda corriente. Valga la metáfora.
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2 Los llamaban panchólares
Tal vez lo más extraño del sentido común sometido a las vejaciones de la realidad sea su insólita capacidad de recuperación. Al cabo de diez años, campea ya un amnesia colectiva en torno a aquellos tiempos en los que casi todo pasó a no valer nada. A la moneda se le restan ceros, la otrora clase media acomodada se acomoda en la clase media baja, mientras otros se van directo al sótano. No es raro entonces dar con profesionistas metidos a marchantes callejeros, así como ladrones de gallinas transformados en líderes de masas. Todo lo cual es muy estimulante para quien se dedica a hacer ficción, pues por lo visto sólo desde allí se vuelve indispensable la precisión de ciertos recuerdos, pero el esfuerzo nos presenta toda suerte de retos aritméticos. No quiero imaginar la cantidad de líneas que un narrador de Zimbabwe deberá emplear, de aquí a unos pocos años, para explicar el sueldo de sus personajes en diversos momentos de un año con inflación de un cuarto de millón porcentual.
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Quisiera uno que las historias se explicaran solas. La sola idea de recurrir constantemente al pie de página para que acaben de cuadrar las cuentas parece abominable. Sería preferible, para el caso, narrar de un modo lo bastante hiperbólico para que nada cuadrara con nada, que es lo que le sucede a la realidad en ciertas épocas, pero no puede uno darse ese lujo. Así como los gobernantes realizan malabares inenarrables para dar apariencia de orden al caos, quien pretende contar la historia de una cierta realidad caótica tiene que hallarle, o en su caso imponerle, un orden y un sentido. Si, por ejemplo, la acción transcurre en México hace quince años, tarde o temprano narrador y lector deberán hacer suyo el sentido común del lugar y la época, según el cual medio millón de pesos no alcanzaba para maldita la cosa.
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¿Qué significa “maldita la cosa”? He ahí los estragos de la realidad en la piel del sentido común. Cada vez que la realidad se torna inexplicable, los expertos se aferran a las cifras para ponerla en claro. Pero esas cifras son como tarjetas telefónicas, que se acumulan una encima de otra sin que, tiempo después, sepamos cuáles son las que aún sirven, aunque al fin todas vayan a caducar. Escribe uno “maldita la cosa” para suplir con una interjección el recuerdo impreciso de los años caóticos. De ahí a dejar atrás el papel moneda y volver a las épocas del trueque ya no hay mucha distancia. Si la historia que cuento pertenece a esas épocas, vale más convertir los precios a hamburguesas, litros de gasolina, boletos para el cine, lo que más dé confianza, una vez que los pesos se han devaluado hasta donde podían. Que en ficción equivale a cero punto cero.
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3 Millones son razones
“Nos resignamos al mal tiempo, que es periódico, mas no nos habituamos a los malos gobiernos, que también lo son”, escribió Carlos Drummond de Andrade. Tampoco se acostumbra la gente a no saber lo que vale el dinero, así que una vez idos los tiempos difíciles lo más cómodo es, si se mira hacia allá, recordarlos como los cuentos de hadas de la infancia. Cosas que en una de éstas jamás pasaron (contribuirán así, al relatarse, a hacer que el tiempo viejo parezca aún más viejo y su recuento menos acreditable). ¿A quién va a acomodarle no saber cuánto valen los papeles que trae en la cartera, ya sean éstos escasos o abundantes? Tal vez el peor error de Robert Mugabe no fuera regatearle el respeto a sus expertos, y de paso al total de sus ciudadanos, sino perdérselo de plano al dinero. Vanidoso como es, el sentido común no perdona tamaña felonía. Cuando esa realidad pierda vigencia, procederá a enterrarla bajo un práctico monte de olvido. A ver, al fin, quién era más elástico.