viernes, mayo 02, 2008

Fragmento doloroso, narciso y conciso

Tengo que confesarlo, Jenny la invisible y eterna Jenny, y por supuesto Pedro Ángel, tenían razón, tenía que leer La Región más transparente de Carlos Fuentes, llevo casi 200 páginas y no puedo ocultar la maravilla de texto que es.
-
A continuación transcribo uno de los fragmentos que más me ha enamorado de la novela, ubicado en las páginas de 158-159 del capítulo dedicado a Rodrigo Pola (y perdonen la afectividad por el narcisismo y al mismo tiempo la impotencia de la soledad, así soy, y qué):
-
Escribía afiebrado, tenso, sin saber muy bien qué las palabras caían sobre el papel, seguro de que, saliera lo que saliera, era importante. Importante porque el papel no era papel, ni las palabras palabras, ni escribir escribir: importante porque todo era la única manera de decir Aquí estoy. Yo. Yo que no soy todos, ni uno más. Yo que soy yo. Único. Ni Dios mismo me puede cambiar por otro. Si yo fuera otro, el mundo se vendría abajo. La luna sería sol, el día parte de otro astro. No me pueden cambiar por otro, ni a otro por mí. Leía a Garcilaso, y sentía que entraba en el mundo perfecto, en la armonía en que todos podrían amar, vivir, ver y ser vistos sin verngüenza y sobre todo sin excusas. Y cuando cayó en mis manos el tomo de Rimbaud, creí encontrar a mi verdadero hermano y amigo, al que sabría comprender, y compartir conmigo, el gan descubrimiento, la gran desdicha. Apretaba los dientes mientras escribía; le daba un manotazo a la luz eléctrica que colgaba del techo para sentir que mi cerebro bailaba con las sombras y que el cuarto no era ya un espacio ajeno a mi cuerpo, sino mi mismo cerebro, grande e ínfimo a la vez, ilumninado y oscuro, bailando con un rimto fatal y desordenado. Después caía rendido sobre la cama.

De mierda y ceniza

Volver al fondo y engullirse.
Abrir los ojos ante la mierda que me rodea,
protegerme,_______________________patalear de impotencia,
a-g-u-a-n-t-a-r la respiración.
¡Voy a reventar!
Buscar una salida, una maldita salida a todo, pero mi mundo es un pantano o es cómo la droga, mientras más intento por salir, más me hundo, más valgo madre.
Aún no me acostumbro a la oscuridad histórica que otorga el privilegio del secreto.
-
Ayer nadaba en una burbuja de densa calma, mi vida quería ser anónima u olvidada por un rato, la foto que me tomé meses atrás estaba arrumbada en el bajo-fondo de mi cama, oculta. Necesitaba desprenderme de ella, para hacerlo de mí. El valor de la cobardía. Pero estamos hechos de instintos, al fin y al cabo animales, sin derecho a paraíso. Y un día, cuando menos yo me sentía y más parte de los otros presentía ser, un grito desesperado, incomodo, vino a retar a ese yo colgado en el closet del por lo mientras. Entonces los demonios salieron a darse su festín, tantas ganas tenían de probar humano a las brazas, y mi yo tantos deseos de complacer a esos pequeños demonios patéticos e inmunes a toda catástrofe por muy demoníaca y diocesana que sea. No hubo opción, elegir no era salida, muchos menos esperanza. Aceptar era condición de vida. Tome la pluma y escribí misivas con la misma facilidad con que Dios le dijo a Adán y Eva: fuera del paraíso, ahora perecerán y se ganarán el pan con el sudor de su frente.
-
Un poeta dijo que era adicto al Imperio, yo también padezco la misma enfermedad. Un Imperio que debe ser particular, exquisito y conciso. Un Imperio lejano de toda izquierda contestaria. Un Imperio donde los andrajosos no tengan lugar, sí, peco de clasismo. No me simpatizan esos románticos que siguen creyendo que los escritores no pueden ni deben ejercer en la política, me purgan esos indios de mierda que critican al escritor que se vuelve burócrata, pero aman desenfrenadamente a Paz o a Fuentes y maman de la teta de esos escritores lejanos a todo grupo literario elitista y que no tienen postura ante nada y si la tienen, la ofrecen tardíamente, me cagan los pendejitos que escriben en la oscuridad de sus chozas y se dicen poetas o cuentistas natos, y no publican y no buscan becas, porque eso es de vendidos, dicen; pero eso sí, crean su esferita de mierda, su burbujita de ignorancia para mamarse los unos a los otros de forma inconmensurable por los siglos de los siglos, y no cabe el amén, porque ya es verdad absoluta. Me emputan mi miserable vida esos pascuatos que se dan sus baños de pureza y se cuelgan la medalla de la objetividad y la sinceridad plena y franca, que avientan la piedra y dicen: ese de ahí, es un vendido, un pinche ardido un rencorista, una escoria, y sin embargo, responden con cartas sin nombre y recados sin dueño a toda la mierda que dicen escupo sin misericordia. ¿Quién es más mierda entonces?
-
Volver al fondo y engullirse.
Abrir los ojos ante la mierda que me rodea,
escupirla,_______________________erradicarla,
r-e-s-p-i-r-a-r.
Porque escribir requiere tener la capacidad enfrentar la mierda, tocarla, saborearla y cuando no sirva,
desecharla.
-
Luego caminar por la ciudad, contemplarse pequeño ante la inmensa catedral, gritar hasta quedar afónico, pero al ir avanzando ésta me va callando, su grandeza me impone. ¿Quién soy ante ella?
-
Regresar al principio de yo, buscar en algún balcón mis entrañas o quizá en una alcantarilla. Hallarlas y re-colocarlas con la habilidad con que un artesano crea un jarrón de Talavera poblana. -
Caminar re-construido buscando algo o alguien capaz de sobrellevar toda la carga que me rodea. Y me acuerdo que tengo gente, mucha gente capaz de hacerlo y que siempre lo ha hecho, pero la costumbre me invito a olvidar. Ya no bastan, hace tiempo que no bastan, soy ambicioso, necesito y deseo más. Quiero más.
-
Abrir los ojos ante las certezas que me gobiernan,
conservarlas_______________________, r-e-s-p-i-r-a-r.
Porque vivir requiere tener la capacidad comprender la certeza y los errores.
-
Re-inventarme con lo que hay y lo que está por venir.
-
Tomar las venas y sacar vida para enfrentarla, valorarla.
-
Usar el vaso vacío, llenarlo de coca-cola y buscar un ente que sepa del sabor que ésta produce en los labios y de la sensación que provoca en el interior.
-
Y en lugar del ente, encontrar alguna criatura nocturna, seductora. Raptarla, escudriñarla, buscar en sus vacíos, en sus marcas o en sus colmillos, un espacio para quedarte.
Te gusta el fuego, quemarte es una costumbre, pero ahora es distinto. El objetivo es lograr una combustión plural. Quemarse o helarte, ahí la ecuación. Porque después del fuego vienen las cenizas que evolucionan en Fénix. Del hielo, sólo viene más futuro insoluto, incoloro e insoportable. El fuego duele, pero otorgar oportunidad de renacer.
-
Abrir los ojos ante el quemazón,
disfrutarlo_______________________, r-e-s-p-i-r-a-r.
Porque ceniza eres y en ceniza terminarás.

jueves, mayo 01, 2008

Dosfilos 102


Diario Milenio-Puebla (01/05/08)
---
Como lo hago cada domingo, leí el último número del suplemento de cultura de La Jornada Semanal y me topé con una ficha muy pequeñita que hace referencia a la revista Dosfilos.
-
La reproduciré y a continuación haré un breve comentario. Ésta es la nota: "Es la Universidad Autónoma de Zacatecas la institución que auspicia esta revista, ya centenaria en cuanto a la cifra de sus entregas, y que coordina con buena mano el colega José de Jesús Sampedro.
-
"Poemas, cuentos y ensayos conforman esta entrega, en la que desatacan la traducción de un texto de Kerouac, así como ‘Sin sustituto: los Who y su autenticidad extrema’, firmado por Benjamín Anaya." Listo. Eso dice el suplemento y al lado aparece la reproducción de la portada.
-
Hace menos de un año estuve invitado a presentar el número 100 de Dosfilos en la librería Andrea y preparé para el caso un texto donde hablaba de los intereses temáticos de la revista: la antipsiquiatría, los movimientos de lucha social de los años sesenta, el Rock, Updike, la narrativa latinoamericana y la poesía. Eso ha sido Dosfilos a lo largo de su historia.
-
Dije también que Dosfilos es una revista que ha persistido gracias a la publicidad, a las suscripciones, a la generosidad de sus amigos y lejos de las becas que, así lo expresé en aquella ocasión, pudieran atentar contra su línea editorial.
-
Cuando hice mención a la historia de Dosfilos, recordé que los primeros números salieron del taller de linotipia de la Universidad Autónoma de Zacatecas.
-
En resumen: Dosfilos se sigue manteniendo independiente y con una propuesta cultural sólida, de muchos años.
-
No es fácil lograrlo, salvo la perseverancia de su director, José de Jesús Sampedro, quien ha luchado bastante para mantenerla.
-
De todas aquellas revistas que en 1974, en diciembre de ese año, participaron en un encuentro nacional, sólo Dosfilos continúa.
-
Ahora he recibido el nuevo número, el 102 que, en efecto, contiene en sus páginas un interesante texto sobre los Who firmado por Benjamín Anaya, quien entra como quien lanza una piedra al río: “Muy pocas bandas en la historia de la música popular pueden ostentar la capacidad de autodestruirse y regenerarse (…) ni sus integrantes han tenido tanta personalidad, pese al liderazgo de Pete Townshend: busquémosle por donde queramos, no hay ni habrá sustituto para los Who.” Todo el texto transita entre la autodestrucción como parte de la regeneración.
-
Dosfilos 102 nos ofrece una investigación de Francisco Sánchez: “La número uno según cien”, que consiste en una “indagación a cien cinéfilos”. Rafael Aviña sostiene que su película favorita es El ceniciento de Gilberto Martínez Solares, 1951, y Daniel Sada opina que él prefiere Paris, Texas de Wim Wenders, 1984.
-
Hay otros textos muy recomendables en Dosfilos 102 como el de Martiza M. Buendía “Cuando así se besa”.
-
Pero qué mejor su opinión de buen lector. Dejaré ejemplares a doña Mago, para quienes se interesen por Dosfilos 102. Hasta pronto.

martes, abril 29, 2008

Anna que llora en la oficina



Diario Milenio-México (29/04/08)
---
Después de dos matrimonios y un hijo, después de divorcios y tantas comidas a solas, a Anna sólo le interesa tener a alguien, a Lev, todas las noches cerca
--
Nadie es de aquí. Todos nada más viven aquí. Por un tiempo. Después se cansan o se aburren, venden sus cosas y se van. Rápido. Sin fiestas de despedida y sin problemas. Las casas también aparecen y desaparecen como humo, un día están ahí y, al día siguiente, se desvanecen sin huella. Nadie las extraña. Los inquilinos sólo vivían ahí o los dueños no hacían otra cosa más que invertir su dinero. En la esquina hay un edificio que ha sido siete distintos restaurantes en los últimos tres años: Comida griega por un par de meses, tapas españolas en otros, Spaguetthi Mama Mía, y algunos todavía menos memorables. En cualquier caso, no importa. Debe ser porque no tienen estacionamiento o porque todos quieren ir, irse muy lejos, lo más lejos posible, como Anna.
-
Anna, así con las dos enes porque si no se enfurece, habla mucho. Habla, como se dice, hasta por los codos. Todo porque aprendió ruso, alemán, francés, y otros idiomas cuando era niña y sus padres la llevaban en sus bolsillos a todos lados. Así, diplomático de segunda y todo, el padre de Anna ha estado en las tres cuartas partes del globo. Junto con la familia y junto con Anna, se entiende.
-
—Un poco aburrido —dice—, pero con cierto encanto—. Si lo sabes encontrar, por supuesto.
-
Anna no tiene amigos fuera la oficina y los de aquí, los de la oficina, en realidad no somos sus amigos. De cualquier manera Anna llega apresurada en las mañanas, ¿qué tenemos para hoy? Y después, sin esperar respuesta, se sigue con los desastres cotidianos de su casa, el hijastro que es una verdadera lata, la basura que se junta en la cocina, las hileras de latas de ravioli podridas, y las siestas que sólo puede tomar con la televisión encendida. Raro, ¿no?, pero cierto.
-
Pero hoy es distinto. Anna arranca el emblema de su escritorio, ¿cuándo van estas gentes a entender que su nombre se escribe con dos ennes? Y se sienta junto a mi silla a llorar así, sin maquillaje y sin anteojos. Todo porque Lev, Lev Revin, su esposo, ya tiene seis semanas en Moscú después de haber jurado y perjurado que se quedaría dos únicamente. Y ella lo entiende, al fin y al cabo Lev está en su tierra y eso de querer quedarse no es tan extraño. Además ella sabe que está tratando de hacer negocios aprovechando todos los cambios. Y sí, necesitan el dinero, mucho. Ojalá que todo vaya bien con su venta de joyería barata —las moscovitas se volvieron locas los primeros días pero, bueno, con esa gente nunca se sabe.
-
Pero las noches son muy largas, muy solas. Nadie con quien cenar en la cama, nadie con quien pelear sobra las finanzas de la casa. Nadie. Sólo el silencio y los recorridos angustiosos del perro. Pero Vladimir, como Anna misma, extraña mucho a Lev, y llora de cuando en cuando por las esquinas. No, eso no le ayuda para nada. Nada ayuda a decir verdad.
-
—Y yo me casé —insiste—, para tener marido. No para andar como esa sarta de jovencitas que quieren conservar sus nombres y sus espacios —no, Anna no cree en todo eso. Después de dos matrimonios y un hijo, después de las casas solas desperdigadas en ciudades desconocidas, después de divorcios y tantas comidas a solas, a Anna sólo le interesa tener a alguien, a Lev, todas las noches cerca, aunque sea sólo para calentarse los pies o para comer ravioli de la misma lata.
-
A Anna no le da pena hablar en voz muy alta porque ya sabe que nadie oye en los pasillos y que, si lo hacen, en realidad a nadie le interesa. Ella sólo quiere irse. Llevarse a Lev a vivir a otro lado. No a Moscú, no, aunque le convendría porque está estudiando la historia de los zares de Rusia, ella no quiere ir a perderse entre las nuevas reglas del mercado negro, las colas para obtener alimentos, el frío del invierno, la pobreza. No, ella quiere ir a otro sitio. Algún lugar tibio donde se pueda caminar por las calles y saludar a la gente a través de las ventanas, gente a la que no le costaría trabajo recordar que ella es Anna, la de las dos ennes. Gente con memoria. Gente con ganas de perder el tiempo en bares o cafés humeantes, consumiendo cocteles sin preocuparse por el cáncer o el colesterol o el sida o las calorías. Gente con familias y cuñados y nietos, con chismes, con historias. No esto.
-
Anna mira el techo: —No esto— dice.
-
Y después me mira. Ella quiere irse a la pequeña villa francesa donde alguna vez pasó un verano inolvidable. Algo así: un lugar con edificios viejos que hayan estado ahí antes que ella y que sigan ahí aún cuando se haya ido. Un lugar con gente chismosa y opresiva siempre haciendo preguntas inoportunas e indecorosas. ¿Así que esta es la esposa de su hijo? ¿Y dice que su marido es de Moscú? Un lugar donde todos se conozcan por sus hombres y por sus apellidos, y digan esta es Anna, la de las dos ennes, la mujer de Lev que llegó de los Estados Unidos, la que toma siestas todas las tardes después de beber un Bloody Mary con mucha pimienta porque es la única manera en que le gustan. Esta es Anna, la que tiende pantaletas blancas en los lazos, la que come pan con mantequilla y ajo, a la que no le gusta la lecha ni las aceitunas. Así, gente sabiéndola de cabo a rabo, gente con interés por sus detalles más íntimos, sus secretos, su pasado. Anna, la mujer de Lev, la que llegó para quedarse.
-
Anna quiere un paraíso. Un paraíso con todo: personas, animales, cosas.
-
Pero Anna sigue llorando en la oficina. No ha parado. Se incorpora a veces, da un par de pasos, y vuelve a sentarse mi lado. ¿Me entiendes? Un lugar por el que pasen trenes cargados de nostalgia, no de noche para que nadie los oiga y no interrumpan el tráfico, no, trenes de verdad, con pasajeros que dicen adiós por las ventanillas. Con rostros que uno recordará toda la vida. Así. Un lugar para extrañar, para pertenecer. Un lugar. Allá, muy lejos.
-
Entonces se va calmando. Enciende un cigarro en la sección de no fumar, se limpia los ojos y los mocos, toma todas las cosas que ha regado sobre su escritorio y se va.
-
Nadie es de aquí, Anna, todos solamente vivimos aquí. Por un tiempo, Anna. Quiero decirle eso.

Señora del cuartel



Diario Milenio-México (28/04/07)
----
¿Que dice la señora que está usted arrestado? La idea es en tal modo elemental que lo realmente extraño ha sido la tardanza en concebirla
--
1 Ministra, mariscala, mamá
-
La imagen bien merece un rato de pasmo: una mujer embarazada gira órdenes a la tropa, que se le cuadra de manera unánime. Hasta hace poco tiempo, ideas semejantes pertenecían al dominio de esos chistes de género que tanto satisfacen a los acomplejados y sus grandes amigos, los malqueridos. Pero la imagen está en todas partes. Carme Chacón, de 37 años, pacifista y ajena a nacionalismos y estridencias afines, ocupa el Ministerio de Defensa español. El ejército entero a las órdenes de una mujer. Un bofetón limpísimo y por demás certero para las numerosas especies de misóginos, retrógradas y fanáticos que cada día retrata la prensa española. Del cura chantajista al mulá cobrador, del galán desairado al esposo abusivo, y en general del impotente al prepotente, deben de ser legión los ofendidos.
-
Si yo fuera Hugo Chávez, tendría entre alfileres la fotografía de José Luis Rodríguez Zapatero. Muere, maldito, habría escrito en el reverso, con un odio aznariano que bastaría para marcar la imagen al otro lado —espeluznantemente, según serían mis cálculos—. ¿Qué cuentas podría entregarle el cacique mayor del bolivarianismo a su amigo Mahmud Ahmadineyad de su presunta afinidad con un hombre capaz de poner a una mujer al frente de las fuerzas armadas de su país? Ni hablar de esa estrambótica relación, no cabe allí otra cosa que el vudú. Es evidente que ambos agradecen antes contar con enemigos tan predecibles como la dinastía Bush que amistarse con el que podría resultar un demócrata de carne y hueso. Ya veo al iraní con los pelos parados ante el periódico, cual si en vez de la imagen de Carme Chacón apareciese en el periódico del día su primogénito saliendo de un bar gay en la ciudad de Qom. Lo que entre ciertos clanes de extrema ranciedumbre se entiende como una señal apocalíptica.
-
2 Dura de pelar
-
Si se mira con cierta calma presurosa, la idea de una ministra de Defensa parece simple y lógica, en estricto sentido. Hay demasiados hombres en esas cumbres para no requerir de una mujer capaz de meter orden, más allá de secretos poderes fácticos y presuntas intrigas de cuartel. Suena incluso a movida maquiavélica, ya quiero ver quién va a ser, al menos en principio, el mandón capaz de alebrestarse contra una superior con semejantes características sin perder el derecho al público respeto. A su vez, asumo que un ejército comandado por una mujer será naturalmente más confiable a los ojos de la población —especialmente la femenina, víctima popular entre la tropa— que aquél donde los hombres se solapan detrás de un pacto de silencio faccioso. Reflexiones al vuelo que nada significan, sino su mero derecho a existir sin tener que pasmar a nadie. En condiciones lo que se dice normales, ver a una mujer embarazada al frente de las Fuerzas Armadas Españolas tendría que parecer un hecho no menos ordinario que ver a un hombre a cargo de la cocina.
-
No estoy seguro de que sea un privilegio para nadie desempeñar el cargo de Ministro de Defensa, ni imagino la cantidad de resistencias que una mujer encuentra para ejercer el mando en un ejército. Desde mi perspectiva de hombre de paz, me pongo en su lugar y elijo sabiamente la vida disipada, pero sé que hay personas que disfrutan de eso, y una de ellas debe de ser Carme Chacón. Quien, por cierto, se ha estrenado en el cargo restringiendo el acceso —frecuente, hasta hace poco— de las computadoras militares a los sitios web de noticias y transmisiones deportivas. Con alguna frecuencia, la llegada de un superior femenino no le deja al subordinado mejor opción que la de trabajar. Muy pocas tienen cara de querer corromperse, menos aún de aceptar que otros lo hagan bajo su férula. No sé si sea por algún resabio de machismo inconsciente, pero habemos algunos que encontramos indigno —amén de impredecible y nada caballeroso— tratar de sobornar a una mujer. Ya se sabe, además, cómo les dicen a las más sobornables.
-
3 Jugando a los soldaditos
-
Los autores de la matanza del 11-M no sabían lo que hacían. Sus valedores tenían a un Aznar resuelto a combatirlos con la habitual ineficacia de los antípodas, y a cambio ahora tienen a Zapatero, que es un infiel de vanguardia. Si los autocalificados izquierdistas de México y Cuba habilitan mujeres como carne de cañón para ejercer labores represivas a cambio de prebendas menores, el primer izquierdista de España pone a una pacifista al frente de las fuerzas armadas. Sin bombo ni platillo. Sin más ruido que aquella imagen de la ministra al frente del regimiento. Y eso, insisto, debe de enfurecer no únicamente a las huestes de la oposición, sino a esa parte de sus correligionarios oficiales que todavía cree en las bombas persuasivas y rinde culto a beatos matones.
-
No vayamos más lejos. Aquí mismo la izquierda oficial cuenta con una Presidenta de la Cámara de Diputados, de la cual se avergüenza buena parte de sus integrantes, oficialistas de corazón y origen, naturalmente dados a identificar la falta de obediencia al gran cacique con la traición artera. Podrían valerse de ella para hacer su trabajo, pero como éste poco o nada tiene que ver con las cuestiones parlamentarias, prefieren bombardearla junto a todas las leyes que ayude a promulgar, excepto aquellas que les favorecen drásticamente. Puesto que están en guerra, según ellos. Usan simbologías revolucionarias y métodos mafiosos, con la coartada de una insurrección inminente. Se sienten un ejército, eso es lo que el cacique les recuerda, siempre sediento de unanimidad. Para ellos, lo que vale es ser la soldadera enamorada del sargento, aun y especialmente si ésta se halla en la presidencia de un poder tan sospechoso que sus miembros se eligen democráticamente. Algo me dice que si más de uno entre estos personajes se estrenara en el puesto de la ministra de Defensa española, ya habría hecho remozar el paredón.

viernes, abril 25, 2008

El Museo Bello y la Fundación Harp Helú



Diario Milenio-Puebla (24/04/08)
---
La mentira es un riesgo humano permanente, dice Miguel Donoso Pareja en su novela Henry Black. Pero es un riesgo permanente –recalca— no para el que la dice, sino para quien la oye. En algunos estados de la República Mexicana, a partir de los años sesenta se comenzó plantear la necesidad de conservar los edificios y su historia.
-
Según José Antonio Terán Bonilla, en una de sus investigaciones dice que Puebla comenzó a sufrir transformaciones en el Centro Histórico a partir de los treinta del siglo pasado y que nadie pudo pararlas. Y en algunos casos las sigue sufriendo. ¿Quién se encarga de regular este problema? No lo sé.
-
Si Puebla es patrimonio de la humanidad, ¿por qué entonces no cuidar sus calles y sus edificios? Y más aún: ¿por qué no cuidar sus museos y sus bibliotecas, que no son exclusividad de nadie y sí de los poblanos?
-
¿Se puede andar por la vida mintiendo a diestra y siniestra?
-
Puebla tiene museos envidiables y bibliotecas únicas, como Lafragua y la Palafoxiana.
-
Hace días algunos medios tocaron el tema del Museo Bello, que a partir del sismo de 1999 quedó severamente dañado. Y tal como lo hace en sus informes, quien se encarga del despacho de Casa Albisúa mintió otra vez diciendo que la fundación Harp Helú es un organismo que está apoyando la reconstrucción del museo con 10 millones de pesos. Mentira vil, según declaran las representantes de la fundación. Y quien hizo tal declaración no quiere dar explicaciones a nadie.
-
¿Por qué el uso de la mentira ante algo tan delicado? ¿No se valora el patrimonio de la entidad? Ignorancia y mentira/ mentira e ignorancia.
-
Dicen las representantes de la Fundación Harp Helú que se desconoce por qué se dio esa información.
-
Muchas cosas, aparte del Bello, están en riesgo. El museo se debe defender porque es de los poblanos y de los mexicanos.
-
Es muy probable que se haya solicitado el apoyo para su restauración, pero también es muy probable que tal solicitud nunca haya sido atendida. “Se apoyan otros proyectos –lo dice claramente para El Universal Gabriela Pascal–, pero no ese museo.”
-
Es un asunto delicado. El museo debe recibir atención, cuidados y, acerca de su actual situación, no se deben permitir las mentiras. Ese museo puede desmoronarse como un polvorón de azúcar.
-
Ojalá alguien pueda retomar seriamente el asunto y tratar de resolverlo lo antes posible. Pobre Museo Bello.
-
Algo me pasa, a lo mejor todo es una terrible confusión mía debido al cambio de horario que me afecta tanto. Pero no, esta información sobre el Bello también se reprodujo en el recientemente creado El Columnista. No se trata de ninguna confusión entonces, es algo real: ese museo ya no es museo. Y la Fundación Harp Helú nada tiene que ver con su conservación. ¡Je!, así suelo despedirme a veces: ¡je!

miércoles, abril 23, 2008

Juan Gelman y la poesía

Bajo el sol- Diario E-consulta-Puebla (23/04/08)
Roberto Martínez Garcilazo
---
Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte, dijo Gelman, en Alcalá de Henares frente al rey de España. Y también informó que en estos tiempos de mezquindad y penuria (Holderlin), muere cada tres segundos un niño menor de cinco años por enfermedades curables, por hambre o por pobreza.
-
Habló de la vigencia de la poesía en estos días dramáticos en los que la muerte y la injusticia imperan, como leones rampantes, en el campo del escudo, desolado y oscuro por el sufrimiento, del siglo nuestro.
-
Dones paradójicos y de prodigio tiene la poesía. Gelman recordó los versos de Cervantes: La Poesía puede pintar en la mitad del día la noche, y en la noche más escura el alba bella que las perlas cría.
-
Y la esencia misma de Ella, también fue dicha por Juan Gelman, apoyado en el Viaje al Parnaso: Inescrutable, inscrutabilis, que no se puede saber, que no se puede averiguar; la poesía es inescrutable y vigente. Urgente en este mundo de niños muertos.
-
La muerte, la penuria, la pobreza, pero también el analfabetismo conspiran contra la vida y la poesía. ¿Cómo leer poesía en un país donde el promedio de años escolares por habitante es de 7 años? ¿Cómo leer poesía en un país donde el número de pobres es superior a los 50 millones? ¿Cómo leer poesía en un país con los peores niveles de rendimiento escolar en lectura según los estudios de la OCDE? ¿Cómo, si la poesía está proscrita en las aulas de educación básica?
-
Este país, es como dijo Sancho refiriéndose a su tiempo, valle de lagrimas, mal mundo donde apenas se halla cosa que este sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería. Aquí, según la OCDE y la Encuesta Nacional de Lectura 2006, se leen 3 libros al año por habitante y en Noruega 18. Y en Puebla 2. ¿Qué hacer? Es urgente darle rango de política social a promoción cultural. La solución no es un plan de etapas, sino otro de acciones simultáneas y permanentes. Finalmente, queda claro que este tiempo de maldad embuste y bellaquería es, en gran medida, fruto de la ausencia de una comprometida política educativa y cultural y, juntamente, de la omnipresencia de la televisión en los hogares mexicanos. La televisión, ese instrumento de degradación y esclavitud espiritual de las masas.
-
¿Para qué poesía? Para recuperar la vida.

martes, abril 22, 2008

Gente que habla sola



Diario Milenio-México (22/04/08)
---
Truman Capote decía sobre Nueva York algo que han dicho muchos sobre Nueva York pero que yo, ahora, extiendo a los Estados Unidos en general. Decía: Uno va a Nueva York para estar solo.
-
Porque fui a Estados Unidos a estudiar un posgrado, sabía que el Estados Unidos al que me dirigía iba a estar demarcado por paredes blancas, estantes de libros, páginas. Sabía, y me seducía el prospecto, que pasaría muchas y más horas leyendo, otras tantas cavilando, otras más escuchando. Sabía, y le agradecía a los profesores que me aceptaron en el programa de historia de la Universidad de Houston, que tenía frente a mí mucho, mucho tiempo del silencio. Lo consideraba entonces, como todavía lo considero a veces, un verdadero privilegio. Esto: estar a solas, tener tiempo de callar, poder pensar. Tener, parafraseando a Virgina Woolf, una esquina propia. Vivir dentro.
-
(Paréntesis de último minuto aunque verdaderamente necesario: Supongo que ahí, en ese silencio, se encuentran los tres o cinco años que siempre se me pierden cuando intento contar el número de años que pasé en Estados Unidos. Supongo que ahí están también, detenidos, todos esos años que mis amigos de México dicen que me faltan para que me vea como de la edad que en verdad tengo).
-
Sabía, pues, lo que se podía saber desde lejos.
-
Y, seguramente por eso, porque sabía-desde-lejos, es que los rostros de la gente que hablaba sola, ya frente a la ventanilla del autobús con aire acondicionado, ya frente a los productos del supermercado, ya junto a los perros o los gatos o los árboles de los parques más diversos, me sorprendieron. Al inicio llegué a pensar que se trataba de eventos esporádicos, actividades con las que me topaba debido a mi distracción o a mi entrometimiento. Luego, a medida que me convertí en un testigo regular de los hechos, tuve que aceptarlo: se trataba de una epidemia o de una forma de vida. En todo caso, lo que percibía no era extraordinario sino más bien cotidiano y regular.
-
Yo, por supuesto, tenía la costumbre de hablar sola, algunas veces incluso por teléfono. Pero me había imaginado que esa conducta, de suyo sospechosa, le pertenecía por derecho propio a lectoras obsesivas, personas con imaginaciones desatadas y escritoras en ciernes. Hasta llegar a mi Estados Unidos privado, quiero decir, yo había considerado al hecho de hablar en voz alta con uno mismo como una excentricidad y no como un síntoma.
-
Al inicio pensé que los hablantes-del-vacío se comunicaban con los fantasmas que les devolvía el reflejo de las ventanillas. Luego pensé que trababan conversación con el alma incandescente, y evidentemente real, de las latas o los envoltorios. También llegué a considerar que, habiendo trascendido el prejuicio humano-centrista, los hablantes-solitarios hacían algo de verdad radical cuando dialogaban con sus mascotas. Poco a poco, sin embargo, tuve que aceptarlo. Era la soledad. Un tipo de soledad que yo no conocía. Una manera de estar solo tan singular, tan sin salida, que convertía al silencio no en un privilegio sino en un castigo, una especie de amputación.
-
—Estoy hablando contigo ¿me entiendes?—decían a veces, dirigiéndose a Nadie.
-
Yo los escuchaba, no tenía alternativa alguna en la mayoría de los casos, pero evitaba verlos. Una especie de pudor también inédito me obligaba a volver el rostro hacia otro lado o a bajar los párpados rápidamente, actuando como si nada estuviera pasando. Fingiendo. Me daba vergüenza. Me daba lo que los mexicanos denominamos pena-ajena, que no es sino otra forma de decir pena-propia en el reflejo del de enfrente. Los hablantes solitarios me rompían en dos.
-
Si es cierto que, como argumenta Judith Butler, al hablar hacemos una petición, la de ser reconocidos como enunciantes de esa habla, la de ser lo que seremos con la respuesta del otro, las peticiones de los hablantes para los que sólo hay respuesta en el espectro de las ventanillas o el maullido del gato se convierten en naufragios del yo, identificaciones a medias, soledades absolutas. Maneras de no ser. Y, sin embargo, al hacer audible la petición, al darle la sonoridad de la voz en el espacio público, el espacio así llamado exterior, los hablantes imposibles, ante los cuales bajaba la vista porque me partían en dos, insistían en su reclamo, en su solicitud. Insistían en su humanidad.
-
—Estoy hablando contigo ¿me entiendes? —gritaban a veces, dirigiéndose a ti o a mí.
-
Yo los escuchaba, es cierto, pero la mayoría del tiempo les daba la espalda y salía huyendo para internarme en la biblioteca o aquel cuarto blanquísimo donde abría libros y subrayaba oraciones.
-
–Estoy hablando contigo, ¿me entiendes? –insistían, fuera de mí, y dentro. Dentro de mí.
-
Las voces.
-
Hablar a solas se parece mucho, después y antes de todo, a escribir.
-
Escribir es sólo otra manera de hablar en voz alta con Todo lo Que No Existe.
-
Esto descubrí: la soledad extraña que ataca a los hablantes imposibles de ese otro país, de esas otras ciudades, se parece mucho a la soledad que se requiere para escribir ciertos libros.
-
Supongo que Truman Capote tuvo, una vez más, razón. Uno va a _______ para estar solo.

jueves, abril 17, 2008

Del triunfo a la humillación (cuarenta años después)

Diario Milenio-Puebla (17/04/08)
---
Las coincidencias existen como la suerte o como los demonios interiores. Cuando me refiero a los demonios interiores, lo hago pensando en las imágenes que nos llegan desde allá, desde el tiempo que fuimos muy jóvenes, niños, adolescentes quizá. Son sentimientos dolorosos pero no ingratos. Yo, en lo personal, guardé muchos, tantos que a veces sólo cierro los ojos y vuelvo con facilidad a ellos.
-
La semana pasada apenas revisé una edición que dedica sus páginas a la historia de las olimpiadas. Es un compendio, no es precisamente la historia completa porque se necesitaría una edición para cada una de las olimpiadas. Revisé muy rápidamente esa publicación ya que traía yo acá, muy cerca, rondándome como esos abejorros que se meten por las ventanas, la fotografía de los atletas estadounidenses que levantaron el puño con el símbolo del black power en el lejano México de 1968 cuando recibieron la medalla de oro y bronce. Esa imagen recorrió el mundo completo y los atletas fueron expulsados de la Villa Olímpica y les fueron retiradas las medallas. Y no sólo eso: al protestar contra la segregación racial del gobierno de los Estados Unidos, su vida se convirtió en una pesadilla. Desde hace exactamente cuarenta años, su vida es una gran pesadilla.
-
Apenas había revisado el libro sobre la historia de las justas olímpicas cuando un diario nacional publicó la foto de Tommie Smith y John Carlos trepados en el podio luego de haber obtenido las respectivas medallas en la competencia de los 200 metros planos.
-
El símbolo del black power ha dado otra vez la vuelta al mundo tras las declaraciones que los atletas hicieron para el Times, donde aconsejan a los atletas que competirán en Bejing que sigan su corazón. Y hablan del precio de la protesta.
-
Ellos no olvidan, no pueden olvidarlo, que el símbolo de black power les trajo todos los problemas a sus vidas. Cuenta Tommie Smith que él no encontró trabajo a su regreso y John Carlos cuenta que su esposa se suicidó víctima del rechazo social.
-
Pero no son los únicos casos de vidas que cambian de un momento a otro por una protesta como la de Smith y John Carlos. Dice también Smith que su madre murió de un infarto, al recibir en un sobre estiércol y ratas muertas.
-
El libro que publica Muy Interesante no contiene estas páginas de la vida de Tommie Smith y John Carlos. Estas declaraciones las reproduce del Times La Jornada el domingo pasado y yo las traigo hasta ustedes porque –lo repito— es un hecho que tengo muy presente en la pantalla de una vieja televisión.
-
Hace cuarenta años nunca me imaginé, por supuesto, que el levantar un puño con el guante negro tendría tantas repercusiones para esos atletas y sus familias. “Hagan lo que escuchen de su corazón,” han aconsejado a los competidores de Beijing. Pero el costo es muy caro, dijeron.
-
“Hagamos lo que escuchemos del corazón,” parece una frase extraída de la filosofía Zen.

martes, abril 15, 2008

La semana de las mujeres



Diario Milenio-México (15/04/08)
---
La inquietante (e internacional) semana de las mujeres desnudas está animada por un espíritu de diálogo que está muy cercano al espíritu irreverente del juego.
---
Pensaba dejarlo todo por la paz aduciendo compromisos de trabajo, deberes familiares, errancias sin destino fijo, distracciones seriales. Pero bastó con que la pregunta se planteara en más de dos ocasiones en tres distintos rumbos del planeta para que todo volviera a empezar: ¿De qué va la Inquietante (e Internacional) Semana este año?
-
Pequeños núcleos dispersos de hombres y mujeres esgrimieron sugerencias por aquí, allá y acullá, riéndose con su debida frecuencia y más que debido volumen ante ocurrencia varias. Al final, que suele ser el principio de todas las cosas, optamos por la desnudez. Es sólo una forma de decirlo, claro está. ¿Es desnudar, como decía la poeta argentina Alejandra Pizarnik, lo propio de la muerte? ¿Seguirá siendo cierto, como esgrimieron hace no mucho las integrantes del colectivo The Guerilla Girls, que sólo desnudas pueden entrar las mujeres en el MET? ¿Qué hace en realidad una mujer cuando, seductora, desliza el último tirante del fondo por sobre el hombro izquierdo mientras le manda un guiño recubierto de grueso rimel a la cámara? ¿Es lo mismo, ontológicamente hablando, por supuesto, desnudar que desnudarse? ¿Qué hace verdaderamente un hombre cuando se deshace de sus pantalones? ¿Me vuelvo tan invulnerable como una mercancía si me desnudo frente a ti? ¿Me vuelvo, de verdad, vulnerable? ¿No es desnudarse sólo otra manera de vestirse?
-
Tan básico para los rituales del porno como para los propios de la intimidad, el desnudo es todo menos unívoco. Ya en duro mármol o fino celuloide o en trémula realidad frente a las manos, el cuerpo desnudo invita tanto al placer (una palabra a la que el plural siempre le viene bien) como a la comercialización. La Inquietante (e Internacional) Semana del 2008, pues, empieza a cobrar vida ya alrededor de estos ejes que son, en realidad, preguntas. ¿Y qué pregunta que se digne de serlo no es, en realidad, el inicio de una conversación?
-
Habrá que empezar por recordar que cuando decimos mujeres (justo como pasaba antes cuando se utilizaba el vocablo “hombres”), queremos decir todas y todos. Así que no hay coartada ni justificación: aquí se desnuda todo mundo. ¡Nadie está desnudo hasta que todos estemos desnudos!
-
Habrá que continuar por anunciar que ya la poeta tijuanoguanajuatense Amaranta Caballero Prado ha abierto el sitio de internet a donde irán a parar las colaboraciones que esperamos recibir a partir del mismísimo día de hoy: www.semanainternacionalmd.blogspot.com.
-
Habrá que describir la naturaleza de las esas ya ansiosamente esperadas colaboraciones: manda a semanainternacionalMD@gmail.com un archivo que contenga una imagen y un texto que representen tu punto de vista respecto a los dones, los límites, los subterfugios y las pluralidades del acto de desnudarse. Justo como ha sucedido en las anteriores Inquietantes (e Internacionales) Semanas, tanto el texto como la imagen pueden ser de tu autoría o pueden ser citas textuales o artefactos intervenidos.
-
Habrá que señalar que, este año, la Inquietante (e Internacional) se divide en cuatro zonas: la Zona Norte, animada por un entusiasta contingente de hombres y mujeres deseosos de analizar sesudamente (así se dice ahora) las políticas del desnudo contemporáneo desde el Wind Chill Factor de Madison, Wisconsin, queda a su comunicativa disposición a través del correo electrónico de Giannina Reyes Giardiello. La Zona Border, que siempre está a punto de ser otra cosa, recibe colaboraciones y/o sugerencias en la dirección electrónica de Amaranta Caballero. La Zona Ciudad Más Grande del Mundo (¿y puede ser eso otra cosa que no sea la Ciudad de México?) se conectará con todos nosotros a través de las actividades y comunicados de Susana Bautista. Por falta de mejor nombre, queda la Zona Partícula Errante, esa entidad siempre a punto de definirse y siempre, sin embargo, difuminada, que sí cuenta, sin embargo, con el correo electrónico a donde pueden llegar colaboraciones y/o comentarios. Ver todas las mencionadas direcciones electrónicas en el blog de las Mujeres Desnudas, por favor.
-
Habrá que recordar que a ésta, como a todas las anteriores Inquietantes (e Internacionales) Semanas, la ánima un espíritu de diálogo que está muy cercano al espíritu irreverente del juego. Queremos dialogar y compartir y colaborar en procesos colectivos de pensamiento contemporáneo, eso es cierto, pero sobre todo y al mismo tiempo, queremos divertirnos. A menudo la pregunta más obvia es la que se vuelve transparente y la que, por lo tanto, se queda muda, ¿qué no?
-
Habrá que concluir diciendo que, hacia finales del año, los distintos comités de las mencionadas zonas se harán cargo de elegir las mejores colaboraciones para organizar exposiciones en los distintos rumbos del planeta que habitamos. Es posible, pero esto todavía no lo podemos jurar con sangre, que haya por ahí un premio, pero eso, como las y los desnudos, está por verse.

lunes, abril 14, 2008

El español pestilente


Diario Milenio-México (14/04/08)
---
Es tan limpio que apesta y tan hueco que asusta.
Es el lenguaje acartonado del robot.
Es español sin alma ni raíz.
Es desechable desde que viene al mundo.
---
1 Frijolitos reciclados
Siempre sentí, en años escolares, que había alguna humillación implícita en el mero acto de copiar los apuntes de un compañero. O sería quizá la pura pereza, toda vez que robárselos parecía una opción menos incómoda. El hecho es que una vez, durante cierta clase, la maestra atrapó a uno de nosotros copiando los apuntes impecables de una chica aplicada. ¿Qué tenía de malo, se sorprendió el copista al mirarse acusado de copìón, que quisiera ponerse al corriente con el curso? “¿No te parece malo ser un comecaca?”, disparó la maestra, para la estupefacta hilaridad reinante. Luego dio un argumento que dejó al auditorio boquiabierto: el copión se aprestaba a digerir información previamente digerida. Es decir, alimento de segunda mano. ¿Cómo atreverse ya a pedir unos apuntes en préstamo? Lo dicho, era más digno robárselos. Ladrón tal vez, comecaca nunca.
-
En rigor, el ejemplo imborrable de mi maestra era una flagrante inexactitud biológica. Sabido es que el desecho digestivo no incluye los nutrientes elementales, que a su vez ya retuvo el organismo, pero la sola idea de alimentarse de otro bolo alimenticio me parecía ya bastante deshonrosa, y sin duda explicaba el sentimiento humillatorio de marras. Si aquello no era exactamente embuchacarse los desechos de la comida de ayer, equivalía al menos a zampársela luego de que una boca menos perezosa le hizo a uno el favor de masticarla. He olvidado de qué trataba la clase, y ni siquiera estoy seguro de qué materia nos impartía la maestra, pero recuerdo nítidamente la lección. Había asistido al pedagógico espectáculo de la estigmatización del conformismo. De entonces hasta hoy, cada vez que al leer intuyo la presencia del español de segunda mano, veo saltar ocho letras al centro de una marquesina cintilante: c-o-m-e-c-a-c-a.
--
2 El cadáver del manjar
Conocemos de sobra ese español. Está en los instructivos traducidos por analfabetos inescrupulosos, sin que por ahí pase un solo inspector de control de calidad. O en el doblaje neutro y mojigato del inglés de los dealers callejeros en un programa de televisión. O en el lenguaje acartonado y torpe de los personajes de la telenovela. Palabras despojadas de sus ingredientes básicos, capaces de llenar pero no de nutrir. Técnicamente, lo que el poema llama ‘mierda abstracta’. ¿Qué otra cosa podría ser ese instructivo cuya lectura —accidentada, resbaladiza, heroica— genera más dudas y confusiones de las que resuelve, si es que efectivamente resolvió alguna? El problema de origen del español de segunda mano es que quien lo pergeña cree estar llevando a cabo una labor aséptica, cuando hace exactamente lo contrario. Propagar un lenguaje vacío de carácter —si no de inteligencia, que se dan casos— equivale a distribuir desechos alimenticios y anunciar “carnes frías” en la etiqueta. ¿Cómo voy a creer que cierta telenovela no es una mierda, cuando tras un minuto de escuchar el idioma castrado y hueco de sus personajes ya sé que hablan un español de mierda, es decir, una mierda de español?
-
Abundan quienes aúllan por los errores, y es seguro que tienen razón. Mas la ausencia de errores no resuelve gran cosa. Incluso un instructivo —y habrá hasta quien lo piense en primer lugar— se beneficia de un lenguaje por igual amigable con la inteligencia y la estupidez. Un español no menos ávido de empatía que el inglés de la versión original. De cuando en cuando brotan, como pústulas, iniciativas destinadas al fracaso anunciable de pretender reglamentar el uso del lenguaje, mas no hay quien se interese en elevar a un mínimo decoroso el estándar de calidad de las traducciones, de modo que quien compra tecnología de punta no deba resignarse a manejarla como un idólatra, sólo porque no entiende la versión en inglés de ese instructivo que por lo visto un chino tradujo al español. Pocas labores hay tan fatigosas como extraer sentido de un párrafo que nunca lo tuvo, igual que un muerto de hambre hurga en el basurero. ¿A quién puede extrañarle que un cuerpo permanezca infradesarrollado cuando se le alimenta de desechos orgánicos? Lo raro, para el caso, es que siga vivo.
--
3 Eso sí, con cebolla
“A la gente le gusta así”, aseguran los cínicos, sin ocultar del todo cierta urgencia despectiva por ubicarse encima del rebaño. La gente siempre queda por debajo de quien habla en su nombre. Sólo que no a toda la gente, y ni siquiera a la mayor parte de ella, le apetecen los bocadillos masticados. Javier Marías, traductor acucioso y apasionado, observa que los clásicos ganan vitalidad con cada sucesiva traducción, y al propio tiempo van perdiéndola en el original, que permanecerá engarrotado por los siglos de los siglos. Hasta que el clásico cae en manos de un barbaján que lo traduce en dos semanas al español más hueco que se encuentra. “¿Y eso qué?”, se defenderá nuestro enemigo, alegando que “de todas maneras la historia se entiende”. No hay, para un autor escrupuloso, pesadilla más negra que discutir con un editor para el cual una palabra es igual a otra. “Mientras sean sinónimos”, explican.
-
Cierta vez, la editora de una revista tuvo a bien efectuar cirugía mayor en el primer y último texto que le entregué, de forma que hizo a la historia saltar de la primera persona del singular a la primera del plural, asumiendo que donde cabe un yo sobra espacio para un nosotros. Todavía conteniendo el impulso homicida que con enorme esfuerzo conseguí transformar en amable pregunta, no pude ya por menos de pasmarme cuando la oí decir que era lo mismo. “Respeté tus ideas, si te fijas.” Y si para un supuesto editor cultural la expresión de una idea vale poco o nada por sí misma, y por tanto no existe ya el estilo, no digamos el ritmo o el color en un texto —horror de los horrores: poema y memorandum son la misma cosa—, puede uno imaginar la talla del desastre nacional. No es que seamos subdesarrollados, es que estamos mamando subdesarrollo. Por no decir comiendo lo incomible.

sábado, abril 12, 2008

Al volante y en serie


Diario Milenio-Puebla (10/04/08)
---
He buscado en el anaquel de mi muy humilde biblioteca, donde resguardo los títulos cuyo tema se centra en las más grandes transgresiones que registra la historia, algo que me ayude a identificar algún otro caso como el que se ha dado a conocer estos últimos días, me refiero al caso del “Violador en Serie”.
-
Creo que aquí mismo he mencionado que el término “asesino serial” lo acuñó el investigador Robert K. Ressler, agente del FBI, quien además desarrolló algunas técnicas del perfil criminológico.
-
El asesino serial repite un modelo. Elige a su víctima, su radio de acción y la manera de ejecutar el acto. Son terriblemente escurridizos e inteligentes y la mayoría de las veces dejan rastros enigmáticos y muy a propósito para despistar a la policía. Pueden ser personas que, aparentemente, no arrojan ninguna patología. En México habrá que recordar los casos de Goyo Cárdenas, de el “Pelón” Sobera de la Flor, el Poeta Caníbal y el de Juana Barraza Samperio, la "Mataviejitas".
-
La prensa local ha dado cuenta de un taxista que violó a ocho mujeres en un radio de acción que abarca Angelópolis, Las Palmas y San Manuel.
-
Los compañeros reporteros lo reconocen ya como el “Violador en Serie”.
-
Particularmente no me había topado con un caso semejante, reconozco en todo caso mi ignorancia y le doy el crédito que se merece al compañero Alfonso Ponce de León, quien ha dado cuenta detallada del “Violador en Serie”.
-
Prometo enviarle esta nota a mi amigo José Luis Durán King, periodista de Milenio a quien le debemos puntualmente, los sábados, su columna “Vidas Ejemplares” –dedicada a los asesinos en serie– esta nota para que él me diga si conoce, dentro de los casos que trata, el de algún otro “Violador Serial”.
-
Hace años, lo recuerdo bien, asoló a la zona de El Carmen un hombre que, protegido atrás de una máscara de luchador que seguramente adquirió afuera de la Arena Puebla, se dedicó a violar a muchas indefensas mujeres. No se le llamó un “Violador en Serie” pero sí fue conocido como “El Violador del Centro”, lo que me produjo un enigma mientras trajo en jaque a la policía.
-
Con todo, hay algo de este “Violador en Serie” que linda con la más mala de las ficciones.
-
En su declaración dijo que las mujeres lo provocaban y que él sólo obedecía a sus instintos. Y más: pregunta el reportero: “¿De qué manera te provocaban?” Respuesta: “Me hablaban coquetamente, me seducían”. Nueva pregunta del reportero: “¿Para que guardabas la ropa interior de tus víctimas?”. Respuesta: “Sólo las guardaba”. Pregunta: “¿Por qué las llevabas a parajes solitarios?” Respuesta: “Porque en otros lados hay muchas casas y carros y no era posible”.
-
Al final reconoció el hombre su participación en los hechos, como escriben los cronistas de nota roja, y dijo que lo venía practicando desde enero. A la lista de la “Mataviejitas” y el “Poeta Caníbal” se agrega ahora el del “Violador Serial”. Según el testimonio de las víctimas, el “Violador Serial” citaba fragmentos de canciones de rencor contra el género femenino.
-
Venganza contra Paquita la del Barrio, quizá.

martes, abril 08, 2008

Primera persona del singular



Diario Milenio-México (08/04/08)
---
La escritura no es un medio de expresión (de algo sabido o investigado o resuelto), sino una práctica de producción, preferiblemente de un universo profundamente personal.
--
Dar cuenta de uno mismo es cosa complicada, especialmente si ese Uno Mismo empieza por preguntarse ¿para qué? En una época en que la exhibición irrestricta del yo produce escandalosos programas de televisión, autobiografías light, confesiones a granel y convencionales novelas llamadas históricas, es decir, basadas en hechos denominados como reales, es casi superfluo, si no es que desvergonzado o, peor aun, ingenuo, abogar por una escritura que explore la materia y las limítrofes de la primera persona del singular. El yo lírico ha sido, se sabe, rebasado. El Autor, esto también se sabe, murió por ahí de finales del sigo XX y fue sustituido por efectos de autoría con los que poco tiene que ver el lavado emocional de esa ropa sucia que, según reza el dicho, debe llevarse a cabo en la mesurada privacidad del hogar. Así las cosas, no es del todo extraño que en los más diversos cursos de escritura “profesional” se abogue por establecer una distancia, descrita invariablemente como elegante, entre la experiencia personal y la experiencia propia de la escritura. Lo he dicho yo misma en varias ocasiones, a menudo a la menor provocación: la escritura no es un medio de expresión (de algo sabido o investigado o resuelto), sino una práctica de producción, preferiblemente de un universo, y preferiblemente de un universo profundamente personal. Y en la incorporación de esa última palabra, del adjetivo personal, se deduce luego entonces que el asunto, este asunto de una escritura que dé cuenta de uno mismo, es de suyo paradójico.
-
Peter Sloterdijk, por ejemplo, recurre al concepto de la escritura nerviosa (una escritura marcada por tatuajes emocionales, también conocidos como engramas, que “ninguna educación es capaz de cubrir del todo y ninguna conversación logra esconder del todo”) para argumentar, apoyándose en la célebre cita de Paul Celan, que “la poesía no se impone, se expone”. Y el exponerse, al menos en el caso del Sloterdijk que escribió esa lección de Frankfurt que responde al título de La vida tatuada, ciertamente involucra el gesto de autodesnudamiento que pone en juego el tatuaje original y que es, desde un inicio, “un gesto de apertura, una victoria sobre la asfixia, un paso hacia delante, un exhibirse, un manifestarse y darse a oír, un sacrificio de la intimidad en aras de la publicidad, una renuncia a la noche y niebla de la privacidad en beneficio de una ilustración bajo un cielo común”. En el arte, continúa Sloterdijk, primero es el testimonio (la expresión) y luego la creación (la producción) puesto que, de otra manera, es decir, sin ese tatuaje primigenio que pone en movimiento al lenguaje, que con-mociona al lenguaje, el arte sólo “será ejemplo de transmisión de una miseria brillante”, es decir, una impostura. Después de todo, la poesía se expone, y en esto no podría estar más de acuerdo con Sloterdijk, para renovar un compromiso contra “la falsa sublimidad”, y se expone “contra los enteradillos de arriba, contra la autocomplacencia, contra el esteticismo, contra las señoras y señores de la cultura y contra esa cultura periodística, con todas sus posesiones y reglas de medir”.
-
Un filósofo de ascendencia tan distinta como Michael Onfray parece estar abogando por algo parecido cuando decidió concluir su Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar, con una coda de título “Por una novela autobiográfica”. Sirviéndose de la obra de Luciano de Samóstata, el filósofo que guerrea contra los dogmáticos a fuerza de sarcasmo, Onfray trae a colación dos lecciones, a saber, que “los filósofos manifiestan un talento verdadero para construir mundos extraordinarios, pero inhabitables” y que “los filósofos enseñan unas virtudes que se cuidan mucho de practicar. Venden morales que se reconocen incapaces de activar”. De ahí que el pensador francés declare sin ambages que “una existencia debe producir una obra exactamente igual como, a su vez, una obra debe generar una existencia”. Dar cuenta de uno mismo en este caso no constituye un acto superfluo de exhibición personal, sino una estrategia retórica y moral que liga, diríase que de manera indisoluble, la idea profesada y la vida vivida. “La lección que podemos retener de los doxógrafos antiguos sigue siendo importante”, argumenta Onfray, “cuando la vida y la obra funcionan como el anverso y el reverso de la misma medalla, cuando, de manera fractal, cada detalle informa sobre la naturaleza del todo, cuando una anécdota recapitula toda una trayectoria, cuando la vida filosófica necesita, y hasta exige, la novela autobiográfica, cuando una obra presenta interés solamente si produce efectos en lo real inmediato, visible y reparable”.
-
Porque, ¿quién, de verdad, puede conmoverse, es decir, conmocionarse, por la lectura de un libro elaborado dentro de la esfera de la así llamada Distancia Elegante? Y si no es para conmocionarme, es decir, para conminarme al movimiento, esto es, para afectar mi vida en lo inmediato y en lo visible, entonces ¿para qué leer?

lunes, abril 07, 2008

Al fin, todos millonarios



Diario Milenio-México (07/04/08)
---
Por más que la ficción otorgue auspiciosas licencias al embustero, nadie creería una historia que comenzara así: “Había una vez un país donde los precios subían el 700 % diario…”
--
1 Entre el papel moneda y el papelón
Cuando la gente apela al sentido común, suele olvidar que es un órgano elástico. Cada vez que la realidad extiende sus fronteras y posibilidades con la arbitrariedad que le caracteriza, el sentido común hace milagros para seguir creyendo que la engloba. Vayamos a los hechos: hace unos días que circula por el mundo la imagen de un billete de cincuenta millones de dólares, expedido por el Reserve Bank Of Zimbabwe. Lo más interesante del documento no es lo mucho, sino lo poco o nada que se puede comprar con él, pues su valor con trabajos rebasa el de un dólar americano. Ante esta situación, el gobierno de Robert Mugabe reconoce niveles de inflación lindantes con el cien mil por ciento, si bien se sabe que rebasa el doscientos cincuenta mil. Es decir que lo que hace un año costaba un ya de por sí pobre dólar de Zimbabwe, se vende ahora por dos mil quinientos —de cualquier forma escasos, frente a un desempleo del 80 %— y esto Mugabe lo ha venido resolviendo con la desaforada impresión de más y más dinero.
-
Habemos quienes todavía creemos que la realidad puede modificarse desde una humilde imprenta, si bien no necesariamente para mejorarla. Imprimir todos esos millones de billetes que seis meses después valdrán menos de una milésima parte significa extender brutalmente las dimensiones del sentido común, en particular para quienes deben salir a la calle con costales de billetes para ir comprar frutas al mercado, y luego hacer los cálculos astronómicos indispensables para establecer cada equivalencia, con el riesgo de que en esos minutos el precio del producto suba al doble o el triple. Negocio incalculable para quienes controlan a capricho la cotización oficial del dólar de Zimbabwe, allí donde hasta el más barato de los automóviles se cotiza en millones de millones de dólares locales. Para quien vive en esas circunstancias, el sentido común se va transfigurando hasta tomar la forma de un adefesio, pues nadie en sus cabales conseguiría creer, desde otra latitud, lo que para uno es moneda corriente. Valga la metáfora.
--
2 Los llamaban panchólares
Tal vez lo más extraño del sentido común sometido a las vejaciones de la realidad sea su insólita capacidad de recuperación. Al cabo de diez años, campea ya un amnesia colectiva en torno a aquellos tiempos en los que casi todo pasó a no valer nada. A la moneda se le restan ceros, la otrora clase media acomodada se acomoda en la clase media baja, mientras otros se van directo al sótano. No es raro entonces dar con profesionistas metidos a marchantes callejeros, así como ladrones de gallinas transformados en líderes de masas. Todo lo cual es muy estimulante para quien se dedica a hacer ficción, pues por lo visto sólo desde allí se vuelve indispensable la precisión de ciertos recuerdos, pero el esfuerzo nos presenta toda suerte de retos aritméticos. No quiero imaginar la cantidad de líneas que un narrador de Zimbabwe deberá emplear, de aquí a unos pocos años, para explicar el sueldo de sus personajes en diversos momentos de un año con inflación de un cuarto de millón porcentual.
-
Quisiera uno que las historias se explicaran solas. La sola idea de recurrir constantemente al pie de página para que acaben de cuadrar las cuentas parece abominable. Sería preferible, para el caso, narrar de un modo lo bastante hiperbólico para que nada cuadrara con nada, que es lo que le sucede a la realidad en ciertas épocas, pero no puede uno darse ese lujo. Así como los gobernantes realizan malabares inenarrables para dar apariencia de orden al caos, quien pretende contar la historia de una cierta realidad caótica tiene que hallarle, o en su caso imponerle, un orden y un sentido. Si, por ejemplo, la acción transcurre en México hace quince años, tarde o temprano narrador y lector deberán hacer suyo el sentido común del lugar y la época, según el cual medio millón de pesos no alcanzaba para maldita la cosa.
-
¿Qué significa “maldita la cosa”? He ahí los estragos de la realidad en la piel del sentido común. Cada vez que la realidad se torna inexplicable, los expertos se aferran a las cifras para ponerla en claro. Pero esas cifras son como tarjetas telefónicas, que se acumulan una encima de otra sin que, tiempo después, sepamos cuáles son las que aún sirven, aunque al fin todas vayan a caducar. Escribe uno “maldita la cosa” para suplir con una interjección el recuerdo impreciso de los años caóticos. De ahí a dejar atrás el papel moneda y volver a las épocas del trueque ya no hay mucha distancia. Si la historia que cuento pertenece a esas épocas, vale más convertir los precios a hamburguesas, litros de gasolina, boletos para el cine, lo que más dé confianza, una vez que los pesos se han devaluado hasta donde podían. Que en ficción equivale a cero punto cero.
--
3 Millones son razones
“Nos resignamos al mal tiempo, que es periódico, mas no nos habituamos a los malos gobiernos, que también lo son”, escribió Carlos Drummond de Andrade. Tampoco se acostumbra la gente a no saber lo que vale el dinero, así que una vez idos los tiempos difíciles lo más cómodo es, si se mira hacia allá, recordarlos como los cuentos de hadas de la infancia. Cosas que en una de éstas jamás pasaron (contribuirán así, al relatarse, a hacer que el tiempo viejo parezca aún más viejo y su recuento menos acreditable). ¿A quién va a acomodarle no saber cuánto valen los papeles que trae en la cartera, ya sean éstos escasos o abundantes? Tal vez el peor error de Robert Mugabe no fuera regatearle el respeto a sus expertos, y de paso al total de sus ciudadanos, sino perdérselo de plano al dinero. Vanidoso como es, el sentido común no perdona tamaña felonía. Cuando esa realidad pierda vigencia, procederá a enterrarla bajo un práctico monte de olvido. A ver, al fin, quién era más elástico.

viernes, abril 04, 2008

La sheaffer de Enrique Aguirre Carrasco (1915-2000)

Bajo el Sol- (Diario Cambio y E-consulta, Puebla 03/04/08)
Roberto Martínez Garcilazo
---
Es de plata el barril y el capuchón.
Labrada en rombos y ligera de peso.
El plumín de oro y el trazo excepcionalmente consistente y ágil.
Este bellísimo objeto es parte del legado del Maestro para mí (la otra, la mayor, es el privilegio de haber sido su alumno).
Me abismo pensando en las miles de horas que con ella escribió –caligrafía alta y delgada.
En las miles de oraciones que con ella construyó.
En el pensamiento que edificó en el papel con esta estilográfica que hoy, de manera orgullosa poseo.
Misteriosa es la vida de los objetos: súbitos sus cambios de aparente dueño -¿no son más bien ellos los que nos poseen hasta agotarnos la breve vida?
-
La sheaffer de plata es mi talismán.
La joya que escribe es oráculo infalible.
Es brújula de certezas en días oscuros.
-
Porque hay días en los que de pronto, como si abrieras los ojos después de caminar a ciegas, te descubres respirando en territorio canalla y cercado de malignidad y tontería y es necesario, urgente escribo, recuperarse uno mismo,y regresar (¿A Itaca?) y reanudar la vida.
-
Hoy recuerdo a Aguirre hablando de Epicteto.
La de Aguirre era una prosa verbal de artista.
Lo veo diciendo que el filósofo que nació esclavo era paradigma y alegoría de la única vida posible para el hombre.
Esfuérzate y se libre, decía Aguirre que preconizaba el estoico griego.
Hoy descubro que el aforismo es suyo.
La sheaffer de Aguirre es la herramienta extraordinaria con la que forjo mi redención ahora.

jueves, abril 03, 2008

Literatura en la UAP

De Letras-María Torres Ponce
Diario Milenio-Puebla (03/04/08)
---
La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla organiza el XXXVII Congreso Internacional del Instituto de Literatura Iberoamericana del 24 al 28 de junio de este año, con el fin de darle continuidad a este congreso que se celebra cada dos años en diferentes sedes como en la Universidad de Salamanca, la University of Iowa, la Universidad de Poitiers en Francia y la Universidad de Génova en Italia, entre otras.
-
En esta ocasión la organización del Congreso se enfrentó a circunstancias adversas por razones ajenas que no competen a la Universidad Autónoma de Puebla, por lo que el doctor Alejandro Palma Castro, director de la Facultad de Filosofía y Letras, se da a la tarea de rescatarlo, como un acto de amor a la literatura, sin soslayar, desde luego, el valor académico y cultural que representa para nuestra universidad y para nuestra ciudad ser la sede de tan relevante evento.
-
El Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana fue fundado en 1938 en la ciudad de México, a instancias de personalidades tales como Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, como un intento de reafirmación de la unidad hispánica en tiempos de la Guerra Civil Española. A partir de entonces, durante casi seis décadas y sin interrupciones, este instituto se ha dedicado a la tarea de difundir internacionalmente la literatura, la cultura y la crítica literaria latinoamericanas a través de sus congresos, de la reconocida Revista Iberoamericana y de sus líneas editoriales. En la actualidad cuenta con más de 250 socios alrededor del mundo, quienes en su mayoría ocupan puestos académicos relevantes en la enseñanza y difusión de la cultura iberoamericana.
-
La Comisión de honor de dicho Congreso estará presidida por destacadas personalidades: Margo Glantz, presidenta honoraria (UNAM), Renato Prada Oropeza (UAP), Aída Gambetta (UAP), Aurelio González (Colmex), Ana Rosa Domenella (UAM), Lucía Melgar (UNAM, Universidad Veracruzana), Rita Plancarte Martínez (Universidad de Sonora), Dulce María Zúñiga (Universidad de Guadalajara), Frank Loveland (Iberoamericana Puebla), Sandra Lorenzano (Universidad del Claustro de Sor Juana), Evodio Escalante (UAM) y María Isabel Belausteguigoitia Rius (UNAM).
-
Los ponentes, que vienen de diversos países, expondrán temas interesantes para la comunidad: Nacionalismo frontera y globalización; Estudios trasatlánticos y transpacíficos; Paradigmas de interpretación de la literatura colonial; Brasil: historia y proyecciones en el nuevo milenio; Literatura y culturas indígenas; La literatura y las artes; Debates de género (literatura gay); estudios transgenéricos (feminismo, etc); Estudios latinos y chicanos; Literatura policiaca, ciencia ficción y ciberculturas; Nación, estado y modernización en el siglo XIX; Subculturas urbanas en la literatura; Discurso cultural y discurso visual; Nuevas subjetividades y nuevas agendas sociales; Relecturas del canon latinoamericanista; Historia del IILI y la Revista Iberoamericana, en sesiones plenarias y conferencias, así como en eventos especiales.
-
Gracias a este tipo de actividades culturales que se desarrollan en nuestra Alma Mater, se brinda la oportunidad no sólo de proyectar la cultura de nuestra ciudad, sino también de consolidar la imagen de nuestra universidad con el interés necesariamente académico, que formaliza y distingue el quehacer fundamental de la educación, además de lograr una posición internacional de la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra universidad, así como la difusión del trabajo de investigación en las humanidades de académicos y estudiantes, amén de la proyección nacional de la Maestría en Literatura Mexicana y el Colegio de Lingüística y Literaturas Hispánicas.

Página del Minutario

Diario Milenio-Puebla (03/04/08)
---
Estoy tratando de retomar el minutario que he prometido terminar a finales de este 2008. En realidad no sé si pueda lograrlo, he dejado muchos vacíos. Hace unos días escribí algunas cosas, sobre todo porque me interesaba dejar constancia de un hecho escalofriante que transmitieron en la televisión, en el noticiero de López Dóriga: la matanza de focas en Canadá. Parece que son actos que se permiten, así tan fácil como barrer una calle o ir al cine. Cada año pasan las mismas escenas en los noticiosos y creo que a la gente ya no le causa la mínima sorpresa. Nos han acostumbrado a tanta violencia. Pero la ley del Karma existe, y esos que matan con tanto placer a las focas del Canadá se quedarán, como escribía un poeta que leí allá por los setenta, “Sin lágrimas/ sin agonía corta/ sin mamá”. Si me piden el nombre del poeta, tendré que confesarles que no lo recuerdo, pero los versos sí se me quedaron en la cabeza.
-
No se puede hacer daño impunemente. Me da horror el hecho de que circulen por la Internet esas ingratas acciones. Dijo el reporterito del medio electrónico que a partir de este año se seguiría permitiendo la matanza de las focas, pero que se recomendaría que no les provocaran tanto sufrimiento. Pues nadie atendió esa recomendación. ¿Por qué se permite la caza de focas? Simplemente –dicen— porque hay una gran sobrepoblación. Son como una plaga, aunque no sé quiénes hagan daño, quienes las matan lucran con su piel.
-
Me preocupa mucho más lo que pasa con las indefensas focas de Canadá que el caso Mouriño, el recuento de los votos del PRD o el asunto del ex presidente municipal de Izúcar de Matamoros.
-
Mucho más me preocupa lo de las focas del Canadá que el cese fulminante de Hugo Sánchez como director técnico de la Selección Nacional. Entre paréntesis, sólo entre paréntesis y para que no se olvide: hace ocho días, en esta misma columna, dije que “Hubo” Sánchez renunciaría; pero no, lo echaron y ahora él se ha comido sus propias palabras que declaró contra Lavolpe. Ya ven: el Karma. El gran jugador que hizo lo que nunca antes jugador mexicano ha hecho en Europa, se va humillado. Hace ocho días dije que Hugo se iría, pero ahora falta que se vaya otro personajazo de la cultura de Puebla que está utilizando su cargo para su beneficio personal. Sería una necedad de mi parte dar su nombre.
-
He de retomar ahora este Minutario que tanto he prometido. Y he de terminarlo. Recomienzo extrayendo esta breve página sobre el horror que me ha causado la matanza de las focas en Canadá. Un buen amigo mío me dijo que el mundo siempre ha sido medio loco e insensible, y me pidió que pensara en cómo matan a los pollos o las reses que termina comiéndose.
-
Pues sí, pero ahí está el Karma. En palabras de Swami Vivenkananda: “Karma designa las consecuencias de las acciones, los efectos de nuestras acciones pasadas.” Yo sólo lo apunto en este Minutario.

martes, abril 01, 2008

Historiar y ficcionar / 1



Diario Milenio-México (10/04/08)
---
Las siguientes son notas para leer documentos históricos en modo etnográfico. Una escritura histórica tendría que proponerse encarnar ese sentido de composición competitiva y tensa
-
Todo junto, todo a la vez: el collage como principio de construcción de la página. Desde que escribo historia, que es mucho después de que empezara a escribir novelas, he tenido la sospecha de que el público en general no lee libros de historia porque la gran mayoría, independientemente del tema que traten o la anécdota que intenten desarrollar, van escritos de la misma forma. Me refiero, por supuesto, a los libros de historia académica, a los libros académicos de historia que suelen explorar, por cierto, temas de suyo interesantes y anécdotas por demás amenas o escandalosas. Sin embargo, organizados de acuerdo a principios inculcados, ya subrepticia o ya de manera evidente, por manuales de reglas metodológicas o libros de consejos acerca de cómo escribir una tesis, muchos de estos textos se conforman de acuerdo a, y de paso confirman, una narrativa lineal en modo aristotélico, la cual incluye, a saber, tres pasos: la elaboración de un contexto estable y debidamente documentado; la descripción, de preferencia en gran detalle, del conflicto y/o hecho que ocurre en dicho contexto; y la producción de una resolución final. Esta narrativa, que tiende a reproducir una idea lineal, es decir, secuencial, es decir visual, de lo narrado, tiene como consecuencia el ocluir el sentido de impermanencia y de simultaneidad tan asociadas a las labores del oído y la presencia. Una escritura histórica en modo etnográfico, luego entonces, precisará de estrategias narrativas que contrarresten este fenómeno y abran las posibilidades dialógicas del texto. Y aquí es donde los consejos de Walter Benjamín, y sus peculiares notas para una filosofía de la historia, vuelven a hacer su aparición: el collage como estrategia para componer una página de alto contraste cuyo resultado es el conocimiento no como explicación del “objeto de estudio” sino como redención del mismo.
-
El expediente de Matilda Burgos, como otros tantos del Manicomio General La Castañeda, está compuesto, de hecho, de acuerdo a un principio semejante. Aunque firmado por un médico, el diagnóstico no es ni lineal ni definitivo. Todo lo contrario: una lectura detallada de este material textual pone en evidencia que el diagnóstico, como el expediente mismo, es un constructo multi-vocal y, además, contradictorio. Para muestra basta un botón. En la boleta de admisión, la primera hoja del expediente de Matilda Burgos, se responde a la pregunta acerca de la causa de su admisión con las siguientes dos alternativas: Confusión mental amoralidad. Demencia precoz hebefrénica. La primera de estas anotaciones está conspicua y significativamente tachada. A manera de palimpsesto o de capa geológica, el expediente acoge ésta y otras revisiones pero sin borrar las notas precedentes y, de más importancia para el lector en modo etno-historiográfico, sin incorporar las nuevas versiones a las anteriores, es decir, sin normalizarlas. El texto, en este sentido, no sólo es una colección de marcas sino una colección de marcas o inscripciones en permanente y perpetua competencia. Una escritura histórica en modo etnográfico, una escritura histórica que se pensara ante todo como escritura, tendría que proponerse como reto el encarnar en la página del libro este sentido de composición competitiva y tensa, esta estructura dialógica propia de e interna al documento mismo. El collage, así, no sería una medida de representación arbitraria o externa al documento, sino una estrategia que, en ciertos casos, en casos como el de Matilda Burgos, contribuiría a llevar al papel su historia y la manera en que esa historia fue compuesta a inicios de siglo XX dentro de las instalaciones del Manicomio General La Castañeda. Así entonces, no basta con identificar “todas” las versiones posibles y rechazar sólo una, la versión final, sino que habría que mostrarlo.
-
La función el collage es sostener tantas versiones como sea posible, colocándolas tan cerca una de la otra como para provocar el contraste, el asombro, el gozo –ese conocimiento producido por la epifanía no enunciada sino compuesta o fabricada por el mero tendido del texto, su arquitectura.
-
Lo que esto significa en términos de la posición del autor dentro del texto, especialmente en una era en que se experimenta con la muerte de la muerte del autor, es importante. El historiador en modo etnográfico que escribe de acuerdo a los principios del collage no puede preservar su posición hermenéutica como intérprete de documentos o como descifrador de signos. No se trata de un historiador que ande en busca de la verdad escondida de las cosas. Este otro historiador, y aquí utilizo un símil del mundo de la música contemporánea, cumplirá más bien las funciones de compositor o, aún mejor, de director de orquesta gestual muy a la Boulez. Lo cito: “El director debe tener en todo momento disponible en su cabeza, y de manera instantánea, el dibujo de la disposición, tanto más cuanto que los acontecimientos que se quieren suscitar no se producen de raíz de una secuencia fija, o porque dicha secuencia puede ser improvisada y puede cambiar en cualquier momento. Hay que ‘tocar’ a los músicos, como si fueran las teclas de un piano”. Hay que “tocar” a los documentos, parafraseo ahora, como si fueran las teclas de un piano.

lunes, marzo 31, 2008

El festín del marchante


Diario Milenio-México (31/03/08)
---
Resuenan fuegos de artificio en la trastienda de la olimpiada china, pues según tradiciones locales ya es tiempo de tapar las bocas de los propios y los ojos de los extraños.
--
1 ¿Es usted mexicanito?
Desde niños nos fuimos acostumbrando a llamarlos así: chinos. Lo de menos es si eran japoneses, coreanos o mongoles, bastaba con el buen detalle de regalarles, igual que a los negros, aquel diminutivo en teoría cariñoso que ante los otros hablaba mejor de uno que de ellos: chinito. El menosprecio gana buena prensa cuando se lo confunde con esa baja forma de simpatía que tanto se asemeja a la compasión. Nos parecen desprotegidos los chinitos, como seguramente lo estaría uno si se extraviara en un horizonte distante donde todo parece estar en riguroso chino. Y como pasa que buena parte de esos extraños usan a la sonrisa como medio específico de expresión, nunca falta quien piense que están dispuestos a creer cualquier cosa. ¿No es acaso a los crédulos y a los ingenuos a quienes engañamos como a un chino?
-
Los chinos están lejos, y esto nos acomoda. Podemos maquillarlos como nos dé la gana sin que intervengan para desmentirnos. Son como esos parientes distantísimos cuya suerte nos interesa poco menos que la de un ex vecino huraño. No que no desee uno que les vaya bien, pero tampoco perderá el apetito si se entera —casi siempre tardía, borrosamente— que en algo les ha ido muy mal. Qué triste, lamentamos, y tal vez solamente recordaremos su fatalidad si a ésta la acompañan detalles escabrosos que pueda uno contar, pelando los dientes. Y los chinos son tantos y tan distantes que tienen que pasarla demasiado mal para que uno se entere y se preocupe y preocupe a los otros con su relato. ¿Qué es demasiado mal? Si tomamos en cuenta la calidad y cantidad de vejaciones que han soportado y aún soportan en masa millones y millones de auténticos chinos, lo probable es que ni una bomba atómica conmueva nuestras buenas conciencias occidentales. A saber cuántos piensan que Hiroshima está en China, como sería el caso de Nagasaki.
--
2 Cinco aros y una svástica
Durante la olimpiada de 1936, los nazis se esforzaron por ofrecer una buena imagen a los visitantes, no pocas veces con enormes despliegues de arrogancia, tanto así que sus fiestas —especialmente las del payo Göring— evocaban con infumables gusto y fasto un grandeur imperial de pacotilla, pero asimismo se esforzaron en disimular el resultado de tres años de represión feroz y racismo rampante. De una noche para otra desaparecieron letreros y señalamientos públicos destinados a segregar judíos, y en su lugar quedó el espíritu olímpico que los nazis —cracks de la propaganda— aprovecharon de principio a fin, desde que poco o nada quedó fuera de su control. Los visitantes vieron solamente lo que los de la svástica aprobaron.
-
Una pregunta cándida: ¿cómo habría resuelto el hipersensitivo Führer una rechifla como la que tres décadas después se llevó el presidente Díaz Ordaz durante la inauguración de su olimpiada? La verdad es que Hitler resolvió esos asuntos desde que se adueñó de su partido, afirmando que entre los impulsores de la dictadura no deben celebrarse elecciones internas. Fue el propio Hermann Göring —nombrado Jefe de la Policía al mismo tiempo que su patrón Canciller— quien se encargó de hacer esa limpìeza desde su primer día de chamba carnicera y expedita. Para 1936, cualquier voz inconforme dentro del Tercer Reich se expresaba en el más estricto sigilo; es de creerse que ya una simple porra a Jesse Owens habría sido albur considerable allí donde reinaba la delación. ¿Cómo iban a aceptar los ases de la propaganda nacionalista que en los juegos olímpicos la imagen de Alemania resultara raspada? ¿Quién de los imagólogos del lambiche Goebbels no habría hecho milagros por evitarse la ira tremebunda del Nazi Mayor, cuyos berrinches de por sí evocaban cuchillos extralargos, cristales astillados y sogas ajustables?
--
3 El caso de la antorcha china
¿Cómo resolverían los gobernantes chinos una rechifla en el estadio olímpico? Teóricamente, la tienen resuelta. Hasta hace poco tiempo, disponían de cada uno de los mecanismos de control para tapar la boca de sus ciudadanos, y hoy que las pasan negras para taparnos ojos y oídos encuentran que tampoco terminan de callarlos, menos aún en tiempos olímpicos. Ahora mismo, a cuatro meses del evento, menudean las redadas de indeseables —prostitutas, vendedores ambulantes, buscavidas— que se pasarán cuando menos de aquí al fin de los juegos en centros de reeducación por el trabajo cuya sola existencia se antoja tenebrosa. Al propio tiempo, los disidentes son perseguidos como piezas de caza, toda vez que a ninguno de los líderes le gustaría descubrirse abucheado por su culpa. Una cosa es que los caciques locales se sumen al espíritu cosmopolita del evento y otra muy diferente que hagan a un lado el pudor pueblerino que permea asimismo en una olimpiada. Parecerían decir Todos somos Astérix, y al mismo tiempo Yo soy el César.
-
Cada día los chinos están menos distantes, tanto que es imposible no ser sus clientes. Así, el gobierno pule su imagen pensando astutamente que el cliente es aquel que siempre pierde la razón, y más vale no darle argumentos. Después de la olimpiada, volverá cada uno a su distancia y tornarán los chinos a ser los chinos que eran, y entonces volverá a tenernos sin cuidado si las hoy pudorosas autoridades chinas masacran estudiantes, encierran disidentes, asesinan más monjes y continúan pujando para tapar la boca de su gente, que hoy día para quejarse sólo tiene unos juegos olímpicos.
-
¿Alguien recuerda aquella escena del After hours de Scorsese donde la mesera le entrega al cliente un mensaje con la leyenda Sácame de este trabajo? La pregunta, no obstante, es si el cliente querrá enemistarse con el dueño del restaurante —que también lo es de la tienda y el almacén y la boutique y gran parte del pueblo— sólo porque se entera que tiene a la mesera durmiendo en la trastienda, trabajando catorce horas diarias y no la deja ni hablar por teléfono. Una metáfora sin duda benigna para un régimen que practica la pena de muerte por negocio y comercia con órganos de ajusticiados y penaliza a las familias de los convictos por su responsabilidad en el delito cometido. El caso es que el marchante está de fiesta, pero sólo de la trastienda para acá. Helo ahí, con la sonrisa puesta, repartiendo tarjetas de cliente distinguido.