jueves, enero 03, 2008

La negación del pasado indígena es el gran problema de México: Pedro Ángel Palou

Diserta sobre la trilogía histórica de este país, de la cual ha publicado las novelas Zapata y Morelos, y actualmente trabaja en la creación de Cuauhtémoc.
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Diario Intolerancia/Cultura (03/01/08)
Iris García / Federico Vite
Pedro Ángel Palou en la Fil-G 05. Foto: Alba Lucía. Archivo: Pingtajo.
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La negación del pasado indígena es el gran problema de México, advirtió el novelista Pedro Ángel Palou acerca de las conclusiones que ha obtenido durante la revisión histórica que ha hecho de este país para crear la trilogía Zapata, Morelos y Cuauhtémoc.
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En entrevista, el ahora investigador de la Sorbona de París, Pedro Ángel Palou García, antes de irse a radicar a Francia, comentó que su intención de escribir acerca de personajes históricos mexicanos surge de la relectura de Muertes históricas, de Martín Luis Guzmán; libro (que le recuerda al autor de Con la muerte en los puños al Suetonio de La vida de los doce césares) en el que este escritor de la Revolución Mexicana trabajó la biografía de los protagonistas de aquella justa armada.
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“Aunque esta idea de muertes, me sugiere pensar en tragedias históricas. De ahí que primero pensara, acerca de esta trilogía, en Zapata, luego en Morelos y ahora en Cuauhtémoc. Por qué primero Zapata, porque fue el primer proyecto negado en la Revolución, pero me empezó a plantear preguntas que el siglo XX no podía responder, así que fui hasta la época de la Independencia, entonces aparecieron más preguntas que mediante la presencia de Morelos iba tratando de dilucidar”, explicó.
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Es importante, agregó, mencionar que hay grandes líneas paralelas entre Morelos y Zapata: “ambos se consideraban héroes reales, profundamente realistas; morían por sus ideales, además no permitían que el poder los tratara de corromper”, dijo.
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Pero, aseveró, hay preguntas que no me respondió Morelos, intuyo que me las debe dar Cuauhtémoc, como el gran sacrificado de un periodo de la historia mexicana, pero aún no escribo este libro.
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Fundamental vernos en la Historia
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Acerca de la importancia de conocer e interpretar la Historia, Palou expuso que “la lectura de la Historia es fundamental en cualquier momento; leemos desde el presente, no lo leemos anacrónicamente; mientras damos una lectura de Zapata en el siglo XXI, tienes que ahondar e intentar atrapar a los jóvenes lectores que se preguntan qué respuestas se les negaron a la Historia de México, ¿qué no respondimos? ¿Qué no supimos contestar? Por eso escribo estos libros con la idea del sacrificio”.
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Precisó, con la intención de no considerar a estas novelas como una respuesta a los problemas añejos del país, que con los libros sólo se encuentran las interrogantes que se evitaron solucionar en determinados momentos.
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Fidelidad a la historia
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Dijo que para la elaboración de esta trilogía, se planteó algunos retos y se dio algunas libertades en cuanto al tratamiento del tema biográfico.
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“Por ejemplo, no quiero mentir, en Zapata, Morelos y Cuauhtémoc. Planteo los libros desde referencias históricas; el lector verá que me puse la cortapisa de hacer el recuento de estas vidas. No busco ficcionar escenas o anécdotas de estos líderes. Aunque hay algunas variantes, como se ha dicho en Zapata.”
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Explicó que siempre se ponía como una segunda imagen a este héroe, pero en la novela ocurrió al revés, el zapatismo estuvo de fondo; Emiliano aparece como una figura humana.
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En el caso de la segunda novela de la trilogía, dijo: “tuve la misma libertad con Morelos, es decir, mediante las mujeres que cruzaron la vida del ‘Ciervo de la Nación’, se conocen a la primera y a la tercera, no la segunda; las mencionadas son Brigida Almonte y ‘Pachita’ Francis Ortiz, pero no es que haya existido una tercera, sino una segunda con quien tuvo una hija, pero siempre la consideró anónima, la protegió con eso. De ahí que la novela esté dirigida a la hija. Y me tomé la libertad en crear a esta mujer, entonces se reconstruye la imagen de Morelos a partir de este hecho”.
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Abordar la nueva historiografía
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Sobre los riesgos de tocar a Cuauhtémoc en los típicos lugares planteados por libros históricos, explicó que ha buscado asesoría para abrevar información directamente de códices.
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“Si primero pasamos del códice al glifo, esto porque no teníamos una escritura como tal, entonces al ponerlo en letras cambia todo, por eso busco tener fuentes principales; sobre todo, considerando que Cuauhtémoc era experto en la lectura de códices”, reveló.
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Detalló que esta novela comenzará cuando atrapan a Cuahtémoc y culmina, obviamente, con su muerte. “Habrá varios retrocesos para que vayamos comprendiendo cómo se construyó este hombre, cómo fue su infancia, qué fue este hombre para su pueblo”, refirió.
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Especificó que lee mucha de la denominada nueva historiografía para evitar seguir la probación de mitos, como la superioridad de la raza blanca contra la oscura; el proceso de evangelización, entre otros.
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“La intención de la novela, como les decía, es abrir nuevas preguntas se trata de recrear una puerta de la vida de México. Entonces, será una novela épica, debo contar batallas, la destrucción de Tenochtitlán. Y recrear que en pleno centro de la ciudad de México detuvieron a Cuauhtémoc, es replantear gran parte de la Historia de México”, afirmó.
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Agregó: “busco la desmitificación; con esto, un replanteamiento de la identidad. Visto desde Zapata que la revolución la ganó el grupo del norte y ellos intentaron darnos una identidad; aunque en la Independencia, siendo liberal, me replanteo los errores del liberalismo, las fallas desde Juárez a la fecha. Creo que la negación del pasado indígena es el gran problema de México, perdimos el póquer para siempre; son muchos pasados indígenas. Entonces se plantea el tema de la identidad en México como multicultural”.
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Finalmente, concluyó: “veremos si esta novela plantea nuevas preguntas no resueltas, pero las novelas no son las respuestas”.
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Libros publicados
Novelas
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Como quien se desangra, Conaculta, Tierra Adentro, 1991.
En la alcoba de un mundo, FCE, Cuadernos de la Gaceta, 1992.
El fracaso de los cuerpos, Tava, 1995.
La memoria de los días, Joaquín Mortiz, Serie del Volador, 1995.
Bolero, Nueva Imagen, 1997.
El último campeonato mundial, Aldus, La Torre Inclinada, 1997.
Paraíso clausurado, Modernos y Clásicos, Barcelona, 2000.
Demasiadas vidas, Plaza & Janés, 2001.
Con la muerte en los puños, Alfaguara, 2003.
Malheridos, Joaquín Mortiz, 2003.
Qliphot, Sudamericana, 2003.
La casa de la magnolia, Sudamericana, 2004.
Quien dice sombra, Joaquín Mortiz, 2005.
El diván del diablo, Ediciones B, 2005.
Zapata, Planeta, 2006.
Morelos, Planeta, 2007.
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Relato
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Pequeño museo de la melancolía, UAP, 1998.
Un hombre con suerte, LunArena, 1999.
La naturaleza de las cosas, Libros del Bosque, 2002.
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Cuento
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Adiós a la luna, UNAM-INBA, 1988
Los placeres del dolor, UAP, Asteriscos, 1999
Música de adiós, Premiá 1989.
Amores enormes, gobierno del estado de Guanajuato, 1992.
Los placeres del dolor, Nueva Imagen, 2002.
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Ensayo
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La ciudad crítica, América Latina y sus intelectuales, Universidad Simón Bolívar, Colombia, 1997.
La casa del silencio, México 1910-1940, El Colegio de Michoacán, 1998.

miércoles, enero 02, 2008

"Italo Calvino en Pedro Ángel Palou"(publicado en Artículos sobre autores, sección de la revista"La línea del Cosmonauta"Año 2,Número 6,págs. 13-15)


La Generación del Crack ha llegado a siete años de existencia. Los escritores que la conforman de manera oficial y constante son: Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Vicente Herrasti, Eloy Urroz, Ricardo Chávez Castañeda y Alejandro Estivill.
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Quizá los más nombrados son Jorge Volpi e Ignacio Padilla, gracias a que ambos obtuvieron dos premios de suma importancia: el primero en 1999 se hizo acreedor al Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor, mientras que el segundo en el 2000 obtuvo el Premio Primavera de Novela por su novela Amphitryon; para el 2003, y ya con el ruido que había creado esta generación, Con la muerte en los puños de Pedro Ángel Palou gana el Premio Xavier Villaurrutia.
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La crítica ha sido despiadada en innumerables ocasiones con Volpi y Padilla, pero sin duda a quien peor le ha ido es al actual Rector de la Universidad de las Américas: Pedro Ángel Palou. La mayoría ha acusado al autor de Zapata (Planeta, 2006) de no tener un proyecto literario. Tomando como ejemplo a Jorge Volpi -quien hasta hace poco nos entregó el último libro de la trilogía de los acontecimientos políticos del siglo XX- o a Padilla que a lo largo de su obra se ha preocupado por hacer una literatura de viaje, vagamente se dice que Palou no tiene línea, que escribe de lo que sea sin ton ni son.
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Sin embargo, si uno lee con cuidado la obra de Pedro Ángel Palou, se puede entender que su narrativa sí tiene un proyecto, una línea a seguir. Su literatura se puede catalogar como la literatura de la melancolía y el fracaso. Ninguno de sus personajes triunfa, ni sale de su profundo abismo, se acostumbran a éste y añoran el pasado.
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En el Manifiesto del Crack, que saliera a la luz en 1996 y fuera publicado recientemente por Mondadori en el 2004. Pedro Ángel Palou abre dicho manifiesto hablando de las Seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino (Siruela, 2005) y fueron escritas para ocupar la cátedra de las Charles Eliot Norton Poetry Lectures en la Universidad de Harvard. Italo habría impartido esta cátedra de 1985 a 1986, pero al terminar de estructurar sus conferencias y una semana antes de partir rumbo a Harvard la muerte vino para llevárselo el 19 de septiembre de 1985.
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El fin de este ciclo que Calvino iba a dar era rescatar algunos valores, cualidades o especificidades de la literatura que él consideraba particularmente caros e iba a tratar de situarlos en la perspectiva del nuevo milenio. Al leer este libro uno asiste a un nacimiento de una teoría. Una manera distinta para analizar los textos más recientes. Una obra que por separado o en conjunto contenga: Levedad […1) Un aligeramiento del lenguaje mediante el cual los significados son canalizados por un tejido verbal como sin peso, hasta adquirir la misma consistencia enrarecida; 2) El relato de un razonamiento o de un proceso psicológico en el que obran elementos sutiles e imperceptibles, o una descripción que comporte un alto grado de abstracción y 3) Una imagen figurada de levedad que cobre un valor emblemático, como en el cuento de Boccaccio, Cavalcanti saltando con sus delgadas piernas por encima de la losa sepulcral…], Rapidez […Rapidez de estilo y de pensamiento quiere decir sobre todo agilidad, movilidad, desenvoltura; cualidades todas que se avienen con una escritura dispuesta a las divagaciones, a saltar de un argumento a otro, a perder el hilo cien veces y a encontrarlo al cabo de cien vericuetos…], Exactitud […1) un diseño de la obra bien definido y bien calculado; 2) la evocación de imágenes nítidas, incisivas, memorables; en italiano tenemos un adjetivo que no existe en inglés, “icástico”, del griego Ekiautikós; y 3) un lenguaje lo más preciso posible como léxico y como expresión de los matices del pensamiento y de la imaginación…], Visibilidad […es como advertencia del peligro que nos acecha de perder una facultad humana fundamental: la capacidad de enfocar imágenes visuales con los ojos cerrados, de hacer que broten colores y formas de alineamiento de caracteres alfabéticos negros sobre un página blanca, de pensar con imágenes. Pienso en una posible pedagogía de la imaginación que nos habitúe a controlar la visión interior sin sofocarla y sin dejarla caer, por otra parte, en un confuso, lábil fantaseo, sino permitiendo que las imágenes cristalicen en una forma bien definida, memorable, autosuficiente, “icástica”…], Multiplicidad […Tenemos el texto unitario que se desenvuelve como el discurso de una sola voz y que resulta ser interpretable en varios niveles (…). Tenemos el texto múltiple que sustituye la unicidad de un yo pensante por una multiplicidad de sujetos, de voces, de miradas sobre el mundo, según ese modelo que Mijail Bajtin ha llamado “dialógico” o “polifónico” o “carnavalesco”, y cuyos antecedentes encuentra en autores que van de Platón a Rebeláis y a Dostoievski. Tenemos la obra, que ansiosa por contener todo lo posible, no consigue darse una forma y dibujarse unos contornos, y queda inconclusa por vocación constitucional, como hemos vista en Musil y Gadda. Tenemos la obra que corresponde en literatura a lo que en filosofía es el pensamiento no sistemático, que procede por aforismos, por centelleos puntiformes y discontinuos, (…). Entre los valores que quisiera que se transmitiesen al próximo milenio figura sobre todo éste: el de una literatura que haya hecho suyo el gusto por el orden mental y la exactitud, la inteligencia de la poesía y al mismo tiempo de la ciencia y de la filosofía (…). (…) ojalá fuese posible una obra concebida fuera del self, una obra que permitiese salir de la perspectiva limitada de un yo individual, no sólo para entrar en otros yoes semejantes al nuestro, sino para hacer hablar a lo que no tiene palabra, al pájaro que se posa en canalón, al árbol en primavera y al árbol en otoño, a la piedra, al cemento, al plástico], además de tener tanto un buen inicio como un buen final.
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Una de las obras que más sirve para ejemplificar estos valores en la obra de Pedro A. Palou es su novela Casa de la Magnolia (Sudamericana, 2004). El personaje principal es Maia, quien recuerda aquellos días en donde todo era comienzo y la vida se abría. Su memoria le trae la imagen –el recuerdo- de la joven que fue, enamorada de otra mujer (Adriana Yorgatos), más sabia, más vieja, más próxima a la muerte. El amor que existió entre ellas fue la forma más lenta de aniquilación, por eso se tiñe por el dolor, acompañado tan sólo por un breve instante de placer y largas horas de reproche. Su visita al pasado –su pasado- sólo le confirma la existencia de una imposibilidad para poder cambiar lo terrible, un verano donde Maia aprendió que se puede morir varias veces la misma muerte.
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La estructura de esta novela está hecha en forma de capítulos enumerados por romanos, pero también puede ser una estructura poética. La narrativa de Pedro Ángel Palou, siempre se ha caracterizado por tener tintes poéticos. Haciendo que cada texto sea independiente y al mismo tiempo parte de un todo.
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El inicio de la novela de entrada cumple con la Exactitud y la Rapidez:
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Hoy cumplo cincuenta años, exactamente la edad que tenía ella cuando la conocí. El tiempo no se detiene ante el recuerdo, ni ante el amor. Entonces apenas pasaba de loas quince y me entregué a esa pasión de la única manera que me era lícito: a través de la imaginación y el incansable alimento de la belleza de Adriana Yorgatos, gracias a mi vecindad con la mansión que alquiló para pasar ese verano en la costa, la Casa de la Magnolia, como se la conocía. Para ella sólo un lugar de recreo; para mí, en cambio, la tierra de mis mayores y el pueblo gris y somnoliento de mi infancia.
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En una buena historia, todo lo que sucede es causado siempre por algo más. En este caso las cosas fueron empujadas por las palabras. La voz y el rostro que expresaban esas palabras vinieron después. Me pidió desde dentro de la casa, apenas asomada por la ventana, que fuera ayudarle con su correspondencia Así lo dijo, y no pude imaginarme cómo era la mujer que pronunciaba esas frases y me cuestionaba si sabía yo algo de mecanografía. Aun ahora me pregunto cómo se le ocurrió a Adriana Yorgatos que pudiese servirle como amanuense durante esos meses de descanso.
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El caso es que al día siguiente crucé su puerta.
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Y aún no regreso.
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Aunque la cita es excesivamente larga, es necesaria para poder ilustrar muchas cosas. De entrada el lector puede ver que la Exactitud se cumple en todas sus formas, Calvino pide tres requisitos, el primero debe ser un buen diseño de la obra, este inicio ya está marcando la pauta, siempre la va a contar una mujer desde su futura hacia su pasado –el recuerdo-: la añoranza como arma narrativa. De la misma forma advierte que la narradora no entiende cómo es que llego a ese lugar –La Casa de la Magnolia- y maldice de la misma forma el no poder salir de ahí. Las imágenes que busca dar el narrador, son logradas tal y como lo marca el segundo requisito de la exactitud, y el lenguaje es sencillo, no es rebuscado, es inmediato. El autor dice lo que debe y tiene que decir, no va más allá, no pierde el tiempo en absurdas descripciones, cumpliendo así con el tercer precepto de la Exactitud. Aviente al lector una bomba. Cumpliendo de esta forma con la Rapidez.
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La Visibilidad está muy hermanada con la Exactitud. La Visibilidad quizá corresponde más al lector que al autor, para que lector pueda imaginar sin que le afecte el excesivo bombardeo de las tecnologías que a cada rato nos invaden con imágenes predeterminadas, sin darnos la posibilidad de usar la imaginación, el autor debe lograr con párrafos precisos, imágenes capaces de permanecer en la mente del lector por encima de las ofrecidas por la televisión. Y la novela a lo largo cumple con la Visibilidad, aquí un ejemplo:
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¿De cuántas acciones está hecha una vida? ¿De cuántos hechos? ¿De cuántos sucesos? Muy pocos, a decir verdad. Todo lo demás es un ir y venir sin sentido en el que se gastan las horas.
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Se entra. Se sale.
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Nada más.
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Un telefonazo, quizá, de vez en cuando, que te recuerda que hay algo allí afuera, que eres recuerdo, vaga memoria.
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Luego ceniza.
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La levedad y la multiplicidad se pueden ver a lo largo de la obra. Una obra es múltiple cuando la historia relatada puede suceder en todas partes, pero también es abarcadora, lo mismo puede ser política como filosófica y religiosa. En este caso, la multiplicidad consiste en que la historia le sucede a Maia en una un lugar denominada: Casa de la Magnolia, una casa que no tiene ubicación alguna: quizá esté en Chiapas, en Puebla o en el DF. Mientras que la levedad es la fácil lectura, sin abandonar una trama portentosa.
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Para cerrar la ejemplificación, cierro con el final de la novela:
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Hoy cumplo cincuenta años, exactamente la edad que ella tenía cuando la conocí. EL tiempo no se detiene ante el recuerdo, ni ante el amor. Sólo delante de las palabras aminora el paso y nos concede tregua. Por eso he querido volver atrás, responderle a Adriana Yorgatos que no, que no he podido comprenderla.
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Ya no se mueven las palabras, aspiran al silencio. Me he quedado seca, sin música, sin palabras.
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Lo que sólo sirve no pude sino morir. No hay quietud, no hay olvido. Silencio.
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Yo entiendo poco de dioses, Adriana, pero es cierto:
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-El cielo es infinito y el infierno eterno.
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La Casa de la Magnolia, como se puede verse, es una clara demostración de que Palou es un adicto a las novelas melancólicas, donde los personajes siempre fracasarán, recordarán y no encontrarán la paz interna hasta que la muerte los alcancé.
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Y es este, entonces, el proyecto literario de Palou, obtener una obra extensa que con distintas voces, pero sin perder el estilo, se dedique a contar historias ávidas en sufrimientos y melancolías.
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Para saber más de la revista: www.lineadelcosmonauta.blogspot.com
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Es preciso decir que esta revista se realiza gracias a la Convocatoria Estatal de Apoyo a la Edición de Revistas Culturales del Instituto Sonorense de Cultura.
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El encargado de dirgir esta revista es Josué Barrera, quien recientemente acaba de publicar su libro de cuentos: Conducta amorosa, dentro del Programa Editorial de Sonora 2007.

Lista de libros leídos

Los marcados con rojo son los libros que leí empezando otoño 2007, más o menos por principios de septiembre.
El número de libros leídos: 14.
La meta para primavera 2008 es conservar ese mismo margen o subirlo al menos 3 libros más.

Libros que he leído de mi pequeña biblioteca:
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Narrativa:

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Vicente Riva Palacio: Los cuentos del General (Cuento).
Emilio Rabasa: La Bola (Novela).
José López Portillo: La Parcela (Novela).
Rafael Delgado: La Calandria (Novela).
Federico Gamboa: Santa (Novela).

Jorge Ibargüengoitia: Los relámpagos de agosto (Novela).
Mariano Azuela: Los de abajo (Novela).
B. Traven: Macario. (Novela).
Juan Rulfo: Pedro Páramo/El llano en llamas (Novela y cuento).
Sergio Pitol: La vida conyugal (Narrativa).
Elena Poniatowska: Querido Diego, te abraza Quiela (Narrativa).
José Emilio Pacheco: Los principios del placer (Cuento y Noveleta).
Guillermo Samperio: Ellas habitan un cuento (Cuento).
Daniel Sada: Luces artificiales (Novela).
Carlos Fuentes: Aura. (Novela).
Pedro Ángel Palou: Pequeño Museo de la Melancolía (Relato).
Pedro Ángel Palou: Los placeres del dolor (Cuento).
Pedro Ángel Palou: Música de Adiós (Cuento).
Pedro Ángel Palou: El Último Campeonato Mundial (Novela)
Pedro Ángel Palou: Bolero (Novela).
Pedro Ángel Palou: Demasiadas vidas (Novela).
Pedro Ángel Palou: Casa de la Magnolia (Novela).
Pedro Ángel Palou: Con la Muerte en los Puños (Novela).
Pedro Ángel Palou: En la Alcoba de un Mundo, Una vida de Xavier Villaurrutia (Novela).
Pedro Ángel Palou: Memoria de los Días. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Qliphoth (Novela).
Pedro Ángel Palou: Quien dice sombra (Novela).
Pedro Ángel Palou: El diván del diablo (Novela).
Pedro Ángel Palou: Zapata (Novela).
Ignacio Padilla: Amphitryon (Novela).
Ignacio Padilla: Espiral de artillería (Novela).
Ignacio Padilla: Una forma falsa de verdad (Selección de textos).
Ignacio Padilla: Las Antípodas y el Siglo (Cuento).
Ignacio Padilla: La Gruta del Toscano (Novela).
Jorge Volpi: A pesar del oscuro silencio (Novela).
Jorge Volpi: El juego del Apocalipsis (Novela).
Jorge Volpi: Sangrar tu piel amarga (Novela).
Jorge Volpi: El temperamento melancólico (Novela).
Eloy Urroz, Ignacio Padilla y Jorge Volpi: Tres bosquejos del mal (Cuento).
Cristina Rivera Garza: Nadie me verá llorar (Novela).
Mario Bellatin: Flores (Novela).
Mario Bellatin: La jornada de la mona y el paciente (Novela-Diario).
David Toscana: Lontananza (Relato).
David Toscana: Duelo por Miguel Pruneda (Novela).
Gerardo Kleinburg: No honrarás a tu padre (Novela).
Luis Humberto Crosthwaite: Instrucciones para cruzar la frontera (Relatos).
Xavier Velasco: Luna llena en las rocas (Crónicas).
Xavier Velasco: Diablo Guardián (Novela).
Xavier Velasco: Materialismo Histérico (Cuento).
Xavier Velasco: Éste que ves (Novela).
Mónica Lavín: Cambio de vías (Novela).
Beatriz Rivas: La hora sin diosas (Novela).
Sandra Becerril: La calle de las brujas (Novela).
Victoria García: Historias de otros (Novela).
Juan Gerardo Sampedro: Ojos de Entonces (Novela).
Juan Gerardo Sampedro: Nudos (Cuento).
Gabriel Wolfson: Caja (Cuento).

Mario Calderón: Destino y otras ficciones (Cuento).
Mario Calderón: Donde el Águila paró (Cuento).
Ricardo Cartas Figueroa: La Noche de Karmatrón (Cuento).
Felipe Galván: Autor anónimo (Novela).
Antología de narradores en Puebla: Varios. (Narración).
Insólitos y ufanos, antología de cuento poblano: Varios (Cuento).
Fronteras del deseo: Varios (Cuento).
El eco hecho carne: Varios (Cuento y poesía).
Augusto Monterroso: Movimiento perpetuo.
Pedro Antonio de Alarcón: El sombrero de tres picos (Novela).
Gabriel García Márquez: Cien años de soledad (Novela).
Gabriel García Márquez: Extraños doce cuentos peregrinos (Cuento).
Roberto Bolaño: Los detectives salvajes (Novela).
José Saramago: El evangelio según Jesucristo (Novela).
Vila-Matas: Bartleby y compañía (Novela).
J. M. Coetzee: Desgracia (Novela).
Antonio Tabucchi: La Cabeza Perdida de Damasceno Monteiro (Novela).
Albert Camus: El Extranjero (Novela).
Milan Kundera: La Insoportable Levedad del Ser (Novela).
Truman Capote: A sangre fría (Novela).
Truman Capote: Música para Camaleones (Cuento).
Michael Ende: Momo (Novela).
Franz Kafka: El Proceso (Novela).
Franz Kafka: La Metamorfosis (Cuento o novela).
Lewis Carroll: Alicia en el País de las Maravillas/A Través del Espejo (Cuento o novela).
V. Nabokov: Lolita (Novela).
V. Nabokov: Desesperación (Novela).
W. Faulkner: ¡Absalón! ¡Absalón! (Novela).
Heinrich Böll: El honor perdido de Katharina Blum (Novela).
Hesse: Demian (Novela).
Hesse: Lobo estepario (Novela).
Hesse: Bajo las ruedas (Novela).
Hesse: El último verano de Klingsor (Novela).
H. Melville: Bartebly, el escribiente y otros cuentos (Cuento).
Conrad: El corazón de las tinieblas (Novela).
Robert L. Stevenson: Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Novela).
Gustave Flaubert: Madame Bovary (Novela).
Fedor Dostoievsky: Crimen y Castigo (Novela)
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Poesía:
Dante Allighieri: La divina comedia (Poesía).
Charles Bukowsky: Poemas de viejo indecente (Poesía).
Rafael Argullol: Duelo en el Valle de la Muerte (Poesía).
Eduardo Casar: Mar privado (Poesía).
Luigi Amara: Envés (Poesía).
Alí Calderón: Imago Prima (Poesía).
Alejandra Peart: En estas horas (Poesía).
Roberto Martínez Garcilazo: Responso ante la Ceniza (Poesía).
Roberto Martínez Garcilazo: Lumbre oscura (Poesía).
Juan Carlos Canales: Teoría (Poesía).
Juan Carlos Canales: Antología (In) necesaria (Poesía).
Enrique de Jesús Pimentel: Criatura Tú (Poesía).
Enrique de Jesús Pimentel: Catacumbas (Poesía).
Mario Calderón: Vibraciones de la Creación (Poesía).
Ignacio Sánchez Prado: Poesía para nada (Poesía).
Miguel A. Maldonado: Magia corriente (Poesía).
Miguel A. Maldonado: La Carne Propia (Poesía).
Julio Eutiquio Sarabia: Mudar de vida (Poesía).
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Ensayo, Conferencias, Memorias, Diarios y Teorías:
Faulkner, Hemingway, Capote, etc...: El Oficio del Escritor (Entrevistas).
Italo Calvino: Seis propuestas para el próximo milenio (Cátedra).
V. S. Naipaul: Leer y escribir (Memorias).
Mempo Giardinelli: Final de novela en Patagonia (Diario).
Gabriel Zaid: Los demasiados libros (Ensayo).
Sergio Pitol: Pasión por la trama (Memorias-Ensayo).
Sergio Pitol: El arte de la fuga (Narrativa).
Carlos Monsiváis: Las Herencias ocultas de la Reforma liberal del siglo XIX (Ensayo).
Pedro Ángel Palou: Resistencia de Materiales (Ensayo).
Ignacio Padilla: El Peso de las Cosas (Ensayo).
Chávez Castañeda, Estivill, Herrasti, Padilla, Palou, Urroz y Volpi (y Tomás Regalado que no es del Crack): Crack. Instrucciones de Uso (Variado).
Guillermo Cabrera Infante, Roberto Bolaño, Jorge Franco, Rodrigo Fresán, Santiago Gamboa, Gonzalo Garcés, Fernando Iwasaki, Mario Mendoza, Ignacio Padilla, Edmundo Paz Soldán, Cristina Rivera Garza, Iván Thays y Jorge Volpi: Palabra de América (Ensayo).
Ignacio Padilla y Rubén Gallo: Heterodoxos mexicanos (Antología de narrativa mexicana a modo de ensayo-conversación).
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Otras disciplinas:
F. Nietzsche: Así habló Zaratustra (Filosofía).
F. Nietzsche: El Anticristo (Filosofía).
F. Nietzsche: Más allá del bien y del mal (Filosofía).
Cioran: Adiós a la filosofía y otros textos (Ensayo-aforismos).
Erich Fromm: El arte de amar (Filosofía).
Michel Maffesoli: El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos (Sociología).
Michel Maffesoli: Posmodernidad (Sociología-Cátedra).
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En proceso:
Pedro Ángel Palou: Morelos, morir es nada (Novela).
José Luis Trueba Lara: Masones en México (Ensayo).
Jorge Volpi: En busca de Klingsor (Novela).
Jorge Volpi: El fin de la locura (Novela).
Josué Barrera: Conducta amorosa (Cuento).
Homero: La Iliada.
Cirlot: Bronwyn (Poesía).
Nabokov: Curso de Literatura Europea (Memorias).
Lev Tolstói: Anna Karénina (Novela).
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Me faltan:
Fedor Dostoievsky: EL jugador (Novela).
Fedor Dostoievsky: Los Hermanos Karamazov (Novela).
Heinrich Böll: Opiniones de un payaso (Novela).
Benito Pérez Galdós: El Gran Oriente (Novela).
Julio Cortazar: Rayuela (Novela).
Julio Cortazar: El perseguidor y otros relatos (Cuento).
Jorge Luis Borges: El libro de los Seres Imaginarios.
Sergio Pitol: Adicción a los ingleses (Ensayo).
Sergio Pitol: De realidad a la literatura (Cátedra).
Fritz Glockner: Memoria Roja (Ensayo).
José Manuel Villalpando: Mi gobierno será detestado (Novela).
Ignacio Trejo Fuentes: El vaquero más auténtico que existió (Novela).
Carlos Montemayor: Minas del retorno (Novela).
James Joyce: Ulises (Novela).
F. Nietzsche: Consideraciones Intempestivas (Filosofía).
F. Nietzsche: Sobre el porvenir de nuestras escuelas (Filosofía).
F. Nietzsche: Ecce homo (Filosofía).
Cervantes: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha I y II.
Homero: La Odisea

martes, enero 01, 2008

Se fue el 2007 y seguimos vivos. Nos esperan más cambios climáticos y con ellos, vienen las enfermedades, las muertes y las desgracias que sirven para cubrir a todo dar, la mitad de los noticieros de Tv Azteca o Televisa.
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En vía de mientras, yo sigo leyendo Las Herencias ocultas de la Reforma liberal del siglo XIX (Debate y Círculo Editorial Azteca, 2007). Es un libro fundamental para entender nuestro pasado político-cultural-social, y como una va afectando y explicando a la otra.
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Hace un repaso por autores esenciales: Juan Bautistas Morales, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Payno y Vicente Riva Palacio. Al mismo tiempo revisita la imagen de Benito Juárez poniendo un poco de ironía al asunto, y nos da un repaso breve, grosso modo, de la relación existente en esos tiempos entre el Estado y la Iglesia.
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Transcribo otro fragmento muy agradable que pone Monsiváis en su libros, ahora toca el turno a los Mandamientos de Jesús Muñoz que aparecieron publicados un 21 de noviembre de 1910 en El Hijo del Ahuizote:
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Los mandamientos de las Leyes de Reforma son diez: los tres primeros pertenecen a la Madre Patria, y los otros siete al provecho y honra de sus ciudadanos:
1° Amarás a tu Patria sobre todas las cosas.
2° No protestarás en vano las Leyes de Reforma.
3° Santificarás los días de gloria y luto de la Patria.
4° Nonrarás a los mártires y héroes de la libertad.
5° No te vestirás de cuero para machetear al pueblo.
6° Tomarás familia para no seguir el mal ejemplo de papas, cardenales, obispos y demás frailes.
7° Distribuirás convenientemente las contribuciones del pueblo a favor del bienestar y progreso.
8° No calumniarás a los conciudadanos.
9° No buscarás amistades de liberales pancistas (oportunistas o aprovecahdos), ni leerás periódicos vendidos.
10° No codiciarás los puestos públicos cuando seas inepto para desempeñarlos.
Hasta aquí los Mandamientos.

lunes, diciembre 31, 2007

FELIZ AÑO NUEVO A TODOS LOS QUE HAN PASADO, A LOS QUE PASEN Y SIGAN PASANDO.
ESPERO SU 2007 NO HAYA SIDO MALO Y QUE ESTE 2008 SEA A TODA MADRE.
UN ABRAZO MUY AFECTUOSO Y FRATERNAL
FREDO.

Bang, bang, Benazir



Diario Milenio-México (31/12/07)
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Del tamaño del sapo...
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Una de las escenas más recordadas de Bruce Lee es aquella de Operación Dragón en la que manipula los chacos a la velocidad de un rehilete, para desgracia de sus oponentes y pasmo religioso de los espectadores. Debimos de ser varias decenas de miles los adolescentes que abandonamos el cine intercambiando remedos de patadas voladoras, y en noches subsiguientes soñando con un día manejar los chacos igual que aquel difunto legendario. La mayoría jamás lo intentamos, que yo recuerde sólo algunos extremos vanidosos accedieron a levantarse a las cuatro de la madrugada para ir a hacerse ninjas al Ajusco. Alguna vez, cuando estaba ya cerca de comprarme unos chacos, un amigo juicioso me preguntó qué pasaría si un día yo sacaba esos chacos y el enemigo terminaba dándome con ellos. ¿Cómo negar que era lo más probable? Cabía, además, la posibilidad de que al introducir un arma en la contienda mi adversario se sintiera tentado a responder con un arma mayor, o cuando menos más manejable. Un ladrillo, un bat, una lata de gas lacrimógeno. Por eso nunca tuve unos chacos, ni hasta la fecha me imagino qué haría con un revólver en las manos. Qué tal que ando de malas ese día...
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Años después, aún influido por el verdugo heroico del malvado Han, pasé un par de años tomando en unas clases de tae-kwon-do que eran tremendo antídoto contra la neurosis. Aunque algunos, tal vez los mismos que esperaban un día convertirse en ninjas de algún shogún local, disfrutaban gritando como lobas en celo cada vez que soltaban una patadita. La clase de entusiasta que lo primero que hace al iniciarse es comprar camiseta y calcomanía alusivos. Poder llevar alguna insignia encima que acredite su superioridad guerrera. Que a la hora de hinchar el pecho de gallito rijoso sobresalgan las letras coreanas en el pecho, cuya traducción será siempre la misma. Tú que me miras feo y yo que te reviento el hocico. Comúnmente, a los empistolados les divierte hacer blanco en esas camisetas.
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2
El que tenga más juguetes gana
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Toda riña se mueve dentro de ciertos límites y niveles de agresión. La introducción de un arma en la pelea supone el reto a llegar más allá. Ser no sólo enemigo, sino enemigo mortal. Escupir en el suelo que ha pisado cualquiera de los suyos: todos malditos. Las peores satrapías se caracterizan por ejercer violencia extrema no únicamente contra el responsable de la presunta falta, sino de paso contra sus familiares. Supuestamente el último límite de la agresión consiste en pretender exterminar la semilla de una estirpe o una raza. Hay que estar desquiciado para querer ganar un juego donde se apuesta en esos niveles, por motivos sin duda menos concretos que la sangre que está por derramarse. Quizás lo más pasmante del asesinato de Benazir Bhutto sea que hubiera aún quien se pasmara. Su historia es la de un western sofocliano que comienza horas antes del ahorcamiento de su padre, justo en la celda donde le promete continuar su lucha. El hecho de hubiera muerto en Rawalpindi, a tan poca distancia del patíbulo de Zulfikar Alí Bhutto, confirma la materia teatral de una tragedia largamente cantada.
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Cuando los talibanes se llamaban mujaidines, parecía una buena obra darles armas y entrenamiento para enfrentar a los invasores soviéticos. Tan buena como en su caso lo sería darle a un niño un cuchillo para evitar que lo molesten en la escuela. Cada vez que algún niño dispara o se dispara accidentalmente un arma de fuego, nos preguntamos quién ha sido el idiota que la dejó cargada y a su alcance. Creemos, y en eso nadie está en desacuerdo, que un niño de nueve años no es capaz de responsabilizarse por un arma, y asumimos por mera abulia cerebral que quien cruza la línea de los dieciocho años está mágicamente facultado para hacerse cargo del poder destructivo de un juguete equipado con pólvora y plomo. Favorito, por cierto, de tantos imbéciles.
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3
Enojo de mujaidín
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En un país que se llame a sí mismo civilizado no debería ser posible, ni acaso concebible, que se permita a nadie poseer un arma sin haber aprobado toda suerte de exámenes que acrediten su estabilidad mental y el manejo adecuado del juguete de mierda, amén de acreditar un nivel de instrucción hasta hoy impensable en buena parte de los que legalmente llevan armas de fuego encima. ¿Cuál era, a todo esto, el nivel de instrucción de los ex-mujaidines a los que el civilizado y civilizador gobierno de Benazir Bhutto repartió en su momento el poder de las armas? Si juzgamos por lo que han hecho como talibanes, habrá que acreditar que sus conocimientos alcanzan solamente valor curricular en el área del odio y los prejuicios. No fue precisamente un gesto civilizado dar a un puñado de retrógradas rencorosos e intransigentes un poder de destrucción del que pocos después querrían abdicar —ningún otro tendrían, en tal caso.
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Aún hoy corre el cuento moralista de que el doctor Joseph-Ignace Guillotin, gran promotor de la medida humanitaria de ejecutar a los condenados a muerte mediante un aparato preciso e igualitario —antes de la irrupción jacobina, los familiares ricos de quienes morían por hacha o sable pagaban al verdugo por un trabajo raudo y certero—, había muerto asimismo guillotinado. Lo cierto es que ninguno de sus familiares consiguió que el Estado accediera a renombrar el pérfido adminículo, motivo por el cual procedieron a guillotinarse el apellido. ¿Sabría Benazir Bhutto, empañado a menudo su civilizado entendimiento por la cruzada que la tenía en pie, que no hay arma que no tenga dos filos? Hoy, cuando su enemigo Pervez Musharraf se esmera en exponer las siniestras virtudes del quemacocos como arma mortífera, no queda más que sentarse a esperar en qué momento llega otro más hábil, le arrebata los chacos al tirano y lo tunde con ellos espectacularmente. Qué no habría hecho el pasmante Bruce Lee al mando de unos chacos rematados en ojiva nuclear.

viernes, diciembre 28, 2007

Para no olvidar y hacer memoria de nuestro pasado

De Las Herencias Ocultas de la Reforma liberal del siglo XIX de Carlos Monsiváis, transcribo este texto que se me hace fundamental para ir entendiendo la historia de nuestro país.
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Prieto y su divisón de la historia del México ya hispanizado:
  1. Desde la toma de la ciudad de México hast ala venida del primer virrey. Codicias, asesinatos en masa, imposición brutal de creencias, arrasamiento del mundo prehispánico.
  2. Hasta la terminación del cominio de la Casa de Austria. Explotación inmiserecorde de los recursos del país, rapiña, acumulación de bienes, concentración de la propiedad territorial, destrucción por trabajos forzados de las comunidades indígenas, aislamiento total del país (interdicción a los extranjeros, lo "que quitaba todos los beneficios de la sociabilidad"), virreyes buenos o regulares, burocracia, racismo aplicado contra los mismos criollos.
  3. Hasta el grito de insurreción dado en la Nueva España el 16 de septiembre de 1810. Acumulación del descontento, lenta y sólida germinación de la idea de Independencia, conspiraciones criollas, recelos y persecuciones a los disidentes de los españoles, emergencia de los insurgentes, y
  4. De 1810 a la República Restaurada. Aquí, lo primero es el panteón de los héroes. prieto incluye una tabla "Para ayudar a la memoria sobre la Guerra de Independencia", y elige cinco "Personajes Prominentes": Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Rayón, Jóse María Morelos y Pavón, Francisco J. Mina y Agustín de Iturbide. En los años siguientes, los historiadores expulsan a iturbide, contra quien ya vierte Prieto críticas feroces ("...cuidando no recargar los negros colorres con que s epuede caraterizar a Iturbide, sin recordar los hechos horribles de Morelia ni los bandos entre los cuales alguno mandaba quitar a una polbación, incluyendo mujeres y niños..."). Pero al santoral, ya determinado, se agrega pronto a don Benito Juárez.

Lo que aconteció este 2007 en el ámbito cultural.

Destaca Profética como la sede de mayor actividad literaria en Puebla (Intolerancia Diario 28/12/07)
Federico Vite
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Durante este año se buscó deficientemente la reapertura de la Escuela de Escritores, se homenajeó a los narradores René Avilés Fabila, Sergio Pitol y al poeta José Luis Rivas.
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De acuerdo con varios de los foros que en Puebla programaron presentaciones de libros, lecturas de poesía u homenajes a literatos, se hizo un resumen de las actividades más destacadas en materia literaria.
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La Casa del Escritor fungió como la sede para que uno de los libros más comentados del país se presentara en septiembre: El deseo postergado, ganador del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2007, al cual asistieron más de 200 personas, en su mayoría jóvenes, que atendieron los comentarios de los poetas Álvaro Solís, Jaír Cortés, Alí Calderón y Mario Bojórquez, quien, con este poemario, es el primero de los mexicanos en formar parte de la editorial Lumen en la colección de “Poesía”.
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Fue un recinto para que diversos poetas jóvenes ofrecieran lecturas de poesía. Y durante el pasado Festival Internacional de Puebla (FIP), en noviembre, alojó a los escritores invitados como parte del FIP. Estuvieron, por ejemplo, los poetas Jorge Fernández Granados y Andrés Hinostrosa; también la venezolana María Auxiliadora y Alan Mills, de Canadá.
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Homenajes
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En el salón Paraninfo del edificio Carolino se realizó en julio pasado un homenaje al novelista René Avilés Fabila, porque su novela Los juegos cumplió 40 años de haber sido publicada por primera vez (1967). Sobre este libro, polémico en su momento, Avilés comentó: “un joven me hizo el mejor piropo que me han hecho de esta novela, pues dijo que parecía haber sido escrita por un “ceceachero” en plena huelga, bien encabronado y bien “mariguana”.
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En aquella ocasión, ante más de cien personas, los escritores Horacio Porcayo, Juan Gerardo Sampedro, Felipe Galván, Ricardo Cartas y Roberto Martínez Gracilazo hablaron de la trayectoria del autor de El gran solitario del palacio.
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Reseñaron el transcurso de un texto que a los 40 años que haberse editado, sufre una transformación, pues fue reeditada por Nueva Imagen con la intención de que los jóvenes lectores puedan conocer esta emblemática novela de la generación que sufrió la revuelta del 68 en nuestro país, pues critica tanto a los intelectuales mexicanos, como a los hechos violentos que orquestó el gobierno.
-Avilés, en su turno al micrófono, agradeció los comentarios de todos los participantes. “No me es fácil hablar de un libro que se inició en 1960; quizá el mejor comentario, sin menospreciar de ninguna manera los que acabamos de escuchar fue hablar de él a tantos años de su nacimiento.
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“Todo lo dicho aquí es cierto, este libro me dio una salida ruidosa en mi carrera, aunque sólo quería decir, al escribir Los juegos, que este sistema nos está dando ‘atole con el dedo’, que su caída es inminente y no sólo yo lo he dicho, mucha gente, desde los 60 ya está anunciando este problema. Aún es un sistema que nos está dando ‘atole con el dedo’”, afirmó.
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Otro de los homenajeados en este mismo recinto fue el veracruzano Sergio Pitol, en esta ocasión, el 4 de septiembre, los integrantes del colectivo artístico La Fuga Literaria y algunos maestros del Colegio de Lingüística y Literatura Hispanoamericana, Alma Corona, Atala García (estudiante de la UDLA), el catedrático de la UDLA-P Alfonso Montelongo y los integrantes de la Fuga Literaria, Alfredo Godínez e Israel Aguilar, hablaron de la trayectoria del ganador del premio Cervantes 2005.
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Y en su turno Pitol comentó: “este homenaje ha sido una cosa que me llegó al alma, el hecho de que no estén separadas las universidades y el ver tanta juventud en este bellísimo Paraninfo”. Explicó que planeaba, para este 2008, publicar una novela, esto después de que estudió a varios escritores de Latinoamérica, por ejemplo, Mario Bellatin; Rodrigo Rey Rosa, de Guatemala; a César Aria (argentino); a Roberto Bolaño, que más que chileno es mexicano; Ricardo Piglia (argentino); “son autores que han vitalizado la forma de escribir novelas en el continente”, dijo en aquella ocasión.
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Eventualidad
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Una eventualidad ocurrió en la Casa de la Cultura, vía alumnos y exalumnos del Colegio de Lingüística y Literatura, se programó la presentación de Ante un cálido norte del poeta y traductor José Luis Rivas; este acto también fue parte de un homenaje que los poetas Álvaro Solís, Jaír Cortés, Alí Calderón y Jorge Mendoza rindieron a quien diera voz en español a Pierre Reverdy, Michel Tournier, Jean Marie C. Le-Clezio, Henri Bosco, Georges Schehadé, T.S. Eliot, Saint-John Perse, Jules Supervielle, Derek Walcott, Arthur Rimbaud, Joseph Brodsdky y Les Murray.
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Esta celebración de la trayectoria literaria de Rivas se realizó interinstitucionalmente entre la Maestría en Literatura Mexicana de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) y la Casa del Escritor.
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En aquella ocasión, Rivas agradeció la presencia de más de 200 personas que se dieron cita para escuchar a uno de los poetas vivos más destacados del país.
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Dijo que estaba conmovido, que el mejor homenaje que le hacían era la presencia de tanta gente ante un poeta.
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Profética
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Esta sede, usualmente en activo cada jueves por la noche, ha presentado el trabajo de diversos autores jóvenes y de escritores ya conocidos, al igual es parte del grupo de organizadores de los premios de poesía Gutierre de Cetina y Alejandro Meneses de cuento. De igual manera hizo posible el primer concurso Muestra tu Moleskine, para los interesados en artes plásticas.
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Durante todo el año se ha mantenido una persistente actividad literaria en este foro, desde charlas acerca de astronomía hasta disertaciones poéticas, como la ofrecida por el escritor Julián Herbert acerca de Piedra de sol, poema del Nobel Octavio Paz.
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En este sitio de igual manera se comentaron números de revistas varias como Metapolítica o Tierra Adentro.
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Estuvo presente en Arterótico como el punto de encuentro de las Veladas Literarias en las que participación los escritores Alberto Ruy Sánchez, Mónica Lavín y Coral Bracho; además del editor de literatura erótica Alejandro Zenker. Estas charlas versaron acerca del oficio de escribir y del erotismo, fueron conducidas por la pintora Rosa Borrás y el reportero Óscar López Hernández.
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Aparte, durante el Congreso de Poesía y Poética, organizado por alumnos de la Maestría en Literatura Mexicana, en el patio de Profética se hicieron las lecturas de poesía, decenas de escritores mostraron su trabajo en este foro que aglutina gran parte de las actividades literarias.
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Convenios
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En el bar El Breve Espacio fungió como la sede de varios títulos del Fondo Editorial Tierra Adentro, presentó poetas, narradores y ensayistas jóvenes, es otro de los foros destinados a la divulgación de la literatura.
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Destacó que en marzo de este año, el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y la Casa del Escritor organizaron una serie de actividades con miras a reiniciar las actividades de la Escuela de Escritores de Puebla. El narrador Hernán Lara Zavala, René Avilés Fabila, el poeta Jaime Augusto Shelly, la narradora Mónica Lavín, la dramaturga Estela Leñero y el novelista Agustín Ramos dieron algunos cursos y charlas relacionadas con la literatura.
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Y las Galerías de Palacio se convirtieron en un espacio para lecturas de poemas, en las que estuvieron Kenia Cano, Claudia Posadas, Jorge Fernández Granados, Roxana Elvridge, Mario Bojórquez, Coral Bracho y Armando González Torres; de igual manera se presentaron algunos libros como Bajo el peso de nuestro propio fuego, de Gerardo Oviedo; la revista literaria Rimbaud, de Tlaxcala; y el poemario Mutaciones, de Gerardo Lino.
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Finalmente, la biblioteca Palafoxiana ha presentado los libros y catálogos que la Secretaría de Cultura en coedición con LunArena ha ido publicando.
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De los pocos textos de dramaturgia que se presentaron, la Casa del Escritor albergó a Contigo América, un registro histórico que da cuenta del trabajo de este grupo escénico que a lo largo de 25 años trayectoria se ha convertido en un emblema del teatro independiente en México. Los presentadores, en esta ocasión, fueron el dramaturgo Felipe Galván, el director escénico Williams Sayago y el compilador e investigador de este volumen, Julio César López.

jueves, diciembre 27, 2007

Mis doce uvas



Diario Milenio-Puebla (27/12/07)
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Hace exactamente un año unos cretinitos que andan por ahí me desearon, en una pobre nota periodística del día de los inocentes, todo el mal que a alguien se le puede desear. Muy a pesar de que no tomé en cuenta esas tonterías –no broma, sí encono– no esperaba otra cosa que terminara 2007. Ya casi termina, ya casi. No son malos o buenos los años, somos nosotros y nuestras circunstancias, como lo dijera Ortega y Gasett.
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Justamente ayer pasé al supermercado y compré unas latas que vienen con las doce uvas que, por tradición, se deben consumir a la hora de las doce campanadas que indican que el año se va, al tiempo de pedir doce buenos deseos. A veces se confunden los deseos con los propósitos, existe el riesgo. Pero los propósitos son también deseos.
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Yo aquí tengo los míos y los comparto a pocas horas de abrir la lata de las uvas. No voy a confesarlos todos porque vienen acompañados del secreto; si no, jamás se lograrían.
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Espero antes que nada conservar a mis amistades, todos aquellos que han depositado su confianza en mí. Gracias amigos míos, que sí los tengo y son muchos/ Espero, por otro lado, mantener a los que se dicen mis enemigos alejados, muy alejados, tan alejados como siempre, allá, que no se me acerquen/ En mi nota de deseos y propósitos he decidido seguir hablando de los plagiarios de la teoría del cuento mexicano; si algo tiene de vergonzoso una investigación es precisamente el plagio con la creencia de que los lectores somos tontos/ Seguiré caminando por las mañanas en el Parque Ecológico y con mis rutinas de Yoga ahí con la maestra Coral/ trataré de abandonar el Rivotril y el Lexotán, será mejor quizá acompañar el sueño con un buen traguito de Hornitos/ Que mis amigos y mis amigas hagan frente a sus problemas, ellos y ellas saben a qué me refiero y, por último dentro de esta pequeña lista revelada, deseo con todo el corazón que cambien para bien las cosas en la Secretaría de Cultura: ese personaje sin autocrítica que se sigue sintiendo secretario ha llenado de torpezas la cultura de Puebla. El 2007 fue terrible para la cultura. Por fin hace poco, el compañero Eduardo Montagner habló de los motivos de su renuncia: la humillación de que fue víctima por parte del arrogante secretario, quien así como llegó a esa Secretaría (sin merecimientos y por suerte) pudo haber tenido otro papel lejos de la cultura.
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Por fin se termina 2007. Hubo meses que se me hicieron eternos, como mayo y junio; otros pasaron más rápido que los tranvías.
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Deseo por último que a ustedes, mis amigos y lectores, les espere un excelente 2008, sin sobresaltos, sin los problemas que a veces da la vida cotidiana. Yo entonces a mis asuntos, a seguir trabajando. Feliz año.

martes, diciembre 25, 2007

Fotografía y posmemoria



Diario Milenio-México (25/12/07)
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Dice Milorad Pavic, en esa maravillosa novela que responde al nombre de Paisaje pintado con te, que el pasado siempre está a punto de ocurrir. En Tiempo pasado: Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión, Beatriz Sarlo argumenta que “el regreso del pasado no es siempre un momento liberador del recuerdo, sino un advenimiento, una captura del presente”. De ahí que el tiempo propio del recuerdo sea, precisamente, el presente: “es el único tiempo apropiado para recordar, y también el tiempo del cual el recuerdo se apodera, haciéndolo propio”. Tal vez pocos artefactos como las imágenes fotográficas transmitan con tanta convicción –con una convicción, eso sí, paradójica– ese estar-a-punto-de que caracteriza a lo que, habiendo sido, sigue siendo. En efecto, son pocos los elementos fragmentarios, y una fotografía de suyo lo es, que convocan, con tanta naturalidad, diríase que hasta con urgencia, la continuidad de un relato. El que ve un retrato, se apropia de una historia porque su mirada, lo quiera o no así, la reaviva, continuándola. El que ve, no se transporta hacia el pasado sino que, tal como lo sugieren Pavic y Sarlo, traen ese pasado a colación en el presente. Tal vez pocos objetos nos conviertan, a través de una acción tan aparentemente inocua como ver, en sus cómplices. El que ve un retrato, se implica.
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Hace más o menos un año recibí una invitación por parte de José Rojas Loa para participar, junto con los historiadores Cristina Sacristán y Andrés Ríos, en la presentación de una serie de fotografías del Manicomio General, comúnmente conocido como La Castañeda, la institución inaugurada en 1910 con bomba y platillo por el entonces presidente Porfirio Díaz, como primer acto de las celebraciones del centenario de la independencia de México. No tendría que explicar pero explico que la invitación se relacionaba a los muchos años que, en mi faceta de historiadora, he pasado leyendo e interpretando material textual y fotográfico del dicho manicomio. Mi relación con la institución, quiero decir, no es personal. Nunca fui, que yo sepa, una de las internas que ven hacia la lente de la cámara fotográfica con azoro o estupefacción o indiferencia. De haber sufrido de algún desajuste mental, mis ancestros lidiaron con esas condiciones en el extra-muros del mundo de la provincia norte. Nunca visité a interno alguno en sus pabellones y ni siquiera entretengo, como tantos otros, historias o macabras o divertidas sobre los avatares de La Castañeda en el barrio de Mixcoac –hoy por hoy una zona en la que la locura más cotidiana es, como en toda la ciudad, el tráfico. No soy integrante, quiero decir, de esa segunda generación que, a decir de Marianne Hirsch, podría hacer de mí, al ver las fotografías de La Castañeda, una agente de la posmemoria.
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Y, sin embargo, después de esos muchos años que he pasado leyendo con cuidado expedientes y oficios, y observando en obsesivo detalle fotografías y retratos del manicomio, es del todo difícil asegurar que mi relación con la institución no es personal. Menciono todo esto porque en la discusión que Beatriz Sarlo anima contra el concepto de posmemoria acuñado por Hirsch –un término que a Sarlo no sólo le parece narcisista y redundante sino también carente de toda eficacia teórica– la pensadora sudamericana acota que la única especificidad de la así llamada posmemoria no es su supuesta naturaleza mediada y lacunar, vicaria o abierta, sino más bien el grado de implicación subjetiva del sujeto que, desde el presente, y más específicamente desde posiciones concretas de clase y género de su presente, invoca o busca, o invoca por el sólo hecho de buscar, ese pasado. Dice Sarlo en un ejemplo que involucra testimonios de hijos de hombres y mujeres desaparecidos durante la dictadura militar: “Es la intensidad de la dimensión subjetiva la que diferencia la búsqueda de los restos de un padre o una madre desaparecidos por sus hijos, de la práctica de un equipo de arqueólogos forenses en dirección al esclarecimiento y la justicia en términos generales… [s]implemente se habrá elegido llamar posmemoria al discurso donde queda implicada la subjetividad de quien escucha el testimonio de su padre, de su madre, o sobre ellos”.
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Vuelvo a las fotografías de la Castañeda, a esas imágenes que he visto una y otra vez con la clase de “intensidad subjetiva” que produce el extraño reino del Como-Si. No soy nada de ellos, en efecto, pero cada mirada me ha convertido con el paso de los años en la hija o nieta o, en todo caso, la cómplice de una experiencia que, en sentido literal no me pertenece, pero que en el sentido político de todo lo que acontece, debería. Cuando veo las imágenes y, más aún, cuando las llevo a presentaciones varias, a charlas que responden a títulos como “El manicomio y la ciudad: la modernidad mexicana desde la locura”, la intención es, sin duda, extender el extraño reino del Como-Si a unos espectadores que disfrutan o padecen, según sea el caso, un presente que es consecuencia directa, pálpito, continuación de los rostros y las rejas y el dolor del manicomio. En el reino del Como-Si, entonces, soy algo de ellos, y lo eres tú. La experiencia no es nuestra, pero la elección, la intensa elección subjetiva, que es, y Sarlo tiene razón en esto, profundamente política, nos produce como la posmemoria de la Castañeda. Intrigante inversión de términos.

lunes, diciembre 24, 2007

¡Feliz Navidad a todos! Que la pasen a gusto con su familia y amigos.
Gracias por seguir pasando a este blog.
Afectuosamente.
Alfredo.

¿De qué color es el poncho?



Diario Milenio-México (24/12/07)
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1. En el principio estaba una camisa
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Esta mañana recibí un extraño regalo, cuyo solo recuerdo difícilmente me permite escribir en torno a otro tema. Más que un obsequio, era una provocación, acaso concebida con el fin de fumigar en el destinatario cualquier vestigio de espíritu navideño. Se me invitaba a ver un video en YouTube, que en principio creí asociado a la política. Según la información, los ponchos rojos, fuerza de choque afín al gobierno de Evo Morales, tildaban a Percy Fernández, alcalde separatista de Santa Cruz, de dictador. Rara vez hago caso a una invitación anónima, pero ésta contenía mi nombre y me deseaba unas felices fiestas, de modo que hice click y apareció el video, que había sido tomado de la televisión boliviana. En primer plano, a la derecha de una pantalla dividida, aparecía una entrevista con el alcalde de Santa Cruz, donde hablaba de excesos y actos de barbarie no del todo explicados. Fue entonces cuando reparé ya con cierta atención en las imágenes a la izquierda, afortunadamente sin sonido, donde un grupo de ponchos rojos se amontonaba sobre un pedestal, peleando en apariencia por la posesión de un perro. Retrocedí el video, vi de nuevo y sí, efectivamente, los salvajes se estaban peleando el cuerpo del perro sujeto e indefenso… para decapitarlo. Quieren participar, desesperadamente. Si se mira de nuevo, se ve al pobre animal agitando las patas traseras, segundos antes de que sus verdugos alcen el cuerpo ya sin cabeza, proclamando que van a hacer justo eso con los oligarcas. Y de paso con Percy Fernández.
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A quien siga leyendo en este punto, sólo puedo ofrecerle no abundar; si bien escribo aún bajo el influjo abyecto de la escena, que me remite a otra del 1900 de Bertolucci, donde un camisa negra, encarnado por Donald Sutherland, habla a sus conciudadanos con un gato entre brazos, explicándoles cómo el enemigo –los comunistas– sabe inspirar ternura a fuerza de confundirse con un inofensivo gatito, tras lo cual se lo sube a la cabeza y estrella ésta contra la pared. Después se alza entre ellos presentes ya con una corona hecha de vísceras, cuero y sangre de gato. Una escena espantosa pero aún ficticia –nadie imagina a Donald Sutherland haciendo eso delante de la cámara– que cierra la primera mitad de la película con el camisa negra y sus seguidores cantando “Somos los fascistas, terror de los comunistas”. Habrá quien diga que estoy abundando y es de pésimo gusto hacerlo en Navidad, pero al fin hablo de un largometraje. Está Dominique Sanda, con Depardieu y De Niro. Son cosas que pasaron, conciliamos el sueño creyendo que han dejado de ocurrir. ¿Qué pesadilla sería despertar y encontrar que el monstruo ya no es un hijo de puta en un filme de época, sino una turba de ellos en un noticiero?
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2. Lazos de sanguinolencia
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“Hermano”, se llaman uno al otro los ponchos rojos. Celebran asambleas comunitarias donde las opiniones adversas parecen cuando menos indignas de un hermano. “Los que estén de acuerdo, levanten la mano con el chicote”, los instruye el líder, y ellos votan así, como en esas reuniones fraternales donde se invoca a la familia para apelar no tanto a su lazo afectivo como a su compromiso mafioso. La familia como el chantaje sucio de la sangre. La familia como ese clan siniestro donde todos se lanzan de bruces al perjurio en contra de quien sea antes que dejar a uno caer en desgracia. La familia decente que acusa a la sirvienta piruja de seducir al primogénito ingenuo y embarazarse arteramente de él. La familia que corre cien kilómetros de carretera para ir a abandonar al perro, que es como degollarlo cariñosamente. Hay un lado siniestro de la familia, donde coinciden los peores conservadores, y que tiene que ver con doblegar el propio sentido de justicia frente al inobjetable veredicto del clan. Por alguna razón quizá supersticiosa, a la gente le escuece reconocer que en su familia hay un pobre infeliz que se tira a sus hijas al tiempo que reparte lecciones de moral.
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¿Me estoy yendo muy lejos? No tanto. Me dan miedo las camarillas de creyentes que se nombran hermano unos a otros. Podrán de pronto ser bellísimas personas, pero el hecho de así llamarse en público les da pie para ver, juzgar y condenar más de lo soportable para cualquier amante de la libertad. De hecho, la palabra amante les perturba, aunque menos que el término libertad, odioso a los oídos de todo ortopedista moral. No sabe uno si cualquier día el supuesto pacto de sangre que les une será la sed de sangre que les haga cómplices. “No degollamos a dos perros por nada”, dirán los ponchos rojos, hermanados por su misión de odio inopinable. Su mensaje es bien claro: se atreven a cualquier atrocidad.
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3. Vergüenza de especie
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Parecía una ley absurda la que impedía a los judíos poseer mascotas, durante la alemania nazi. Se decía que la ejecución inmediata de perros y gatos a manos de los inspectores era una crueldad innecesaria. Pero Himmler y Göring pensaban diferente. Los actos de barbarie contra los animales amedrentan al ciudadano común, lo acobardan al punto de insensibilizarlo; lo preparan así para otras atrocidades, mayores desde el punto de vista de nuestra especie. La sangre, al fin, es una. Derramarla con odio manifiesto es declarar la guerra violenta, y hacerlo con apoyo del Estado es abrazar idéntica doctrina que Attila Mellanchini, el personaje de Donald Sutherland. Por lo demás, todo esa perorata racista de Evo Morales y aliados no permite apreciar distancia real entre camisa negra y poncho rojo. ¿O será que hacen juego?
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¿Achacachi, se llama la localidad de La Paz elegida por los ponchos rojos para dar curso a su sed de venganza a costillas de un par de pobres chuchos que debieron de agonizar atónitos ante todo ese odio que a a cualquier ser sensato tendría que causarle horror, asco y desprecio –el efecto buscado, tal vez–. Una turba cobarde y perversa unida para masacrar a dos inocentes, en el nombre de algunos atavismos imbéciles: tal fue el regalo que recibí esta mañana. Envuelto en color rojo.

sábado, diciembre 22, 2007

Donde hubo fuego, cenizas quedan

Termina el año y la vida sigue sin decirte nada. Todo es cotidianidad absoluta. Es lunes inicio de semana, la única diferencia es el número y el nombre del mes que marca el calendario, así como el número que le ha tocado a este lunes, puede ser diez o diecisiete, no interesa realmente. Tú estás parada atrás del mostrador de la tienda de ropa, -ubicada en la plaza comercial de moda de tu ciudad-, esperando a que por la puerta entre alguna cliente dispuesta a desembolsar la chequera de su esposo u amante según sea el caso, para poder vestir la mejor ropa, y así tenga que presumir ante la sociedad. Pero para tu sorpresa ha entrado Roberto Pérez. Tu último amor antes de terminar la Universidad. No te ha visto, finges demencia, mientras la memoria te hace ver la película en la que hasta ahora llevas veintiséis capítulos-años actuando.
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La vida tiene la costumbre de abofetear a cualquiera de sus habitantes de la manera más tierna, sin que se puedan dar cuenta, con alguna de sus múltiples ironías que tiene reservada para cada uno. Los refranes existen por algo, el idiota o la idiota que los inventó, tuvo que tener alguna razón lógica para ello. Cuando ibas en la preparatoria, juraste nunca trabajar en una tienda de moda, es tan banal y absurdo para ti que la gente construya su imagen según lo que dicte la moda. Y mírate, ahí, en un mostrador de una tienda de modas que almacena y vende las mejores marcas existentes en el mercado para la mujer. Primera frase para recordar el resto de tus días: nunca digas de esa agua no he de beber. Aunque todo tiene una explicación, una muy buena, porque el humano no puede romper las promesas personales ni hacer a un lado los principios, así por que sí. Para todo error, existe un pretexto.
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Tu fatalidad se empezó a escribir hace unos meses, justo cuando por fin pensaste haber encontrado la felicidad y anexada la estabilidad. Todo apuntaba a la perfección, tu racha mala había terminado. Los noviecitos de juego en tu secundaria, eran ya anécdotas, los novios de paso que llegaste a tener en la preparatoria, una simple experiencia para lo venidero: la Universidad. Los compromisos en cuanto a relaciones, por tu educación recibida desde niña, siempre fueron cosa seria y no deberían de tomarse a la ligera; y en tu familia la mayoría utilizaban la Universidad para cazar marido. Aunque por otro lado, existía la disyuntiva de que a nadie se le puede negar un poco de amor, y que sin este la vida es muy vacía. ¿Quién eres tú para negarles a otros tu amor? Eso justifica tu comportamiento. Tenía demasiadas razones para adoptar la costumbre de cambiar hombre cada mes, una era la sensación de tener en tu cama y sentir en tu cuerpo a otro, la cual ya se estaba volviendo una adicción en ti. La otra consistía en un punto de vista muy particular: la Universidad se hizo para estudiar y divertirse, no le veías caso el tener una relación con miras al matrimonio, y la durabilidad en la relación era síntoma de ello, por eso no te permitías pasar del año en tus relaciones amorosas. Pero siempre existe un alguien a quién decepcionar, tu abuela si estuviera viva sería ese alguien. Según cuenta tu hermana, ella acostumbraba decirle cuando la veía salir con un novio: cuida esa joyita, que no todos son dignos de poseerla. ¿Joyita? Años, materias universitarias y hombres tuvieron que pasar por ti, para que comprendieras que joyita era una vil metáfora para referirse a la vagina. Para tu bien, la literatura te dio una salida alterna. La joyita, podría ser, visto de otra manera, como tu corazón o tu esencia. Aquí nace tu propio refrán: no todo hombre es digno de conocerte por completo. Y es que el cuerpo y sus componentes sexuales –según tú-, realmente no tienen nada de novedoso para el hombre, lo pueden ver en una película, además, desde chicos estuvieron acostumbrados al contacto con los senos, la única diferencia es que aquellos senos eran maternos, ahora son ¿sexuales? Y no hay como el placer de sentirse dueña del amor de un hombre, que mientas duré enamorado, es capaz de hacer lo que sea por ti. Pero pobrecitos, si supieran que sólo te interesaba su cariño por un rato. En fin ya habrá otra que le cure sus penas, te respondías al menor asomo de culpa, cada que terminabas con un hombre. La vida cobra caro, las frases razón tienen, una amiga alguna vez te dijo: no hagas a otros, lo que no quieres que te hagan.
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Estás a punto de terminar la carrera, te faltaran escasas dos materias y la avalancha de miedos y responsabilidades empiezan a ser tu pan cada día y tu café de cada noche. Tus padres son un martirio constante: si no te piensas casar al terminar la carrera, ve buscando un trabajo para que vayas pagando tus gastos personales. Frase que te aparecía cada mañana desde hace dos meses, era como tener un duende programado a las seis de la mañana para joderte al mismo tiempo que tu despertador. Tu orgullo es como la muralla china, desde la luna se podría ver. Jamás ibas a ceder. Maldito feminismo, decía para sus adentros tu padre cada vez que le recordabas tu idea de no casarte hasta que tú lo creyeras correcto. Para beneplácito personal y de tus padres, obtuviste una tesis con recomendación a ser publicada, a pesar de tener un promedio por debajo de lo exigido. En la vida siempre hay que elegir, tú tenías dos opciones mientras hacías la carrera: obtenías buenas calificaciones, pero te olvidabas de amigas y amantes ocasionales, o sacabas la universidad como fuera y en cambio solidificabas amistades y te llenabas de amantes a tu antojo. La segunda opción fue la ganadora. Segunda frase que hiciste tuya: el fin justifica los medios. En este caso tu fin era tu felicidad y los medios, la forma en que la lograste. El trabajo nunca apareció en esta parte de tu vida. Ahora venía la segunda decisión importante de tu vida: buscar una relación con vías a la formalización, al matrimonio. Eso necesitaba un giro en tu personalidad, requería de despedirte de las relaciones de paso para acceder a las relaciones duraderas. Pero al mismo tiempo tenías que buscar trabajo, uno que permitiera seguir con tu próxima vida de estudiante, ahora en Maestría, al mismo tiempo que tu vida personal. La burocracia siempre fue una opción fácil y segura, tu padre lleva trabajando para el Estado toda la vida, o al menos desde que la memoria dio vislumbres de vida en tu mente. Pero como siempre, tu orgullo era quien tenía la última palabra, así que inexperiencia en mano y orgullo como vestimenta, saliste por las calles de la ciudad en busca de opción que cubriera tus expectativas.
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El karma, el maldito karma, así habré sido en mi vida pasada –repetías incesantemente-, que por más vueltas que diste, nada de lo que esperabas estaba con el glorioso estado de vacante. Sólo quedaba una opción, con buen sueldo, horario flexible de acuerdo a tus necesidades: vendedora de ropa para mujer en una tienda de moda, ubicada en la plaza comercial con más auge de gente nice. Era eso o nada. Analizando tu vida actual, se venía la Maestría, obvió tu padre no iba a soltar ya ni un peso más. Luego la búsqueda de una relación duradera y formal, para ellos había que invertir dinero en tu vida social. No había de otra, tenías que tomar el trabajo. Ya llevabas ocho de horas buscando y nada. Esto o la pobreza. Todo tiene un lado positivo, pensaste, al mismo tiempo que vino a tu mente aquella frase: siempre que se cierra una puerta, se abre una ventana. La puerta cerrada: tu opciones primera de trabajo, la ventana: este empleo que permitía burlarte del vacío existente en las mujeres de la aristocracia de tu ciudad y de pilón el placer de que ellas pusieran de su dinero para pagarte. Acto seguido, cerraste los ojos y le dijiste a la señorita, que atendía y se tardo más de veinte minutos explicándote todo lo referente al trabajo: acepto. Igual y sería una oportunidad para encontrar algún caballero que despistado en qué regalarle a la novia, acabe enamorándose de ti, si existen el don Juan, tú serías algo así como: doña Cleopatra, por aquello de la hermosura y la sensualidad inherente en tu persona e irresistible para los hombres.
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Y hete ahí, son ya tres años que llevas trabajando en esa tienda exclusiva, mujeres presuntamente felices han entrado y salido, tu maestría estás a punto de concluir y el desgane te carcome toda. Siempre hay que hacer un sacrificio en esta vida, decía tu madre, para poder merecer en un futuro el paraíso, terminaba la frase tu padre. Sin duda, si hoy te murieras, el cielo ganado ya lo tienes por tanto sacrificio que has hecho, -le aseguras a tu compañera del trabajo-, que se ha vuelto como una amiga para ti. Pero el amor se ha escondido de ti. Cupido se olvido de ti. Pero en el fondo sabes que sólo tú tienes la capacidad para darle fin a tu situación tan dañina. Y así como la vida te ha abofeteado con la ironía de tenerte trabajando en una tienda de ropa para mujer, a pesar de tus principios. También te da lecciones. Tu antigua maestra de preparatoria acostumbra pintar cada día en el pizarrón de su salón la siguiente frase: uno no valora lo que tiene hasta que lo sabe perdido. Su razón explicita era para intentar hacerles entender la necesidad de valorar a cada persona que forme parte de su vida y disfrutar cada momento. ¡Qué trillado!, y aún así nunca la recordaste, al menos no antes, sino hasta hoy que has visto a Roberto Pérez entrar a comprar en tu tienda, pero ¿qué hará ahí adentro, en la tienda en la que justamente trabajas? Lo notas indeciso, abandonas uno de los mostradores para acercarte a él y asesorarlo, de paso quizá te reconozca y te ponga al tanto de su vida, no está demás saberlo. ¿En algo puedo servirle?, le preguntas. Sí, que amable señorita, estoy buscando una blusa de x o y estilo, es para el regalo de mi esposa y no sé exactamente cuál puede gustarle. Tragas todo tu orgullo y a la vez la sorpresa te inunda las venas. Tomas valor y le contestas: para poder ayudarte Roberto, primero necesito me describas a tu esposa y teniendo alguna de sus características, quizá pueda asesorarte como se debe. Se sorprende y pregunta si te conoce o cómo es que sabes su nombre, tú le contestas que eres Angélica Hernández, otrora novia suya en el último semestre de la carrera de Ciencias Políticas. No puede evitar l sensación de darte un abrazo, de esos que años no recibías, tan lleno de un algo que no alcanzas a describir, cariño le pones para salir del hoyo. Se ponen al tanto de la vida de cada uno, luego te da las señas de su esposa, te dice que se casaron hace dos años, que la ama, pero que nunca como lo hizo contigo, que sigues siendo la única, te asegura. Paga y se va. Te quedas inerte, fría, sin reacción, actuaste por mero mecanismo. De la nada reaccionas y sales corriendo a ver si lo alcanzas, le das tu número, le pides el suyo y quedan de un café matutino, como los de antaño en el lugar de antes, el de siempre: afuera de lo es la Facultad de Derecho. Se cumple la fecha. El café ha sido grato. Se ofrece ir a dejarte a tu departamento de soltera. Aceptas. Sube hasta él, so pretexto de ir al baño. Tú caminas, hay algo que te pide actuar, pero sabes que las consecuencias son caras y pueden costarte la dignidad. Un próxima Maestra en Sociología no puede permitirse perder lo que años de orgullo te ha costado. Pero el amor, todo lo justifica y lo vale.
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Antes que salga del baño, entras a tu cuarto, buscas una foto de ambos, se la regalas como recuerdo a lo que fueron, él toma la foto, la observa y te dice: qué tiempos aquellos, haría lo que fuera por regresar un instante. Ya para qué, es tarde y ya no es lo mismo, tú nunca me quisiste como yo a ti, termina su soliloquio. Mejor me voy. Es ahora o nunca, gritas. Se detiene y te pregunta si dijiste algo, y antes de que voltee a verte, su espalda se empieza a llenar de sangre, tu piso se vuelve laguna de sangre. Tres veces salieron las tijeras para entrar cuatro y por fin caer al suelo lentamente, pues lo vas sosteniendo. Después el fuego generado por ti empieza a comer tus sillones de la sala. Luego ira a tu cuarto donde has acostado a Roberto, a tu lado. Si es cierto que el amor genera fuego, cuando este es intenso. Ahora tú le haces un monumento al amor que te tuvo Roberto y terminas con tu soledad que te carcome. El fuego todo lo borra. Nadie será culpable de nada, al menos no tú.

jueves, diciembre 20, 2007

Civilización y enfermedad



Diario Milenio-Puebla (20/12/07)
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Estos últimos días en que se ha discutido tanto la posible decisión que pueda tener el enfermo terminal para abandonar todo tipo de tratamiento y morir simplemente “en paz”, he revisado un libro que desde 1943 se editó en inglés con el título de Civilization and disease y en que en 1987 fue traducido al español por Ramón Aguirre Dávila y publicado por el Fondo de Cultura Económica y el Instituto Nacional de Salud Pública, mismo que me ha parecido muy actual, pese a los veinte años que nos separan de su primera versión al castellano.
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El libro es una investigación de Henry E. Sigerist y –no estoy seguro de que se consiga, a no ser que se haya reeditado– se puede conseguir en la colección “Biblioteca de la Salud”.
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Ahora que se sigue discutiendo por las Cámaras el problema de la eutanasia (que no deja de ser un problema ético) la investigación a la que hago referencia debería de convertirse en un punto importante de referencia.
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Sobre este tema ya había tratado en varios de sus escritos Susan Sontang. Encuentro un punto acuerdo entre Sontang y Henry E. Sigerist: “la enfermedad es un proceso biológico, una respuesta fisiológica a un estímulo excesivo o a una condición anormal”. Tarde o temprano, escribía Susan Sontang en La enfermedad y sus metáforas, estaremos en la orilla a la que nadie desea llegar, en la orilla donde nos espera la enfermedad.
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Sin embargo, hay un concepto de salud y enfermedad que tiene que ver con la visión que el hombre se ha hecho de la “civilización”.
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Pensamos que la enfermedad es lo no deseado o lo que a nadie se le desea. Y nos preguntamos: ¿por qué a mí? ¿Y por qué no? Todos, desde el momento de la concepción nos comenzamos a morir poco a poco. Estoy consciente que el tema no es muy atractivo para muchos, pero hay que tenerlo presente.
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En 1943, el autor de Civilización y enfermedad escribía que cien años atrás (en 1843) había sólo unos cuantos centros de investigación médica. Pereciera que las cosas no han variado tanto, si tomamos en consideración que la población –en más de cien años— ha crecido de manera importante.
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Actualmente hay mucha gente que no tiene acceso a los servicios de salud pública y enfermarse se ha convertido en un peligro y un lujo. Los medicamentos se han encarecido y las consultas de los especialistas siguen por las nubes.
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El libro de Henry E. Sigerist Civilización y enfermedad, a lo largo de los capítulos que lo conforman hace un recorrido por la historia de la medicina y nos advierte que “la interpretación científica de la enfermedad es aún muy joven”. Me llamó mucho la atención porque creo que esa afirmación es también muy actual, pese a los indiscutibles avances tecnológicos que en materia de medicina ha habido en los últimos años. Habrá que recordar que la penicilina apenas es un descubrimiento de los años cuarenta del siglo pasado. Es muy joven y sin ella muchas vidas no se hubieran salvado. El autor de este libro opinaba –en el lejano 1943– que los países socialmente adelantados habían erradicado la lepra (enfermedad medieval) y algunas enfermedades venéreas y que la tuberculosis sería “una enfermedad del pasado”. Aunque ya Roberto Koch había descubierto el bacilo causante de la tuberculosis, ésta no podía ser erradicada completamente por la disposición heredada de los hombres y su medio social.
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En la larga historia de la enfermedad se han erradicado algunas, pero han aparecido otras. El mundo medieval experimentó nuevas pandemias durante siglos enteros. Ahora se pueden mejorar las condiciones de vida, sólo eso. Lo demás es una certeza: tarde o temprano –como dicen Sontang y Sigerist– estaremos de aquel lado. Por lo pronto, esperemos el bienestar para todos durante este 2008 que casi comienza.

miércoles, diciembre 19, 2007

El artista como forjador de una identidad (Parte 1)

Este texto lo publiqué días atrás, pero lo he corregido, Nuevamente lo subo con sus cambios respectivos.
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El viernes siete de este mes que se nos va Carlos Monsiváis estuvo en Puebla, como casi cada año o cada dos años se ha vuelto costumbre, esta ocasión el lugar fue el Auditorio del Museo Amparo y la razón: hablar sobre Frida Kahlo, la gran pintora mexicana. El evento estaba programado a las 7:30, empezó unos minutos después, pero con un lleno, ¡claro, es Monsiváis!
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Frida Kahlo para Monsiváis: “es uno de los pocos personajes que se ha incrustado no diré yo en el imaginario colectivo, en donde desde luego está innumerosamente, sino también en el de los emblemas de la Nación, y la Nación en la globalidad, no la Nación histórica o la Nación tradicional. ¿Quiénes serían en el siglo XX? Emiliano Zapata, Lázaro Cárdenas, Pancho Villa, Francisco I. Madero, todos relacionados con el poder o con la resistencia al poder, Ricardo Flores Magón que es extraordinario no está en esa panoplia, y Frida Kahlo y Diego Rivera, son los dos artistas que han entrado a esa visión constitutiva de lo que es sin duda la Nación, tal y como se representa en tiempos en que la idea de Nación tiende a disminuir o estaba desapareciendo”.
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“Frida es la imagen de una intimidad pública. Las fotos de Frida son ya parte de la obra de Frida, porque es tal el poderío de la leyenda, del mito, de la contingencia iconográfica, que uno ve las fotos de Frida y sabe que el centro de las fotos de Frida no es que esté ahí plasmada, sino que tiene un poderío tal, que le da a las fotos su aura icónica, lo que es deslumbrante y lo que francamente sólo de Zapata puede decirse eso, pero en Zapata está la lucha de todo un pueblo, está la reivindicación de la tierra, está la revolución traicionada, (…) en el caso de Frida está estrictamente el poderío de una mujer que no se confina en el sufrimiento, que no se deja atrapar en la idea del artista que pinta del sufrimiento, que le da a la vida de inválida, proporciones notables de celeridad y de cambio, y de lo que podría ser variedad amorosa, no promiscuidad, que es un tema cargado de culpas tradicionalistas, sino variedad amorosa que es lo que todos quisiéramos”.
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Las obras de Frida, desde mi perspectiva, son únicas, en ellas encontramos al existencialismo y al surrealismo conviviendo sin ningún problema estético ni ideológico. A Kahlo como a muchos escritores y creadores, les debemos una identidad de Nación. En cuanto Identidad Nacional no me refiero a ponerse de pie en un país extranjero cuando uno ve la Bandera Mexicana, ni cantar el Himno Nacional en el estadio Azteca cada que juega la selección. Me refiero a esta capacidad de respetar nuestra Historia y recordar los sucesos que nos han ido formando (trágicos algunos y heroicos otros) para evitar repetirlos. Una identidad Nacional la concibo como algo que nos refleja desde las raíces hasta lo más banal y, es comprendido y valorado por un mexicano y apreciado por un extranjero. Es plasmar nuestras ideas con un sentido crítico ante nuestro entorno. Es no perder esta capacidad de ejercer nuestro punto de vista sin temor a ser callados.
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La labor de los escritores como Pitol, Del Paso, Poniatowska, y de cualquier creador como Vicente Rojo, aparte de tener una postura política e ideológica ante la sociedad, es la de evitar que la memoria se pierda. Ellos, la élite cultural, deben usar su arte para plasmar su entorno, no importa la corriente artística o ideológica ni los intereses que persigan, todos nos han ido y nos seguirán formando como lo que somos: una Nación libre y soberana, donde lo único que no cabe es la apatía ante cualquier acontecimiento de índole nacional.
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Carlos Monsiváis en su libro Las Herencias Ocultas (Debate, 2007), nos da un ejemplo de ello, ha dedicado 372 páginas para hablar de aquellos escritores de nuestro siglo XIX mexicano que no sólo nos dieron un romanticismo y pre-realismo muy mexicano y único, también forjaron una Patria desde las filas liberales, algunos combatiendo con su pluma, otros más utilizaron las armas y algunos más hicieron uso de ambas. Pero siempre defendiendo sus ideales. Nuevamente son los creadores vinculados con el poder o contra el poder. Creo, ahí debe estar creador, siempre opinando y nunca callado.

EL INCONSCIENTE ÓPTICO



Diario Milenio-México (18/12/07)
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¿Qué es lo que verdaderamente hacemos cuando sonreímos, nos arreglamos el cabello y, viendo directamente hacia la lente de la cámara, inclinamos el cuerpo o estiramos el cuello para asegurarnos de que quedaremos dentro de ese rectángulo, hasta ese momento puramente imaginario, que después se convertirá en la fotografía del nosotros? Un acto en apariencia cotidiano y, por lo tanto, inocente o, peor aún, insulso, adquiere dimensiones intrigantes, tanto a nivel histórico como teórico, en Family Frames: Photography, Narrative and Postmemory, el muy famoso libro en el que Marianne Hirsch acuñó un concepto, el de posmemoria, que ha dado lugar a no pocas polémicas en el ámbito de los estudios culturales. Según Hirsch, las fotografías familiares tienen la virtud, o el peligro según se vea, de provocar y manifestar al mismo tiempo la cohesión de los núcleos familiares, constituyendo simultáneamente una crónica de sus ritos así como el objetivo central de los mismos. No sería del todo descabellado pensar, luego entonces, que muchas de las reuniones familiares en las que participamos se llevan a cabo sobre todo para tener la oportunidad de producir las fotografías a través de las cuales la idea y la práctica de la familia se vuelven no sólo palpables sino también “naturales”.
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Si éste fuera el único alcance —un alcance de suyo hegemónico— de la fotografía de las familias, sería difícil explicarse cómo es que estas imágenes repetitivas y consabidas, trilladas e ineluctables, logran enternecer o emocionar a quienes las conservan en álbumes o cajas —artefactos celosamente guardados en sitios especiales del hogar— sólo para tener la oportunidad de compartirlas (con frecuencia a la menor oportunidad), de volverlas legibles ante los ojos del extraño que se aproxima. Así las cosas, es de sospecharse que hay más. Según Hirsch, ese más empieza por localizarse justo en el punto de articulación entre el mito de la familia y su, con frecuencia contrastante, realidad. Y de ahí parte hacia ese aspecto de la relación familiar que con frecuencia pasa desapercibida: “las maneras en que el sujeto individual es construido en el espacio de la familia a través de la práctica de la mirada”. A través del encuadre y la luz, con la complicidad de la pose y la contribución del azar, la fotografía familiar descubre, pues, una cierta interacción visual que por cotidiana suele volverse transparente, es decir, invisible, pero que emerge con singular fuerza en lo que Benjamín denominara como el inconsciente óptico, al cual nos da acceso la cámara fotográfica.
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Así entonces, lo que termina llamando la atención de muchas de esas imágenes no es lo que conocemos de las personas que mejor conocemos, sino lo que, de repente, lo que gracias al obturador y al flash, ha quedado detenido dentro del recuadro de la fotografía sin que el fotógrafo o el fotografiado tengan plena conciencia de ello. Lo que la fotografía nos brinda es, luego entonces, el punto ciego de la relación familiar, esa zona de ininteligibilidad que provoca sorpresa o miedo, suspicacia, rechazo, amor. La lista de ejemplos podría ser larga: la inclinación del cuerpo que, literal, delata una inclinación no expresada o apenas intuida; la mano que, cerrada sobre un hombro, manifiesta o terror o mesura o incredulidad, o todas las anteriores; la vena yugular que, exaltada, prefigura conflictos que, desde el futuro, que es el punto de vista del que ve la foto, parecen naturales; el calzado que, gastado o sucio, delata la buscada falsedad de las ropas de fiesta. “Las miradas que intercambian los miembros de la familia se localizan en puntos específicos: son pues locales y contingentes”, asegura Hirsch, “son mutuas y reversibles; y están atravesadas por el deseo y por la falta”.
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Acaso sea por eso que ver fotografías, incluso fotografías tan predecibles como las de las familias, siga siendo un ejercicio que con facilidad nos lleva a concluir, junto con el Roland Barthes de Camera Lucida, que la fotografía, más que un arte, es en realidad pura magia: lo que está ahí, impreso en papel, aunque más frecuentemente latiendo en la pantalla, no es una reproducción sino una emanación del referente que nos transmite el pálpito ése de su haber-estado-ahí y la melancolía de su ya-nunca-estar. Acaso sea por eso que no pocos puedan pasar horas enteras observando fotografías con el cuidado y la paciencia del que busca lo que no sabe que ya es: la cara de sí mismo en forma de la del extraño que se aproxima.

lunes, diciembre 17, 2007

Y con ustedes el escritor más controversial de México

A partir de esta semana y antes de que termine el año. Este blog estará alojando todos los lunes la columa que Xavier Velasco escribe para el Diario Milenio. Un escritor al que admiro y tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en Puebla. Esto es como un homenaje, y saludos a él donde quiera que ande escribiendo, ya sea DF o Río de Janeiro.