lunes, abril 09, 2007

Introspección XLIX.

Dicen que las lecturas hacen a la persona. Que se es mal lector si se lee por autores y no por libros. Bien pues, he decidido agregar a mis introspecciones mis procesos de lectura. Tiene unas modificaciones, la he dividido en Narrativa donde habrá Cuento, Novela, Noveleta, Diario; Poesía; Ensayo, aquí acomode aquí las conferencias, cátedras y teorías literarias que se han publicado y que he leído y por último las Otras disciplinas, en esta sección me propuse acomodar todo lo referente a Filosofía, Sociología y demás áreas no narrativas ni literarias que quepan.
En un reclamo de Clarice Baricco, apodada Graciela Barrera, ya he agregado libros hechos por mujeres y que seguirán creciendo.

Libros que he leído de mi pequeña biblioteca:
Narrativa:

Pedro Ángel Palou: Pequeño Museo de la Melancolía (Relato)
Pedro Ángel Palou: Los placeres del dolor. (Cuento)
Pedro Ángel Palou: Música de Adiós. (Cuento)
Pedro Ángel Palou: El Último Campeonato Mundial (Novela)
Pedro Ángel Palou: Bolero. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Demasiadas vidas. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Casa de la Magnolia. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Con la Muerte en los Puños. (Novela)
Pedro Ángel Palou: En la Alcoba de un Mundo, Una vida de Xavier Villaurrutia. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Memoria de los Días. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Qliphoth. (Novela)
Pedro Ángel Palou: Quien dice sombra. (Novela)
Pedro Ángel Palou: El diván del diablo (Novela)
Pedro Ángel Palou: Zapata (Novela).
Ignacio Padilla: Amphitryon (Novela)
Ignacio Padilla: Una forma falsa de verdad. (Selección de textos)
Ignacio Padilla: Las Antípodas y el Siglo (Cuento)
Ignacio Padilla: La Gruta del Toscano (Novela)
Jorge Volpi: A pesar del oscuro silencio (Novela)
Jorge Volpi: El juego del Apocalipsis (Novela)
Jorge Volpi: Sangrar tu piel amarga (Novela)
Jorge Volpi: El temperamento melancólico (Novela)
Eloy Urroz, Ignacio Padilla y Jorge Volpi: Tres bosquejos del mal (Cuento)
Mario Bellatin: Flores (Novela)
Mario Bellatin: La jornada de la mona y el paciente (Novela-Diario)
Luis Humberto Crosthwaite: Instrucciones para cruzar la frontera (Relatos)
Xavier Velasco: Luna llena en las rocas. (Crónicas)
Xavier Velasco: Diablo Guardián. (Novela)
Xavier Velasco: Materialismo Histérico. (Cuento)
Guillermo Samperio: Ellas habitan un cuento. (Cuento)
Beatriz Rivas: La hora sin diosas. (Novela)
Ricardo Cartas Figueroa: La Noche de Karmatrón (Cuento)
Mario Calderón: Destino y otras ficciones (Cuento)
Mario Calderón: Donde el Águila paró (Cuento)
Juan Gerardo Sampedro: Ojos de Entonces. (Novela)
Felipe Galván: Autor anónimo. (Novela)
Sandra Becerril: La calle de las brujas. (Novela)
Antología de narradores en Puebla: Varios. (Narración)
Insólitos y ufanos, antología de cuento poblano: Varios. (Cuento)
Fronteras del deseo: Varios (Cuento)
El eco hecho carne: Varios. (Cuento y poesía)
Mempo Giardinelli: Final de novela en Patagonia. (Diario)
Jorge Ibargüengoitia: Los relámpagos de agosto. (Novela)
Juan Rulfo: Pedro Páramo/El llano en llamas (Novela y cuento)
Sergio Pitol: El arte de la fuga (Narrativa)
Roberto Bolaño: Los detectives salvajes (Novela).
Mariano Azuela: Los de abajo (Novela)
José Saramago: El evangelio según Jesucristo. (Novela)
José Emilio Pacheco: Los principios del placer (Cuento y Noveleta)
Elena Poniatowska: Querido Diego, te abraza Quiela (Narrativa)
B. Traven: Macario. (Novela)
Gabriel García Márquez: Extraños doce cuentos peregrinos. (Cuento)
Carlos Fuentes: Aura. (Novela)
Vila-Matas: Bartleby y compañía. (Novela)
Albert Camus: El Extranjero. (Novela)
Milan Kundera: La Insoportable Levedad del Ser. (Novela)
Antonio Tabucchi: La Cabeza Perdida de Damasceno Monteiro. (Novela)
J. M. Coetzee: Desgracia.
V. S. Naipaul: Leer y escribir (Memorias).
Truman Capote: A sangre fría (Novela)
Truman Capote: Música para Camaleones. (Cuento)
Michael Ende: Momo. (Novela)
Franz Kafka: El Proceso. (Novela)
Franz Kafka: La Metamorfosis. (Cuento o novela)
Lewis Carroll: Alicia en el País de las Maravillas/A Través del Espejo. (Cuento o novela)
V. Nabokov: Lolita (Novela)
V. Nabokov: Desesperación. (Novela)
Hesse: Demian. (Novela)
Hesse: Lobo estepario. (Novela)
Hesse: Bajo las ruedas. (Novela)
Hesse: El último verano de Klingsor (Novela)
H. Melville: Bartebly, el escribiente y otros cuentos (Cuento)
Heinrich Böll: El honor perdido de Katharina Blum (Novela)
Robert L. Stevenson: Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Novela)
Conrad: El corazón de las tinieblas. (Novela)
W. Faulkner: ¡Absalón! ¡Absalón! (Novela)
Augusto Monterroso: Movimiento perpetuo.
Gustave Flaubert: Madame Bovary (Novela)
Fedor Dostoievsky: Crimen y Castigo (Novela)

Poesía:
Roberto Martínez Garcilazo: Responso ante la Ceniza. (Poesía)
Roberto Martínez Garcilazo: Lumbre oscura. (Poesía)
Ignacio Sánchez Prado: Poesía para nada (Poesía)
Alí Calderón: Imago Prima (Poesía)
Mario Calderón: Vibraciones de la Creación (Poesía)
Luigi Amara: Envés (Poesía)
Juan Carlos Canales: Teoría. (Poesía)
Juan Carlos Canales: Antología (In) necesaria. (Poesía)
Miguel A. Maldonado: Magia corriente. (Poesía)
Miguel A. Maldonado: La Carne Propia. (Poesía)
Alejandra Peart: En estas horas (Poesía)
Enrique de Jesús Pimentel: Criatura Tú. (Poesía)
Enrique de Jesús Pimentel: Catacumbas. (Poesía)
Julio Eutiquio Sarabia: Mudar de vida. (Poesía)
Eduardo Casar: Mar privado. (Poesía)
Rafael Argullol: Duelo en el Valle de la Muerte (Poesía)
Charles Bukowsky: Poemas de viejo indecente (Poesía)
Dante Allighieri: La divina comedia. (Poesía)

Ensayo, Conferencias y Teorías:

Pedro Ángel Palou: Resistencia de Materiales (Ensayo)
Ignacio Padilla: El Peso de las Cosas (Ensayo)
Chávez Castañeda, Estivill, Herrasti, Padilla, Palou, Urroz y Volpi (y Tomás Regalado que no es del Crack): Crack. Instrucciones de Uso. (Variado)
Gabriel Zaid: Los demasiados libros (Ensayo)
Italo Calvino: Seis propuestas para el próximo milenio (Cátedra)
Faulkner, Hemingway, Capote, etc...: El Oficio del Escritor (Entrevistas)

Otras disciplinas:
F. Nietzsche: Así habló Zaratustra (Filosofía)
F. Nietzsche: El Anticristo (Filosofía)
F. Nietzsche: Más allá del bien y del mal (Filosofía)
Cioran: Adiós a la filosofía y otros textos. (Ensayo-aforismos)
Michel Maffesoli: El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos. (Sociología)
Michel Maffesoli: Posmodernidad. (Sociología-Cátedra)

En proceso:
Cirlot: Bronwyn. (Poesía)
Julio Cortazar: El perseguidor y otros relatos (Cuento)
Nabokov: Curso de Literatura Europea. (Memorias)
Lev Tolstói: Anna Karénina. (Novela).
James Joyce: Ulises (Novela)
Eduardo Montagner: Toda esa gran verdad. (Novela)
Daniel Sada: Luces artificiales. (Novela).

Me faltan:
Fedor Dostoievsky: EL jugador (Novela)
Fedor Dostoievsky: Los Hermanos Karamazov (Novela)
Dashield Hammett: El gran golpe (Novela)
Heinrich Böll: Opiniones de un payaso (Novela)
Julio Cortazar: Rayuela (Novela)
Jorge Luis Borges: El libro de los Seres Imaginarios
Sergio Pitol: Adicción a los ingleses (Ensayo)
Sergio Pitol: De realidad a la literatura (Cátedra)
Ignacio Trejo Fuentes: El vaquero más auténtico que existió. (Novela)
Carlos Montemayor: Minas del retorno (Novela)
F. Nietzsche: Consideraciones Intempestivas (Filosofía)
F. Nietzsche: Sobre el porvenir de nuestras escuelas (Filosofía)
F. Nietzsche: Ecce homo (Filosofía)
Cervantes: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha I y II
Homero: La Iliada
Homero: La Odisea

Estoy atrapado en Fahrenheit 451, ¿qué libro me gustaría llevar?:
Diablo Guardián de Xavier Velasco, Quien dice sombra de Palou García, El arte de la Fuga de Pitol y La Gruta del Toscano de Padilla.

¿Alguna vez me enamore de algún personaje de ficción?:
Pig y Violetta, Diablo Guardián de Xavier Velasco; Andrés, Qluiphoth de Pedro A. Palou García; Ortega, Quien dice sombra también de Palou; Belano, Los Detectives Salvajes del gran Bolaño.

¿El último libro que compraste fue...?:
Ulises de James Joyce.

¿El último libro que leíste fue...?:
Posmodernidad de Michel Maffesoli.

¿Qué libros estás leyendo? :
La Muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes.

Cinco libros especiales para ti:
Diablo Guardián – Xavier Velasco
Qluiphoth – Pedro A. Palou García
La Insoportable Levedad del Ser – Milan Kundera
Quien dice sombra – Pedro A. Palou García.
Alicia en el País de las Maravillas/ A través del Espejo – Lewis Carroll.
y de pilón: Bronwyn de Cirlot, La Gruta del Toscano de Padilla y Poesía para nada de Sánchez Prado

¿Qué libro esperas con ansias?:
El que pienso escribir.

¿Qué libro regalarías?:
Cualquiera de Kundera, de Xavier Velasco, de los de los del Crack y de Pitol

domingo, abril 08, 2007

Pregunta académica.

Yo no entiendo la educación actual, sobre toda la uiversitaria.
¿De qué sirve enseñar investigar y opinar al alumno, si en sus trabajos académicos se les pide apegarse a lo ya dicho para definir algo en lugar buscar una definición personal partiendo de ideas nuevas?
Me suena como aprender a caminar, pero después de todo regresar a la andadera.

jueves, abril 05, 2007

Introspección XLVIII.

Nadar por un inmenso mar salado para recordar lo amargo que significa estar solo, lejos de ese místico enlace con sensación a eternidad que significaban tus piernas entre lazadas con las mías. Buscar resguardo en la sombra de una palmera para hacer menos pesada esta espera que se vislumbra infinita. ¡Me siento la versión masculina de Penélope! Esa Penélope que Serrat nos la metió en la memoria para que pudiéramos dar personificación a la espera amorosa. Y embargo, si quisiera personificar mi espera, no podría ser otra mujer, sino tú.

miércoles, abril 04, 2007

Para matar el rato.

Esta cadenita se la vole a la guapa Sandra Becerril (http://sandra-becerril.blogspot.com) Me pareció un juego de blog divertido.
Ahí va, pues.

SI TU PUDIERAS...

1. Si tú pudieras gastar dinero sin limitaciones en qué lo gastarias??
R=Me comrparía mi lap-top, un celular moderno, mi propia mesa de billar, compararía todos los libros, pelícuasl y cd´s que me faltan, iría a Cuba, Argentina, Francia, Alemania e iría siempre a la FIL-Guadalajara


2. Si tú pudieras besar a alguien, a quién besarias??
R=Ups!!!!!!! pues a Martha Higareda...quien la conozca digale que aquí en Puebla tiene alguien que la adora. Hasta le hice un poema, ja

3. Si tú pudieras tener un don, cuál seria??
R= Como dijera Silvio: acaso multiplicar panes y peces, pero yo preferiría coca-colas y comida italiana.

4. Si tú pudieras ser un superheroe, quién serias??
R= Wolverine.

5. Si tú pudieras borrar un error de tu pasado cuál seria??
R= Ninguno. Yo me quiero morir como he vivido y como lo siga haciendo.

6. Si tú pudieras cambiar algo de tu cuerpo, que cambiarias?
R= ...

7. Si tú pudieras cambiar algo de tu forma de ser, que seria?
R=Tal vez me complicada forma de ser. Pero sí soy, aparento lo que no soy. Ni modo. No me incomoda, el que me odie, bien y el que me quiera gracias.

Y ya...

Introspección XLVII.

Huir para escapar de un pasado, olvidar un presente y dejar de anhelar un futuro. Mudarme a un país donde soñar esté prohibido y amar sea un verbo inexistente. Y recordar sea una palabra sin carga semántica ni connotación sentimental alguna.
Perderme en un laberinto oscuro, infernal, donde no puedas aparecerte. O mejor aún, habitar un mundo donde no se necesite corazón para andar y que el alma no sea indispensable para sentirse vivo y la memoria sea asunto sólo de máquinas y no de humanos, tal vez así logre borrar esa dulce y tierna imagen con olor a miel que tengo de ti, desde la última vez que te vi. Era una noche de luna llena, estrellada. Caminábamos por la Juárez, éramos tú, y ese clásico cigarrillo en la boca, y yo con típica timidez que se traducía en una cursilería al puro estilo de las novelas rosa que acostumbras leer. Sólo un delete bastaría para poder continuar con mi vida.
A estas alturas estoy harto de seguir caminando calle por calle, buscándote, a sabiendas que no lograré sino torturarme. Pero no puedo evitarlo, te volviste vital para mi forma de vida. Al mismo tiempo que tomo un vaso de leche al pararme, necesito acordarme de ti, para sentirme listo y poder empezar mi día, que cada vez se vuelve más rutinario, aburrido. Por supuesto ya no estás tú.
No es lo mismo amanecer sabiendo que estoy abrazando a la mujer más bella del mundo, a la que amo y yace desnuda bajo la misma sabana que yo, a hacerlo viéndome sólo, en una cama que últimamente se ha ido convirtiendo en mi desierto privado sin ningún atractivo turístico que valga la pena observar.
Ayer salí a la oficina central de correos a depositar una carta con destino a tu casa. El contenido es una absoluta mierda, tendría que haber resumido tanta palabrería en esto: ¿Volverás algún día? Mi vida apesta sin ti. Pero, ya sabes, siempre he sido un cobarde y para decir lo que quiero y siento, necesito dar todas las vueltas posibles. Es irónico, siempre le he tenido miedo a la ruleta rusa y eso sería la analogía más cercana a mi vida y forma de ser. Quizá tengo miedo a conocerme a fondo.

martes, abril 03, 2007

Introspección XLVI.

Dormir hasta que el cansancio de buscarte en una cama en la que nunca has estado me robe las energías. Dar de vueltas, de la derecha a la izquierda y de regreso, intentando rozar alguna parte de tu cuerpo o toparme con él, para que me hagas pedirte perdón por haberte empujado o robado un pedazo de cobija, para luego darme cuenta que el maligno sol busca con sus rayos mi cara, para regresarme a una realidad que no quiero ver, ni quiero pertenecerle y menos que me pertenezca.
Casi siempre así son mis días sin Universidad y sin amigos con quien encontrarme o visitar. Tengo tiempo de sobra para acordarme de ti, de lo que éramos en un más allá que jamás será aquí o allí. Porque aunque leo en esos días de densa calma para que otro ser ficticio se adueñe tantito de mi, siempre que el personaje o los personajes viven un evento amoroso ya para bien o para mal, acabo regresando a ti.
No se puede tener paz en un mundo donde la soledad es castigo y no prioridad.

o-o-o-o


Me gusta este experimento, ir mezclando parte de mi vida con cosas que no han sucedido. De algo tiene que servir la soledad

domingo, abril 01, 2007

Introspección XLV.

Algunos escritores acostumbran a hacer una antología de cuentos leídos que recuerdan de manera grata por su contenido y el placer que el texto en cuestión haya provocado. Sin más, coloco un cuento de una persona a la que estimo y debo mis incursiones en esto de la escritura. Su nombre Verónica Estay Stange (Puebla, 4 de enero de1980). Este cuento recibió la Primera Mención en el VI Concurso de Cuento Mujeres en Vida en julio de 2001. Apareció en la Antología de Narradores en Puebla (Itaca, 2002)


Tango para una mujer sola

Dos niños de la mano de su madre. La puerta de la escuela. Una vieja que sube al camión. Un perro orinando en el poste. Automóviles. El semáforo en rojo. Cables de luz. Un nido de golondrinas. Ventana. Pared. Ventana. Una silueta tras la cortina. Agua que corre. Cabello, hombro, cintura.
***
Levanta la cara del lavabo y emerge a la conciencia; por un instante, el agua le había otorgado el olvido. Frente al espejo es ella otra vez, y los rastros del tiempo que no perdona. Pero esta inesperada sonrisa irónica viene, sin duda, de esa otra que la observa: qué vieja estás hoy. Siempre es lo mismo contigo, apenas me distraigo y ya estás molestando.
Se pasa la mano sobre el rostro, mira hacia la ventana; pretextos para no pensar. Un rayo de sol le acaricia el hombro. Suspira. En su cintura, una pelusa casi transparente. Sopla, muy suave. La mira descender: caderas, piernas, tobillos. Suelo. El fin de la travesía. Estás cansada, Paula, esa es la verdad.
Camina hacia el armario, mas la sola idea de vestirse desata el tedio. Desayunará un café con pan de dulce. Hará la cama. Recogerá la ropa tirada en el dormitorio. Ordenará a medias la cocina y saldrá tarde hacia el trabajo. Y en cada descuido pensará en él. De hecho ya está pensando en él. Otra vez tú, ¿no te digo? todo el tiempo jugándome malas pasadas.
Aspira hondo. Está desnuda. Su cuerpo muestra los signos de la edad. Lentamente se pone los calzones, el sostén, la blusa verde, el pantalón café, no, mejor el negro, que la hace ver más esbelta, los zapatos. Desodorante y un toque de perfume. Hoy usará aretes y pulsera. Pelo suelto, raya al lado. Rubor para disimular la palidez, y rimel para intensificar la mirada. Cuando una se siente mal, debe verse bien, decía mi madre. ¿Verse bien? Dentro de lo posible, claro. Ya está, la ironía de nuevo.
Desayuna un café con pan de dulce. Hace la cama. Recoge la ropa tirada en el dormitorio. Ordena a medias la cocina. No va tan mal hasta ahora: con la atención fija en los quehaceres resulta difícil divagar. Toma las llaves de la mesa, las guarda en la bolsa. Ha olvidado sus libros en la cocina. Es tarde.
***
Una mano joven enciende la radio. Y ahora, estimados radioescuchas, una canción de cumbia. Falla la señal. La mano hace girar la perilla, hasta que interrumpe el teléfono. En la estación por casualidad sintonizada, un tango, estimados radioescuchas, en la voz del inolvidable Gardel: Malena canta el tango/ como ninguna/ y en cada verso pone/ su corazón… La música sale a la calle. Entra al departamento de arriba por la ventana del baño. Pasa al dormitorio. Se cuela por el resquicio de la puerta. Atraviesa el pasillo y llega con pasos de aire a la cocina, donde una mujer, apurada para el trabajo, simula no escuchar.
Lo cierto es que de pronto se ha imaginado toda de vidrio. A pesar suyo, se lleva una mano al pecho: debe impedir que se extienda esta fisura… Bah, qué tonterías. Es tarde, he dicho.
Pero la música continúa su labor …Malena tiene pena/ de bandoneón… Con dedos finos, va quebrando a Paula … su voz de alondra/ tomó ese tono oscuro… que se resiste …o acaso aquel romance… que ya no quiere …cuando se pone triste… ceder más …Malena canta el tango… Qué estupidez …con voz de sombra… No te llamas Malena “…Malena tiene pena … Paula … tiene el frío del último encuentro…¿Qué? …se hace amarga en la sal del recuerdo… ­Estás llorando.
A quién culpará esta vez. Los malditos tangos, siempre tan tristes. Estas paredes, por donde se cuela el ruido. O quizá la mano que encendió la radio; la estación de cumbias, con tan mala señal; el teléfono, que interrumpió a la mano en busca de más cumbias. Paula no sabe que hay tantos culpables en este complot para quebrarla.
En fin, sólo queda averiguar cuán profundas son las heridas. Estás cansada, Paula. Eso ya lo sé. Dónde te duele. Qué puedo decir, son todos los días, siempre iguales. Antes fueron las peleas diarias, ahora la indiferencia: ya no hay avance ni retroceso. Sucede simplemente que el amor se acaba; somos dos extraños viviendo juntos. Hoy se fue sin despedirse. Pero es algo más, qué sé yo, son tantas cosas…
Paula se sienta en el sillón. Hoy no irá a trabajar. Con los ojos húmedos escruta el techo; en él proyecta sus propios laberintos. “El tiempo pasa”, qué frase tan trillada. En realidad somos nosotros los que pasamos; y en trayecto se nos va la vida. De la joven romántica de hace veinte años, no queda más que un puñado de sueños rotos. Un vendedor de tamales grita por el altavoz, pero ella no lo escucha. Está lejos; transita el recuerdo de su país, se deja llevar por la nostalgia. Y llora por el sabor de los duraznos.
Ya, niña, ya pasó. No, no ha pasado. Es la carrera trunca de medicina, es dejarlo todo por un amor que se fue a la mierda para acabar dando clases de inglés en un país extraño; fueron los celos, la duda, la humillación, y luego volver a empezar cada vez más distantes; son los monólogos interminables mientras él está frente a la computadora, sus respuestas evasivas, estas ganas terribles de una caricia o de un gesto afectuoso. ¿Cuándo fue la última vez que hicimos el amor? Seis meses, un año. No importa. No volverán a hacerlo, aunque ella aún insista en pensar lo contrario.
Se levanta, se limpia la nariz. Es mejor moverse. Titubea: da igual un camino u otro. La cocina, la habitación, el baño, en cualquier lugar se encontrará consigo misma. Los cuadros, los adornos, un pantalón, una corbata; cada signo le devuelve fragmentos de su propia imagen. Lo difícil será recomponer las piezas. Frente a la cómoda no puede evitar mirarse al espejo. Se le ha corrido la pintura. Siente pena. Un sabor oscuro en la boca. Afírmate, mujer, que aquí viene el llanto de nuevo… Basta. Hemos llorado suficiente. De tristeza, no de lástima.
Paula respira. Sabe que es la hora. No quería aceptarlo así, tan abruptamente, pero lo sabe desde que el tango se lo ha dicho, desde que el tedio acudió a ella como todos los días, desde que vio caer una pelusa de su cintura al suelo, o quizá desde el momento en que emergió a la mañana, frente al lavabo, con el agua en el rostro y anhelando olvido. Aceptémoslo, Paula, hace tanto tiempo que te obsesiona la partida. Te has imaginado hasta el cansancio con el pantalón negro y la blusa verde, qué coincidencia, saliendo del departamento casi sonriente, casi satisfecha por una vaga sensación de libertad. Sabes también qué maleta llevarás, y tienes claro lo que necesitas en el equipaje.
Se asoma por la ventana. El reflejo del sol en los automóviles la deslumbra. No se supone que sea así; debía suceder bajo un cielo nublado, con el viento acariciando sus cabellos. Tal vez una ligera llovizna sobre el rostro. Pero no este sol insultante. Paula sonríe. Qué ingenuidad: la vida no es una novela.
En el armario, la maleta roja. Malena canta el tango/ como ninguna… La canción le ha vuelto a la mente, o acaso nunca se fue …Y en cada verso pone/ su corazón… Qué estoy haciendo, me he vuelto loca. Pero sus manos no se detienen: descuelgan los vestidos del ropero, revuelven los cajones …A yuyo del suburbio/ su voz perfuma… En un rato, él estará aquí. Qué pensará cuando descifre la ausencia, en los muebles, en el suelo, y comprenda que ahora es definitiva: cómo pudiste, Paula. Es mejor así, por otro lado, sin escándalos ni palabras inútiles. Al menos eso se ha dicho ella. En el fondo teme la confrontación; sabe que a fin de cuentas terminaría cediendo, furiosa consigo misma por esta debilidad.
Es poco lo que llevará consigo, y sin embargo el desorden se extiende por la casa. Detenerse a ordenar lo que va quedando, el vestido azul, la cajita de cobre, implica demasiado riesgo. La duda puede aparecer donde menos se la espera: en una evocación repentina, en una añoranza de pronto sublevada. Hay que eludir los tropiezos del sentimiento. Por eso anda Paula de aquí para allá, escogiendo las cosas sin complicarse mucho. Esto viene, esto se queda; la elección no es lo importante, sino el paso ligero por los objetos para no darse cuenta que significan algo. Sacude, dobla, empaca de prisa, y por ningún motivo, Paula, mires atrás.
Pero era imposible cerrar la maleta sin caer en la tentación del sentimentalismo. Cómo voy a extrañarte, amor. Y ante el remordimiento fue necesario recurrir al enojo, un tanto fingido; a la sarta de reproches que ambos saben de memoria.
Ha tomado el teléfono, una vez repuesto el coraje, y después del “bip” de la contestadora ha dicho lo mínimo. Me voy, hija, no pude despedirme, fue todo tan repentino. Cuando su hija escuche la grabación, el tono de la voz explicará lo demás. Ay, mamá, pensará entonces, por qué tuvieron que terminar así. Por qué. Lo mismo se pregunta Paula en este momento; lo mismo se preguntará él al abrir la puerta, atónito frente al impacto de un adiós rotundo. Hay tantas respuestas distintas para el mismo interrogante.
Paula mira el reloj con sobresalto: no se había percatado de la hora. Queda poco tiempo. Intenta escribir en una hoja de papel unas cuantas palabras de despedida. Adiós, amor, perdóname. No. Adiós, querido, ya no podía más. Tampoco. Te quiero, pero era imposible seguir así. No. Amor, voy a extrañarte, amor olvídame, amor qué puedo decirte, amor, todas las frases que se le ocurren suenan tan vacías, tan insuficientes: el lenguaje no alcanza para expresar lo que duele. De todas formas, las palabras sobran esta vez.
Queda poco tiempo. Qué esperas, Paula.
Es que de pronto la ha conmovido esta infinita tristeza de la escena: una mujer inmóvil, en medio del desorden, con la maleta lista, y tan sola como puede estar una mujer que se mira a sí misma y no encuentra más que una hoja en blanco.
No exageres. Tienes estudios. Hubieras querido otra carrera, pero te ha ido bien con los idiomas. Tienes una hija independiente. Tienes recuerdos de un país donde florecen los duraznos. El amor no lo es todo.
Paula no sabe si realmente cree lo que está diciendo, o si lo dice sólo para darse ánimos. Vamos, mujer, haz un esfuerzo, el último ya. Paula se muerde los labios. Retiene unas cuantas lágrimas que se le quieren escapar. Qué bien le vendría ahora un cigarrito; lástima que no hay cajetillas en la casa desde que dejó el vicio. Mira a su alrededor. Sin excusas: voy a extrañarte.
Lo más difícil ha sido cerrar la puerta. Fue la clausura de un espacio incorporado a su propio cuerpo. Dónde está el regocijo, el secreto orgullo por este acto heroico que tantas veces imaginó. Algo se ha roto. La rutina es atadura, dicen. Cómo duele la libertad.
Se pone los lentes oscuros, en parte por costumbre, en parte por pudor.
En las escaleras se ha escondido disimuladamente tras la columna para no toparse con el vecino que viene llegando. Sería terrible: adónde va, vecina, con esa maleta, y ella, llorosa, paralizada, descubierta en plena fuga, a ninguna parte, es para una amiga que se va de viaje -tonta de mí, cómo no pude inventar otro pretexto. El hombre ha entrado en su departamento. Qué alivio. Hay instantes que retornan: una joven sale de su país en ruinas; una mujer huye de su propia desolación. La misma mezcla de ansiedad y arrojo. Y la nostalgia extendiendo sus raíces. ¿Te reconoces, Paula, en este súbito vuelco de los años? Pero ahora vas sola. En el fondo siempre vamos solos. Pero ahora es por ti.
Dadas las circunstancias, difícil no caer en la trampa del hubiera. Si no lo hubiera querido tanto, si no hubiera aceptado acompañarlo en esta aventura ingrata del exilio, si me hubiera quedado con mi madre estudiando la profesión que me gustaba, inútil suponerlo, y sin embargo, cuál sería el saldo, cuántas penas de más o de menos, si yo hubiera.
Atraviesa la calle, rumbo al banco. Pasa frente a la escuela. Es la hora en que los niños salen, con las libretas bajo el brazo y las rodillas sucias. Paula piensa en su hija; y el hubiera desaparece.
El cajero no disimula su curiosidad cuando esta señora de maleta roja y lentes de sol solicita con acento extraño retirar todo el dinero de su cuenta. No es mucho, de cualquier forma, pero lo suficiente para salir de apuros. Guarda una parte en la bolsa, otro poco en la maleta, algo también en el zapato -no será muy elegante, pero más vale prevenir- y lo que resta en el bolsillo.
La mirada inquisitiva del empleado la sigue hasta la puerta. Una vez en la calle, sólo queda esperar un taxi. Consulta el reloj de nuevo: está nerviosa. A unos cuanto metros, dos novios se besan. Desde aquí puede ver, en la acera del frente, la ventana de su departamento. Cómo será cuando ella no esté: qué orden habrá que darle a las cosas para cubrir los espacios de su ausencia. Perdóname, amor, esta vez no seré yo quien te invente un hogar.
El taxi se detiene. Ella le hizo la parada deseando, no obstante, postergar lo más posible el momento de partir.
***
Ha sido un día pesado. Qué ganas de una siesta. Dobla la esquina y se detiene frente al semáforo. Un niño hace malabares y recibe luego unas cuantas monedas. Avanza. Qué mundo éste. En el carril opuesto, un accidente. Policías, una ambulancia y algunos mirones. Continúa. El camión de adelante para a media calle a recoger pasaje. Maldice al conductor. Acelera de nuevo. Ya viene. A lo lejos, algunos niños esperan a su madre en la puerta de la escuela. Hace calor. Mira distraído el panorama cotidiano: el banco, un taxi, una pareja de novios. El semáforo en verde; da vuelta en u. Estaciona. Está aquí, por Dios, justo frente a ella.
Por la ventanilla del taxi, Paula lo mira bajar del automóvil. Miles de agujas le punzan el vientre. Si hubiera estado de pie, habría tenido que sujetarse de algo o de alguien para no caer. Está atónita. No escucha siquiera la voz del taxista que le pregunta adónde va. No puedo. No puedo hacerte esto. Sin embargo permanece inmóvil. Cuántos recuerdos caben en un instante: largas conversaciones de enamorados, cartas donde el amor florecía letra a letra, tardes que el deseo eternizaba en un cuarto de hotel. Aquella velada junto a la fogata, cuando el mundo parecía recién inventado. Ciertas palabras pronunciadas con religiosa devoción. Tu cuerpo, tus ojos, tu aliento. La vida que soñamos juntos. Y luego la incertidumbre, la disyuntiva: me buscan, Paula, tengo que irme, vienes o te quedas, Adónde, No sé, Me voy contigo, Vienes, Sí, Segura, Sí, Piénsalo bien, Sí, Me quieres Paula, Sí, sí, hasta la muerte, sí.
Paula solloza. Qué le pasa, señora. Él está abriendo la reja del edificio. Entra. Se dirige a las escaleras. Por un momento pareció que iba a voltear hacia acá. Decídete, Paula. Se ve cansado. Vienes o te quedas. Está muy solo. ¿Lo quieres? Lo quise. Está subiendo; es ahora o nunca. Un salto al abismo: Nunca.

¿Y bien? Adónde irá Paula.
Adónde va, señora.
Adónde vas, Paula.
Al aeropuerto.
¿Tiene un cigarro, joven?
Qué extraño, el desamor se parece tanto al exilio.
Un torrente de emociones se le viene encima, mientras observa a través del humo a la pareja de novios que va quedando atrás.

…Tus ojos son oscuros/ como el olvido, / tus labios apretados/ como el rencor,/ tus manos, dos palomas/ que sienten frío,/ tus venas tienen sangre/ de bandondeón…

Gracias por todo Vero, esto como un presente homenaje y agradecimiento a tu amistad.
Con cariño, Fredo.

sábado, marzo 31, 2007

Introspección XLIV.

Llenar el vaso con un líquido negro y gaseoso, y al mismo tiempo firmar mi sentencia de muerte. Una muerte que se anuncia lenta y se prevé con un futuro doloroso. No me preocupa en lo más mínimo. No tengo miedo. La vida tiene eso, gente va y viene. Cada que alguien muere en el mundo, nace otro. Somos monedas de cambio para un Dios que aún no lo definimos democráticamente. Hay tantos Dioses y dioses como fronteras.
Ayer quise escribirte un poema, no pude.
Hoy quiero acariciarte, escuchar con mi oído en tu pecho la vibración de tu corazón. Empaparme de tu sudor, acostumbrarme a tus ojos y saberme aterrizado una vez al día en tus labios, son plegarias que quizás nunca cumpla.
Yo ya no lloro como Cirlot ni tengo una espada milenaria como la de él. Si la tuviera, iría hasta donde estás tú y te pediría que me cortes con ella la cabeza, así como a los traidores.
Tengo un poemario que terminar de revisar, de disminuir para sentirlo concluido. Tal vez acabe en la basura o en el olvido. Que no tiene un amor concluido, que es un amor adolescente y cobarde, dicen de mis poemas. Críticos pendejos, ¿acaso el amor es adulto y después sufre de aquello que hemos bautizado como la tercera edad y recluimos a todo aquel que lo padezca en un asilo por temor de ver la muerte cerca de nosotros? El amor verdadero siempre será adolescente, porque invitar a apostar el todo por el todo, a no medirse, a no ver fronteras, a violar todo orden y establecer el suyo propio. Pero siempre lleno de dudas y temores. Lo que no tenga esto, no es amor. Es todo menos eso.
Saber que no llegaré a viejo me invitar a repensar que hacer con mi vida, lo que de ella queda, no sé. Pensar que quizá acabe solo sin una mujer que llore la desdicha de saber que habrá uno menos en la tierra al cuál amo o al menos de quien le hacía sentirse amada, eso sí me da miedo.
Me preocupa mi soledad, pero me asusta más tu silueta y me mata mi silencio cobarde.

Introspección XLIII.

Perderme en su recuerdo para endulzar mi agonía. Buscar el pasado para afrontar mi presente.
Llevar a Silvio como una declaración de amor y a Sabina como una marca del dolor que el tiempo me ha ido heredando.
Tocarla para poder escribir lo que aún no encuentra su cauce.
Poder estar con ella para sentir el fuego que emana de la tierra.
Y después morir para irme con una sonrisa al infierno que temeroso espera mi llegada, pues se sabe derrotado ante mi diabólica presencia.

jueves, marzo 29, 2007

En honor a su cumpleaños el pasado 28 de marzo.

Discursos de Pedro Ángel Palou en el Congreso Internacional de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Novela Histórica: verdad literaria y verdad universal

Quienes escribimos novela histórica, y en particular quienes escribimos sobre hechos de guerra, sabemos muy bien, como Tolstoi lo insinúa en La guerra y la paz, que la historia de un hombre es también la historia de la humanidad, que la localidad de los hechos no va en detrimento de la universalidad de las pasiones. La comedia del arte, y lo ilustra muy bien el repertorio de Shakespeare, es una mascarada, quizá no importan tanto las personas como el personaje, siempre seguirá existiendo el bufón o el disoluto, el avaro o, tan común en la guerra, el que traiciona. Sin embargo, lo que intenta la literatura es darle nombre y apellido al personaje, saber que representa a todos los traidores pero éste, en particular, es el que realmente importa, es éste el que se duele y el que se complace. La literatura, contrario a lo que muchos piensan, no vuelve universales los temas, cosa de Perogrullo, más bien, los vuelve locales, individuales, absolutamente pequeños y visibles, trata de darle vida a un puñado de personas que representan, desde su vida concreta y domiciliaria, a toda la humanidad. El gran reto es que el personaje (considerado una máscara para los griegos) realmente encarne y se convierta, no ya en un disfraz ajado y abandonado tras bambalinas en espera de que el actor en turno lo pruebe, sino en un ser insustituible; esta es la gran paradoja de toda representación: los personajes ya no representan a sus nombres, no representan, son. Como diría Batteux, la novela es una “mentira perpetua que tiene todos los rasgos de la verdad”.

La literatura entonces, no sólo muestra la universalidad de las pasiones humanas, sino que salva, por llamarlo de algún modo, las particularidades del caso, salva todas las localidades. Es una gran coincidencia que cuando uno va al teatro, y se queda sin boleto, nos dicen que las localidades se han agotado: el teatrum mundi se convierte de pronto en el teatrum locus. No es ninguna casualidad que hayan sido los griegos quienes acuñaron con gran estima la palabra “manía”, considerándola un recurso insoslayable en la creación poética. El artista debía ser un maniático y sus personajes un caldo de cultivo de manías. Las manías eran precisamente las afecciones que, por ser muy personales, se encargaban de moldear el temperamento y la individualidad de las personas. Los antiguos, como los posmodernos, seguimos buscando la fuente de la individualidad. Como Aristóteles, sabemos que en las partes se encuentra el todo, el problema es, contra los pronósticos, encontrar las partes, hacer las partes. Y que las partes, pese a ser universales, tenga sus propias particularidades.

Quizá lo que se encuentra detrás del debate de lo universal y lo local en la novela histórica sea el tema de la verdad. Como todos sabemos, la Ilustración inauguró la universalidad de la verdad, no puede haber, según los ilustrados, dos verdades que se oponen, una de ellas debe ser mentira. Lo propio puede decirse de la novela histórica, no puede haber dos historias distintas. Toda novela histórica es considerada, de entrada, un reflejo exacto de la verdad, y por ello, universal. La novela histórica no tiene la obligación de coincidir con la realidad histórica para poder ser verdad. No sólo existe la verdad histórica sino, también, la verdad literaria: el mito. La verdad literaria puede oponerse incluso a la verdad histórica. Sin embargo, hay algo en la literatura que colinda con la verdad histórica: su ficción es a veces un vivo retrato, cuando no una crítica ácida, de la realidad real. No a pocos molesta esta verdad literaria: para Platón, no era posible decir una verdad a partir de una ficción. Sabemos bien que la novela histórica trata, quizá más que otro tipo de novelas, de ficcionar verosimilitudes, acaso es el género novelístico que mayor apego ha de tener con los acontecimiento, y pese a que trata de darnos la relación de los hechos sucedidos, también trata de ser literatura, y la literatura es, ante todo, artificio, es decir, mentira. La gran paradoja de la novela histórica es que navega por dos corrientes: entre la verosimilitud y el artificio. Jacque Ranciere alude a esta paradoja diciendo que “Si el arte pude emocionarnos por el reconocimiento de las pasiones que conocemos, es porque es un artificio que no pretende ser la verdad. Pero es también porque este artificio se deja tomar por esa verdad a la cual dice que no pertenece”. En este sentido, la novela, y la literatura en general, no son ni la negación de la historia ni otra voz en la historia, como lo quería Octavio Paz, sino más bien otra forma de llegar a la verdad a partir del artificio y de la historia; otra forma de verdad, y no la contradicción de la verdad histórica. En nada podría inspirarse la literatura si no contara con el mundo verosímil de la historia. Ambas, Historia y Ficción, son caminos a la verdad.

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El ensayo: una lingua franca

Quizá los nuevos retos del ensayo se suscriben a dos asuntos. Digo “nuevos retos” porque hoy en día son otras las preocupaciones del lenguaje ensayístico. A Montaigne le preocupaba, por ejemplo, un estilo menos categórico y mucho más asequible, menos grave y más imaginativo; frente a la extensión de los tratados disciplinares, oponía el asombro de los escritos breves.
Hoy son otras nuestras inquietudes, por un lado, nos preocupa que el ensayo siga manteniendo la difícil tensión entre sentido y ritmo, o como dirían algunos críticos, entre idea y artificio, sobre todo cuando la academia universitaria va ganando cada vez más terreno y obliga a sus titulares a ser lo más objetivo posible, como dicen algunos colegas de la academia norteamericana: hay que ir “straight to the point”, cercenando así cualquier espacio para la imaginación creativa e inhibiendo el género ensayístico; y peor aun cuando los estudios neurobiológicos más recientes han mostrado que ningún tipo de verdad científica hubiese sido posible si el hombre no se hubiera ejercitado en el campo de la imaginación como ningún otro animal lo ha hecho; por otro lado, la creciente aparición de ensayos cada vez más cercanos a la realidad: los ensayos-reportaje, los ensayos-autobiográficos o de estudio de caso, nos obligan a reflexionar sobre la distancia que debe guardar el ensayo de frente a la realidad, y quizá de forma más general, la distancia que debe haber entre la literatura y la realidad.
Octavio Paz afirma que el lenguaje no puede ser una copia exacta de la realidad por su naturaleza metafórica: todo idioma es una metáfora de lo real: una palabra es como si fuera la cosa, pero no es la cosa per se. El mismo lenguaje es un recurso literario, desde su origen está suscrito al sistema de la literatura: pues es una metáfora. El lenguaje es tan ajeno a la realidad, lo recuerda Steiner, que para entenderlo tenemos que traducirlo, ya sea nuestra lengua materna o bien se trate de un idioma desconocido, tenemos que decodificarlo a fin de comprender qué dice; si el lenguaje dijera la realidad misma, o fuese absolutamente objetivo, no habría ningún tipo de malentendidos. El castigo de Babel no consiste tanto en la creación de varios idiomas como en el nacimiento de la traducción, incluso la traducción en nuestro propio idioma. ¿Cuántas veces no hemos tenido que traducir lo que otra persona dice en nuestro mismo idioma? Estamos condenados a traducir a nosotros mismos, a jugar a las equivalencias: esto es como aquello, pero nunca será aquello. Esta distancia frente al mundo concreto, insalvable, implica reflexionar sobre la relación entre el ensayo y la realidad.

El gusto actual por ensayos que contengan una gran dosis de mundo real pone en riesgo el lado artificioso del ensayo, en pos, por cierto, de una de las más antiguas seducciones literarias, aristotélicas por naturaleza: la mimesis absoluta. El mito del andrógino, partido en dos y vuelto a juntar, se encuentra detrás de esta pasión por unir dos mundos, dos sistemas, inconfundibles. Realidad y deseo, diría el poeta. Lo propio puede decirse de los ensayos academicistas. Se trata de perder en imaginación y ganar en objetividad.

Comparto con Giorgio Agamben una definición muy ilustrativa sobre lo que es la poesía: es una lucha irresuelta entre sentido y ritmo. Lo propio puede decirse del ensayo actual: ya sabemos que nunca podrá darse tal unión entre ensayo y realidad, la distancia es insalvable, también que el ensayo no puede aspirar a la objetividad absoluta porque necesitaría dejar de ser ensayo, de lo que se trata entonces es de encontrar, una vez más, el justo medio, el punto de equilibrio entre imaginación y rigor conceptual, entre artificio y realidad concreta. La tensión nunca dejará de existir, el reto más bien es que dicha tirantez sea capaz de expresar, con la mayor fuerza posible, la riqueza discursiva del ensayo, el artificio más bello y noble para tal o cual idea.

Dante defendía, en De vulgari eloquentia, el lenguaje vulgar. Los motivos de su defensa eran muy sencillos (la naturalidad y viveza de las lenguas vulgares), sin embargo siguen siendo muy actuales: me parece muy sano que el ensayo busque rigor conceptual y mayor cercanía con la vida cotidiana sin que esto signifique, claro, que pierda naturalidad y vida. El ensayo debe de dar siempre signo de estar vivo. Su relación con la realidad ha cambiado a través de los años, sin embargo persiste la idea de que todo ensayo debe ser una lengua franca, en el doble sentido de la palabra: aspirar a la verdad, la verdad literaria, y franquear obstáculos, llegar a las gentes, dirían los trágico griegos. Esto significa estar vivo.

XIII Congreso Internacional de la Asociación de Academias de la Lengua Española Medellín, Colombia
Marzo de 2007

Sampe y su pasión.

Paisajes de la Memoria (Diario Milenio-Puebla 29/03/07)
Juan Gerardo Sampedro
De mi colección privada.
Como el lector lo sabe porque aquí mismo lo he dicho, me encuentro recopilando una serie de exempla modernos que tienen que ver con los temas de la página roja. Éste es otro más con una especie de preámbulo. Un vándalo, según el diccionario Salvat (T. 20) es quien “comete acciones o profesa doctrinas propias de gente cruel e inculta”. Vándalo también se refiere al individuo perteneciente a un pueblo germánico oriental, procedente de Escandinavia.
En la Edad Media la figura del agiotista (y del vándalo) fue severamente condenada por la Iglesia, ya que quien se entregaba a esta insana práctica robaba a Dios porque, como lo explica Le Golf, “el tiempo es de Dios, no de los hombres”, y el usurero atesora lo que a los demás pertenece. ¿Cuál era la concepción de la usura medieval?: es un monstruo de mil cabezas pues es en primer lugar robo, “avaritia”. Y para concientizar a la gente de que no cayera en esta práctica, la Iglesia incluyó en el sermón los exempla, relatos breves que condenaban a los usureros.
Esta historia tiene que ver con la acción de un usurero y un notario en agravio y daño de un tercero. ¿La ley no tiene forma de reglamentar esta aberrante y fácil forma de “ganarse la vida”? He aquí el exempla: “Señor, dixéronme de un omne que siendo niño robábale las gallinas a su madre para dexarlas en venta a plazo e sacar con ello ventajas redituables. Ya adulto estudió leyes para entender mejor cómo quitarle a la gente sus pertenencias. E se fizo vándalo e encontró forma fácil: dijo seré usurero así como otros quieren ser panaderos. E prestaba tontos trece mil pesos y al rato, interés sobre interés, se adjudicaba viviendas, autos y demás. Él se llamaba Rentoill e tenía dos prestanombres: Carol e Nancy, dos amigas sin conciencia, como él. Se adjudicaba propiedades a diestra e siniestra hasta que fue denunciado por sus ilícitas prácticas que llevaba e efecto a través de un notario que fue su cómplice en muchas transacciones. El agiotista solía llamar “negocios” a sus tranzas. E fizo muchas. E su notario se llamaba Henry y era como un muñeco de cuento de terror e daba fe sin constancia alguna de las fechorías del agiotista. E amenazaban a las víctimas e nadie osaba tocarlo porque alardeaban de su poder ilimitado. Así vendiéronle a un pobre omne que había reunido con sacrificio el monto solicitado, un departamento luego de haberlo obtenido despojando a una familia del inmueble. De todo tenía documentos el omne defraudado, quien pronto dio a conocer el vergonzoso caso a los medios mediante un reportaje que fue balde de agua fría, ya que se trataba de un notario de apellidos dizque de abolengo. Y el pobre omne defraudado los hizo responsables de lo que pudiera ocurrirle ya que lo habían amenazado y dejó por escrito la recomendación al agiotista que si quería dinero fácil fuera a Elektra, porque ahí sí se lo dan como de rayo, como lo dice el comercial, pero que él iba a defender a toda costa y contra todo lo que era suyo. Y se cuenta que el agiotista volvióse medio orate y que se adjudicó él solo la Catedral y el Teatro Principal y que los quiso vender, pero que no prosperó su plan. E se quedó loco y hablando sólo e de dinero”. Esta historia aún no tiene fin. Comienza fuera de la ficción.

domingo, marzo 25, 2007

Introspección XLII.

¿Qué es peor, estar solo ó sólo estar? No sé.
Cada día me aburro más de todo. Me cuesta sonreír y ya se me olvido por qué tengo vida. Quisiera desaparecer. Irme lejos, sin avisar. Vivir en una gran ciudad, donde nadie me conozca y tampoco le importe. Se anónimo. Quiero extrañar y que me extrañen.
Cada hora pierdo la esperanza de escribir. Lo hago en este blog, porque no sé usar la boca para expresarme. Hablar es algo inexacto para mí.
El Bronwyn de Cirlot aún no llega, tal vez nunca llegue. Y me quede esperando ese libro como lo sigo haciendo con casi todo.
Probablemente debería buscar un lugar donde vivir. Mi casa es un infierno personal. Sólo estorbo. Nunca he cumplido las expectativas de mis padres. No soy creyente, tampoco tengo buenas calificaciones, no aporto dinero. Empiezo a creer que llevo dos apellidos por compromiso moral que por merecimiento.
Soy muy cobarde para morir y muy inepto para vivir. Dios me rechazaría por todo lo que he hecho en vida y el Diablo ni siquiera me aceptaría, no soy lo suficientemente maldito para arder en el fuego. El purgatorio es demasiada aspiración. El mejor castigo que puedo recibir es ver morir todo lo que quiero y seguir vivo eternamente.
Las pesadillas son constantes por las noches. Tengo miedo de dormir. Sueño muertes. Siempre despierto antes de morir en sueño.
Ya no quiero leer, pero es lo único que me hace sobrevivir. Cada que leo es peligroso, siento que los personajes tienen más suerte que yo. Al menos fueron amados por una mujer o aman a una. A mi ya se me olvido cómo se debe amar a una mujer.
Mis órganos se pudren en Coca-Cola y siento que camino en mierda o más bien yo soy la mierda.

sábado, marzo 24, 2007

Introspección XLI.

El lunes pasado termine la reunión de artículos de mi amigo Nacho Padilla que ha publicado la UDLA-P: El peso de las cosas. Un libro por demás entretenido, diverso, ágil, leve, exacto, múltiple. Nacho dice en cada artículo lo justo y lo necesario, interactúa con el lector. Hablas de temas de interés general y particular con un lenguaje literario, también académico, pero sobre todo periodístico. Lleva al lector por temas quizá difíciles de abordar, pero lo hace con tanta naturalidad que la información vertida en cada ensayo, se aprehende y aprende de manera rápida.
El martes he empecé con El Nomadismo, vagabundeos iniciáticos (FCE, 2004) de Maffesoli. Un libro muy complejo. Y asisto a la lectura de un gran pensador y conocedor de la sociedad actual.
La presión ha disminuido. Nuevamente tengo el tiempo para escribir estos mínimos y quizá inútiles textos. Cada día, entiendo más la canción Debo partirme en dos del inigualable Silvio Rodríguez. Lo único malo es que no tengo a quien decirle de la forma más fácil, ridícula y cursi: te amo.
La poesía a veces no basta, la literatura sale sobrando y la vida misma es una constante flagelación.
Está por aquí y por unos días, una de las personas por las que se puede decir, debo una cierta confianza a seguir con este intento llamado escritura: Verónica Estay. La he visto y me acuerdo de mis primeros pasos por estos rumbos, ella fue la que me enseño a atreverme a caminar. Pronto regresará a Francia.

sábado, marzo 17, 2007

Introspección XL.

En la madrugada de este sábado acabe de leer las Seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino. La última parte es un inédito, no quedo concluida del todo, se denomina: El arte de empezar y el arte de acabar.
En si, es un breve recorrido que Italo hace sobre los grandes inicios de las novelas y los finales memorables de algunas novelas. Porque el inicio es aquel que dará la pauta de la obra, el camino a seguir y el final será aquello que hará que la obra sea redonda. La coherencia de la novela.
Un libro que disfrute y sin duda, esto es el nacimiento de una nueva manera de analizar textos literarios.
Hoy leeré los ensayos recopilados de mi amigo y admirado Ignacio Padilla por la editorial de la UDLA-P y que se titula: El peso de las cosas.

Introspección XXXIX.

Mis ausencias son días. Continencias confusas y abismales son mis sueños. Si hay vidas pasadas, seguro fui quemado en la inquisición eso explicaría mi extraño ateísmo. Pude haber sido un Don Juan cualquiera, le daría razón a mi infinita y constante soledad. O quizá yo tengas años en el infierno y por eso sufra, al menos eso siento. El infierno no es necesariamente lo escrito por Dante, puede ser creer que se vive en un mundo real, cuando es puro simulacro.
Tal vez yo no esté escribiendo esto, sino siguiendo las órdenes de otro ser superior que me ha imaginado o creado y me ordena hacer lo que hago.

viernes, marzo 16, 2007

Introspección XXXVIII.

Ha sido una semana pesada.
Las cosas en casa mejoraron. En la facultad siguen su rumbo normal y caótico. Son fechas de elecciones para consejería universitaria. Es una época de canibalismo autentico, pareciera que se juegan los intereses de todo un país, quizá sí, no lo sé. Son fechas agotantes y desesperantes. Pronto acabarán. Casi no gano nada, pero pierdo mucho. No está escrito, ni dicho que este mundo deba ser equitativo, ni justo. Hay que dar más de lo que se recibe. Hay que poner no la mejilla para que peguen, sino toda la cara para que te la desfiguren. Nunca nos dieron a escoger que tipo de vida social, económica, estatal, nacional y mundial queríamos. Somos parte de un gran teatro, donde nuestro papel ya está escogido y es heredado de generación en generación. El cambio requiere no sólo esfuerzo, también se te cobra con la vida y en la mayoría de lo casos el único pago es el anonimato. No escoges cómo deben ser tus hijos y viceversa. Amas a la persona menos idónea y la correcta o no se fija en ti o uno está tan enamorado de lo prohibido que otrora no existe en nuestro mapa personal. Nunca estamos conformes. Siempre queremos más y más. Cada día usamos una máscara distinta. La autenticidad dejo de existir desde años atrás. Mientras más original se intenta ser, más imitativo se vuelve uno.
En estos días me di tiempo para leer otras dos propuestas de Italo, la de Visibilidad y Multiplicidad.
Transcribo la explicación de por qué la Visibilidad es considerada por Italo como uno de los valores a salvar para este milenio:

Si he incluido la Visibilidad en mi lista de los valores que se han de salvar, es como advertencia del peligro que nos acecha de perder una facultad humana fundamental: la capacidad de enfocar imágenes visuales con los ojos cerrados, de hacer que broten colores y formas de alineamiento de caracteres alfabéticos negros sobre un página blanca, de pensar con imágenes. Pienso en una posible pedagogía de la imaginación que nos habitúe a controlar la visión interior sin sofocarla y sin dejarla caer, por otra parte, en un confuso, lábil fantaseo, sino permitiendo que las imágenes cristalicen en una forma bien definida, memorable, autosuficiente, “icástica”.

Italo hace ya veintidós años se preocupaba por algo que nos afecta a todos, la falta de imaginación, producto de la carga constante que recibimos por medio de la televisión, el cine, el internet y las mamparas publicitarias. Haciendo así a nuestra mente menos apta para recibir información con demasiado texto. No tenemos tiempo para imaginar, necesitamos recibir exactamente lo que el otro desea transmitir a cada ser humano que nos habita.

Los requisitos que un texto debe tener para cumplir con la Multiplicidad:

(…) Tenemos el texto unitario que se desenvuelve como el discurso de una sola voz y que resulta ser interpretable en varios niveles (…).
Tenemos el texto múltiple que sustituye la unicidad de un yo pensante por una multiplicidad de sujetos, de voces, de miradas sobre el mundo, según ese modelo que Mijail Bajtin ha llamado “dialógico” o “polifónico” o “carnavalesco”, y cuyos antecedentes encuentra en autores que van de Platón a Rebeláis y a Dostoievski.
Tenemos la obra, que ansiosa por contener todo lo posible, no consigue darse una forma y dibujarse unos contornos, y queda inconclusa por vocación constitucional, como hemos vista en Musil y Gadda.
Tenemos la obra que corresponde en literatura a lo que en filosofía es el pensamiento no sistemático, que procede por aforismos, por centelleos puntiformes y discontinuos, (…).
Entres los valores que quisiera que se transmitiesen al próximo milenio figura sobre todo éste: el de una literatura que haya hecho suyo el gusto por el orden mental y la exactitud, la inteligencia de la poesía y al mismo tiempo de la ciencia y de la filosofía (…).
(…) ojalá fuese posible una obra concebida fuera del self, una obra que permitiese salir de la perspectiva limitada de un yo individual, no sólo para entrar en otros yoes semejantes al nuestro, sino para hacer hablar a lo que no tiene palabra, al pájaro que se posa en canalón, al árbol en primavera y al árbol en otoño, a la piedra, al cemento, al plástico.

Una obra completa es lo que pide Calvino, una novela que te divierta, pero te haga pensar. Que sea rica en estructura, pero leve en su lectura. Que tenga un lenguaje cuidado. Que sea directa, clara, concisa. Que describa cuando tenga que hacerlo. Que el escritor no se proyecte del completo y deje hablar a los personajes, pero también a esas otras voces que va heredando y después las transmite como suyas.

Quizá este libro sea una nueva forma y propuesta de hacer teoría con la literatura de este nuevo milenio.
Sin duda, Italo era un gran visionario.

jueves, marzo 15, 2007

Sampedro habla de Bucay

Paisajes de la Memoria. (15/03/07)
Juan Gerardo Sampedro
Jorge Bucay

De cómo la inestabilidad emocional sigue siendo un negocio: He leído atentamente algunas obras de Jorge Bucay, un psicoterapeuta que está desbancando, si se puede decir así (las modas también se dan en la psiquiatría) a Leonardo Stemberg y su terapia basada en el “Contraanálisis”. He visto a Bucay en el canal de Telefórmula estos últimos días, pero confieso que lo único que ha logrado es aburrirme un poco. Cuando se repiten los modelos, éstos llegan a cansar.

Sin embargo creo que Jorge Bucay es un serio terapeuta a distancia. Sus libros, lo digo yo que conozco bien la terapia gestáltica gracias a los conocimientos que adquirí de mi maestro Jorge Barragán, no son los clásicos de autoayuda. Sus libros son didácticos y puede leerlos cualquiera, aún sin tener la formación de terapeuta.

He leído muy recientemente, por ejemplo, “El camino de la autodependencia”, “El camino de la felicidad” y “Cartas para Claudia”. El segundo de ellos, “El camino de la felicidad”, si se mira con atención, es una síntesis (que no vulgar plagio) del filósofo Arthur Schopenhauer, “El arte de ser feliz”.

Alguna vez me pregunté por qué la gente busca libros de autoayuda. La respuesta: el silencio. Es decir: sigo pensando que no hay una respuesta adecuada para los que sufren (o sufrimos), y que tampoco se encontrará fácilmente.

¿En dónde entonces radica el poder y la moda de un Jorge Bucay? La gente, en este mundo globalizado, necesita respuestas a sus conflictos. Y como los hombres necesitamos seguir viviendo, nos volcamos hacia donde creemos que hay un asidero. Yo no sé –no lo creo todavía– si Jorge Bucay, que edita en Océano, haya agotado los tiros que puede agotar, como lo llamó Fox, “el Premio Nobel colombiano Mario Vargas Llosa”; o el mismo, ése sí Premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez.

De cualquier manera, para un país como el nuestro el tiro de las obras de Jorge Bucay es impresionante. Algo curioso: su novela no ha alcanzado los niveles de éxito que sí han alcanzado sus libros de psicoterapia aunque, para obtener conocimiento del mundo, la literatura y la ciencia son lo mismo: las vías son la diferencia.

Yo que ya he tocado en este mismo especio el tema, sigo pensando que la inestabilidad emocional es el gran negocio. No quiero decir con esto que Jorge Bucay sea un psicoterapeuta sin propuestas. En efecto y con un enfoque distinto, la gente ahora lo prefiere a mi amigo Leonardo Stemberg, quien mantiene su página electrónica en el Internet www.contranalisis.com.mx cada vez con menos –creo– adeptos, desde que ha delegado en otros la responsabilidad que él tenía.

En Telefórmula he visto a Bucay recomendarles a los usuarios dejar que sus sentimientos fluyan, como lo recomienda el Zen; quizá sólo sea receta. El Jorge Bucay gestáltico lo será mejor lejos de los grandes negocios de la industria editorial: con el sufrimiento emocional no se lucra

lunes, marzo 12, 2007

Introspección XXXVII.

Hoy por la madrugada continué con la lectura de Seis Propuestas para el Próximo Milenio del inigualable Italo Calvino. Toco el turno a la propuesta número tres: Exactitud.
Transcribo su idea:

(…) Trataré ante todo de definir mi tema. Exactitud quiere decir para mí sobre todo tres cosas:
1) un diseño de la obra bien definido y bien calculado;
2) la evocación de imágenes nítidas, incisivas, memorables; en italiano
tenemos un adjetivo que no existe en inglés, “icástico”, del griego Ekiautikós;
3) un lenguaje lo más preciso posible como léxico y como expresión de los matices del pensamiento y de la imaginación.
¿Por qué siento la necesidad de defender valores que a muchos parecerán obvios? Creo que mi primer impulso obedece a que padezco de una hipersensibilidad o alergia: tengo la impresión de que el lenguaje se usa siempre de manera aproximativa; casual, negligente, y eso me causa un disgusto intolerable. No se vaya a creer que esta reacción corresponde a una intolerancia hacia el prójimo: lo que más me molesta es oírme hablar. Por eso traro de hablarlo menos posible, y si prefiero escribir es porque escribiendo puedo corregir cada frase tantas veces comos sea necesario para llegar, no digo a estar satisfecho de mis palabras, pero por loe menos a eliminar las razones de insatisfacción que soy capaz de percibir. La literatura –quiero decir, la literatura que responda a estas exigencias- es la Tierra Prometida en donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser.
A veces tengo la impresión de que una epidermia pestilencial azota a la humanidad en la facultad que más la caracteriza, es decir, en el uso de la palabra, una peste del lenguaje que se manifiesta como pérdida de fuerza cognoscitiva y de inmediatez, como automatismo que tiende a nivelar la expresión en sus formas más genéricas, anónimas, abstractas, a diluir los significados, a limar las puntas expresivas, a apagar cualquier chispa que brote del encuentro de las palabras con nuevas circunstancias.
No me interesa aquí preguntarme si los orígenes de esta epidermia están en la política, en la ideología, en la uniformidad burocráticas, en la homogenización de los mass-media, en la difusión escolar de la cultura media. Lo que me interesa son las posibilidades de salud. La literatura 8 y quizá sólo la literatura) puede crear anticuerpos que contrarresten la expansión de la peste del lenguaje.


Es revalorar a la palabra dándole su peso exacto sin restarle la posibilidad de la expansión, pero sin regalar la oportunidad de la brevedad. En ambos casos, siempre con una profundidad.
En un rato veré a Mario Bellatin. Por la tarde s presentará el Nº 6 de la revista Revuelta, motivo por el cual, está aquí Bellatin.Ayer, mi tía-abuela, Andrea lleva por nombre, entró en una etapa non grata para nadie. Jamás deseada, pero quizá, a veces inevitable. Siempre ha tenido problemas de circulación, ahora, al parecer ha afectado la oxigenación al cerebro, dicen puede tener coágulos, que provocan una memoria escasa, casi nula. Hoy, por la mañana salio de un encierro de cuarto que tuvo durante todo el domingo, su cuarto huele a miados. Le cuesta trabajo caminar. Mi madre ha llorado ayer. Hoy también.

¡Fuera Montiel Bonilla, Fuera!

La quinta columna (Diario Cambio 12/03/07)
Mario Alberto Mejía

El Mediocre (Homenaje Poblano a José Ingenieros). Carece de la grandeza (no podía ser de otra manera, ya que es físicamente imposible), pero tiene la insidiosa persistencia cancerígena de la mediocridad.
Por eso.
La permanencia en el cargo de secretario de cultura de Alejandro Montiel Bonilla no sólo es un agravio para la comunidad académica y cultural de Puebla, sino también para la del País, porque su patética mala fama ha trascendido las fronteras del estado: su mediocre personalidad es, en demérito de los poblanos, conocida por las autoridades del CONACULTA y por los titulares de las dependencias culturales de los estados que convivieron con él en las reuniones nacionales de cultura. No hay funcionario cultural, federal, estatal o municipal, que tome en serio a Montiel. Vamos, ni sus subordinados, ni los miembros de su equipo de servidumbre. Tan pronto escuchan su nombre surgen la burlas, los chistes y los comentarios mordaces sobre sus mentiras y disparates, y sobre ciertos hábitos y costumbres de su vida sexual de oficina que, gracias a su propia torpeza, es tan pública como el diario oficial. Estos meses han servido para concluir que, en un sentido estrictamente laboral, es técnicamente insostenible su permanencia en el gabinete, por su falta de competencias laborales para desempeñar el cargo: hoy en día la secretaría de cultura sólo existe en el primer cuadro de la ciudad de Puebla. Por ejemplo, es un escándalo que la Dirección de Cultura del ayuntamiento de Tehuacan sea capaz de organizar un festival de mayor calidad que el FIP de la Secretaria de Cultura del gobierno del estado. Sin embargo, hay otra dimensión del asunto: su permanencia en la primera oficina de la dependencia cultural no sólo es una afrenta para la historia cultural de Puebla, también es peligrosa electoralmente para el PRI. Recordemos que con la política cultural del estado sucedía lo que, en otro tiempo, pasaba con la política exterior de México: era el espacio natural de la inteligencia, de la ilustración, del cultivo de lo mejor de las tradiciones políticas y culturales. Para tener idea de la magnitud del deterioro de la política cultural del gobierno simplemente hay que evocar los nombres de algunos secretarios de Cultura de Puebla (Palou Pérez, Castro Morales, Azar Barbar, Palou García) y compararlos con el de Montiel Bonilla. La perspectiva que surgirá de este ejercicio será una referencia para entender el desastre cultural que vive Puebla en un año electoral. Es innegable que la presencia de Montiel en el gobierno restará votos al PRI en una elección crucial. Veamos: si en la secretaría de Cultura hay 600 trabajadores y cada uno de ellos pertenece a un núcleo familiar que en promedio cuenta con 5 elementos, tenemos entonces 3 mil personas. Si de estas el 10 por ciento son menores de edad nos quedan 2 mil 700 potenciales electores. Conservadoramente, dupliquemos la cifra agregando conocidos y amigos de la familia: 5400 electores. A este número, sumemos a los miembros de la comunidad artística y cultural, la fuente periodística, los académicos, los universitarios y los ciudadanos que alguna vez han leído alguna de las centenas de notas periodísticas que han informado y/o comentado los errores y torpezas del señor Montiel. ¿Cuál sería la cifra que obtendríamos? Pensemos en 5 mil que sumados a los anteriores nos darían, entonces, diez mil votos. ¿Estará dispuesto el PRI a perder 10 mil votos que podrían definir más de una diputación en las próximas elecciones sólo por mantener en el cargo de secretario de Cultura a un inepto que ni siquiera paga sus cuotas al partido? Sin duda, amplios sectores sociales con cierto nivel de educación y de influencia en la vida social y cultural de Puebla dejarán de votar por el PRI si Montiel permanece en el cargo. Porque, simplemente, Montiel no pertenece a ese sector. Es un advenedizo sin liderazgo ni influencia alguna en el mundo cultural, al que, muy lejos de servirlo, ha ofendido con sus recurrentes actos de altanería, vulgaridad e ignorancia. Montiel es ahora un hombre sitiado que apuesta a la falta de memoria del público, que confía en que sus muchos errores y descuidos se olvidarán de repente, que espera, reza en la iglesia de Xonaca, porque el gobernador deje de preguntarle sobre ciertos asuntos sobre los cuales simplemente no tiene respuestas satisfactorias. Es un cripto-secretario que se esconde de la prensa, de los ciudadanos e incluso de su estructura formal de trabajo, ya que a él sólo acceden sus íntimos. Montiel ha dejado de asistir a actos públicos y prácticamente ha desaparecido de los diarios locales y de la vida cultural de Puebla: no asiste a nada, no organiza nada, no participa en nada. Ha optado por la “estrategia” de la invisibilidad y de la inactividad. Sencillamente, no hace algo. Es un vacío institucional que otros están ocupando ya. Montiel deja pasar los días sumido en un estado de postración mental que, ante los pocos que hablan con él, trata de disfrazar de gran seguridad en sus acciones y hasta de entusiasmo ante el futuro. Pero no. La verdad es que está paralizado por el temor de perder el dinero que ahora tiene. Han pasado ya tres meses del 2007 y no ha presentado ante la opinión pública sus proyectos para este año.

Tampoco ha hecho un balance del (catastrófico) 2006. Durante este breve 2007 prácticamente ha metido la pata cada vez que sale ante el público, tal vez por eso ha optado por el ocultamiento. He aquí una incompleta lista de sus recientes incapacidades, errores y negligencias: La vergonzosa comparecencia ante el congreso del estado en la que no pudo contestar las preguntas de los diputados. El enredo de corretiza y pastelazo de los seis libros que supuestamente publicó en el 2006 El criminal abandono en que se encuentran los libros de biblioteca Tolá de Habich, arrumbados en una bodega húmeda en cajas de huevo. El desprecio étnico, el racismo pues, que le llevó a presentar el polémico y carísimo libro La Pirámide de Cholula en el Museo Amparo, en donde por cierto ya solicitó empleo por si las dudas, y no en Cholula, como debía ser. La delictuosa cesión de los derechos editoriales de los libros Las Calles de Puebla a una empresa privada El desmantelamiento de la sala Erasto Cortés y el ataque a su obra que ha sido almacenada en las temibles cajas de huevo que utiliza Montiel para perpetrar sus delitos culturales. La amañada y tramposa asignación de las becas del FOESCAP a sus cuates y proveedores. Si algo hay que admirar del lastimero secretario de cultura que padecemos es su inagotable capacidad para el ridículo, para la exhibición de sus penosas limitaciones educativas e intelectuales. No hay que olvidar que su único libro publicado fue revisado y corregido exhaustivamente por un hombre talentoso cuya amistad, por cierto, ha traicionado vilmente. Porque Montiel no es más que un lumpen perfumadito y adinerado con graves problemas de incontinencia verbal. Un mitomaníaco sentado en una silla que no le corresponde. No hay que olvidar que Montiel sólo es un pícaro al que valiéndole madres todo se fue de mochila a Europa al reventón lumpen: Portugal (¿?); Madrid y París (edificios miserables de promiscuos apartamentos sin servicios). No hay que olvidar que sólo es un ambicioso sin escrúpulos y sin luces que, a su regreso del viajecito de desmadres y excesos, se inventó una estancia académica plena de condecoraciones, honores y nobles torres medievales rescatadas de la herrumbre del tiempo, pensando, como todavía hoy lo hace, que los poblanos son ignorantes. Pero, como dijo el otro clásico: ¡Qué viva el mole de guajolote!

+++Un Mail Ad Hoc. Un lector nos envió las siguientes líneas. “Dicen las malas lenguas que nuestro talentosísimo subsecretario de Cultura, Gerardo Ramos Brito, anda por las Europas. Que desde las Galias dirige el cascarón de Secretaría en Puebla. Vaya, es de entender que el pobre Gèrar debe estar hartísimo de las decisiones del secretario Alexander Von Montiel Bonilla, y por eso se va a dar sus paseítos por las Europas. Pero la pregunta es: ¿A costa de quién? De nosotros? ¿Del erario? ¿O es que sus cuadritos dan pa`tanto?“También dicen que Ramos Brito va a asumir en unos días la Secretaría que deja Montiel, pero que ya les dijo que se esperen, que mientras anda muy quitado de la pena y que no lo estén chingando. Que les da el sí hasta que vuelva y hasta que se le hinchen...”

domingo, marzo 11, 2007

Introspección XXXVI.

Veinte páginas las dedicadas por Calvino para hablar de la Rapidez. Ejemplos demasiados, extensión la normal, información bastante, pero las leí en un santiamén. Parece que leí la mitad de páginas. Cuando menos lo vi, ya había terminado de leer.
Asistí pues al ejemplo puesto en práctica.
Aquí algo de lo dicho por Italo:

(…) El siglo de la motorización ha impuesto la velocidad como un valor mensurable, cuyos records marcan la historia del progreso de las máquinas y de los hombres. Pero la velocidad mental nos e puede medir y no permite confrontaciones o competiciones, ni puede disponerlos propios resultados en una perspectiva histórica. La velocidad mental vale por sí misma, por el placer que provoca en quien es sensible a este placer, no por utilidad prácticas que de ella se pueda obtener. Un razonamiento veloz no es necesariamente mejor que un razonamiento ponderado, todo lo contrario; pero comunica algo especial que reside justamente en su rapidez.
Cada uno de los valores que escojo como tema de mis conferencias, lo he dicho al principio, no pretende excluir el valor contrario: así como en mi elogio de la levedad estaba implícito mi respeto por el peso, así esta apología de la rapidez no pretender negar los placeres de la dilación. La literatura ha elaborado varias técnicas para retardar el curso del tiempo; he recordado ya la iteración; me referiré ahora a la digresión.
En la vida práctica el tiempo es una riqueza de la somos avaros; en literatura, el tiempo es una riqueza de la que se dispone con comodidad y distanciamiento: no se trata de llegar ante a una meta establecida: al contrario, la economía de tiempo es algo bueno porque cuanto más tiempo economicemos, más tiempo podremos perder. Rapidez de estilo y de pensamiento quiere decir sobre todo agilidad, movilidad, desenvoltura; cualidades todas que se avienen con una escritura dispuesta a las divagaciones, a saltar a de un argumento a otro, a perder el hilo cien veces y a encontrarlo al cabo de cien vericuetos.

Vaya que la vida fue rápida con él. Jamás llegó a dar las conferencias. Las conocemos porque quedaron escritas.
Y tiene razón. La vida es rápida. Un día estaba besando a una mujer de cuerpo pecaminoso y al otro día me estaba diciendo: ya me aburrí de nosotros.
En un rato leeré en qué consiste la Exactitud.

Introspección XXXV.

Hoy por la tarde, después de ver por la televisión a Atlantis, ídolo de los niños (antes de los técnicos, ahora de los rudos), pelear en la catedral de la Lucha Libre: Arena Coliseo, empecé con Italo Calvino y sus Seis propuestas para el próximo milenio.
He leído la propuesta primera: Levedad.
Levedad sobre el Peso. Ambos ubicados en el poder de la palabra. La idea es no abandonar la profundidad en el texto, pero sí hacerlo más ágil, menos pesado para el lector. Mientras más breve, conciso y directo, mejor. Esto no implica la extensión, no quiere decir que una obra de 600 páginas sea pesada o una de 150 sea breve. Es la forma, la estructura y la carga que se le den a las palabras en esas 150 ó 600 páginas.
Al menos es mi primera interpretación. Nunca definitiva, imposible.
No existe lo definitivo. Al menos no creo en ello.
Un ejemplo claro de la Levedad, dice Calvino está en La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera, dixit:

(…) Es difícil para un novelista representar su idea de la levedad con ejemplos tomados de la vida contemporánea si no se la convierte en el objeto inalcanzable de una quete sin fin. Es lo que ha hecho con evidencia e inmediatez Milan Kundera. Su novela La insoportable levedad del ser es en realidad una amarga constatación de la Ineluctable Pesadez del Vivir: no sólo de la condición de opresión desesperada y all-pervading que ha tocado en suerte a su desventurado país, sino de una condición humana que nos es común, auque nosotros seamos infinitamente más afortunados. El peso de vivir para Kundera está en toda forma de constricción: la tupida red de constricciones públicas y privadas que termina por envolver toda existencia con nudos cada vez más apretados. Su novela nos demuestra cómo en la vida todo lo que elegimos y apreciamos por su levedad no tarda en revelar su propio peso insostenible. Quizá sólo la vivacidad y la movilidad de la inteligencia escapan a esa condena: virtudes que distinguen a esa novela, que pertenecen a un universo distinto del universo del vivir.

1) Un aligeramiento del lenguaje mediante el cual los significados son canalizados por un tejido verbal como sin peso, hasta adquirir la misma consistencia enrarecida;
2) El relato de un razonamiento o de un proceso psicológico en el que obran elementos sutiles e imperceptibles, o una descripción que comporte un alto grado de abstracción y
3) Una imagen figurada de levedad que cobre un valor emblemático, como en el cuento de Boccaccio, Cavalcanti saltando con sus delgadas piernas por encima de la losa sepulcral (…)

En un rato continuare con la Rapidez.

sábado, marzo 10, 2007

Introspección XXXIV.

Tal y como me lo propuse, la madrugada de hoy, sábado, termine Los Detectives Salvajes (Anagrama, 1998). Es una novela por demás redonda. Tiene diversas formas de leerse. La primera es de forma normal, tal y como va el texto. La segunda sugiere leer la parte I: Mexicanos perdidos en México (1975) y la parte III: Los desiertos de Sonora (1976), para luego continuar con la parte II: Los Detectives Salvajes (1976-1996). La tercera opción es leer primero la parte II para seguir leyendo la parte I Y III. Léase como se lea. No pierde uno el sentido y entiende la obra tal cual.
Existen dos tramas: la primera es la búsqueda de una poeta ubicada con los Estridentistas: Cesárea Tinajero, y la otra es la búsqueda del paradero o de la existencia de Arturo Belano.
Bolaño ironiza con el grupo al que perteneció: Los Infrarrealistas, nacidos en los años de 1976. Y dicen aún con vida.
Pero también como dice mi amigo Juan Gerardo Sampedro, es un libro que de una u otra forma plasma la vida cultural del México de finales de los 70, los 80 y finales quizás de los 90.
Una novela que también creo suponer Bolaño hace como divertimento personal, como testimonio. Pero de la misma forma como una crítica a todo aquel que intenta hacer novela policíaca o detectivesca en México o Latinoamérica. Como en Latinoamérica está bien claro que nuestras policías y demás autoridades son y serán corruptas, que nunca atrapan al culpable sino al inocente, entonces es difícil encontrar la profesión de detective y si la hay, seguro caerá en manos de la corrupción. Entonces, Bolaño, inventa una situación y a falta de policías, manda a los escritores a investigar. Un escritor sería lo más cercano a un detective, ambos en formas distintas tienen un vaso comunicante: son investigadores.
Los Detectives Salvajes es una obra picaresca, ágil y profunda. Atrapa al lector en el primer instante. De la misma forma que logra que el lector se vuelva protagonista de la novela, sufra, opine y se deprima con la vida de Belano. Se interese y se adentre en la búsqueda de Cesárea que termina trágicamente. Y quiera ser entrevistado para opinar sobre Arturo Belano.
Una novela que debe ser leída por todos.
Hubo momentos en que me sentí Belano. También lo llegué a envidiar por ser como era. Quise ser él. Me espantó saber que tomaba pastillas para los riñones y otras enfermedades, no tuve remedio, me identifique. Es mi probable, futuro, no el de la grandeza literaria, sí el de tomar pastillas.
Y sin embargo, nada cambio. Sigo tomando Coca-cola.

Introspección XXXIII.

Por dónde empezar un texto que no sabe cómo y por dónde ir, quizá por una idea, aunque sea absurda. Dicen que las grandes cosas son producto de pensar idioteces. Pero, quizá, lo más viable sea no pensar en nada. Liberarme de toda presión.
En un rato, espero poder terminar por fin Los Detectives Salvajes del entrañable y hoy occiso Roberto Bolaño. Una novela que me duró mucho, pero sin duda la he disfrutado enormemente. Estoy convencido que es un libro ya icono de de la literatura latinoamericana.
Este domingo, saldrá mi segunda columna en el suplemento cultural: Laberinto del Diario Milenio-El Portal de Veracruz. En ella concluyo con el libro de Nabokov: Curso de Literatura Europea (Ediciones B, 1987) y también hablo de Leer y Escribir (Debate, 2002) de V. S. Naipaul, ambos libros, estoy convencido son aptos para obtener un acercamiento a la literatura, ya que ambos, abracan las dos perspectivas: lectura y escritura.
Mañana comienzo con Italo Calvino y su libro Seis propuestas para el próximo milenio (Siruela, 1998). Un libro necesario para comprender el Manifiesto del Crack y para tener un respaldo más de análisis de la literatura de nuestros tiempos.
A medio día, me acordé de su nombre. Corto y limpio.
Cirlot aún no llega, Bronwyn se resiste. Quiere ser igual de inalcanzable conmigo como lo fue para Juan Eduardo.
Todos tenemos una Bronwyn. Pero ya no se hará mejor ciclo poético que el de Cirlot.
Quisiera decirte que últimamente me robas el hambre y te conviertes en mis insomnios, pero no me atrevo, quizá es tu belleza o tu sonrisa cristalina, lo que me aleja. No merezco tanta belleza.
No se puede empezar un texto si no se sabe comenzar a vivir. Eso es la escritura. A veces algunos estamos destinados a escribir buscando algo sin saber qué y cómo. Es nuestra cárcel, producto de la timidez para afrontar la vida y atreverse al fracaso en pos de una victoria.

jueves, marzo 08, 2007

Sampedro habla del Muse Erasto Cortés

Paisajes de la Memoria (Diario Milenio 08/03/07)
Juan Gerardo Sampedro
El museo Erasto Cortés, en el abandono

Insisto que me sigue preocupando lo que ocurre con esta pésima administración de la cultura de Puebla. Luego de haber dejado constancia aquí mismo de la situación en la que se halla la Biblioteca Tola de Habich, abandonada en cajas de cartón en el Museo San Pedro, me he dado cuenta apenas que la Sala Permanente destinada al grabador poblano Erasto Cortés Juárez, en el museo que lleva su nombre, ha sido retirada y almacenada muy probablemente también en cajas de cartón. Ése es el desprecio que por la cultura continúa manifestando el secretario de cultura Alejandro Montiel, el hombre sin ideas ni proyectos. E insisto: en poco tiempo el señor secretario acabará con todo, si es que alguien no hace algo para evitarlo. Aún hay tiempo.

Basta entrar al Museo Erasto Cortés, ubicado en la 7 Oriente, para darse cuenta del terrible abandono en el que se encuentra. Y si el lector lo prefiere verificar, vaya a ver los muebles viejos amontonados al fondo, el polvo y los carteles desperdigados.

La sala Fabián y Fuero ahora tiene otro nombre y funciona como bodega y almacén de basura.

El día de ayer, un amigo reportero de un diario nacional me pidió que lo llevara al Museo Erasto Cortés. No voy a extenderme para nada en los comentarios que él hizo cuando se dio cuenta de que ya no está la sala permanente, pero voy a explicarles, queridos lectores, lo que no pude explicarle a él:

Resulta que hace aproximadamente un poco más de un año estuvo en Puebla Marisol Cortés Vázquez, hija de Jaime Erasto Cortés, y se dio cuenta de las condiciones en las que se halla actualmente el museo. Desde su inauguración en el 2000, cada año se llevaba a cabo una ceremonia de aniversario y a partir de 2005 éstas dejaron de efectuarse.

Poco después, el maestro Jaime Erasto Cortés se comunicó con el director del museo, el maestro César Gordillo, quien le comunicó que la sala permanente sería reubicada en donde ahora se encuentra la dirección. Sin embargo, nunca jamás se tomó la molestia de hablar con el maestro Jaime Erasto. Es decir: César Gordillo, director, ordenó que la sala permanente desapareciera por instrucciones del hombre sin ideas ni cultura, el secretario Alejandro Montiel. Y desde entonces sólo le ha mentido al hijo del destacado e ilustre grabador.

Hace tiempo se trató de formar una especie de asociación de amigos del museo que estaría presidida por el pintor Francisco Toledo o por el propio Jaime Erasto Cortés. El proyecto ya no lo fue porque, al no cumplirse con un acuerdo de obligación legal que se marca por ley, y como la obra del maestro Erasto Cortés Juárez está en comodato en la Secretaría de Cultura, la familia ha pensado en retirarla lo antes posible al haber un incumplimiento para mantener la sala permanente y al no saber en dónde se encuentra la obra de Erasto Cortés que ahí estaba expuesta.

Es evidente que ni al secretario Montiel ni al director Gordillo les interesa el museo.

Esta nota la tiene ya el maestro Jaime Erasto Cortés sobre su escritorio. En manos ineptas, la obra de su padre peligra. Y mucho.

domingo, marzo 04, 2007

Dos noticias. Dos.

Éste que ves.

El anterior es el título de la más reciente novela del galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2003 por su novela Diablo Guardián: Xavier Velasco y que está publicada bajo el sello de la editorial Alfaguara.
En su cuarta de forros reza lo siguiente:

Ser niño es entender que el que lleva al infierno es un camino corto. Se llega sin saber, se escapa sin pensar y se vuelve sin querer.
El niño de esta historia se resiste a contarla. Antes que darle un sitio en su memoria, preferiría darle sepultura. Cuando menos lo espera, ya está inmerso en un juego trepidante que se le permite todo…menos dejar morir una historia. Se trata de salvarla, ese es el juego.
No es que la infancia sea en sí difícil, sino que sus fantasmas resultan invencibles y sus muros –horror- inexpugnables. En un proceso inverso al exorcismo, el autor se transforma en personaje, el autor se transforma en personaje, el retrato en fantasma y la cicatriz en tinta: “Se escribe, igual que se ama o que se vive, porque no queda más alternativa, ni se ve escapatoria tolerable”.


Una novela que se antoja rica para todos aquellos que nos consideramos seguidores del fenómeno literario llamado Xavier Velasco.

La Revuelta y Montblanc.

La Revista Revuelta el pasado 1 de marzo del año que corre dio a conocer los resultados del Concurso Nacional de Creación Literaria Revuelta-Montblanc que se convocó en septiembre de 2006:
Los ganadores son:
En Poesía, Salvador Alejandro Lira Saucedo de Zacatecas, con Versos de Sal y Sangre. En Cuento, Pablo Piñero Stillmann de Huixquilucan, Estado de México, con El criadero. Y en Reseña crítica, Pascual Duarte de Orizaba, con Viaje a los límites del silencio.
Cabe recordar que este concurso estuvo abierto para premiar el trabajo hecho por jóvenes talentos literarios de entre 18 y 30 años.
El jurado estuvo compuesto por: Dr. Pedro Ángel Palou García, Mtro. Miguel Maldonado y Dr. Ignacio Padilla
La premiación tendrá lugar el 30 de mayo de 2007 en las instalaciones de la Universidad de las Américas Puebla. El premio consta de una pluma Montblanc, la publicación de los textos en la revista Revuelta así como los pagos de derecho de autor estipulados por la misma.

sábado, marzo 03, 2007

Introspección XXXII.

A Pedro Ángel Palou e Ignacio Padilla con mi cariño y admiración de siempre.

¡Qué autómata me he vuelto! Hoy vi a la luna enorme, grande, luna de octubre dijo mi madre y yo sólo opté por asentir. No me causo ninguna impresión. La luna sale porque así lo indica la naturaleza por la que caminamos. Alguien más romántico y poeta, ya hubiera hecho algo al respecto, yo sólo cambie mi vista para otro lado, buscando algo, no sé qué, quizá la escritura literaria que nunca tuve, aunque así lo haya creído; tal vez la poesía que según dicen que escribo, a pesar de que me estén mintiendo.
No basta desear, querer y estar convencido con el hecho de ser escritor, se necesita no sólo disciplina, también talento, claro se debe tener algo que decir y buscar el cómo, ya es proceso de la escritura misma. Pero a pesar de que muchos digan que no, estoy convencido que se necesita TALENTO. Así, con mayúsculas. Pero no me refiero al talento, ese romántico, donde baja la musa inspiradora y te hace cosas inimaginables en pro de la escritura, no. Me refiero a un talento producto de la experiencia de vida y de las lecturas. Pero si ese talento, se tiene sólo a medias y el escribano no pasa de ser eso, debido que sus textos no tienen plasmado el sentimiento deseado y este no se defiende por si solo, o sea que necesite la explicación del escriba, entonces debe botar sus escritos, dejar de perder el tiempo y buscar algo en lo que sí sea bueno y de provecho.
Y esto que escribo no sé si sean mis palabras o sean cosas ya dichos por otros, seguramente es lo segundo. En fin, el chiste es que debo hacer caso y entender que lo mió, no es la escritura.
Estoy seguro que Pedro Ángel Palou tiene razón cuando me dice: este joven es un gran poeta, pero le falta para ser escritor. Y lo comparto, tengo todo lo que se necesita para ser un poeta, un digno alumno de Sabina o el propio Cirlot, amo a una mujer fantasma, las que he intentado amar me han tratado como vil trapo, la que me amó en verdad, la acabé mandando lejos y ahora padezco de soledad, cuota que tengo que pagar por hacer negocios con mujeres inconvenientes, y el único vicio que tengo: la coca-cola, me está matando lentamente. Pero me falta para escribir una poesía digna de ser leída y publicada, lo demás son meros intentos, versos menores que aspiran a ser algo cercano a la poesía.
Me dan ganas de desaparecerme. De extrañar y que la gente me extrañe. Quizá deba pedir alojo en un lugar donde habiten locos, mis padres podrían encontrar explicación a tantos corajes, la sociedad se libraría de verme y soportarme. Todos saldrían ganando.
Puede que en un psiquiátrico encuentre lo que me falta para ser escritor. Aunque quizá muera en el intento y mi único poema digno de ser recordado sea la forma tan extraña que he tenido de vivir.

viernes, marzo 02, 2007

Introspección XXXI.

Sucede que hoy me pare con ganas de nada. Hoy alguien me dijo: te extraño.
Me pregunto: ¿cómo puede extrañar a alguien que por las noches se la pasa preguntándose por qué chingada madre sigue vivo, o que pienso que todo mundo es doble cara conmigo y que lloro de repente por monstruos que me pinto y problemas que también invento, y que después de hacer estas preguntas acabo definiendo que lo mejor que podrían hacer es meterme a un hospital psiquiátrico o dejarme vagando en calle?
Y ¿cómo puede querer a un ser que al amanecer simplemente se para pretendiendo que lo pensado por la noche no fue real, que no pasa nada y pongo cara de idiota y continuo con mi vida y aquel, aquella, aquellos y aquellas que por la noche los y las sentí mis enemigos y enemigas, ó, unos y unas hipócritas conmigo, amo y señor de mis pesadillas, esté feliz, disfrutando de una coca-cola un compartiendo una simple banca al lado de mis amigos, gente que estoy seguro me quiere y se preocupa por mi?
Creo necesito un psiquiatra. Quizá necesito me encierren alejado de toda convivencia humana. Un respiro me sugieren de todo lo que hago y me rodea. No puedo, el tiempo me apremia. En casa de fracasado y huevón inútil no paso. Dicen que necesito trabajar ya, cobrar por organizar los encuentros y eventos que hago. Pero sucede que no creo en ello, al menos en este momento. Tiempo al tiempo, supongo.

jueves, marzo 01, 2007

Sampedro y sus notas breves

Diario Milenio-Puebla (01/03/07)
Paisajes de la Memoria.
Juan Gerardo Sampedro

Uno: Los cines/ la ciudad de Wolfson.

Ofrezco una disculpa desde aquí a mi amigo Isaac Wolfson, porque un asunto de último momento me impidió estar con él en la presentación de su libro Dos cines en la vida de Puebla en el siglo XX el pasado martes 27, acto que se celebró en el Salón de Protocolos del Palacio del Ayuntamiento. No pude estar ahí, pero he leído su excelente investigación. Se necesita amar tanto a la ciudad para seguir sus huellas. Isaac Wolfson lo ha hecho. Y cómo no recordar el Variedades y el Coliseo, los dos cines que yo conocí en 1977, ya casi en su declive, diez años antes de que, como lo dice el propio cronista, bajara el telón por última vez y para siempre. Efectivamente: los jóvenes que ahora cumplen veinte años sólo conocen ahí un pobre almacén de ropa y una tienda de electrodomésticos. Las ciudades cambian, la gente cambia, los modos de vida también. Isaac Wolfson no sólo ha querido hablar de los cines más representativos de la ciudad durante el siglo XX (el Variedades se inauguró en 1908 en la calle de la Portería de Santa Catarina, hoy 2 Poniente entre la 3 y la 5 Norte), sino que ha ido mucho más allá. Nos habla con una profunda nostalgia y sencillez de la ciudad que se quedó en el recuerdo de muchos, esa que no se ha ido, la que vuelve a cada instante.

El libro de Wolfson lo editó el ayuntamiento con motivo de los festejos de los 475 años de la ciudad. Muy recomendable para todos aquellos interesados por la historia de Puebla. Sin embargo, es una lástima que la dedicación y el empeño que puso mi amigo Isaac Wolfson en la investigación que nos presenta se vean opacados por una pésima edición que (se ve) nadie cuidó. ¿De quién es esa responsabilidad? Dice en la portadilla: “Los errores son cortesía del impresor”. Errores, erratas que no se le escapan ni a un editor en ciernes. Lo mejor –y para desagravio del autor– es pedir a las autoridades competentes del ayuntamiento que reediten la obra de Isaac Wolf-son. Lo amerita el tema.

Dos: Don Ernesto de la Torre Villar

El mismo día 27, el historiador y cronista de número Salvador Cruz dictó una conferencia invitado por la Asociación de Periodistas y Escritores de Puebla, sobre Ernesto de la Torre Villar. Una forma de reconocer la obra del autor de la “Historia de la Educación en Puebla” por los 90 años de su nacimiento. Hace unos pocos días, Ernesto de la Torre Villar fue objeto de un homenaje de la Academia Mexicana de la Lengua en la Casa Lamm.Ernesto de la Torre Villar es un poblano distinguido que nació en Tlatlauquitepec. Fue por muchos años director de la Biblioteca Nacional. Me honro de tener su amistad.

domingo, febrero 25, 2007

Introspección XXX.

Sigo con Bolaño y no deja de sorprenderme su forma de narrar, Era habilidoso. Lastima que nunca más podremos verlo caminando por alguna Feria del Libro o ver algún artículo reciente donde trate de temas actuales o nos ayude a los lectores a comprender la novedosa forma de escribir de otro escritor actual.
Bolaño es lo más cercano a una novela detectivesca que tenemos en Latinoamérica, digo cercana, porque a pesar de que Paco Ignacio Taibo II asegure que existe la novela policíaca en Latinoamérica, eso es una mentira completa, no existe, pues no tenemos los elementos para ella. Acá la policía es corrupta, nunca se resuelven los crímenes y sí se hacen el culpable sigue libre mientras el inocente es encarcelado. Y al no existir elementos para hacer una verdadera novela policíaca o detectivesca, Bolaño manda a los escritores a convertirse en detectives y seguir el rastro de Cesárea Tinajera.
En fin, está novela es divertida, pronto la acabare, espero esta semana o la otra. La maldita facultad absorbe, roba tiempo sagrado. Ya tengo 22 y no siento nada diferente, sólo la soledad de siempre que cada día se encarna en mi con una convicción religiosa. El amor en vida es idéntico a la fe en Dios: creo que existe, aunque nunca lo haya visto.

Para no olvidarnos.

Algo que todos debemos recordar al momento de escribir. Y habrá que agradecerle a Monterroso el dejarnos como herencia estas ideas tan importantes para aquel que aspira a ser y es un escrior.

Decálogo del escritor
Augusto Monterroso

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo: cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.