En la mañana cuando te vi,
ardieron en mi interior
unas locas ganas de besarte,
algo me detuvo:
eras de hueso y carne.
Me acostumbre a amar al fantasma
que me abrazaba en las noches de luna
y besaba debajo de cada balcón
cuando llovía por las tardes.
La intensidad cambio.
Me aferre tanto a tu ausencia
que se me olvido cómo amarte
cuando estamos el uno frente al otro.