Ayer empecé por fin con El dinero del diablo de mi amigo Pedro. Llevo setenta páginas y muy lúcidas cada una de ellas. Mantiene el estilo plasmado en su trilogía de los sacrificios históricos. Al rato espero leer otras setenta páginas o hasta donde el sueño me deje.
Pensé que situación de reencuentros se iba a quedar con Ingo, Gil y otros amigos del Benavente, pero no, hoy, a través del chat de facebook pude platicar con Alma Flores Becerra, ahora convertida en María Alma Lester. Cómo cambian las cosas. A mí mente vinieron varios recuerdos, todos agradables. Es una amistad entrañable que extraño, que a veces necesito. Pero ella prefiere la distancia, el silencio, por miedo a la añoranza, al recuerdo.
Cosa curiosa, Carmen piensa igual que Alma. Ambas prefieren el silencio, un extraño anonimato, para hacer más sencilla su estancia.
Mañana se cumple un mes de haber dejado a Carmen en la terminal de autobuses poblana.
















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